PARTE 4:
Mientras Touya y Sakura terminaban de fregar los platos Yukito, se asomó a la ventana de la cocina para poder ver el jardín. La mayoría de las plantas ya habían echado sus hermosas flores y rodeaban la casa de los Kinomoto con sus brillantes colores. Respiró hondo y levantó la vista al cielo. A pesar de que no era muy tarde ya había oscurecido debido a un montón de nueves grises que cubrían el firmamento. Había refrescado bastante y era evidente que dentro de poco empezaría a llover. Un suave escalofrió recorrió su espalda. Cerró la ventana y se volvió a mirar a los dos hermanos.
-Seguro que no queréis que os eche una mano.
-Seguro. Ya casi hemos terminado.- respondió Touya al tiempo que le pasaba a Sakura el último vaso para que lo secara.
-¿Que podríamos hacer ahora? Podríamos jugar a algo o ver una peli.- propuso ella.
-¿En el cine? – preguntó Yuki.
-Eso seria genial. He oído que ponen una muy buena en el del centro- exclamó emocionada.
-¿La de los mountruos mutantes que vienen para apoderarse de la tierra?- la preguntó el amigo de su hermano con los ojos muy abiertos.
Sakura asintió con fuerza.
-Meiling me dijo que estaba muy bien.
- Lo malo es que parece que va ha llover.
Touya se apoyó en la pared y empezó a frotarse la sien; Desde hacia ya un par de horas tenia un fuerte dolor de cabeza, probablemente producido por todas las emociones del día. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta de que Yukito y su hermana habían dejado de hablar y lo miraban preocupados.
-¿Te encuentras bien To-ya? ¿No tendrás fiebre?- Habló su amigo. Yukito se acercó a él apoyando su mano sobre su calida frente. Al principio Touya intento apartarse pero Yuki lo detuvo y lo obligó a sentarse junto a la mesa. Se agachó y volvió a colocar su mano sobre su frente.
La respiración del joven de cabellos negros se interrumpió al sentir su tacto. Por unos instantes el tiempo pareció detenerse. Era como si allí solo estuvieran ellos dos. Solo él y su ángel de cabellos grises, la persona de la que se había enamorado sin remedio, alguien al que nunca tendría ni podría llegar a poseer. Tan cerca de él ahora, que podía notar su aliento sobre su sonrojado rostro. Si tan solo las circunstancias no hubieran cambiado tanto podría haber encontrado el valor para alargar una mano y acariciar aquellas pálidas mejillas. El joven mordió sus propios labios intentando apartar de su mente la idea de incorporarse para besar la boca de su compañero, su frágil cuello y su blanco pecho que se dejaba ver por los dos primeros botones desabrochados de su camisa. El corazón de Kinomoto se aceleraba mientras sentía como el resto de su cuerpo reaccionaba por su simple cercanía, incapaz de hacer nada por controlarlo.
-Parece que tienes fiebre. Ya decía yo que te sucedía algo.
-¿Será grabe? ¿Qué vamos a hacer?- preguntó Sakura. (Su hermano nunca se había puesto enfermo antes y eso la preocupó).
-To-ya será mejor que te acuestes y descanses un poco… ¿To-ya?- Volvió a hablarle sacudiéndole ligeramente por el hombro al ver que no se movía.
-¿SI…? Si, estoy muy bien. No tengo nada. Solo me duele un poco la cabeza.
-Oniichan, ¿Por qué no vas a descansar un rato?
-No puedo. Hay muchas cosas que preparar para esta noche.
-Yo puedo encargarme de todo. Recogeré y preparare la cena.
-Yo también puedo ayudar.
-Pero…- Touya iba a protestar pero se lo pensó mejor. – De acuerdo. Subiré, descansare un par de horas y luego bajaré para prepare la cena.
El chico se levantó camino de su habitación pero antes de marchar se acercó a su hermana y le revolvió el cabello cariñosamente.
-Pórtate bien monstruito.- le dijo con una sonrisa.
Ella solo le miró sin protestar y le devolvió la sonrisa.
---
Poco después de que saliera de la cocina Yukito salió corriendo tras él alcanzándole en las escaleras.
-¡Espera! ¡Te acompaño!- se ofreció.
-No es necesario. No creo que vaya a perderme.
De todas formas él le siguió hasta su habitación y cuando Touya se disponía a abrir la puerta una mano en su muñeca lo detuvo.
-¿Qué te sucede?
-Nada. Estoy bien de verdad. Solo necesito descansar un rato.
-To-ya… Dime la verdad. ¿Hice algo que te molestara? Por que si es así te pido que me perdones.- Le rogó con un brillo de tristeza en sus ojos.
-No, en absoluto. Tú nunca podrías hacer nada que me molestara. Tú eres… mi mejor amigo.- Le respondió. Aquella mirada triste lo desmonto por completo. Se acercó hacía él apoyando su mano sobre su mejilla y se acercó aun más hasta que sus narices casi se tocaron. No podía separarse de él no podía dejar de desear sus labios no… NO PODIA HACER ESO. Touya se apartó de él como si hubiera sido empujado por algo, abrió la puerta de su habitación y la cerró tras de sí.
-¡¿To-ya?! – Yukito se quedo inmóvil sin saber que es lo que había sucedido.
Continuara
Próximo capitulo - Sakura Yukito y el beso
Mientras Touya y Sakura terminaban de fregar los platos Yukito, se asomó a la ventana de la cocina para poder ver el jardín. La mayoría de las plantas ya habían echado sus hermosas flores y rodeaban la casa de los Kinomoto con sus brillantes colores. Respiró hondo y levantó la vista al cielo. A pesar de que no era muy tarde ya había oscurecido debido a un montón de nueves grises que cubrían el firmamento. Había refrescado bastante y era evidente que dentro de poco empezaría a llover. Un suave escalofrió recorrió su espalda. Cerró la ventana y se volvió a mirar a los dos hermanos.
-Seguro que no queréis que os eche una mano.
-Seguro. Ya casi hemos terminado.- respondió Touya al tiempo que le pasaba a Sakura el último vaso para que lo secara.
-¿Que podríamos hacer ahora? Podríamos jugar a algo o ver una peli.- propuso ella.
-¿En el cine? – preguntó Yuki.
-Eso seria genial. He oído que ponen una muy buena en el del centro- exclamó emocionada.
-¿La de los mountruos mutantes que vienen para apoderarse de la tierra?- la preguntó el amigo de su hermano con los ojos muy abiertos.
Sakura asintió con fuerza.
-Meiling me dijo que estaba muy bien.
- Lo malo es que parece que va ha llover.
Touya se apoyó en la pared y empezó a frotarse la sien; Desde hacia ya un par de horas tenia un fuerte dolor de cabeza, probablemente producido por todas las emociones del día. Tan concentrado estaba que no se dio cuenta de que Yukito y su hermana habían dejado de hablar y lo miraban preocupados.
-¿Te encuentras bien To-ya? ¿No tendrás fiebre?- Habló su amigo. Yukito se acercó a él apoyando su mano sobre su calida frente. Al principio Touya intento apartarse pero Yuki lo detuvo y lo obligó a sentarse junto a la mesa. Se agachó y volvió a colocar su mano sobre su frente.
La respiración del joven de cabellos negros se interrumpió al sentir su tacto. Por unos instantes el tiempo pareció detenerse. Era como si allí solo estuvieran ellos dos. Solo él y su ángel de cabellos grises, la persona de la que se había enamorado sin remedio, alguien al que nunca tendría ni podría llegar a poseer. Tan cerca de él ahora, que podía notar su aliento sobre su sonrojado rostro. Si tan solo las circunstancias no hubieran cambiado tanto podría haber encontrado el valor para alargar una mano y acariciar aquellas pálidas mejillas. El joven mordió sus propios labios intentando apartar de su mente la idea de incorporarse para besar la boca de su compañero, su frágil cuello y su blanco pecho que se dejaba ver por los dos primeros botones desabrochados de su camisa. El corazón de Kinomoto se aceleraba mientras sentía como el resto de su cuerpo reaccionaba por su simple cercanía, incapaz de hacer nada por controlarlo.
-Parece que tienes fiebre. Ya decía yo que te sucedía algo.
-¿Será grabe? ¿Qué vamos a hacer?- preguntó Sakura. (Su hermano nunca se había puesto enfermo antes y eso la preocupó).
-To-ya será mejor que te acuestes y descanses un poco… ¿To-ya?- Volvió a hablarle sacudiéndole ligeramente por el hombro al ver que no se movía.
-¿SI…? Si, estoy muy bien. No tengo nada. Solo me duele un poco la cabeza.
-Oniichan, ¿Por qué no vas a descansar un rato?
-No puedo. Hay muchas cosas que preparar para esta noche.
-Yo puedo encargarme de todo. Recogeré y preparare la cena.
-Yo también puedo ayudar.
-Pero…- Touya iba a protestar pero se lo pensó mejor. – De acuerdo. Subiré, descansare un par de horas y luego bajaré para prepare la cena.
El chico se levantó camino de su habitación pero antes de marchar se acercó a su hermana y le revolvió el cabello cariñosamente.
-Pórtate bien monstruito.- le dijo con una sonrisa.
Ella solo le miró sin protestar y le devolvió la sonrisa.
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Poco después de que saliera de la cocina Yukito salió corriendo tras él alcanzándole en las escaleras.
-¡Espera! ¡Te acompaño!- se ofreció.
-No es necesario. No creo que vaya a perderme.
De todas formas él le siguió hasta su habitación y cuando Touya se disponía a abrir la puerta una mano en su muñeca lo detuvo.
-¿Qué te sucede?
-Nada. Estoy bien de verdad. Solo necesito descansar un rato.
-To-ya… Dime la verdad. ¿Hice algo que te molestara? Por que si es así te pido que me perdones.- Le rogó con un brillo de tristeza en sus ojos.
-No, en absoluto. Tú nunca podrías hacer nada que me molestara. Tú eres… mi mejor amigo.- Le respondió. Aquella mirada triste lo desmonto por completo. Se acercó hacía él apoyando su mano sobre su mejilla y se acercó aun más hasta que sus narices casi se tocaron. No podía separarse de él no podía dejar de desear sus labios no… NO PODIA HACER ESO. Touya se apartó de él como si hubiera sido empujado por algo, abrió la puerta de su habitación y la cerró tras de sí.
-¡¿To-ya?! – Yukito se quedo inmóvil sin saber que es lo que había sucedido.
Continuara
Próximo capitulo - Sakura Yukito y el beso
