Bleach no me pertenece, ni ninguno de sus personajes y bla bla bla… de todos modos, espero que os guste este nuevo "recuerdo", que me he inventado yo, pero "recuerdo" al fin y al cabo.
···Fotos viejas, platos rotos, trapos sucios... y, al final, siempre tú···
- Cap. II: La sombra del viento -
Era uno de esos días tristes. Las nubes cubrían un cielo demasiado azul, y el aplomo de ese algodón alquitranado pesaba lo mismo que grandes losas de mármol. Lo único que acompañaba ese ambiente de soledad, era el ulular sibilante del viento con su melancólica entonación.
Tatsuki había subido a la azotea a la hora del almuerzo, y se encontraba acuclillada en un rincón, con el bento aún sin abrir. No tenía apetito.
Ella sabía perfectamente que día era hoy, y sabía que Ichigo faltaría a clase, pero aún y así, al entrar al aula, lo primero que hizo fue buscarlo con la mirada. Por supuesto, no lo encontró. Y algo cayó con la gravedad de una bala de cañón sobre su estómago.
Hacia cinco años que su madre había muerto, pero él seguía practicando el mismo ritual. Año tras año. Un par de días antes perdía su gracia natural, se volvía solitario y callado, luego desaparecía por un día, y cuando volvía había perdido por completo su aura.
Tatsuki odiaba verlo así. Odiaba recordarlo como un niño solo, desamparado y sin rumbo. Como aquellos días interminables en los que iba a buscarlo a la orilla del río, pero nunca se atrevía a llegar hasta él. Parecía tan triste, parecía tan pequeño... Y ella lo único que hacía era mirarlo desde lejos, acompañarlo con su presencia, a pesar de que quizás, él no se daba ni cuenta.
Cuando Kurosaki por fin volvió al colegio, ella se percató de lo mucho que lo había echado de menos, aún que nunca se lo dijo. Y cuando regresó al dojo, Tatsuki se sintió inmensamente feliz. Pero la sombra seguía planeando sobre él, nunca volvió a ser el mismo niño risueño, y poco a poco, con el paso de los años, fue desapareciendo su sonrisa despreocupada, remplazada por un rictus serio y hermético que a penas dejaba descifrar lo que pensaba, si no era su deseo.
Pero volviendo a ese día gris, en la azotea, Tatsuki deseó con todas sus fuerzas que Ichigo fuera feliz. Quería que aquel niño que conoció con una sonrisa de querubín en la cara, recuperara de algún modo toda la alegría que le habían robado.
La chiquilla de cabello revuelto se puso de pie, y se aferró con fuerza a la verja. Apretó sus dientes con rabia, y una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla. Luego, cuando aflojó el agarre que ya se marcaba como surcos encarnados en las palmas de sus manos, susurró contra el viento –No estas solo, Ichigo. Estoy aquí.
Y en ese momento, en el cementerio, una bocanada de aire chocó contra el rostro de un muchacho pelirrojo que estaba frente a una lápida en compañía de su padre y de dos niñas revoltosas, haciendo que su pelo se alborotara, y que, por instinto, dirigiera una mirada hacia el cielo. Sus ojos estaban empañados por la tristeza, pero una sonrisa amarga se dibujo en sus labios. ¿Por qué sabiendo que era el culpable, sentía que nadie le echaba la culpa?.¿Por qué sentía como si alguien pretendiera liberarle de su pecado? No quería misericordia, solo quería que todo volviera a ser como antes. Pero eso..., era imposible.
·'o'·
Al día siguiente, Ichigo regresó a clase. Nadie preguntó nada. Todos fingieron normalidad, "aquí no ha pasado nada", ese parecía ser su lema, y eso a Tatsuki le daba muchísima rabia. Dónde quedaba la preocupación por lo que le había ocurrido a un compañero de clase, dónde el interés por los problemas de los demás, por ayudar… todo el mundo se desentendía. Todos actuaban como si nada. Todos, menos él, que se cubría con su manto de sombra, con su rígida seriedad.
A la hora del almuerzo Tatsuki lo buscó para darle los apuntes del día anterior, y tal y como esperaba, no lo encontró por ningún rincón. Ni dentro del aula, ni con sus amigos (ese par de descerebrados que solo pensaban en cosas pervertidas y que irritaban tanto a Arisawa), ni jugando a fútbol… nada. Así que subió a la azotea, desde el principio sabía que lo encontraría allí, pero ella nunca perdía la esperanza de que Ichigo, algún día, pudiera superarlo.
Abrió la puerta y la luz le hizo entrecerrar los ojos. Se apoyó un memento en la pared mientras recuperaba el aliento (es que toda la búsqueda la había hecho a la carrera), y pasándose una mano por la barbilla miró alrededor.
Allí estaba, dándole la espalda. De pie, observando el horizonte, o la nada, tal vez… Tatsuki se acercó en silencio, se quedó unos pasos detrás de él, esperando que dijera algo, que diera algún indicio de vida, algo que le dijera que no sobraba allí.
Pero nada pasó. El permanecía quieto, envuelto por esa cortina transparente e impermeable, pero que ella percibía con tanta claridad. Y se sentía rechazada, pero era mucho más terca de lo muy terca que parecía en realidad, y si la ocasión lo ameritaba, podía serlo mucho más…
Estiró su brazo con los apuntes en la mano, rozando la espalda de Ichigo con la libreta. Era una simple excusa, ella lo sabía, suponía que él lo sabía, pero… ¿qué más le daba? Tan solo quería estar junto a él, acompañarle en esos momentos de tristeza impenitente.
Tomó aire, se armó de valor, y finalmente habló –Aquí tienes los deberes…- No hubo respuesta. –También te he hecho un resumen de…
-Déjame.
-¿Qué?- Dio un par de pasos hasta ponerse a su lado. Podía verle ese perfil tan recto, tan duro… tan diferente del resto de chicos de su edad.
Él no la miró antes de contestarle –He dicho que te vayas. Déjame en paz Arisawa.
Tatsuki le miró boquiabierta durante unos segundos, soportando ese silencio, hasta que… -¡Cómo puedes tener tanto morro!. ¡Encima de que me preocupo por ti…!
-Yo no te he pedido nada- contestó con voz monótona.Y de repente recibió una sacudida, ella le había golpeado con la libreta y le miraba desafiante.
-A mi no me hables así Kurosaki- Ichigo la observó casi indiferente y luego se giró en dirección a la puerta, pero entonces recibió una patada que le hizo acabar en el suelo. –No te largues si te estoy hablando. ¿Qué falta de respeto es esa?
El pelirrojo se puso en pie hecho una furia -¡¡Me has golpeado por la espalda!!
-Sí, lo he hecho. ¿Y qué?- le contestó en tono altanero.
-¿Cómo que "y qué"? Eso es de cobardes- Gritó muy enfadado.
-¿De cobardes? Tú eres el que me da la espalda mientras le hablo.
-¡Perdona, pero no hay nada de que hablar!- Le replicó indignado y a gritos
Tatsuki se quedó callada un segundo, enfrentándose a él cara a cara. Y de repente, su gesto de fastidio desapareció por completo, dando paso a una risa dulce y contagiosa, que pocas veces se podía descubrir en ella –Hay que ver, Ichigo… te enfadas por nada.
El pelirrojo se la quedó mirando perplejo, sin decir nada. Entonces ella se le acercó y le extendió la libreta, y esta vez él la aceptó.
En silencio aún, Tatsuki siguió caminando hasta alcanzar la puerta, y fue entonces cuando Ichigo pronunció su nombre. Un escalofrío la recorrió entera hasta instalarse en su pecho. Se giró para mirarlo, con una sensación muy rara en el estómago.
-Gracias- fue la simple palabra que utilizó el muchacho, pero tras ella había todo un mundo de oraciones que ella supo comprender. Al fin y al cabo, le conocía demasiado bien.
Tatsuki asintió con la cabeza, y finalmente salió de la azotea, y una vez hubo cerrado la puerta el nudo de su garganta se aflojó y cientos de lágrimas salieron de sus ojos. ¿Por qué era tan difícil conservar la felicidad?.¿Por qué no podía guardar la sonrisa que Ichigo acababa de regalarle en una cajita, para poder devolvérsela cada vez que la perdiera de nuevo?
La chica levantó la vista de sus manos entrelazadas, para posarla en el perfil del pelirrojo que arrastraba de ella.
Ella había visto a Ichigo crecer y evolucionar, hasta convertirse en el hombre que era hoy. Con sus cosas buenas, que las tenía, y con sus cosas malas, que eran muchas. Pero con todo lo que habían vivido juntos, todo lo que habían pasado y todo lo que habían conseguido superar, él se había convertido en una de las personas más importantes de su vida. "¿Sólo eso?.¿Una de las personas más importantes?" Mientras rememoraba la escena que acababa de vivir hacia unos minutos... la cercanía de Ichigo, sus palabras, su sonrisa... una sensación extraña la traspasó entera hasta instalarse en el centro de su pecho, exactamente igual que aquella vez en la azotea, dónde, después de tantos años sin verla aparecer en su rostro, Ichigo le regalo (por primera vez desde que su madre murió), esa sonrisa que le llenaba el corazón. Y una frase se repetía incansable en su mente "¿Qué soy yo para ti?" .
Tatsuki se puso nerviosa, no era bueno pensar tanto... Pero el caso es que lo había hecho, y ahora estaba nerviosa, incómoda... pero no sabía si era con Ichigo o con ella misma, así que soltó su mano de la del chico, y el se giró sorprendido.
-¿Qué pasa?
-Na-nada¿qué va a pasar?-Ichigo levantó una ceja a modo de pregunta, pero antes de que dijera nada, la morena se apresuró en contestar –Es que me ha entrado una piedra en la bamba.- "Vaya excusa más mierda, por el amor de Dios...", pensaba mientras se agachaba para quitarse la zapatilla.
Una vez acabó con el teatro volvió a ponerse de pie. -¿Ya está?- Inquirió el pelirrojo con escepticismo.
-Eh... sí, sí.- "Tranquilízate Tatsuki, tranquilízate. Solo es Ichigo, solo es Ichigo..." Se iba repitiendo mentalmente.
-Pues vamos- Y diciendo esto la volvió a coger de la mano, a lo que Arisawa reaccionó poniéndose como un tomate, pero como él miraba hacia delante, no se dio cuenta. O eso creía ella
N.A.: Bueno pues nada, siento el retraso... pero aquí está el nuevo capítulo. Espero que os guste... y haber si recibo comentarios interesantes. ¡Me encanta recibir comentarios interesantes!
Una mención honorífica para Soni, SorasakuHermi (vaya nik chikiya!) y, por supuestisísimo a Mifan (lo de FY ya lo comentaremos tú y yo…).
Un saludo, Marie.
