Nota de la autora: los capítulos 1 y 2 han sido unidos en el primero y los capítulos 3 y 4 en el segundo. El capítulo 3 es completamente nuevo.
Agosto 1996
- George la llamó Verity –explicó Harry.
Ginny no dejaba de reír. Se retorcía en el suelo mientas se agarraba con fuerza los costados.
- Mucho me temo que este año vamos a tener que andarnos con cuidado, Ron –dijo Hermione.
- ¿De qué hablas? –preguntó el chico con aire confuso.
- ¿No vistes los filtros de amor? Pensé que ahora que los gemelos no estaría en Hogwarts nuestro trabajo como prefectos sería más fácil, pero con sus productos en las manos de los alumnos…
- Y ella les llamó señor Weasley y señor Weasley –interrumpió Harry.
Ginny se imaginaba la escena en su mente y veía la cara de asombro de Harry ante aquella situación. Después de unos minutos consiguió relajarse y dejar de reír. Ron miraba embobado hacia la ventana de la cocina. Hermione tenía los brazos cruzados sobre el pecho y fingía que no sabía lo que tenía a Ron es ese estado. Pero ella lo sabía y también Harry, que rodó los ojos cansado y acostumbrado a ello.
- Deberíamos aprovechar el día tan fantástico que hace y cenar en el jardín –comentó Ginny.
- Se lo diré a mamá.
Ron fue a levantarse pero su hermana le cogió de la muñeca.
- Por mucho que disfrute de la compañía de mamá y mucho menos de la de Flegggrrr, me refería a nosotros cuatro.
Ron la fulminó con la mirada y ella se levantó rápidamente y le dio una palmada en el hombro. Odiaba verle todo el día detrás de la novia de su hermano mayor, poniéndose en evidencia y haciendo sentir como un trapo a Hermione. Aunque él no supiese que esa era la peor parte y mucho menos fuese consciente de cómo la hacia sentir. Pero otra vez le venía a la mente la idea de que su futura cuñada era en parte una veela y era normal que tuviese ese efecto en Ron.
- ¿Me ayudas a preparar la cena, Harry?
Él alzó la vista hacia ella y Ginny le dirigió lo que esperaba fuese una mirada de "no hagas preguntas y ven conmigo". Harry pareció entenderla.
- Claro.
Los dos echaron a andar hacia la casa. Ginny miró hacia atrás. Ron estaba inclinado hacia atrás, con los brazos apoyados en la hierba y las largas piernas cruzadas. Hermione demasiado ocupada en sus uñas.
Ginny suspiró y volvió la vista hacia la casa. Cuando entraron en la cocina ya no había rastro de Fleur y su madre parecía apurada. Se acercó a ella y la besó en la mejilla.
- Mamá, Harry ha pensado que podíamos cenar en el jardín¿te importa?
- Oh. Claro que no, tesoro. ¿Queréis que os prepare algo?
- No te preocupes. Ya nos encargaremos Harry y yo.
La señora Weasley les dedicó una sonrisa a su hija y a Harry y salió de la cocina. Él la miro con el ceño fruncido.
- ¿A qué ha venido eso? –preguntó.
- Harry, aunque mi madre te quiera como a uno de sus hijos, a ti no puede negarte nada –le explicó ella mientras abría una cesta de mimbre.- Te adora. Si por ella fuese te llamarías Harry Potter Weasley.
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Estaba convencido de que Ginny no bromeaba al respecto. La señora Weasley le consideraba como su hijo y muchas veces lo había dejado claro. Recordó amargamente la primera noche que pasó en Grimmauld Place. La madre de Ron había discutido con Sirius sobre lo que debían contarle y como su padrino estaba dispuesto a informarle sobre todo lo que quisiese saber mientras la señora Weasley se había mostrado contraria. Incluso había insinuado que ella era más una madre para Harry que Sirius un padre para él.
- ¿Harry?
Había estado demasiado tiempo pensando, con la mirada perdida en alguna parte y Ginny se había dado cuenta. Le miraba con una mezcla de curiosidad y preocupación. En seguida, ella dejó de mirarle y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro cuando se asomó por la ventana. Harry conocía demasiado bien esa sonrisa. La había visto cientos de veces en Fred y George.
- Me pregunto cuando se darán cuenta.
- ¿Qué? –preguntó Harry.
Definitivamente su confusión y total ignorancia sobre lo que estaba hablando Ginny debió mostrarse en su cara porque ella le miró y rió levemente.
- Ron y Hermione.
- ¿Qué?
Esta vez su tono fue mucho más agudo y Ginny rió de nuevo más fuerte.
- Merlín¿no te parece obvio?
Por supuesto que le parecía obvio. Durante los dos últimos años las muestras que daban sus mejores amigos sobre sus sentimientos, algo mucho más que amistosos según él, habían sido suficientes para que él mismo sospechase. Pero nunca había llegado a plantearse que Ron y Hermione darían ningún paso. Los dos eran demasiado orgullosos y testarudos para hacerlo. Al menos a corto plazo.
- ¿Quieres apostar, Harry?
¿Apostar sobre una posible relación sentimental entre sus mejores amigos? Hermione le mataría por ello.
- De acuerdo. ¿Cuánto?
- El que pierda hará todo lo que le pida el otro durante un día.
- Bien.
- Apuesto a que estarán juntos ante de que acabe el año.
- No lo creo.
- Es un trato, Harry Potter –dijo Ginny y extendió su mano hacia Harry.
- Es un trato –repitió él cogiendo su mano.
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Hermione no mintió cuando dijo que no le gustaba volar, y por como lo hacía, debería haber sido más específica y decir que lo odiaba. Pero así funcionaba el mundo. Ron era bueno en ajedrez, Harry en Quidditch, Hermione con los libros y ella... Ella era lo suficientemente modesta como para considerar por un momento en qué destacaba. No importaba demasiado, de todos modos.
La idea de jugar aquella tarde había sido de Ron. Harry casi estaba volando en su Saeta de Fuego cuando lo propuso y no les costó convencer a Hermione a pesar de que al principio se negó en rotundo. La noche anterior sin embargo, Ginny había intentado dejar caer la idea de lo mucho que animaba a Harry jugar a Quidditch, a pesar de que sabía con total seguridad que era un hecho que Hermione conocía. Así que Hermione se limitaba a obligarse a jugar aunque supusiese para ella un sacrificio. Ginny solía pensar que Harry era muy afortunado teniendo a alguien como Hermione Granger como su mejor amiga.
- Esta vez no les dejemos ganar –suplicó Ron a su hermana.
Ginny le miró durante unos segundos. Siempre formaba equipo con él para compensar, pero por muy bueno que fuese Harry a veces no se esforzaban demasiado para que él ganase y se sintiese mejor.
- No dejemos que se le suba a la cabeza –dijo ella sonriéndole.
Cuarenta minutos más tarde Ginny había cogido la snitch y Hermione tenía peor cara que Harry cuando pisaron el suelo. De hecho no estaba molesto por haber perdido. Hermione suspiró cuando sus pies tocaron tierra firme.
- Solo ha sido mala suerte, Harry. Hoy hace un día horrible para jugar a Quidditch.
El problema de Hermione es que a veces para animar a Harry deprimía al resto. Ginny arqueó las cejas con las manos en las caderas. Ron la observaba indignado y a punto de explotar.
- No ha sido mala suerte, Hermione. Ginny es muy buena. Creo que Oliver Wood habría llorado de felicidad si hubiese estado en el equipo cuando él era capitán –dijo Harry.- Además¿crees que solo juego bien cuando hace buen tiempo? Realmente eres una gran amiga…
- No, no. No quise decir que seas un mal jugador, Harry. Eres el mejor jugador de todos los tiempos…
Hermione hubiese seguido con su discurso si no fuese porque Ginny, Harry y Ron habían empezado a reír como locos. Ella cruzó los brazos sobre el pecho y les miró con reproche. Ron casi lloraba de la risa y Ginny se apoyaba en el brazo de su hermano para no perder el equilibrio y caerse.
- Estaba bromeando, Hermione –dijo Harry y la rodeó los hombros con el brazo derecho.
Los cuatro caminaban hacia la casa cuando de pronto empezó a llover. Cuando llegaron a la casa estaban empapados. La señora Weasley les obligó a secarse y cambiarse antes de la cena.
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Cada vez que tosía sentía su cerebro moverse y quejarse en su cabeza. Le dolía hasta la última punta de su pelirrojo cabello. Se frotó los ojos llorosos con un pañuelo y volvió a toser con más fuerza. A través de las lágrimas que inundaban sus ojos sin cesar observó como Harry tenía la cabeza entre las manos y estudiaba el tablero de ajedrez. Ginny esperaba a que hiciese su próximo movimiento con los brazos cruzados. Llevaban diez minutos así.
- Déjalo, Hagry. Nunca podrás ganag a un Weasley –aconsejó Ron desde su sitio en el sofá.
Su amigo se estrujó el pelo entre los dedos y lo dejó más alborotado que de costumbre, lo que provocó una ligera sonrisa en la hermana de Ron. Aunque no estaba seguro de si había visto aquello o era producto de su imaginación. Estornudó con fuerza y los dos le miraron atónitos.
- Se supone que deberías estar mejor –le dijo Ginny.- Hermione te dará una asripina-
- Aspirina –corrigió Harry.
- Eso. No permitirá que faltes en tu primer día.
- Aún queda una semana –objetó Ron.
Estiró las piernas y sus pies sobresalieron debajo de la manta con la que se tapaba.
- ¡Ron! –gritó Hermione entrando por la puerta.- La poción de tu madre no ha hecho efecto. Tengo algo que te hará sentir mejor.
Ron vio como ella se daba la vuelta para subir por las escaleras y se levantó de golpe.
- ¡Espera, Hermione! Estoy pegfectamente. Solo estaba echando un cabezadita.
Ella volvió hasta la puerta y Ron caminó sintiendo nauseas hasta sentarse al lado de su hermana y mirar entre la neblina cristalina el tablero de ajedrez.
- Lo estás haciendo mal –dijo con voz débil a su hermana.
Ginny frunció el ceño dolida y le miró desafiante para que él demostrase que lo podía hacer mejor. En el fondo sabía que ella solo esperaba demostrar a Hermione que todavía se sentía mal y que sí debía tomar el remedio que su amiga tan gentilmente le ofrecía. Ron sintió un escalofrío recorrerle toda el cuerpo y apuntó mentalmente vengarse de su querida hermana pequeña. Acercó una mano temblorosa al tablero y cogió una de las piezas y la movió por encima sin saber qué movimiento era el más inteligente. Realmente no tenía ni idea de qué hacer. Le dio miedo pensar que estaba más enfermo de lo que creía si podía afectar a sus dotes en el ajedrez.
Intentó pensar lo más rápido posible. Empezó a marearse. No supo si era así como se sentía Hermione cada vez que tenía una idea o las ganas de vomitar y tumbarse a la vez. Entonces lo vio claro. Dejaría que ganase Harry. Al fin y al cabo, el día anterior ellos ganaron el partido de quidditch y Hermione estaría encantada de que Harry estuviese más animado.
Se sorprendió de lo fácil que era fingir que perdía al ajedrez y dos movimientos más tarde, Harry sonreía de oreja a oreja, alucinando por haber ganado al gran Ron Weasley, maestro del ajedrez. Ron dirigió una débil sonrisa a Hermione y ella se la devolvió casi tan feliz como Harry.
1 de Septiembre 1996
La única vez que Harry había faltado a la ceremonia del Sombrero Seleccionador fue en su primer año en Hogwarts. Él y Ron estaban en el coche de su padre tratando de sobrevivir a los golpes del Sauce Boxeador. Ahora, en su quinto año, Harry había aparecido tarde, con la cara ensangrentada y una expresión absolutamente insondable. Todos le habían visto caminar rápidamente hasta sentarse entre Ron y Hermione y evitar hablar de lo que fuese que había ocurrido. No negaba que sentía la misma curiosidad que Dean y el resto de compañeros que podían oírles, pero ella estaba igualmente preocupada. Nadie sabía lo que había ocurrido exactamente en el Ministerio ni el grave peligro que seguía corriendo Harry y el resto de los que le rodeaban. Ni siquiera le había contado a Dean nada de aquello. No creía necesario que la batalla en el Ministerio y la muerte de Sirius Black fuese un tema de conversación con nadie por muy novio que fuese.
Antes de ir a dormir aquella noche encontró a Hermione colocando una lista en el tablón de anuncios de la Sala Común. Se acercó a ella. Si alguien podía decirle que le había pasado a Harry, esa era ella.
- ¿Hermione?
La joven se dio la vuelta sorprendida y se relajó al instante.
- Oh, Ginny. Pensé que todos se habían acostado.
Normalmente nunca se sentía nerviosa ante Hermione, pero en ese momento notó como se le secaba la garganta. Se dijo a sí misma que se trataba de Harry y que no su amiga no vería mal que mostrase preocupación por él cuando ahora eran amigos.
- ¿Qué le ha pasado a Harry? –preguntó directamente.
Hermione suspiró cansada y miró a todos lados antes de contestar.
- No lo sé.
Ginny arqueó una ceja. Era imposible que Hermione no supiese que le había pasado a Harry. No porque lo supiera todo, porque solo existían dos personas en las que Harry confiaba con los ojos cerrados y una de ellas era ella.
- No lo sé, Ginny, de verdad. Pero deberías preguntárselo tú misma.
Ya. Preguntárselo ella misma. Solo el pensamiento resultaba absurdo.
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Le daba igual lo que dijese Hermione. Aquel libro no era en absoluto peligroso. Solo había dos cosas en las que Ron y él la superaban: el ajedrez mágico y el quidditch respectivamente. Seguramente ella lo consideraba como una intrusión en su terreno porque demostraba que era mejor que ella en algo que siempre había controlado y en lo que él jamás destacó. No quería discutir con Hermione por un libro, pero era ella quien estaba haciendo una montaña de un grano de arena. Era un libro que estaba ayudando a Harry en Pociones y ella debería alegrarse porque le fuera bien en ello. Además, tal vez estaba el hecho de que cuando Snape era el profesor no hacia que Harry sacase lo mejor de sí.
Una ráfaga del mismo aroma floral que había olido en la clase de Pociones le golpeó en la nariz y aspiró complacido. Levantó la vista del libro y frente a él estaba Ginny, con los brazos caídos. No pudo evitar fijarse en que sus pequeñas manos estaban apretadas en dos puños y que su mirada normalmente segura y alegre era nerviosa. Se había fijado en el libro.
- En serio, Ginny. No es como el diario.
Era extraño como en los años que la había conocido desde aquel fatídico día en que la salvó en la Cámara de los Secretos nunca lo había nombrado delante de ella, jamás lo habían comentado, y en pocos días se había visto obligado a hacerlo dos veces. Totalmente diferente a las explicaciones y evasivas que tenía que usar con Hermione.
- No es eso, Harry.
- Oh.
El único motivo por el que podía mostrarse tan nerviosa entonces era el equipo de Quidditch. Sin embargo, Harry dudaba bastante de que fuese a hacerlo mal en las pruebas y que no fuese a estar en el equipo. Si no fuese porque le tacharían de mal capitán, Ron y ella no pasarían ninguna prueba y estarían directamente en el equipo. Lo mismo que Katie Bell.
Ginny se sentó en el sofá, a una distancia prudencial y suspiró profundamente.
- Er, verás, es sobre lo que pasó el primer día antes del banquete.
Eso no lo esperaba.
Harry abrió la boca y la cerró en seguida. ¿Qué podía decirle¿Qué sospechaba que Malfoy era un mortifago? No podía contarle la verdad. Al menos no toda la verdad. Una versión que no la implicase demasiado. En los últimos meses había aprendido a ser su amigo pero había cosas que era mejor que no supiese.
- Está bien. Si no quieres decírmelo no pasa nada, lo entiendo.
Sonó calmada y decepcionada a la vez. Sintió que le debía una parte de la historia. Ginny fue a levantarse y él la paró sujetándola del brazo.
- Fue Malfoy.
Ginny se acomodó de espaldas al apoyabrazos para poder mirarle a la cara mientras él le contaba qué había ocurrido. Harry se dio cuenta de que era mucho más difícil de lo que creía contar la parte de la historia que explicaría de la forma más simple y creíble lo que había pasado.
- Cuando salimos de la reunión con Slughorn fui a dar una vuelta por el tren. Me pareció extraño que Malfoy no estuviese alardeando de ser prefecto y abusando de los de primer año.
Esa era una excusa perfecta para seguirle. Ginny no ignoraba la enemistad entre los dos muchachos así que no había motivo para que sospechase o pensase que era mentira.
- ¿Es cierto que te pegó? –preguntó y se llevó la mano la nariz.
Harry asintió.
- Por eso tenían la cara llena de sangre –dijo Ginny para sí misma.- Es una suerte que no te rompiese nada.
De pronto Harry se encontró reprochándose a sí mismo el no haberle contado la verdad. Porque ella no estaba intentando sonsacarle nada, simplemente le estaba preguntando porque se preocupaba por él. Era el tipo de cosas que hacían los amigos. Y él estaba ahí sentado escondiendo detalles de lo que ocurrió. Aunque en el fondo sabía que era tarde para echar marcha atrás.
Decidió que a partir de ese momento el resto de la historia debía contársela. Le relató el resto, como Tonks le había encontrado y Snape le había obligado a entrar en el Gran Comedor.
- Aún no me puedo creer que sea el Profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras –comentó Ginny más relajada.
- Dímelo a mí.
Ella rió un poco.
- Pero míralo desde el punto de vista positivo –aconsejó Ginny.
- ¿Lo tiene? –preguntó escéptico.
- Es un puesto maldito¿no? Dentro de un año Snape habrá desaparecido de nuestras vidas.
Harry pensó que aquello sí que tenía un lado positivo.
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Se fijó en la expresión de su cara. Era como si estuviese soñando despierto. No le faltaban motivos cuando se trataba de perder de vista a Snape. Todos los Gryffindor y el resto de los alumnos que no eran de Slytherin sufrían la vehemencia del antiguo profesor de Pociones, pero si alguien lo vivía como algo personal ese era Harry. No porque él lo viese así, si no porque Snape se encargaba de que fuera así personalmente.
Harry aún tenía ese libro de Pociones en su regazo. Se dio cuenta de que lo primero que él había pensado cuando quiso hablar con él es que se trataba del libro. Hermione debía estar presionándole demasiado con eso si se había vuelto tan paranoico al respecto. O tal vez pensaba que ella aún tenía dudas sobre su origen maligno.
Quiso desviar la conversación y sus pensamientos a un tema más interesante.
- ¿Cuándo serán las pruebas para el equipo de Quidditch? –preguntó.
- Aún no lo sé –contestó él.- Se está apuntando un montón de gente, va a ser complicado.
- Bueno, es normal, eres El Niño Que Vivió. Todo el mundo querrá verte actuar como capitán.
- Eso mismo ha dicho Hermione.
Él tenía la vista clavada en el frente. No había nada a que mirar. Ginny supuso que Harry estaba nervioso por las pruebas.
- No deberías hacer la prueba. Ni Ron, ni Katie Bell –dijo cansado.- Te he visto jugar, y aunque no lo hubiese hecho, si como cazadora eres igual que buscadora, no habría problema.
- Harry, nunca podría ser tan buena como tú.
- Eso no es cierto. El año pasado-
- El año pasado –intervino ella,- fue una suerte que ganasemos a Ravenclaw.
Se produjo un silencio. Harry dio suaves golpes con las yemas de los dedos sobre la portada del libro de pociones. De pronto se sintió un poco incómoda al respecto. Seguramente estaba pensando en Cho Chang y lo cierto es que ella tampoco quería darle vueltas al asunto de la penosa vida amorosa de Harry ni lo insoportablemente llorona que había resultado la buscadora de Ravenclaw.
- ¿Dónde están Ron y Hermione?
- En una reunión de prefectos –contestó Harry automáticamente.
Ginny se aclaró la garganta, inconscientemente y él giró la cabeza y la observó. Al segundo arqueó una ceja y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Ella frunció el ceño confusa.
- ¿Qué? –preguntó nerviosa.
- No creo que estén haciendo otra cosa. Antes de irse estaban discutiendo.
¿Qué quería decir con eso? Ginny le miró boquiabierta hasta que se dio cuenta de lo que estaba hablando. La apuesta. Hasta lo había olvidado. Se apartó el pelo que empezó a caerle frente a la cara con la mano y dedicó una mirada de misterio a Harry.
- Tiempo al tiempo –dijo con voz melodiosa.
Harry rió y ella se sintió ligeramente ofendida. No sabía si era por su actitud o por lo ingenua que era al pensar que Ron y Hermione darían el gran paso antes de que terminase el curso. Pero ella tenía fe en ellos. Más les valía o sería la esclava de Harry Potter durante un día.
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Definitivamente toda su familia tenía un don para hacerle reír. Los gemelos con sus bromas, Ron con su sentido del humor y Ginny en esa especie de juego sarcástico e irónico que acompañaba a sus conversaciones. Y siempre lograba sorprenderle lo dispuesta que ella estaba a bromear y a conspirar a espaldas de Ron y Hermione sobre su vida amorosa.
De pronto, como salido de la misma nada, apareció Dean Thomas. Se sentó en el sillón libre que había al lado de Ginny y le sonrió y guiñó un ojo. Harry notó una punzada en el estómago y pensó en lo que diría Ron si le viese flirtear así con su hermana pequeña. Por mucho que fuese su novio. Era algo que solía olvidar cuando hablaba con ella. Apretó el libro con sus manos cuando ella sonrió a Dean. No era la sonrisa lo que descolocó a Harry, fue el modo en el que su cara pareció brillar, como sus ojos también sonrieron. No recordaba haberla visto así en su vida.
Se recordó a sí mismo que era difícil cuando jamás la había considerado como una amiga más.
- ¿Ya sabes cuando serán las pruebas para el equipo, Harry?
Dean había interrumpido sus pensamientos y tuvo que esforzarse para no rodar los ojos y mandarle callar en ese mismo instante.
- Eh, no –contestó brevemente.
- Creo que este año me presentaré para el puesto de cazador.
Harry se limitó a sonreír educadamente y asentir con la cabeza.
- No es que quiera influenciar tu decisión, Harry, pero piensa que gran equipo formaría con Ginny y conmigo como cazadores.
Dean volvió a sonreír a su novia y alcanzó su mano y la cogió con la suya. Eso era lo que necesitaba en el equipo, pensó Harry, una pareja distraída. Ignoraba como jugaba Dean pero sintió la necesidad de decirle que no entraría en el equipo ni por encima de su cadáver. Carraspeó y se encontró a sí mismo sonriendo de nuevo. Empezó a sentirse estúpido.
- Primero tendrás que pasar las pruebas, Dean –comentó Ginny.
Aquello y la entrada de Ron y Hermione en la Sala Común salvaron a Harry de una respuesta que le costó encontrar. Su amigo se dejó caer pesadamente en un sofá en el que estaban sentados dos alumnos de primero que se levantaron asustados y fueron hacia la esquina de la sala. Ron ni se inmutó. Estaba más ocupado en mirar de soslayo las manos entrelazadas de su compañero de cuarto y su hermana. Luego levantó la vista hacia Dean en lo que Harry adivinó era su forma de hacer un agujero en su cabeza con la mirada.
- Tengo hambre –dijo Harry.- ¿Tú?
Ron desvió sus ojos rápidamente hasta él y suspiró.
- ¿Tú qué crees? Pensé que esa maldita reunión no acabaría nunca. No hemos hecho más que empezar el curso y Hermione está como si fuese Delegada y se acercase el fin del mundo.
Harry sonrió genuinamente ante la queja de su mejor amigo y le hizo un gesto. Los dos se levantaron y se dirigieron al agujero del retrato.
- ¿Le dirás a Hermione que estamos en el Gran Comedor, Ginny? –preguntó Harry mirando hacia atrás.
- Claro.
Ella contestó sin volver la cabeza para mirarle, demasiado ocupada riendo entre dientes porque Dean estaba haciéndole cosquillas en la muñeca. Harry sintió su estómago más vacío que nunca y se apresuró a caminar detrás de Ron.
