Justicia
(Capitulo 5)
MarixHaoxAnnaxYoh
.:OmAiRiTa:.
Después de una estúpida ausencia total de la zona de Shaman King vuelvo con algo que quizás a muchos no les hará feliz ver. Juro que terminaré hormonas un dia, sip, un día antes del año 2010, juuuro! (antes de 2009 pues!!)
No, hoy no hay dedicación, bueno si, a mi mami que me prohibió acercarme a la computadora. A Prodigy, que de pronto se cayó y ahora no tengo internet y no puedo ver Naruto (joder el shippuden 32 es muy lindo!!). A la pobre Daniela (que su nombre en realidad es Danielle –la conozco desde hace años y no lo sabía!!) que la dejé plantada en el msn y ahora no podremos seguir con nuestra vida real. Uuh, no sé hay a tantas personas a las que puedo agradecerles hoy. Mi hermana tiene el día jodiendo con que quiere le lap de mi papá porque aquí hay un juego que la suya no tiene y tengo que quitarme de cuando en cuando…
Lean.
Punto.
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.:Bubónica:.
Habiendo acabado de bañarse, vestirse y arreglarse un poco Anna bajó hacia el salón principal esperando una buena oportunidad para arreglar su asunto de las manzanas. Trató de no hacer mucho ruido al bajar la escalinata de piedra y cuando estuvo ahí se sorprendió al ver que Yoh no estaba con el Príncipe Hao, trató de volver sigilosa a su habitación a seguir contemplando sus vestidos nuevos pero… justo cuando daba el primer paso atrás, fue interrumpida por el mismo príncipe.
-Princesa Anna?
Ya no había nada que hacer. –Príncipe…
-A qué debo su agradable visita?
-Yo… sólo quería saber si… -Anna sonrió rompiendo la barrera de respeto excesivo que los separaba- ¿Quiere salir a los jardines?
-¿A los jardines?
-¿Qué sentido tiene estar aquí sentado cuando hay tantas cosas bonitas allá afuera?
-No lo sé, me gusta pensar en silencio.
-¿Qué tanto ruido pueden ser unos pajarillos?
-De acuerdo, de acuerdo princesa, usted gana.
-Soy Anna.
El Príncipe Hao sonrió también, se paró de su trono y le tendió el brazo a Anna que lo sujetó cariñosamente.
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.-Este es mi árbol favorito, lo planté con mi hermano –el príncipe rió por lo bajo, como intentando ocultar que le traía buenos recuerdos estar ahí parado- El muy idiota siempre se caía de la primera rama.
La princesa rió imaginando a un niño tratando se subir y cayéndose al pisar la primera rama. –En serio?
-Si… Anna, tu risa es hermosa. –Ella parpadeó perpleja, era la primera vez que el príncipe era tan directo –Y también tus ojos.
-Gracias… -dijo esta al tiempo que bajaba la mirada, ruborizada.
La tomó de la mano, sigiloso y le susurró al oído: -Ven.
-¿A dónde?
-Sólo sígueme.
Comenzaron a caminar rápido por senderos cada vez más pequeños. Hasta que llegaron a un patio de piedra que tenía una cúpula de vidrio tapizada de enredaderas, con fuentes a los costados. Despedía un aire a tranquilidad infinita y a medida que se acercaban se sentía aún más el olor floral.
-En realidad, es aquí donde pienso las cosas importantes.
-Ya veo por qué.
El Príncipe Hao suspiró y se sentó en la verde y olorosa hierba. –La cuestión es que me siento más en paz si veo el lugar que si entro a él.
-En serio? –dijo Anna
-Curioso, no? Es ostentoso y después de haber permanecido un año encerrado en una pocilga cuando me secuestraron… las cosas ostentosas no me gustan.
-Pero entonces por qué…?
-El castillo? Bueno, soy el Príncipe Hao y debo vivir como tal. Los códigos, las tradiciones, las leyes lo marcan así. No puedo hacer mucho.
-Así que en realidad no le gusta estar en el castillo.
-En realidad no, pero puedo soportarlo si estás en él, mi bella princesa. –dijo galante el Príncipe Hao besando la mano de Anna que se ruborizó de sobremanera.
-Disculpe, su alteza, pero… -dijo retirando su mano- No creo haber pasado suficiente tiempo con usted como para aceptar esta clase de comportamiento, le ruego me disculpe. - Anna se paró recogiendo su vestido pero Hao la detuvo por una mano.
Ya parado Hao la atrajo hacia él. –Yo la amo… y siempre lo he hecho y sé… que si me da una oportunidad, quizás…
-Pero su alteza… mi hermana y…
-No, eso terminó –dijo él acercándose poco a poco a ella hasta que pudo tomarla entre sus manos. –Princesa… sé mi reina! Sé mi reina, vive en mi palacio, te amaré hasta la muerte y te daré una vida que cualquier doncella de este mundo pueda desear! Podrás bañarte en agua de rosas y cubrirte el cuerpo de oro, serás la reina más hermosa que el viejo continente haya tenido jamás y la gente se arrodillará a tus pies y sabrá que el Rey es feliz porque tiene consigo a la dama más agraciada y perfecta que los dioses han creado… serás feliz y dichosa, y yo seré feliz si tan solo… si tan solo aceptas casarte conmigo…
-Yo… no sé que decir es todo tan… repentino.
-Juro por mi corazón enardecido de amor que jamás en mi vida había visto una mujer más encantadora, tus ojos son perfectos y cada centímetro de tu piel me llama a hacerte mía – y diciendo la palabra "mía" la atrajo hasta él por el torso- porque te amo… porque sé lo que una doncella pura y bella como tú merece y puedo dártelo… Hagamos de nuestros reinos uno y que tu hermana, los reyes del norte, del sur y del centro comprendan que nuestro amor no conoce fronteras y perdurará por siempre!
-Príncipe Hao…
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La Princesa volvió a su habitación con dos manzanas en las manos y las dejó en su lecho, se quitó las zapatillas y se recostó entre las almohadillas almidonadas y miró hacia la ventana que alumbraba el centro de sus aposentos. Se relajaba dejando que su mente flotara pensando… qué era lo mejor, cuando tocaron a la puerta.
-Adelante –dijo poniéndose las zapatillas. Se las quitó enseguida al notar que era Yoh quien había entrado por el marco de la puerta.
-Y podría saber, si perdonas mi atrevimiento, cómo es que entraste, con la poca fuerza que tienes?
-Me esforcé… no quería pedir ayuda.
-Eso pensé. –Yoh hizo silencio y se recargó en una de las paredes de modo sombrío –Le afectó mucho, sabes?
-Yo… -Anna escondió la cara y se puso de nuevo las zapatillas- no sabía que decir…
-Princesa… ¿a qué viniste?
-Sólo huía de mi hermana!
-Por qué?
-Porque…
-Porque estabas enamorada de él, no¡Ese fue nuestro acuerdo!
-No! No fue nuestro acuerdo, jamás dijimos que yo debía casarme con él.
-¿Y entonces qué querías?
Anna frunció el entrecejo molesta y dijo: -Me temo que debo pedirle que abandone mis aposentos, dígale al Príncipe Hao que bajaré para la cena y que en tanto no quiero que NADIE me moleste.
-Me temo que eso no será posible, Princesa Anna.
-Disculpe?
-La mujer del sastre está aquí.
-Hágala pasar, pero sólo ella y no pienso salir de aquí.
-Así será, su alteza –dijo Yoh con una exagerada reverencia y una mirada de profundo enojo.
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Cuando la esposa del sastre entró Anna se llevó una sorpresa, la mujer era casi tan joven como ella. Tenía un bello cabello verde y místicos ojos azules. Tan pronto encontraron miradas las mujer se inclinó ante la princesa.
-Su Alteza.
-Quién eres, buena mujer?
-Soy la hija del sastre, su alteza.
-¿Hija?
-Así es, su majestad, mi madre está gravemente enferma y no pudo asistir. Pero vengo en nombre suyo para tomarle medidas para sus vestidos.
-De acuerdo.
Las criadas ayudaron a Anna a quitarse el vestido y poco a poco y con mucho respeto a mujer fue tomando las medidas de la princesa.
-Se parece usted mucho a su padre.
-¿Qué? -Las criadas se asustaron por el tono entre ofendido y sorprendido de Anna y se alejaron un poco. –Conoció a mi padre?
-Yo era una chiquilla, pero le puedo decir que mi padre le hizo muchos trajes, era un hombre muy minucioso a la hora de vestir, quizás no tan exquisito como lo es el Príncipe, aunque mucho más elegante.
Anna se sentó en su cama dispuesta a escuchar más, pero Jun, la hija del sastre siguió haciendo dibujos y cálculos para los vestidos y corsés.
-Si mal no recuerdo… este –dijo entrando al cuarto de los vestidos y saliendo con una caja de madera –Le vendría bien. Puede usarlo esta noche en lo que confeccionamos sus vestidos.
-Espere! Cuénteme algo de mi padre!
-No lo tengo permitido, su majestad. Pero algo puedo decirle… ¿Sabe dónde murieron sus padres?
-Aquí
-¿Y sabe por qué?
-Unos rebeldes del reino… los mataron de camino al este.
-Exactamente, esos mismos rebeldes capturaron a los hijos del Rey y sólo devolvieron al mayor, al Príncipe Hao. Tenga usted cuidado con quien trata. Aliados de los rebeldes están fuera de la prisión y no dudarían en dañarla si así pudieran llegar al Príncipe.
La mujer hizo otra reverencia y salió con sus apuntes y herramientas. Anna se quedó callada…
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A lo hora de la cena Anna estaba vestida y acicalada para la ocasión, sería la primera vez que vería al príncipe después de la charla en los jardines en la que se dignó a darle un "Debo pensarlo" por respuesta. Y bajó solemne ante la mesa en la que sólo estarían sentados ellos dos.
Tan pronto llegó al gran salón el príncipe Hao se levantó y la saludo con una reverencia. Un lacayo la guió hasta su silla al otro lado de la cabecera en la que se encontraba el príncipe pero Anna no caminó.
-Oh, por favor, le ruego, no tan lejos –dijo sonriéndole al Príncipe Hao y acercándose a la silla a su lado izquierdo.
Este se sonrió divertido por los caprichos de la rubia y le pidió al lacayo que le preparara la mesa a un lado suyo y tan pronto lo había hecho la princesa Anna se sentó al lado del heredero al trono. Los dejaron solos, pero incluso solos existía una barrera que no le permitía hablar a Anna y permanecieron callados un rato hasta que el Príncipe Hao se dignó a tomar la palabra.
-Princesa…
Eso era lo único que necesitaba, una palabra para empezar a hablar. –Soy Anna… disculpe que haya hecho este numerito hace unos minutos, pero me parecía descortés de mi parte… sentarme tan lejos…
El príncipe sonrió una vez más, le gustaba la ligereza con la que la princesita se saltaba las reglas y pautas establecidas, así sin más y fue así que empezó la cena, con manjares que ni el mismo Príncipe Hao estaba acostumbrado a comer, más como estaban celebrando una ocasión especial como la llegada de la princesa, los cocineros habían desplegado sus conocimientos culinarios para darle la mejor bienvenida a la que todos creían sería la siguiente reina y como tal debía tener la mejor imagen de las tierras en las que, si todo salía bien, pasaría el resto de su vida. Habían casi terminado de comer cuando el acontecimiento que todos estamos esperando escuchar sucedió.
Anna sabía que el bajar a cenar con el Príncipe Hao significaba que tendría que darle una respuesta y no estaba del todo convencida de que casarse sin conocer más al hombre fuera lo correcto. Por un lado consideraba que era el muchacho que había adornado sus sueños desde que lo conoció y también recordaba haber gustado mucho del segundo en la línea al trono, cuyo nombre, a fuerza de no escuchar jamás, ya no recordaba. Pero había algo que no le dejaba tranquila. El Príncipe Hao no se había dado por vencido con sus hermanos y algo le decía a Anna que la historia no era exactamente como se la habían contado, lo que la llevó a desconfiar de todo el mundo en el castillo durante cinco minutos de silencio en los que estuvo observando cada centímetro que sus ojos le permitían tratando de encontrar algo que no encajara, pero parecía estar todo en su lugar.
-Anna?
La Princesa salió de su trance con un respingo y diciendo un burdo: -Ah, si?
-Estás… distraída.
-Lo siento, su majestad. Sólo estaba admirando el castillo. En realidad nunca viví así de bien desde que mis padres murieron, mi hermana siempre evitó darme lo que yo merecía como princesa y viví como una dama cualquiera toda mi vida. Hasta cierto punto me siento… ya como una reina. -El Príncipe, que durante el tiempo que Anna había hablado, había estado mirando hacía las paredes bañadas con oro y las pesadas y largas cortinas color vino del salón, dirigió su mirada rápidamente hacia la doncella con un dejo de sorpresa… Había dicho "ya como una reina"? -Su alteza… mis más sinceras disculpas. He estado siendo muy descortés con usted desde la mañana, le ruego me disculpe.
Hao tomó su mano y la besó. –Me parece increíble que un ser tan perfecto como tú, pida disculpas por un error que nunca cometió.
-Pero…
-No, mi amor por ti es infinito, Anna. Nada de lo que hagas podría molestarme.
Anna tomó entre sus manos la del Príncipe Hao, un momento de imperecedera comunión reino la estancia. Se miraron a los ojos y después de medio segundo, ella los apartó asustada. No sabía que había sido aquel instante, pero sabía que algo dentro de ella le decía que no estaba bien. Miró una vez más las paredes brillantes y fatuas, el plato del que había estado comiendo de pronto le pareció terrorífico y al cabo de un minuto volvió sus ojos a los de aquél que seguía mirándola, con los suyos, oscuros… hermosos.
-Yo… -la princesa titubeó, y tan pronto habían sonado aquellas dos letras de su boca, alguien entró, al parecer ilícitamente en la sala.
-Jinete? –Se escuchó una voz decir. Ambos se separaron súbitamente al ver al consejero real entrando tan campante al salón. –Oh, mis disculpas. –dijo sonriendo con sorna y haciendo una reverencia que se veía todo menos leal y humilde. Anna cogió de nuevo sus cubiertos y acomodándose un mechón de cabello siguió con su platillo.
-¿Qué quieres aquí, bufón? Ya te di agua y pan mohoso, largo. –dijo aquél sentado en la cabecera con aire de evidente felicidad y ganas de vacilón.
-Vengo a no interrumpirte, así que me voy. Tengan una agradable cena y por mis huesos que termine en algo más agradable aún.
-Largo! –dijo el Príncipe esta vez un poco molesto, pero aún en una actitud bromista con su sirviente.
Anna tosió, esa última frase la había dejado helada, pero decidió ignorar sus repentinas ganas de volver el estómago bebiendo un poco de agua mineral de aquella su copa de oro. Tosió de nuevo. Le comenzó a doler la cabeza y llevándose una mano a las sienes, cerró los ojos tratando de domar a su cuerpo. Se hizo un silencio rotundo y cuando abrió sus negros diamantes de nuevo, vio a ambos hombres mirándola atentamente.
-Estoy bien.
Los dos suspiraron. Yoh hizo una nueva reverencia, esta parecía algo más normal y desapareció de la vista de los príncipes al instante. El Príncipe Hao tomó una de sus manos y Anna, asustada de nuevo, la apartó con rapidez. No quería ir tan rápido, algo tenía que estar mal, era demasiado bello para ser cierto. Se llevó una mano al pecho, sentía que algo no la dejaba respirar en paz, sentía una angustia subiéndole por la garganta que la ahogaba. Algo le oprimía el corazón y cuando la princesa de la piel de arándano y olor de mantequilla y caramelo sentía aquello, nunca podía significar nada bueno.
-Príncipe Hao, -dijo con un hilillo de voz, tomó la mano de él con la suya temblorosa y de pronto moribunda. Miró a aquél hombre en la mesa con una mezcla de profundo desasosiego pero con las ganas repentinas de decirlo y de acabar de una vez por todas con la espera. Después de todo tenía al menos diez años esperando ese momento y un leve mareo no iba a hacerla echarse atrás. –Quiero ser su reina…
La cara del heredero al trono, que de pronto comprendió que, según los lineamientos, iba a poder ser Rey Supremo como tal de la Costa Oriente, se iluminó y una sonrisa de total plenitud y satisfacción se dibujó en su rostro. Anna creyó que aquella sonrisa mágica que destilaba una alegría capaz de hacer olvidar al mendigo su miseria, la había hecho olvidar de pronto el mal estado en el que se encontraba su cuerpo, pero se equivocó. Tan pronto como comprendió que se iba a casar y la angustia volvió a su cuello, una onda de calor asaltó su cuerpo y con una mortecina fatiga sus piernas, torso y brazos perdieron toda energía. Se sintió caer de su asiento… "¡Peste!" Pensó, su cabeza golpeó el suelo y entonces todo oscureció.
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Y saben cómo surgió esto? No tenía internet y como las computadoras de mi escuela tienen un tojano y cometí el error de meter mi USB en ellas y en la mía ahora ambas tienen el hermoso virus. Mi PC-chan no abre Word, eso es pecado!! De pronto me di cuenta de que tenía que hacer una tarea y me senté en la laptop de mi papá a ser feliz y a escribirla. Mmm error, me encontré entonces en el disco de 250 GB que compró, mi montón de historias descontinuadas y de pronto me dije, bah, te gusta el teclado de las laptop, por qué no? Me faltaba cualquier cosilla para terminar el capítulo así que hoy 29 de Octubre de 2007 puedo decir que continué con una historia mía que algún día haré original. Bueno Shaman King me sirve únicamente para darla a conocer, si fuera totalmente mía nadie la leería cierto. Gracias a Hiroyuki Takei-sama, que nos dio una razón por que vivir y a Hao y a Annita que soportan las idioteces en las que en TODOS mis fics los meto. No, ya no son mi pareja favorita, pero aún los quiero mucho, aún son el mejor tabú del mundo.
GRACIAS A: Pfff! A quienes me dejaron reviews: Chidori-tao, mmmm "Alguien" jaja (en serio ô.o), ALEJANDRA, lintuasakura, Anna Kyouyama A y mi única y amorosa sensei Juny S. Tao. Awwwe no había actualizado este fic desde el año pasado. Ahora si tengo vergüenza... Ya, discúlpenme T-T.
No pido reviews. En serio, he aprendido a ser feliz conmigo misma.
Si no quieren dejarlos, pues igual o los dejarán.
Claro que si quieren pues adelante, los invito a pulsar ese botoncito allá abajo que dice: "GO!"
n.n Ja ne!
