Habían esperado tan solo una semana para "celebrar su matrimonio", pero para ellos había sido una eternidad.
El sábado
se habían comprometido y el domingo habían ido a
Hogsmade a comprar lo necesario para su ceremonia privada.
En un
momento a solas, habían acordado encontrarse junto a una
pequeña tienda, la única de artículos muggles
dentro del distrito. Se encontrarían en ese mismo lugar tres
horas más tarde. No tenían más tiempo que ese
para encontrar las alianzas que los unirían, y algunos otros
detalles que tenían en mente.
Habían decidido no ir juntos, para no atraer miradas. Una cosa era dejar ver a la gente que tenían una estrecha relación dentro del castillo, y otra distinta atraer miradas deliberadamente en plena calle.
Todo tenía que salir perfecto.
Draco había ido a Hogsmade solo. La mayoría de sus amigos habían preferido quedarse en el castillo calentitos, a tener que enfrentarse a la nieve que desde hacia dos días cubría el suelo, y que aun seguía empeñándose en caer copo tras copo.
¡Bien! –pensó- Hoy es mi día de suerte.
Había estado mirando un par de tiendas antes
de encontrar el anillo que quería para su gryffindor. En la
tienda donde lo había comprado no se extrañaron
demasiado. Él era un Malfoy, tenía dinero de sobra para
cubrir cualquier capricho, y además su familia era bien
conocida por su gusto por estar siempre impecables.
Si el
heredero de los Malfoy quería un anillo, no había más
que discutir.
Harry no lo había tenido tan fácil.
En realidad había encontrado la alianza perfecta para
Draco rápidamente y, en la tienda donde lo había
comprado no habían hecho muchas preguntas.
El problema
llego después. Aun quedaba más de media hora para
reencontrarse con su chico, o lo que era lo mismo, media hora de
interrogatorio por delante. Al salir de la tienda se había
encontrado con Ron y Hermione. Sus amigos habían decidido
salir juntos esa tarde como en una especie de primera cita, pero al
enterarse de los planes de Harry se habían ofrecido
"amablemente" a salir los tres juntos. El moreno había
tenido que recurrir a toda la astucia sytherin que llevaba aprendida
de su relación con Draco, y a duras penas había
conseguido librarse de esos dos.
¡Mierda! –pensó- Hoy no es mi día de suerte.
El caso es que lo habían visto salir de la tienda y eso había despertado su curiosidad.
-Hola Harry.
-Hola Mione.
-¿Qué has comprado?
-Yo también me alegro de verte Ron.
-Sí, bueno, yo también. ¿Pero que has comprado?
-¡Ron! –le reprendió Hermione.
-No pasa nada. De todos modos no ha comprado, sólo he venido a mirar. -
-¿A una joyería? ¿Y que querías encontrar?... Ahhh, ya sé. El hurón te ha pedido una muestra de amor, ¿no? Vaya, una muestra de amor de varios quilates, ¿a que si?
-¡Ron! –volvió a reprenderle Hermione.
Harry no se sentía bien
engañando a sus amigos. A pesar de la reticencia del pelirrojo
hacia su chico o de las dudas de Hermione, ambos les habían
ayudado a mantener su relación en la sombra. Decían que
si era lo que él quería, ellos lo único que
podían hacer era aceptarlo. Mientras la pareja discutía,
no podía dejar de pensar en todas las veces en que sus amigos
habían estado a su lado, ayudándole y confiando en él.
Siempre habían estado allí, para lo bueno y para lo
malo. No podía mentirles. No, no podía hacerlo. Tenía
que contárselo. Quizá a Draco no le gustase mucho, pero
eran sus amigos y él los conocía mejor que nadie. El
rubio tendría que confiar en él en este asunto.
Si,
se lo contaría. Tenían derecho a saberlo.
-Venid conmigo.
Y los tres fueron hasta un callejón apartado, donde nadie pudiese oír los gritos de Ron cuando se enterase.
-Voy a casarme con Draco –decirlo directamente era mucho mejor.
Ron lo miro con los ojos como platos antes de reponerse.
-Muy gracioso Harry; porque es una broma, ¿verdad?... ¿verdad? –el moreno sólo guardo silencio- ¿Te has vuelto loco? ¡Por Dios Harry, no puedes casarte con el hurón! Es Draco. Draco M-A-L-F-O-Y... No lo puedo creer... un momento ¿Qué ocurre?, te ha hechizado. No, no, ya lo se... te está chantajeando, ¿no? Dímelo Harry, puedo ayudarte. Podemos hacerlo, ¿verdad Hermione?- y miro a la aludida.
Tanto Harry como ella lo miraron con incredulidad, entonces la chica se volvió hacia el moreno y le pregunto:
-No podéis casaros Harry, no sois mayores de edad legalmente, así que necesitaríais el consentimiento paterno y dudo mucho que Lucius lo de. Además, ¿has pensado lo que pasara si quien no debe ser nombrado se enterase de la relación? ¿Creía que querías proteger a Draco?
-Es lo único que quiero Mione- su tono era suave pero dejaba filtrarse el temor de saber lo que le pasaría a su rubio si Lucius o Voldemort descubrían la relación.
Hizo una pausa para tranquilizarse y cuando volvió a mirarles tenían una pequeña sonrisa en los labios.
-Todo esto ya lo hemos hablado, y aun así estamos decididos- miro a Ron- Vamos a casarnos, y es definitivo. Lo tenemos todo pensado. Nos casaremos nosotros mismos, sin necesidad de testigos, ni de autorizaciones. Draco dice que no necesitamos más bendición que la propia, y yo creo lo mismo.
-Draco dice, Draco hace, Draco decide, ...- se burlo Ron con voz bajita.
-Os lo he contado porque sois mis amigos y quería que lo supieseis, pero en ningún momento he pedido vuestra aprobación ni voy hacerlo, ¿entendido?- y les miro con una expresión dura.
Ron miro hacia otro lado, puso mala
cara, y emitió un gruñido. Era lo único que
conseguiría por ahora de su amigo y tenía que
conformarse con ello.
Hermione lo pensó un rato antes de
contestar.
-Esa boda no será valida, Harry. No entiendo porque tanta prisa. Si os queréis podéis esperar un año más hasta la mayoría de edad y luego hacer lo que os plazca sin dar explicaciones. Pero...- suspiro- Pero, supongo que es cosa vuestra, y que vosotros tenéis que decidir, así que aunque se que no la quieres tienes mi bendición. Más o menos.
Harry sólo pudo corresponder a su gesto con una sonrisa. Realmente conocía a sus amigos, y realmente había tenido mucha suerte en conocerlos cuando lo hizo, aunque para ello tuviera que rechazar la mano que pronto tomaría como suya.
Vaya- pensó- ¡Las vueltas que da la vida!
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El
viernes siguiente tardo una eternidad en llegar.
Cuando por fin
lo hizo, su mañana transcurrió como muchas otras, clase
tras clase y lección tras lección. La hora de la comida
también llego, aunque debido a los nervios ninguno de los dos
chicos probo apenas bocado. Tras el mediodía llego la tarde, y
cuando la última de las clases termino, ambos muchachos se
apresuraron en llegar a sus respectivos dormitorios para poder
ducharse y vestirse con sus ropas favoritas.
Cuando por fin se
encontraron lo hicieron a la entrada de la habitación de los
menesteres.
Lo primero que hizo Draco nada más llegar fue
apoyarse con su mano derecha en la pared de fría piedra,
mientras con la izquierda se agarraba el costado dolorido. Con los
ojos cerrados y los labios entreabiertos tomo aire e intento
controlar su respiración. Había venido corriendo desde
las mazmorras porque su acicalamiento personal había durado
más de lo previsto, y como aun no era capaz de hacer
retroceder el tiempo, no había tenido otra opción que
dejar de lado su dignidad Malfoy y correr como un alma en pena por
los pasillos del castillo. Podía oír en su cabeza las
enseñanzas de su padre una y otra vez; en concreto una que
decía algo así como : "Un Malfoy nunca corre, siempre
llega a todos sus destinos con gracia y elegancia". Ja, a la mierda
la elegancia. De ningún modo pensaba llegar tarde a su propia
boda.
Cuando por fin fue capaz de respirar normalmente y se dio cuenta de la situación, recupero su dignidad, irguió su cuerpo y miro a su compañero. Harry lo observaba con una expresión divertida en la cara. No todos los días se tenía a todo un pura sangre como son los Malfoys, todo sonrojado y medio ahogado delante de ti. Y mucho menos cuando tú eras la causa de semejante espectáculo.
Draco opto por
dejar pasar la situación (aunque una parte de él le
advirtiese de que su futuro esposo utilizaría este pequeño
detalle para fastidiarle muy a menudo), y miro a Harry de arriba
abajo.
Definitivamente tenía su aprobación.
El
moreno no se había esmerado mucho con el peinado. Más
bien parecía que ni siquiera se hubiese peinado el pelo tras
el baño, aunque con esa venganza con que el destino le había
otorgado por pelo nunca se sabía. El jersey tampoco era muy
del estilo del rubio. A decir verdad, era de esas cosas de las que él
se hubiese burlado durante horas hace años. Para ser sinceros,
era lo que había hecho siempre tras las vacaciones de navidad
cuando la señora Weasley enviaba sus jerséis. El que
ahora llevaba Harry debía ser de ese año porque se
ceñía a su cuerpo perfectamente. Ni muy estrecho, ni
excesivamente ancho. Era de color crema, una tonalidad bastante
clara, aunque lo suficientemente fuerte para recordar al dorado. La H
bordada era roja, y se plantaba orgullosa en mitad del pecho de su
dueño. Letra roja y fondo casi amarillo. Dios mío, otra
reminiscencia griffindor, que poco original –pensó. Los
pantalones eran unos vaqueros negros de aspecto desgastado a la
altura de las rodillas, y para completar el atuendo una deportivas
negras, de las que, por cierto, llevaba la derecha desatada.
Un
momento... –pensó el rubio- ¿como he podido dar antes
mi aprobación a algo así? (Demasiado tiempo con los
leones)
Mientras Draco se interrogaba a si mismo, Harry no había perdido el tiempo y había recorrido el cuerpo de su compañero de la cabeza a los pies. Pelo rubio casi blanco impecable, sin rastro de gomina, bien peinado y suelto de modo que caía suavemente sobre los hombros. Jersey gris de cuello redondo, muy parecido a los del uniforme del colegio. Demasiado formal para su gusto. Vaquero azul oscuro y deportivas negras. No esta mal- pensó. Un atuendo bastante muggle.
Y mientras Harry daba mentalmente su aprobación, Draco se llevo la mano hacia el bolsillo del pantalón, de manera casi inconsciente, y comprobó, por enésima vez, que había traído el anillo consigo. Volvió a mirar a Harry y aprovechando que estaba distraído le cogió de la mano y le atrajo hacia él para besarle. El moreno respondió al beso contento hasta que su chico decidió darlo por terminado.
Harry lo miro a los ojos de manera profunda.
-¿Confías en mi?- era una pregunta bastante tonta teniendo en cuenta lo que iban hacer, pero Draco se limito a sonreír y asentir con la cabeza.
Harry cerro los ojos, construyendo en su cabeza el que
sería durante el fin de semana su hogar. Cuando la puerta se
abrió tomo de la mano a Draco y ambos atravesaron el umbral.
El lugar era perfecto. Eso era lo único que podía
pensar el rubio mientras miraba la habitación con los ojos muy
abiertos y una expresión de asombro en la boca. Sencillo, pero
también muy bello. La única luz que iluminaba la
estancia provenía de un fuego suave que se consumía en
la chimenea de piedra grisácea que estaba en la pared
izquierda de la habitación. A sus pies había una
alfombra blanca, de un blanco tan puro como el de la nieve que cubría
la tierra allá fuera, y que veían caer despacio a
través de un gran ventanal en la pared que se encontraba
enfrente de la puerta de entrada. Los únicos muebles eran una
mesa y dos sillas de madera de roble de color encendido situadas en
una esquina y una gran cama con dosel colocada al lado derecho de la
habitación. Era enorme y parecía muy confortable. Sobre
ella sábanas de seda y una colcha de plumones de un color
oliva, tan verde como el de los ojos del que pronto albergaría.
También había otra puerta que Draco, intuyo, conducía
a un baño.
-¿Te gusta?
El rubio miro a Harry y asintió. Entonces fue hacia él, le tomo de la mano y le llego junto a la chimenea. Se arrodillaron el uno frente al otro sobre la blanca alfombra. Estaban nerviosos, incluso más que cuando llegaron al colegio por primera vez, pero también estaban seguros del paso que iban a dar, porque era lo que ambos querían.
Se miraron durante largo rato hasta que uno de ellos se decidió a romper el hielo.
-¿Cómo lo hacemos?
-No se, pero eras tú el que decía que podíamos hacerlo como quisiésemos. Así que adelante, ..., haz lo que quieras.
Draco entrecerró los ojos y miro a Harry irritado.
-Así que como quiera, ¿no? Supongo que entonces debería pasar de todos estos preliminares y directamente cogerte de los pelos y arrastrarte hasta mi cueva. Después puedo tomarte y esperar a que me des un heredero, mientras yo me dedico a pintar mi cueva, ¿te parece bien?
-¿Has estado estudiando la prehistoria? Vaya, pensé que lo de ponerte al día en cultura muggle lo decías para quedar bien. De todos modos no me parece buena idea, en primer lugar porque no tienes cueva y yo me niego a asentarme en Slytherin. En segundo lugar porque los hijos me los darás tú a mi, y por último porque no te he comprado esto para nada.
Mientras terminaba de decirlo, saco de uno de sus bolsillos una pequeña caja granate, la abrió y saco el anillo para poder enseñárselo a Draco. Una alianza de plata. Era gruesa y tenía runas grabadas a lo largo de todo su diámetro. Runas mágicas que parecían captar el brillo del fuego. Cada vez que un haz de luz se reflejaba sobre una de ellas, esta la hacia saltar y pasar a la siguiente de modo que cada reflejo iluminaba todas las runas una tras otra.
-La mujer a la que se lo compre me dijo que la única manera de mantener el amor es manteniendo una serie de compromisos. Cada runa representa uno de esos requisitos. Cariño, confianza, respeto, pasión, ilusión, y muchas otras más. El amor se basa en eso y sólo puede mantenerse cuando se mantiene todo lo anterior. Van de la mano una tras otra, como los símbolos en la alianza.
Harry sabía que la mujer tenía razón y cuando vio el anillo supo que era el que buscaba. Por eso cuando tomo la mano de Draco y deslizo el aro en su dedo anular no se sorprendió al ver que encajaba perfectamente.
-El amor es justo y es desinteresado. El amor es confianza y es un montón de cosas muy fáciles de decir pero complicadas de mantener. Con este anillo te prometo todo lo que llega grabado en él. Es una promesa de mi amor.
Harry lo miraba nervioso. No sabía si su discurso había quedado demasiado cursi, y no estaba seguro de haber dicho todo lo llegaba por dentro, pero no podía pensar con claridad y el silencio del otro chico no ayudaba en lo más mínimo.
Entonces Draco levanto la vista y le sonrió, alzó su mano y estudio su anillo con detenimiento.
-Me asegurare que cumplas tu promesa- el tono autoritario quedo arruinado por el sonrojo de sus mejillas y el brillo húmedo que se empezaba a formar en sus ojos.
Para evitarse el bochorno de ponerse a llorar, decidió actuar rápido y saco el anillo que él también llevaba en el bolsillo.
La alianza que Draco había escogido para Harry era un aro de oro amarillo, con un brillo tan puro que recordaba el de los primeros rayos del sol por la mañana. Su silueta estaba encantada, de forma que el anillo se amoldase al tamaño del dedo de su legitimo dueño. Una vez que la carne y el oro se unían, la forma quedaba definida de por vida, de tal manera que el anillo sólo encajaría en el dedo de aquel al que estaba destinado. Tomo la diestra de Harry y empezó a deslizar el anillo por su dedo anular. Cuando el aro ocupo el lugar que le correspondía Harry pudo notar como se adaptaba a su tamaño correcto.
-Míralo bien- y mientras susurraba estas palabras aparto sus propios dedos que hasta ese momento se habían mantenido sobre el de Harry impidiéndole contemplar su alianza.
Harry lo hizo y cuando miro el anillo a través de la tenue luz del fuego que seguía consumiéndose, se dio cuenta que había cambiado.
Sobre la superficie dorada, antes lisa, de la alianza había aparecido una banda de un verde intenso. Un verde sobre oscuro casi negro que se aclaraba cuando recibía la luz directamente. La banda verdosa recorría la alianza en toda su circunferencia dejando sobre y debajo de ella visible lo amarillo del aro de oro.
-Cuando vi el anillo supe que debía ser para ti. Oro como uno de los colores de Griffindor y verde como uno de los de Slytherin. El chico dorado de Howgarts con los ojos más verdes del mundo mágico.
-Te has vuelto todo un romántico cariño- Aunque el tono era de burla, no podía evitar sentirse tocado ante el gesto del rubio.
-En realidad el verde no es por ti.
-¿No?
Draco negó con la cabeza.
-Todos los anillos mágicos tienen una historia detrás. El anillo que te he dado tiene dos entidades. Una es el aro de oro y la otra es la banda verde. El aro representa al dueño del anillo, o sea a ti, y asume la característica principal de esa persona a través de un color: el oro amarillo en tu caso. Está encantado de forma que permanezca así hasta que su dueño encuentre a quien le complementa. Cuando eso ocurre aparece en torno al anillo una banda que lo completa, del color que represente al elegido, en mi caso el verde.
Draco tomo con sus manos la del moreno y le beso la palma.
-El anillo sólo se completa cuando lo hace el que lo lleva. El oro y el verde son uno, como lo son los que se aman. Dependen el uno del otro, como tú y yo. Te prometo que igual que el verde siempre permanecerá unido al oro así yo permaneceré a tu lado.
-Entonces me asegurare que cumplas tu promesa.
Sellaron sus promesas con un beso, un beso tan profundo como sus palabras.
-Supongo que ya somos marido y marido.
-Si no hay nadie en la sala que quiera decir lo contrario supongo que si.
-Entonces esposo mío, lo único que queda es consumar la unión.
Draco se puso nervioso inmediatamente después de escuchar esas palabras. Harry sintiendo su malestar se acerco a él y lo abrazo.
-En realidad no tiene porque pasar nada. Tenemos mucho tiempo por delante. Además, no se si lo sabías pero algunas parejas no hacen el amor su noche de bodas.
Draco lo miro incrédulo.
-Es verdad. Al parecer la ceremonia, las fotos, el banquete, los invitados pesados y todo eso es tan agotador que cuando llegan a la cama lo único que pueden hacer es dormir.
-Harry, tengo 17 años, lo cual significa que mis hormonas están totalmente revolucionadas. Además nosotros no hemos tenido que pasar por ninguna de esas cosas.
-Entonces ¿qué ocurre? No me encuentras atractivo –y puso cara de ofendido.
-No es eso. Es que yo nunca tuve una de "esas" charlas con mis padres - y puso énfasis en "esas"
-Yo tampoco las tuve con mis tíos.
-Ya pero a ti no te educaron como a mí. Yo no se nada de relaciones, y por mucho que me avergüence decir esto, tengo miedo de que no saber hacerlo. De que no te guste.
-¿De que no me guste?
-En realidad, de que no nos guste a ninguno.
Harry lo miro con incredulidad, pero rápidamente cambio su gesto por uno lleno de picardía y le respondió.
-No se preocupe señor Malfoy. De ahora en adelante seré su profesor en exclusiva, y le mostrare lo mucho que va a gustarnos lo que vamos hacer.
Draco rió con ganas y abrazo a Harry muy fuerte.
-Entonces supongo que deberíamos empezar, antes de que me arrepienta.
Harry se levanto del suelo y le tendió la mano a Draco. Este lo miro extrañado pero acepto y él también se levanto.
-Primera lección: elegir un lugar adecuado. Voto por la cama, que para algo la he conjurado.
-Segunda lección: aunque no siempre es imprescindible estar totalmente desnudo, la ropa suele ser molesta, así que váyase desnudando, señor Malfoy.
-Tercera lección: siempre tiene que haber alguien, ejem, ..., digamos, ..., que da y alguien que recibe. Intentar las dos cosas a la vez es bastante difícil, o eso creo.
Mientras iba enumerando las reglas, Draco no podía dejar de sonreír. Harry había conseguido que una buena parte de su nerviosismo se fuera. Se acerco hacia su recién estrenado esposo, y lo abrazo.
-Señor Potter, le he dicho que se deprisa en empezar o puedo arrepentirme.
Harry lo miro a los ojos mientras con sus brazos rodeaba su cintura, devolviéndole el abrazo. Su expresión era seria.
-Si tienes dudas, entonces no deberíamos ni siquiera empezar.
-No tengo dudas sobre lo que quiero que pase esta noche. Las dudas que tengo son más bien sobre como hacerlo. Pero para eso te tengo a ti. Mi profesor- las dos últimas palabras fueron pronunciadas con un tono suave, pero lleno de intención. Con ese tono con el que solo se comunican los amantes.
Harry tomo su rostro en las manos y le sonrió. Draco le saco la lengua, en señal de clara burla y el moreno puso cara de ofendido. Draco rió y acerco su cara a la de su compañero, lo beso en los labios y lo trajo con fuerza hacia su cuerpo. Cuando por fin se separaron, Draco dirigió su mirada hacia la cama antes de hablar.
-La cama me parece bien.
Harry lo miro confundido. El rubio se deshizo del abrazo, se acerco hacia dicha cama y se quito los zapatos con toda la elegancia innata de la que era capaz.
-No me mires así. Es el paso dos: desnudarse.
Harry también fue hacia la cama y también se quito los zapatos, aunque lo hizo con mucha más torpeza y a punto estuvo de tropezar y caer al suelo. Mucha más calma mostró cuando se quito el jersey o cuando lentamente fue deshaciéndose de sus pantalones. Y así, después de despachar también los calcetines, quedo enfrente de su marido en ropa interior.
Draco lo miro intensamente, como
estudiando cada centrímetro de su cuerpo. No era le primera
vez que lo tenía ante él con tan poquita ropa, pero
apenas podía evitar babear como el primer día cuando lo
tenía de esa guisa ante si.
Él también
comenzó a desnudarse, quitándose todas y cada una de
las prendas que traía consigo a excepción de la ropa
intima. Cuando hubo acabado miro a Harry, y eso le basto para
comprender que el moreno no tomaría la iniciativa esa noche.
No sabía que hacer exactamente, así que se
acerco a su chico y volvió a besarle. Y mientras le besaba
dejo que el instinto le guiara y que su cuerpo decidiera lo que debía
hacer.
Poco a poco, casi sin darse cuenta, fueron acercándose
hasta la cama, hasta que Harry noto el borde de esta en la parte
posterior de sus piernas. Abrazo a Draco con más fuerza y se
dejo caer, llevándose consigo al otro chico. Se besaron largo
rato, mientras las manos acariciaban cada pedazo de piel expuesta.
Los besos se hicieron profundos y las manos dueñas de cada
centímetro recorrido.
Draco mimo el cuerpo de su esposo
con besos tiernos y caricias furtivas y Harry le correspondió
de la misma manera y con igual pasión. Casi sin darse cuenta,
se encontraron desnudos de toda tela y también, de cualquier
tipo de inhibición.
Harry tenía ahora a Draco a su
merced. Su cuerpo pálido bajo el suyo propio, atrapado por su
peso y por el deseo de ambos. Ascendió por su cuerpo, dejando
el pecho, que hasta ese momento había estado rindiendo
homenaje, y dejo que sus manos se deslizasen con toques suaves por
las piernas de su chico hasta llegar a los muslos. Con cuidado y
lentamente fue acomodándose entre sus piernas y dejando que
los puntos más íntimos de sus cuerpos entraran en
contacto. Draco no pudo evitar sonrojarse, como no pudo evitar desear
que el contacto no acabase, sino que fuese a más; y mientras
Harry se movía con caricias suaves entre sus piernas descubrió
lo equivocado que estaba y lo tonto que había sido por creer
que aquello no le gustaría y maldijo no haber intentado hacer
algo así antes con Harry.
-Lección tres- la voz del moreno le llego como lejana pero se dio cuenta que ahora sonaba ronca y ansiosa. Draco comprendió a lo que se refería y contesto con sinceridad.
-Confío en ti.
Y eso
fue para Harry mucho más que todo lo anterior.
No la
posesión de la carne, no la pasión que nos devora pero
que siempre llega a su fin.
Aquella noche su esposo no sólo
le entregaba su confianza en la cama. Aquella noche confió en
Harry sin reservas para que lo guiase en lo desconocido, sabiendo que
no tenia defensas frente a él. Y aquella noche Harry
correspondió a su gesto, y le dio amor a cambio de confianza.
Aquella noche comprendió que Draco siempre lo miraría
con los ojos del alma, que lo velaría, y que seguiría
sus pasos allá donde lo llevasen. Lo hizo cuando le cedió
su dominio sobre él, y lo hizo cuando dejo que tomara su
cuerpo, o cuando acepto el dolor de la primera vez y con los ojos
llorosos tomo el rostro de Harry entre las manos y le pregunto si a
él también le dolía con la cara llena de
preocupación, y cuando confió en su esposo y dejo que
este le mostrara la clase de dolor que realmente sentía, y
cuando gimió y susurro su nombre como una oración
durante toda la noche.
Ese fin de semana no sólo unieron sus cuerpos, sino también sus vidas y sus almas.
