Altorrelieve

Cap 6


1

Te lo ruego, te lo ruego¡mátalos!…

Hermione se despertó sobresaltada, con la frente sudorosa y la última frase de su sueño resonando en su atormentada cabeza, esas palabras se clavaron en su cuerpo y en su alma con brutalidad mientras ella se limitaba a temblar.

-¿Matar?- recordaba esa palabra con claridad, era un ruego y a la vez una exigencia, hasta ese momento no se había puesto a pensar en muchas cosas. Sus padres ya debían saber de su muerte, por lo que no había vuelta atrás, no podría regresar y esconderse de todo aquello, no podría volver a ser normal. Esta situación la trastornaba, caía en cuenta por primera vez que realmente tendría que hacer lo mismo que Vanessa… pero oírlo fue una experiencia diferente, ella lo sabía pero no lo aceptaba, y ahora no le quedaba más remedio que hacerle frente al problema.

-No puedo- susurró aterrorizada, sentándose para luego llevarse las rodillas a la altura del pecho y comenzar a mecerse.

Esa voz, ella la conocía, de algún tiempo remoto, no estaba segura. Ahora no podía retroceder, no tenía escape. ¿Dónde había quedado esa seguridad? Tal vez nunca existió y era parte del disfraz que le tocaba llevar.

Todos llevamos máscaras en el baile cruel de la vida, solo que algunos portamos disfraces más pesados que otros… más dolorosos…

El sonido de una puerta cerrándose fue lo que la hizo despertar de ese trance y recordar que efectivamente, ella ya no era Hermione Granger, ni siquiera Vanessa Stendrak, era un cuerpo inerte que llevaba los restos de un alma que jamás volvería a sentir como antes.

Era tiempo de descubrir algo, una pista, esta historia debía tener una clave y ese cofre tenía mucho que ver, de eso estaba segura, se decía.

-¡El cofre!- dijo de pronto, cortando el aire melancólico, al tiempo que su cuerpo se lanzaba sobre la mesa de noche y buscaba el dichoso objeto.

-Aquí está- se dijo tomándolo entre sus manos y sin querer dejando caer al suelo el libro que había guardado accidentalmente, el cual cayó con un golpe sordo y captó la atención de Hermione por completo.

De una de las hojas sobresalía un borde blanco con las puntas torcidas y amarillentas, ella lo tomó y lo examino cuidadosamente, era el retrato de una mujer de cabello castaño ondulado y ojos azules sujetando un libro. Su rostro era perfecto y sus facciones le recordaban mucho a las de Vanessa, su mirada era igual de fría.

Al darle vuelta se encontró con un nombre escrito con una fina caligrafía… AnetteB.

La colocó junto al sobre con rapidez y recogió el libro en la página donde había sido abierto. Dentro de él vio una frase marcada.

"Cuando el cielo clame por piedad, la oscuridad de sus espaldas saldrá a relucir al pronunciar su nombre".

Como pudo comprobar, la lectura era muy extraña.

-Cuando el cielo… clame- pensó con aprehensión, sabía que eso tenía que ver mucho con lo que sucedía, el secreto del cofre, y de la llave que colgaba de su cuello.

-Es tarde, pensó dándose cuenta que la hora del desayuno había pasado hace mucho y que probablemente la mayoría de los estudiantes ya estaría en clase, curiosa la forma en la que el destino mueve sus piezas…


-¿Me puedes explicar ahora que tanto haces?- Preguntó un joven de cabello negro.

Pero no obtuvo respuesta por parte de quien iba a su costado.

-Draco, sabes que puedes decirme, se perfectamente que el señor oscuro te encomendó una misión. Pero no entiendo qué es eso tan importante para él y porqué actúas así últimamente.-

Draco permaneció impasible ante los reclamos anteriores, completamente concentrado en lo que haría, no podía cometer ningún error, sería mejor evitar problemas con su padre, pero tarde o temprano, ese ya no sería un obstáculo, pensó con una sonrisa macabra en el rostro.


Esa tarde, luego de haber meditado durante horas sobre su sueño y su descubrimiento, había llegado a la conclusión que estaba muy cerca de encontrarse con la primera pista.

Ahora se hallaba sentada en espera del profesor de pociones mientras veía por la ventana como pequeñas gotas de lluvia se precipitaban contra el suelo.

-Hoy será un mal día- se dijo sintiendo en su interior que algo realmente decisivo sucedería esa noche.

-¿Ya saben el nuevo anuncio?- dijo una voz aguda a espaldas de Hermione, interrumpiendo su concentración y obligándola a escuchar aunque esa no fuera su intención.

-Sí, se celebrará un nuevo baile de máscaras, me parece extraño, los profesores habían dicho que no habría más durante este año-, contestó una voz menos estridente.

-Además no hay ningún motivo-, dijo una tercera.

-Exacto, esta vez no hay más Granger muertos ¿verdad?- Pronunció la segunda joven con algo de sorna.

-¡No digas esas cosas!- Dijo la primera dando por zanjado el asunto. -¡Lo importante es qué usaremos para la ocasión!-

Las últimas palabras no llegaron a ser registradas por la mente de Hermione, esta solo podía relacionar Baile y Máscara. La imagen de una capa negra y unos ojos profundos asaltaron su mente, sabía que no debía perder el tiempo, pero no pudo evitar recordarlo.

Tal vez y solo tal vez, "la dama oscura" y "la muerte" se volverían a encontrar.

Se odió mentalmente por desear aquello que no tenía lógica y retornó a la clase, sin prestar demasiada atención. Sabía que en su caso era un completo desperdicio pasar tantas horas ahí cuando sabía que estaba en una carrera contra el tiempo.

Vio llegar segundos después a Malfoy y a Zabbini, con la misma presunción de siempre, y por primera vez se sintió segura de sí para enfrentarse a quien fuera, después de todo era el odio más profundo el que la motivaba a seguir con vida.

Él paso por su costado dirigiéndole una mirada fría de soslayo de la que ella se percató.

La tarde transcurrió con la misma lentitud de siempre.

Hermione estaba muy cansada y había pasado un par de horas en la biblioteca, cosa que acostumbraba hacer con la auténtica Vanessa cuando nadie las observaba.

-Es tiempo de regresar- se dijo en voz baja cerrando el libro de tomo grueso y viejo.

Cuando salió de la biblioteca, le pareció extraña la calma inusual del castillo, pensó en quedarse rondando hasta ser momento de cenar, pero verdaderamente no tenía hambre y era mejor continuar examinando esa frase. El autor era aún desconocido y su búsqueda de él había resultado infructuosa.

Los conocidos pasillos le parecieron más largos y fríos de lo normal y el camino hacia su ya conocida torre se volvió pesado.

Sabía que al entrar volvería a sumergirse en ese mundo de rencores y mentiras, apremiada por la necesidad de saber la verdad sobre lo que sucedía.

Su paso se hizo más lento conforme avanzaba hacia la entrada. La sala común estaba en completa calma. Se quitó la capa y avanzó a paso decidido hacia su habitación, mas cuando entró, se sorprendió al encontrar el armario y la cómoda revueltos, parecía que alguien estuvo ahí y no tuvo tiempo de finalizar su inspección. Agradeció en ese momento el haber guardado en un mejor lugar del castillo los objetos de Vanessa y los suyos propios.

Recorrió con cuidado el lugar y se convenció que la única persona capaz de hacer algo así y con acceso a su habitación era…

-Malfoy- susurró pausadamente.

Violentamente se sintió lanzada contra un muro, golpeándose el rostro contra la pared. Podía sentir una mano oprimiéndole la espalda y otra sujetando sus muñecas.

Sabía quien era. Siempre supo que estaba cerca. Pero no se movió.

-Dime qué escondes- siseó una voz profunda a sus espaldas, mientras su aliento chocaba contra su cuello.

-Suéltame- dijo ella en tono seco.

-Podría acabar contigo en este instante si lo quisiera- dijo él con una media sonrisa de poder apretando aún más a la joven contra el muro.

-Pero no quieres- dijo ella con autosuficiencia. -El señor oscuro te destruiría. Ambos somos aún necesarios-.

-No me importa eso en este momento. Estas a mi merced-, dijo moviendo ligeramente la mano que tenía en el cuello hasta cubrir la boca de ella.

Hermione estaba mucho más relajada que en un principio, él no sabía nada, sus palabras se lo confirmaron. Pero ahora ese a quien más odiaba intentaba volver a establecer un dominio sobre ella, aún sin saber que era el ser a quien tanto despreció. Solo que en esta ocasión Hermione Granger tenía el control y un perfecto antifaz para cubrirla del mundo real.

Aún le dolían las mejillas por el golpe y se sentía algo ahogada. Pensó en darle un golpe con una de sus piernas, que se veía libre para realizar el movimiento. Pero no… decidió una cosa mucho menos típica de ella, debía mostrar serenidad y a la vez ser más astuta que él.

-¿Qué sucede Stendrak¿Estás asustada?- preguntó él con burla.

Ella le dio una respuesta que lo desconcertó e hizo que descubriera la boca de ella, sin dejar de apresarla contra la pared.

Ella había lamido la palma de él cuando esta cubría su boca, con una lentitud y sensualidad que lo sorprendió tanto como ella misma.

-Pero no puedes matarme… no quieres- dijo ella en un susurro mirándolo con una sonrisa cínica ya que él había dejado de presionarla con tanta brutalidad.

-¿Qué pretendes?- preguntó él acercándose a su rostro y oprimiéndole ligeramente el cuello.

-Dime tú Malfoy cuál es la misión que te encomendó el señor oscuro- siseó ella.

Él la empujó contra la pared y luego la giró para que lo mirase.

-Soy el único que hace preguntas aquí Stendrak-, dijo.

Ella al verse con las manos completamente libres lo apartó de sí.

–Vete Malfoy, y no creas que esto se queda así- dijo con una sonrisa fingida. –Me pagarás caro esto- dijo frotándose con delicadeza la mejilla al tiempo que lo miraba fijamente.

La carga en el ambiente era mucha. Draco sin más, luego de haber oído y presenciado esta escena entendió que trataba con alguien de la misma clase que él. -Mejor así- pensó dándose vuelta.

La puerta se cerró. Y ella sonrió victoriosa. Ciertamente estar con esa apariencia le garantizaba ventajas sobre el enemigo, y ella estaba dispuesta a aprovecharlas.

Miró al cielo a través de su ventana. Oscuro. Lo que ella relacionó siempre con este era la pureza, la bondad¿cómo lo puro clamaría por piedad? Sólo si hubiese perdido la pureza, si hubiese caído, clamado, rogado… como una penitencia…

Su rostro giró velozmente y fijo su mirada en el cuadro del ángel. Lo puro que clama. Un ángel caído.

Se acercó hasta este y fijó su vista en él.

-La oscuridad de sus espaldas saldrá a relucir…- repitió mentalmente.

-Lo que sale a relucir es lo que antes estuvo escondido-, pensó rápidamente. El cuadro debía tener algún secreto.

-Al pronunciar su nombre… ¿qué nombre?- se dijo atormentada al saber que a pesar de estar muy cerca, aún no conseguía encaminarse.

-¡Vanessa!- Dijo tocándolo, y nada sucedió. ¡Stendrak! La situación no varió en lo absoluto. ¡Hermione Granger! Dijo atormentada. Y al no ver respuesta se lanzó con violencia sobre el cuadro intentando rasgarlo, sin conseguirlo.

Cayó de rodillas al suelo, completamente frustrada. Sabía que no sería nada fácil adivinar cual era el nombre al que se refería.

Miró el cuadro por última vez y tomó en cuenta detalles que antes no había visto. El ángel tenía rasgos completamente femeninos y su cabello parecía ser oscuro. Portaba un par de alas rotas y desgarradas, mientras que en sus manos sostenía un libro…

Los ojos del ángel parecieron mirarla con impotencia. Parecía uno de los retratos del castillo, solo que paralizado.

Esa mirada azul fue el chispazo que necesitó su mente para relacionar la imagen de esa figura con la foto que vio caer del libro.

-¡Anette…!- Dijo dudando mientras acercaba sus dedos a la imagen. Vio que esta se distorsionaba un poco pero no por completo. Y sintió que sus dedos atravesaban tan solo un poco ese cuadro.

-¡Anette… Anette… tengo que saber quien eres!- se dijo desesperada. Revisó nuevamente la imagen, la cual acababa de recuperar su auténtica forma.

Se masajeó las sienes sabiendo que por esa noche no podría avanzar más en su descubrimiento.

Hasta que oyó un picoteo en la ventana. Era una lechuza. Hermione se dirigió a la ventana y le dio algo de comer, tomando la nota que el animal llevaba consigo.

Iba dirigido a Vanessa S. B.

Al leerlo se dio cuenta que era tan solo la invitación escrita al baile y una petición de asistencia.

-S. B.- dijo en voz alta.

S, era por Stendrak, pero… ¿B? Quizás el apellido de su madre, aunque le pareció innecesario colocarlo. Un rápido pensamiento la llevó a recordar la fotografía.

-Era su madre- susurró no creyendo lo que había descubierto.

Esa era la clave para encontrar el secreto del cuadro. Tendría más tiempo luego, las situaciones de la búsqueda se encontraban mejores y mucho más avanzadas que hasta hacía unos instantes.

Pero había algo que aún le dejaba un mal sabor en la boca. Malfoy, ese ser arrogante que dormía en la habitación contigua martirizaría su existencia. No comprendía aún los motivos que la llevaban a comportarse de ese modo frente a él. Lo odiaba y sentía una repugnancia extrema por su voz y su presencia. Pero había algo más, una especie de conexión fatal oscura, el magnetismo irracional que irradiaban, el inmenso deseo de venganza de cada uno. El odio.

Jamás en su corta vida imagino vivir esa situación. Estaba completamente sola y no sentía que eso la afectara en demasía. No tenía cerca las cosas que a ella le gustaban, no veía a su familia, pero permanecía indiferente a ello, observaba una película de su propia vida, inerte.

Podía considerarse mínimo el avance, pero en su caso significaba un gran progreso, estaba cerca, podía oler la podredumbre de los secretos escondidos, sentía sus ojos traicionarla enfocando momentos que le recordaban las situaciones crueles que vivió, sembrando en su alma la semilla negra de la rabia y la venganza.

Nadie podía imaginar que ese pequeño principio desencadenaría el más grande acontecimiento sucedido en el Mundo Mágico, y que a raíz de ese último fin de semana, su concepción de la vida cambiaría drásticamente.

Faltaba tan poco tiempo… tan poco…

¡Mátalos…!


2.

Esa mañana fue más soleada que de costumbre, parecía que todo Hogwarts había amanecido de buen humor, el tránsito hacia las clases del día era fluido, las voces alegres de fondo y un ligero murmullo a lo lejos completando la escena.

Esa noche era el segundo baile del año, hecho que dejó de llamar la atención cuando los profesores explicaron que era tan solo un modo de integración.

Hermione por su parte, caminaba ataviada con la túnica Slytherin como lo había venido haciendo desde hace una semana y media. Parecía imposible que el mundo la hubiera olvidado en tan poco tiempo, pero así era.

Realmente ese no era un punto que le gustara meditar, prefería concentrar su atención en descubrir el nombre de la madre de Vanessa y sus motivos para querer asistir a ese baile.

Draco Malfoy pasaba por el mismo pasillo que ella acompañado de Pansy Parkinson y Blaise Zabbini. La joven iba muy cerca de este último que probablemente hablaba de algún tema sin importancia.

Como siempre que sucedía ese tipo de encuentros desde su última confrontación, Draco le lanzó una mirada frígida y ella se la devolvió con el mismo ímpetu.

Extrañamente cuando pensaba en ese encuentro que tal vez se llevaría a cabo esa noche, la oscuridad se disipaba un poco dejando penetrar a pequeños rayos de calidez, que desaparecían tan rápido como llegaban con esa clase de confrontaciones no verbales.

Lo aborrecía.

Había querido dormir sin soñar, pero sabía que era necesario para descubrir algunas claves de lo que sucedía. Lamentablemente esa noche no había obtenido ningún tipo de respuesta. Sólo había recordado el primer baile, ese donde dejó de sentirse entera.

-¡Ten cuidado!- gritó una joven de cabello negro y ojos marrones cuando Hermione la empujó ligeramente por venir desconcentrada.

-Perfecto- se dijo Hermione a sí misma, sin dirigirle la palabra a la joven que esperaba una disculpa, curioso, si recordamos que en algún tiempo remoto fueron algo parecido a amigas.


La clase de Trasformaciones fue particularmente aburrida para ella, no sentía ningún ánimo por continuar, pero decidió prestar algo de atención, Vanessa no era tan descuidada después de todo, y tal parecía que su verdadero yo sí tenía esa característica.

Malfoy no asistió a la clase, como muchas veces sucedía. De vez en cuando se desaparecía, ella había notado esas ausencias. Vigilaba sus movimientos, quería encontrar una oportunidad para descubrir lo que el muchacho escondía.

Ya que no existieron mayores complicaciones durante el resto de la tarde se dirigió a la torre de premios anuales a cambiarse de ropa para prepararse para el baile.

-Malfoy no está- pensó entrando a su habitación con una mirada perdida.

Había otro vestido en una de las cajas de Vanessa, pero prefirió volver a ponerse el atuendo anterior.

¿Quería ser reconocida? Ni ella misma lo sabía…

Acarició la tela y la enrolló entre sus dedos, tomó el vestido y lo contempló, el antifaz estaba sobre la cama, y ella tenía una larga noche por delante.

Evitó mirarse al espejo mientras se vestía, era mejor para su mente.

Horas más tarde, la dama oscura salía de su escondite sin ser vista.


Dentro del salón… Draco Malfoy se encontraba vestido pulcramente, con el mismo atuendo del baile pasado.

Las luces entre rojizas y amarillas daban una atmósfera cálida. Las parejas previamente formadas hacían su ingreso en un desfile de colores, voces y formas.

Pero nada sobresalía de ese colorido insulso como lo llamaba Draco.

Es pues que sin la oscuridad, la luz no brillaría… se tornaría monótona y vacía… hueca, tan parecida a la relación entre el bien y el mal que se necesitan y repulsan con la misma intensidad.

Pero ella atravesó por segunda vez las puertas del salón con su belleza imponente, sin color, pero furiosamente llamativa, con su armonía propia, en un paso lento y decidido, que ahuyentaba y atraía como un imán, de igual forma.

Hermione Granger, desvió su mirada fría de las parejas bailando y lo buscó con sutileza, odiándose mientras lo hacía, porque quería ser inerte al mundo, inerte a él y su mente la traicionaba.

Sí. Su mente, porque ella no tenía alma y mucho menos corazón.

Se acercó a la pared donde lo vio por primera vez y sintió amargura al comprobar que él no se encontraba. Y su rencor fue aún más intenso.

Pero la respiración cálida detrás de ella y la mano firme que le sujetó el brazo, fueron suficientes para delatarlo.

-La muerte- susurró ella y fue oída por él, ambos se estremecieron involuntariamente.

Él sabía que esa voz le era familiar, pero no podía asociarla a nadie en especial, solo estaba seguro que necesitaba volverla a oír.

Ella giró su cuerpo hasta encontrarse atrapada entre esos ojos cuyo color no alanzaba a distinguir por el brillo de las luces y los colores externos a su contacto que distorsionaban lo que ella quería apreciar.

Él se mantuvo fijo en su posición, aún manteniendo una mano sujetando el brazo de ella. Sus labios oscuros y sus ojos llameantes lo hacían perder la conciencia, y no tenía idea del porqué.

Ambos fríos y calculadores, ambos muertos, ambos ardiendo por un fuego desconocido que los atrapaba en sus encuentros, dirigiéndose como en una ocasión anterior sumergida en el pasado, a bailar. Tal vez por última vez…

-¿Quién eres?- preguntó ella aún susurrando, como si temiera que él descubriera quien era.

-La muerte- dijo él repitiendo la frase que momentos antes había escapado de los labios de ella.

-Yo…- intentó decir ella, pero un gesto de silencio la hizo dejar su frase a medias.

-Tú... eres la dama oscura- le dijo él en el mismo tono confidencial que ella había usado.

-La dama oscura- repitió ella en su mente, grabando aquel sobrenombre.

Las presentaciones habían sido hechas, ellos por su parte seguían bailando, apartados del mundo, perdiendo la conciencia, sabiendo que la realidad les daría una estocada al amanecer.

¿Cómo se puede culpar a la noche por querer tocar con sus dedos muertos los rayos del sol o la alborada? Es imposible.

Ella se perdió con él en ese torrente de notas rotas y difuminadas que no alcanzaban a tocarles, el sentir su tacto cercano roía los cimientos de su odio, y sabía que no debía, que pecaría por su culpa, que moriría si se lo pidiera en ese instante, y no podía entregarse de ese modo.

Intentó recordar a sus antes amigos, el cadáver de Vanessa, la fotografía, el cuadro, el cofre, las risas, los llantos, la rabia, la sangre… Pero aún así no podía dejar de verlo con ardor.

La sublime melodía se hacía cada vez más ligera y ella no pudo contener las palabras que surgieron luego…

-Quiero verte de nuevo-

Él pareció quedarse suspendido con esa idea fija, pero tras meditarlo un segundo respondió con la seguridad que lo caracterizaba, pero aún en un susurro.

-No puedes verme más que con esta máscara, yo te haré saber cuando- concluyó el.

Hermione solo pudo asentir con la cabeza e intentó alejarse, temiendo algo inexacto.

-Aún no- dijo Draco tomando entre sus manos la muñeca de ella y conduciéndola afuera del salón.

Debió haber sentido recelo, titubeado, resistido, pero lo siguió con placer, ella quería estar unos segundos más de lo que quedaba de su vida junto a él.

Draco sabía que no era lógico su comportamiento frente a una perfecta desconocida, que no tendría que estar haciendo ese tipo de acciones, nada típicas en él, pero sus manos la asían con decisión y sus piernas se movían aún en contra de sus deseos.

La condujo hasta los jardines del castillo y ambos contemplaron la tranquilidad que los envolvía, alejados del bullicio del baile, las risas y la luz.

-Hace tanto que no disfrutaba de la noche- susurró ella.

-La prefiero al día- dijo él.

-Ahora también yo- dijo Hermione, -hubo un tiempo donde el día reflejaba mi alma-

-Pero ahora esta se ha oscurecido- completó él.

-Sí…-

Ambos permanecieron en un silencio absoluto, mientras él la sujetaba aún por el brazo.

Lentamente él fue haciéndola avanzar hasta estar frente a un viejo árbol de ramas espesas y abigarradas y le indicó que se sentara en una raíz sobresaliente.

-Es más cómodo desde aquí- dijo él.

Ella giró lentamente la cabeza y lo observó. Imponente. No distinguía bien su cabello, solo sabía que era entre rubio y castaño claro y sus ojos al parecer azules. La noche parecía su aliada en ese complot para que su identidad no le fuera revelada.

- Espérame mañana en la noche aquí- le dijo él desapareciendo de su vista.

Hermione se quedó con la imagen de él frente a ella, su mirada y el recuerdo de su presencia. No sabía si realmente lo volvería a ver al día siguiente, pero le pareció absurdo pensarlo en ese momento.

Tan solo apoyó la cabeza en el tronco y continuó mirando el cielo.


Como era de suponer… la mañana siguiente despertó algo cansada y sin mucho ánimo. Recordaba vagamente los acontecimientos de la noche anterior, pero se sentía algo mareada. Lo suficiente como para que olvidara por unos instantes su misión mientras iba a bañarse. Ya era tarde, Malfoy no se encontraba a esa hora en la torre. Salía temprano y no regresaba hasta entrada la noche.

Mientras se sumergía bajo el agua tibia, pensó.

Seguramente habría algún documento de Vanessa, un registro, algo donde figurase el nombre de su madre, tal vez alguien lo sabría. Tenía que buscar ese documento o a esa persona, era su única oportunidad. Pero después de todo…no tenía mucho que perder, nadie sospechaba de sus planes.

Esa tarde se le ocurrió una idea mejor. Preguntaría en la cocina, algún elfo debía tener información, después de toda la familia de Vanessa debía ser conocida.

Al ingresar, se acercó a un pequeño elfo que se encontraba en una esquina, había sido enviado con Vanessa de su otro colegio. Era lógico que la conociera.

-¿La señorita Stendrak, necesita algo?- preguntó el elfo inmediatamente.

-Perfecto- se dijo mentalmente Hermione.

-Si…- dijo Hermione sentándose en una silla.

-Dígame, Yibbs quiere complacer a la señorita Stendrak-

-Calla- siseó dura Hermione. –Quiero que me digas lo que sabes de mi madre-.

-Yibbs no puede hablarle de sus padres a la señorita, es prohibido- dijo el elfo con temor reflejado en la mirada y algo de confusión.

-Su nombre completo- dijo Hermione con un tono de voz escalofriante.

-¿Quiere que le diga el nombre de su madre?- preguntó el elfo sin entender.

-Dilo ahora- le dijo Hermione colocándole su varita en el cuello.

-Anette Stendrak- dijo el elfo aterrorizado.

-¡Su apellido!- dijo con ira, apretando más la varita contra el cuello del elfo.

-B…Bo…Bortlett- dijo el elfo en un chillido.

-Anette Bortlett- repitió y una sonrisa sin sentimientos se formó en su rostro.

-No dirás nada de este encuentro jamás- dijo Hermione. – o… morirás-

-Yibbs no dirá nada¡Yibbs jurar!-chilló el elfo.

-¡Vete!- gritó ella autoritaria.

-Yibbs irse, Yibbs irse- dijo el elfo temblando mientras se apartaba y desaparecía de su vista.

Hermione sintió una ola de excitación recorrer su cuerpo. Finalmente había conseguido lo que tanto deseaba.


Corrió, corrió velozmente hasta la torre de premios anuales.

Sabía que estaba desierta y no le importó entrar intempestivamente.

Al ingresar a su dormitorio sintió el frío recorrerle la espina dorsal. Pero no le importó.

-¡Anette Bortlett!- dijo con seguridad apoyando su mano derecha en el cuadro. Esta última lo atravesó con facilidad y vio como la imagen se distorsionaba y de en medio de esas manchas difusas sacaba un libro.

Al tomarlo por completo vio el cuadro volver a su estado normal.

Las tapas del libro eran de una piel extraña y tenía grabada la palabra "ANETTE" en relieve.

Sintió las tapas frías al contacto y cerrando los ojos lo abrió cautelosa.

Al enfocar su mirada en esas hojas amarillentas descubrió anotaciones hechas con una impecable caligrafía.

-Un diario- se dijo.

Parecía no haber sido abierto en años, pero eso era imposible, Vanessa debía conocer ese secreto. Ella obviamente sabía el nombre de su madre y había descubierto la clave.

Pero tal parecía no había tenido tiempo para ver el diario.

Leyó unas notas de las últimas páginas

"No puedo creer todavía la clase de encargo que se nos ha encomendado, sé perfectamente que él no es de confiar y no pienso exponer a Vanessa a todo esto. A pesar de lo que me diga no la llevaré conmigo, después del incidente pasado nada es seguro con ese hombre".

Un pequeño ruidito la hizo perder la concentración.

-Será mejor guardar esto hasta mañana- se dijo mientras devolvía el diario a su lugar.-Sé que sucederán cosas extrañas-

Qué cierto fue ese presentimiento...

Fin del Cap


by Katelau