Octubre 1996

Conocía Hogsmeade como la palma de su mano y seguía provocándole la misma ilusión que le hizo en tercer año el primer fin de semana que podían visitarla. Durante el verano se había hecho a la idea de que como ahora todos sabían que Voldemort había vuelto se suspenderían los fines de semana en Hogsmeade como medida de seguridad.

Apretó la bufanda que llevaba alrededor del cuello un poco más y su cuerpo otro tanto al de Dean. Caminaban a la par y él iba hablando sobre las clases y dándole consejos sobre los TIMOS. Merlín sabía que tenía suficiente con los de Hermione, pero optó por no decirle nada. Iban por la calle principal del pueblo cuando estuvo a punto de caerse al suelo de la impresión. Mundungus Fletcher. Él no la vio y dudó de que se acordase en lo más mínimo de ella. No era ninguno de sus hermanos mayores, ni una amiga íntima de Harry como Ron y Hermione. Tan solo la pequeña de los Weasley y a diferencia de George y Fred, nunca sintió aprecio por aquel hombre.

Se pararon justo frente a un lugar que por desgracia conocía no tan bien como el pueblo, pero al fin y al fin cabo era su primera visita juntos.

El salón de té de Madame Pudipié. Fue el lugar al que le llevó Michael Corner en su primera cita. Al principio le pareció un lugar diferente pero que tampoco debía prejuzgar. Los flecos y los lazos que adornaban todo no tenían por qué ser del todo malos. La apariencia era cursi, pero ella sabía que las apariencias solían engañar. A los cinco minutos de estar allí sentada, rodeada por parejas que usaban sus bocas para otra cosa que no era hablar, y manteniendo la conversación más banal que jamás había tenido con un chico, odió el lugar.

Dean cogió su mano y ella volvió a guardarse su opinión sobre el lugar elegido por su novio. Era su primera cita oficial y no tenía por qué hacerle sentir especialmente mal. El salón seguía siendo cursi y excesivamente azucarado.

No fue la única sorpresa desagradable del día. Recorrió el lugar con la mirada y encontró en seguida a Cho Chang dada de la mano de Michael Corner y en una actitud demasiado cariñosa para el gusto de cualquiera. Él jamás estuvo con ella así y por Merlín que Chang se había mostrado tan afectuosa con Harry. Por lo menos las pocas veces que les había visto juntos. Pero presentía que la relación de Chang y Harry nunca fue del todo normal y no tenía ni la menor idea de cómo se había dado, evolucionado y terminado.

Hermione había dicho algo sobre los celos de ella y la incapacidad de Harry para tratar al género opuesto, cosa de la que no le culpaba porque demasiada suerte había tenido no siendo un insociable dadas las circunstancias. Entonces Ginny rió porque puede que Harry no fuese un insociable, sin embargo no era del tipo de gente que parecía disfrutar haciendo amigos que no fuesen Ron y Hermione.

Chang giró la cabeza en ese instante y al verlos les sonrió educadamente. Ginny devolvió el gesto. Por suerte se sentaron en una mesa lo suficientemente alejada como para no presenciar nada más.

Sin embargo la parte de Ginny que aún sentía algo por Harry, la que solía suspirar interiormente cada vez que él sonreía como la adolescente que era, pensó en él mientras Dean hablaba sobre aquel equipo de no sé qué deporte muggle que tanto le gustaba. Era la peor novia de la historia. Pero no era posible evitar pensar en Harry Potter. Porque ahora más que nunca formaba parte de su vida. Hacía dos años, Merlín, ni siquiera el año anterior le habría preguntado si iba con ellos a Hogsmeade. Y aquella mañana en el Gran Comedor le había dedicado una de esas sonrisas que seguramente él ignoraba que resultaban tan encantadoras y había hecho la fatídica pregunta que estuvo esperando desde que se le permitió visitar el pueblo.

Aunque él no tuviese ni el menor interés romántico en ella.

Aunque a veces ella siguiese siendo una patética y soñadora niña de diez años.

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Hermione Granger no estaba dispuesta a reconocer que tenía miedo. No más del que transpiraba por las mañanas cuando leía El Profeta o cuando hablaban abiertamente de la guerra, cosa que ocurría raras veces. Tampoco iba a negar que se preocupaba de manera casi obsesiva por Harry. Pero eso era lo que esperaba de lo mejores amigos. Y ella lo era con todas las consecuencias.

Sin embargo, si le volvía a oir hablar sobre Malfoy y su culpabilidad en el ataque que le había costado a Katie Bell ser ingresada en la enfermería acabaría lanzandole una maldición ella misma. Cuando se le metía algo entre ceja y ceja era insufrible. Estaba cansada de decirle que aquello no era posible, porque entre otras cosas, Malfoy no había ido a Hogsmeade, y tampoco existía ninguna otra prueba que demostrase su teoría.

Ojalá pusiese el mismo interés en los estudios.

Miró a ambos lados y se dio cuenta de que era la única que estaba en la biblioteca a esas horas.

- Por fin te encuentro.

Ginny se sentó a su lado. Sacó un libro y lo puso frente a ella. Se inclinó hacia Hermione y preguntó en voz baja:

- ¿Qué demonios ha pasado con Katie Bell?

Le relató todo lo que había sucedido.

- ¿Y nadie sabe quién ha sido?

Hermione suspiró y volvió a mirar a todos lados antes de acercarse un poco más a Ginny y susurrar lo que estaba desquiciandola.

- Malfoy es el sospechoso número uno de Harry.

- ¿Malfoy? Pero si no ha ido a Hogsmeade. Es imposible.

- Eso es lo que llevamos todo el día diciéndole a Harry. Pero ya sabes como es. Demasiado tozudo para entrar en razón.

- Yo también pensaría que él tiene algo que ver en todo esto si no supiese que es practicamente imposible –comentó Ginny.

- No hablemos más de eso. Seguramente tendré que oir a Harry hablar sobre ello durante la cena.

Ginny sonrió comprensiva y Hermione agradeció tener a una amiga que no fuese ni Ron ni Harry. En esos momentos sobre todo agradecía que no fuese Harry.

- Oh. Casi lo olvido. ¿Qué tal con Dean?

- Mmm. Bien. Lo normal, como siempre.

Era el tipo de respuesta que siempre obtenía cuando le preguntaba por Dean. Fue la misma que le dio durante el año pasado cuando hacía la misma cuestión sobre Michael Corner. Y en el fondo, Hermione sabía que lo único certero era que todo estaba como siempre. Donde se suponía que debía estar.

- Merlín, Hermione. Me ha llevado a Madame Pudipié. Después de la cita con Michael juré no volver allí. ¿Pero qué podía hacer¿Decirle que era el último lugar donde me apetecía estar en ese momento?

Hermione sonrió y tuvo una ligera idea de cuál era el lugar en el que Ginny hubiese preferido estar. No quiso ni imaginarse con quién hubiese preferido estar antes que con Dean. Al fin y al cabo ella había convencido a Ginny para que se relajase y viviese un poco más.

Ejemplo que ella debería seguir algún día si las cosas seguían yendo así.

- Lo peor de todo ha sido encontrarnos con Michael y Cho Chang. Todavía es extraño. No porque Michael tenga novia. Es Cho Chang, por el amor de Dios. Cho Chang. Somos tan diferentes que no entiendo como ha podido fijarse en las dos.

Y tuvo que morderse la lengua para no decir que Harry también se había fijado en ella en el pasado.

- Sí, ya sé que Harry también se fijó en ella. Soy estúpida¿verdad¿Qué chico de Hogwarts no se ha fijado en ella? –Ginny se puso un dedo en la barbilla y se concentró durante unos segundos.- Creo que Bill y Charlie. Pero ellos no la han conocido, así que no cuentan. Oh, y Ron. Aunque a veces dudo que Ron preste alguna atención a alguien que no seas tú.

Hermione se ruborizó. Algo que siempre ocurría cuando Ginny mencionaba sin darse cuenta que a su hermano mayor le gustaba Hermione Granger. Y todas esas veces no quería creerlo. Porque era darse esperanzas sobre algo que no podía controlar. Su amiga soltó una risita complice.

-En serio, Hermione. Está loco por ti. Todos lo ven. Deberías animarte y pedirle salir algún, porque si esperas que él lo haga. Ron es más bien pasivo en ese aspecto. A veces creo que Harry y él acabarán compartiendo una casa solos. En fin, prefiero no pensarlo.

Las dos sonrieron.

- ¿Y ha pasado algo más? –preguntó Hermione queriendo cambiar de tema rapidamente.

Ginny enarcó una ceja entendiendo la estrategia de su amiga y cedió de todos modos.

- Nada importante. Chang ha sonreido, ya sabes como lo hace. Yo he hecho lo mismo.

Se calló unos segundos. A Hermione le parecieron días.

- Pobre Harry. Quiero decir, que he recordado aquella cita que me contaste que tuvieron y le he imaginado en ese lugar. No creo que exista un sitio menos adecuado para él. No me extraña que lo suyo con Chang no funcionase.

- Ya sabes por qué no lo hizo –terció Hermione.

- Ya, ya. Pero por eso lo digo. No creo que Madame Pudipié sea lo que Harry necesita en una chica.

- ¿Y qué es lo que necesita en una chica? –preguntó Hermione divertida.

No es que le gustase demasiado comentar la vida amorosa de uno de sus mejores amigos, pero eran las charlas que tenía con Ginny lo que le hacía sentir cómoda. Formar parte de algo que ellos no podían entender y que estaba fuera de su alcance por miles de motivos. Algo que solo le pertenecía a ella. Una amistad muy diferente pero liberadora y confortante.

Una confidente y alguien a quien escuchar con problemas distintos. Un soplo de aire fresco en su vida.

- No me mires así –advirtió Ginny a la defensiva.- No estoy hablando de mí. Merlín sabe que hace demasiado tiempo que me cansé de esperar.

- Lo sé –concedió Hermione.

- Es solo que pienso que Cho Chang es demasiado dramática para Harry y lo que él necesita es alguien más alegre. Que le haga olvidar que es El Chico Que Vivió, que sepa que es solo Harry Potter y eso sea lo más especial de todo.

- Lo sé –repitió Hermione y asintió con la cabeza.

Odiaba que Harry no viese lo que Ginny sí veía. Lo que Hermione había visto desde hacía muco. Porque hacía años que Ginny ya no le miraba como si fuese una fanática del héroe del mundo mágico. Y todo lo que decía que necesitaba era lo que podía ofrecerle. Ojalá todo fuese más fácil. Ojalá pudiese acercarse a Harry y decirle todas esas palabras y señalar a Ginny en un rincón de la Sala Común y él se levantase y se sentase a su lado. Y sonriesen juntos.

Hermione pensó que debería dejar de leer todas esas novelas de época antes de convertirse en una romántica sin remedio. Sobre todo si fantaseaba sobre Ginny y su mejor amigo.

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Ron estaba endemoniadamente aburrido. Hermione había desaparecido hacía ya un par de horas. Sin duda alguna estaría encerrada en la biblioteca leyendo algún libro importante o haciendo una redacción que debía entregar dos meses más tarde. Pero Hermione Granger era así. Su lema era no dejar para mañana lo que pudieses hacer hoy. Aunque eso no tuviese ni el menor de los sentidos para él. Sobre todo cuando no lo aplicaba a cosas más importantes.

Mucho más importantes sin duda alguna.

Harry estaba… Ni siquiera sabía donde estaba su mejor amigo. Puede que estuviese en la habitación pegandole a una almohada mientras imaginaba que era Malfoy. Con gusto haría lo mismo, pero no tenía la energía necesaria para ello. Ni la rabía que probablemente sentía su mejor amigo en esos momentos. Ojalá fuese más fácil darle la razón a Harry y decirle que él también creía que Malfoy era el culpable del ataque que había padecido la pobre Katie Bell. Sin embargo, la razón no estaba a su favor y no podía mentirle.

En su campo de visión aparecieron Parvati Patil y Lavender Brown. Y tuvo que esforzarse para no fruncir el ceño incrédulo cuando ésta le lanzó una mirada y una sonrisa como el día que habían hecho las pruebas para el equipo. Merlín¿acaso estaba flirteando con él? Una parte de él se sintió halagada y sonrió lo que consideró su sonrisa más seductora. Inmediatamente se sintió estúpido. Como si tuviese una sonrisa seductora. De haber sido así, Hermione habría caido hace mucho tiempo.

Si no estuviese tan malditamente ocupada en otras cosas como los estudios, o preocuparse desmesuradamente por Harry, o reñirle por cualquier tontería. O cualquier cosa que le quitase una ínfima parte de la atención que merecía por parte de ella.

Decidió que lo mejor que podía hacer era buscar a Harry e ir a cenar.

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Era posible, solo un poco posible, que estuviese obsesionado con la idea de que Malfoy era el culpable. Pero sino¿quién más podía ser? Y si alguien más le hubiese oido hablar en aquel vagón del tren el uno de Septiembre, podrían compartir sus dudas al respecto. Lo dificil era encontrar una prueba contra el Slytherin. Empezaba a sentirse rematadamente frustrado.

Se masajeó las sienes con las yemas de los dedos.

No había terminado de cenar. Hermione y Ron no solo se habían dedicado a negarle la posibilidad de que Malfoy fuese el artifice de todo aquello sino que habían acabado discutiendo por algo que ya ni recordaba. Hacía años que había dejado de llevar un control sobre las razones por las que discutían sus amigos. Simplemente les servía como motivo para descargar todo lo que no podían hacer de otro manera que posiblemente hubiesen elegido sino fuese porque eran demasiado testaduros.

Así que estaba completamente solo en la Sala Común, pensando en como podría haber llegado el collar al servicio de señoras de Las Tres Escobas. Tal vez Malfoy no había puesto el collar allí pero eso no significaba que cualquier persona lo hubiese hecho bajo sus órdenes.

No hacía mas que darle vueltas a un montón de teorías, unas más absurdas que otras y algunas completamente imposibles. Pero si algo había aprendido con el paso del tiempo es que cualquier cosa era posible. En ese momento el hueco del retrato se abrió y reveló a un Dean de lo más caballeroso y a una Ginny que rodó los ojos ante el gesto de su novio. Harry sonrió y no supo si era por lo divertidos que parecían o porque estaba contento de ver a Ginny. Otra cosa que había hecho con el tiempo era apreciar a la pequeña de los Weasley por lo que era y no por quién era. Una de esas lecciones que Hermione estaría orgullosa de saber que había adquirido con el paso de los años.

Dean le dijo algo a Ginny y ella sonrió levemente y asintió. El joven subió las escaleras hacia los dormitorios al trote. Ella se percató de que Harry estaba sentado solo. Frunció el ceño y luego se acercó.

- ¿Qué tal, Harry?

Su tono era cordial pero tuvo la sensación de que encerraba algo más que se le escapaba.

- Bien –contestó brevemente.- ¿Cómo ha ido el día en Hogsmeade?

Ginny tomó aire y lo retuvo, inflando las mejillas y dejandolo salir al tiempo que se sentaba en un sillón.

- No ha estado del todo mal.

- Me alegro.

- Humm.

Harry se miró los dedos entrelazados que descansaban en su regazo. Le gustaba el tiempo que pasaba con ella. Porque no le abordaba con preguntas que solían hacer Hermione o Ron, y tampoco parecía cuestionarle tanto. Y sobre todo, no parecía importarle estar callada cuando él no tenía nada que decir. No dejaba de ser extraño porque Ginny era una de las personas más vitales que había conocido en su vida. Todos los Weasley lo eran.

- He oido lo de Katie Bell –comentó Ginny de pronto. Harry notó que todo su cuerpo se tensaba.- ¿Has pensado ya en quien puede ocupar su puesto si no se recupera para el primer partido?

Harry sonrió por puro alivio. Si fuese otra persona se habría levantado y la habría abrazado.

- Espero que se recupere y no sea nada grave.

- Si. Yo también –contestó ella en voz baja. - ¿Siguen sin saber quién lo ha hecho?

De pronto empezó a notarse ligeramente incomodo.

- Er, no.

- Ah. ¿Y tú sospechas de alguién?

La miró de reojo. Estaba con las piernas cruzadas e muy cerca del borde del sillón.

- Creía que Malfoy tenía algo que ver –confesó.

- ¿Creias o crees? –inquirió.

- Creo.

Se sintió absurdo y como si hubiese confesado algo que era un secreto demasiado peligroso. Lo más patético de todo es que no había motivo para sentirse así porque como bien le recordaron Hermione y Ron, no tenían pruebas que implicasen directamente a Malfoy.

-Comprendo que sospeches de él –dijo ella con clara convicción.

De pronto Harry se sintió mejor. Por fin alguien le apoyaba en ello. Resultaba que no se estaba volviendo un paranoico obsesivo al fin y al cabo.

- Pero, Harry, no tienes ningun prueba contra él. Malfoy ha estado todo el día aquí. No ha ido a Hogsmeade.

La burbuja de comprensión explotó frente a su cara y dejó paso a una leve irritación.

- Ya lo sé –dijo con tono molesto.

Ella debió percibirlo porque se echó hacia atrás en el sofá y su mirada parecía precavida.

- ¿Tú también crees que me estoy obsesionando con ello?

Su tono sonó más a la defensiva de lo que habría deseado. Pero no le importó mucho. De repente tenía la necesidad de estallar y no parecía un mal momento y lugar.

- Yo no he dicho eso –contestó ella con seguridad.

- Ya veo –dijo él incrédulo.

- ¿Qué demonios pasa contigo?

Ginny se levantó tan rápido que casi no se dio cuenta. Y algo en él le hizo levantarse y encararle. Ella era más baja que él pero levantó la barbilla hacia Harry y le miró desafiante.

- No pasa nada –dijo como si fuese lo más obvio.

- Ya, seguro.

Su tono era más condescendiente del que usaba normalmente Hermione cuando no quiería discutir con él porque pensaba que no tenía razón y era una pérdida de tiempo meterse en una pelea.

- No pasa nada sino me crees. No es que lo haga mucha gente. Yo diría que no lo hace nadie.

Ginny abrió los ojos tanto que le parecieron más intensos que nunca. Tampoco eran del color que siempre pensó que eran. Era una mezcla extraña entre marrón y negro. Y mucho más desafiantes de lo que esperaba.

- Merlín, Harry –dijo con una sonrisa en la boca que no era producto del buen humor.- Eres un egocéntrico. Y por cierto, eso de jugar a ser el pobre chico al que nadie cree ya no funciona.

Harry no sabía por qué estaba más enfadado. Si por lo primero o lo segundo. O ambas cosas.

-¿Quién te ha pedido tu opinión? –preguntó él mirandole directamente a los ojos.

- Soy una estúpida¿verdad? –Harry frunció el ceño confundido.- Pensar que podiamos dejar de ser el mejor amigo de Ron Weasley y yo la hermana pequeña de Ron Weasley y ser simplemente Harry y Ginny. Amigos. Está claro que me equivoqué.

- Puede que sí.

Él no supo que le impulsó a decir aquello. Lo había dicho y en el momento en que lo pronunció se arrepintió de ello. Aunque tarde, porque Ginny entrecerró los ojos y apretó la mandibula y no pareció inmutarse al mirarle de arriba abajo. Se giró y salió por el hueco del retrato sin decir una sola palabra más.

Harry se quedó boquiabierto observando el punto por el que ella se había ido cuando la voz de Dean interrumpió su estado de perplejidad.

- ¿Has visto a Ginny, Harry?

Respiró hondo. Le pareció que había estado sin respirar desde que ella se fue.

- Se ha ido –contestó.

- ¿Ha dicho dónde? –insistió su compañero con amabilidad.

- Er… No lo sé.

- Bueno, no puede andar muy lejos¿verdad? – le dedicó una sonrisa a Harry y se despidió con la mano.

Harry se dejó caer en el sofá y hundió la cara entre las manos.

Ginny había olvidado incluir en su lista que era patético.