Eres el único a quien pertenezco.
Caminamos hacia la sala de los menesteres en silencio, tú no hablabas y a mí me encantaba el silencio donde solo nos comunicábamos con gestos. Al llegar a la puerta te detuviste y me miraste.
-Necesito que cierres los ojos y que no los abras hasta que yo te diga ¿Confías en mí?
-Sabes que sí –te dije sonriendo y cerrando los ojos.
Tomaste firmemente mi mano y me guiaste dentro de la sala, caminamos solo unos pasos.
-Ahora abre los ojos –susurraste detrás de mí.
Abría lentamente los ojos y frente a mí había una mesa elegantemente arreglada para una cena para dos, solo alumbrada por una vela en el centro de la mesa y por el fuego que la chimenea nos regalaba.
-¿Esto lo preparaste tú? –pregunté algo incrédula.
-Sí, ¿es tan difícil de creer? –tu rostro tenía un gesto de fingida ofensa.
-Es solo que me cuesta creer que el gran Draco Malfoy sea capaz de hacer algo tan romántico.
-Siempre estoy lleno de sorpresas –tomaste mi mano nuevamente y me guiaste hacia la mesa.
-Tome asiento señorita –tu caballerosidad era lago que me encantaba.
Te sentaste junto a mí y en ese momento la cena apareció frente a nosotros, tenías un gusto exquisito y elegante, disfrutamos la cena como nunca, conversamos de cosas que nunca habíamos hablado, de nuestros padres y también de tus amigos, noté que ese tema te dolió pues no pudiste evitar demostrar cierta frustración cuando me contaste que ellos no querían seguir las creencias de sus padres, pero que no les había quedado otra alternativa.
Mientras la noche avanzaba comencé a tener frío y lo notaste.
-Vamos junto a la chimenea, no quiero que te congeles –te pusiste de pie, me tendiste la mano y nos fuimos al sofá donde llegaba con agrado el calor de la chimenea.
Te acostaste y yo a tu lado apoyando mi cabeza en tu pecho, nunca creí que me podía sentir tan bien junto a alguien y solo con tu presencia me entregabas toda la tranquilidad que necesitaba, parecías saber exactamente lo que yo quería cuando me sentía mal.
-¿Pensaste alguna vez que estarías así conmigo? –te pregunté.
-No y me arrepiento, de haberlo pensado antes habría estado junto a ti desde mucho antes y no habría perdido tanto tiempo –me miraste y luego sonreíste.
Sabía que decías la verdad y lo entendía. Muchos fueron los prejuicios con los que te criaron y debió costarte mucho darte cuenta que todos ellos no valían nada comparado con lo que realmente sentías.
Te devolví la sonrisa tratando de devolverte en ella todo el cariño y amor que sentía por ti. Muy lentamente te acercaste a mí, sabía que me besarías, pues siempre que lo hacías me mirabas de aquella manera.
Pero esta vez había algo diferente en aquel beso, había algo más, pasión, amor, locura y podía sentir cada una de aquellas sensaciones. Te respondí de la misma manera pues mi corazón y mi cuerpo pedían más de ti. Cuando noté que estabas sobre mí y que me acariciabas de una manera como nunca lo habáis hecho, sabía lo que seguía, sabía lo que tú deseabas y no me detuve, pues yo también lo deseaba.
Tus manos parecían saber perfectamente lo que mi piel exigía, porque por cada caricia que me dedicabas, mi cuerpo se estremecía por completo. Tus manos fueron bajando al borde de mi vestido y lo fueron subiendo sin prisa mientras rozaban delicadamente mi piel. Fue ahí cuando ya no pude contener más mi excitación y un gemido se escapó por mis labios el cual llegó directo a tus oídos pues en ese instante besabas mi cuello.
Te separaste lentamente y me miraste con unos ojos llenos de pasión, deseo, lujuria.
-Sí quieres que me detenga –dijiste con dificultad- debes decírmelo ahora, pues si seguimos ya no podré controlarme –u voz sonaba ronca, conteniéndote esperando mi respuesta, podía ver en tus ojos que me deseabas.
Por toda respuesta me levanté, tomé tu cuello, te acerqué a mí y te besé y mientras lo hacía un gemido salió de tu boca, Me sentí poderosa y feliz, pues te estaba devolviendo todo el placer que tu me entregabas.
En un ágil movimiento de mi parte quedé sobre ti y comencé a desnudarte, mientras tú te sentabas haciendo lo mismo conmigo. No noté el momento en que solo la ropa interior cubría nuestros cuerpos y tú volvías a estar sobre mí, me miraste durante algunos segundo provocando que el rubor cubriera mi rostro.
-Eres perfecta –susurraste en un gemido para luego invadir mis pechos, con mucha agilidad los dejaste libres, llenándolos con tus besos que cada vez hacían que necesitara más de ellos. Fuiste bajando dejando un camino de besos en tu andar hasta llegar a mis pantaletas donde sonreíste y me miraste, nuevamente me avergonzaste y lo notaste, te acercaste a mi boca y me besaste mientras que con tu manos te deshacías de las ultimas prendas que nos quedaban a ambos. No pudimos evitar gemir al sentir el contacto de nuestros cuerpos desnudos, sin barreras.
Te acomodaste sobre mí con mucho cuidado y pude notar tu nerviosismo.
-Te amo –te dije tranquilizándote y acariciando tú cabello.
-Y yo a ti – y en ese momento entraste en mí.
Fuiste sumamente suave, como si temieras hacerme daño y que no podrías perdonártelo si así fuera. Sentí dolor, pero no fue nada comprado con el placer que fue invadiendo nuestros cuerpos, con cada movimiento una ola de placer más grande llegaba a nosotros.
Cuando nuestros cuerpos agitados y sudorosos llegaron al momento de placer máximo, supe que jamás podría estar sin ti, que te amaba y que no podría amar jamás a alguien más.
Caíste rendido sobre mi cuerpo y te abracé, creía que si te soltaba no volverías jamás a mí. Al volver nuestros corazones al ritmo normal, te removiste para quitarte y ponerte a mi lado.
-No –te dije- quiero que te quedes así.
-Pero te estoy aplastando –me miraste preocupado.
-No lo haces, me agrada estar así –solo sonreíste y volviste a colocar tu cabeza sobre mi pecho.
-Ahora eres mía –me dijiste luego de unos minutos- y no dejaré que jamás te vayas de mi lado.
-Soy tuya desde el momento en que me besaste por primera vez –respondí- y jamás me alejaré de tu lado.
-No lo sabía.
-Pues ahora lo sabes, sabes que eres el único a quien pertenezco.
Y ahí junto a la chimenea de la sala de los menesteres, nos dormimos, sin pensar en nada más que en nosotros, ya son preocuparnos de los que hubieran dicho tus padres o lo que dijeran mis amigos, pues nos teníamos el unos al otro y eso era lo único que importaba en esos momentos.
Parece que lo hemos conseguido.
Después de esa noche de san Valentín, parecía que no podíamos estar separados ni un segundo. Íbamos juntos a todas partes excepto en aquellas clases en la que no coincidíamos, pero cuando yo salía de mi clase tu ya estas ahí, esperándome.
-Parecen siameses –nos dijo Ron un día mientras comíamos en el comedor, pues ya hace algunos días que no te sentabas en la mesa de tu casa y lo hacías en la nuestra, aunque tu trato con mis amigos aún no cambiaba.
-No me enfadaré Weasley porque creo que por primera vez tienes razón –le contestaste esa vez- pero solo te diré que no te vendría mal conseguirte a alguien que te soporte, puede ser difícil, pero siempre hay alguien.
-Gracias por el consejo, lo tomaré en cuenta –Ron se levantó de la mesa- pero cuando esté encerrado por demente en una sala en San Mungo.
-Debo ir a la biblioteca –te dije.
-Voy contigo, no me agrada estar con Potter y la Weasley, me causan nauseas.
-No exageres.
-No lo hago, es la verdad –dijiste con una sonrisa.
Íbamos casi llegando a la biblioteca cuando una voz detrás de nosotros hizo que nos detuviéramos.
-Creí que eras inteligente Granger –nos volteamos y una chica de Slytherin nos miramos con ira en el rostro.
-¿Qué quieres Lehman? –le preguntaste a la chica.
-Cerciorarme de que lo de ustedes realmente a durado, debes der realmente buena en la cama Granger o estás hechizando a malfoy para que este hace tanto tiempo contigo –contestó la chica, provocando en mí un cierto grado de inseguridad.
-Será mejor que te largues ahora, si quieres escapara de las consecuencias que trae lo que has dicho.
-No me asustas Malfoy –dijo ignorándote y luego mirándome- apuesto mi vida a que luego que se acueste contigo te dejará, así como deja a muchas, no eres nada especial Granger –me dijo con un rostro lleno de odio.
-Mira Lehman…
-No te preocupes Draco –no dejé que continuaras lo que tenías que decir, te detuve y me dirigí a ella- creo que tu vida me pertenece, pues has perdido la apuesta –dije sin pensar en mis palabras, pero luego me sentí muy avergonzada.
-Ya la escuchaste, si quieres mantener tu asquerosa vida será mejor que te largues ahora –terminaste de decir al verme petrificada.
-Bueno, parece que lo han conseguido ¿no? –dijo la chica antes de irse- ahora no son más que una patética parejita perfecta –dio media vuelta y luego desapareció del pasillo.
Te acercaste a mí pero yo aún me mantenía petrificada, no podía creer lo que había dicho.
-Por Merlín Draco, me siento tan avergonzada –te abracé fuerte impregnándome de tu seguridad.
-¿Por qué?
-Por lo que dije, ahora todo el colegio sabrá que nosotros… bueno… ya sabes –dije ya completamente roja.
-¿Qué hicimos en el amor? –me preguntaste y yo asentí- Me da igual que todo el mundo sepa que te amo y que hicimos el acto más hermoso para demostrarlo –tomaste mi mano entre las tuyas- no te preocupes, ahora sabrán lo que hemos conseguido, que echamos abajo todas las barreras que impedían nuestra felicidad y que nos amamos como nunca antes nadie creyó que lo haríamos.
Mira que lejos hemos llegado.
El tiempo junto a ti pasaba volando y así juntos nos graduamos de Hogwarts, claro seguimos estudiando, tu leyes mágicas y yo para medimaga. Los estudios de perfeccionamiento y el trabajo nos quitaban mucho tiempo pero eso no impedía que al llegar al departamento disfrutábamos de la compañía. Debo serte sincera al decirte que el día en que me pediste matrimonio, pensé que nunca lo harías, pero lo hiciste.
Cuando les conté a Harry y a Ron, no me lo creyeron, pensaron que estabas loco o enfermo, pero luego se dieron cuanta que era cierto y que tus intenciones eran serias.
El día de mi matrimonio se pelearon por ser quien me llevaría al altar y mientras ellos discutían yo entraba del brazo del señor Weasley, cuando lo notaron no les quedó más remedio que aceptarlo y solo disfrutar del momento.
Mientras bailábamos ya en la fiesta, te abracé fuertemente.
-Mira que lejos hemos llegado, después de tantos años de enemistad seguimos acorazones y ahora estamos juntos.
Sigues siendo el único a quien quiero para toda la vida.
-Quiero que me prometas algo –me dijiste de repente.
-¿Qué cosa? –pregunté inquieta.
-Primero quiero oír que lo prometas.
-Muy bien, lo prometo.
-Si algún día, dejas de amarme solo un poco, quiero que me lo digas y yo saldrá de tu vida aunque se me rompa el corazón.
-Draco, mírame –levantaste la cabeza y concentraste tu mirada en mí- sigues siendo y serás el único hombre que quiero en mi vida –me acerqué y te besé cerrando esa estúpida promesa que yo sabía, jamás volveríamos a hablar de ella
Seguimos juntos y con más fuerza que nunca.
Cada vez que yo llegaba con algún problema del trabajo ahí estabas tú esperándome parea ayudarme, regalonearme y hacerme olvidar todo.
Hubieron días en que nos era imposible evitar pensar en que todo hubiera sido diferente si tus padres hubieran estado vivos.
-Todo sucede por algo –es siempre tu respuesta- seguimos juntos a pesar de todas las pruebas que se nos ponían por delante y seguimos con más fuerza que nunca a cualquier cosa que se nos imponga.
Mira lo que nos estaríamos perdiendo.
Esa noche cuando comencé a escribirte esta carta, muchas cosas y recuerdos pasaron por mi cabeza, no pude evitar que algunos que no quería recordar volvieran pero el solo hecho de levantar la mirada hicieron que estos se esfumaran.
Yo estaba en el escritorio de la habitación y cuando te miré estabas sentado en esa vieja silla con aquel libro que leías todas las noches. Siempre amé verte leer, las piernas cruzadas, anteojos al borde de la nariz como un anciano y el ceño ligeramente fruncido. Dejé el papel y la pluma aun lado y me acerqué a ti.
-Después de burlarte tanto tiempo de Harry por sus anteojos, ahora no puedes estar sin ellos –te dije sonriendo.
-Pues mi causa es la lectura –me respondiste mirándome, dejando el libro a un lado, tomándome una mano para acercarme más a ti y me sentaste en tus piernas- él nació con ese mal de fábrica.
-No hables así de mis amigos –te que una sonrisa se me escapara.
-Amigos que alguna vez no nos quisieron ver juntos ¿Te das cuenta de lo que nos habríamos perdido si los hubiésemos escuchado? –me preguntaste sacando la mirada de mí y concentrándola en la pequeña cuna que velaba el sueño de nuestro hijo que dormía plácidamente gracias al cuento que le leías cada noche.
-Sí, lo sé y te amo cada vez más cuando recuerdo que no me dejaste sola ni un instante.
Hubieron muchos corazones que de haberse encontrado con corazones débiles los hubiese destruido en solo segundos, pero se encontraron con los nuestros, que se hacían más fuertes con cada prueba que se les colocaba a su paso. No fue fácil salir adelante, hacer oídos sordos a todas aquellas palabras que pretendían dañarnos, muchas veces mi cuerpo quiso caer, pero ahí estabas tú vigilando por si yo tropezaba, ayudar a ponerme de pie. No sabes cuantas veces agradezco que estés junto a mí y más las veces que me pregunté si de verdad te merecía, pero siempre mis respuestas eran que sí, pues por cada gota de amor que tú me entregabas, yo te devolvía dos.
Estamos juntos y ya nada podrá hacer que no sigamos siendo felices. "Me alegro tanto que lo hayamos conseguido".
Parece que lo hemos conseguido
Mira que lejos hemos llegado,
No elegimos el camino largo, porque sabíamos que llegaríamos a esto algún día,
Decían: apuesto que no lo conseguirán,
Pero solo míranos ahora,
Queriéndonos,
Seguimos juntos y con más fuerza que nunca,
Sigues siendo a quien recurro,
El único con el que sueño,
Sigues siendo el único a quien doy un beso cada noche,
No hay nada mejor,
Hemos vencido lo que decían juntos,
Me alegro de no haberles escuchado,
Mira lo que nos estaríamos perdiendo,
Me alegro tanto de que lo hayamos conseguido.
Fin.
&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&
Bien terminé espero que les haya gustado, porque a mí me fascinó, haré un capítulo especial para contestar los rr, así que los espero.
