¡Saludos! Siento el retraso, pero ahora mismo tengo entre mis manos cuatro fics y un examen muy importante. Si se me lían los personajes,¡Lo siento! Jaja, seguro que no pasa, que si no fascinating melody a.k.a Isa, me mata. Bueno, muchísimas gracias a nuestras tres reviewers en total. Espero que con este capítulo os entre la inspiración al resto también, jeje. Bueno, os dejo que leáis.
Kipa(Lau)
LuzEl tiempo pasa, hasta cuando parece imposible. Había transcurrido ya un mes desde el fatídico día donde descubrí el dolor de la traición. Había estado todo el mes cabizbaja, sin prestar atención en sus clases, metida en un mundo que yo misma había creado para aislarme de mi lamento.
Mis amigas habían hecho lo posible para que de vez en cuando consiguiera olvidar lo ocurrido para sonreír, pero pronto volvía a mis meditaciones, intentando entender en qué había fallado, qué había hecho mal, sin comprender lo que le repetían sabiamente mis amigas: No era mi culpa.
Sin embargo, ese día por fin me di cuenta de que la vida continúa. Vi la luz, por así decirlo. Ese día, fue el primer día en el que James no se acercó a mi insistiendo en saber por qué había cortado con él tan súbitamente. Parece imposible,¿Verdad? Que aún después de un mes no hubiese captado la indirecta. Que la culpa no le hubiese comido por dentro. Que pensase que aún tenía derecho a tocarme.
Había estado todo el día llorando. Me pedí el día libre, alegando un virus maligno y lógicamente no me hicieron más preguntas y me dejaron en paz. Al fin y al cabo, yo era conocida por mis constantes resfriados.
Mis amigas estaban tremendamente preocupadas. Nunca me habían visto en un estado tan patético. Porque eso era lo que era: Extremadamente patético. Ahí estaba yo; sentada en la cama con las piernas cruzadas y el pijama puesto, con un paquete de Kleenex casi acabado, rodeada de millones de otros usados. Tenía la nariz roja e irritada de tanto sonarme y los ojos hinchados de llorar. No podía casi ni hablar. La tarde anterior al llegar a la habitación, las expliqué brevemente la razón de mi angustia, si querer explayarme demasiado para evitar pensar en todos los detalles yo misma, y me eché a llorar, terminando en el estado previamente descrito.
Ellas tuvieron que marcharse a clase, lógicamente, pero no sin antes prometerme que volverían con comida para que yo no tuviera que bajar abajo. Entonces, después de tanto ajetreo, por fin me quedé sola, tal y como me sentía. Entonces tuve tiempo de pensar.
Esas horas, las pasé recuperando recuerdos de entre mi subconsciente. Recuerdos de los grandes momentos vividos con James, analizándolos uno a uno y tratando comprender como no había podido ver que él no sentía todo lo que juraba sentir por mí. Porque yo había llegado a la fácil conclusión de que solo había sido un entretenimiento para él, un juguete que podía tirar cuando ya no le interesaba. Al fin y al cabo, ¿Por qué si no me hubiese engañado si me quisiese de veras? Yo no era ninguna monja, y James y yo habíamos llegado lejos en el aspecto físico. No podía estar buscando una forma de aliviar tensiones por eso. Sabía que yo aceptaría sin pensarlo ni un momento.
Volví a recordar el momento de nuestra pelea, el día anterior. Vale, si, me enojé con él porque pensé que solo podía pensar en una cosa, mientras que yo estaba de mal humor por la manera en la que se había desarrollado mi día. Me puse tremendamente borde, recordándonos a los dos como solía ser nuestra relación previamente. Pero no me podía haber traicionado por una simple pelea. Él debía comprender que no todos los días te puedes levantar con una sonrisa en la cara más que nadie.
Estaba yo en este estado, pensando, llorando y usando Kleenex tras Kleenex, cuando oí un suave golpeo en la puerta. Tenía visita. Pensé que sería algún profesor, viniendo a asegurarse que una de sus alumnas estuviera bien y no paseando por Hogsmade con su novio, como en otras ocasiones.
Rápidamente, escondí todos los pañuelos debajo de las sábanas y me metí dentro de la cama, tapándome hasta el cuello. No me preocupaba lo más mínimo no parecer enferma, ya que esto era imposible. Cuando me aseguré de que nada más se veía de entre las sábanas hablé:
-¿Si?- dije, intentando que mi voz no temblara y se notara que había estado llorando.
La puerta se abrió lentamente, para revelar a un James genuinamente preocupado. Enseguida, mi cara se llenó de odio y rencor hacia la persona que se encontraba delante de mí. Él no se debió dar cuenta, ya que comenzó a andar apresuradamente hacia mi lecho.
-Lily,¿estás bien? Estaba preocupado. Blanca me dijo que no te encontrabas bien y que tenías algo contagioso, con que no debía acercarme. Pero no lo he podido evitar.-en este momento hizo una pausa y continuó.- Te he traído las notas de clase y un poco de comida.¿Cómo te encuentras?
Entonces, exploté:
-¿Qué cómo me encuentro?¿Qué cómo me encuentro?.-Empecé a alzar mi voz, sentándome de nuevo en la cama para dar más importancia a mis palabras, revelando todo lo que cubría. La cara de James había ido cambiando hasta convertirse en el más puro reflejo de sorpresa:
-Lily, si sigues enfadada por lo de ayer, lo siento.-intentó.
-Si crees que una maldita pelea de niños me va a poner de este humor, es que no sabes nada de mi.-dije, más calmadamente.-Y al parecer yo no se nada de ti. Sal de mi habitación James, hemos acabado.
-Pero,¿Por qué?-preguntó el con lo que a mi me pareció en ese momento fingido interés. En ese momento, se me hincharon las venas, sentí cómo toda la sangre me hervía y cogí el primer objeto duro que encontré- mi reloj- y se lo lancé con todas mis fuerzas, estampándolo contra la pared, en el sitio donde un segundo antes había estado su cabeza. ¡Malditos reflejos! Entonces, pegué un grito de frustración, no importándome el ridículo que estaba haciendo, y me levanté de la cama.
La cara de James era un poema. No tenía ni idea de lo que estaba hablando. El muy ingenuo debió pensar que su travesura había pasado inadvertida.
Me dirigí hacia él, recuperando el reloj en el proceso, y le apunté a la cabeza con él.
-Como no salgas de aquí en este mismo instante, te juro que te estampo el reloj contra tu preciada cabeza. No temo hacerte daño. De hecho, en estos momentos es lo que más quiero, después del daño que me has hecho tú. Estoy utilizando todo mi autocontrol ahora mismo para no matarte, que lo sepas.-le dije, seriamente.
Entonces, el suspiró y agachó la cabeza en manera de resignación. Se giró para salir por la puerta, y justo cuando pensé que estaba sola de nuevo, se giró para decirme:
-Avísame cuando se te haya pasado la regla. –Entonces lancé el reloj por segunda vez, pero James ya había cerrado la puerta, dejando tras de si mil piezas de un instrumento que no se podía recolocar, que ya no tenían ninguna utilidad si estaban separadas. Lo que quedaba del reloj era un triste símbolo de lo que quedaba de mi corazón.
Desde ese primer día, James me había seguido por todas las clases, incordiándome hasta perder el control varias veces, llevándome reprimendas de mis profesores. Yo no había confesado el por qué de mi decisión, por miedo, supongo, a que el me convenciera de que no había sido nada.
Yo le seguía queriendo, al fin y al cabo, le seguía necesitando, le seguía echando de menos. Lo suficiente para que doliese, pero no lo suficiente para quererle de vuelta en mi vida. Por lo menos, no en ese momento.
El día en el que me empecé a sentir mejor, que dejé de parecer un fantasma o un zombie, cómo tan cariñosamente lo habían puesto el resto de los merodeadores, estaba sentada comiendo, rodeada de mis amigas, que no se habían separado de mi lado, cuando me di cuenta. Una sonrisa apareció extraña en mi cara, y Blanca me preguntó:
-Lily,¿Te sientes bien?- extrañada por el reciente acontecimiento.
Entonces, hubo una gran pausa, mientras yo pensaba en una respuesta adecuada sintiendo tres pares de ojos mirándome, alarmadas.
-No, no me siento bien Blanca, pero pronto lo haré. Ahora estoy segura de ello. He tocado fondo, es la hora de levantarme. Siento haberos llevado conmigo en este agujero, pero no volveréis a verme a si. Lo juro.
Entonces, todas sonrieron, con un poco de duda en sus miradas, pero contentas de que volviera a ser yo misma. O al menos, que lo volviera a intentar.
-Lily,-comenzó Dana.- No te preocupes por nosotras. Tu limítate a ponerte bien. Todas te echamos de menos.
Todas asintieron y me tocaron, haciendo mi sonrisa aún más grande. Tenía unas grandes amigas. En ese momento, me di cuenta de que unos ojos estaban clavándose en mi nuca y me giré, aun sonriendo, para ver quien me estaba mirando con tal intensidad. Mi boca se abrió, mi sonrisa se convirtió en una mueca y mis cejas se juntaron, al descubrir a un James intenso mirándome con algo indescifrable en los ojos.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Vale, aquí está el segundo capítulo. Siento que haya sido un poco corto, la próxima vez intentaré alargarlo un poco. ¡El próximo le toca a Isa!
