Capitulo 4:
Después de haber hablado con Seiya, sintió como una gran peso había salido de su pecho, y aun que no fuera, precisamente la persona con la que debía desahogase, pues en realidad tenia ganas de ponerse frente a Darien y gritarle unas cuantas verdades, al menos ahora, compartía con alguien su angustia, eh incluso lloro como así ya hacia cuatro años no lo hacia.
El problema radicaba ahora en tener que responder a la llamada de la directora de la escuela Seiyun, ese mismo lunes, el día después de que Seiya se presentara en su casa, la señora Akisuki la había llamado para que se presentara en la escuela para que firmara su contrato, por que aunque ya habían cerrado el acuerdo de palabra, faltaban las formalidades.
Y precisamente el problema era que Serena era una mujer de palabra, ¿Cómo podría ahora dar una buena justificación, por tener que rechazar el ofrecimiento?
¡Maldita destino o como demonios se llamara a eso! ¿Por qué precisamente de todas las escuelas del condado tenían que coincidir justo en esa?
Bien, ella era Serena, Serena Tsukino, y aun que la suerte, destino desventura o como fuese se le llamara, se empeñara en cruzarla en la vida con Darien Chiva, ella lo burlaría como fuera.
Con lo que no contaba Serena era que la "desventura" como se decidió a llamarle, estaba empecinada con ella. ¿Cómo no se le había ocurrido que ese seria el día en que todo el nuevo personal firmaría contrato?
¡Entupida!
Tomo aire antes de terminar de estacionar su auto en el estacionamiento de la escuela, y bajo. Mientras ponía el seguro, luchaba con todas su fuerzas por no prestar atención a la esbelta figura que estaba apoyado en la puerta del auto de junto, hablando con una hermosa pelirroja.
Con mucho esfuerzo logro pasar por un costado de ellos sin mostrar siquiera un poco de interés… por fuera… Por que por dentro sentía una furia imposible de describir, ella le sonreía con descarada ingenuidad y él… él por Dios, él le sonreía a todo el mundo menos a ella
¿Pero por que le preocupaba? Ella ya no tenia nada que ver con él no le interesaba, no quería amarlo y se había jurado el día anterior que si era necesaria sacarlo de su corazón a costa de odiarlo, así lo aria.
Sin embargo, no podía evitarlo, cada vez que él estaba cerca las piernas le temblaban y su respiración se aceleraba acompasada de su ritmo cardiaco. No podría trabajar en el mismo recinto que Darien, claro que no.
Camino más decidida, con su espalda erguida y su barbilla bien en alto. Llego hasta los peldaños de la entrada de la escuela y subió los pequeños peldaños hasta el hool principal. Una ves allí lo se encontró con dos pasillos uno a la derecha y otro a la izquierda, y frente a ella la puerta que comunicaba a los alumnos con el patio como centro rodeado de en un cuadrado por los edificios que contenían las aulas.
Observo el lugar con detenimiento, era un lugar muy agradable para trabajar, podía ver a algunos de los chicos que cruzaban el patio para ir hasta la parte posterior del edificio donde se encontraban el las instalaciones de los distintos clubes, todos con grandes sonrisas en su rostro.
Dio un profundo suspiro y con una mueca de resignación tomo el pasillo de la derecha, sabia lo que tenia, pero no era lo que de verdad quería. Cuando llego al final del corto pasillo, se encontró con una pequeña sala de espera. A los costados de las paredes estaban revestidas de vitrinas con numerosos trofeos en su interior. Se acerco y observó.
Había escuchado que esa escuela tenía buena fama por sus números primeros puestos en diversos deportes.
Y entendía por que también habían contratado a Darien. Con excelente reputación en esa área, era el más indicado. De eso no tenía la menor duda.
Sabía, por comentarios de Rai, que Darien se había dedicado esos últimos cuatro años a recorrer el mundo, especializándose en cada país, en un deporte diferente. Un excelente curriculum para esa escuela.
Se quedo parada un rato frente al las vitrinas, inmersa en sus cavilaciones, así había empezado su distanciamiento, con aquel primer viaje que el decidió hacer.
La excusa perfecta, según ella, para escapar de sus sentimientos.
Una semana antes de aquel estrepitoso viaje ella le había declarado de improviso su amor. No había sido su intención.
Una escalofrió recorrió su espina dorsal, al recordar la reacción de él cuando después de una hermosa cena y un paseo por la playa en medio de risas, ella le había dicho que la amaba. No había sido algo previsto. No, todo lo contrario, recordó la punzada que invadió su corazón cuando estando ella entre sus brazos, sintió todos sus músculos tensarse, sintió su vacilación. No había dicho nada, trato de disimular su incomodidad, le dedico una sonrisa forzada que ella noto de inmediato y la beso en la frente.
Después, apenas lo había visto
No había sido consiente de lo que había dicho, hasta que advirtió su tensión. Y después de esa noche, la ultima ves que lo vio había sido cuando apareció en la puerta de su casa para anunciar que se iría de viaje.
Se había hecho a la idea de que su declaración lo había tomado por sorpresa y no había querido presionarlo. Por eso no había hecho el intento de hablar con él esos días. Sabía que él sentía algo por ella, inconsciente mente, se habían acercado de una manera en su relación, que hasta a ellos mismo los había tomado desprevenidos. De un día para otro se habían hecho muy afines, y cuando se quisieron dar cuenta estaban en contacto todos los días. Cuando no se veían por que ella no iba a su casa para ver a Rai, se hablaban por teléfono. Una relación que pasó a ser más que de amigos en un cumpleaños de Rai, con lo que en un principio pareció un simple beso, que presenciaron algunos en medio de un extraño juego con una botella que giraba en medio de un círculo humano, para ellos no lo fue. En ellos alimento una chipa de fuego, que había estado escondida en algún lugar que ellos no supieron hasta entonces. Las sensación que los embargo, hizo que se apartaran del mundo alrededor de ellos. Con amigos a todos sus costados, ellos se fundieron en una mirada en la que cada uno podía leer en los ojos del otro la incertidumbre de esa extraña marea de emociones que rompió en sus sentidos.
Fue el momento para aclarar las cosas.
Lo que nunca imagino ella, era que Darien, literalmente, huiría.
Decidió que lo mejor era esperar que aclarase sus ideas, en unas semanas regresaría y todo estaría bien.
Pero nunca regreso, y eso le rompió el corazón. Y se juro a si misma nunca caer nuevamente en ese insulso sentimiento, un sentimiento que la dejo a punto de morir.
No iba a dejar nunca más ese sentimiento renaciera, y que nuevamente la dejaran como un despojo humano
Ya no era la misma Serena, se recordó Darien había dejado a la otra Serena cundo realizo su viaje y esa Serena, murió de amor esperándolo.
Era otra… se volvió a repetir, ya nada debía afectarla, y aunque en cierta forma lo estaba, podía asegurar que era por la repentina sorpresa de encontrárselo nuevamente. Una vez acostumbrada a la idea de que Darien estaba más cerca de ella de lo que esperaba y de que también trabajarían en el mismo establecimiento, y no por ello juntos, aria hacer presente a la coraza de su corazón.
Al orgullo y autosuficiencia que ahora forma parte de ella y la que la ah mantenido en pie todos esos años.
Ya no estaba prestando atención al frente, a ninguno de esos premios que había estado observando minutos antes. Estaba demasiado inmersa en el pasado.
Entonces fue cuando lo supo… ¿donde estaba su orgullo? Ese orgullo que la mantuvo en pie durante esos últimos cinco años. Ella no huiría, no como lo hizo él, estaba dispuesta a enfrentar lo que fuera. Y esa mirada de desprecio que él le dirigía, no seria la excepción. Sobre todo por que estaba tranquila con su conciencia. Ella no había hecho absolutamente nada. Él interpreto todo mal y saco sus propias conclusiones sin darle tiempo siquiera a explicar nada.
Pues bien, así estaban las cosas. La vida le estaba presentando un nuevo desafió y ella solía negarse a los desafíos.
Con su orgullo bien el alto, tanto como su mentón, observo como la puerta tras de ella se abría.
Su cuerpo se puso en tensión nuevamente, pero se recordó que no debía afectarla. Volvió a girar su cabeza a las vitrinas frente a ella segura de que esa persona no le dirigiría la palabra.
Se equivoco.
-has venido a presentar tu renuncia- no era una pregunta, era una certeza, y un desafió que le estaba presentando. Pretendía amedrentarla. Lo decía su mirada azul en sus ojos entornados, que podía ver a través del vidrio pulcramente transparente.
Pero ella no cedería ¡claro que no!
-en realidad… no- se giro para clavar sus ojos en los de él. Sabía que Darien podría leer en ellos más que ninguna otra persona. Y lo que quería que viera era que estaba aceptando su desafió.
-creí que no ibas a aceptar- dijo mientras la veía sentarse en un sillón el centro de la sala.
Ella lo observo por sobre sus hombros.
-pues decidí que era una excelente oportunidad-
-¿ah si?- se sentó frente a ella -¿y por que?-
Serena se acomodo un poco ¿Qué pretendía con esa charla? Hubiese preferido que no le hablara. ¿Lo estaría haciendo adrede? Conociéndolo…
-por que no soportaría estar lejos de Nanako tanto tiempo. Empieza el jardín.-
-entiendo… no tienes nada que hacer-
Serena se puso aun más en tensión, sabía lo que quería decirle con aquello.
¡Impertinente!
Quería decírselo pero no iba a mostrarle que estaba logrando sacarla de quicio. En cambio opto por simular la aptitud más relajada que pudo.
-A decir verdad… no tengo tanto tiempo libre como crees, tengo que atender el rancho, hay muchas cosas que debo aprender aun para poder sacarlo adelante, tengo que certificar mi titulo en Japón y eso requiere de ponerme al corriente de las normas legales y actualizar mis conocimientos, y Megumi a pesar de ser una niña muy dulce, es muy inquieta y siempre tiene inquietudes nuevas a las que tengo pleno agrado de atender- hizo una pausa, y clavo su mirada en la suya, al tiempo que se ponía de pie –yo no me escapo de los problemas, los enfrento, creo que eso deberías saberlo-
Darien se puso de pie, y repentinamente esa habitación paraíso demasiada pequeña. Se esforzó por no inmutarse mientras veía como él se acercaba, a paso lento poro con mirada amenazante
-yo tampoco escapo de mis problemas-
-¿si?... pues a mi no me lo pareció hace años atrás-
-tu… nunca fuiste un problema para mi- repentinamente su vos se dulcifico, parecía estar remontándose a los años en que habían estado juntos. –simplemente… me tomaste desprevenido-
No iba a dar el brazo a torcer, él sonaba arrepentido, lo decía su mirada, tan transparente como el agua, pero ella no iba a perdonar esos años de dolor y de angustia en los que sintió morir, en los que un se siente morir, y que solo puede salir adelante gracias a la presencia de Megumi.
-pues no tuviste la madures suficiente como para aceptarlo- termino en un susurro cuando Darien paró a menos de un metro de ella
Callo un instante, seguramente, pensó ella, buscando las palabras para herirla.
No se equivoco
-y tu si la tuviste… buscaste consuelo pronto en los brazos de otro- se arrepintió al instante cuando vio el dolor en el mar de sus ojos.
¿Por qué no simplemente no podía dejar de lastimarla? Se sintió la persona con más maldad que el mismo Diablo. Pero no podía evitarlo. El simple hecho de tenerla cerca lo alteraba de un modo que aun no comprendía. Tanto o más que años atrás.
Cuando terminarían de torturarse de ese modo.
La estaba lastimando. Eso era lo que él quería y ella lo sabía. ¿y Seiya le había aconsejado que le explicara todo lo sucedido?
¡Ni muerta!
Aun que le gustaría ver su cara cuando se enterara de la verdad. Quizás… más adelante podría disfrutar de verlo. Ahora solo quería alzar su mano y estamparla en su rostro.
¡Estas en la escuela! Se recordó y también se recordó que el podía leer en sus ojos, como ella en los de él, sabia que estaba al tanto de que la había lastimado. Lo sabía por que ella podía ver en los suyos la incertidumbre de su reacción.
Opto por su mascara. Esa mirada fría, sin expresión, que nadie podía derretir… a excepción de Megumi.
-por lo menos alguien fue más hombre que tu y acepto su destino-
Fue la gota que derramo el baso, Serena se había pasado, el no había querido tocarla, no de ese modo y no por que no la deseara. Sabía que era inexperta en el campo del amor, no quería presionarla y no quería que a causa de su indecisión ella saliera lastimada. Le había costado casi toda su cordura apaciguar todos su demonios y no precisarla. ¡Y ahora tenía el descaro de decirle que no había sido un hombre!
Si no estuviese en su lugar de trabajo, y si cerca de una cama, le demostraría cuan hombre podía ser. Y le demostraría la pasión que alimento esos cinco años de distancia.
-La próxima ves que me digas una cosas así- dijo acercándose a su oído mientras veía por sobre el hombro de ella –no me importara el lugar en donde nos encontremos… te arrastrare hasta la cama más próxima y te demostrare que soy mucho más hombre de lo que tu podrás soportar- se enderezo y lo vio sonreír por sobre su hombro.
Tardo en reaccionar, esas palabras le habían causado un escalofrió que fue recorrió todo su cuerpo al tiempo que abrió enormemente sus ojos de la impresión. Sabía lo que significaban esas palabras, aun en su inexperiencia. Pero no sintió miedo, si no todo lo contrario. Repentinamente sintió la necesidad de saber lo que se sentiría estar una cama con él.
Conocía esa sonrisa de lobo, sabía que la había perturbado, y se regocijaba en su cara. Lo que nunca dejaría que viera era que ella no tenia la menor experiencia en ese campo, o no claro que no. Nunca lo sabría. Y aun que la idea le resultaba temerosamente tentadora, ¡según sus instintos más primitivos! Se convenio, nunca cedería
Una vos a sus espaldas le llamo
-Señorita Tsukino…- Era la señora Akisuki –que gusto que la tengamos tan pronto aquí- saludo a Serena estrechándole la mano y luego paso su vista a Darien –veo que ya conoció a nuestro nuevo integrante del staff… Darien… -
Completamente recuperada se animo a decir
-a decir verdad ya tenia el "placer"- enfatizo la ultima palabra –de conocer al señor- y al advertir la incertidumbre en la directora prosiguió –es hermano de mi mejor amiga-
-oh que maravilla- se alegró –han de llevarse muy bien-
-de maravillas- murmuro el entre dientes al tiempo que le dedicaba una mirada de soslayo-
-que bien… entonces pasen a mi despacho y arreglaremos todo los tramites legales, así… después los presentare con el resto de sus colegas-
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El resto de los colegas resulto ser un gran numero de personas, lo que según ella le tomaría solo un par de horas, le ocupo toda la mañana y para su desgracia, a nadie paso desapercibido la relación de "amistad" que existía entre los nuevos miembros docentes de la escuela.
Estaba al borde del colapso, ¿con que derecho la trato como si fuera de su propiedad?
En cuanto algún hombre se le acercaba, aunque sea solo para presentarse el se acercaba con su figura imponente para intimidarlo. Y Serena sabía a la perfección que con solo su presencia física bastaba para intimidar hasta al hombre más temerario. Y si con eso no bastaba, una simple mirada, y toda persona del sexo opuesto se alejaba como si ella fuera el mismo hijo de Satanás.
¡Desgraciado!
Pero si lo que pretendía con eso era que ella se sintiera incomoda, y aunque lo lograra, no iba a demostrárselo se iba a asegurar de aclarar que ella no era de su propiedad, y que él no tenia ningún derecho sobre su persona. ¡De la forma más sutil posible! Claro.
Necesitaba despejar su mente, fue a buscar a Megumi a casa de Rai, pero habían salido a pasear.
Bajo de su auto con los ánimos por el suelo, cuando paso por al lado del cartero en la reja de la entrada de la estancia retiro la correspondencia y se adentro para tomar el café más cargado que hubiese tomado en toda su vida. Lo necesitaba
¡Y valla que lo necesitaba! En su vida se había sentido más ultrajada. No tenía derecho a comportarse como su dueño.
Ya con el café en sus manos se sentó en el sofá del living a categorizar la correspondencia, tal vez de ese modo podría despejar su mente de su impertinente casi ex novio.
Una carta de sus padre, proveniente de los EEUU, fue lo que Eligio primero para leer. Al menos unas buenas noticias la ayudarían.
Se equivoco.
Cuando hubo terminado de leer las líneas de la hoja blanca que tenia en sus manos, Sintió por primera vez el temor con todo su nombre. La angustia y la desesperación la llenaron y a pesar de que su padres le dijeran que no debía de preocuparse aun, ya que ellos se estaban encargando del asunto, fue imposible que no lo hiciera.
Necesita de alguien que supiera del tema, y para ello nadie mejor que Nicolas, el esposo de Rai, para ello.
Tomo nuevamente las llaves de su auto y Salio arando. No se quedaría de brazos cruzados esperando la respuesta de sus padres.
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No había nadie cuando llego, solo el auto de Darien, que a pesar de haber salido del establecimiento educativo después que ella, obviamente no lo había hecho mucho después. Sopeso la idea de entrar y desahogarse con el. Hubiese llamado a Seiya pero le había dejado en claro la noche anterior que no estaría en todo el día en el hotel.
No tenía sentido quedarse, y estaba dando la marcha atrás cuando vio salir a Darien con su peor cara de enojo. Solo entonces se dio cuanta de que estaba manejando como una loca.
Paro el motor del auto, al tiempo que respiraba hondo para tratar de calmarse, imposible.
¡Querían arrebatarle lo más preciado de su vida!
-¡Que demonios te pasa! ¿Por qué vienes manejando como una loca?- obviamente el estaba más alterado que ella. Había abierto la puerta del vehículo y tomándola por el codo la obligo a descender.
-Yo… lo ciento… estoy un poco alterada- formulo con vos entrecortada
Pero no hizo falta que se lo dijera, el ya lo había sentido en el temblor de su cuerpo. Estaba alterada, y esta vez no por causa de él.
Miedo… eso era lo que mostraba su rostro.
-¿Qué ah pasado? ¿Por que estas así?- había bajado el tono de su vos, también estaba preocupado.
¿Acaso le importaba lo que le pasara a ella?
-Será mejor que entres a la casa y te calmes, Rai acaba de llamar estarán aquí en diez minutos con las niñas-
Serena asintió, y se dejo guiar por el que aun la tenia tomado del brazo. Su estado de debilidad, corporal y mental era evidente.
La condujo hasta la cocina le sirvió un vaso con agua y después de acomodarla en una silla frente a la mesa inquirió…
-¿Qué es lo que te ha puesto de ese modo?-
Su tono protector, el tono más protector que hubiese escuchado nunca en su vida la sorprendió.
-necesito hablar con Nicolas, es de suma urgencia que me contacte con él-
-llegara por la tarde- y mirando el reloj sobre el marco de la puerta agrego –pero si es tan urgente… puedo llamarlo-
-no… esta bien… creo que solo necesito calmarme un poco- tomo un sorbo de agua
-a de ser algo de suma gravedad para que te pongas de ese modo… ¿en que líos te has metido niña?- frunció el ceño mientras buscaba en sus ojos la respuesta.
Lo único que encontró fue una mirada fulmínate por parte de ella.
-¡No me eh metido en ningún lió! Dijo ofendida -¿Quién me crees?
Él se encogió de hombros
-no lo se… dímelo tu-
Se callo unos cuantos improperios, ese no era el momento. Además escucho la vos de las niñas entrando a la casa
-debo hablar con Rai-
Volviéndose a encoger de hombros se acerco a la puerta.
-me haré cargo de las niñas mientras ustedes platican- dijo y salio
Rai entro un par de minutos después, solo le basto cruzar una mirada con su hermano para saber que había problemas y un simple Serena, le vasto para acercarse a ellas.
-¿Qué es lo que pasa?- Rai estaba preocupada
Y ella lo estaba aun más. Ya no le importo que Darien estuviera cerca y que la escuchara. Necesitaba solucionar el problema lo más pronto posible.
-se trata de Megumi- dijo estrujándose las manos –al parecer apareció un tío de ella que quiere reclamar su custodia- termino atropelladamente. –no se que es lo que voy a hacer, mis padres estan arreglando el asunto en EEUU pero de todos modos, el sujeto quiere que la lleve de regreso al país-
-espera un momento- estaba confundida –hay algo de esta historia que no entiendo, con que derecho un sujeto que dice ser el tio de Megumi quiere sacarte a la niña-
Serena aspiro hondo antes de contestar
-Serena no es hija mía, es hija de mi hermano-
-espera un momento ¿Megumi no es hija biológica?
-te contare-
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Se había ofrecido a hacer de niñero, y no era algo que le desgradara, pues adoraba a su sobrina, y sin saber por que Megumi tambien le cai en gracia. Era una niña adorable, obviamente criada bajo los pasos de Serena.
Sin embrago ahora se encontraba en medio de lo que él consideraba una absurda conversaciuón de niñas en torno al color de ojos que cada uno heredo
-pues a im me hubiese gustado tener los ojos de mi tio Darien… los ojos azules son más bonitos- Nanako observava embobaba a su tio –tu tienes suerte de tenor oijos claros- dijo a Megumi
-tu tienes los ojos de tu mama igual que yo-
-pero tu no tienes los ojos del color de tu mama Megumi- repitio por tercera ves Manako –tia Serena tiene ojos azules como tio Darien y tu tienes los ojos verdes-
-Pero yo si tengo los ojos de mi mama-
No había querido intervenir en la pequeña "discusión" de las niñas, peor a simple vista Nanako llevaba la razón. Y como iba la cosa terminaria en una riña.
Con su tono más calmado decidio intervenir
-Megumi… no tienes el mismo color de ojos que tu mama, lo que no quiere decir que no tengasun color de ojos muy bonitos-
-poro si tengo el color de ojos de mi mama-
-Pero serena tiene ojos azules… -repitió ya cansada Nanako –a zu les… lo entiendes-
-si lo entiendo, pero yo no estoy hablando de Serena- se volteo para sacar un pequeño cuaderno que tenia en su mochila que llevaba siempre consigo.
Cuando lo abrió, y mostró su contenido, Darien sintió morir.
-ves… dijo señalando a una mujer castaña de ojos esmeralda, ella es mi mama de la panza-
-y este señor… -señalo Nanako a un joven rubio igual a Serena en versión masculina
-ese es mi papa… nunca los conocí… murieron cuando yo apenas era bebe-
-los papas de Megumi son muy lindos ¿no crees tío Darien?
¿Lindos?. Por dios, ni siquiera sabia que Serena tenia un hermano… peor aun… que Megumi no era su hija, sino su sobrina. La había juzgado, la había lastimado y lo seguía asiendo, por el simple hecho de no dejar que ella le explicara todo aquella ultima vez que vio en la tienda.
Serena debía de estar odiándolo, con todas las razones del mundo
Observo la foto del padre de Megumi, y puesto que él era igual a Serena y era lógico que la niña se pareciera tanto a su tía. Pero ciertamente tenía los mismos ojos de su madre.
Todo su mundo se vino al piso.
Literalmente
Sintió nauseas. Muchas. Todo estaba mal. Y Necesitaba explicaciones
-¿Tío Darien?-
-en seguida regreso… no se muevan de aquí- y salio disparado nuevamente a la cocina
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Entiendo, yo no se mucho sobre esto, pero estoy segura que no tienes nada que temer… si como tu dices… el sujeto estuvo en la cárcel por estafas reiteradas, no creo que algún juez con dos dedos de frente lo encuentre adecuado para la crianza de Megumi-
-fue lo mismo que me escribieron mis padres… pero de todos modos quiero cerciorarme… de que todo este bien… no soportaría perder a Megumi-
-no lo harás- sentada frente a Serena que ya estaba un poco más calmada, Rai estiro su mano para apretar las de su amiga en señal de apoyo- ya veras como todo se solucionara
El minuto de silencio que se había hecho fue interrumpido por una voz tan grave que retumbo por el silencioso lugar.
-Quiero hablar con Serena a solos-
La estrepitosa entrada de Darien las había asustado, pero sobre todo había sorprendido a Rai la determinación en la voz. Pocas veces lo había escuchado tan firme, tan determinado a algo. Parecía enojado y culpable a la vez.
Por primera vez en tantos años, no supo que era lo que estaba pensando.
Después d mirar a Darien dirigió una mirada inquisitiva a su amiga, quien asintió un poco vacilante.
No dejaría a Serena sola en el estado en que se encontraban esos dos, Serena por el asunto de Megumi y Darien quien sabe por que.
Y este debía de conocerla muy bien por que cuando estuvo a punto de protestar su voz retumbo nuevamente.
-Ahora-
-esta bien Rai… estaré bien-
Después de depositar una severa mirada de advertencia a su hermano cuando paso a su lado, se marcho.
Darien termino de cruzar el umbral una ves que su hermana lo hizo asía la habitación de junta para ir al encuentro de las niñas, y cerro la puerta.
Serena retrocedió unos pasos cuando lo vio acercarse con una determinación nunca vista en sus ojos.
-Muy bien… ahora dime… como esta eso de que Megumi no es tu hija-
