Pero míranos ahora, queriéndonos.

Salimos de la sala y solo caminamos, no sabía donde nos dirigíamos pero al parecer tú si lo sabías y ya nada me importó parecías decidido y con un punto fijo. Salimos del castillo hasta llegar al lago donde te detuviste, m pusiste frente a ti y me miraste con seriedad.

-No quiero que lo que dijeron tus amiguitos te haga dudar sobre lo que siento por ti y si hay algo que llegara a incomodarte quiero que me lo digas ahora –la seriedad de tu rostro pasó a preocupación.

-Si tuviera solo una duda te la diré de inmediato y si me sitiera incómoda a tu lado no te hubiera seguido hasta aquí –te dije sonriendo- además es todo lo contrario, junto a ti me siento como nunca antes me sentí con ellos, protegida, querida.

En ese momento me abrazaste y sentí como tú corazón latía muy fuerte y supe que también estabas bien, tranquilo. Tal vez, solo por algunos segundos sentiste que te dejaría, pero ya lo vez, no fue así.

No fue mucho el tiempo que permanecimos ahí, pues ya era tarde y para nada queríamos un castigo.

Cuando llegué a mi habitación, las demás chicas ya dormían, me puse el pijama con mucho cuidado de no hacer ruido y entré en mi cama. Fue en ese momento en que sentí que el peso de haber peleado con mis amigos, nunca antes habíamos discutido de tal manera, claro estuvimos distanciados, pero nunca enfadados.

Eran los únicos amigos que tenía y no sabía como reaccionaría Ginny con la noticia. Siempre entubo presente en mí que ellos se alterarían de esa manera, pero una pequeña gotita de esperanza quería que fuera lo contrario.

Al día siguiente todo fue como pensé que sería, Harry y Ron no me hablaron cuando pasé por su lado en la sala común y Ginny al parecer no sabía nada pues su cara era de una confusión extrema.

Cuando el retrato se abrió, ti figura elegante se apareció frente a mis ojos, noté como muchas de as chicas de mi casa te miraban al pasar pero tus ojos y completa atención estaban solo destinadas a mí. Eso de cierta manera me hizo sentir bien, pues sabía que eras solo mío.

-Buenos días –dijiste para luego besarme.

-Buenos días Draco -te respondí pronunciando tu nombre como si fuera la primera vez, pues esta era diferente.

-Eres la única persona que dice mi nombre de una manera diferente –tomaste mi ano y nos encaminamos hacia el comedor.

-Pues yo solo la única persona que te quiere tanto como lo hago yo –me tomaste de la cintura y me apegaste aún más a ti.

-No quiero que te alejes nunca de mí, nunca.

Y así, abrazados nos enfrentamos al colegio. Al entrar al comedor toda la atención se volvió hacia nosotros, tú estabas acostumbrado, pero yo no y eso me hizo sentir incómoda.

Nos despedimos con un beso y luego nos fuimos hacia nuestras respectivas mesas. Mientras me acercaba a la mía, miradas de odio de las chicas de otras casas fue lo único que vi hasta tomar asiento junto a Ginny.

-¿Es por eso que estos dos idiotas no te hablan? –me preguntó Ginny apuntando a Harry y Ron que estaban frente a nosotras.

-Sí –susurré.

-Par de tontos –les dijo y luego me miró- pues yo lo encuentro genial y debo confesar que hasta lo presentí.

-Gracias Ginny –le respondí al tiempo que miraba la indignación en el rostro de los chicos.

El peso que caía sobre mis hombros se alivianó considerablemente al saber que Ginny nos apoyaba, pues sabía que de alguna manera u otra ella haría cambiar a los dos testarudos que tenía como amigos. Y eso me hizo quererte aún más.

Hemos vencido lo que decían.

Pasó una semana y ellos aún no me hablaban pero sabía que mi pelirroja amiga estaba trabajando en ello.

El primero de febrero hubo una reunión de prefectos avisado a última hora. Entramos en la sala de prefectos y en ella se encontraba la profesora MacGonagall con su rostro más severo de lo común.

-Tomen asiento –nos dijo cuando ya estábamos los ocho en la sala- bien la razón por la cual los he hecho venir de manera tan urgente, a sido porque al profesor Dumbledore se le ha ocurrido –dijo marcando bien esta última palabra y alzando ambas cejas- hacer un baile para San Valentín, el cual deberán organizar ustedes, la única regla que se les impondrá será que nadie podrá venir sin pareja, ordenes del director –agregó al ver el rostro que poníamos- eso es todo por hoy ¿Alguna pregunta?

-Sí –dije alzando la mano- ¿No cree que trece días es muy poco para organizar un baile?

-Pues creo que no, ya que solo será un baile, no habrá cena –me respondió- se les avisará de la próxima reunión, pueden retirarse –terminó antes de que alguien volviera a preguntar algo.

Cuando salimos de la reunión, nos encontramos con Harry, quien nos miraba lago nervioso y luego se le unió Ron con la misma expresión.

-Hermione necesitamos hablar –me dijo Harry acercándose a nosotros.

-Te espero donde siempre –refiriéndote al la sala de los menesteres y encaminándote.

-No Malfoy –esta vez fue Ron quien te detuvo impidiéndote que te fueras- es mejor que tu también escuches lo que tenemos que decirte.

-Bien Hermione –comenzó Harry- nosotros queríamos disculparnos por lo de la otra noche, fuimos unos estúpidos y no pensamos antes de decir todas esas cosas que te dijimos, sabemos que eres inteligente y que si elegiste a Malfoy es por alguna razón y sea cual sea, igual te apoyaremos.

-Pero si le llegas a hacer algo -continuó Ron mirándote y apuntándote con el dedo- aunque sea lo más mínimo, te las verás conmigo Malfoy, así que ya estás advertido.

-Vaya, gracias Weasley, pero no hacen falta las amenazas –dijiste tranquilo

Yo estaba feliz y las palabras no lograban salir de mi boca, así que lo único que atiné a hacer fue abrazarlos.

-Gracias chicos –les dije después de algunos momentos- necesitaba saber que aceptaban esto –y sin querer una pequeña lágrima cayó por mi mejilla.

-Bueno parece ser que Malfoy te qui… -pero Ron no podía continuar con lo que quería decir.

-Sí Weasley, la quiero –sonreíste y luego me abrazaste.

-Bien ahora que todo está arreglado. Creo que mejor los dejamos solos –Harry un poco incómodo con la situación comenzó a alejarse- nos vemos en la sala común, adiós Malfoy.

-Adios Potter y compórtate Weasley.

Vimos como caminaban y luego como desaparecían al dar la vuelta al pasillo. Te volviste hacia mí aún abrazándome.

-¿Más tranquila? –me preguntaste.

-Mucho, hemos vencido lo que decían.

Me alegro de no haberles hecho caso.

-Vamos –me dijiste y nos fuimos hacia la sala de los menesteres.

Pasábamos horas y horas en aquella sala, ya sea conversando, teniendo pequeñas discusiones sin sentido, besándonos o simplemente en silencio disfrutando de la compañía del otro.

Esos días no descansábamos ni siquiera para comer. El poco tiempo que nos habían dado para organizar el baile nos volvía locos a todos los prefectos, mientras los demás ocupaban su tiempo en buscar su vestido o pensar en que peinado se harían.

Un día mientras hablábamos de la ornamentación del lugar Justin se me acercó. Tú no estabas pues solo unos segundos antes el profesor Snape te había llamado a su despacho.

-Hola Hermione –me saludó sonriendo pero algo nervioso.

-Hola Justin ¿Cómo estás?

-Bien gracias ¿Y tú?

-Muy bien, ¿Se te ofrece algo? –le pregunté al fin al verlo tan incómodo.

-Yo… bueno me preguntaba si…

-Vete Flint-Fletcher –le dijiste cuando apareciste en la sala. Justin solo al verte se fue y creo que lago asustado.

-¿Por qué hiciste eso? –te pregunté entre divertida y enojada.

.Porque no me gusta que ese imbécil esté muy cerca de ti, se nota que le gustas, además quería pedirte que fueras al baile con él –me dijiste frunciendo el ceño.

-¿En serio? Fingí interés- Entonces no tenías derecho a hacerlo, así tendría con quien ir.

-¿Perdón?

-Claro, pues nadie me lo ha pedido.

-Creí que no era necesario pedirlo, pero si tu quieres lo haré –dijiste serio.

-No, claro que no, solo lo hacía para entretenerme un rato.

-Eso pensé –sonreíste- te tengo un regalo, está en tu habitación es para el baile,

-¿Qué es? –pregunté emocionada.

-Ya lo verás –fue todo lo que dijiste.

El día del baile me sentí nerviosa, por saber como resultaría el baile y por el vestido que me habías regalado.

Era de un verde escarlata, largo hasta las rodillas, ajustado de tal manera que resaltaba mis atributos y también en las partes necesarias, se notaba desde lejos que lo había elegido un Slytherin.

-Ya basta –me dijo Ginny antes de salir- estás preciosa.

-¿No crees que es algo provocativo?

-Vamos Hermione, eso es lo que te hace aún más atractiva, lo matarás con solo presentarte frente a él.

Y tenía razón, pues cuando salí de la sala común, no pude evitar sonreía cuando vi su rostro. No pestañeaste ni un solo segundo hasta que me acerqué a ti. Bueno tú no te quedabas atrás. Estabas vestido completamente de negro a excepción de la corbata que era verde al igual que mi vestido y tu cabello estaba peinado hacia atrás, como hace muchos años.

-Estás preciosa –me dijiste una vez que volviste del trance.

-Y tú muy guapo.

-Lo sé –sonreíste- aunque ahora no estoy muy seguro del vestido, muchos te mirarán y esa idea no me agrada para nada.

-Bueno si me miran mucho o me dicen algo te permito llamarles la atención.

-Bien eso me deja un poco más tranquilo.

-Ya estaban acostumbrados a vernos juntos, pero esta vez no pudimos evitar ser el centro de atención, aunque debo acepar que nos veíamos espectaculares.

El baile comenzó a los minutos después con el discuerdo del director, agradeciendo al equipo de organización y luego dando el inicio junto a la profesora MacGonagall.

Bailamos cerca de una hora sin parar, nunca creí ser capaz de bailar tanto y debo admitir que eras un buen bailarín.

-Me alegro de n haberles hecho caso –te dije al oído cuando bailamos una canción lenta.

-¿A qué te refieres? –preguntaste confundido.

-A Harry y Ron, de haberles hecho caso no estaría aquí junto a ti.

-Eso es porque no puedes evitar estar sin mí –dijiste sonriendo.

-Lo sé y es por eso que te amo.

-Y yo a ti –luego me besaste de una manera tan tierna y llena de amor- Ven te tengo una sorpresa.

-¿Otra?

-Sí.

-¿Qué es?

-Ya verás –y sin decirme nada más salimos del Gran Salón.