Torrente
Cap 7
Indecisa.
Era exactamente como se sentía Hermione esa mañana, por un lado se enfrentaba al hecho de descubrir nuevas piezas en el horrendo rompecabezas que se había convertido su misión y por el otro parecía volver a albergar esperanzas de un futuro mejor al lado del enmascarado que había perturbado sus sueños.
No podía permitirse sentir, ese era un privilegio monstruoso del que prefería privarse, por algo había preferido enterrar sus emociones pasadas y enfrentarse de ese modo frígido a las pruebas que le tocaba superar.
-Qué hacer- pensó abstraída. –Si me encuentro esta noche con él, será como aceptar mis debilidades, cosa que no estoy dispuesta a permitir, pero a pesar de todo siento ese magnetismo violento que me arrastra a estar cerca-
Las conversaciones de unas jóvenes en una esquina le recordaron un detalle que había omitido. Ellas hablaban de estar perdidamente enamoradas mientras entre suspiros describían las torpes hazañas de sus adorados novios.
-Ilusas- pensó Hermione examinándolas de reojo. –Pobres tontas que aún creen en vulgares palabras de amor, cuando saben dentro de sí, que los sentimientos que albergan no valen nada, pero por lo menos me sirvieron para aclarar mis dudas- se dijo sonriendo mentalmente. -Muerte, ten por seguro que esta noche iré a encontrarme contigo- susurró para sí.
-¡Habla!- Gritó una voz seca.
-¡No… no lo debes leer, trae escrita tu condena, no lo leas te lo ruego, muerte, muerte, todos mueren!- Chilló otra voz, a la cual le siguió un ruido sordo, y luego el silencio…
Frío.
No comprendía aún como era posible que hubiese retrasado tanto el momento de abrir el diario de la madre de Vanessa, sabía que era la mayor pista que tenía para desenredar esa madeja de secretos perfectamente guardados que habían arrastrado a su alguna vez amiga a la muerte.
El tacto de ese diario era suave y frío, la línea elegante del libro la hacía recordar los objetos favoritos de Vanessa, pero sabía que era una torpeza recordarla cuando se había prometido a sí misma no pensar en ella de un modo afectivo, no hasta que vengara su muerte.
Abrió el diario, esta vez en una de las primeras hojas, la tinta oscura dibujaba perfectos trazos, mas con ideas algo confusas en un principio.
"Qué hacer… no estoy segura de la decisión que tomé al rechazarlo de esa manera, debía comprender que estaba destinada a casarme con un Stendrak, más aún con él. No sé como tome mi embarazo, lo más seguro es que intente vengarse de mí, será mejor que nos vayamos por un tiempo, solo espero que el señor oscuro no lo impida"
El resto de la hoja lucía descolorida e ilegible, al pasar la página pudo entender otro fragmento.
"No puedo creer que le dijera al señor oscuro de mi embarazo tan pronto, y que este haya decidido recargar semejante misión sobre mi hijo, no puedo hacer nada, soy una mortífaga y así odie serlo, debo dar la mejor impresión posible. No hay escapatoria, el mal ya trazó su camino, pero si creen que permitiré que eso mismo suceda con mi bebé están muy equivocados, me encargaré de impedirlo, estoy segura que mi esposo me ayudará, el desprecia tanto como yo este mundo"
Las hojas amarillentas que seguían a la de ese fragmento eran muchas donde solo se podían rescatar algunas palabras y frases sin sentido, a las que Hermione no dio importancia.
Sabía que el mejor modo de entender lo que sucedía era analizar cuidadosamente cada parte del diario.
-Por lo que he leído-, se dijo deteniendo su búsqueda de más fragmentos interesantes, -la madre de Vanessa se casó con el señor Stendrak, ambos provenían de familias mortífagas y he podido comprobar la presencia de una tercera persona en esta historia, sospecho que es alguien que decidirá muchos acontecimientos-.
Vio un momento por la ventana y reconoció el paso del tiempo y la proximidad de la hora de su encuentro.
Se levantó de la cama y guardó el diario tras el cuadro. Luego permaneció inmóvil por algunos minutos, tratando de encontrar alguna respuesta a sus repentinas dudas.
Dirigió su mirada por segunda vez al cristal, y tomó una decisión rápida. Iría.
Vio un vestido negro que sabía que Vanessa no había usado, colgado en su armario y se lo colocó, sobre este se pudo una capa negra y escondió su largo cabello negro. Se colocó el antifaz del baile, decidida a que ese sería el último encuentro.
Faltaba muy poco para la hora indicada, lo más sensato era aguardar, no sabía porqué el desinterés a su misión cada vez que lo recordaba. Era una especie de abstracción. Tal ves si hubiese razonado sus emociones en ese instante hubiera podido comprender el sendero que estaba tomando e impedirlo, pero el destino ya había hecho su jugada, y ella había caído en la misma trampa de la que alguna vez quiso escapar.
Porque no hay nada que huya del destino, es inevitable sujetarnos a sus deseos, y es que por más que anhelemos escapar este nos atraerá con su hechizo subliminal.
La noche llegó con lentitud y fue cubriendo los terrenos de Hogwarts indiferente a lo que sucedería.
El cuerpo de Vanessa se deslizó por la ventana de su torre, como había hecho una semana y media antes. Faltaba solo dos semanas y algunos días para que el señor oscuro le reclamase la llave… pero tendría tiempo para pensar en ello, esa noche era suya.
Los árboles y el cielo le causaban una extraña sensación. El viento débil agitaba el borde de su capa haciendo que esta ondeara suavemente.
Hermione pudo visualizar el árbol de su encuentro pasado y sintió apremio por llegar hasta él. Pero un crujir a espaldas suyas le indicó que él ya estaba ahí.
-La muerte ha llegado despacio-, dijo ella sin girar.
-Pero aún no puede llevarse a la dama consigo-susurró una voz en su nuca, tan fría y seca como la recordaba.
Ambos hablaban en susurros y mantenían sus rostros ocultos bajo los antifaces de sus respectivos disfraces. Tal vez de encontrarse a plena luz del día o con algún tipo de iluminación se hubiesen examinado al punto de descubrir quienes eran en realidad.
Durante su encuentro en el primer baile, ninguno sospechaba de la existencia del otro, mas ahora sus rasgos los hubieran delatado. La forma en que se recordaban estaba distorsionada por cientos de velos imaginarios, de tal modo que les era completamente imposible adivinar quien era su acompañante esa noche.
-Tal vez pueda- dijo ella regresando al mundo real.
-Tal vez…- repitió él mientras ella avanzaba hasta el árbol y se recostaba en él.
-¿Crees que son correctos estos encuentros?- preguntó Hermione luego de un largo silencio.
-No lo se, supongo que deberíamos evitarlos, pero es algo difícil de explicar- dijo él mirando hacia un lado.
-Me atraes de forma extraña, no puedo comprender que es lo que me ha impulsado a venir hacia ti esta noche-dijo ella.
-Todo lo que desconocemos nos atrae- dijo Draco.
-Si… no hay nada más atractivo que aquello incomprensible- admitió.
-¿Estás conciente que este será nuestro último encuentro, cierto?- preguntó él.
-Siempre supe que acabaría tan rápido como comenzó- dijo asintiendo.
-Por ello es mejor aprovechar la noche-
-Debo preguntarte algo-
-Dime-
-¿A qué le temes?- preguntó ella.
-A morir sin haber alcanzado todo aquello que deseo-dijo enfático. -¿Y tú?- preguntó.
-A no tener el tiempo suficiente para cobrar mis venganzas-
-Parece como si a ambos nos quedara poco tiempo- dijo él mirándola.
-Tal vez-, respondió ella sin desviar la mirada.
Él tomó su muñeca con firmeza y la atrajo hacia sí. Ambos quedaron a milímetros de distancia, oyendo las respiraciones pausadas del otro. Y ella tomó una decisión, una que le costaría todo por cuanto había luchado.
Hermione se vio reflejada en sus ojos claros, y olvidando sus ideas confusas lo besó. No fue un beso de amor, no, era pasión, el deseo por una vida plena que ambos sabían que no podían alcanzar, un beso amargo y excitante al mismo tiempo. Ella tembló contra su pecho embriagada por las sensaciones placenteras que un simple roce le produjo.
Él se separó ligeramente de ella y la miró con fijeza, como tratando de descubrir algo más allá de sus ojos.
-¿Te irás?- preguntó ella.
-Será lo mejor- concluyó él. -Es una lástima que nos conociéramos de este modo-
Una mueca se dibujó en el rostro de Hermione. –Estoy segura que así nos hubiésemos encontrado en otro tiempo y en otras circunstancias, la separación hubiese sido igual de inevitable-.
-Tal vez no, pero en este mundo no hay hubieras- dijo él levantándose y ayudándola a sostenerse, para luego comenzar a irse.
Mil y una ideas cruzaron por su mente en ese instante, aún sentía que le quemaban los labios y una inexplicable necesidad por saber quien era el hombre detrás de la máscara, así nunca lo volviera a besar, así nunca volviera a escuchar su voz o verse en sus ojos, así él no existiera más, lo necesitaba saber.
Fue una decisión de segundos, lo que la impulsó a seguirlo y en contra de su sentido común…
Fue tras él.
A medida que Draco apuraba el paso, ella se concentraba en seguirlo desde muy lejos, había desarrollado la habilidad para seguir a las personas sin ser descubierta, una de las tantas veces en las que Vanessa había querido enseñarle herramientas para mejorar, y que ella inocentemente había creído eran impartidas en su antiguo colegio.
Muy tarde se vino a dar cuenta que eran técnicas mortífagas, luego de haberlas perfeccionado podía poner su vida en riesgo, segura que lo superaría con sus conocimientos, aunque estaba demasiado insegura como para confiar plenamente en sus habilidades.
La visión delante de él la dejó estática, él se había detenido delante de la torre de premios anuales y había girado hasta obligarla a salir de su escondite.
Fue en ese instante cuando la Muerte se quitó su primera máscara. Mientras un grito de horror escapaba de los labios de Hermione al contemplar su rostro por completo.
Frente a sus ojos la imagen de Draco Malfoy se distinguía entre las sombras y un repentino mareo la asaltó, no podía creer el grado de torpeza que tuvo al no haber podido relacionar esos ojos, con él.
La mirada que le dedicó la dejó helada, él quería que ella mostrara su rostro también, pero Hermione no podía permitir que su primera barrera ante él cayera.
Y corrió. Lo más rápido que sus piernas le dieron, hasta las puertas del bosque prohibido, sintiendo el pecho oprimido y una punzada de rabia hacia si misma.
Pero un brazo la asió con fuerza y detuvo su marcha casi haciéndola tropezar.
-Yo te mostré mi rostro-, dijo Draco en un tono neutro, dejando de hablar en susurros.
-Déjame ir- susurró ella.
-No estoy seguro del motivo de tu horror al descubrir mi identidad, pero deseo saber la tuya en este instante-, dijo girándola hasta pegarla contra su pecho.
-¡No!- dijo ella tratando de separarse de él.
Draco se limitó a colocar una mano en el antifaz de Hermione, mientras ella le miraba horrorizada sin poder evitar que se lo retirara.
Una sonrisa de suficiencia se formó en sus labios. -El mismo día que te conocí, supe quien eras- siseó.
Ella le sostuvo la mirada un instante más y se soltó de su agarre.
-Tal vez ahora no sea necesario que dejemos de vernos- dijo él.
-Aquello que me ligaba a ti, murió en el instante en que supe quien eras- espetó ella.
-Desde el instante en el que te conocí, nació- dijo él, -eres mía y haré contigo lo que me plazca-.
-Te odio- dijo ella en un susurro bajo.
-Y yo a ti- contestó él. –Con la misma intensidad con la que te deseo- finalizó para luego irse sin decir palabra alguna.
Hermione sintió náuseas y lloró de rabia. Sentía que le había dado algo de ella, a él, a uno de los seres que más despreciaba, que la había atormentado por años. -¿Por qué él?-dijo con un grito ahogado.
Mientras que la noche continuaba, inmune a sus reclamos, a su dolor… la historia se estaba escribiendo, lamentablemente aún faltaba el final.
Sentía frío, intenso, destructivo. Le costaba moverse, cada fibra de su ser se encontraba adolorida y su respiración era ligeramente entrecortada.
Entonces aún atrapada entre sus ensoñaciones recordó…
Esa noche mientras lloraba, había oído un sonido extraño a sus espaldas, la cercanía con el bosque prohibido y el olvido de su varita la angustió.
Corrió. Sabía que era lo único que podía hacer, tenía terror de enfrentarse a esa presencia extraña, no se sentía capaz ya que el descubrimiento la había debilitado.
Llegó al pie de la ventana de su alguna vez dormitorio, y pudo ver que la ventana no estaba correctamente cerrada. Era la mejor forma de evadirlo, pensó tiritando de frío.
Unos pasos cerca de ella la obligaron a esconderse detrás de una saliente de la pared. Y pudo escuchar una extraña conversación.
-¿Tienes idea de lo que puedes causar sino cumples su orden?- Preguntó una voz con ira.
-Esa voz…-susurró Hermione. –Lucius Malfoy- pensó casi al instante.
-Se muy bien que hago padre, no debe inmiscuirse- dijo la conocida voz de Draco.
-Insolente- gritó Lucius, y luego un golpe y otro y otro más, pero Draco no pronunciaba señal de dolor alguna.
-Más te vale tener las respuestas muy pronto, en tres días volveré y si no haz logrado ningún progreso… pagarás- siseó Lucius tras cesar el castigo.
Unos pasos alejándose fue lo único que pudo distinguir Hermione.
Al asomarse, pudo ver a Draco golpeando con los puños el suelo, mientras un hilo de sangre se deslizaba desde su labio hasta el mentón, estaba roto, su rostro lucía rojo por los golpes, y a pesar de todo Hermione se sintió algo cohibida.
No supo porqué se acercó. Ella quiso creer que aún estaba aturdida. Que aún usaba el antifaz.
-Malfoy- susurró despacio sin creer aun la visión frente a sus ojos. El siempre altivo Draco Malfoy lucía derrotado e impotente, en el suelo y a sus pies.
-Vete- dijo él con amargura sin levantar la mirada.
Ella se agachó hasta estar a su altura.
-Malfoy- repitió.
-Te dije que te fueras, mujerzuela- dijo él de pronto sujetándola del cuello con violencia y haciéndola caer de espaldas.
-Suéltame- dijo ella temblando por el frío y el odio inmenso que vio en sus ojos grises.
-Él se colocó sobre ella y le abrió los brazos, colocándolos uno a cada lado de su cabeza, impidiéndole a Hermione moverse de alguna forma. Estaba acorralada.
-Déjame ir- dijo ella en voz baja sintiendo la rabia recorrerle las venas.
-Tú eres la culpable de esto, si me hubieras dado lo que te pedí cuando te lo ordené no estarías hoy aquí, ahora pagarás lo que me han hecho- dijo él sujetando ambas manos de ella con una sola de él y rasgando la capa de ella con la otra.
-¡No me toques!- dijo ella asqueada, le repugnaba su contacto, su aire frío, aún no podía creer que él era el enmascarado del baile.
-¿Por qué no¿Ya no eres tan rebelde como antes?- preguntó él. – ¿Ya no quieres burlarte?-
-No pretendía hacer eso - dijo ella con lentitud.
-¿Y que pretendías al acercarte a mí?- dijo él enfurecido apartando la capa mojada de Hermione de su cuerpo y subiendo el borde de su vestido por las pantorrillas de ella, mientras le clavaba sus dedos en la piel que iba descubriendo, mientras ella solo alcanzaba a removerse debajo de él.
-Nada- dijo ella con ira. –Pero no creo que desees abusar de mí, cuando puedes tener a quien quieras para descargar tu rabia-
-T ú eres la que tiene que pagar- dijo él subiendo su mano hasta el muslo de ella que se sintió asqueada de su contacto.
-Si eso es lo que quieres tómame- dijo ella en un arranque de valentía, sentía la boca reseca y un inicio de dolor de cabeza. –Pero recuerda siempre, que eres igual a tu padre y que has abusado de mí igual que él lo hace contigo y con tantos otros, que eres una copia de él y que te has convertido en todo lo que desprecias- le espetó sin ningún atisbo de duda.
La furia de Draco aumentó por un momento y le dio una bofetada que la aturdió.
Draco se levantó furioso y vio su obra.
El cabello lacio negro caía esparcido entre el césped. La capa lucía desgarrada a su derecha, el escote del vestido estaba algo movido y la falda levantada por una pierna. La nariz le sangraba un poco, pero sus ojos abiertos no mostraban nada.
-¡Levántate!- dijo él desordenándose el cabello con una mano, mostrando una pizca de emoción que luego se desvaneció hasta perderse en su gélida mirada.
Hermione trató de coordinar sus movimientos y se levantó del suelo. Se había conseguido poner de pie, pero luego solo oyó un ruido a lo lejos y un aroma a lluvia y a él.
Sus ojos aún estaban cerrados, recordaba ese corte en negro y luego la nada… no tenía idea de donde estaba. Pudo reconocer la suavidad de una almohada contra su rostro, una tela delicada entre sus piernas y poco a poco entreabrió sus párpados. Se dio cuenta que se encontraba boca abajo, pudo distinguir seda verde oscura y al ver su cuerpo se percató de que llevaba puesto el mismo vestido de la noche anterior.
Al despertar por completo y girarse, observó que estaba en una habitación. No era la suya ni la de Vanessa, era la de él. La reconoció con facilidad.
Hermione se removió entre las sábanas, intranquila. Se revisó, estaba como la última vez, no parecía haber sido dañada nuevamente de ninguna forma, y no había rastro alguno de Draco por la habitación.
Se puso de pie. No encontró su capa ni sus zapatos, pero fue lo último que le importó, quería salir de ahí rápidamente.
Aún se sentía algo desorientada y tubo miedo de caer al suelo, pero se sujetó rápidamente a la cama.
Al abrir la puerta y dar un vistazo a la sala, observó su cabellera rubia en el sofá central. Estaba plácidamente dormido, y con restos de sangre en su rostro, no se había preocupado en arreglarse luego de lo sucedido.
Se recordó mentalmente lo que él le había hecho, y que se merecía cualquier mal. Intentó recordar sus buenos tiempos cuando él se encargaba de torturarla. Buscó sentir odio, rabia, repulsión, pero no lo consiguió y sintió correr en su cuerpo algo que no pudo explicar, pero todo lo que había concebido hasta entonces se vino abajo.
Corrió hacia su habitación y cerró la puerta con un hechizo.
Había encontrando la varita de Vanessa sobre la cama.
Se colocó una bata de seda azul marino y se amarró el cabello. Salió de su habitación y se fue directo al baño, el cual cerró también con el hechizo más fuerte que recordaba.
Media hora después salió de la bañera completamente relajada. Había examinado su rostro y se dio cuenta que no quedaban rastros de daño. Se veía igual que siempre.
Pudo darse cuenta que ya era entrada la mañana. Ese día no habría clases, se recordó mentalmente.
Salió y pudo volver a ver a Draco en la misma posición en la que lo vio por última vez. No supo porqué pero sintió un impulso por acercarse hasta él, examinándolo con cuidado, había algo extraño en todo eso. Le tocó la frente, y comprobó su presentimiento, él sudaba y ardía en fiebre.
Una sonrisa maligna recorrió su rostro, estaba muy mal, probablemente si se quedaba de ese modo podría incluso…
Los ojos de Hermione se abrieron ante sus propios pensamientos, realmente lo odiaba al punto de desear su muerte y lo que es peor no sentía el menor remordimiento. Había cambiado. El ver al arrogante Draco Malfoy a su merced elevó su orgullo.
-Agua- susurró él entreabriendo los ojos.
-Ruega- dijo ella sentándose a su lado.
-Agua- repitió en voz casi inaudible. –Por favor-
No supo jamás que fue exactamente lo que removió su interior, si el hecho de haber triunfado sobre él, o la forma en que pronunció esas dos últimas palabras.
Le dio de beber con lentitud, controlando la temperatura de su frente. Era la primera vez que lo tocaba de ese modo siendo él Draco Malfoy. Estaba algo insegura de continuar o no, podía llamar a alguien, pero tendría que explicar que le había sucedido y eso sería complicado. Era mejor esconderlo.
La ropa de Draco estaba empapada. Con un hechizo la secó al instante, pero pudo apreciar que el calor corporal de él estaba casi perdido. Le sacó los zapatos, algo insegura y retiró su capa.
Su respiración era algo agitada. Le abrió el cuello de la camisa y lo cubrió con unas mantas que encontró.
Al observar su rostro se dio cuenta del daño que Lucius Malfoy había causado en él.
Pero eso no era lo importante en ese momento, la fiebre no cedía así que supo sería un día muy largo. Agradeció infinitamente que Vanessa estuviera preparada para muchas cosas ya que tenía una poción excelente para casos como ese.
Esperaba que la fiebre bajara pronto… pero no fue así.
Habían pasado muchas horas y seguía pésimo. Trató de enfriarlo con paños húmedos, como su madre hacia con ella cuando niña. Ese recuerdo la dejó con un sabor amargo y solo por un instante deseó que muriera, que agonizara frente a sus ojos. Pero la maldad de ese pensamiento se esfumó tan rápido como vino.
No había podido vestirse aún, no había hecho los deberes, no había continuado con su investigación, no había comido… eran las 7:30 p.m. y el cielo se veía oscuro.
La fiebre había ido disminuyendo por la tarde y ahora parecía que dormía apaciblemente.
Al ver que su cuerpo parecía tener algo de calor le quitó una de las mantas y sin querer tiró de la otra, la cual cayó al suelo. Al levantarse para volvérsela a colocar pudo observar en una rendija entre los botones de su camisa una especie de cicatriz.
Sin poder evitarlo le abrió por completo la camisa y pudo ver cosas que sin saberlo disminuyeron su desprecio por él.
Jamás podría perdonarlo, eso era algo muy claro para ella, moriría con el recuerdo negativo de él. Pero se dio cuenta que a pesar de sus deseos, de sus posturas fuertes, seguía teniendo el alma compasiva de siempre; aunque se fijó que desde el momento en que había adoptado su nueva apariencia, se había vuelto más radical y no temía dañar. Aunque a pesar de ella misma su esencia permanecía dentro de sí, en alguna parte.
Hermione acercó sus dedos a la cicatriz de su torso, no era muy grande ni notoria, parecía que fue hecha cuando él era muy niño, también observó un moretón a la altura de su hombro, hecho seguramente por su padre la noche anterior. Lo tocó ligeramente con algo de lástima y fue violentamente sorprendida por una mano firme que alejó la suya.
-¿Qué crees que haces Stendrak?- siseó él levantándose del sofá.
-Nada- dijo ella adoptando nuevamente la postura a la cual lo tenía acostumbrado mientras se ponía de pie y tomaba las mantas del suelo.
-¿Pasaste todo el día aquí?-preguntó mirándola fijamente.
-Sí y ya que veo que estas mejor, así que me voy- dijo ella.
-¿Sabes que pudiste haber acabado conmigo cierto?- preguntó él.
-Lo sé, piensa que te perdone la vida- dijo ella algo confundida interiormente por lo acontecido.
Sintió que él se paraba y la hacia girar.
-No acostumbro tener deudas con nadie-dijo él mirándola fijamente.
Fue una ilusa con su respuesta siguiente, pero no supo porqué en ese instante olvidó que esos ojos que la observaban de esa forma eran los de Malfoy.
-Págala- dijo ella mirándolo fijamente.
Y el destino de ambos se selló por completo.
Fin del Cap
Gracias a SamarKanda y a karyta34
