Seda Roja
Cap 6
La mirada fija de él logro estremecerla ligeramente, pero sabía perfectamente que no podía permitir que él se diera cuenta del estado de confusión en el que se encontraba.
-¿Y bien?- dijo Hermione altanera.
-Muy bien Stendrak… hasta que al fin te pronunciaste- dijo Draco acortando el espacio peligrosamente.
-Depende de a lo que te refieras Malfoy, sólo salve tu miserable existencia porque preferí evitar problemas, mantengo mucho mejor mis asuntos que tú y en cuestión al pago…- dijo retrocediendo un paso y mirándolo con repugnancia, -me refería a que obviamente pienso cobrarte el favor cuando sea oportuno.
-Pero yo hago lo que deseo Stendrak, y ya has caído, no puedes escapar de mí- le dijo él con voz profunda.
-No seas ridículo- le dijo Hermione con dureza. –No eres más que un cobarde y realmente me das asco-
El rostro de él, algo hinchado en zonas debido a los golpes recibidos, pasó de una expresión lujuriosa a una gélida y realmente atemorizante, para cualquiera que no fuera ella.
-No te atrevas a decirme eso nuevamente- dijo él violentamente tomando su muñeca derecha.
-Suéltame en este instante Malfoy- espetó ella, -veo que estas acostumbrado a agredir mujeres, como alguien que tu conoces muy bien- le dijo venenosa.
-Cállate víbora- le dijo él empujándola contra el sofá.
-Me halagas Malfoy, veo que eres inferior a mi, ahora comprendo porqué no tienes progresos en la misión que el señor oscuro te dio-
Draco pareció enfurecerse aún más y la tomó de los hombros y la sacudió violentamente.
-Dime lo que sabes- le gritó encolerizado.
-¿O qué Malfoy?-, dijo ella mirándolo malignamente mientras tomó con violencia la mano izquierda de él para luego retorcerla y golpear con la otra el moretón que él tenía en el hombro, por primera vez respondiendo físicamente a sus embates.
-Zorra-, siseó él intentando volver a apresarla.
-Hasta ahora no entiendo cuál es tu interés por descubrir mi misión si tú tienes la tuya propia, tal vez agradar a tu padre te lleva a ser lo que eres- dijo mirándolo asqueada.
-¿Lo que soy?- preguntó el con burla en su voz, mas permaneciendo con el rostro inescrutable.
-Realmente crees que estoy con Voldemort por motivos tan…- pero no continuó su frase y la miró dándole a entender lo que no había expresado con palabras.
-Me doy cuenta ahora que no- dijo Hermione intentando entender algo de él.
-Me importa muy poco los planes que tenga Voldemort, y mucho menos lo que le suceda a mi padre- dijo él con una mirada de odio profunda.
-Veo que coincidimos en algo Malfoy- dijo Hermione acercándose a la chimenea.
-Me di cuenta desde el inicio que tienes algo secreto que temes descubra- dijo él borrando su expresión anterior para poner una de autosuficiencia.
Me habla como a su igual porque cree que vengo de una familia sangre pura como la de él, se dijo mentalmente y expresó una sonrisa oscura.
-Eres tan malvada como yo, es por eso que me agradaste en un principio- dijo él.
-Tal vez, pero puedo asegurarte que en mi caso solo fue indiferencia-.
-¿La misma que me mostraste en nuestros encuentros?- preguntó él con sorna.
-No eras tú, era una sombra- dijo ella sin inmutarse.
- Trata de esconderlo de ti misma Vanessa-
-¿Porqué odias a Voldemort y a tu padre?- pregunto ella interesada.
- Siempre los odié, intentan controlarme pero soy demasiado inteligente para ellos- dijo él
-Demasiado arrogante- corrigió ella sin saber porqué dejó de sentir rabia por él e incluso llegó a agradarle su conversación.
-¿Por qué eres mortífago?- preguntó ella, sintiendo un nudo en la garganta, había empezado a dudar de muchas cosas con respecto a él.
-¿Por qué lo eres tú?- preguntó él.
-Aún no lo soy por completo, pero lo seré porque deseo venganza- dijo ella desviando su mirada.
-Venganza, en eso nos parecemos- dijo Draco.
-No creo que tengamos en absoluto algo en común- dijo ella.
-Pero lo tenemos Vanessa Stendrak, y ten por seguro que conseguiré todo lo que deseo de ti- siseó él mirándola fijamente.
-Eso lo veremos Malfoy- dijo ella firme.
-Debo decirte algo antes de irme- dijo Draco.
-Habla- dijo ella impaciente por que se fuera.
-Tu mirada ha cambiado- dijo y se fue a su habitación.
Hermione se removió incomoda en el sofá, no compendia esas últimas palabras de él.
Ella no había cambiado en nada, no podía haber cambiado en nada. Tenía miles de ideas en su cabeza, y no sabía cómo era posible que la indiferencia de un principio se hubiera esfumado. No era que hubiese dejado de desear vengarse o que hubiera algo de su inocencia anterior en su alma, era más bien que podía sentir cosas diferentes al odio profundo.
Se levantó con lentitud del sillón y se fue a su habitación.
Estaba a oscuras, pero la conocía perfectamente, sabía que le quedaba muy poco tiempo para resolver tantos misterios, que en algún momento leería todo el diario de Anette, y aceptaba que le daba temor descubrir algo en ese recuerdo de Vanessa.
Se colocó frente al espejo, su rostro últimamente pálido, muy parecido al de Vanessa, su cuerpo delgado enfundado en esa ropa oscura y elegante, el cabello negro como la noche, lacio y perfecto. Hermione no se atrevía a verse a los ojos, pero sabía que era inevitable.
Al contemplarlos descubrió a que se refería él. Estos ya no eran indiferentes al mundo, estaban cargados de sentimientos, negativos y confusos, había perdido algo importante para su misión y se juró a sí misma recuperarse.
Hermione colocó sus palmas sobre el frío espejo y deformó su rostro hasta volver a su expresión acostumbrada, gélida. Sabía que era una máscara, casi perfecta, funcionaría por el momento, pensó ella.
Unos ligeros toqueteos en su ventana la sobresaltaron.
Desvió la mirada hasta la ventana y vio una lechuza negra. No la conocía pero se daba una idea de quien podría mandársela.
Cuando pudo obtener el pergamino lo leyó con cuidado sin impactarse en lo absoluto.
Stendrak,
Ven a la entrada del bosque prohibido mañana por la noche, necesitamos hablar.
DM
-¿Malfoy?- se preguntó dudosa.
La nota era extraña, Draco y ella habían hablado hace poco, tal vez quisiera insistirle sobre…
-Es lo más probable- se dijo, arrugando la nota y colocándola sobre su mesa de noche.
No pudo dormir. Últimamente le costaba enormemente conciliar el sueño. Afortunadamente esa mañana fue relativamente tranquila. Malfoy no daba señales de vida y eso era verdaderamente extraño, más aún luego de su "esclarecedora" nota.
Le causó algo de sorpresa pero se supo reponer con facilidad. Pociones fue en extremo aburrida, teniendo en cuenta que ansiaba tener el valor suficiente como para continuar leyendo el diario de Anette.
-¿Hijo estás seguro de la decisión que vas a tomar?- preguntó una mujer mayor.
-Completamente mamá, será lo mejor para ambos- dijo un joven muchacho con cara de consternación.
-Si ya lo has decidido no puedo decirte nada más, que tengan suerte, cuídala mucho por favor- dijo ella.
-Ten por seguro que lo haré… tenlo por seguro…-aseguró él.
Por la tarde no asistió a clases. Tenía algunas concesiones después de todo. Tampoco pudo leer más del diario de Anette Bortlett, no se sentía preparada.
La noche llegó silenciosa y atemorizante, pero Hermione la encontraba incluso familiar. Después de todo, los acontecimientos más importantes de su vida sucedieron de noche.
No estaba segura de a qué se enfrentaba, pero tenía la sensación que ese no sería un encuentro agradable.
Se vistió lo más rápido que pudo. Esta vez usó el mismo traje con el que se presentó a la primera y única reunión mortífaga a la que había asistido hasta entonces.
Tomó con firmeza la varita de Vanessa entre sus dedos y se fue en busca de respuestas.
Draco Malfoy tenía el rostro desencajado, no se esperó algo como eso, pero si tenía claro quien era el posible responsable.
Había pasado todo el día en su misión, ya que luego de la conversación con su padre le quedó claro que debía apurarse si quería lograr lo que se había propuesto.
Sus planes fracasaron como hasta entonces había sucedido en cada encuentro. Regresó furioso a la torre común y decidió que era mejor obligar a Vanessa a decirle que era lo que escondía, así tuviera que acabar con ella, se había dicho impulsado por la rabia.
Ahora sus pies se hundían en el fango ocasionado por la tormentosa lluvia. Al encontrar esa nota en su dormitorio supo inmediatamente que algo malo estaba por suceder, algo que no había previsto, pero que impediría a toda costa. Al parecer no hacía mucho que ella había salido, o por lo menos tuvo esa impresión, porque sintió que todavía existían rastros del perfume que ella usaba en el aire.
La desesperación de enfrentarse a lo desconocido no era precisamente lo que lo atemorizaba en ese momento, sabía que su padre tenía mucho que ver, pero no estaba seguro de cuanto.
Hermione se encontraba en el lugar indicado a la hora indicada.
-Tal vez es algo tarde-, pensó.
-Stendrak- pronunció una voz a sus espaldas que no reconoció en un principio.
Al darse vuelta descubrió quien la había citado esa noche. –Lucius Malfoy- pronunció cautelosa.
-Exactamente Vanessa, hoy me entregarás eso que tan codiciosamente has venido guardando- le dijo con una expresión que hizo que la sangre de ella se helara.
-No entiendo a qué se refiere señor Malfoy- dijo ella intentando ver hasta que punto conocía de la existencia de la llave.
-Se muy bien que se encuentra en tu cuello- le dijo con una sonrisa falsa.
Hermione sonrió de medio lado, intentando descargar de algún modo su tensión. –No comprendo-
-Claro que sabes a que me refiero- dijo él cambiando su expresión de triunfo por una cruel. -Y si no quieres saber qué le pasó a tus padres por interferir en mis planes, será mejor que me la des- dijo él.
-Jamás- siseó ella con odio, al darse cuenta de la magnitud de las palabras de él.
No supo en qué momento tuvo la varita de él en el cuello, pero sus ojos delataron su asombro.
-Niña ilusa- le gritó.
Ella intentó tomar su varita, pero el bolsillo de su capa estaba completamente vacío.
-¿Buscas algo?- preguntó Lucius Malfoy con burla.
-Miserable- susurró ella con ira.
-Vanessa no te conviene ponerte en mi contra- dijo con sequedad incrustando su varita en el cuello de Hermione.
-No te la daré, primero muerta- dijo ella firme.
-No tienes más opción Vanessa- dijo mirándola con una fijeza inusual y un brillo extraño que Hermione no supo describir.
-Pero ahora que te observo, tienes un gran parecido con Anette- dijo él, -tal vez lo mejor será acabar contigo, pero antes…- dijo retirando ligeramente su varita pero sin dejar de apuntarla.
-No se atreva a acercarse- dijo Hermione horrorizada al ver la expresión en el rostro de Lucius.
-Anette, no tienes a dónde escapar, y esta vez él no vendrá a salvarte- le dijo.
-Soy Vanessa- gritó ella con profunda desesperación.
-Vamos¿o prefieres morir de la peor manera posible?- preguntó con el ceño fruncido y rojo de cólera.
-Prefiero morir mil veces y ser torturada a que me pongas un dedo encima- le dijo ella altiva.
-Eso fue un grave error- dijo él golpeándole el abdomen con el puño.
Ella contuvo un grito por la pérdida de aire y cayó de rodillas en el césped.
-¡No me toque!- gritó al ver cómo Lucius Malfoy, uno de los seres que más despreciaba en el mundo, se iba acercando a su cuerpo mientras ella aún en el suelo era incapaz de articular palabra y menos aún moverse.
Cuando él la tomó de la cintura con violencia y la empujó contra un árbol aún sin guardar su varita, ella forcejeó intentando soltarse de su agarre.
Vio cómo el susurraba algo entre dientes que no pudo determinar que fue, pero si se percató de las consecuencias en su cuerpo.
Deseaba gritar y correr, pero su cuerpo no le obedecía en lo absoluto. Parecía fijo a ese árbol e incapaz de defenderse.
Él le abrió la capa, con la misma violencia con la que su hijo lo había hecho hacía dos noches.
Deseaba llorar, matarlo, pero no podía evitar ver como la varita que alguna vez apuntara su cuello descendía por este mismo y continuaba bajando hasta colocarla a un lado de su cadera.
Las imágenes se comenzaban a distorsionar, no sabía si era producto del hechizo o estaba próxima a desmayarse. Repentinamente sintió el tacto cruel sobre su cuerpo, como ese hombre recorría su cintura y subía por su espalda. Sentía su aliento repulsivo contra su rostro.
Prefería morir a sentirse de esa manera. Ahora sabía lo que sentían esas mujeres cuando eran forzadas, entendía su deseo de terminar con sus vidas, sus ganas de venganza.
Sintió que él la jalaba de un brazo y la lanzó contra el piso. El golpe fue seco y el dolor no fue registrado por ella que se encontraba demasiado asqueada de Lucius Malfoy como para poner atención al padecimiento de su propio cuerpo.
Vio como él se acercaba hasta ella, y los recuerdos de Draco Malfoy le vinieron claros a la mente. Pero la expresión que veía en los ojos de su padre era completamente diferente.
Mientras él le abría la chaqueta negra, no pudo evitar pensar en la madre de Vanessa, tal vez ella pasó por una situación similar, recordó las lágrimas de una de sus amigas muggle cuando le dijo que su hermana se había suicidado porque le habían hecho algo similar a lo que ella estaba viviendo. Y se juró que si no moría, Lucius Malfoy pagaría caro su ofensa. Sintió como intentaba desabrochar la cadena para terminar arrancándola de su cuello y colocándola a un costado.
Hermione trató de olvidar su contacto brusco en su cintura y su tacto repulsivo en su cuello. Sentía que las lágrimas se derramaban por dentro de ella, y le ardían en la totalidad de su cuerpo.
Pero como si sus súplicas fueran escuchadas, vio como una luz blanca impactaba a Lucius y lo lanzaba contra el árbol en el que minutos antes ella estuvo apoyada.
Lucius Malfoy profirió un grito ronco y ella poco a poco sintió como recuperaba el movimiento.
-Puedes moverte Stendrak- dijo una voz.
Ella rápidamente intentó sentarse, y tras un mareo inicial lo consiguió. aún temblaba y sentía como las lágrimas que había intentado contener afloraban en contra de sus deseos. Tomó la llave del suelo y se levantó.
-Vámonos antes que despierte y se de cuenta- dijo Draco.
Ella se dio cuenta por primera vez de quien la había ayudado y se sorprendió ligeramente.
-Gracias- dijo caminando hasta su costado.
-No hay tiempo- dijo él comenzando a caminar.
-¡Espera! Mi varita- gritó contrariada dándose vuelta para ir a tomarla, la vio muy cerca de Lucius y corrió hasta ella.
Draco rápidamente la tomó del brazo y la lanzó contra el suelo. Hermione no alcanzó a protestar y vio como Draco caía víctima de un Crucio lanzado por su propio padre.
Vio como se retorcía en el suelo húmedo.
-No puedo creer tu traición- le espetó Lucius con rencor. –Morirás junto con esa niña tonta, pero antes tendré el placer de torturarlos- dijo con una mirada brillante de odio.
Hermione estaba paralizada por la escena. Draco hizo una mueca de dolor pero parecía controlarse, o por lo menos intentarlo, estaba débil y aún tenía esa pose de orgullo tan característica de su familia.
-No, de su familia no-, se dijo, -los Malfoy eran cobardes, él era diferente-.
No supo como distinguió entre la hierba su varita y sin pensarlo mucho se lanzó sobre ella.
La tomó entre sus dedos y lo apuntó.
-Lucius se percató de sus movimientos y la miró retándola-
Al ver a Draco en el suelo con una mirada de dolor sintió su muñeca temblar. Y un par de lágrimas se deslizaron por sus ojos.
Pero se paralizó al oír lo siguiente. Lucius había parado con el Crucio y antes que su hijo pudiese recobrarse…
-Avada…-dijo con lentitud, saboreando sus palabras.
Un ¡Avada Kedavra! resonó en el bosque y una realidad se selló.
Lágrimas, eso era todo lo que le quedaba.
Veía en el horizonte el cuerpo tendido de un hombre, de Lucius Malfoy, muerto por su causa.
Draco estaba a la derecha de su padre viendo su cadáver sin ninguna expresión en el rostro.
Hermione cerró los ojos y se abrazó a sí misma, incapaz de comprender lo que había sucedido, incapaz de aceptarlo. Era una asesina. Igual a esos seres que tanto odió. Ahora, por primera vez en su vida realmente sintió que la sangre que corría por sus venas estaba sucia.
Era irreparable, no había forma de volverle a la vida, y peor aún no sentía el menor arrepentimiento. Incluso una sensación ligeramente placentera se instaló en su interior.
Pero su conciencia, más fuerte que cualquier deseo de venganza le apuñaló con la violencia de la realidad.
-No te culpes- dijo Draco de pronto sin dejar de mirar el cuerpo de su padre. –Merecía morir-
Hermione no pudo reaccionar por completo, sabía que él se había acercado hasta ella, que la había ayudado a levantar y no había pronunciado palabra hasta que ambos estuvieron en la torre y ella se echó a llorar como nunca antes frente a nadie. No como una niña, como una persona que sabe que esta condenada irremediablemente, con un dolor profundo, insondable.
Draco Malfoy encendió la chimenea sin decir nada. Oyendo los amargos sollozos de ella. Luego de unos minutos se acercó y la miró fijamente. No había rastro del orgullo que Hermione se había esforzado por mantener frente a él y sin saber porque lo abrazó y lloró con rabia contra su pecho.
Él la sujetó y dejó que empapara aún más su camisa, mirando el fuego, sin hacer ningún comentario incomodo, sin intentar consolarla con palabras absurdas.
Hermione Granger esa noche, no solo descargó su culpabilidad por el crimen que cometió, su frustración por el daño que le causó Lucius, su deseo de venganza por Vanessa y su rabia contra Voldemort, ella lloró su odio por Draco Malfoy, dejando de lado aquello que la hacía despreciarlo.
"Ningún ser humano es completamente bueno ni completamente malo, porque la bondad y la maldad son dos partes inseparables del alma".
Fin del Cap
Un agradecimiento especial a las que me dejaron sus comentarios, me animan a continuar publicando.
Gracias
Kate
