Notas de la Autora: "Más vale tarde que nunca". Excelente dicho.

¿Cómo están¿Me extrañaron? Espero que sí.

Bueno. Acá esta la nueva entrega de "Circunstancias". Debo reconocer que me costo horrores escribirlo. Desde el miércoles empecé a plantearme como lo haría y que pasaría, pero me quedaba en blanco hasta que aparecieron los primeros cuatro párrafos. Hoy estaba algo reacia a tomar el capítulo, ya que quería admirar por mi ventana como caía la lluvia, pero fue el mismo sonido el que me impulso a hacerlo. Por eso cambie de "Miró por la ventana caer la nieve" por "Miró por la ventana caer la lluvia"

¿Se nota que me gusta la lluvia? Creo que sí, y a lo anterior le suman que al salir del preu llovía torrencialmente y la sombrilla se me volaba por el viento, pero yo feliz de mojarme un poquito (mis pantalones se mojaron hasta las rodillas)

En fin. Mucha platica de mi parte.

Solo me queda, como siempre, agradecer vuestros reviews. Me hacen feliz :) en especial ahora que me siento un poquitin triste. Gracias de todo corazón.

Saludos especiales a: Berechan, Bastet-sama, Natyta, liebre, Gabotta y Ede (por si pasas).

¡Y por su puesto a todo los lectores que me leen!

¡Infinitas gracias!

Maki-1988.

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Circunstancias.

Capítulo 15: "Ella"

Miró por la ventana caer la lluvia mientras el profesor Binns seguía su cátedra sobre una antigua revolución entre los gigantes y el mundo mágico. Le costaba tanto estar concentrada, cosa extraña en ella…

Pero no podía… no podía dejar de revivir aquella experiencia que a ratos la confundía y a otros la emocionaba…

Pero cuando la emoción tomaba control de su ser, la razón se hacia oír y derrumbaba aquel mundo de ilusión… después de todo, no se le permitía sentir algo por aquel chico. Draco Malfoy estaba prohibido por el simple hecho de ser Slytherin y por ser su eterno enemigo, suyo y de sus amigos. Sin embargo no podía obviar que sentía sus pasados seis años de estudios en Hogwarts, siendo el blanco de burlas e insultos por parte del rubio, como un recuerdo sumamente lejano y apunto de borrarse de su memoria.

Ela aguacero se hizo más sonoro y ella soltó un suspiro despreocupado. Para ser sincera consigo misma, le gustaban los días lluviosos porque, como cualquier chica, soñaba que algún compartiese con una persona especial un paraguas, unas sonrisas y quizás un beso. Sus mejillas se tiñeron de rojo al darse cuenta de que era lo que estaba pensando y por eso unos ojos azules pasaron desapercibidos para ella.

Ron Weasley.

Sus ojos situados en ella, sus pensamientos rodeándola y acariciándola en silencio. Y como en deseos de antaño, quiso perder sus manos en aquella cascada castaña de rizos y bucles que olían a vainilla, llenar de besos sus mejillas y abrazarla con fuerza. ¿Cómo podría olvidar el sabor de sus besos, la dulzura de su piel y la calidez de su mirada si hacia un tiempo él era dueño de todo eso¿Cómo podía fingir que ya no le hería verla pero no poder sentirla suya?

Unas palmaditas de Harry lo alertaron puesto que el anciano y fantasmagórico profesor alzaba la voz y les dedicaba una mirada reprobatoria, entonces miro a la prefecta que estaba tomando apuntes y ahogo un quejido antes de fijar su atención en el transparente profesor. Entonces el objeto de adoración rodó sus ojos marrones y le miro de reojo, sin ningún reproche o resentimiento sino como lo que había sido para ella antes de jugar a ser novios. Como un amigo, un hermano.

Se dio cuenta que la próxima salida a Hogmeade sería tan insípida si no estaba con él, con ellos. Extrañaba a sus amigos, el reír con ellos o reprenderlos porque dejaban sus deberes para el último momento.

Era el tiempo. El tiempo de recuperarlos, de sentirlos cerca nuevamente.

Luego de tomar aquella decisión, la campana sonó por las antiquísimas paredes del castillo dándoles a entender a los alumnos que la hora de almuerzo había llegado.

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Sus ojos se quedaron fijos en el tenedor siendo incapaz de darle la señal a su cerebro para que su mano se moviese y lo cogiera. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que le estaba pasando, lo que lo estaba cambiando.

Hermione Granger. Gryffindor, premio anual, prefecta, sabelotodo, hija de muggles, cabello castaño rizado y lleno de bucles, piel blanca y suave con aroma a vainilla, ojos marrones caritativos….

Una chica.

No cualquiera.

Tan igual a alguien que había conocido. ¿Sería esa la razón por la cual se sentía endemoniadamente atraído a ella al punto de mandar todo al cuerno con tal de tenerla a su lado?

No. No era como "ella". "Ella" era especial desde la cabeza a la punta de los pies…

Evocó su recuerdo. Y voló lejos de Hogwarts rompiendo momentáneamente las cadenas que lo apresaban.

Él era entonces un niño. Aunque sus padres ya habían sembrado la semilla del despotismo en él, aun conservaba una pizca de inocencia en su corazón. Era un día de invierno y viajaba cautelosamente por los lados del Londres Muggle. Muchas miradas se centraban en él y no faltaban señoras que lo mirasen y cuchichearan lo lindo que era con alguna amiga que les acompañaba. Él sonreía al llamar la atención, su padre contenía pésimamente su disgusto ya que los sangre sucia se atrevían a mirar al heredero de los Malfoy como si fuese una atracción de circo.

Entre tanta gente, entre tanto ruido, el pequeño Draco fijo su vista en la estación de trenes. No siempre deambulaba por el sector de los "sangre sucia" como empezaba a llamarlos.

Pero, aunque no supo explicarlo por su corta edad, sus ojos se quedaron prendados de una niñita que esperaba en el andén tomada de la mano de su madre.

Tenía una bonita sonrisa, ojos marrones y pelo castaño.

Y ahí se quedo.

Mirándola.

Y ella sonrió y movió su mano a modo de saludo.

Draco quiso hablarle, pero Lucius, luego de buscarlo entre la multitud, tironeaba de él de un modo muy poco amable. Él no quería irse, quería hablarle, saber su nombre y quizás jugar con ella.

Sonrió a la chica y le extendió la mano, como pidiéndole que tomase la suya y ella, candida, la tomo entre las suyas que eran tan suaves y pequeñas.

- Adiós.

Se despidieron y él la vio desaparecer entre la gente que subía al tren. Quiso correr y estar con su nueva amiguita mas su padre le reprendió por tener contacto con los sangre sucia y se lo llevo a la mansión Malfoy a modo de castigo. Tenía prohibido acompañarle en sus asuntos a partir de ahora…

Apretó los ojos cerrados y se llevo el dedo índice y pulgar al tabique de la nariz.

¿Y si ella fuese Granger?

Tenía sentido, tenían el mismo cabello, los mismo ojos… además cuando vio a aquella niñita calculó mentalmente que ambos compartían más menos la misma edad.

¿Coincidencias¿Destino?

Hoy lo comprobaría. Estaba decidido. Aun tenía impregnada aquella suavidad en la piel de sus manos. Y si "ella" era Granger… su búsqueda habría terminado.

Abrió los ojos sintiendo un nudo en el estomago por la ansiedad y sin mediar palabra salio del gran comedor.

Subió las escaleras hacia ningún lugar específico. Granger, Granger…

¿Cuándo había dejado de ser la sangre sucia?

Aquella tarde. Sí, la recordaba bien.

Nunca podría olvidarla. Rayos y si Granger era "ella"… No podía dejar de imaginar lo feliz que lo haría… ¿Feliz? Sí, feliz. Draco Malfoy no era tan de hierro como todos pensaban. Sentía como cualquier persona, pero lo disimulaba muy bien. Había sido criado para ello.

Sus pies lo llevaron a la biblioteca. Era inevitable entrar y sentir como sus labios adquirían vida propia y formaban una sonrisa. Solo había estado ayer ahí, con Granger.

Y la había besado. Como tantas veces ya.

No, ayer había sido distinto. Ayer su cuerpo se estremeció al más leve contacto, no había sido como los demás…

Paso por los estantes y recreo la escena mentalmente. Jugar a las escondidas con la Gryffindor no había estado nada mal. Quizás lo repetiría, solo quizás.

"No soy otra de tus conquistas"

Y vaya que no. Con sus conquistas no duraba más que unas pocas semanas, pero él ya llevaba casi un mes revoloteando a la prefecta. Y no hallaba la hora de que ella cayese rendida a sus pies, de sentir sus besos llenos de sentimiento….

- ¿Nos sentamos ahí?

- Vale.

Por acto reflejo se apego de espaldas a una estantería. Se pregunto el porque actuaba así y entonces descubrió que su cuerpo había aprendido a percibirla. Por el pasillo avanzaba ella, Hermione Granger acompañada por Neville Longbotton.

Su sola presencia congelo todo. Vio como en cámara lenta ella se acercaba a una mesa, paso por paso seguida del idiota de Longbotton. Como acomodaba sus útiles y buscaba un pergamino que debió ser la lista de ingredientes de alguna poción ya que Longbotton traía un caldero y otras especias.

La chica aparto un rizo de su rostro y se dispuso a prender el fuego para el caldero. Le hablo al Gryffindor apuntando varias veces el pergamino, como explicando lo que debían hacer para que todo saliese bien.

Jodido Longbotton.

Justo ahora debía acaparar toda la atención de la castaña, ahora que quería descubrir si ella era aquella chica que lo cautivo de verdad en su infancia.

- Iré a buscar un libro de pociones para que nos aseguremos que tenemos todos los ingredientes-apunto la chica antes de levantarse-.

- Esta bien –dijo Neville mirando el caldero- no haré nada hasta que vuelvas-.

- No tardo –dirigiéndose a las estanterías-.

Entonces los ojos grises resplandecieron entre la poca nitidez. El estaba en la sección de pociones…

¡Gracias Merlín porque Granger es tan perfeccionista!

La chica recorrió dos estanterías antes de llegar a la cual estaba él. Espero paciente hasta que ella se asomo, fijando su atención en los títulos de los ejemplares.

Sus ojos se centraron en sus manos. Quería tocarlas.

Tan fugaz como una estrella tomo su mano libre y jalo de ella haciendo que la chica soltase un quejidito al rebotar en su pecho, luego, con su mano libre, la tomo de la barbilla y la beso.

Hermione cerró los ojos automáticamente, no tenía que preguntarse quien era porque el aroma a agua marina lo conocía muy bien tan bien como estaba aprendiendo a conocer a su dueño.

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Notas de la Autora:

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