Este cap esta dedicado única y exclusivamente a mi prima Mariló, en honor a sus preciosos 18 añitos.
Por cierto, Bleach no me pertenece y bla bla bla...
···Fotos viejas, platos rotos, trapos sucios... y, al final, siempre tú···
- Cap. III: Corazón de fuego -
-Venga! Levántate!
El chico que estaba tirado en el tatami se incorporó, restregándose con enfado el rastro de sangre de su labio. -¡¿Quieres tranquilizarte?!
-Que sea un entreno no quiere decir que tengamos que comportarnos como nenazas-. Le contestó su oponente mirándole desde arriba con una maquiavélica sonrisa pintada en la boca.
-Arisawa, afloja un poco- exhortó el sensei interviniendo en el combate. –No nos interesa tener a nadie lesionado para el campeonato del mes que viene.
Ella hizo un gesto con la cabeza, con seriedad y respeto, hacia su sensei, que dando la vuelta se dirigió hacia otro lado para supervisar otros combates. Luego, girándose hacia su rival, le dio la mano para ayudarle a ponerse en pie, pero volviendo a poner esa sonrisa en su rostro le dijo –Vamos, Ichigo, no irás a decirme que después de la paliza que me han explicado que le metiste a los tíos esos que molestaban a Sado¿esto es lo mejor que puedes ofrecerme?
-La gente habla demasiado, y no siempre dicen la verdad.
-Sí, claro... pero en este caso yo sé que no es mentira. Además, con lo que me he esforzado para que Kojiro-sensei te diera permiso...
-Sí, pero yo no te he pedido que lo hicieras.
-A lo mejor tú no hechas de menos los entrenos, pero yo si hecho de menos competir contigo.
-¿Por qué¿Por qué antes podías ganarme?
-No, no es por eso y tú lo sabes, además yo... eh!, un momento, un momento- dijo acercándose a él peligrosamente -¿Qué has querido decir con "antes"¿Es que crees que ahora no puedo ganarte?- Ichigo no respondió, pero se cruzó de brazos y sonrió con arrogancia. –Mira chaval, que yo sepa, de momento, el único que ha reposado su asqueroso trasero sobre este tatami has sido tú, y de eso tan solo ha pasado un minuto.
-Sí, pero eso es porque no me lo estaba tomando en serio, aunque veo que tú sí.
Ui… se avecinaba una tormenta. Para provocar a Tatskuki, normalmente no hacía falta esforzarse demasiado, pero igualmente parecía que Ichigo hoy tenía ganas de guerra, porque lo estaba haciendo a conciencia.-Mira Kurosaki… será mejor que no juegues con fuego, porque los niñatos como tú…- se acercó hasta posar el dedo con el que le señalaba sobre su pecho -tienden a quemarse.-Y una mueca terrible se instaló en su rostro.
-¿A, sí? Eso habrá que verlo…- Le devolvió el gesto con otra sonrisa igual de ladina.
Los dos se colocaron en posición de combate y… la batalla dio inicio.
Hacía unos cuantos años que Ichigo había abandonado el dojo, y es cierto que cuando lo hizo ya le había ganado algún combate a la "indestructible" (como la llamaban sus compañeros de karate) Tatsuki, pero desde ese entonces ella no había abandonado nunca el entreno, ni las competiciones, de hecho ya empezaba a hacerse un nombre a nivel nacional (a pesar de que, por la edad, era más conocida en las categorías inferiores). Pero no era tonta, y aunque Ichigo había dejado el karate de lado, ella podía darse perfecta cuenta de que su fuerza había aumentado.
No sabía cómo explicarlo… pero recientemente había notado un cambio en su amigo de la infancia, sobre todo desde que apareció esa chica nueva…, Kuchiki, se llamaba, Kuchiki Rukia. Sí, había notado un cambio en él, como un incremento de poder, o algo así… no sabía bien lo que era, pero sabía que era "algo"; además, no era en lo único en lo que Ichigo estaba cambiando últimamente… Ya no hablaba tanto con ella, en cambio, pasaba demasiado tiempo con esa tal Rukia. Así que le propuso que se viniera a un entreno, "cómo en los viejos tiempos", le había dicho. Y después de repetírselo varias veces, él acabó aceptando (cabe decir que ella tenía sus trucos para convencerle… eran ya muchos años de amistad).
Y ahí estaban ahora, Arisawa cogiendo aire mientras se frotaba el brazo izquierdo con un gesto de dolor, y Kurosaki agachado agarrándose el abdomen con los brazos.
-¿Qué? Ya has tenido suficiente muchachito…- dijo Tatsuki entrecortadamente.
-¿Suficiente, yo?- contestó poniéndose de pie. –Primero mírate, y luego hablamos… Eres tú la que no puede seguir con el combate.
-¿Eso crees?- poniéndose en posición de ataque continuo –Pues prepárate, porque te voy a demostrar lo equivocado que estás-. Diciendo esto se lanzo hacia él intentando alcanzarle en el hombro izquierdo con la mano derecha, pero él logro esquivarla, no sin cierta dificultad. Luego contraatacó con una patada dirigida a su estómago, pero ella se giró a tiempo para lograr que él golpeara el aire y perdiera estabilidad, lo que aprovechó haciendo medio giro más y clavándole el codo en la espalda, con lo que Ichigo cayó al suelo estrepitosamente.
Entonces, muy confiada en que ya había acabado el combate, Tatsuki bajó la guardia, pero Ichigo se medio incorporó súbitamente, haciendo un barrido extraordinariamente rápido que provocó que la chica cayera de espaldas en un duro golpe contra el tatami.
A estas alturas de la pelea, la mayoría de los alumnos del dojo estaban alrededor de la pareja admirándoles boquiabiertos.
Arisawa no tardó en ponerse de pie de un salto muy ágil, pero en su cara se vislumbraba el cansancio, e Ichigo, que ya la estaba esperando de pie, le dio la bienvenida con el borde de su mano derecha incrustándose contara su costado, a lo que Tatsuki cayó clavando una rodilla en el suelo, sujetándose el costado y apretando sus dientes con fuerza.
-¿Qué? Ahora si que hemos acabado,¿no?
-Maldito Ichigo…- siseo con furia -¡No voy a permitir que me ganes!- Y con ese grito volvió a ponerse en pie, en su habitual pose de inicio, mirándole a la cara con claro gesto de enfado. Kurosaki sonrió con prepotencia y se preparó también para continuar con el combate.
Pero justo cuando se iban a lanzar el uno contra el otro, el sensei se interpuso con las manos en alto. –Se acabó. Por hoy ya es suficiente-. Luego, mirando hacia la morena, continuo con voz severa, –Creí haber expresado con claridad que no quería combates serios, y mucho menos que acabarais lesionándoos. ¿O no es así, Arisawa?
Tatsuki apretó los puños con fuerza y agachó la cabeza. Era la primera vez que el maestro la regañaba. –Disculpe, lo siento mucho sensei.
-Bien. Por hoy ha acabado la clase, podéis marcharos.
Todos, incluso Ichigo, se pusieron en fila e hicieron un saludo formal, luego se marcharon a los vestuarios.
·'O'·
Cuando Tatsuki salió del dojo no esperaba encontrarse con Ichigo, pero allí estaba. Apoyado en la pared, con su sempiterno gesto de indiferencia (aún que esta vez en su cara, seria por definición, también había una herida en el labio inferior), le estaba esperando su amigo de la infancia. Su mejor amigo en realidad, aunque nunca se lo había dicho.
Él notó enseguida que ella estaba allí, porque desde que eran pequeños Tatsuki siempre había usado el mismo champú. Uno con un olor dulzón, como de flores, que le provocaba una sensación agradable en la nariz, posiblemente era lo único femenino que se le podía atribuir a la chica de pelo desordenado…
-¡Ey, Tatsuki! Te acompaño a casa.
-No hace falta, gracias-. Dijo pasando de largo.
-¡Oh, vamos!. ¿No me digas que te has enfadado porque te he ganado?- Le recriminó mientras la seguía.
Ella se giró como un acto reflejo –¡¡¡Tú no has ganado nada!!!. ¡Kojiro-sensei ha interrumpido el combate!- Aun que ella era plenamente consciente de que no tenía posibilidades de salir victoriosa de esa plea. Realmente Ichigo había cambiado, y mucho.
-¡Ah! Entonces, por lo que estás enfadada, es porque te ha regañado delante de todos- se burló el pelirrojo.
Ella encajó las mandíbulas con fuerza y se giró para seguir con su camino -¡Eres un idiota!- Lo que le enfadaba realmente es que, si ahora Ichigo era más fuerte que ella… ella ya no podría hacer nada por él. Sentía como si ya no fuera capaz de protegerlo… y eso le frustraba. -¡Déjame en paz Ichigo!. ¡¿Y quieres dejar de seguirme?!
Él le dio alcance, y le contestó con simpleza –Lo haré. Cuando lleguemos a tú casa.
Ella le miró conteniendo su furia –Eres odioso.
-Lo sé. Yo también te quiero…
-¡Quien ha dicho nada de querer?. ¡He dicho que te odio!. ¡Eres tonto o qué?
-Ya, ya… Pero sordo no soy.
-Vete a la mierda¿Por qué lo has oído, no?
-Tatsuki… no es bueno tener sentimientos tan negativos…
-Ichigo, no me toques las pelotas…- dijo amenazadoramente.
-¡Vaya, y yo sin saberlo!
-¿El qué?
-¡Que en realidad eres un tío!- consiguió decir entre risas.
A Tatsuki se le hinchó peligrosamente la vena de la frente, y pegando un alarido salió corriendo tras él para meterle una paliza.
Y así continuaron todo el camino hasta llegar a casa de los Arisawa, entre risas, bromas y peleas, y lo más curioso de todo es que se llevaban sorprendentemente bien.
Poco más de dos años había pasado desde el día de su último combate. Lo recordaba perfectamente. Desde entonces Ichigo no quiso volver a pelear con ella. Si él había deseado aumentar su poder, era para proteger a la gente, no para machacarla. Y lo que estaba claro es que, aún que Tatsuki era fuerte, no podía con él. Además, Ichigo sabía perfectamente que si había algo que ella odiaba, era sentirse débil. Por una parte estaba su orgullo, y por otra, ese deseo de proteger a los que no podían hacerlo por si mismos. Tatsuki era así, él la conocía muy bien, y ese era uno de los motivos por los cuales la admiraba tanto. En cierta forma, era de ella de quién había aprehendido esa necesidad de proteger a los débiles. Ella siempre había tenido un alma justiciera, incluso antes de que él adquiriera esa especie de obligación de salvaguardar la vida de los que amaba.
Ichigo la miró de reojo. Aún continuaba algo sonrojada porque le había cogido de la mano… a veces era muy divertido chincharla; ella enseguida sentía vergüenza. Pero claro, como era tan orgullosa intentaba disimularlo.
El pelirrojo volvió a sonreír mirando de nuevo hacia el frente. En su vida actual, había muy pocos momentos en los que se podía permitir sentirse tan relajado como ahora, y se daba cuenta de que casi siempre eran momentos que compartía con ella.
-Oi! Ichigo, ya puedes soltarme, que no me voy a ir a ningún lado…
El aludido se giró sorprendido¡estaba aún más colorada que antes!, y rehuía mirarlo a los ojos. –Bueno…, lo haré, pero cuando lleguemos a tú casa-. Le enseñó una sonrisa traviesa, y volvió a tirar de ella continuando con su camino, ya faltaba poco para llegar.
-Eres odioso…- refunfuñó entre dientes, sin embargo, muy en el fondo (y no tan al fondo, quizás) se alegraba de que no le hubiera hecho caso.
-Ya, ya…Yo también te quiero.
Tatsuki volvió a sonrojarse -¡Quién ha dicho nada de querer? Lo que he dicho es que te…- se calló al instante y paro en seco.
-¿Qué pasa ahora?- Dijo Kurosaki parándose también.
La morena se llevó el dedo índice (de la mano libre) a la boca, y después de pensarlo durante unos segundos dijo muy seriamente –Creo que ya he vivido esto antes…
Y el pelirrojo estalló en carcajadas. Era innegable que adoraba su compañía; a estas alturas, no podía imaginarse una vida sin ella.
N.A.: He aquí otro cap. ¿Qué tal? Espero recibir algun RR más que en el cap anterior pq vamos... ya se que los artistas suelen ser incomprendidos y tal... pero no me gusta pensar que no hay más que una persona a la que le interese el fic... es muy triste... mucho...
¡VOY A LLORAR!
Un saludo, Marie.
