Bestia
Cap 2
TIEMPO REAL (12:15 a.m.)
Sentía que el frío le calaba los huesos, y el aire se iba disipando. Su paso había disminuido considerablemente luego de haber divisado la "reunión". Aún le faltaba mucho por aprender para poder portar esa máscara sin revelarse, pero ya habría tiempo, lo importante era que esa noche pasara, porque definiría si vivía o moría en manos de…
-…esos miserables- susurró ella para sí, mientras intentaba relajarse y se concentraba en recordarla más que nunca, sólo ella podría ayudarla a… sobrevivir.
Un círculo de hombres con túnicas negras idénticas a la suya fue lo primero que apreció, la mayoría estaba de espaldas… sabía que la esperaban, pero aún así no pudo evitar sentir un pánico nauseabundo que tensó cada uno de sus músculos.
-Pero esta vez el cordero matará al lobo- pensó con placer, dibujando en su rostro una sonrisa sádica.
-Stendrak-, siseó una voz a sus espaldas.
La sangre de ella se heló por completo y su garganta se secó. Sentía la boca pastosa, amarga; era ahora o nunca…
-Mi señor- pronunció ella sin un atisbo de duda, confiada en parte por su dominio de la oclumancia, cortesía de Vanessa.
-Haz cumplido tu misión- dijo este saliendo de las sombras y mirando fijamente su máscara blanca.
Ella se mantuvo en silencio, eso lo recordaba muy bien, lo mejor es decir cuanto menos sea posible.
-Quiero ver tu rostro Vanessa- dijo Voldemort mirándola de forma indescifrable.
Ella ya estaba preparada para eso, había imaginado tantas veces ese rostro deforme diciéndole esas palabras, pero aún así no pudo evitar sentir el corazón en la boca, y la sensación de tener la cabeza partida en dos, cada exhalación de aire era como la última, mas sus ojos permanecieron inocuos a estos sentimientos, eso era algo que le habían enseñado a hacer muy bien.
Con un movimiento grácil ella se despojó de la máscara revelando así su rostro. Sus ojos brillaban con intensidad, pero se les veía imperturbables.
-Haz pasado las pruebas-, dijo un hombre enmascarado desde atrás, -ahora eres completamente una de las nuestras-.
Una sonrisa sin sentimientos de dibujó en sus labios finos, sin dejar de mirar fijamente al hombre que le dirigía la palabra, esa voz sí que la recordaba, era del repulsivo padre de Malfoy.
-Vanessa Stendrak, desde hoy cumplirás la misión para la que naciste-, dijo Voldemort rozando con la punta de su dedo la mejilla de ella, con una voz gutural que tensó imperceptiblemente sus músculos.
HORAS ANTES (6:30 p.m.)
Una mirada frígida recorría con desinterés las paredes de una habitación.
-¿Encontraste algo nuevo?- preguntó seco.
-No padre, nada aún- respondió otra voz.
-¡Draco, sabes que el honor de nuestra familia está en juego!- dijo su padre con voz autoritaria.
-¡Lo sé¡pero no entiendo como esperas que encuentre algo que no sé qué es!- estalló el muchacho dándole una mirada dura a su padre.
-Cállate y escucha, será la última vez que te lo repita- pronunció su padre con una voz cargada de rabia.
-Te escucho- dijo Draco.
-Debes extorsionarlo hasta que te responda, él sabe lo que buscas, no soportará más tiempo- dijo.
-No es tan sencillo- dijo Draco, -la mitad de cosas que dice son incoherencias-
-¡Pero debes estar atento!... recuerda, tu enemiga principal estará esta noche en la reunión, cuanto más cerca estés de ella, más cerca estarás de destruirla, ella posee algo que nos dará el poder- dijo Malfoy con los ojos centellantes de avaricia.
-Como quieras- dijo Draco sin expresiones, realmente ya nada le importaba, había aprendido que vivir o morir era lo mismo, no había nada importante por lo que permanecer.
-Perfecto- dijo Lucius, -desde hoy asistirás de nuevo a Hogwarts, es necesario que vigiles a esa pequeña miserable. Sus padres no fueron dignos oponentes míos, ella no debe ser nada tampoco para ti Draco-
ESA MISMA NOCHE (8:00 p.m.)
Una joven descansaba encerrada en su habitación la cual estaba sumida en la más profunda oscuridad, había llorado con rabia la última tarde, ya se había dado la voz, habían encontrado el cuerpo de Hermione Granger dentro del bosque prohibido.
Pero no como ella lo dejó… inerte por un Avada Kedavra, no, esos miserables habían destruido su cuerpo.
De ella no quedó mucho, tan solo una masa de carne y huesos deformada por el daño ocasionado, nada. Todo lo que alguna vez significó algo, esa noche carecía de sentido. Quién iría a pensar que alguna vez la insignificante Hermione saldría en la primera plana de El Profeta, claro está, en el más vejado estado, únicamente para satisfacer la curiosidad morbosa de los que algún día consideró sus amigos.
Quién iba a decir que ese iba a ser "su final", con la burla enmascarada de todos aquellos egocéntricos que se reían de su muerte, ensañándose con el término de la existencia de otro ser que no valía nada ante los ojos de una sociedad mezquina.
-Pero esto no se quedará así- dijo muy convencida la joven, mirando el lugar en el que alguna vez habitó su querida hermana y que le había servido de refugio durante el último día, -todos pagarán caro, llorarán y se arrodillaran a mis pies, pero no tendré piedad- dijo sonriendo con una brutalidad cruel que lo deformaba todo.
Ese aire de solemne maldad transformó a la más corriente criatura en un ángel negro, parecía que la inocencia y la timidez era aquello que impedía aflorar ese ser escondido entre las telarañas de su propia mente.
Es pues que dentro de cada ángel… habita una bestia…
Le bastaron minutos para cambiar, esta vez el espejo de pared de su querida hermana no reflejaba a la insignificante Hermione Granger, de cabello enmarañado, costumbres fuera de lugar, e inteligencia sobresalientemente desagradable, cuya nula belleza opacaba todo su ser; no, había renacido, esta vez era el vivo retrato de quien hasta hace un día fue digna de toda su admiración.
El cabello negro caía con la misma gracia y el maquillaje perfecto resaltaba lo antes desapercibido. La misma piel, los mismos ojos, el mismo odio. Era pues una copia exacta, y esa noche sería la última que llevaría consigo su alma, en ese baile organizado para "conmemorar" a la dulce y tonta Hermione Granger. Su estrella se opacaría hasta alcanzar la oscuridad que deseaba dominar, esa noche enterraría lo que fue alguna vez y dejaría que sus instintos resurgieran… ciertamente quien bailaría en esta ocasión sería la agonizante alma de un ángel que dejaba salir a su bestia…
-¿Realmente piensas que asistiré a ese baile?- Preguntó un incrédulo joven.
-Por supuesto y no es una consulta, irás quieras o no- exclamó otra voz.
-Pero padre, es en honor a la sangre sucia – dijo Draco con asco, -pobre tonta, murió como merecía- dijo con un gesto de diversión.
-No sientas lástima- dijo Lucius Malfoy, -era basura-
-Eso lo sé padre, lo que no comprendo es la idea de ir a ese absurdo baile de mascaras- exclamó Draco.
-Irás, porque quiero que veas como están las cosas. Ahora tengo asuntos que resolver, y más te vale hacer lo que te ordeno- dijo saliendo del colegio y dejando a Draco en el vestíbulo, entonces desierto.
-Como usted quiera padre…- siseó Draco con rabia.
ESA MISMA NOCHE (8:30 p.m.)
-Perfecta- dijo una joven terminando de arreglarse y sonriendo sin alegría frente a un espejo de pared.
Había pasado la última media hora preparándose para el dichoso baile, hacía mucho rato había oído puertas abriéndose y cerrándose, tal vez hubieran nominado al otro premio anual ya que de ahora en adelante Hermione Granger no existiría y ya que Malfoy que era el otro supuesto premio anual no había cursado ese año con ellos pues… debían poner a alguien más.
El vestido de seda negro le quedaba a la perfección y resaltaba excelentemente su figura, la gargantilla la encontró en una caja pequeña sobre la mesa del tocador, parecía todo meticulosamente preparado, aunque estaba segura que no había sido planeado.
Tomó el antifaz negro con incrustaciones y se cubrió… era completamente irreconocible, el disfraz era impecable… -que mejor forma de comenzar-, pensó sonriendo de lado y saliendo a la sala común que en ese momento se encontraba a oscuras.
Había pasado mucho tiempo y no veía nada interesante, prácticamente pasaba desapercibido, era curioso que él, no hubiese querido estar rodeado de gente esa noche, prefería mantenerse al margen de ese encuentro burdo mientras pudiera. Pensaba mantenerse alejado incluso de los de su propia casa.
El sonido suave de la música, las conversaciones superficiales, el tintineo de las copas al rozarse; en fin, la vida inútil, le resultaban completamente nauseabundos. Había sido una idiotez asistir, pero no era momento para retractarse, -jamás-, se dijo ella entrando por completo al recinto.
Fue entonces que ese joven la vio, en el extremo opuesto del salón, deslumbrando a todos con su etérea belleza enmascarada, pero irradiando tal pasión que no había nadie con el atrevimiento suficiente como para romper la visión.
Una canción comenzaba a dejar flotar sus notas místicas en el ambiente, ella no sabía si era su fantasiosa imaginación o era realmente la melodía por la que todos bailaban acompasados, lo único que percibía era un frío escozor en su cuello, como si algo la atravesara con rudeza, la sensación era indefinible, pero estaba segura, que aquello que fuera la llamaba con violenta premura.
Fue entonces que giró la cabeza, con lentitud, tratando de encontrar aquello que la atraía. Hasta que lo vio, con los brazos cruzados a la altura del pecho y mirándola con fijeza. Parecía la muerte misma, esperándola. Estaba recostado contra una pared, oculto a la vista, una elegante capa negra cubría su cuerpo y usaba un antifaz muy parecido al suyo. Lo único que pudo apreciar parcialmente bien, fue su cabello claro ligeramente crecido, aunque no podía definir el color, tal vez podía adivinar que sus ojos eran de un azul intenso.
Cuando sus miradas chocaron esa noche… la tormenta se desató…
No sabía que fue, pero sentía que la música lo invitaba a salir de su escondite y dirigirse hasta el centro de la pista atraído por el magnetismo animal que irradiaba esa demoníaca figura que lo había hechizado… solo por esa noche no se cuestionó… y con paso firme avanzó, acechándola.
Ella se había embriagado tanto de esa mirada que cuando lo vio acercarse, no pudo hacer nada más que ir a su encuentro, olvidó su nombre y se concentró en no perder ese contacto salvaje que sus miradas mantenían hasta que se encontraron, frente a frente en el centro de la pista.
De este modo la tocó por primera vez, y así en medio de un mar de gente indiferente, el odio, el miedo, la lujuria, la ternura, el hielo y el fuego se fundieron en un baile sensualmente primitivo al compás de un ritmo ficticio que los atraía hasta hacerlos perder la cordura.
Tal vez fueron las miradas, los roces, las palabras, o la música aquello que los impulsó a olvidar sus venganzas y odios, tan solo en ese instante regresaron a sus esencias originales, a eso que debieron ser, pero no fueron por la vida miserable que los atrapó antes que lo consiguieran. Con un beso pactaron un secreto mudo que desató la más intensa pasión, para la cual no hubo marcha atrás.
Cuando el baile terminó, el encanto quedó roto, haciendo que las máscaras se impusieran de nuevo, dejando que sus destinos se desviaran aparentemente.
Y la dama enmascarada abandonó el salón como una cenicienta muerta a la que se le acabó el tiempo, dejando lo último de ella en los recuerdos de él…
Fin del cap
Hola! Espero que este cap les haya gustado, estuvo bastante corto, pero era necesario que se mantuviera separado. A partir de aquí empieza a haber más diálogos y confrontaciones y se va desarrollando la historia en capítulos más extensos.
Un agradecimiento especial a JulesRichards y a Marine-Granger-Noa (su apoyo me ayuda a continuar) y a todas ustedes mis queridas lectoras anónimas (que espero pronto salgan a la luz!).
Cuídense, (sobre todo las que viven en un país que está con un clima maligno como el mío... peruanos ya saben a que me refiero...)
Kate
