Hola hola!! Thanks por los reviews del anterior capi!! Luego los contestare al acabar este capi OK?? .w.

Espero que os guste lo hice con mucha ilusión y amour! Kises! xD

Nya, es más largo o.O"

Kanda había decidido llevar al peliblanco a dar un paseo esa misma tarde pero lo cierto era que no tenía la más mínima idea de adónde llevarlo. Cuando Komui decidió que quería hacerle unas pruebas a Allen para descubrir más de su transformación a humano, el japonés aprovechó y fue a la biblioteca para preguntarle a Lavi.

-¿No sabes donde ir?

-Es lo que acabo de decir, conejo idiota.

-Desde luego Yuu tienes menos luces que un cuarto oscuro en pleno apagón –el pelirrojo dio unas palmadas en el aire y al momento apareció Lenalee con el ya famoso libro y una bolsa de plástico.

-¿Si?

-Capítulo treinta y tres "Lugares para pasear", ya sabes –le indicó Lavi en un gesto solemne sobreactuado que sólo hacía impacientar y enojar a Kanda.

Lenalee asintió y empezó a buscar el capitulo en el libro como una experta y cara de concentración.

-¡Aquí lo tenemos! –se aclaró la voz en un gesto tan sobreactuado como el de su amigo- A ver… para pasear con su mascota, mantenerla en forma y mantenerla feliz lo más adecuado es llevarla a espacios abiertos como un bosque o un parque donde pueda congeniar con otros de su especie.

-¡Ahí lo tienes! –exclamó Lavi una vez hubo finalizado- creo que Moyashi-chan debería moverse por nuevos ambientes, llevale al parque Yuu-pon.

Kanda iba a rebanarle con mugen por llamarlo así cuando vieron a Allen entrar como alma en pena. Estaba despeinado, con las orejas gachas y la cola entre las piernas. Cuando llegó a la mesa donde estaban sus amigos los saludó con un ademán de cabeza y se arrastró como pudo hasta Kanda, para dejarse caer en su regazo.

-¡¡Allen-kawaii-chan que te ha pasado!! –le preguntó alarmado Lavi al ver su pésimo estado.

-Ko…Komui-san… -contestó el cachorro con cascaditas en los ojos.

-Mi hermano debió de traumatizarlo con sus aparatos de investigación –dijo Lenalee para luego ofrecerle un chupachup al niño que abrió la boca y lo recibió con gusto.



Dejó de llorar cuando sintió que una mano le acariciaba tras la oreja, reconfortándolo y haciéndole temblar ligeramente. Levantó la mirada y se encontró con que era Kanda el que le hacia aquello. Como al samurái no se le daban demasiado bien las palabras, pensó que aquella era la manera menos comprometedora de mostrarle su preocupación. Allen se sonrojó y se acomodó mejor sobre Kanda.

Pero esa paz no duró mucho más.

-Moyashi-chan no te pongas tan cómodo –gritó Lavi despertándolo de su ensoñación y sonriéndole con avidez.

-¡Ah, las clases! –el cachorro se apresuró en levantarse y coger un libro, pero el bookman lo detuvo con una gotita en la cabeza.

-Tranquilo, hoy no daremos clases porque… ¡Yuu te va a sacar a pasear! –gritó eufórico señalando al japonés como si fuese un premio recién salido de la puerta número tres, ganándose un gruñido de éste.

Los ojitos de Allen se iluminaron, las orejas se le alzaron y en cuestión de segundos su cola comenzó a moverse frenéticamente. Soltó el libro, el chupachup y sonriente se lanzó contra Kanda, tirándolo al suelo, quedando sobre él, y le lamió la cara sin pudor alguno, rebosando alegría. Kanda no sabía donde meterse, tenía un niño adorable y muy violable encima suyo lamiéndole la cara, controlar aquello era mucho más difícil que luchar contra un akuma de nivel cuatro. Allen, al notar la rigidez del japonés se quitó de encima de inmediato.

-Lo siento, Yuu –se disculpó mientras veía con ojitos suplicantes a Kanda- No recordaba que no se lamía a la gente.

-No lo vuelvas a hacer ¿vale, Moyashi? –le dijo Kanda levantándose y mirando a Lavi, que le lanzaba una mirada suspicaz y una sonrisa llena de picardía. Kanda juró que un día de esos, no muy lejano, le daría tal paliza que se le quitarían las ganas de sonreír para el resto de su vida.

-Yuu… -Allen seguía sentado en el suelo y le tiraba de la capa para llamar su atención de nuevo- ¿De verdad iremos a pasear?

Kanda miró hacia otro lado.

-Claro.

De nuevo en Allen rebosaba la alegría por los cuatro costados y abrazó a Kanda desde atrás, sorprendiéndolo.

-Gracias, amo.

Lavi y Lenalee parecían apunto de llorar ante una escena tan tierna, sus ojos brillaban, encantados por la cantidad de amor que se había desatado en unos minutos, pero al ver la cara de auxilio de Kanda ligeramente roja decidieron actuar, aunque no tenía nada que envidiar a la de Allen, que era un autentico Gusilú.



-¡Bueno Moyashi-chan, suficiente amor por ahora! Vamos a arreglarte –Lavi lo separó del japonés y lo arrastró sin contemplaciones hasta la habitación, dejando solos a Kanda y a Lenalee.

Kanda suspiró largamente. Sus deseos por el Moyashi habían crecido desde que aceptó que lo quería y situaciones como estas, en las que se metía habitualmente gracias a la efusividad del peliblanco, ponían a prueba su autocontrol. Lenalee le observaba sonriente a su lado aún con la bolsa entres sus manos.

-¿Qué demonios llevas ahí? –preguntó Kanda enojado por la atención que tenía la china en él.

-Oh, ¿esto?

La chica sacó de la bolsita un hueso de goma y, toda felicidad, lo hizo pitar escandalosamente.

-Es un juguete –explicó después de estallarle a Kanda los tímpanos con el dichoso ruidito.

-Eso ya lo veo, no soy idiota.

Lenalee frunció el ceño, molesta.

-Espero que con Allen-kun no seas tan amable –se quejó sarcástica- es un juguete para que juegues con él en el parque.

Y sin más se lo metió en el bolsillo de la túnica mientras Kanda se preguntaba que tipo de juego estúpido constaba sólo de un hueso endemoniadamente escandaloso. Allen ya no era un perro así que le pareció una estupidez y decidió no usarlo.

En ese mismo instante Allen apareció en la puerta, ya peinado y radiante de alegría. Llevaba un peto negro de pantalón corto, muy corto, demasiado corto, con los tirantes caídos y una camiseta de un rosa pálido con cuello de pico abierto, que dejaba ver una parte de sus hombros. Lavi vio a Kanda tan asombrado que por un momento pensó que podría barrer el suelo con la mandíbula y rió por lo bajini ante esta idea.

Antes de que alguien saltase con la maldita pregunta de "¿Te gusta?" y lo pusiese en un compromiso Kanda echó a andar hacia la salida, siendo seguido de cerca por Allen, que lo miraba confundido.

Nada más salir de la Orden, Allen se adelantó y empezó a corretear feliz, parándose a veces a esperar a Kanda con una gran sonrisa sincera. En el pueblo la gente los miraba extrañados y ante la presencia del gentío el cachorro se serenó y caminó tranquilamente delante de Kanda, observándolo todo con ojos curiosos, sobre todo las tiendas de alimentación. El japonés se limitaba a verlo desde atrás con el asomo de una sonrisa, aún hipnotizado por el sinuoso vaivén de sus caderas. ¿Era consciente el Moyashi idiota de que todo lo que hacía le fascinaba?

Tuvieron que pararse en todos los puestos ambulantes de comida, a Allen se le antojaba todo lo que veía y ya que era la hora de almorzar el japonés no tenía más remedio que satisfacerlo, pese a su baja economía. Cuando hubieron terminado de almorzar, bajo las atentas, indiscretas y asombradas miradas de los habitantes del pueblo, decidieron seguir su camino.



-¿Adonde vamos, Yuu?

-Al parque –contestó hastiado por decimocuarta vez.

Kanda suspiró aliviado, el parque se podía divisar a apenas una calle más allá, tenía que admitir que estaba a punto de abandonar ya que se encontraba condenadamente lejos de la entrada del pueblo. Era un amplio espacio lleno de árboles centenarios, era recorrido por varios senderos y a lo lejos se podía adivinar un estanque de patos. Cuando llegaron había muchos otros perros paseando con sus dueños y algunos comenzaron a ladrarle al peliblanco, que escuchó atentamente y luego, para sorpresa de Kanda, un violento sonrojo acudió a sus mejillas.

-¿Qué te pasa, Moyashi?

-No me gusta el parque –dijo Allen escondiéndose tras él.

-¿Por qué? –Kanda se estaba mosqueando, había caminado hasta la otra endemoniada punta del pueblo ¡¿para que ahora el señorito dijese que no le gustaba?!

-Están siendo obscenos –argumento Allen mirando hacia otro lado intentando ocultar su sonrojo. Kanda no podía creer lo que oía. El niño tiró de su capa- Vámonos, por favor…

Al tirarle de la capa el hueso de goma que le dio Lenalee se cayó al suelo, soltando uno de sus insoportables pitidos. Kanda fue a recogerlo, pero ni tiempo le dio a agacharse cuando ya tenía al peliblanco a su lado, devolviéndoselo.

-¡Lo tengo, Yuu!

De repente ya no se veía tan abochornado, sino todo lo contrario, parecía feliz y ansioso. Cuando Kanda cogió el hueso Allen retrocedió unos pasos, con los ojos fijos en él. Entonces lo comprendió y sonrió de medio lado. Kanda alzó el hueso e hizo el rápido ademan de lanzárselo. Allen se giró para ver si caía, pero nunca lo hizo.

-¡Yuu, me has engañado! –gritó haciendo un puchero, pero a la vez parecía divertido.

-Vamos a ver lo rápido que eres, Moyashi.

Y lanzó el hueso con todas sus fuerzas. Allen echó a correr sin perderlo de vista ni un segundo y cuando estuvo a una distancia suficiente saltó y lo cogió en el aire. En menos que canta un gallo Kanda lo volvía a tener a su lado, con una radiante sonrisa y moviendo la cola felizmente.

-Eres un flojo, lo volví a coger –le picó alegre, y le volvió a tender el hueso, que Kanda no rechazó.

Y así pasaron la tarde. Allen parecía no cansarse nunca de jugar a eso, pero Kanda tenía el brazo tan adolorido que pensaba que la próxima vez que lo lanzase iba a salir volando junto con el maldito hueso de goma. Ya estaba oscureciendo cuando decidió parar.

-Ya, vámonos Moyashi –dijo autoritariamente mientras empezaba a caminar de vuelta a la Orden.



Allen asintió y le siguió. Estaba agotado, respiraba entrecortadamente, sudaba a chorros y su cara lucía un adorable sonrojo, resultado del esfuerzo y el calor. A Kanda aquella visión del cachorro no le disgustaba del todo, es más no le disgustaría para nada si no le hiciese pensar ciertas cosas.

-Yuu… -era la quinta vez que lo llamaba- ¿Estas bien?

-¿Eh? Claro que sí, no soy tan delicado como tú.

Allen infló los mofletes, enfurruñado. No había sido precisamente el japonés quien había corrido detrás del hueso durante toda la tarde, pero de todas formas se sentía satisfecho, había conseguido estar a solas con Kanda y había pasado toda la tarde junto a él, habían jugado, comido juntos… y aunque pareciera imposible habría jurado que lo había oído reír.

-Yuu…

-Tsk, ¿Qué quieres Moya…?

No pudo seguir. Allen se le había enganchado repentinamente del cuello y había unido sus labios en un casto e inocente beso. Cuando se separaron Kanda aún estaba en estado de shock, viendo a un Allen feliz, mostrando una encantadora sonrisa.

-Esto si se puede hacer, ¿verdad? –preguntó con mirada inquisitiva. El japonés entendió que había sustituido el lamer por besar.

Kanda no respondió, se quitó al niño de encima y siguió andando, dejándolo atrás. Cuando se dio cuenta se giró y le mostró una mirada dura.

-¿Te vas a quedar a vivir ahí?

Allen parpadeó.

-No…

-Pues entonces muévete y vamos a la Orden –le espetó Kanda- Te vas a duchar, a cenar para un regimiento y a dormir. Quizás mañana quiera dar otra vuelta –sonrió de lado al terminar.

-¡De acuerdo! –Allen sonrió de oreja a oreja y se dio prisa en seguirle.

Wiiii!! Esto no es el final!! O.ó creo que aún quedan otros dos capis o así xD

Reviews PLISSS!!

Os amo! nn

Yumeyluna: Asfd tengo un problema con el lemon: Soy horrible!! ./. Me odio…



Ory Alun: me alegro de que te encantase tanto!! We aquí tienes la conti, espero que te haya gustado tanto como la anterior 8D

Fafi Raposinha: Se te da bien escribir español o.o" yo te entendí perfectamente… Thanks por leer mi fic!! Espero leerte de nuevo

Kyoko Himura: Wiii tiempo sin leerte!! Owo Mal!! Te quiero más a menudo!! xDD El detalle de la plaquita también me gustó .w.

Sick Sad Little World: Seeeh… Yu es dulce TwT porque tiene un perrito violable extra de azúcar a su lado xDD

Ichi - Ichi: Seh!! Es un perrito! nn