Disclaimer: No me pertenecen los personjes de "Sorcerer Stabber Orphen".
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Duerme esta noche conmigo
Capítulo 3: "La poción color carmín"
Orphen¡Al fin llegaron¿Por qué demoraron tanto¡Sólo tenían que subir y dejar un par de cosas!
Cleao: Lo siento, yo me entretuve.
Orphen: Está bien, ya no importa. En cualquier momento traerán la comida.
En ese preciso instante un joven de cabello negro y ojos marrones, flaco y de alta estatura, se les acercó con unos platos repletos de comida. Los depositó en la mesa y se retiró tras pedir permiso.
Majic: Vaya son todos muy cordiales en este Hostal
Cleao: Así es. La atención es mejor que en la mayoría de los lugares que hemos visitado y las habitaciones son preciosas.
Orphen: - Hablando mientras mastica un pedazo grande de comida- ¡Msi y da comida es dediciosa!
Cleao¡Orphen! Podrías tragar antes de hablar ¿No crees?
Orphen: - Tragando rápidamente para contestar el reproche de la chica- ¡Yo como y hablo como quiero!
Cleao¡Vaya que maduro! –Dijo enfadada mirando hacia otro lado y cruzando los brazos-
Orphen¿Y tú desde cuando eres una dama?
Cleao¡¡Por si no lo notaste siempre he sido una dama!!
Orphen: Pues no lo pareces.
Cleao¡Hechicero de pacotilla! –Le dijo enfurecida y se levantó para dirigirse a su cuarto- Luego me dices Majic –dirigiéndose al chico e ignorando al hechicero- a que hora partiremos mañana.
Majic: - Alternando la mirada entre su maestro y su amiga- Eh... claro.
Y sin decir mas se retiró a su cuarto azotando la puerta tras ella. Se sentó en la cama enfadada recordando lo recién sucedido en la cena.
Cleao¡¿Quién se cree que es para tratarme así¡¡Realmente me vuelve loca!! Con su actitud soberbia y egoísta y, y... ¡Ahh! Ni siquiera quiero pensar en lo sucedido - y se dejó caer de espalda sobre el colchón-
Se volteó y, al verla, recordó la bolsa que contenía el vestido que había comprado aquella misma tarde, se sentó de golpe y más animada decidió probárselo.
Se acercó al espejo y se quitó la ropa que traía puesta.
El vestido era precioso, de un color verde esmeralda que resaltaba los ojos azules de la chica y hacía lucir sus dorados cabellos. Era Strapless, de tul fruncido y ajustado a la altura de sus pechos y debajo de ellos, un lazo de razo de color verde más oscuro, a tono, que sujetaba el vestido a su cuerpo. Luego el vestido se soltaba insinuando las curvas de la chica pero sin ajustarse a su cintura o caderas. La tela cubría hasta debajo de las rodillas dejando ver la mitad de las delicadas piernas de Cleao.
Cleao¡Es muy hermoso¿No crees Leki? - Dijo girando delante del espejo para verse- Parezco una dama ¿Verdad? –Dijo entristeciendo un poco-
El cachorro dejó escapar un suave ladrido, lo cual animó a la chica.
Continuó admirando el vestido y cómo éste favorecía sus curvas y la delicadeza de su cuerpo, cuando se distrajo, su vista se posó en la mesita que estaba junto a ella en la que se encontraba aquella botella de cristal. Su mirada se perdió en el deseo de probarla.
En la habitación de Orphen y Majic...
Ambos recostados en sus respectivas camas debatían sobre que harían al día siguiente y como continuarían su camino de ahora en más.
Orphen: Bien Majic, así haremos ¿Quieres por favor avisarle a Cleao?
No obtuvo respuesta de su aprendiz, solo un simple y suave ronquido que indicaba que el muchacha había caído en un profundo sueño. Se giró y lo miró indignado.
Orphen¡Que desastre este muchacho! Se ha dormido cuando le hablaba y ahora soy yo quien tendrá que avisarle a Cleao –se quejó-
Finalmente se decidió y poniéndose de pie, salió de la habitación y una suave brisa de verano recorrió su rostro, venía de la ventana abierta del pasillo, dio un par de paso y se detuvo frente a la habitación de ella.
Golpeó suavemente y sin obtener respuesta a cambio volvió a golpear con más fuerza una y otra vez.
Orphen¿También se ha quedado dormida? –dijo negando con la cabeza- ¡Vaya que es perezosa!
Golpeó por última vez pero como nuevamente no sintió señales desde adentro del cuarto giró suavemente la manilla, la puerta estaba abierta. Aquello resultó extraño al hechicero pues sabía que si su amiga se hubiese marchado a dormir, efectivamente, habría cerrado la puerta con llave.
Abrió intentando no hacer demasiado ruido y recorrió el cuarto con la mirada.
Allí estaba ella, pálida e inmóvil en medio de la cama, aún con el vestido puesto. Su cuerpo iluminado por la luz de luna resaltaba su belleza, belleza que incluso el hechicero tuvo que reconocer en ese instante. Pero luego, su corazón dio un vuelco al ver que la chica no se movía y que en su mano había una pequeña botella de cristal. Corrió hacia la cama y se arrodilló a su lado.
Orphen¡Cleao¡¡Cleao¡¡¡Cleao!!! Contesta por favor. ¿Qué hiciste? –Le decía desesperado-
La tomó entre sus brazos y la acercó a él con suavidad, poco a poco acercó su mejilla a la boca de ella para verificar, aún respiraba. Aún así la muchacha no daba señales de responder ante su voz.
Orphen¡Cleao por favor despierta! –Rogó estirando la mano para tomar la botella de entre sus delgados dedos- ¡Maldición¿Qué bebiste? Por favor... Cleao – susurró y recostó su frente en el pecho de ella-
Un suave movimiento de pestañas le indicó que la chica estaba abriendo los ojos. Recobró la visión, antes borrosa, y miró a quien la sostenía entre sus brazos.
Cleao¿Orphen?
Orphen: - Respirando profundo y sonriendo aliviado- Cleao... Estas bien... ¿Qué demonios bebiste?
Cleao: - Mirándolo fijamente a los ojos- Orphen bésame
Orphen: - Totalmente desconcertado- ¿Qué¿Cleao que dices?
Cleao: Bésame –y aferró con más fuerza su mano al hombro de él-
Orphen¿Estas loca? Yo no...
Pero sus palabras fueron silenciadas por una extraña sensación que recorrió su cuerpo. Jamás había sentido aquello y no estaba seguro de que era aquel impulso, no podía controlarse, su cuerpo no respondía y su mente se perdía en confusos remolinos de su cabeza. Sin resistirse se inclinó y la besó tiernamente, ella se aferró más a Orphen pegando su cuerpo al cuerpo de él permitiéndole sentir su piel. El hechicero se estremeció y su corazón comenzó a latir con mas fuerza.
La muchacha subió suavemente sus manos desde los hombros del chico hasta enredar sus delicados dedos en el cabello de él, masajeándolo con las yemas y despeinándolo a su vez.
Orphen no pudo controlarse, ya no tenía poder sobre sí mismo. Pasó sus dedos por la espalda de la chica y esta se estremeció ante aquella caricia. El beso se profundizó cuando la lengua de él comenzó a juguetear con la de ella y mientras se besaban se desnudaban el uno al otro. Aquella sensación era desconocida para ella y aún así disfrutaba de cada roce entre los dos. Llevados por el momento y la situación todo se convirtió, para ella, en una extraña mezcla de dolor y placer. Poco a poco el dolor desapareció y el placer invadió a los amantes hasta dejarlos rendidos entre sábanas revueltas.
Inmediatamente y sin siquiera poder decir algo cayeron en un profundo y renovador sueño.
