Bueno, ya lo sabéis, Bleach no me pertenece, de ser así, yo hubiera hecho una historia mucho mejor…
…¡era broma¡era broma! Pero eso sí, hubiera cambiado unas cuantas cosas, sobre todo en lo referente a las parejas… ejem ejem. Creo que mejor os dejo con la historia.
···Fotos viejas, platos rotos, trapos sucios... y, al final, siempre tú···
-Cap. I: La bruja del agua-
El sol hacía ya rato que se había colado por el horizonte, pero eso no impedía que el agobio del caluroso día de verano siguiera coleteando por un rato más.
La algarabía de las calles poco a poco iba mermando, pero aún persistían rescoldos de alegría en los pequeños grupitos de alumnos que iban de vuelta a casa.
Sí, hoy había sido el último día de clases, y como tal, en casi todos los colegios e institutos de Karakura, habían organizado festivales, con los cuales se daba por concluido un nuevo curso repleto de historias para recordar.
Dos sombras caminaban por la ribera, eran un niño y una niña de unos trece años. Ella iba con la cara de un dudoso color mortecino (a medio quitar de tanto restregarse) y ojos y labios pintados de negro. Un negro penetrante, que en los costados de sus párpados se perfilaba en sinuosas líneas enroscadas en formas inverosímiles. El traje, que también era negro, estaba compuesto por una sola pieza que se dejaba caer desde sus hombros hasta sus tobillos, aferrándose a su cuerpo por unos lazos color sangre atados a su cintura y sus brazos. Sencillo, pero efectivo. Era una bruja perfecta.
El chico, en cambio...
-¡¿Pero como puedes tener tanto morro?!
-¿Morro?. ¿Por qué?
-¡¿Cómo que por qué?!- retrucó ella indignada.
-¿Es que he hecho algo malo?- preguntó el pelirrojo con una extraña mezcla de inocencia e indiferencia.
-Vamos a ver, tío... ¿es que tú eres tonto o qué?- La muchacha se paró en seco con semblante exasperado. -Te dicen que hacemos una fiesta de disfraces y tú vas y apareces sin disfrazar. Si a ti eso no te parece tener mucha cara, ya me dirás.
-Ah! Ahora lo entiendo...- dijo mientras se giraba para mirarla, y cogiendo la cámara que llevaba colgada del cuello continuó –Pero sí que voy disfrazado¿no lo ves? Voy de fotógrafo.
-¡¡Pero eso no es un disfraz!!
-¡Cómo que no¿Es que yo acaso soy fotógrafo?
-No, pero...
-Pues ya está- se apresuró a cortarla, cruzándose de brazos en una infantil pose triunfal.
-No, Ichigo, las cosas no van así- dijo ella empezando a enfadarse de verdad
-Lo que te pasa a ti es que te da rabia que tú vayas con esas pintas- dijo mientras la señalaba en un gesto despectivo, - y yo haya encontrado un disfraz mucho más simple.
-Serás imbécil... ¡Kurosaki eres un idiota!- le grito mientras se dirigía con paso firme hacia el agua. Lo que más le molestaba era que tuviera toda la razón.
-¡Qué¿Tat-Tatsuki a dónde vas?- comenzaba a preocuparse por la tozudez de su amiga, él no pretendía enfadarla, solo bromeaba.
-¡Déjame en paz!- se había quitado los zapatos y empezaba a introducirse en el rio.
-¡Tatsuki¡Tatsuki quieres venir aquí!- Ichigo le gritaba mientras corría a alcanzarla, pero no se hubo mojado el primer pie cuando Arisawa se detuvo y se agachó cogiendo agua en sus manos. Se restregó bien la cara para quitarse el maquillaje y el pelirrojo suspiró aliviado. No sabía muy bien porqué, pero se había puesto muy nervioso. Asustado, quizá.
Mientras la observaba desde la orilla frotarse la cara con tanta rabia y vehemencia (ya que el enfado no se le había ido aún, por supuesto) se le ocurrió una idea. –¡Ey, bruja del agua!
La morena se giró enfadada para replicarle algo a gritos pero de pronto...
Flash! Click!
-¡¡Que haces Ichigo!!- tronó encolerizada.
Sí, lo recordaba bien. Después de eso ella le estuvo persiguiendo como una posesa con la clara intención de meterle una paliza, pero él corría más. Y por suerte, cuando consiguió alcanzarle, estaba tan cansada que para lo único que tubo fuerzas fue para darle una colleja antes de que los dos se dejaran caer exhaustos sobre la fresca hierba de la ribera.
Ichigo la miró de reojo mientras caminaban, aún permanecía algo detrás de él, y él tiraba de ella por la mano que los unía. A pesar de los años parecía que la cosa no había cambiado mucho, y ese pensamiento le hizo gracia.
Se preguntó por un momento si Tatsuki recordaría ese día, y si se acordaría de la foto que le hizo, aún que nunca le enseñó el resultado. Y tampoco es que estuviera muy seguro de que ella quisiera verla, quizá solo serviría para reavivar una furia añeja...
Ichigo recordaba perfectamente la foto, ya que la había contemplado miles de veces. El encuadre había quedado ligeramente en diagonal, pero ella salía justo en el centro. Estaba algo encorvada sobre el agua, aún con las manos haciendo de cuenco mientras el líquido se le escurría entre los dedos; sumergida hasta un poco más arriba de las rodillas. El rostro lo tenía girado hacía él, y por suerte (o por desgracia) ya se había quitado la mayor parte del maquillaje, menos el de los ojos, que al haberse mojado le corría por las mejillas como gruesas lágrimas negras. Sin pretenderlo, la foto quedó objetivamente perfecta, porque la luna, que esa noche estaba en fase creciente, se reflejaba en el agua haciendo que la silueta de Tatsuki quedara recortada contra la luz plateada, confiriendo un brillo especial a su piel, como si resplandeciera.
Sí, esa foto le encantaba. Lo que ella nunca supo es que esa foto adornaba su mesita de noche (eso sí, dentro del cajón), junto con la foto de su madre. Y por un momento, mientras miraba de reojo a la muchacha que llevaba de la mano, se preguntó si algún día se lo haría saber.
N.A.: Pues aquí está el primer capítulo, es decir, el primer recuerdo. Espero que os haya gustado! Pero sobre todo, ya sabéis, RR, RR y más RR!!!
Un agradecimiento especial a EsuuRu, eres muy amable, me he puesto colorada, que lo sepas (jeje).
Un saludo, Marie.
