Le dolía la cabeza.
Mucho antes de poder abrir los ojos
ya notaba el martilleo en el interior de su cráneo. Un dolor
que se extendía por la frente y parecía atravesarle
hacia el interior. Aun se sentía adormilado, y notaba los
miembros rígidos y sin fuerza. Pero podía oír, y
cada vez más claramente, los sonidos a su alrededor. Al
principio, sólo la sombra de ellos, pero poco a poco supo que
lo que le rodeaba eran voces. Poco después se dio cuenta que
eran susurros, y ya para entonces era capaz de atribuir a cada voz un
dueño.
Entonces quiso abrir los ojos, pero encontró
una enorme losa sobre ellos que le impedía hacerlo. Se asusto,
aunque en realidad estaba demasiado ido aun para poder asustarse, e
intento de nuevo abrirlos. Varios intentos después consiguió
levantar los párpados y al hacerlo dejo al descubierto dos
orbes tan verdes como el mismo color del
campo.
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Sus ojos grises estaban anegados en lagrimas. No solía llorar, porque le habían enseñado que un hombre de verdad no llora, y aun menos cuando ese hombre lleva el apellido que él llevaba; pero en ese momento esas enseñanzas parecían lejanas y el dolor que sentía estaba demasiado cerca. Por muy indigno que siempre había considerado llorar, era algo que no podía evitar ahora. La mayor parte del tiempo ni siquiera era consciente de que lo hacia, porque las lagrimas escapaban de sus ojos sin permiso, y el lugar donde asienta el corazón le sentía tan vacío, que era como si una mano invisible le estuviera desgarrando por dentro.
Aquella tarde había llegado a
casa para velar a su madre, pero en el mismo instante en que entraba
por la puerta principal de la mansión, algo en su interior le
hizo ver su error.
Su padre cerro la puerta tras él, y le
ordeno que se pusiera ropa elegante porque esa noche cenarían
fuera. Le escolto a su cuarto y por un momento temió que
conociera su secreto. El temor paso cuando frente a la puerta de su
habitación Lucius se volvió hacia él y le beso
en la frente. Le dijo que se sentía orgulloso y sin más
se marcho.
Abrió la puerta y entro y al hacerlo encontró
a su madre.
Era la viva imagen de la salud.
El nudo que ya
tenia en el estomago se estrecho aún más. Encima de su
cama estaba la ropa que debía ponerse ya preparada para él.
Narcisa no dejo de hablar sobre orgullo y Malfoys mientras su hijo se
cambiaba, y cuando acabo bajo con él hasta la misma entrada de
la casa, donde ya aguardaba su padre y les despidió.
Cenaron en casa de un amigo de Lucius. En la casa de un mortifago. Lo hicieron junto con otros cuatro muchachos con sus respectivos otros cuatro orgullosos padres y aquella noche los cuatro menores supieron que al anochecer del día siguiente seguirían la orgullosa estela de sus orgullosos progenitores.
Pero lo único que Draco podía pensar era en Harry. En él y en lo estúpido que había sido por no hacer caso a su primer instinto y haberse quedado a salvo con su marido.
Hasta entonces no había tenido ni el tiempo ni la intimidad necesarias, pero en cuanto llegase a casa escribiría a su chico y rogaría con toda su alma porque le llevase junto a él antes del siguiente atardecer.
Y aunque toda la noche la paso sereno sentado en su sitio a la izquierda de su padre, su cabeza no dejo de reprenderle y de decirle que este error le costaría muy caro.
Cuando la cena en honor de los futuros siervos del Lord llego a su fin, abandonaron la casa. Debían descansar porque el próximo día seria sin duda muy importante. Draco suspiro con alivio, y entonces los cinco padres con sus cinco hijos salieron a la calle.
Ahora si notaba las lagrimas. También notaba el dolor en sus ojos, y otro dolor distinto pero mucho más fuerte. No sabía donde, pero lo sentía. Lo sentía ahí justo donde tenia ese vacío tan hondo.
Se miro la mano y vio las dos alianzas, y se pregunto por enésima vez que hacia Harry en aquella calle.
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-¿Estas bien?
-¿Te duele algo?
-¿Puedes oírme?
Una pregunta continuaba a la anterior,
atosigándole a pesar de que todas pasaban tras él
porque ni siquiera era consciente de donde estaba. Tenia la vista
fija y de repente se dio cuenta que estaba tumbado boca arriba.
También descubrió que estaba sobre una cama y al poco
supo que lo que miraba insistentemente era el techo. Entonces empezó
a recordar y después de reunir fuerza suficiente giro la
cabeza y vio como un hombre vestido de negro sermoneaba a un
pelirrojo y a una castaña. Siguió mirándoles y
comprendió que lo que tenia delante era a un muy enfadado
Snape y a unos avergonzados Ron y Hermione. Sin duda ellos eran los
atosigadores.
Quiso hablar y aunque sólo le salió
un gruñido supo que el proceso iba bien y que el plan había
sido un éxito.
El gruñido fue efectivo porque
enseguida se vio rodeado no solo por esos tres sino también
por Madame Pomfrey. Tan sólo una docena de preguntas después
ya era capaz de hablar y de moverse coordinadamente, y tras un
concienzudo examen medico Pomfrey determino que su paciente estaba en
perfecto
estado.
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-Salió según lo previsto –esas fueron las primeras palabras que el profesor de pociones le dirigió a su alumno tras la partida del medimago y de sus dos amigos.
De todos los conocedores del plan, él había sido el único que aun tenia dudas.
Por supuesto, no dudaba de su poción, aquella
que había tomado Potter y que había surtido el efecto
esperado bajo las palabras adecuadas.
Tampoco dudaba de su
recuperación; los efectos eran fuertes pero también
pasajeros y los cuidados que recibía eran los propios del que
representa la esperanza del mundo mágico.
No dudaba del
plan, porque había sido perfectamente estudiado.
Tras
conocer la identidad del supuesto traidor, llegaron a la conclusión
de que ahora Voldemort conocía demasiado. Había que
ganar ventaja. Había que engañarlo. Y una buena manera
de hacerlo era burlando a quien les había burlado. ¿Y
que mejor plan para que el Lord y sus seguidores se relajasen que
saber que Potter ya no era un problema? Nott les había
comunicado que se celebraría una reunión en casa de un
mortifago, reunión a la cual acudirían Malfoy y su
hijo.
Era perfecto.
Esperar su salida, fingir un ataque, y conseguir que uno de ellos hechizara a Harry con el hechizo de muerte. Cuando las palabras fueran pronunciadas un sueño similar al eterno se llevaría a Potter. Ya en el colegio, se le administraría el antídoto y el bello durmiente despertaría.
El plan perfecto.
Con Potter "muerto", Voldemort se confiaría, y ellos ganarían tiempo y el factor sorpresa. Ciertamente era un plan perfecto.
Nadie podía dudar de el.
Lo que Severus dudaba
era de la culpabilidad. Conocía a Draco y había
aprendido a leer entre líneas las reacciones de su ahijado.
Siempre habían estado unidos, a su manera, pero de un modo
especial, casi tanto como un vinculo familiar. Y no podía
evitar la duda.
Cuando Nott les informo de la posible identidad
del traidor, Wesley había enfurecido, Granger parpadeaba
incrédula y Potter ni siquiera reaccionaba. Tras la sorpresa
llego al reacción y con ella descubrieron la relación
secreta de los dos enemigos. Y entonces Snape supo que aquel traidor
no podía ser su ahijado. Y cuando ocurrió el ataque,
mientras presenciaba la caída de Potter y la retirada de los
mortifagos, vio algo que le helo al sangre y entonces ya no tuvo
dudas.
Draco estaba junto el cadáver de su esposo, con los ojos muy abiertos sin poder creer lo que veía. Lo abrazaba fuerte, apoyando su cabeza en su pecho, y acariciando su pelo suavemente como si de ese modo pudiera despertarle. Entonces cerro sus ojos grises y por primera vez en su vida Snape vio como por las mejillas del que consideraba casi como un hijo resbalaban las lagrimas y cuando los párpados volvieron a abrirse pudo ver el único sentimiento que nos ataca a todos por igual. El dolor de saber lo que has perdido, lo que nunca volverá a ti.
Si
su ahijado era un traidor ¿qué hacia abrazado al
cadáver de su enemigo? ¿Por qué llorar su muerte
con las lagrimas del que ama? ¿Y porque dejar ver tu dolor
delante de tantos?
Lucius le había gritado preguntándole
que demonios hacia, le había separado del cuerpo inerte y se
lo había llevado a la fuerza, huyendo de la conmoción y
de los miembros de la orden.
-Así es- la voz de Potter le llego lejana, en parte por estar sumido en sus propios pensamientos y en parte por lo débil de la respuesta.
-¿ Y ahora qué? - Eso mismo se preguntaba Snape.
-Esperar.
Entonces se abrieron las puertas de la enfermería y entre ellas Remus Lupin se abrió camino.
-Ha ocurrido algo.
Dos pares de ojos se clavaron en él. Los verdes aun aturdidos y los negros cansados.
-Nos equivocamos.
-¿El Lord lo sabe...? –la expresión de Snape no mostraba miedo, pero lo acelerado de la frase y el tono lo delataban. ¿Acaso no era el plan perfecto?
-El plan era perfecto... –había susurrado el licántropo, y Severus no pudo evitar sentirse como si acabara de leerle la mente. –Pero nos equivocamos de culpable.
-¿De qué hablas? –Severus no sabía
quien había hablado primero, lo único que podía
sentir era un hormigueo por todo el cuerpo, y una voz acusadora en su
cabeza que le repetía constantemente: lo sabias.
Miro a
Potter y vio que tenia los ojos muy abiertos y una expresión
angustiada en ellos. Y lo entendió. Descubrir que quien amas
era un traidor para encontrarte con que estabas equivocado ¿Qué
creer?
-Harry tienes que escucharme...
-Maldita sea, Remus, ¿qué ha pasado? –le interrumpió el moreno.
-Cuando Severus y Ron te trajeron de vuelta yo decidí quedarme para asegurarme de que todo había salido según lo previsto. –Hizo una pausa breve para tomar aliento- Vi una sombra que se movía hacia a la casa y la seguí. Me llevo a una puerta lateral en la mansión y vi al dueño hablando con el desconocido. Cuando se quito la capa vi su rostro... era Nott. Al muy carbón le falto tiempo para contarle nuestro plan. Le dijo que no estabas muerto en realidad, que todo era una estrategia para ganar tiempo y confundirles. Le dijo que la orden no sospechaba de él, y que esa misma tarde se había encargado de hechar las culpas a otra persona. Dijo que Draco era perfecto, por vuestra rivalidad, y por quien era su padre. Lo siento mucho Harry. Yo fui de los primeros en creer las mentiras de ese mal nacido.
Snape podía ver el arrepentimiento sincero al igual que podía sentirlo en sus palabras. Él por su parte tenia lo suyo. Algo le decía que Draco no había podido traicionarles, pero no había hecho nada. Miro a Harry, y vio sus ojos verdes brillantes, y supo que se estaba tragando sus lagrimas.
-Pero... pero ¿qué hacia Draco allí?
-Por lo que dijeron, su padre le engaño para traerlo a casa. Quieren marcarle, Harry.
Potter agacho la cabeza y se quedo mirando las mantas que tapaban su cuerpo con la mirada perdida. Entonces miro su mano, y sus ojos se agrandaron y la expresión de su cara se volvió horror.
-¿Dónde esta mi anillo?
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No.
No.
No.
No podía ser. Gritaba su mente una y otra
vez. Le faltaba el aire pero no podía detenerse.
Las
escaleras se le antojaron interminables y sus pasos demasiado lentos.
Pensó que el mundo se le había caído encima
cuando creyó la traición de Draco. Luego pensó
que era un cabrón cuando supo que su chico era inocente. Él
si que era un traidor. Había traicionado uno de los votos que
le hizo a Draco, la confianza. Cuando vio que su anillo le faltaba en
el dedo, el miedo le invadio. No se lo había quitado, no sabía
porque. Simplemente no había podido. Y ahora ya no estaba.
Snape le había hablado del abrazo de Draco y de sus lagrimas,
y de sus ojos desesperados, y entonces si que el cielo se le había
caído encima mientras que a sus pies la tierra se abría
y caía en el abismo. Así se sentía.
Antes de que su profesor terminara de hablar ya se había levantado y le rogaba que le indicase la manera de entrar en la mansión. Un mal presagio le consumía, mientras la angustia le comía por dentro. Snape le había guiado y ahora corría escaleras arriba buscando la habitación de Draco.
No estaba seguro, pero sabía que alguien más había venido con él. Snape y quizá Remus. No era importante. Quienquiera que fuese aun estaba en el primer piso enfrentándose a Lucius, quien atónito acaba de ver entrar en su casa a Potter.
Corrió, y corrió por un pasillo ancho, y reconoció los cuadros y las puertas talladas que Draco le había descritos alguna vez. Encontró la que buscaba y al tocar el pomo pudo ver como le temblaba la mano. La abrió y entro en aquel cuarto. La única luz era la de la luna que se extendía desde el cielo y entraba a la habitación desde un gran ventanal de cortinas corridas. Esa noche, la de su supuesta muerte, había sido una noche clara.
Entonces lo vio.
Estaba tumbado sobre su cama. El pelo rubio despeinado, la tez tan pálida como siempre, y sobre su cuerpo la misma ropa que le había visto tan solo unas horas antes. Se acerco a la cama. Lo hizo despacio como cuando no queremos despertar al que duerme. Se sentó al lado de su esposo, y le aparto unos mechones para después acariciar su rostro. Bajo sus ojos y encontró la mano. En su diestra tenia dos anillos. La alianza de plata y su aro de oro. Entonces lo tomo en sus brazos y lo acerco hacia si. La rubia cabeza descansaba en su cuello, mientras él se aferraba a su cuerpo. Lo abrazo como había hecho tantas veces antes, mientras las lagrimas se abrían paso por sus ojos ya cerrados. Lo acuno, como el que mece un tesoro, y cuando los sollozos aumentaron lo estrecho con fuerza hacia su cuerpo, y lo abrazo aún más. Al hacerlo la mano derecha de Draco se abrió y la botellita vacía de veneno que tenia en ella cayo al suelo.
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Estaba de pie bajo el marco de la puerta del cuarto de su ahijado. Tenia el cuerpo tenso, y una opresión muy fuerte en el pecho. Dentro Harry mecía en sus brazos en cuerpo de Draco. Por su segundo su mirada se había cruzado con la del moreno y había podido ver en ella la misma expresión que en los ojos de Draco la última vez que lo vio con vida. Y mientras veía a Harry llorar sobre el cuerpo de su ahijado se tenso el nudo de su cuerpo y recordó unas palabras que había oído hacia ya mucho tiempo.
El amor es como un templo. Dentro aguarda la plenitud, la felicidad, todo aquello que anhelamos en esta vida. Fuera lo que lo mantiene son sus cimientos. Pilares indispensables sin los que se vendría abajo. Cuando falla, solamente uno, la estructura se desmorona. Si el amor es como un templo, la confianza es su pilar. Quiébralo y perderás aquello que habías logrado. Porque cuando falla un soporte la estructura queda coja. Ay de aquel que prometio y no cumplió con su palabra. Se le lleno la boca de palabras de amor pero ante la primera prueba traiciono el sentimiento. Ay de aquel que no confió, porque cuando uno de los pilares se quiebra es el amor entero el que se pierde.
