Capítulo 7: La cacería.
Era bastante tarde ya cuando noté cierto movimiento en mi regazo donde tenía dos cabezas apoyadas. Bajé mi mirada para ver que era Jacob el que se había revuelto un poco."¿Qué hago yo aquí?" Preguntó confundido y medio dormido aún.
"Shhh." Susurré yo. "Sigue durmiendo… Embry está dormido también."
"¿Y el resto?" Preguntó. "¡Ah, perdona!"
Con cuidado volví a hacerle tumbar donde estaba mientras sacudía mi cabeza.
"No te preocupes, Billie sabe que estás aquí." Le susurré. "Dijo que se lo diría también a la familia de Embry para que no se preocuparan. Querían haberos despertado a patadas pero como yo no tenía que hacer nada esta noche porque ahuyenté a mi presa esta tarde decidí ofrecerme yo para cuidaros el sueño."
"Ah, vale..." Murmuró volviendo a tumbarse.
Creo que dio unas cuantas vueltas hasta que decidió hablar un poco.
"Esto... ¿te importa si hablamos un poco?" Me preguntó susurrando para no despertar a Embry.
"Intenta dormirte." Le dije yo.
"No puedo, pero si hablamos igual sí puedo." Me aseguró.
"Está bien." Le dije. "¿De qué quieres hablar?"
"No sé..." Me dijo. "¿Qué tal has pasado el día?"
"Un poco mal." Afirmé yo suspirando y susurrando. "He tenido que trabajar muy duro hoy, encima tuve que rastrear a un tipo y cuando estábamos peleando me hirió en el brazo y la pierna; por suerte yo le herí más a él. De todos modos... se me escapó en la frontera con Canadá y ahí le perdí el rastro. De cualquier forma, sé que volverá."
"¿Y eso?" Me dijo.
"Sabe que sé quién es." Le contesté. "Podría atacar a sus amigos y familiares si no vuelve pronto y no creo que se quiera arriesgar a eso."
"Vaya, muy lista." Afirmó él sonriendo divertido. "Así que ese... enemigo fue el que te hizo lo del brazo."
"Así es." Dije. "Fue una pelea dura."
"¿Quién era?" Me dijo.
"Uno de tu tipo." Dije yo. "Pero no parecía del todo... novato. Quiero decir, sus métodos eran de un novato, pero su apariencia no."
"¿Sabes tanto sobre nosotros?" Me preguntó Jacob un poco dudoso.
"Digamos que llevo mucho tiempo en esto y me he informado muy bien." Le confesé peinando su pelo suavemente con mis dedos. "He conocido a gente de tu tipo."
"Ya, a los que has matado." Me dijo.
"No, no voy por ahí matando a todo no-humano." Afirmé yo. "Aunque me suelen mandar a eso. Pero bueno, piensa en tu… ¿bisabuelo? Ephraim era mi amigo."
"No puedo creérmelo." Me dijo. "Un vampiro y un licántropo, es totalmente imposible."
"¿Y eso por qué?" Dije yo. "Piensa un poco en antes de ser lo que eres." Añadí mirando al horizonte mientras le peinaba con los dedos suavemente. "Apuesto a que nunca pensaste que pudiesen existir hombres que pudiesen convertirse en lobo hoy en día, o que una persona pudiese alimentarse de sangre."
Hay hubo un silencio en que no hacía falta ser adivino para ver que estaba pensando y que yo acababa de dar en el clavo.
"Me duele admitirlo pero vuelves a tener razón." Me dijo tras ese receso de pensar. "¿Dónde has aprendido a hablar así?"
"Tengo años de experiencia." Afirmé suavemente. "Llevo una eternidad vagando por ahí, de un lado a otro sin posibilidad de quedarme mucho en un sitio. A veces os envidio, los hombres lobo por lo general soléis asentaros en un sitio y lucháis por él."
"¿Y si no te gusta por qué no te quedas en un sitio fija?" Me preguntó echando la cabeza un poco hacia atrás para mirarme a los ojos.
"No puedo." Dije sacudiendo la cabeza. "Lo intenté hace tiempo, y luego acabé arrepintiéndome. No… es imposible evitar el destino."
"¿Acaso es un destino el tuyo?" Me dijo. "Por lo que acabas de decir no te gusta viajar de un lado a otro y no tener un sitio por el que luchar. Además ¿qué destino es ese de vivir cazando y asesinando?"
"El destino que me tocó desde que me convirtieron en lo que soy." Dije. "Un monstruo que lucha contra los instintos asesinos. Una vez deseé poder ser invencible para proteger a una gente, cuando lo conseguí me arrepentí."
"¿Y eso?" Me dijo.
"Los licántropos no podéis entenderlo." Dije yo tristemente. "Vosotros no tenéis que pasar por eso."
"Haré lo que pueda." Me dijo.
"Cuando te transformas pasas el primer año siendo poco más que una máquina asesina; te mueves por instintos y esos son la sed de sangre y los instintos sexuales de vez en cuando. He pasado años maldiciéndome mientras sentía que perdía el control rodeada de humanos, atraída por el olor de la sangre corriendo por sus venas bajo la piel… Odiándome por ser el monstruo en que me había convertido."
"Pensaba que solo los humanos y los licántropos os odiábamos." Dijo para cubrirse al instante la boca. "lo siento, yo..."
"No te preocupes." Le dije yo. "Estoy acostumbrada a eso. Pero bueno... el caso es que a los vampiros también nos odian otros vampiros. A mí sin ir más lejos me odian un buen montón de vampiros."
"Vaya, no pensaba que fuese así..." Me dijo. "Vaya... ¿y por qué te odian los de tu género?"
"¿Sabes qué pasa cuando un vampiro encuentra a su compañero ideal?" Le pregunté.
"Una relación eterna." Afirmó Jacob.
"¿Y si alguien mata a ese compañero?" Le pregunté yo.
"Que tenemos un vampiro encabronado." Me dijo él.
"Exacto." Dije yo asintiendo. "Y te aseguro que un vampiro en ese estado no parará hasta tomarse su venganza. Por suerte para mí, yo tengo un as en la manga."
"Ya, claro." Dijo. "¿Y si te quedas sin ases en la manga?"
"Yo siempre tengo un as en la manga." Afirmé. "Y ahora duerme."
"Sigo sin tener sueño." Me dijo.
"Inténtalo." Le pedí yo. "Cierra los ojos y deja la mente en blanco."
Aún me costó un poco convencerlo, pero al final conseguí encontrar un modo; algo que me ayudaría a mí y él acabaría durmiéndose.
"Jacob, necesito preguntarte una cosa." Le dije. "¿Te importa si te toco con mi mano?"
"¿Hum?" Dijo un poco sorprendido. "Claro."
"Espero que sea suficiente." Dije suavemente mordiéndome la punta de un guante y quitándomelo suavemente para acercar la mano a su cara.
"¿Qué pasa?" Me dijo.
"Dime... ¿de tu manada quién es el más fuerte?" Le pregunté.
"Hum... Sam es el líder." Me dijo. "Y yo soy el segundo líder, no deseaba ser el líder. No me va lo de ser líder."
"Vale." Dije para apoyar mi mano en su cara suavemente. "Espero que no te duela."
"¿Por qué iba a...?" Dijo.
De pronto, mi poder comenzó a afectarle mientras yo sentía cómo mis heridas comenzaban a cerrarse.
"Más deprisa, por favor..." Rogué mentalmente viendo que Jacob estaba comenzando a dormirse.
Tan pronto como él cerró los ojos yo retiré mi mano.
"Suficiente." Murmuré notando que aún tenía alguna herida abierta a poco más que un arañazo.
Ahora volvía a tener a los dos chicos con la cabeza apoyada en mi regazo y durmiendo.
Como yo no podía dormir, me hice a la idea de pasar la noche quieta como una estatua sirviéndole de almohada a dos licántropos adolescentes.
Estar allí quieta haciendo de almohada a estar quieta espiando a algún peligroso y demente no-humano que posiblemente estuviese planeando atentar contra vidas inocentes o los tratados para la "ocultación de mundos extra-humanos" era casi lo mismo salvo porque lo de almohada humana me parecía más relajante.
Entonces oí susurrar a ambos en sueños. Me dolía puesto que podía ver en sus mentes tras haberle 'chupado' a Jacob un poco sus poderes; podía oírles el pensamiento.
"Pobres…" Murmuré al oír el pensamiento agitado de Jacob.
Aquello era como una telenovela barata; chico conoce a chica que quiere a otro chico, el chico 2 se va de la vida de ella y ella cae en los brazos de chico 1 que se enamora de ella como un tonto. Entonces ella es muy cercana a él y cuando ella está a punto de morir él la salva; entonces aparece su 'cuñada' y chico 2 se aleja de ella. Chico 1 llama pero en vez de coger el teléfono la chica lo coge chico 2 que celoso provoca un problema por el que chica se aleja de chico 2, acaba con chico 1 que regresa a su vida y chico 2 acaba furioso con ella porque chica escoge a chico 1. Luego se tuercen las cosas y se desencadena una guerra en que los dos chicos y la chica están en el mismo bando.
Al final chica confiesa que ama a los dos pero cuando todo acaba, acaba escogiendo al primero dejando a chico 2 descorazonado.
Los licántropos eran demasiado sentimentales, me daba pena.
De pronto, percibí algo más, allí había algo que no iba bien.
"Jacob." Murmuré. "Embry, Jacob… despertar."
"¿Ocurre algo?" Me preguntó Jacob bostezando cuando desperté a ambos.
"Os acompaño a casa." Les dije. "Acabo de recordar que tengo algo que hacer."
"¿Otra visita a la Morgue?" Me dijo él.
"Sí, así es." Dije yo mientras me sonaba el móvil. "Dime." Le dije a Alice que era la llamada entrante que tenía.
"Bella, creo que algo no va bien." Me dijo.
"Ya, yo también he sentido algo." Afirmé. "Pero yo no puedo ver el futuro ¿qué has visto?"
"Un ataque, en un lugar que no conozco." Me dijo.
"¿Has visto al atacante?" Le pregunté.
"No, pero si fuese un licántropo no lo hubiese podido predecir." Me dijo. "Es… he visto peleas últimamente."
"Tranquila." Le dije. "Buscamos asesinatos, ataques. ¿Puedes describirme el lugar?"
"¿Qué ocurre?" Me preguntaron Embry y Jacob.
"Es una calle oscura." Me dijo Alice mientras yo hacía gestos a los chicos de que callasen. "Es de noche, pero hay un camión de la basura en la calle, pasaba poco antes de que atacasen."
"¿Cómo era la calle?" Le dije.
"Estrecha, oscura… llena de basura." Me dijo.
"¿Y la víctima?" Le dije.
"No la vi bien." Me dijo. "Era una mujer, pelo largo y ropa corta. Creo que temblaba un poco antes de que la atacasen."
"¿Recuerdas si había algo de humedad en la calle?" Le pregunté.
"Sí, había un par de charcos y el asfalto parecía un poco húmedo." Me dijo.
"Vale, ya sé dónde es." Dije. "Tengo una idea más o menos de la zona. Gracias."
"Espera." Me dijo ella. "¿Vas a ir sola?"
"Sí." Afirmé yo tranquila. "Ten el móvil a mano, te llamaré cuando llegue."
"Vale." Me dijo antes de que yo le colgase.
"Oye." Me dijo Jacob agarrándome por la muñeca. "¿Qué pasa?"
"Va a haber un ataque." Le dije. "En algún momento cerca del amanecer, aún de noche pero un camión de la basura circulaba; y aún no sé la ciudad exacta."
"Te ayudaremos." Me dijo Embry.
"No." Dije yo. "Os vais a ir a casa, con vuestros padres y vais a estar allí."
"Eh, tenemos derecho a ayudarte." Me dijo.
"No esta vez." Afirmé. "Además, tengo que ir a mucha velocidad para comprobar la descripción antes de que pueda llegar a pasar un camión de la basura por allí."
"¿Y tu coche?" Me preguntó Jacob entonces.
"Si no os importa se quedará aquí y lo recogeré luego." Les dije yo mientras llegábamos a casa de Embry.
"Eh, al menos llámanos mañana y nos dices qué tal te ha ido." Me pidió él.
"Ya veremos." Le dije mientras esperábamos a verle entrar y estar a salvo. "Bueno Jacob, ahora tú."
"Yo quiero ir contigo." Me dijo.
"He dicho que no." Le respondí. "Podría ser peligroso y no quiero distracciones."
"¿Insinúas que yo te distraigo?" Me preguntó divertido.
"Insinuó que tendría que estar con un ojo en ti para que no te pasase nada mientras peleo contra lo que quiera que vaya a atacar. No, tú vas a entrar a tu casa y te vas a quedar aquí."
"No soy un crío." Afirmó él. "No puedes darme órdenes."
"No, pero puedo negarme a llevarte conmigo." Le dije.
"Podría seguirte." Afirmó él.
"No me hagas hacer algo que no quiera." Le dije. "Ya te llevaré otro día, uno que necesite refuerzos..."
Ambos guardamos silencio un rato más y de pronto estábamos frente a su casa.
"Entra." Le pedí. "Yo esperaré hasta que estés a salvo dentro de tu casa."
Jacob me miró un poco dolido, pero entonces se giró hacia su casa y se paró en la puerta mientras y me ajustaba el pelo trenzándolo suavemente mientras le vigilaba para que entrase.
"Estaré esperando la llamada." Susurró mientras hacía un gesto de cabeza.
"Lo sé." Murmuré yo con otro gesto de cabeza.
Mientras acababa de hacerme la trenza con el pelo le vi desaparecer en el interior de la casa y entonces me agaché a frotarme un poco las manos con arena en polvo que había allí. Supongo que para los ojos de Jacob sería un flash, estaba agachada frotándome con el polvo de arena y de pronto había desaparecido tras incorporarme un poco.
(Salto espacio-temporal)
"Alice, lo he encontrado." Le dije con mi pinganillo de manos libres para el móvil. "Será en Port Townsend."
"¿Estás segura?" Me dijo. "Quiero decir… no reconocemos la calle nosotros que somos de la zona…"
"Mi trabajo es el de cazar 'no-humanos' que pongan en peligro nuestro mundo." Le dije. "Además, solo ha seguido la línea de la costa; la última vez atacó en Port Hadlock hace una noche; lo suficiente para que le haya entrado miedo a un novato si ha encontrado a un veterano en la zona y haya decidido volar. Las dos ciudades están cerca incluso para un viaje de ida y vuelta en coche, sería como ir de Forks a La Push."
"Dicen por aquí que para ser una visitante eres muy listilla." Me dijo.
"Dile al listo de tu cuñado, hermano, hermanastro o lo que sea esa masa de músculos que esta listilla ya mataba bichos cuando él aún estaba en pañales humanos." Le dije medio sonriendo y oyendo risas al otro lado. "Y aún tengo un par de horitas para planear una trampa e intentar coger al tipo vivo."
"¿No se supone que tú los matas?" Me dijo ella mientras oía otra voz más que ella tradujo.
"Uno, yo solo mato a los casos perdidos." Le dije. "Y dos, hacer el favor de dejar de pincharme en manos libres que apesta tener que oír terceras voces inteligibles."
"¿Entonces cómo hablaríamos contigo?" Preguntó la 'mása de músculos'. "Por cierto, gracias por el cumplido pero me llamo Emmeret."
"Venga Emmeret, esto no es un juguete." Le dije yo. "A ver Alice, cuéntame con todo detalle qué vistes exactamente en tu visión. Y Emmeret, no la interrumpas con tonterías, por favor."
(Salto espacio-temporal)
"Un minuto y ahí está nuestra amada víctima." Murmuré observando a una mujer de pelo largo y ropa corta que acababa de aparecer en la calle. "Ahora esperemos al atacante..."
La verdad es que no se hizo de esperar, pasó el camión de la basura y cuando ya no podrían haberle visto atacar, apareció un hombre; por suerte, no del todo desconocido para mí.
"Buff..." Murmuré. "Ese no puede ser, demasiado fácil..."
No, en efecto no era él; de pronto apareció en escena otra figura, una mujer.
"Te tengo." Afirmé plegando mi catalejo y metiéndolo de nuevo en un bolsillo para saltar de mi escondite al medio de la calle.
Fueron solo dos disparos y el enemigo estaba tirado en la calle con las piernas inutilizadas.
"Eh, tú no te me escapes." Le dije al conocido. "Enseguida estoy contigo; no me obligues a dispararte a las piernas también."
"¡Yo no he hecho nada!" Dijo el otro. "¡Me hubiese detenido a tiempo, lo juro!"
"Ya debatiremos eso luego." Le dije. "A ver, primero la dama. ¿Quién eres?. ¿De dónde bienes?. ¿Y qué hacías a punto de atacar a un inocente?"
"No hablar." Dijo en castellano.
"Muy bien, te lo repito más lento." Afirmé yo apuntándole a la cabeza. "Que quién eres, De dónde bienes y qué hacías a punto de atacar a un humano rompiendo así la norma de ocultación de nuestro mundo."
"No sabía que existiese algo así." Afirmó ella. "¡Lo juro! Yo solo soy una visitante. ¡Por amor de dios necesitaba comer!"
"No sé por qué pero me suena a que estás intentando mentirme." Afirmé yo. "¿De dónde decías que eras?" Le dije cogiendo una bala de anestesiante.
"Yo vengo de España." Dijo.
"Ya, claro." Dije yo. "Está bien, di buenas noches." Afirmé yo cargando la pistola y apuntándole a la cabeza.
"¡No, no!" Dijo gritando. "¡Por fav...!"
Tarde, le acababa de disparar el anestesiante y era de tanta dosis que le haría efecto inmediato y seguramente le duraría como que unas cinco o seis horitas.
Entonces me giré al conocido al que le disparé a la pierna un paralizante local.
"Te he dicho que no te ibas a ningún lado." Le dije yo. "Y para empezar... ya sabes lo que te toca."
"¡El collar no, por favor!" Me dijo asustado.
"Ya, bueno." Dije yo afirmé sacándolo. "Lo siento pero no te libras. Tú pórtate bien y no pasará nada. Y ahora... vamos a tener que robar un coche. Te diría que le guardases tú pero...obviamente no me fío de ninguno de los dos."
"Entonces yo buscaré el coche." Me dijo esperanzado.
"Ni lo sueñes." Le dije. "No puedes separarte mucho de mí ¿recuerdas? Iremos andando y ya cogeremos un coche por ahí."
"¿De los tuyos?" Me preguntó.
"De lo que haya." Afirmé yo. "Andando."
Sabía que no le gustaba aquello, pero iba a lavarme un poco las manos, iba a invitar a gente al interrogatorio.
"¿El desguace?" Me preguntó el chico.
"Nadie echará de menos un par de coches." Dije yo mirando a los coches apilados. "A ver…Malo, malo, malo… Este." Dije señalado un coche medio oxidado en algunos puntos y con el techo abollado.
"Estás de broma ¿no?" Me dijo.
"No señor." Dije yo. "Es perfecto."
"Ya, para la abuela." Me dijo.
"Venga, mueve el culo y ayúdame a bajarlo de encima de ese otro." Le dije arremangándome.
"¡Encima!" Me dijo como indignado. "Ni lo sueñes, vamos, faltaría más."
"Llevas razón." Dije sacando la pistola y cargándola. "Es más fácil matarte aquí y ahora. Una rata menos."
"¡Vale, vale!" Me dijo asustado. "Tú ganas, pero guarda eso que las carga el diablo."
"¿En serio?" Le dije divertida. "Va, coge del maletero, con cuidado."
"No, tú eres el diablo." Afirmó cogiéndolo y ayudándome a levantarlo. "Eres peor que el diablo." Afirmó moviendo el coche y bajándolo a la par que yo. "De todas formas no sé por qué me haces ayudar si podrías haberlo movido sola."
"Por si las moscas." Dije yo. "Además, no está bien que una dama haga todo el trabajo sucio y un hombre se quede de brazos cruzados."
"¿Qué dama?" Preguntó. "Yo no veo más que una desmayada y al diablo en persona, aunque… chica, hasta para cazar estás impresionante." Afirmó mirándome mientras me inclinaba sobre le capó.
"Deja de mirarme el culo y búscame un motor que sirva para esto entre esos cacharros."
"Cómo no ¿no necesitas algo más, como un apoya vasos?" Me dijo con ironía.
"Nada de irte, me vas a contar esa historia que te encanta a ti contar a las damas para engatusarlas." Le dije. "Y ya de paso si te encuentras con un par de manguitos me los coges, yo voy a buscar un par de juntas y unos cables."
(Salto espacio-temporal)
"¿Falta mucho?" Me dijo el chico mientras acababa de retocar el coche.
"No, enano." Le dije. "Pareces mi hijo '¿Falta mucho?. ¿Falta mucho?', niño pequeño."
"Es ya de día, va a venir el jefe de esto, nos va a pillar y nos la vamos a cargar porque ¡Ay!" Gritó al llevarse un calambrazo.
"Deja de lloriquear, esto está ya." Le dije frotándome las manos. "Arranca a ver si funciona."
"Vale, mandona." Me dijo haciendo rugir el motor.
"Genial, ahora le pongo a esa un chutecillo de dos horas más y nos vamos de aquí." Afirmé cerrando el capó y rebuscando un dardo con la dosis de sedante para dos horas.
(Salto espacio-temporal)
"¡Ya está aquí!" Dijo Alice corriendo a la puerta para abrirla y toparse cara a cara con mi preso y la condenada en sus brazos y quedándose petrificada.
"Alice, ahora llego." Dije yo desde la puerta del coche robado. "Estoy encargándome de mi nuevo coche."
"Vaya, pensaba que te gustaban los vehículos con más clase." Dijo Emmeret. "Eso es una auténtica… chatarra."
"Lo mejor que teníamos a mano." Dije yo empujando un poco al chico para que entrase. "Me he traído el trabajo a casa ¿os importa?"
"Dos vampiros." Dijo Jasper. "Muy sabio."
"Seríamos unos cuantos contra dos." Dije yo. "Uno y medio. ¿Conocéis a nuestra amiga?"
"No es de la zona." Afirmó Alice. "Los únicos en la zona somos nosotros."
"Ya no." Dije yo. "Vosotros no causáis los ataques, no todos son de licántropos… aquí hay más de los nuestros por ahí sueltos; y aquí nuestro amigo J. nos va a decir todo lo que sepa."
"¡Te digo que yo no he sido!" Dijo él.
"Ya, claro." Dije yo. "Reconozco tu método, y sé que no has sido tú, pero… no me extrañaría que uno hubieses sido tú."
"Espera, espera." Me dijo Emmeret. "¿Tú no matabas a todos los que perseguías?"
"No, la prueba es este." Dije yo dándole un capón al chico. "¿Verdad, ratilla?"
"No me llames así delante de la gente." Me pidió.
(Salto espacio-temporal)
"¿Qué está pasando aquí?" Preguntó Carlisle entrando en el cuarto donde estábamos sacando información de la chica mientras el chico seguía sentado en un rincón lamiéndose las heridas.
"Estamos extrayendo información." Le dije yo. "¿Te unes, amigo mío?"
"Estáis... torturándola." Me dijo.
"Técnicamente es extracción de información, pero como no quería confesar... bueno, dejo que tus chicos se entretengan un poco." Dije yo. "Por cierto." Añadí señalándole a una rosa negra que tenía la mujer enmarañada en el vestido.
"La rosa negra..." Dijo. "¿Qué significa esto?"
"Eh, esta no suelta más información." Dijo Emmeret limpiándose la sangre.
"Da igual." Dije yo. "Ya la hemos exprimido suficiente, si no os importa contarle a Carlisle lo que nos han dicho y echarle un ojo a esa 'ratilla' no sea que nos la monte."
"Andando." Le dijo Jasper al chico empujándole fuera de allí.
Tan pronto como se fueron, yo me saqué los guantes y miré a la mujer, estaba echa unos zorros, tenía sangre y temblaba de frío, furia y miedo.
"No te preocupes, será rápido." Le dije yo.
"Vendrán a por mí." Afirmó ella siseando. "Te matarán."
"Espero que vengan a por mí." Afirmé yo. "De esa forma podré capturar a todos sin tener que preocuparme de buscarles."
(Salto espacio-temporal)
"¡¡Ahh!!" Oyeron en la cocina gritar a la mujer.
"Dios... esa mujer es realmente inflexible." Dijo Rosalie.
"Un poco dura sí que es." Afirmó Emmeret.
"No tenéis ni idea." Afirmó Jasper. "En este mundo los que deben pelear deben adoptar esa faceta."
Ya habían acabado de contarle a Carlisle todo lo que habían dicho el chico y la mujer y ahora entre todos controlaban al chico.
"¿Y cómo te llamas además de 'ratilla'?" Le preguntó Alice.
"J." Dijo él. "Me llamo J."
"¿Una letra es un nombre?" Dijo Edward.
"Vaya, los tiempos se han vuelto locos." Afirmó Emmeret.
"J. es el abreviado de mi nombre." Afirmó él. "No me gusta mi nombre, así que uso una abreviatura."
"Muy bien, J." Dijo Jasper. "¿Qué sabes tú de Bella?"
"¿De quién?"
"De Bella, la mujer que te ha interrogado."
"¿Aquí la llamáis así?" Dijo él. "Vaya, pensaba que se llamaba Isabella, pero bueno, entre nosotros la conocemos más bien por 'La Cazadora'. Sobra contar por qué ¿no?"
"Parece que la conozcas." Dijo Carlisle.
"Oh, bueno, me ha perdonado la vida dos veces." Dijo J. "Pero claro, supongo que tampoco podía matarme por lo que hago. Yo no mato nada que no necesite para sobrevivir y nunca mato nadie demasiado... conocido."
"¿Y ella?" Dijo Rosalie.
"Apuesto a que se han ido juntos de cena más de una vez." Afirmó Edward con ironía.
"Más quisiera." Dijo J. "Nah, es una maldita vegetariana rigurosa. Aunque se rumorea que se dedica a beber sangre muerta también."
"¿Sangre muerta?" Preguntaron los jóvenes.
"J. deja de decir tonterías o te vuelvo a poner el collar." Le dije yo apareciendo en la cocina con chorretones de sangre en la cara y las manos.
"¿Qué es lo de la sangre muerta?" Me preguntó Carlisle.
Yo entonces le miré mientras me lamía las manos.
"Sangre humana." Dije. "Clónica, mi favorita es la 0-, es más dulce que una A pero más fuerte que la 0+."
"¿Bebes sangre humana?" Me dijo Alice asqueada.
Con cuidado abrí la nevera y saqué del congelador una bolsa de AB, perfecta para tomar en ayunas y genial para revitalizar y se la lancé.
La atrapó Jasper y la miró.
"Esa la conseguí hará un par de meses." Dije yo. "El original era un universitario sano como un roble, fuerte como un toro y deportista. Una cosecha perfecta si no fuese por un pequeño saborcillo un tanto fuerte a hierro. Están intentando quitárselo, pero... bueno, la última vez que lo probé aún tenía un ligero saborcillo."
"Sigue siendo..." Dijo Edward. "Barbárico."
"Ya, claro." Dije yo. "Eh, ratilla. Cógelo." Le dije tirándole otra bolsa.
"Paso de sangre muerta." Dijo él devolviéndomela.
"Tú mismo, pero no pienso dejarte cazar humanos." Le dije. "Ni de los que sueles cazar. Salud." Añadí levantando la bolsa.
"Eh, te dejas un chorretón enorme por aquí." Me dijo Carlisle señalándome la barbilla.
"Lo siento." Dije limpiándomela. "He tenido problemas para hacer mi trabajo."
"Que por lo que se ve es acabar con la mujer." Afirmó Jasper. "No te preocupes, es lógico; al fin y al cabo es tu trabajo."
"Lo siento pero mi trabajo no es ir por ahí matando a vampiros." Le dije. "Tengo algo más de escrúpulos que eso."
"A mí me ha perdonado varias veces." Dijo J.
"A ti te voy a mandar de vuelta a tu casa de una patada en el culo." Le dije yo. "¿Qué haces fuera de la escuela?"
"Te lo he dicho, no aguantaba más... Moira y yo nos fugamos. Hubo problemas y Moira se ha ido al sur."
"¿Con Marianne?" Le dije yo.
"No, con una pelirroja que estaba siendo perseguida por otros dos que luego me persiguió una." Me repitió.
"¿Escuela?" Preguntó Edward.
"Pues mira tú, tengo una idea." Le dije. "Te voy a acompañar al aeropuerto más cercano, te voy a facturar en un avión y te vas a ir derechito a la escuela."
"Odio ese lugar." Me dijo.
"¿Prefieres que lo arreglemos a mi manera?" Le dije.
"¿No hay punto intermedio?" Me preguntó.
"Hasta que no aprendas a controlar esos impulsos no." Afirmé yo sacando el móvil. "Ahora vuelvo."
"¿Escuela?" Le preguntó Emmeret a J. mientras yo salía de allí e iba al porche delantero para hablar tranquilamente.
"Es un sitio donde vivimos unos cuantos jóvenes vampiros y algunos neonatos." Les dijo J. aburrido. "Odio ese sitio, no puedes atacar a nadie ni te dejan beber sangre humana, te hacen estudiar todas las normas que esos petardos de Volterranos dictaron y dictan…"
"O sea, como en una escuela normal." Dijo Edward.
"¡Mucho peor!" Dijo J. "¡Tenemos que alimentarnos de sangre muerta y sangre animal! Oh, pero claro, luego están los de los entrenamientos especiales, claro. ¡A esos sí que les tratan bien!"
"Deduzco que tú no eres de ese grupo." Le dijo Emmeret divertido.
En tanto, yo había salido a fuera y estaba hablando por el móvil; primero había llamado a la escuela para informarles que me había encontrado con el fugado y que se lo mandaría de nuevo allí en un avión a lo que habían accedido tras asegurarme que el castigo sería ejemplar, de nuevo.
"Esos castigos no funcionan." Les dije. "Solo consiguen que odie más la escuela."
"¿Y qué sugieres pues?" Me había dicho Jameson. "Nosotros no sabemos ya qué hacer."
"Bueno, por lo que recuerdo, el tiempo que estuvo allí demostró dotes." Dije yo. "Igual va siendo tiempo de que le asignéis un tutor personal y le elevéis al siguiente escalón."
"No estarás sugiriendo que…"
"Que igual deberíamos probar a meterle en uno de los entrenamientos." Le dije. "El de comidas le vendría que ni pintado."
"Es uno de los dos más duros." Me dijo Jameson tras un momento. "¿Crees que es una buena idea? Ya sabes que tiene que tener…"
"Hacer la prueba." Les dije entonces.
Tras esa comunicación, busqué en mis números de llamada entrantes hasta dar con el de los Black.
No contestaron, pero me saltó el contestador.
"Jake, solo llamaba para que veas que sigo viva." Afirmé. "Veo que no estás, ya llamaré otro día. Ahora tengo… un pequeño problemilla aquí, así que pasaré un día o dos ocupada, pero bueno, si me llamas seguro que podremos hablar. Hasta otra."
Colgué un poco decepcionada, incluso suspiré sin darme cuenta antes de volverme a la puerta y entrar; cuando llegué a donde estaban todos reparé en que estaban hablando de la escuela.
"Por cierto, ¿Qué hacen en esos entrenamientos especiales?" Le preguntó entonces Carlisle.
"Son cosas horribles." Afirmó J. "Inhumanos."
"J. no mientas." Afirme yo dándole un capón. "Depende del entrenamiento. Pero básicamente forman a nuevos integrantes para poder continuar los diversos puestos."
"¿Por ejemplo?" Preguntó Esme.
"Por ejemplo, se les entrena en aguantar el olor de la sangre a fin de evitar y controlar la sed de sangre cuando se está cerca de humanos a fin de que puedan pasear tranquilamente en territorio humano, a esos también se les enseña a pelear con el fin de que sirvan de guardianes en caso de encontrar neófitos y los reduzcan antes de que causen estragos."
"O sea, vampiros soldado." Dijo Jasper. "¿Quién los capitanea?"
"El sargento Tenniens." Dijo J. "Un auténtico horror."
"Y también está el entrenamiento de medicina tri-especie que sirve para formar competentes médicos, claro que eso tiene menos aceptación."
"Tres fríkis." Afirmó J. "Subnormales que aman a los chuchos y que…"
Entonces le siseé con fuerza furiosa.
"Lo siento, pero es cierto." Dijo.
"Esos 'chuchos' son gente como cualquiera." Dije yo dándole un capón furiosa.
"No puedes pedir a un vampiro que ame a uno de esos seres." Me dijo indignado. "¡Eso no son personas!"
"Son personas y como tal han de ser tratados si son neutrales o buenos." Dije yo.
"Y habláis de…" Dijo Emmeret.
"Licántropos, qué si no." Dijo J.
"Y ese es el nombre de su especie, así que llámalos así." Le dije yo aún muy molesta con él. "Voy a tener que pedirles a todos que pongan más hincapié en recordároslo."
"A nadie allí le gustan esos… bestias." Dijo tras dudar cómo llamarlos.
"Animal." Le dije yo. "Y no pido que os gusten, pido que los respetéis."
"Esto… creo que nosotros estamos con él, y contigo." Me dijo Alice.
"Son unos bestias." Me dijo Jasper. "Pero algunos hay que también merecen algo de respeto. Aunque no se puede pedir tampoco que a todos los de nuestra especie les gusten."
"Yo estoy con ella." Dijo Carlisle. "Debemos enseñar respeto a nuestros jóvenes si nosotros esperamos respeto también."
"Igual si se trasmitiese eso las relaciones entre ambas especies no estarían tan tensas." Afirmó Esme.
"Gracias por la ayuda." Les dije.
"¿Ayuda?" Dijo J. con ironía. "Tú nunca aceptas ayuda, y eres una simpatizante declarada de esos… seres."
"Se acabó J." Le dije molesta. "He tenido paciencia contigo, te he protegido e incluso te he perdonado aquellos dos ataques contra licántropos inocentes; me parece que va siendo hora de que te den una lección."
"¿En serio?" Dijo con ironía. "¿Y qué vas a hacer?. ¿Herirme?. ¿Matarme?"
"No, te voy a asignar a unos tutores muy especiales." Dije yo. "Me deben una por salvarles el culo con un asunto con unos policías."
"Esto… creo que no deberías ser muy dura con el chico." Me dijo Alice. "No parece…"
"No es malo, pero es un maldito racista." Les dije. "Vas a entrar en el curso especial de sanación tri-especie, y vas a estar bien vigilado de cerca por Aqueron de noche y por el grupo de Tyee de día."
"Ni lo sueñes que voy a hacer eso." Me dijo. "No, nunca, jamás."
"¿En serio?" Dije yo. "Que pena que Chyton y Marah estén en Nueva York de vacaciones. Voy a llamarles y que vengan a buscarte."
"Pero…" Dijo.
"No, no quiero quejas, ni excusas, ni nada." Le dije. "¿Necesito recordarte dónde estoy, yo, estamos nosotros y dónde estás tú?"
"No." Dijo él. "Volveré, pero no pienso dejar que esos… pulgosos y asquerosos sacos de pulgas malolientes se me acerquen a más de diez metros."
Fue muy deprisa, le enganché del cuello contra la pared y le puse el controlador, tan pronto como aparté la mano le di una descarga considerable que le hizo caer al suelo de rodillas.
"Eso por no tener respeto." Le dije. "Y ahora, si no te importa, sígueme. Vamos a dejar de causarles problemas a esta familia tan encantadora." Añadí cogiéndole de la oreja y tirando.
"Todo un modelo de feminidad y dulzura." Afirmó Edward con ironía mientras yo sacaba a uno de los miembros más problemáticos de la escuela de aquella casa a patadas.
"Te aseguro que puede ser más amable." Dijo Carlisle. "Mucho más, si está de buen humor, y si le apetece."
(Salto espacio-temporal)
Jacob Black
"Jake, solo llamaba para que veas que sigo viva. Veo que no estás, ya llamaré otro día. Ahora tengo… un pequeño problemilla aquí, así que pasaré un día o dos ocupada, pero bueno, si me llamas seguro que podremos hablar. Hasta otra."
Volví a pulsar el botón del contestador automático que había conseguido convencer a Billie para instalar tan solo hacía medio día.
"Jake, solo llamaba para que veas que sigo viva. Veo que no estás, ya llamaré otro día. Ahora tengo… un pequeño problemilla aquí, así que pasaré un día o dos ocupada, pero bueno, si me llamas seguro que podremos hablar. Hasta otra."
Sí, no había duda, era aquella mujer, Bella o 'Bella 2' como la llamaban en la manada para diferenciarla de Bella la esposa de Edward.
"Jake, solo llamaba para que veas que sigo viva."
Era genial que siguiese viva, eso me quitó un poco de preocupación de encima; llevaba toda la noche fuera en mi forma de lobo para intentar oír algo más sobre ella; buscando en el viento o los aullidos de otros lobos algo que me diese noticias sobre qué estaba pasando.
"Veo que no estás, ya llamaré otro día. Ahora tengo… un pequeño problemilla aquí"
¿Un problemilla? ¿Qué tipo de problemilla? ¿Acaso estaba en medio de otra batalla de las suyas y había pasado algo?
¡Oh, dios! Que no estuviese malherida, no podría perdonarme si le pasase algo porque no había podido ir a ayudarla porque le perdí el rastro y me había pedido que me quedase en casa.
"… así que pasaré un día o dos ocupada…"
No podía ser que estuviese tan mal, un día o dos no eran suficientes para curase en el caso de estar verdaderamente mal ¿o sí?
"…pero bueno, si me llamas seguro que podremos hablar. Hasta otra."
Breve, sencilla… seria.
¿Acaso no podía haber dicho algo como 'estaré esperando tu llamada' o 'me muero de ganas que me llames'? Porque claro, lo de 'besos' o algo así seguro que no lo oiría nunca de ella.
"¿Todo bien?" Me preguntó Billie entrando. "Ese maldito cacharro no ha parado de parpadear desde que llegué."
"Papá, cuando esto parpadea significa que hay mensajes." Le dije señalando al piloto del contestador.
"Vaya… ¿y había algo importante?" Me preguntó.
"Había un mensaje para mí." Afirmé. "Y te han llamado del banco para que te pases a recoger la contraseña para la nueva cuenta."
"Por eso odio ese cacharro." Dijo él. "Es imposible comprenderlo."
"Papá… es solo un electrodoméstico." Le dije sonriendo. "Basta con leerse el manual de instrucciones."
"Me alegro de que estés de mejor humor." Dijo él. "Supongo que tu mensaje eran buenas noticias."
"Normalitas." Afirmé tras pensarlo un poco. "Por cierto, ¿cuando una chica te dice que estará ocupada uno o dos días deberías llamarla para preguntar?"
"Deberías darle esos dos días para que piense." Me dijo.
"Vale, sí. Creo que lo haré" Le dije yo tras pensarlo un poco. "Gracias, padre." Añadí mientras de fuera me gritaban Embry y Quil para que saliese.
"No te preocupes." Me dijo desde la puerta. "Llamará, a esa mujer no es posible matarla así como así."
Ante eso sonreí levemente; ahora que sabía que todo estaba bien, estaba más tranquilo y podía ver las cosas un poco mejor.
Esa mujer no era una chica como las de la aldea o las de cualquier pueblo o ciudad; no, esa mujer era una vampiresa, de varios siglos de edad. Si no había muerto en ese tiempo era muy difícil que fuese a hacerlo ahora.
"¿Todo bien, Jake?" Me dijo Quil.
"Mejor que bien." Afirmé. "Tengo dos días para hacer lo que queramos."
"¿Y qué pasa al tercero?" Me preguntó Quil.
"Que haré una llamada y es muy pero que muy probable que esté ocupado." Afirmé arrancando el coche. "Y ahora vamos a ver si conseguimos algo mejor para almorzar que unas raices."
