Circunstancias.
Capítulo 16: Silencio.
Bendita e incontenible eternidad. Deseaba tenerla en la palma de su mano, pero ella se le escurría recordándole que no tenía dueño y que era libre… porque era la eternidad y se regía por si misma.
Pero, por la fuerza de su carácter, la tentó al prolongar lo más posible ese momento, el momento en que acariciaba las manos de Granger y la besaba anhelante.
Manos medianas, suaves con ligeras asperezas en los dedos debido a su fanatismo por el deber, uñas cortas y poco firmes, las manos de una chica cuya sombra le perseguía a todas partes.
Labios deseables, de tonalidad rosada que tendía al rojo cuando se mordía el labio inferior con nerviosismo. Labios objetivos a la hora de poner la ley de frente y el sentir al final. Labios dolidos por una traición que él se encargo de borrar… labios que aun no le dedicaban la esperada sonrisa de los viejos tiempos…
Brazos que aun no imprimían cariño al rodearle el cuello o el tronco, como hacían ahora. Cuerpo que aun no se estremecía por el contacto del suyo… cabello que aun no le cosquilleaba por coquetería sino por casualidad…
Un corazón que, según él, aun no latía por su causa…
… sino por la inercia de la razón…
Una chispa de calor, una intolerable quemazón se prendió en su ser al notarla más distante que otros días…
¿Acaso algo le preocupaba?
Ella se aparto y le observo severa.
¿Qué estaba pasando¿Por qué de un día para otro había cambiado tanto su actitud?
- ¿Por qué lo hiciste? –le reclamo- Vine acompañada y podrían sorprendernos – susurrando con molestia-.
- No sabía que Longbotton representaba tal peligro, Granger –marcando la frase con ironía-.
- Muy divertido, Malfoy – respondió- Pero estoy cansada de este juego tuyo-.
- Ya te he dicho que esto no es un juego, Hermione –arqueando una ceja-.
- ¿Entonces de qué va todo esto?-estableciendo las distancias- ¿Desde cuando deje de ser la "sangre sucia"¿Desde cuando un Malfoy se denigra a tanto?
El silencio otorga.
Si Draco Malfoy fuese conocedor de aquel dicho muggle, no hubiese guardado silencio. No hubiese tomando nuevamente sus manos para hallar aquella verdad que había buscado, inconscientemente, por años. No hubiese besado su frente ni se hubiese escurrido por las estanterías dejándola atónita y con los sentimientos a flor de piel.
Porque había perdido, sin saber, la única oportunidad que tendría en mucho tiempo.
Suspirando profundamente, dio media vuelta y tomando un libro de pociones, se dirigió a la mesa donde Neville le esperaba impaciente.
- Siento la tardanza. Me costo encontrarlo por lo habían dejado en el lugar equivocado- hablo sacándolo de su abstracción-.
- No hay problema –respondió cruzando los dedos inconscientemente por el nerviosismo-.
Temía incendiar la biblioteca por algún descuido bobo. Hermione vio su rostro tenso y vio el modo de transmitirle tranquilidad.
- Descuida, lo haremos bien –apoyando una mano en su hombro-.
Neville sonrió agradecido y se dispuso a seguir las instrucciones de la chica que, discretamente borro su sonrisa.
… Malfoy…
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La empujo contra la puerta de la habitación y hundió sus labios en los suyos con ansias reprimidas. Ella enterró sus manos en su cabello respondiendo hábilmente ahogando gemidos reiteradamente.
Cayeron a la cama y con increíble rapidez se privaron mutuamente de las ropas. Su cabello castaño le acaricio el cuello provocándole un cosquilleo que quemo en su columna vertebral.
Deseo.
Algo tan potente e inefable a la hora de definirlo. Tan abrumador y desbordante a la hora de sentirlo y si quiera creerse capaz de reprimirlo. El motor de los instintos más salvajes e inherentes del ser humano que a veces lo veja y destruye.
Judith Graham no lo sabía.
No tenía ni idea de lo que esa tarde significaría con el tiempo, la tarde en que entrego por primera vez su cuerpo sin medir en las consecuencias. La tarde en que Blaise Zabinni se convirtió en su dueño.
El moreno, mientras se apoderaba de cada trocito de su piel, nunca pensó que esta sería la única vez. No. Esta sería una de las tantas veces en que la atractiva Slytherin sucumbiría ante él, porque el destino se encargaría de unirlos pese a su mutua negativa, pese al caos que sembraría el deseo en sus vidas y pensamientos.
Ella le mordió el hombro desnudo debido a su poca delicadeza. Le era imposible pensar con claridad. Era un sueño demasiado real, palpable.
La chica que siempre le había mirado con desagrado ahora se retorcía de placer bajo su piel. Sus labios rojos, antes curvado en una sonrisa llena de suficiencia, estaban apretados con el fin de ocultarse cual vulnerable se había vuelto, cuan sensible se había vuelto hacia él.
¿Y qué sentía él?
Fuego, fuego puro fluir de sus poros. Su mirada se nublo al instante que dibujo su piel y la sintió idéntica a lo que había soñado en su soledad. Y las sabanas desaparecieron, las paredes también y solo existió ella y su cuerpo, él y su sentir.
Deseo, deseo.
Lo que lo movía, lo que lo hacía respirar ese aire denso.
Deseo.
Lo que ella había aceptado a cambio de una información que nunca obtendría. Lo que había apagado su cerebro al darse cuenta en lo desembocaría aquel jueguito de seducción que protagonizó en la sala de estar de las serpientes.
Y su voz la abandono al momento culmine.
Y su cuerpo cayo en trance al sentir su cuerpo caliente caer sobre el suyo.
Y los sentidos se apagaron momentáneamente, buscando descanso a través del sueño….
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Se rasco la nuca con nerviosismo al divisarla a la distancia.
Siempre tan radiante, tan hermosa.
Y tan amada como antes…
Porque él aun la amaba, con su corazón, con todo su ser.
¿Huiría o se le acercaría? Ella estaba ajena a su debate interno, pendiente de las acciones de Neville para corregirle al más mínimo fallo y pese a su rostro serio él la veía tan bella.
¿Era un Gryffindor, no? Había pasado junto a ella y Harry por un montón de situaciones peligrosas y complicadas… no era el momento de acobardarse.
Dio un paso. Y otro, y otro y entonces estaba a centímetros de ella. Neville noto tu presencia y le sonrió.
- Hola Ron – dejando de cortar las raíces para la poción -.
- Que tal, Neville- respondió al cabo-.
Esa voz. El vello se le erizo automáticamente. Se reprendió mentalmente y se giro para enfrentarlo.
Cabello pelirrojo igual de desordenado que siempre, las pecas adornado sus mejillas, sus ojos azules denotando la misma profundidad que los caracterizaba y su sonrisa tan calida como la recordaba, Ron Weasley.
- Hola Herms – saludo ocultando su latente nerviosismo-.
- Hola Ron – contesto serena-.
El contenido del caldero comenzó a burbujear estrepitosamente, sacándolos a ambos del trance que sus miradas habían generado. Longbotton se disculpo por su descuido ya que se había abstraído tanto al picar las raíces como le había dicho Hermione que no noto que la poción en potencia necesitaba ser revuelta.
La chica se abalanzo sobre el caldero y miro con detenimiento el contenido. Sonrió al darse cuenta que aun no estaba perdida y con una sonrisa en los labios le hablo a su compañero diciéndole que debía hacer para no perder la preparación del todo.
No paso mucho hasta que apagaron el caldero y vertieron el líquido a un frasquito. Neville se despido agradecido con el frasquito envuelto en una toalla para "no estropearlo más", así desapareció bajo la atenta mirada de los dos amigos… ¿por qué eso eran ahora, verdad?
Sus miradas chocaron nuevamente sacándoles un furioso sonrojo a ambos.
¿Qué les sucedía? Ellos ya no eran pareja, no había razón para sentirse apenado…
- Hermione, yo…
- Lo sé… -dijo cerrando los ojos con una sonrisa suave en los labios-.
La observó confundido y sorprendido a la vez¿tan obvio era?
- Te perdono, Ron…
- ¿Amigos de nuevo?-pregunto aliviado-.
- Por supuesto
Entonces sus brazos la rodearon firmemente y su aroma se impregnó en sus ropas con facilidad. La había extrañado tanto. Tantos días sin poder sentirla cerca, tanto tiempo sin ser el dueño momentáneo de su sonrisa o atención…
Y ella, que había extrañado a su amigo mas no al novio, se dejo abrazar con las emociones a flor de piel. Respondió a esa muestra de cariño con tanta disposición que no se dio cuenta de que era observada…
Unos ojos grises se entornaron coléricos hacia los amigos…
Si él no hubiese callado…
Pero el silencio lo envolvió, protegió y también… lo maldijo.
Ella había vuelto con la comadreja.
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Notas de la Autora: Siento la demora, pero tengo sabañones en las manos y pies y me ha costado horrores terminar este capítulo.
Espero que el esfuerzo haya valido la pena. :)
No tengo mucho que decir... hace frío y quiero irme a la cama...
¡Saludos!
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