Bleach no es de mi propiedad y bla bla bla...

Éste es el último cap que consiste en los recuerdos. Es decir, que es el penúltimo cap., el siguiente será el cap final. ¡Espero que os guste!


···Fotos viejas, platos rotos, trapos sucios... y, al final, siempre tú···

- Cap. IV: Elegía nocturna a la tierra -

Era una noche de verano como tantas otras, calurosa pero apacible. Lo único que tenía de singular, es que era la noche que ponía fin a la última salida que realizarían, como clase, los alumnos de último curso del instituto Keitan de Karakura.

Después de someterlo a votación, la clase acordó que como salida de fin de curso se irían de acampada una semana a las montañas. Hoy había sido el último día; un día agitado, divertido y lleno de emociones. Momentos que les quedarían grabados en el corazón, para poder revivirlos en su memoria cuando el tiempo y las distancias pusieran barreras entre ellos.

Pues bien, era de noche (y bastante tarde, cabe remarcar), pero para Tatsuki, que compartía tienda con Inoue y Rukia, dormir no era una opción fácil. Y no es que no tuviera sueño, era más bien que no le era permitido conciliarlo.

¿Los motivos? Muy sencillos, y tenían nombre y apellidos: Orihime Inoue. Esta chica era un torbellino hasta cuando dormía.

Las demás noches ya habían sido moviditas, pero esta, con el estrés de ser el último día, se llevaba la palma. Orihime tenía sueños demasiado intensos, y por eso no paraba quieta mientras dormia; algo relacionado con ríos, carreras y bates de béisbol, por lo que había logrado traducir de sus balbuceos, porque, oh sí, también halaba en sueños.

A la menuda Kuchiki parecía no afectarle en nada, porque permanecía acurrucada en un rincón de la tienda, cómo si estuviera acostumbrada a dormir en un lugar reducido o algo así… (¡vaya cosas!), y ni se inmutaba por el ruido que pudiera hacer la pelirroja.

Por si a alguien se le escapa, hay una pregunta interesante en todo este asunto y es¿qué hacía Rukia en la salida de fin de curso del instituto? La respuesta no es muy complicada. Desde Sereitei se le dio permiso para venir, a modo de despedida de sus amigos, porque lo más probable es que ya no hubiera motivos para volverse a encontrar. O, al menos, eso es lo que todos esperaban. Que no hubiese "motivos" para volver a verse. A menos que la causa fuese una simple visita (acción que solía estar demasiado restringida).

En fin, el caso es que, hastiada de dar vueltas sobre el saco de dormir, Tatsuki se levantó y salió de la tienda. Además, el calor empezaba a sofocarla, así que se dirigió hacia el lago que había cerca de donde habían acampado. Paso entre las tiendas de sus compañeros procurando no hacer ruido, y se detuvo frente a una de colores chillones, era la que compartían Ishida, Sado y Kurosaki, ningún ruido salía de ella… que suerte tenían de poder dormir tan tranquilamente. Suspiró y continuó con su camino.

Una vez llegó al lago se quedó admirada del paisaje. El lago no era pequeño, y estaba circundado por el bosque, frondoso y oscuro a estas horas, pero al fondo se podían distinguir las crestas de las montañas más cercanas, que se perfilaban contra un cielo lleno de estrellas. Hacía dos días que había sido luna llena, así que ahora empezaba a menguar, pero aún estaba lo suficiente hermosa como para inundarlo todo con su luz nacarada, haciendo que las aguas parecieran de cristal.

Una luciérnaga paso frente a Tatsuki ganando su atención, y al seguirla con la vista, se dio cuenta de que la orilla del lago estaba decorada con brillantes puntitos de luz que iban y venían en un gracioso baile sin armonía. Todo era tan agradable... tomo aire profundamente, hasta llenar sus pulmones, y después lo expulsó lentamente, con placer. Se levantó una brisa suave, muy apetecible, y decidió empezar a caminar.

Después de caminar apenas durante cinco minutos, le pareció distinguir una silueta sentada frente a la orilla. Como estaba cerca del campamento supuso que sería alguno de sus compañeros que tampoco podía dormir, así que se acercó más. La figura le recordaba a alguien...

-¿Ichigo?- El aludido se giró y, efectivamente, era él. -¿Qué haces aquí?

-Eso digo yo... ¿qué haces tú aquí?

Los dos se miraron en silencio hasta que Tatsuki respondió –Inoue no me deja dormir...

-Vaya...- Contestó él, pero no dijo nada más, giró su vista hacia el frente, al lo que Arisawa le miró extrañada.

-Eso no es una respuesta.

-Ya... No es nada, simplemente no podía dormir-. Sobrevino de nuevo el silencio.

La morena se acercó más a Ichigo, hasta estar justo a su lado, y entonces se sentó. Al hacerlo pudo comprobar lo que sospechaba, él tenía "esa" expresión. -Ichigo¿que ocurre?

Tardó en responder, pero lo hizo con un simple –Nada.

Arisawa le miró con el ceño fruncido, algo irritada por lo obvia que resultaba su mentira. –Nada¿eh?- Él seguía en su hermetismo, mirando al frente, como si llevara una eternidad observando el infinito y su vista ya no se pudiese apartar de ese lugar indefinido; su semblante era tan melancólico que a Tatsuki algo, que a estas alturas ya era muy conocido por ella, se le clavó en el corazón. –No te pasa nada...- susurró, y suspirando fijó su vista en el fluctuante reflejo de la luna, que se rompía y se volvía a juntar en el centro del lago.

Pasó el tiempo y permanecían allí, el sueño ya había huido por completo, y la pena ocupaba su lugar, pero en cada corazón se manifestaba de forma distinta y con diferente intensidad.

Tatsuki sabía lo que ocurría, Ichigo estaba triste, y ella se sentía dolida por eso, además, su tristeza se cubría con un tinte amargo porque sabía que estaba siendo egoísta al sentirse así. Pero no había remedio, no lo había.

-Crees que te sentirás solo ¿Por eso estas así?

Desapareció la armonía cuando sus palabras cortaron el aire, aunque un silencio, igual de profundo que el anterior, volvió a abrirse paso.

Parecía que Ichigo había meditado su pregunta porque al cabo de un rato, elevando la vista para mirar directamente hacia la luna, dijo -No, simplemente la echaré de menos.

Comprendo- susurró Tatsuki antes de que la mordida del feroz silencio volviera a abrir una herida entre los dos.

Luego ella encogió las piernas y rodeándolas con sus brazos, apoyó la barbilla en las rodillas. Se sentía vacía, y odiaba sentirse así. No era justo, ni para ella ni para nadie. Si Ichigo apreciaba tanto a Kuchiki no era su problema. De hecho no debería ser un problema. Pero lo era...

Ella también era amiga de Rukia, le caía bien, era simpática... y todo eso no hacía más que aumentar su malestar. Por más que lo intentaba no podía deshacerse de esa sensación desagradable que se adueñaba de ella cada vez que, sin querer, se daba cuenta de que Kurosaki pasaba más y más tiempo con Rukia, y menos tiempo con ella. Podía controlarse, eso sí; pensando que ella era una buena chica, que también era amiga suya, que su compañía le hacía bien a Ichigo, que en realidad pasaban tanto tiempo juntos porque había un motivo concreto... pero con eso, lo que también conseguía era odiarse a sí misma por sentirse tan débil y por la forma en la que la envenenaban esos celos (porque después de mucho luchar contra ello había acabado admitiendo que lo eran) de algo que en realidad era bueno y de alguien que ella sabía que era una buena amiga.

Y así acababa como ahora, sintiéndose pequeñita, desubicada y muy lejana de la persona que, irónicamente, tenía al lado.

Tatsuki estaba tan sumida en sus pensamientos que apenas percibió las palabras del pelirrojo, quien de repente decidió hablar. Cuando ella levanto la vista para mirarle interrogativamente, él se limitó a decir, asumiendo que ella lo había escuchado todo, -...y sé que es allí donde debe estar-. Arisawa parpadeo sin acabar de creerse lo que veía, no solo eran sus palabras, sino el hecho de que él le estaba sonriendo mientras las pronunciaba. -Igual que sé que mi sitio esta aquí.

La karateka abrió la boca para decir algo, pero no se le ocurría nada inteligente, así que se escapó de sus labios un –¿Eh?- a juego con su cara de confusión absoluta.

Hubo algo en todo esto que a Ichigo le pareció muy gracioso, así que, riendo desinhibidamente, se puso de pie y empezó a estirarse.

Esto toco el orgullo de Tatsuki, que le había seguido con la vista en su camino hacia la orilla, hasta que por fin entendió que se estaba riendo de ella. Se puso de pie como impulsada por un resorte, y corrió hacía él mientras gritaba -¡De qué te ríes tú!. ¡¿Se puede saber de quién te estas riendo?!- Con esto solo consiguió que la mueca burlona de la cara de Kurosaki se hiciera más grande aún, y ahí dio comienzo su típica batalla de "cómo te pille te enteras".

La morena se esforzaba por propinarle puñetazos y patadas a Ichigo, mientras él hacía acrobacias con tal de no ser alcanzado. En una de estas, Tatsuki se acercó demasiado, y el pelirrojo, echándose hacía atrás para esquivarla, tropezó y cayó de espaldas al agua. Cuando su cabeza emergió del chapuzón, se encontró con una gigantona soberbia que le apuntaba acusadoramente con el dedo mientras se reía a carcajada limpia de él. Esto no le sentó muy bien, no señor, así que en un hábil movimiento, cogió la mano que le señalaba, y sin ningún tipo de pudor, tiro de ella.

Los dos cayeron de nuevo al agua, pero Ichigo se levantó y salió rápidamente. Tatsuki en cambio, como le había pillado por sorpresa, tardo un poco más en reponerse. Cuando salió del agua chapoteando estaba de espaldas al pelirrojo; se quitó el pelo de los ojos y se giró furibunda clamando por su venganza –¡Ichigo vas a morir!. ¡¡Esto no te lo perdono!!.

Cuando alcanzó la orilla se dio cuenta de que el pelirrojo no se reía. La había estado mirando todo el rato, pero no se había burlado de ella. Justo cuando Tatsuki llegó frente a él para curtirle de lo lindo, Ichigo pronunció unas palabras que disiparon por completo su ira incandescente. Después sonrió. Una sonrisa traviesa y provocadora que anunciaba una nueva pelea, y con su voz grave y masculina, pero en un tono tan suave como un murmullo dijo -Sigues pareciendo la bruja del agua…-. Aún que en realidad lo que él pensaba era bien distinto.


"¿Por qué me ha venido ahora eso a la cabeza?"- Pensaba Tatsuki mientras continuaba caminando junto a su crecidito amigo de la infancia. Pero ella sabía perfectamente que aquellas palabras quedaron gravadas a fuego en su memoria, y sobre todo, en su corazón.

"Si me faltaras tú... eso sería diferente".

Durante mucho tiempo le dio vueltas a esas palabras de Ichigo. Les buscaba un significado, intentaba encontrarles un sentido. Algo coherente. Y siempre, cuando estaba a punto de llegar a una conclusión, se rendía diciéndose a sí misma que no podía ser... aquello era imposible, Ichigo no intentaba decirle nada concreto, y ella tampoco tenía que marearse más buscándole los tres pies al gato.

Pero a pesar de todo, a pesar de que se prohibía a sí misma pensar en algo que trascendiera a esas simples palabras, cada vez que las rememoraba, una calidez inexplicable le recorría el cuerpo, y se sentía extrañamente feliz. Y esta vez no había sido diferente, y por eso, una sonrisa radiante adornaba su cara.

Ichigo se giró para mirar a Tatsuki que llevaba demasiado rato callada, y cuando lo hizo se quedó sorprendido por la alegre expresión de su amiga.

-¿Se puede saber qué te pasa?

-¿Eh?- respondió ella sin entender.

-¿Por qué sonríes? Pensaba que estabas enfadada...- tanteo dubitativo el pelirrojo mientras con una mirada señalaba sus manos entrelazadas.

Ella se mordió el labio inferior insegura y sus mejillas se sonrojaron, entre otras cosas porque él le había pillado pensando en eso. –¡Mira!...cosas que pasan. ¿Qué quieres que te diga?- disimuló encogiéndose de hombros.

Ichigo, después de parpadear sorprendido y negar con la cabeza, dijo –Anda, espabila que ya llegamos; y empieza a hacer frío...- observó alrededor y notó que ya estaba oscureciendo –...es que se está haciendo tarde-. Miró de nuevo a Tatsuki y esta asintió aún con el rubor sobre su rostro y con la sonrisa mal disimulada. El pelirrojo decidio continuar con el camino, no sin antes murmurar para sí –Mujeres, no hay quien las entienda...


N.A.: Como no me sé el nombre del instituto de Ichigo… ¡pues me lo invento!, ya ves, que problema… jajaja

Un saludo, Marie.