Inframundo

Cap 9


Hermione había vivido una extraña pero placentera experiencia con quien jamás imaginó, aún sentía los vestigios de lo ocurrido en su cuerpo, pero sabía que como ella misma se lo había propuesto, su misión estaba ante todo, y parte de ella era descubrir lo que Draco Malfoy ocultaba, así muriera la imagen que estaba construyendo de él.

Ella supo que al levantarse de la cama todo estaba decidido.

Así le doliera.


Sentía más frío que de costumbre, pero sabía perfectamente que no podía retrasar su misión, por mucho que hubiese querido quedarse con ella.

-Qué estupidez- se dijo así mismo, en un intento de auto convencerse que realmente no significó absolutamente nada.

Su capa ondeaba por los pasillos de Hogwarts y el único sonido entendible era el de sus pisadas. Sabía de memoria el camino para llegar a su objetivo, llevaba mucho tiempo recorriéndolo.

Cuando salió del castillo, contempló por unos instantes la serenidad de la noche, y sintió un sabor amargo por lo que estaba haciendo, de cierta forma la había traicionado por no contarle todo el misterio, pero no tenía alternativa.

Conforme iba caminando, Hermione comenzó a sospechar la dirección final que tomaría él.

-El bosque prohibido-, se dijo con un aire decepcionado, pero continuó a su pesar.

La noche lucía más pesada que nunca, iba cargada de un aire trágico, Draco tenía una premonición, sabía que algo estaba mal, pero no podía descifrarlo.

Luego de varios minutos caminando al interior del bosque siguiendo una ruta desconocida por muchos, llegó a un claro.

Se detuvo en medio de este y susurró unas palabras que Hermione quien iba varios metros más lejos que él no oyó. Luego de esto, se vislumbró en el horizonte una especie de cabaña, bastante maltrecha.

Esta pequeña edificación se alzaba junto a un pequeño estanque de agua con plantas muertas. La madera de la cual estaba hecha se veía corroída por el tiempo. La visión le anticipó que aquello que vería, no sería de su agrado.

Esperó unos instantes. Era mejor que él comenzara aquello que iba a hacer.

Draco había ingresado a la cabaña, se veía en peor estado que la última vez que la visitó, no hace muchos días, -tal vez fuese solo su imaginación- se dijo mentalmente. Estaba sumida en la oscuridad, por lo que con un hechizo la iluminó.

El piso era de la misma madera de sus paredes, solo que más desgastada y con algunas tablas podridas. A un costado se hallaba una silla con una garrafa con agua y algo de comida descompuesta.

Draco se asqueó de ver lo que se había visto obligado a hacer. Tal vez en el tiempo de haber conocido a Vanessa había conseguido una conciencia, o tal vez…

-Ese maldito olor- murmuró él con asco.

En el centro una especie de mesa de piedra era ocupada por la figura de un hombre atado con cadenas gruesas y oxidadas. Sus muñecas y tobillos lucían heridas sangrantes y algo infectadas por la presión constante de las ataduras. Su piel estaba increíblemente pálida, su cabello descuidado, y unas profundas ojeras se marcaban en su rostro.

Meses encerrado.

Era extraño que el elfo encargado de su cuidado no estuviera por ahí. Se suponía que debía "cuidar" de él o más bien dicho, no dejarlo morir.

-Potter- siseó Draco, buscando despertarlo de su sueño. –Potter- repitió con algo de desgano.

Pareció reaccionar y abrió los ojos. Su expresión denotaba confusión, su semblante cansado cargado de un aura de locura y desenfreno, deformaban aquel concepto de Harry Potter que todos tenían de él. Ya no era el mismo, estaba poseído por el pasado.

-Madre, no me hagas esto, te lo suplico… - comenzó a decir con voz casi inaudible, -Anette, no, yo no, por favor-

-¿Dónde está el sello?- preguntó él inquisitivamente.

-Todo está muy cerca¡no se le acerquen¡No lo toquen! Peligro, peligro, no quedará nada. Jajajajajajajajajaja ¡nada!- su risa descontrolada y sus ojos verdes completamente abiertos terminaron por irritar a Draco.

-¡Dónde esta!- gritó él mientras le propinaba una violenta sacudida.

Ese fue el momento que Hermione eligió para ver a través de una sucia ventana de uno laterales. Sus ojos marrones se abrieron súbitamente, y recorrieron con rapidez toda la estancia, sintió que el olor nauseabundo de madera descompuesta perforaba sus sentidos y reconoció con un dolor inmenso al apuesto buscador de su casa, el único ser en el que confió por mucho tiempo. Si Ron había sido su amigo, Harry fue su hermano.

Aquel hombre que horas antes había yacido con ella entre sábanas de seda, ahora masacraba lo último que quedaba del joven al cual ella quiso con su alma, y no pudo soportarlo. Un nudo inmenso de frustración y rabia se formó en su garganta, y una sola lágrima descendió por su ahora más pálida mejilla.

Oyó una risa frenética, demasiado lejana, sintiendo el peso de su conciencia.

-¡Todo acabó! Jajajajajaj ¡ella lo sabe¡El fin!… ¡el fin!… esta muy cerca… mucho… ¡no¡no¡no!- gritaba Harry y el sonido de sus cadenas martillaba aún más la mente de Hermione que aún incrédula veía desde la ventana.

Draco vio una sombra, un ligero movimiento y supo que no estaba solo, para ser más exacto que ella lo había descubierto y por unos segundos probó el sabor de la angustia.

Cuando alzó la cabeza ya no la vio, sabía que se había ido y comprendió al instante que no había justificado su acción.


Era tarde…

Hermione había corrido sin rumbo fijo por varios minutos, internándose en el bosque prohibido. La capa que se había colocado antes de salir la abrigaba solo lo suficiente como para no morir congelada por el frío inmenso que se desató.

No sabía qué decir ni qué hacer.

-Soy una estúpida- se dijo con un dolor profundo.

Le había entregado su cuerpo y porciones del alma que había podido rescatar de entre el cementerio de sentimientos que los sufrimientos pasados le habían construido.

-¡Para qué!- se gritó a si misma, desgarrándose con sus propias palabras. Sabía que no era amor lo que sentía por él, era algo más ligado a la identificación, al vínculo generado, era una conexión fuera del plano romántico.

-Perdí mi nombre, mi cuerpo, a los seres que amaba, mi vida, mis gustos, mis sueños, soy una copia y no debe molestarme, pero lo hace… Y me detesto por ello- dijo en voz ligeramente alta.

Su carrera se vio detenida de manera abrupta. Miró con la máscara de frialdad renovada el cielo y se juró a sí misma vengarse de él. Pagaría caro lo que había hecho.

-Deseo tu muerte Draco Malfoy, y no pararé hasta conseguirla-


Había transcurrido el resto de la noche y ya estaba por amanecer, pero no había rastros de Hermione. Draco sentía algo parecido a la preocupación por ella y no se había movido de la sala común por horas. Estaba harto, no había comprendido por completo su reacción. Ella no tenía nada que ver con Potter y si bien podía haber estado molesta por la omisión del detalle de su paradero, no era motivo suficiente como para desaparecer por tanto tiempo.

Miró una vez más la ventana y esta vez pudo ver su figura caminando hacia la torre.

Luego de haber hecho ese juramento solemne, corrió nuevamente rumbo a la cabaña, esperando que aún continuara Harry allí y él no le hubiese hecho algo peor a lo que había visto.

Cuando entro en ella un grito escapó de sus labios, la cabaña estaba completamente vacía, y no habían rastros de Draco y mucho menos de Harry.

Al contemplar la escena el temor se expandió por su cuerpo, miles de imágenes crueles pasaron por su mente y se asqueo de sí misma por haberse vinculado a un ser tan miserable como Draco Malfoy.

Mientras estuvo con él no pensó siquiera en el pasado y mucho menos en las cosas que debió haber estado escondiendo en el presente. Olvidó sus barbaries, pero ahora era como si tuviera un recordatorio permanente de la idiotez que cometió.

Decidió esperar en el bosque hasta casi el amanecer, no se sentía por completo preparada para hablar con él y darle alguna explicación por su comportamiento, después de todo se suponía que era una mortífaga.

Cuando atravesó el umbral, se quedó estática. Vio la silueta de Draco frente a ella con expresión inquisidora.

-¿Dónde estabas?- preguntó con rastros de molestia en su voz.

-No tengo porqué responderte nada- le dijo ella.

Él sabía que mucho de esto tenía que ver con la poca confianza que demostró con ella, después de todo, aunque era lógico, él era un mortífago y ella también. Reconoció ante si mismo que la escena era grotesca, una tortura demasiado… grotesca. Se había asqueado del estado en que se encontraba y comprendía que pudo sentir rechazo ante sus métodos.

-No entiendo porqué desapareciste luego de ver a Potter, porque estoy seguro que eras tú quien me espió en la cabaña- dijo él acercándose peligrosamente a ella.

Hermione pasó por su lado sin mirarlo. –Fue…- ella midió cuidadosamente sus palabras, -excesivo- dijo.

-¿Excesivo?- preguntó él con violencia. -¿Sabes con quienes tratas¡Eres una mortífaga, no hay excesos para nosotros!- dijo molesto, sabía que ella tenía razón en parte, pero le había dado un ligero placer el mantenerlo cautivo, aunque claro está no de ese modo. Ese fue su padre, pero eso era algo que jamás le diría a ella.

-Dime ¡dónde está ahora!- le espetó ella con furia.

-En Hogwarts- dijo él como si fuera natural.

-¿En el castillo?- preguntó ella sorprendida.

-Si- le confirmó Draco.

La garganta de Hermione se secó.

-¿Qué harás?- preguntó ella aparentando indiferencia.

-Nada… se quedará en un lugar más seguro y menos… incómodo-

-Incómodo- repitió ella con sarcasmo.

-Es necesario que se le retenga, tiene pistas necesarias para la búsqueda de Voldemort y la nuestra-

Ella lo miró fijamente, pero el sintió como si viera a través de él, un brillo de decepción se traslucía de sus ojos y se sintió patético.

Todo había cambiado de forma dramática, no podía creer que realmente deseara su aprobación, que quisiese más de ella que su cuerpo o las ventajas que podía representarle, que le importaran sus pensamientos y sus deseos. Y sintió algo que no supo identificar.

Hermione estaba confundida, pensó ver en sus ojos su conocida indiferencia, soberbia, desprecio hacia Harry, pero no había dado señales de ninguna de esas cosas.

-Me estas diciendo que para destruir a Voldemort – dijo con voz calculada, - ¿debemos usar a Ha… Potter?- dijo rectificando lo último justo a tiempo.

-En efecto- dijo él.

-¿Luego que sucederá?- preguntó ella con el corazón latiéndole con violencia, de su respuesta dependían muchas cosas, tal vez demasiadas.

-Debía dárselo a Voldemort para que lo matase, pero pensaba hacerlo yo mismo- dijo él firme.

Hermione se sintió afiebrada y a punto de perder el sentido lógico de las cosas.

-Pero te dejaré decidir su destino-, dijo él. –Sé que no lo matarás, pero es tu decisión-

Se le atracaron un par de veces las palabras antes de poder decirlas, con fingida naturalidad.

-Muy bien Malfoy-

-¿No te parece fuera de lugar llamarnos por nuestros apellidos luego de todo?- preguntó él furioso consigo mismo por querer volver a escuchar su nombre de su boca, por volver a tocarla.

-Tal vez, pero por esta noche, déjame pensar que solo eres otro Malfoy-

Draco sintió ira contra Harry Potter, había visto un chispazo de vida en su mirada cuando le había dado el destino del buscador a ella, pero el tono de su voz luego de su pregunta lo hizo darse cuenta que por primera vez alguien había valorado algo de él que fuese real, algo más que su físico o su inteligencia, y lo había destruido.

Cuando entró a su habitación y cerró la puerta, Hermione pudo recostarse contra la puerta y cerrar los ojos. Todas las emociones de esa noche habían trastocado todo. En el bosque prohibido lo odió como nunca, pero ahora, luego de haber visto en sus ojos pudo notar algo que lo aplacó, pero como en todo lo que se refería a él, no estaba segura de que sucedía ni porqué.

Se quedó plácidamente dormida sobre su cama esa noche, las razones de esa calma le fueron completamente desconocidas.


Despertó un par de horas después y vio en su espejo una nota.

Vanessa

"En el cuarto piso, el retrato de la Dama de Azul. La contraseña es nex est animus salus"

DM

Hermione dobló el papel y lo colocó en el bolsillo de su túnica Slytherin. Era mejor ir en ese instante.


Subió cuidándose de no ser vista hasta el cuarto piso. Buscó entre los corredores el cuadro que le indicó, pero no lo conseguía hallar. Luego de unos minutos, encontró uno bastante grande y con un marco extrañamente fabricado. Se veía a una mujer de piel pálida y azulada con cabellos blancos y largos sentada en una roca mientras se ahogaba en sus lágrimas. La belleza de esa escena trágica la cautivo y repitió sin pensar la contraseña que memorizó.

Sorprendida atravesó el cuadro por la abertura que se formó y se encontró en una habitación pequeña con una única cama de madera algo tosca. El cuerpo de Harry se hallaba en medio de ella cubierto por una sábana de algodón blanco, muy parecida a la de la enfermería. Sus heridas parecían estar curadas. Daba la impresión de estar sumido en un tranquilo sueño. Ya no usaba las cadenas y su semblante igual de pálido era menos crítico.

A un costado de la cama, sobre una silla, dormitaba un elfo apoyado sobre una pequeña mesa con un candelabro, una jarra casi vacía de agua y un par de pociones.

Debía reconocer que para ser Harry Potter en dominios mortífagos estaba atendido con menor crueldad de la habitual.

El elfo despertó al oírla caminar hacia la cama y le bloqueo el paso.

-El amo me ha pedido que no se acerque al señor- dijo mirando la cama de Harry.

-¿Por qué no está sujeto?- preguntó ella extrañada.

-El señor prefirió usar magia para evitar que escapara- dijo el elfo.

-Déjame acercarme para comprobar su estado y me iré- dijo ella algo molesta con el elfo.

-¡No puede! El amo ordenó…- intentó decir el elfo.

Hermione al borde de un ataque comenzó a sacar su varita.

-Deja al elfo- dijo una voz a sus espaldas.

-¿Por qué no puedo acercármele?- preguntó ella irritada.

Draco se acercó firme y la sujetó por un brazo. -Es mi enemigo y el tuyo también, no pienso permitir que te le acerques, menos aún al notar compasión cuando lo ves- estalló él.

-Si estás tan obsesionado con Potter es tu problema, quiero confirmar que no has hecho más daños de los necesarios y tú no me impedirás nada- dijo ella altiva acercándose hasta la cama de Harry donde pudo observarlo mejor y comprobar que efectivamente lucía algo "recuperado".

De pronto Harry abrió los ojos y los enfocó en ella. Y Hermione se paralizó.

-¡Tú!- dijo él asustado. –Vete, vete, no aún, no aún¡estas muerta! Falta muy poco¡el sello¡el sello!- dijo Harry casi a gritos pero esta vez sin poder moverse en absoluto.

Hermione retrocedió un poco por el impacto.

-Por eso no le permito moverse- dijo Draco. -¿Qué pasa con el sello?- preguntó Draco a Harry.

-¡No la dejes sola, no hoy, la soledad trae muerte, la de ustedes; ¡madre!, no por favor, no me dejes, no con ella¡sálvala!-

-Está delirando- dijo y casi inmediatamente el elfo comenzó a atenderlo.

-Vamos- dijo él tomando del brazo a Hermione con fuerza pero sin hacerle daño.

-¿Qué fue todo eso?- preguntó ya en el pasillo.

-Él está atrapado en los recuerdos de otras personas, en particular en los de tu madre, y las cosas que ve del futuro, no se cómo explicarlo. Él dirá dónde está el sello en un momento, mientras tanto nos da algunas pistas para saber que sucedió en el pasado-

-¿Qué tiene que ver su madre?-

-No lo sé, pero me da la impresión que tiene relación con la tuya- dijo él.

Hermione se tomó la frente y se recostó contra una pared, todo era tan confuso, tan…

-Vanessa- dijo Draco parado frente a ella.

Hermione levantó la mirada y se vio en sus ojos mientras él la besaba. No pudo protestar, o más bien no quiso. Pero fuere como fuese, parecía que momentáneamente había olvidado sus juramentos y se estaba entregando nuevamente, como si de un escape se tratara.

-Draco- dijo una voz casi escandalosa.

Hermione se separó de él y vio a Pansy mirando a Draco con horror.

-¡Cómo es posible que beses a esta!- gritó mirándola con rabia.

-No es tu asunto- dijo Draco y pasó por su costado.

-Nos vemos luego Vanessa-

Pansy abrió la boca para decir algo pero la cerró con violencia y le lanzó una mirada penetrante a Hermione quien se limitó a mirarla con superioridad.

-¿Qué hacían aquí?- dijo apuntándola con su varita.

Hermione arqueó una ceja y no contestó.

-Que te quede claro-, dijo Pansy venenosa, -que por que te acuestes un par de noches con Draco no eres más importante que yo, después de todo es conmigo con quien debe casarse, mientras que tú solo eres su amante de turno, así que no te hagas ilusiones-.

-Bueno Parkinson, como tu lo has dicho Draco "debe" casarse contigo y soportar tus impertinencias, pero eso no cambia el que "quiera" estar conmigo y te desprecie por tu actitud ridícula e inmadura- dijo Hermione abriéndose paso y empujando levemente a Pansy.

-Esto no se queda así Stendrak, esta la pagas- murmuró con una sonrisa.


El resto de la tarde se la pasó sumergida en la biblioteca intentando buscar una respuesta a la extraña conducta que presentaba Harry. Eran las ocho menos diez, y aún se encontraba sumergida en un libro que había encontrado por casualidad.

Hablaba de conjuros medievales, posesiones a magos y profecías antiguas. Se había enfrascado en un párrafo que no lograba entender en su totalidad.

"Cuando se produce una posesión corpórea de tiempo indefinido, no necesariamente el alma del mago al cual pertenece el cuerpo permanece en ese mismo, la mayor parte de veces se refugia entre el canal de la vida y la muerte, el único espacio capaz de soportar el bien y el mal de su existencia mientras su cuerpo es manipulado por una o varias entidades para propósitos de diversa índole, ya que se encuentra en un plano distinto al físico o al espiritual"

La idea del canal de la vida y la muerte fue lo que más llamó su atención, si este era un espacio inmaterial capaz de soportar el bien y el mal cabía la posibilidad que tuviese alguna relación con el sello cuyo estado no era físico.

Hermione se levantó con algo de lentitud y se paseó por las estanterías buscando un libro donde hablara acerca del proceso de la vida y la muerte, la transición entre ambas, pero un sonido retumbó la biblioteca llamando su atención.

Súbitamente el recinto quedó a oscuras. Hermione trató de caminar en las sombras, por las ya memorizadas ubicaciones de las estanterías. Tardó alrededor de cinco minutos en hallar la puerta y al intentar abrirla se dio cuenta que estaba cerrada por completo. Buscó su varita en su túnica y pese a conocer una gran variedad de hechizos no logró abrirla, le pareció extraño, ya que se había encontrado infinidad de veces en esa situación y casi siempre lograba abrirla luego de unos intentos.

Casi una hora después aún permanecía frente a la puerta cerrada, no estaba realmente asustada, solo fastidiada. Estaba segura que la amenaza de Parkinson era esa, la biblioteca jamás estaba tan protegida, así que no pudo evitar reírse mentalmente de ella. Tal vez en otra época pudo haberle afectado, pero en ese momento no le tomó importancia y se fue a sentar a una banca.

Minutos después aún permanecía en ese lugar, y no supo porqué pero sintió que la temperatura bajaba estrepitosamente. Sus manos temblaban y los dientes le castañeaban. Algo andaba mal. Cuando colocó una mano sobre su frente sintió sudor frío.

Tuvo un presentimiento. Y corrió hacia la ventana, sintiéndose cada vez más débil. Las piernas se le entorpecían y la visión se le hacía borrosa.

Contuvo la respiración unos instantes y se apoyó en el cristal. Se subió con mucho cuidado en una silla y se paró en las puntas de sus pies. Al mirar hacia abajo, pudo distinguir gracias a la luz que se filtraba por la ventana, una especie de humo verde.

-Rayos- susurró sosteniéndose como podía, estaba sin fuerzas. Se había confiado demasiado y ese era un grave error, uno que sabía pagaría caro.


Eran las diez de la noche y Vanessa aún no llegaba a la torre. Ese comportamiento le pareció demasiado sospechoso a Draco, sobretodo después de lo sucedido durante ese día.

Tuvo el impulso de irla a buscar a la habitación de Harry, fue una especie de presentimiento que no pudo evitar.

Cuando atravesó el retrato se dio cuenta de su error, ella no estaba ahí. Pero algo en el rostro dormido de Harry le llamó la atención y se fue acercando a su cama.

La respiración del cuerpo ante el era pesada y susurraba palabras inaudibles. Entre todas solo pudo distinguir… Muerte.


Hermione estaba al borde de perder el sentido, pero sabía que si se permitía caer probablemente no despertaría. Sus conocimientos le decían que necesitaba aire limpio y rápido. Usó una silla para intentar romper los cristales de la ventana, pero como anticipó eso le fue imposible. Trató de llegar nuevamente hasta la puerta y la golpeó con todas las fuerzas que le quedaban, la magia no funcionaba.

Sus puños estaban rojos por los golpes y aletargada se fue deslizando hasta el piso. Le pareció ridículo terminar su existencia de una manera tan miserablemente torpe. Sus ojos se entrecerraron levemente. Apoyada contra la puerta pudo distinguir una risa femenina.

Parkinson.

Si milagrosamente sobrevivía, se las pagaría muy caro se dijo antes de cerrar los ojos por completo y perder el sentido.


Draco había corrido por interminables minutos a través de los largos pasillos de Hogwarts. Cuando repentinamente divisó una luz titilante al final del corredor de la biblioteca y fue rápidamente hasta su origen.

Respaldado por las sombras vio a Pansy junto a Andrea Maugham y Clarice Shawn dos de sus más recientes amiguitas. Sus risas estúpidas terminaron por enfurecerlo, ellas no notaron su presencia hasta que se abalanzó sobre la puerta intentando abrirla con los hechizos que conocía.

-¡Draco!- chilló Pansy con un dejo de miedo.

-Abre esta puerta ahora o la pagarás muy caro- siseó él sacudiéndola por los hombros.

-Ahora serás mío Draco, la zorra esa no se interpondrá más- dijo riéndose con estrépito. Sus amigas estaban pálidas.

-Ambas abran la puerta o considérense muertas- dijo.

-¡No se atrevan idiotas!- gritó Pansy, para luego recibir un golpe en la mejilla por parte de él.

-Ya cállate Pansy, no pienso morir por tus tonterías, estuvo bien para una broma, pero se te está pasando…- dijo Andrea.

-Esa tiene que morir- gritó Pansy con rabia.

-Ábrela- ordenó Draco apuntando a Pansy en el cuello con su varita. Sabía perfectamente que la capacidad de Pansy no llegaba a tanto, el hechizo debía haber sido hecho por Shawn.

Las manos de Clarice temblaron un poco cuando se acercó y pronunció un hechizo en voz baja.

-Si la abres yo misma te mataré- gritó Pansy.

-Es suficiente Pansy, estoy harta de ti- gritó Andrea, mientras Clarice terminaba de pronunciar el hechizo haciendo que las puertas de la biblioteca se abrieran.

Draco inmediatamente empujó el cuerpo de Pansy hacia un costado y se acercó a la puerta. Ambas amigas contuvieron a Pansy de acercarse a Draco y se la llevaron casi a rastras, no querían enfrentarse a la ira de Draco Malfoy, ese gas era muy venenoso y era mejor no estar presente cuando él se diera cuenta.

Draco tuvo que cubrirse la nariz con la manga de la túnica mientras murmuraba una maldición y apresuradamente se introducía a la biblioteca. Tropezó con el cuerpo de Vanessa e inmediatamente la levantó en brazos y corrió rumbo a la enfermería.

Su rostro estaba más pálido que nunca y sus labios morados y resecos. Sudaba frío y estaba helada.

Era muy serio y por ello se vengaría.


Cuando llegó a la enfermería, la dejó sobre una camilla y llamó a la enfermera quien acudió minutos después. Al ver el estado de Hermione se alarmó y le pidió a Draco que se retirara.

En medio del pasillo, se percató de lo realmente acontecido y no pudo reconocer su debilidad. Por un momento se le había pasado la idea de acostarse con ella para perder el interés de una vez por todas, pero eso solo le hizo confirmar que a pesar de ser una de sus mejores amantes no era por eso por lo que la deseaba. Había algo más que no estaba dispuesto a reconocer.


Era ya de mañana, Hermione sintió una presión en las sienes, y el aire algo pesado. Abrió los ojos y se encontró en una cama de la enfermería. Recordó inmediatamente todo lo sucedido, pero se alarmó aún más al saber que había sido revisada. Era lógico pensar que Madam Pomfrey una vez analizado su mal también hubiese descubierto el secreto de su identidad.

Cuando vio a la mujer acercarse, sintió que la sangre se le heló.

-Veo que estás mejor- dijo con una expresión algo seria, pero amable.

-Si, gracias- dijo ella.

-Te intoxicaste con un gas altamente venenoso. Lo más probable es que te cueste respirar por unos días más, debido a la inflamación, bebe esta poción cada vez que suceda, -dijo acercándole un frasquito de color verde oscuro.

-¿Puedo irme ahora?- preguntó Hermione algo asombrada, no había mencionado nada, tal vez… no se hubiera dado cuenta, no quería tener que recurrir a métodos drásticos.

-Sí, pero si sientes alguna incomodidad regresa- dijo ella ayudándola a levantarse y vestirse.

Cuando Hermione estuvo lista caminó hasta casi la puerta, pero una voz la detuvo.

-Hermione, si no deseas ser reconocida es mejor que vuelvas a tomar tu poción- dijo Madam Pomfrey sin mirarla.

EL corazón de Hermione se paralizó. Giró levemente su rostro a un mueble con puertecillas de vidrio y observó en su reflejo que los rasgos algo más estilizados de Vanessa y su largo cabello negro habían desaparecido.

Era Hermione Granger.

Fin del cap