.No me importa el peligro de amarte.
De: Priss.
Capitulo IV.
Creyó que Sesshomarou ordenaría que la encerrasen en una especie de calabozo o algo parecido, más no fue así. Todo lo contrario, apenas llegaron, Jaken la guió a esa inmensa y elegante habitación, además le proporcionaron ropas acorde a la época, de las cuales ahora vestía un sencillo kimono blanco con flores rojas.
Se pasaba el tiempo curioseando en el castillo.
Y se preguntaba ¿por qué en todo el tiempo que llevaba ahí, más de dos semanas, no había visto al yokai?. Se preocupó intensamente al pensar que quizás había ido a pelear con InuYasha para devolverle la humillación.
Imposible.
Susurró mientras agitaba levemente la cabeza, tratando de deshacerse de tal pensamiento, para luego seguir recorriendo cada rincón del castillo, satisfaciendo su curiosidad.
Así fue como llegó a uno de los jardines.
"No recuerdo haber visto un lugar así cuando llegue"
Pensaba la joven humana, mientras paseaba tranquilamente.
Llegó a imaginar el territorio del demonio como un lugar aterrador, de esos que se ven en películas de terror, sin embargo, se encontraba admirando la belleza del lugar.
Un verde intenso rodeaba la totalidad del castillo, junto con tenues colores de las flores que adornaban cada árbol, cada rama.
¿Verdad que es hermoso?
Kagome se giró levemente asustada.
Se creía sola en ese instante y al escuchar esa dulce voz a sus espaldas, no pudo evitar tensarse casi por completo.
Rin.
Apenas susurró el nombre de su acompañante, una cálida sonrisa apareció en su lindo rostro. No podía evitarlo, ésta pequeña le inspiraba una infinita ternura.
Quizá por ello le resultaba extraño que Sesshomarou siempre estuviese acompañado por la niña.
"Es que... no lo entiendo"
Pensó.
Más luego le dio toda su atención a la pequeña. La única humana en los alrededores, a parte de ella, eso podía jurarlo.
Oye, Kagome ¿quieres jugar?, si?. . . por favor.
Claro, Rin.
Dicho esto, no tardaron en correr de aquí para allá, escondiéndose entre los árboles, mientras sus risas se escuchaban por todo el lugar.
Hasta que finalmente terminaron tendidas en el verde y fresco pasto; Rin acurrucada en el regazo de la mujer, mientras ésta última le cantaba una canción.
Quédate con nosotros, Kagome-chan.
Las suaves palabras de la niña tomaron por sorpresa a la sacerdotisa. La pequeña se abrazó con más fuerza; desde que Higurashi llegó al castillo ya no se sentía sola, además, el señor Sesshomarou parecía estar tranquilo con su presencia.
Quédate y seamos todos una familia.
Al escucharla, las pupilas de Kagome se contrajeron.
Una familia. . . ella ya tenía una familia que la esperaba en el futuro, pero. . .
Rin, yo no puedo, es que. . .
Por favor. Le pidió la chiquilla mientras cálidas lagrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Me siento muy sola.
Rin la miraba esperanzada. La pequeña ya había sufrido mucho a pesar de su corta edad. Y ahora. . . si Sesshomarou o Kagome se alejaban, volvería a sufrir.
Sin decir nada más y tratando de reconfortarla, la joven mujer terminó por acariciar suavemente el cabello de la niña, quien terminó durmiéndose en los brazos de la que para ella, era lo más parecido que había tenido a una madre.
Ahh. . . ¿y ahora qué voy a hacer?
Un profundo suspiro escapó de los labios de la sacerdotisa. Estaba confundida, se sentía atrapada. Kagome también se sentía completamente tranquila en ese lugar.
"Hasta podría decir que feliz"
Pensó, mientras continuaba analizando su situación.
Más el sol ocultándose en el horizonte le hizo ver que ya era hora de entrar al castillo.
Caminando por los oscuros pasillos, se dirigía a su habitación después de dejar profundamente dormida a la pequeña niña.
Era curioso, ahora se sentía incluso obligada a permanecer allí, aun cuando estuviese prisionera.
Mamá, Sota y el abuelo. . . deben estar muy preocupados por mi.
Decía para si la joven mujer.
Llevaba varias semanas en el sengoku y sinceramente no tenía muchas esperanzas de salir pronto de ese lugar.
Cansada, abrió la puerta de su habitación. . . . pero no esperaba verlo, en verdad.
Después de todo, era la primera vez que lo veía desde que el yokai la trajo aquí.
Cierra la puerta.
Le ordenó Sesshomarou; su voz fría e intimidante.
Kagome lo obedeció sin chistar, si por miedo o por sus místicos y hermosos ojos posados sobre ella, no lo sabía. Pero estaba segura de que esos ojos suyos la hacían experimentar sensaciones que no había sentido antes, ni siquiera con InuYasha.
El demonio se le acercó sin dejar de mirarla a los ojos, haciéndola sentir como la presa que pronto sería devorada.
"Y yo aquí, sin poder quitarle os ojos de encima"
Pensaba la joven humana, segura de que este era un trance que no quería romper, pues esos misteriosos ojos la habían hipnotizado.
Y no dijo nada cuando sintió como Sesshomarou la estrechaba con fuerza, pegándola a su cuerpo. Al contrario, lejos de temerle, se estremeció de lo que después supo, era placer.
Sus mejillas teñidas en carmín, la hacían ver más hermosa ante los ojos del demonio. Y a la chica le costó armar palabras cuando sintió al muchacho recorrer su cuello, aspirando su perfume, deslizando cortos besos.
¿Qué, qué haces, Sesshomarou?
El demonio no respondió, no tuvo tiempo. La ansiedad y lujuria se apoderaron de él, de su corazón.
Sin esperar más, la tomó entre sus brazos, llevándola hasta la cama, recostándola con suavidad pero con cierta apuración.
Kagome no pudo o no quiso hablar, el tiempo se le fue admirando el rostro del yokai.
"Es muy apuesto"
Pensaba ella, totalmente embelesada con aquel hombre.
Solo el roce de las ásperas manos del yokai, la hizo despertar del hermoso trance en que se encontraba.
Él la había desnudado y ella se lo había permitido. Cuando la cordura y la vergüenza volvieron a ella, intentó cubrir sus pechos, más el joven de plateados cabellos le sujetó las manos.
No te escondas de mi.
E-es que yo. . .
La voz de Kagome se apagó cuando Sesshomarou posó sus labios sobre la dulce boca de la humana, ahogándola en un beso lleno de pasión.
Aun sorprendida, la mujer mantenía los ojos bien abiertos, incrédula ante lo que estaba pasando, más era cierto. Estaba desnuda, bajo el musculoso y pesado cuerpo de un yokai, cuyos ojos la miraban con lujuria.
Pronto, Higurashi cerró los ojos y se dejó llevar.
Ninguno habló por un buen rato; las palabras no les eran necesarias en ese momento. El calor de sus cuerpos decía todo lo que necesitaban saber el uno del otro. . . que se deseaban.
Kagome respiraba agitada, eran demasiadas sensaciones que la llenaban de placer y la desesperaban.
Las hábiles manos del demonio recorrieron hasta el último rincón de su cuerpo, haciéndola suspirar agradada con el toque de su piel, que la quemaba, pero lo necesitaba, así como a sus apasionados labios que apenas la dejaban jalar aire.
Más nada se comparó al placer de tenerlo dentro suyo.
Cuando Sesshomarou entró en ella, le provocó un profundo dolor, pero un dolor que ni siquiera le dejó sentir por mucho tiempo, pues ese hombre parecía desesperado y movía sus caderas con fuerza, entrando y saliendo de ella, aliviando su dolor con placer, haciéndola gemir y poco después gritar.
Una sensación extraña y fuerte nació en su vientre; su cuerpo tembló completamente y cayó rendida entre los brazos del apuesto yokai, quien no dejaba de acariciarla, aunque ahora más lento y cuidadoso. . . tranquilo. Disfrutando de la suavidad de la piel de aquella chiquilla humana.
Le gustaba su aroma, su cuerpo. . . ninguna otra podría igualarla.
¿Por qué?
La escuchó preguntar; la duda e incertidumbre dominándola.
¿Qué?
Sesshomarou se posó justo de tras de ella, aspirando el aroma de sus cabellos.
¿Por qué me hiciste esto?, por qué yo?
El muchacho la hizo girarse para mirarla directo a los ojos, esos ojos brillantes e inocentes que tanto le gustaban.
Necesito de alguien que cuide a Rin.
¿Solo eso?
Kagome se entristeció al oírlo hablar. ¿Eso era ella para él?, una prisionera que le serviría de niñera y a la que podría tomar cuando quisiera.
. . . Y también una compañera.
Las palabras del yokai la sorprendieron. Ella es una humana y él odiaba a los de su clase, entonces. . . ¿por qué?
Ni siquiera las hembras de mi clase tienen un poder tan grande como el tuyo.
Le dijo, cerrando los ojos sin intenciones de hablar más.
Ya era de madrugada y se habían amado toda la noche.
La joven mujer estaba cansada y también cerró los ojos, al tiempo que una sonrisa llena de felicidad adornaba su bello rostro.
Las palabras de Sesshomarou no eran las que Kagome quería escuchar, pero por ahora. . . . le eran suficientes.
Continuará.
LEMON, aunque estuvo un poco suavecito, más bien es un LIME.
Se que las cosas sucedieron muy deprisa y, si se dieron cuenta, que es lo más seguro ¬¬, el primer capitulo tiene muy poco que ver con los demás y es que me tardé mucho en escribir este fanfic, así que la idea fue variando bastante.
Pero ¡POR FIN!, el siguiente es el último capitulo.
MUCHAS GRACIAS POR LEER:
Nanaccs, Azul, LadyNaomi, Maeda Ai, Andrea, Citus, Seishime, Ilein love y Sweetmoonfairy.
