Hola!! Gracias como siempre por los reviews!! A una servidora le encanta ver que os gusta su historia nn aquí os dejo el capítulo 4 oki?? espero que os guste tambien!!
Kanda esperaba en la puerta de su habitación acompañado de un nervioso Timcampy, a que aquellos maniáticos terminasen de "torturar" al pobre Moyashi. Al principio era sólo Lenalee la que se empeñó en cambiarlo de ropa, pero luego de que le enseñase en secreto a Lavi el contenido de las bolsas también se unió, así que esperaron a que el peliblanco se terminara aquella cantidad monstruosa de comida, lo arrastraron por toda la Orden y echaron al cabreado japonés de su cuarto para hacerlo allí.
Cuando estuvo a punto de irse la puerta al fin se abrió y dejó ver a un lindo Moyashi todo sonrojado, llevando unos pantalones cortos negros, una camisa de mangas cortas con una chaquetilla de camarero gris y una corbata delgada de rayas negras y blancas. El pobre era puro nerviosismo y le miraba con una media sonrisa y las orejas agachadas, sin dejar de juguetear con sus manos. Kanda tenía la boca semiabierta ante tal visión.
-En el libro dice que este año en ropa canina se lleva lo formal –comentó Lenalee para romper el hielo, con una gran sonrisa- debajo de la corbata lleva un collar antipulgas, porque aun tiene parte de perro.
-Y luego esta éste –Lavi sacó un collar de cuero negro, con una chapita en forma de hueso, de la bolsa- delante pone "Allen" y atrás hay que poner el nombre del dueño, pero no sabemos qué poner así que te encargas tú.
Le lanzó el collar a Kanda y éste lo cogió en el aire y lo examinó detenidamente. Las letras que formaban el nombre eran de trazo fino y curvo, muy elegantes para un perro, y detrás no había nada inscrito aunque se podía ver un pequeño corazoncito en una de las esquinas.
-¿Por qué no lo…? –tarde para la réplica, aquél par se había marchado.
-¿Te gusta?
Kanda se volvió hacia Allen, que levantó los brazos para que pudiera ver mejor su nueva indumentaria.
-¿Te lo dijo el conejo?
Allen asintió quedamente y esperó, pero el japonés no parecía querer dar su veredicto.
-Yuu…
Kanda chasqueó la lengua, molesto. ¿Por qué narices lo llamaba siempre de esa manera? ¿Y por qué le era imposible enfadarse con él cuando lo hacía?
-No te queda mal –contestó en tono seco.
El peliblanco sonrió de oreja a oreja y sin que pudiera evitarlo se le tiró encima haciéndole retroceder unos pasos, envolviéndolo en un cálido abrazo y moviendo la cola de pura felicidad.
-Gracias, Yuu –murmuró contra su pecho.
Kanda se sonrojó ligeramente y sonrió para sí. Era curioso que las cuatro palabras que había aprendido el Moyashi le afectasen de esa manera cuando estaban dirigidas a él. De pronto
Allen se separó, le dedicó una sonrisa sincera y echó a correr por el pasillo seguido de Tim, que en todo momento no había dejado de volar en círculos sobre ellos.
-¡Moyashi! ¿Dónde vas?
Allen se paró en seco y lo miró pensativo.
-Bi…bio…biblite…
-¿Biblioteca? –le atajó Kanda con una gotita en la sien.
-Ajá.
-¿Vas con el conejo? –Allen asintió y Kanda frunció el ceño. Por algún extraño motivo estaba molesto por ese simple hecho- es para el otro lado, idiota.
El niño volvió atrás con cara de molestia por el insulto y pasó junto a Kanda, llevándose un zape por su parte. Cuando hubo desaparecido Kanda suspiró y entró en la habitación.
El pobre animalito se perdió más de una vez por aquellos pasillos, así que cuando divisó a un par de buscadores se les acercó y con la mirada más adorable de su repertorio les tartamudeó la palabra "biblioteca" como había hecho minutos antes con Kanda. Los buscadores se derritieron ante tan adorable criatura y por poco no se matan por acompañarle.
Lo dejaron en la puerta de la sala y se despidieron entre sonrisas e insistentes "Gracias" por parte de Allen que parecía encantarle decir aquello desde que se lo enseñó el samurái. Lavi lo esperaba sentado en una de las enormes mesas, rodeado de libros tan gruesos como la cabeza del mismo.
-Bueno, bueno, bueno… ¡¡Pero si es mi Allen-kawaii-puppy-chan!! –gritó alegremente tirándosele encima. Lo invitó a sentarse al otro lado de la mesa y así quedar cara a cara- Repasemos tus intenciones y el porqué de que te encuentres hoy ante mí ¿vale Moyashi-chan?
Allen asintió con cara de determinación y concentración absoluta.
-A ti te gusta Kanda ¿Cierto?
Un acentuado sonrojo adornó las mejillas del niño, aunque seguía con la misma mirada.
-Si.
-Bien. Y lo que quieres es poder hablar con él ¿Cierto?
-Si.
-Y hemos quedado en que te enseñe lo básico para una conversación medio adecuada.
-Si.
-Pues prepárate mi cachorrillo en celo porque… ¡¡te vas a adentrar en el fascinante mundo de Barrio Sésamo!! –gritó histérico Lavi sacando unos guiñoles de Epi y Blas.
Allen lo miró desconfiado, ya que el semblante de aquellos muñecos de gomaespuma parecía más serio y lleno de sabiduría que el de su supuesto maestro, y eso era preocupante. Sin embargo se obligó a cambiar de actitud ¡todo aquello era por su nuevo dueño! Aprendería a hablar costase lo que costase.
Mientras tanto Kanda intentaba deshacerse de unas cuestiones que lo atormentaban desde que el niño se fue, pero como todos sabemos cuanto más intentas dejar de pensar en algo, más pronto regresa y con mayor insistencia. Así que allí, tirado en la cama como de costumbre, el japonés se estaba buscando inconscientemente un dolor de cabeza increíble.
-La mocosa dijo que el conejo estuvo acaparando al Moyashi desde que llegó –pensaba en voz alta, frunciendo el ceño cabreado- ¿Qué tramara el idiota?
Y claro, tratándose de Lavi sólo se le venían a la cabeza imágenes en las que pervertía al inocente peliblanco… imágenes que intentaba desechar por todos los medios, ya que a él no le importaba un carajo lo que hicieran esos dos. Porque no le importaba… ¿Verdad?
