Marea Negra

Cap 8


(advertencia: Escena con contenido sexual)
A Hermione le hubiera gustado poder estar segura de las decisiones que tomaba, de lo que sentía por su enemigo jurado, pero la realidad era muy diferente.

Luego de haber tenido esa pequeña conversación al finalizar la lectura del diario, Draco se había sentado frente a la chimenea en completo silencio.

El crepitar del fuego resonaba en la habitación amplificado por el silencio.

Hermione meditó. No comprendía que era lo que él despertaba en ella, y eso la desesperaba, pero el solo hecho de sentir algo le producía un desconocido placer; Le parecía que esa sensación de opresión en el pecho era debido a los turbulentos sentimientos que veía en él. Desde el instante en que la tocó por primera vez en el baile de conmemoración supo que las cosas dentro de sí habían cambiado. No era cuestión de justificarlo o no, pero, él ya no era el mismo chico egocéntrico y narcisista que creyó conocer hace años, tal vez nunca lo fue.

Una de las cosas que más la atribulaba era el saber que ante sus ojos Hermione Granger siempre sería una sangre sucia despreciable, pero… eso no debía importar en ese instante. Ya no le quedaba tiempo para nada. Sabía que era probable que muriese en esa misión y hasta cierto punto lo deseaba, una vez consiguiera su objetivo, no tendría porqué luchar, y de esa forma Vanessa Stendrak permanecería por siempre en la historia como lo que debía ser, la única heroína.

Hermione se acercó con lentitud hasta quedar frente a Draco. No había vuelta atrás. Lo único que quería tener presente, era que en ese momento quería volver a ser un poco Hermione Granger, saborear la pureza, la inocencia, antes de hundirse por completo.

Ella se sentó a su costado, estaba algo insegura con respecto a lo que diría, pero conciente de que no podría morir tranquila sin haber llenado algunos de sus vacíos.

-Draco- dijo con voz calmada, colocando una mano sobre su hombro.

-Siempre fue muy distante…-comenzó a decir él, -jamás mostró afecto por mi madre y mucho menos por mí, realmente cuando fui creciendo perdí el interés por intentar probarle que tan bueno era y porqué merecía su consideración. Con los años la rabia comenzó a expandirse, abusaba de mi madre y la hacía cómplice de sus barbaries, pero… aparenté ser inmune a eso, a todo –hizo una pausa, -Cuando comenzó a intentar manipularme terminó por desatar mi odio. Él intentó matar a mi madre cuando ella se reveló a sus deseos. –, La miró fijamente. - No es para que sientas lástima, realmente no ha importado mucho, nunca me hirió porque no había nada que herir, además en resumidas cuentas, pagó el precio- dijo con voz calma.

-Sé que decirte que te comprendo sería una mentira, no puedo concebir vida como la tuya- dijo apartando la mirada de él.

-Por lo que he leído tú tampoco has sido muy feliz y en parte los culpables de todo son los mismos-.

Hermione cerró sus manos y las apretó hasta que sus nudillos se pusieron blancos y se clavó las uñas en las palmas.

Nada de lo que él creía era cierto. Ella no era más que una impostora y el que él se expresara así de ella solo la hacía sentirse más atrapada en esa realidad. Draco veía a Vanessa, confiaba en ella y la deseaba… a ella…

No podía seguir ocultando a su propia conciencia las sensaciones que él despertaba, muy lejanas al amor tierno que alguna vez soñó para sí, pero lo suficientemente intensas como para volverla a la vida por algunos instantes.

Hermione se odió a si misma, odio su procedencia y todo lo que había sido, porque sabía que era todo aquello lo que la hería ahora. Contrario a sus planes, no había podido ser inmune. Tal vez si Draco Malfoy nunca hubiese existido eso jamás hubiese pasado, pero quien diría que realmente pudo vencerla, en un plano completamente diferente al que él creyó.

-Quiero que estés conciente de lo que comenzará mañana- dijo él de pronto.

-Lo estoy- contestó ella intentando mostrarse indiferente a esa situación.

-Eso espero- dijo mientras se levantaba del sofá y le tendía la mano –Ven conmigo-

Por el brillo que descubrió en sus ojos, supo lo que le esperaba si aceptaba, pero no se sentía capaz de negarle algo esa noche. El vínculo invisible que se había formado entre ambos por los pequeños secretos descubiertos, habían hecho que Hermione viese de otra forma a Draco Malfoy… una más humana.

Y tomó su mano.

Sabía que se equivocaba, que podría ser el peor error de su vida, pero necesitaba olvidar los problemas por esa noche, solo una en la que no fuese ni Hermione ni Vanessa, en la que pudiera ser ella, como fuera que se llamase.

Él la condujo a su habitación.

Su rostro no dejaba entrever lo que sucedía en su interior. Recordaba cada palabra de su padre con respecto a la familia de ella, su enemistad, el odio que debía profesarle. No sabía realmente el porqué de sus acciones, tal vez el simple deseo por ella o por burlarse de su padre muerto. Lo sabría luego, cuando fuera demasiado tarde.

La oscuridad se filtraba por entre las cortinas, dándole una pálida y tenue iluminación a la habitación, la sinfonía de lo no acontecido resonaba en sus tímpanos, en su piel…

Hermione no se extraño cuando él la condujo a la habitación que consideraba era suya, lo había hecho ya una vez, y el espejo la había detenido, funcionando como una especie de conciencia física.

Se sintió algo incómoda, pero estando de espaldas a Draco y antes que consiguiera girarse, él le pasó ambos brazos por los costados y aferró su cuerpo a su pecho.

Hermione pudo sentir su contacto firme y tibio sobre la ropa y se sintió embriagada por lo que fuera que despertaba en ella. No pudo evitar recargarse en él mientras una corriente eléctrica le recorría la espalda.

Draco había sentido el impulso de aferrarla contra si. Vanessa Stendrak era la mujer más compleja que había conocido, tal vez ese era otro de los motivos que lo atraían a ella.

-Por favor- dijo con voz ligeramente temblorosa, -No aquí- susurró intentando no mirar hacia el espejo.

Él deslizó ambas manos por ambos costados de su cintura, con estremecedora lentitud, posesionándose de cada contorno de su cuerpo. Hermione ahogó un gemido mientras sentía que el la giraba hacia sí. Sabía lo que significaba seguir con sus instintos, aún le costaba aceptar que estaba dispuesta a estar con él esa noche, a pesar de todo.

Él la atrajo, hasta apretar los pechos de ella contra su cuerpo. Hermione se estremeció ligeramente por su cercanía.

Draco vio por unos momentos un brillo extraño en su mirada, lo cual le llamó la atención. Sus rostros habían quedado muy próximos y Hermione al darse cuenta colocó sus manos sobre las de él, el cual las tenía fijas en su cintura. Ya lo había pensado lo suficiente.

La mirada de Draco cambió, se percató del movimiento de ella y sintió un ligero flujo de ira por sus venas al sentirse rechazado nuevamente; pero Hermione fue subiendo sus palmas por los brazos de él hasta llegar a su cuello, para luego enredar sus dedos en su cabello rubio, como hace noches había hecho.

Acercó el rostro de él al suyo y lo miró fijamente mientras rozó con la yema de su dedo índice los labios de él con deliberada lentitud. Draco se lo permitió sin protestas con una media sonrisa en el rostro. Ella debía controlar la situación o estaría perdida y a él francamente no le importaba.

Hermione fue quien lo besó por primera vez. Todo comenzó con pequeños besos cortos, prácticamente roces inocentes. Él le acarició los labios con la punta de la lengua, como ella lo hiciere antes con la yema de sus dedos, y Hermione no soportó la tentación de lo prohibido. Lo dejó hundirse en su boca, sin recato alguno, mientras sus manos lo apretaban aún más contra ella.

Hermione se separó ligeramente y mordió el labio inferior de él mientras sus manos subían por encima de la ropa que aún cubría su torso. Ellos seguían mirándose fijamente. Su olor la iba envolviendo en un torbellino de sensaciones placenteras.

Draco descendió su cabeza hasta su cuello, haciéndola estremecerse.

Aún se encontraban en el marco de la puerta.

Él cambió de posiciones, haciéndola caminar de espaldas rumbo a su propio dormitorio. Hermione aún tenía los brazos alrededor de su cuello y volvió a besarla con arrebatadora sensualidad.

Mientras continuaba con el beso, ella chocó contra el respaldo del sofá y detuvo su marcha.

Hermione quedó levemente apoyada. Draco pasó una mano por su cintura y fue inclinándola usando como soporte el sillón y sus propias manos, hasta que ella cayó en este con las piernas aún suspendidas en el respaldo.

Draco colocó sus manos en los tobillos de ella, y las fue subiendo con delicadeza, acariciando sus piernas hasta librarlas de cualquier prenda de vestir debajo del límite que marcaba su falda. Hermione tembló por su contacto frío y suave.

Lo sintió pasar sus manos por encima de la falda del uniforme hasta sus caderas, mientras la acomodaba mejor sobre el sofá.

Draco se excitó ante la visión que tuvo de ella y le dobló las piernas hasta que Hermione apoyó los pies en el lugar donde alguna vez estuvo sentada y se sostuvo en esa posición con ayuda de sus codos. Draco la hizo separar las piernas flexionadas mientras con los labios iba besando las caras interiores de sus muslos. Hermione gimió sonoramente tensándose y elevando las caderas. Sintió como su falda se alzaba mostrando mucho más de lo permitido, pero no le importó.

Draco levantó la cabeza y la alzó en el aire hasta sentarla nuevamente encima del respaldo, con las piernas semiabiertas y la falda subida.

Un gemido profundo se escapó de los labios de Hermione cuando él la atrajo contra si y ella lo sintió con mayor plenitud. Su cuerpo estaba inflamado de deseo, había olvidado su promesa de conciencia, se había perdido en esa marea negra de pasiones impuras.

Draco la besó en el cuello mientras deslizaba sus manos por encima de la tela de la blusa rozando a penas los contornos de sus pechos. Hermione lo tomó del cabello y atrajo su boca contra la de ella besándolo con ardor.

Ella separó un poco sus labios de los de él. Sus brazos seguían alrededor del cuello de Draco y este se encontraba levemente inclinado sobre su cuerpo.

En un arranque, Hermione elevó las caderas y enredó sus piernas en la cintura de él, para luego atraerlo con un movimiento violento que se convirtió en un roce excitante, que hizo que Draco perdiera el equilibrio y se inclinase, aumentando el contacto íntimo que se había producido entre ambos.

-Vanessa- gimió Draco en su cuello, mientras le desabrochaba los primeros botones de la blusa y besaba la piel que iba descubriendo. Lo había logrado descontrolar y eso era extraño en él.

Ambos vestían el uniforme del colegio pero habían perdido las túnicas hace ya tiempo.

Hermione inclinó la cabeza hacia atrás como en un mudo ofrecimiento de su cuerpo, mientras conducía las manos de Draco hasta sus senos. Draco la entendió y la acarició por encima de la blusa para luego sacarla de su falda e introducir ambas manos por debajo de la tela, mientras subía por los costados de su espalda. Hermione se estremeció nuevamente por el contacto mientras sentía la respiración húmeda de él en su pecho… erizándole la piel.

Ella exhaló el aire que había contenido, el contacto de ambas caderas y las caricias en su torso la estaban atormentando. Al ver a Draco pudo darse cuenta de su estado similar.

Su blusa entreabierta revelaba el borde de su sujetador de encaje, Draco colocó una de sus manos en su muslo derecho acariciándolo hasta llegar al borde de su ropa interior, mientras que con la otra abrió por completo la blusa de Hermione y la deslizó por sus brazos hasta hacerla caer al suelo.

La acarició por encima de la tela del sujetador y besó su vientre mientras sentía el cuerpo de ella oprimirse contra el suyo. Draco lamió sus senos por encima del sujetador humedeciendo la tela y haciéndola gruñir por el deseo. Una ligera corriente de aire que se filtró por una de las ventanas hizo temblar a Hermione.

Draco detuvo su labor para contemplarla. A sus espaldas el fuego de la chimenea ardía incansable, Hermione llevaba el cabello suelto deslizándose por sus hombros y pecho, sus labios levemente entreabiertos y rojos exhalando de manera irregular y sus piernas desnudas y totalmente expuestas.

Sintió una corriente de excitación mucho mayor a la que pensó tendría. Ahora confirmaba que lo que lo atraía era mucho más profundo, menos lógico, más pasional.

La sentía su igual, una sangre pura mortífaga por obligación, que despertaba su intelecto tanto como sus instintos sexuales. Pero sabía que había algo oculto debajo de esos ojos marrones. Ella le recordaba a alguien, pero no estaba seguro de a quién. Por un momento le dio la impresión de que tenía un leve parecido con cierta sangre sucia, pero luego se rió de sí mismo, Vanessa Stendrak tenía un aire sensual y malicioso que la insignificante Hermione Granger jamás tuvo, además, ella estaba muerta.

Él se quedó unos instantes más contemplándola sin tocarla, mientras ella le devolvía la mirada con igual o mayor intensidad.

Hermione extendió las manos hacia él y se pegó a su cuerpo mientras abría los primeros botones de su camisa y le besaba el cuello. Draco la presionó más contra sí y la ayudó a terminar su labor hasta que finalmente pudo sentirla casi por completo. Hermione deslizó sus manos por su torso musculoso, brillante por el fuego a sus espaldas y sintió la imperiosa necesidad de que él la tocase con mayor profundidad.

Draco volvió a besarla levantándola por completo del sofá, mientras ella se sujetaba de sus hombros y le devolvía el beso.

Cargada en esta íntima posición la condujo casi sin mirar el camino que seguía hasta su habitación.

Cuando hubo entrado cerró la puerta con la espalda se dio vuelta para apoyarla a ella y mantenerla suspendida en el aire. Hermione gimió sonoramente cuando él pasó una de sus manos por debajo de su falda y la levantó mientras con la otra tiraba al suelo en un barrido los objetos sobre su escritorio. Hermione fue soltada en el mueble y ella alzó los brazos y los colocó contra la pared, aferrando sus manos a una repisa.

Hermione se alzó ligeramente por la fuerza de sus brazos, ladeando la cabeza. Draco por su parte deslizó una de sus rodillas entre las piernas de ella para luego ubicarse frente a Hermione y descender hasta su cuello, donde trazó un camino de besos y mordidas hasta la altura de sus pechos.

Hermione no se quejó. Trató de controlar ligeramente su respiración ahogada y gimió un par de veces.

Draco la miró con ardor mientras le desataba el sujetador y lo deslizaba por sus brazos. Él no esperó a que ella hiciese algún movimiento, acarició con sus manos y su boca la nueva piel descubierta, hasta hacerla jadear de placer mientras ambas caderas en contacto generaban un vaivén poderoso que imitaba el acto sexual y los enardecía. Ella comenzó a sentir la imperiosa necesidad de sentirlo dentro de ella y dejó escapar una exclamación.

Se sentía húmeda, un calor entre sus piernas la consumía por dentro mientras que su piel se encontraba electrizada. Con violencia tiró una vez más del cabello de él hasta llevar sus labios a su boca, donde lo besó fugazmente.

Draco pasó las manos por sus caderas y la alzó presionando su torso desnudo contra el de él hasta depositarla sobre la cama. La mirada que le dirigió estaba cargada de emociones que ella prefirió no describir. Hermione se acomodó entre las sábanas frías y se arrodilló en el borde de la cama desde donde pudo explorar el pecho de Draco con su boca mientras se deshacía de sus pantalones.

Una vez terminada la labor, él la apartó ligeramente y se acercó a ella. Recorrió con su dedo índice sus mejillas, deteniéndose en la comisura de sus labios. Ella sin pensarlo entreabrió los labios y succionó el dedo que el había colocado en ellos, causando que le dedicara una sonrisa lujuriosa.

Draco la hizo semi recostarse en la cama y le abrió los brazos. Hermione se estremeció cuando sintió las yemas de sus dedos tocándole los brazos, los pechos, el vientre, las piernas… ella susurró algo que él no alcanzó a oír. Llevó sus manos hasta sus caderas y deslizó la ropa interior de ella por debajo de su falda.

Hermione gimió con fuerza mientras alzaba levemente las piernas permitiéndole quitarle esa prenda. Sintió parte del peso de él sobre ella mientras besaba su cuello y se excitó tanto por su tacto que no se percató de la mano de él entre sus piernas hasta que sintió una pequeña presión que luego se transformó en una sensación en extremo placentera que la recorrió e inundó sus sentidos sin permitirle protestar. Hermione movió la cadera en círculos sin poder evitarlo mientras su respiración se tornaba agitada y sentía la tensión entre sus piernas.

Hermione gritó su nombre, pero antes que ella llegara al orgasmo él retiró la mano que había tenido entre sus piernas mientras la subía hasta sus caderas y le arrancaba la falda con el deseo plasmado en la mirada.

Ella tembló por la caricia que sus ojos grises le brindaron y supo que contrario a lo que había creído en un principio se había olvidado completamente de todo, se estaba entregando a su peor enemigo, y estaba disfrutando de ello, de ser libre como nunca antes, de tener que dejar de representar su papel de estudiante perfecta y ser ella misma.

La excitación de él se hizo cada vez más notoria por encima de la tela que aún lo cubría, pero Hermione estaba demasiado concentrada en la suya propia, sentía los pechos turgentes, le llegaban a doler, su contacto había despertado a su cuerpo y no tenía la menor intención de detenerse, por el contrario presionó con fuerza la cabeza de él contra sus senos mientras ella se hundía en un torrente de pasión febril.

Hermione deslizó la última prenda que los separaba con sus pies mientras él aún la besaba. Ambos estaban completamente desnudos y esta vez Hermione, fue la que se colocó a horcajadas sobre él, con el cabello a un costado y los ojos brillantes de deseo para luego acariciarlo con sus uñas.

La respiración de Draco, semi controlada hasta ese momento se volvió pesada y difícil. Ella se presionó contra él buscando sentirlo cerca. Draco no lo soportó más y la levantó ligeramente por la cintura para recostarla completamente.

Hermione instintivamente separó las piernas permitiéndole acomodarse sobre ella. Draco se señoreó sobre su cuerpo esa noche, como ella jamás le hubiese permitido a nadie, la tocó y besó demoliendo con cada acto, todas las barreras que había construido por años.

La mirada que le dedicó la decidió para continuar, aunque sabía perfectamente que no hubiese podido detenerse de ningún modo. Él la sintió lista. Hermione se encontraba ligeramente sonrojada y ambos cuerpos perlados por el sudor y con las respiraciones desiguales se encontraban en expectativa.

Colocó sus manos levemente temblorosas en la cintura de él, sintiendo la intensidad de la situación, viéndose a ella misma en los ojos de él sin importarle el mañana. Draco viendo el mismo deseo en los ojos marrones de ella le abrió aún más las piernas y hundiendo los dedos en su cintura la penetró.

Lo sintió ingresar en su interior llenándola con oleadas de calor indescriptible, experimentó un fuerte dolor en un principio, lo que la hizo emitir un agudo gemido que lo alarmó ligeramente. Hermione cerró las piernas en reacción a la invasión y clavó sus uñas en su espalda, pero no permitió que se retirara. Cuando la presión inicial cedió y comenzó a sentir una sensación placentera sus piernas se relajaron y él comenzó a moverse. Los gemidos de ambos llenaron la habitación.

Draco comenzó suave, pero fue acelerando el ritmo conforme ella mostraba mayores señales de placer. Las embestidas a su cuerpo joven fueron vigorosas e inimaginablemente placenteras.

Hermione no podía contenerse, se sentía demasiado excitada en esos momentos como para pensar en algo, apretó las sabanas con sus manos, lo beso con desespero y enterró sus uñas en su cuerpo mientras gritaba su nombre y lo hizo aún más fuerte dominada por el éxtasis cuando lo sintió derramarse en ella, pudiendo ver entre las sombras del placer una ligera sonrisa de satisfacción que ella correspondió, para luego sentir el cuerpo de él desplomarse sobre ella mientras aún se consumía en esa vorágine de placer.

Ella solo pudo repetir su nombre en su mente. –Draco-

Aún en su interior, él sintió sus últimos temblores y le dio un último beso, para luego retirarse.

La atrajo contra si y le acarició el cabello, cubrió sus cuerpos con las sabanas y no pudo evitar pensar en lo diferente que fue la experiencia con ella. Debía reconocer que Vanessa Stendrak era distinta en todo sentido, y por primera vez luego de acostarse con una mujer no sintió la necesidad de abandonar el lugar dejándola sola. Atrajo su cuerpo hacia si entrelazando sus piernas. Hermione pasó un brazo por su cintura y apoyó la cabeza en su pecho. Él se quedó dormido entre sus brazos, sin cuestionarse el porqué.

Hermione sabía que en la mañana ese sería un error, que se sentiría sucia y vacía.

Traidora.

Pero recostada contra su pecho firme, oyendo su respiración en su cuello no le importó en lo absoluto, el solo recordarlo dentro de su cuerpo la hacía sentir compensada.

Un par de horas después, Hermione aún entre sueños, pudo sentir que el cuerpo cálido a su costado se retiraba, trató volverse a dormir, pero luego el sonido de la puerta del baño la desperezó por completo.

Tanteó la cama como verificando que se hubiese ido. Hermione esperó y lo vio entrar minutos después completamente desnudo, con la luz de la luna que entraba por la ventana iluminando su cuerpo. Volvió a excitarse pero hizo uso de todo su autocontrol y fingió dormir mientras él se cambiaba. Sabía que saldría, y esa noche… lo seguiría.

Fin del cap