Notas de la Autora: gracias por sus reviews! Subo el cap 7 y 8 porque aprovecho de la casa de unos tíos de subir, me han sacado el internet (la compañía tiene fallas)
Ójala les guste.
Saludos!
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Circunstancias (parte 8)
Capítulo 8 : Nieve.
Se aferraba con desesperación a su espalda. Sentía que le absorbía el aliento y que moriría pronto de una dulce desesperación.
No lo habían notado, pero el clima se había tornado mucho más frío al punto que las temperaturas bajaron bajo cero dando como resultado algo blanco, suave, frío y sutil: la nieve.
¿Qué importaba? Ellos estaban absortos en perderse en la boca del otro, ni Harry, Ginny, Ron, la casa de Slytherin ni todo Hogwarts les haría separarse en ese momento… menos Lucius Malfoy y el ejército de Mortios.
Draco Malfoy se debatía entre el sentir todo y reprimirse el impulso de cargarla en brazos y llevársela a un lugar oculto entre el bosque prohibido, mas cuando ella había rodeado su cuello con sus brazos había mandado todo su autocontrol al olvido, apegándola, si era posible, aun más a su cuerpo que agitado, le rogaba por oxígeno.
Hermione no se quedaba atrás, sentía cada partícula de su cuerpo ardiendo a una temperatura insoportable. ¿Cómo podía sucederle aquello si el hombre no soportaba más de los 40 grados Celsius sin morir? Si ella debía morir en ese instante, lo haría feliz…
Pero no moriría. Ella lo sabía… solo volvería a despertar.
El oxígeno ingreso por su nariz como algo maravillosamente único, pero sus labios se encontraban solitarios, solo estaba la lejana sensación de calor en ellos…. Muy lejana.
Abrió los ojos luego de un profundo y hermosísimo sueño pero comprobó que no soñaba, estaba mas despierta que nunca y el príncipe de Slytherin estaba muy cerca de ella con sus ojos grises destellantes por algo que ella ni siquiera se imaginaba…. Y ni dentro de miles de años podría imaginarse. Él estaba feliz.
Solo él y su conciencia lo sabían. Él no lo diría y su conciencia no se lo mencionaría hasta que llegase la noche y en su cama diera las mil vueltas para intentar conciliar el sueño sin dejar de desear besarla otra vez.
El silencio volvió a reinar en ambos, la Gryffindor muda inexplicable y asombrosamente y el Slytherin tranquilo y sereno sin necesidad de hablar más que con su mirada.
Sería absurdo volver preguntarle la razón, pero su inquietud no la dejaba en paz, simplemente no podía respirar tranquila con algo molestándole a cada segundo, una duda más allá del frecuente existencialismo que podía experimentar por su edad…
¿Draco Malfoy gustaba de ella?
Volvió a sentir su nariz rozándole la fría y sonrosada piel de sus mejillas. Aquello significaba nada, todo y absolutamente el misterio.
Quería que él la besase de nuevo.
Lo esperaba con ansias.
Pero él no la complacería esta vez.
Sintió un escalofrío al golpear su respiración contra su oído
- Nos veremos, Granger…-susurró-.
Un pestañeo y el Slytherin ya estaba a metros de ella caminando hacia el castillo dando grandes zancadas debido a la gruesa nieve que cubría el suelo.
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En cualquier momento se desvanecería.
Luego de contarle a su hermana y Harry lo sucedido con Hermione, se había sentido escasamente mejor, casi nada.
Necesitaba comprenderlo.
Si tan solo ella se lo explicase… No, no lo entendería, aunque ella le jurará por la P.E.D.D.O que no había querido besarlo lo entendería, porque presencio como su ex novia se derretía en las manos de la serpiente.
¿Por qué nunca la sintió así?
Tantos besos que compartieron y él nunca la sintió desfallecer en sus brazos, nunca se aferro a su pecho como si el mundo se acabase en ese mismo instante, no, nada de eso. Hermione siempre le había besado suavemente, sin prisas ni desesperación… más bien, como una rutina. Ella, un beso a Ron, sus clases, biblioteca, otro beso para el pelirrojo y así sucesivamente hasta el otro día. Y ahora que la había visto así, se cuestiono profundamente sus sentimientos…¿realmente había amado a la prefecta?
Su voz interna gritaba a todo pulmón un "Sí" rotundo.
¿Qué gritaría el corazón de la prefecta si llegase a preguntárselo?
¿No, sí, tal vez?
El dolor de cabeza incremento junto con sus ganas de dormir y no despertar nunca más.
No podía dejar de recordarla y añorarla, era desesperante. Frescos y tatuados en su piel estaba cada recuerdo, desde su complicada confesión, los celos del día a día, las evasiones de la chica hasta el sí y los miles de besos y risas en la sala de menesteres o en la parte más oscura de la biblioteca en las frías tardes.
Una lágrima bajo por su mejilla y se maldijo de inmediato. Parecía una nenita llorando como lo hacía¿pero, quién le aseguraba que los hombres no lloraban? Nadie, lo sabía.
En la oscuridad de su habitación se acerco a la ventana posando una mano en el frío vidrio, observando abstraído como los copos de nieve bajaban lenta, graciosa y elegantemente al suelo.
Y su voz la llamo por última vez antes de permitirse llorar en silencio.
