Aquí esta el cap número cinco!! No se quejaran de que tardo en actualizar xD

Lo hice con love así que espero que les guste!!

Los días pasaron siguiendo un mismo patrón: Allen-puppy, como se habían acostumbrado en la Orden a llamarlo, desayunaba su intimidante cantidad de comida, se encerraba en la biblioteca con Lavi, almorzaba su intimidante cantidad de comida, se encerraba en la biblioteca con Lavi, cenaba su intimidante cantidad de comida y se acostaba para al día siguiente repetir rutina. Y tanto esfuerzo dio sus frutos, en un par de semanas, después de mucho "supercalifrágilisticoespialidoso" y "La lluvia en Sevilla es una pura maravilla", Allen consiguió hablar como una persona totalmente normal.

Mientras tanto Lenalee se encargaba de que no le faltase ropa adorable que ponerse y casi a diario le compraba un modelito cada vez más estrafalario que ella excusaba como "moda".

Al mismo tiempo Kanda mantenía una guerra mental sobre unos sentimientos que habían aflorado con el paso del tiempo y había decidido aumentar el número de horas que empleaba a diario de entrenamiento para despejarse las ideas. Allen había tomado por costumbre dormir acurrucado a él, como el primer día y el japonés se seguía preguntando porqué seguía siquiera durmiendo con él ¿No le iba a EXIGIR a Komui que se lo llevase de su cuarto? ¿Por qué no lo hizo? Quizás fuese por el tranquilizante calor que emitía el cuerpecito del cachorro o por el agradable cosquilleo que le producían esos brazos abrazándole o simplemente porque adoraba que al despertar lo recibiesen unos alegres ojos grises y aquella voz tan dulce con un "¡Buenos días, Yuu!". Kanda paró en seco y se quedó mirando a la nada. ¿Esa era su consciencia? Lo cierto es que desde que Allen se había tomado aquella rutina apenas lo veía por culpa del conejo. Ya sabía que tan sólo le estaba enseñando a hablar... Pero se pasaban todo el día allí solos… ¿Eso eran celos? ¡Si, señoras y señores! Kanda Yuu estaba celoso y Kanda Yuu acababa de descubrir el origen de todos sus pensamientos.

Allen se despertó sólo esa mañana y en el lugar dónde se debería encontrar su apuesto dueño se encontraba el collar que tiempo atrás Lavi le había dado para que grabase. Miró la plaquita, sonrió de oreja a oreja con un leve sonrojo y se lo puso. Se vistió con unos piratas anchos y un top de manga corta que dejaba a la vista su níveo torso. Al mirar su reflejo en la ventana se sonrojó aún más si cabía, la ropa que le compraba la china siempre dejaba al descubierto alguna parte de su cuerpo y eso le avergonzaba de sobremanera, pero al ser un regalo nunca pensó en hacerle un feo.

Mientras caminaba por los pasillos la gente que solía saludarlo días atrás se acercaban a él con esa intención, pero tras mirarle detenidamente se arrepentían y salían huyendo. Él sabía porque era y no le importaba. Fue trotando alegremente hacia la cafetería, pidió su desayuno y se reunió con Lavi y Lenalee, que charlaban animadamente con otros exorcistas los cuales al llegar él se apresuraron a salir escopetados.



-Allen-puppy, ¿Por qué narices huyen todos de ti de esa manera?- preguntó Lavi observando el ambiente tan cargado que se respiraba.

-¡Ah! Por esto –contestó señalando alegremente su collar.

Lenalee se llevó las manos a la boca, ahogando un gritito de alegría.

-¡¡Puso su nombre!! –exclamó eufórica.

Allen asintió enérgicamente, mientras que empezaba a devorar su desayuno. Lavi estaba mirándolo con la boca abierta.

-Claro, al ver el nombre de Kanda colgando de tu cuello la gente teme acercase a ti –dijo Lavi- tocar las cosas de Yuu es un suicidio. Lo digo por experiencia propia.

-¿Pero por qué se ve el nombre de Kanda? Antes se veía el de Allen…

-¡Es verdad! ¿Le has girado la chapa Moyashi-chan?

El peliblanco, con la boca llena, negó sin darle mucha importancia al asunto.

El pelirrojo sonrió ante aquella negación.

-¡¡Yuu!! –gritó Allen corriendo hacia él.

Efectivamente en la puerta de la cafetería se encontraba Kanda, que acababa de bañarse después de su entrenamiento matutino. El albino se le abrazó del cuello y le besó en la mejilla, haciendo que, después de lo que acababa de descubrir, el japonés se pusiera notablemente nervioso.

-Gracias por el collar –le susurró Allen cerca de su oreja haciendo que a Kanda se le erizase el pelo.

-Tsk.

Lavi lo llamó gritando y moviendo las manos como un loco, indicándole que fuera rápido para allá, así que el samurái se las tuvo que apañar para llegar a la mesa con el adorable niño colgado de su cuello, que no se quería soltar.

-¿Qué quieres, conejo? Ni siquiera pude pedir mi soba.

-¡Ah, Yo te la pido! –se ofreció Allen levantando la mano, como si se tratase de la escuela.

-Genial, Lenalee-chan ¿Por qué no ayudas a Allen-puppy a hacer el pedido? –preguntó Lavi haciéndose el casual.

-¡Yo se! –Se quejó el aludido con un gracioso puchero- Soba con poco caldo y muchas especias, en un cuenco mediano y palillos no muy gruesos ¿no, Yuu? –terminó con una sonrisa.

-Si –confirmó el japonés con una imperceptible sonrisa.



-Da lo mismo, además Lenalee-chan aun no pidió postre –argumentó Lavi haciéndole un giño a la china para que entendiera.

-¿Eh? Ah… ¡Ooooh! ¡Es cierto, me muero por un helado! –y sin más arrastró al cachorro hasta la ventanilla.

Cuando hubieron desaparecido de la vista el pelirrojo se centró en Kanda, que miraba a Allen.

-¿Qué tiene el trasero de Moyashi-chan? –preguntó con una sonrisilla pícara, descolocando al otro.

-¡¿Qué dices, idiota?!

-Nada, que cómo no dejas de mirarle el trasero a Allen-kawaii pensé…

-No le miraba nada, simplemente pensaba que al final sí sirvió para algo.

-No te hagas el duro conmigo –le espetó Lavi- Se que le diste la vuelta a la chapita del collar para que nadie se le acercara más de la cuenta.

Kanda al verse acorralado optó por no decir nada y mirar hacia otro lado. El pelirrojo continuó.

-Si te gusta Allen ¿Por qué no se lo dices?

-No puede ser –Kanda sabía que acababa de asimilarlo públicamente por primera vez y con la persona menos adecuada, pero aquello se lo estaba carcomiendo por dentro.

-¡O sea, que realmente te gusta! –gritó Lavi con estrellitas en los ojos, haciendo que más de uno se girase a mirarlos y que a Kanda le entrasen unas renovadas ganas de asesinarlo- perdón, ya me pongo serio…. Ejem… ¿Por qué no puede ser? Tú eres el único que alegra su colita.

-¡¿Eso lleva doble sentido?! –Sacando Mugen.

-¡No! –se excusó el pelirrojo temiendo por su vida- ¡¡Lo que quería decir es que tú alegras sus días!!

-Tsk –Kanda se guardó a Mugen, dispuesto a seguir conversando civilizadamente… o todo lo civilizado que le dejase ser el conejo- precisamente no puede ser porque tiene "colita" como tú dices.

-¿Por qué es un chico?

-No, idiota, porque es un maldito perro.

Lavi lo miró pensativo, mordisqueando su tenedor.

-¿Y eso te importa?

-….



-¡Yo llevaría a Moyashi-chan a dar una vuelta por el pueblo! –Decidió cambiar de tema el bookman- No hay nada como un paseo para despejarse. ¡Desde que llegó no ha salido de la torre! Esforzándose tanto por ti…

-¿Cómo?

-Para aprender a hablar –aclaró Lavi con una sonrisa tierna.

En ese momento aparecieron Allen y Lenalee.

-Sentimos tardar tanto, pero Allen pidió más de la cuenta –se disculpó Lenalee dejando en la mesa cuatro cuencos de helado que supusieron que eran para el cachorro.

Allen colocó la soba en frente del japonés.

-¡Mira que traje además! –Dijo enseñándole a Kanda un vaso enorme de granizada de limón- Sé que no te gustan las cosas dulces.

Kanda lo miró fijamente. Aquella cálida sonrisa y todas las molestias que se tomaba por él. Por primera vez sonrió abiertamente.

-Gracias Moyashi.

Allen lo miró perplejo unos segundos y luego sus ojos brillaron de ilusión.

-De nada, Yuu.

Chin Pon!! Espero más Reviews para este cap oki??

Besos, se les kiere!!