Capítulo 8: A

Capítulo 8: Reconstruyendo el coche. No somos 'chupasangres'.

"Que tengáis buen viaje." Le dije yo a la pareja que estaba ya con J.

"Sabes que eso es imposible." Me dijo Chayton. "No con este… personaje viajando con Marah y conmigo."

"No te preocupes cariño." Le dijo Marah dándole un beso tierno. "Yo te tengo a ti para protegerme."

"Por cierto Marah." Le dije. "Felicidades."

"¿Cómo?" Me dijo sorprendida. "¿A qué viene eso?" Añadió sonriendo como si pensase que yo bromeaba.

"¿Cómo lo sabes?" Me preguntó Chayton sonriendo sorprendido. "Yo me he enterado esta mañana."

"¿Se puede saber de qué habláis?" Nos dijo Marah dándole un golpe a su marido.

"No importa." Le dije yo. "Ya te enterarás en un tiempo. Cuídate mucho." Añadí sonriendo y dándole un abrazo antes de dirigirme a su marido y darme unos toques en la nariz haciéndole un guiño.

"Ya, claro." Dijo él sonriendo. "Se me olvidaba que tú eres especial."

"Todo lo vuestro es mío." Dije sonriendo.

"Puaj… ¿podemos irnos ya?" Dijo J. "Me están entrando ganas de vomitar."

"Tener paciencia con él." Le pedí a Chyton susurrando mientras le daba un abrazo más. "Sabes que es difícil acabar con esos tabúes…"

"Este crío es exasperante." Me dijo. "Ni siquiera tú quieres tenerlo contigo. Tyee se va a enfadar mucho."

"Tyee es un gran jefe." Afirmé. "Y este niñato solo necesita un poco de mano dura, sin que se os vaya la mano, tampoco quiero que le matéis."

"Espero que no te confundas." Me dijo. "Sabes que no todos tenemos tanta paciencia."

"Por eso no he pedido ayuda a nadie más." Dije yo. "Confío en Tyee y en ti. Ese chico necesita una terapia de grupo." Afirmé antes de que llamasen de nuevo a los pasajeros de su vuelo y les viese embarcar en el avión.

Solo les había visto unas horas, pero eso me había bastado para saber que ahora Marah estaba embarazada.

Algo curioso, un hijo de un licántropo alfa y una mujer humana. Ese niño sería licántropo seguro.

Ring, ring, ring…

Sonriendo saqué el móvil de mi bolsillo y lo descolgué sin mirar siquiera la identidad.

"Para no variar haces gala de tu especie y eres muy impaciente e impulsivo." Le dije bromeando.

"¿Ya sabías quién era?" Me dijo.

"Mi móvil tiene indentificador de llamada." Afirmé sonriendo. "¿Querías algo?"

"Bueno, estaba pensando que no hay nada planeado en mi agenda para hoy y estaba pensando si en la tuya tenías algo más." Dijo.

La típica frase de adolescente, pero debo admitir que esta era con mucho la vez que un joven tan joven como él me había dicho algo tan planeado y acertado.

"No, en mi agenda tengo un huequillo hoy." Dije bromeando. "Pero pensaba usarlo para hacer algo, claro que… creo que tú puedes echarme una mano."

"Si puedo…" Me dijo. "Te advierto que no soy muy bueno con lo de visitar depósitos de cadáveres."

"No te preocupes." Le dije. "Hoy dejo lo de los muertos, vigilar gente peligrosa, hacer de carcelera y la caza a un lado y me dedico a relajarme un poco."

"Suena bien." Me dijo. "¿A dónde voy a buscarte?"

"¿Estás en la reserva?" Le pregunté yo.

"Claro." Dijo él. "Pero no me cuesta nada coger el coche y…"

"Tranquilo." Le dije. "Ya voy yo, te cojo y cogemos lo que necesitemos por el camino."

"Vale, vale." Dijo con ironía. "¿Sabes que las mujeres no sois las que lleváis los pantalones?"

"Mi trabajo los requiere." Dije yo uniéndome a la broma. "¿Te imaginas a un cazador cazando, corriendo y saltando con una falda?"

"Bueno, apuesto a que a ti te quedaría bien." Dijo.

Ese chico era gracioso, de verdad.

"Me pasaré a buscarte, Jacob Black." Le dije sonriendo a la vez que sacudía la cabeza.

"Y yo te estaré esperando." Afirmó él.

(Salto espacio-temporal)

"¡Creo que debería conducir yo!" Dijo Jacob mientras mi nuevo vehículo saltaba en otro bache colina abajo a una velocidad de campeonato.

"No me seas cagueta." Le dije bromeando seria. "Enseguida llegamos de nuevo a tu casa. Y tenemos la pintura con nosotros."

"¡Para cuando lleguemos estará ya hecha un revuelto!" Afirmó él agarrándose con fuerza al techo por la ventanilla. "¡Es increíble que esta chatarra corra tanto!"

"Le cambiamos unas piezas." Dije yo. "Tiene todas las piezas bien, o eso creo."

"Normalmente me gustaría la velocidad, pero… ¡No ahora que estamos circulando por una carretera tan estrecha a esta velocidad!"

"Jacob, tranquilízate, tengo muy buenos reflejos." Le dije. "Enseguida estaremos en tu casa."

"Seguro." Dijo él. "¡Pero preferiría volver vivo!"

Eso me hizo sonreír, en otra época me hubiese reído; Jacob sería el primer hombre lobo que conocía que tuviese esos miedos a viajar en ese tipo de vehículo a esa velocidad, pero yo sabía que no tenía que temer, tenía muy buenos reflejos y eso me permitía viajar tan deprisa. Tanto que poco después paraba en la puerta de su garaje.

"Fin del viaje." Le dije yo. "Te toca bajar del coche."

"¡Gracias a Dios!" Dijo bajando como si le quemase en asiento.

"Tranquilo, el coche no va a explotar de pronto." Le dije yo bajando con tranquilidad.

"¿Dónde te dieron el carné de conducir?" Me preguntó.

"¿Acaso tu tienes uno?" Le pregunté.

"¡No!" Me dijo. "¡Pero yo no voy por ahí conduciendo como si fuese en un cohete!"

"Hace un montón de años." Le dije. "Lo renuevo cada cuatro años tal y como manda la ley. También tengo carné para conducir camiones, motos y vehículos pesados. Estoy planteándome el sacarme el de vuelo también, pero ya hace tiempo que vuelo en avionetas y helicópteros." Afirmé yo.

"Ahora sé quién pilotaba el avión aquel que se estrelló contra aquel edificio." Afirmó él.

"¡No bromees!" Le dije picada mientras descargábamos la pintura para el coche. "No ha tenido gracia, ¿lo sabías?"

"Sí si se sabe cómo conduces." Afirmó él. "Lo que me suma un punto más."

"Seguro, vamos 45 a 34 y te gano yo. No está mal." Le dije yo. "Más talentos como ese y acabarás como yo. Por cierto súmame cinco más por poder conducir coche, moto, avión, camión y vehículos como ambulancias. 48 a 34."

La verdad es que estaba echando una competición para ver quién era más anciano de espíritu, sin contar con la naturaleza del origen de cada uno, yo seguía siendo más anciana que él; llevaba ya varios siglos paseando por ahí, y él como mucho llevaría un cuarto, y eso siendo muy generosa. Aunque me sorprendía la cantidad de talentos ocultos que tenía.

Mientras pintábamos el coche en su garaje donde su padre no podría entrar debido a su limitación por la silla de ruedas, fue divertido. No hubiese pensado nunca que podría pasarlo así de bien con un licántropo. Al menos no hasta que llegaron sus dos camaradas: Embry y Quil.

"Jacob, adivina a dónde vamos a..." Dijo Quil apareciendo de la mano de Claire y quedándose congelado al verme allí.

"¡Hey, 'vampiresa'!" Me dijo Embry. "Que sorpresa verte por aquí. ¿Ya has terminado de destripar a uno de los tuyos o talvez fue de los nuestros?"

"De los míos." Afirmé. "¡Pero qué damita tan hermosa!" Dije viendo a la niña pequeña de la mano de Quil. "¿De quién es hija?"

"Es la sobrina de Sam y Emily." Me explicó Quil cogiéndola en brazos. "¿Qué se supone que hacíais antes de llegar?"

Entonces Jacob se apartó mostrando el coche aún medio oxidado mientras él sostenía el rodillo de pintarlo.

"¡Dios!" Dijo Embry. "¡¿De dónde has sacado esa chatarra prehistórica?!"

"De un desguace." Dije yo. "Y para que lo sepas funciona de maravilla gracias a las piezas que robé a otros autos de allí."

"Fíjate tú que no te imaginaba yo con un coche tan... así." Dijo Quil. "¿Qué ha sido de tu descapotable?"

"Sigue aparcado en el mismo sitio." Dije yo. "Supongo que me llevaré hoy ese y este se quedará por aquí para seguir remodelándolo."

"¿Y esto ya se mueve?" Preguntó Embry saltando a la parte de atrás.

"Vuela." Dije yo con ironía. "¿A que sí, Jacob?"

"Eres un demonio." Me dijo intentando salpicarme pero en lugar de eso mojando todo. "Me ha traído en este cacharro a una velocidad que no veas."

"No me creo que este cacharro coja tanta velocidad." Afirmó Quil.

"Echar un vistazo al capó." Dije yo. "A ver, apartar un momento del coche, voy a ver si le remodelo una cosita..." Afirmé subiéndome al techo. "Quil, la niña..."

"Vale, lo pillo." Dijo. "Vamos a ver a Billie, Claire. Le pediremos una galleta."

Tan pronto como se fueron, yo miré el techo buscando un punto bueno entre aquella superficie abollada, oxidada y hecha una pena.

"¿Qué pretendes hacer?" Me preguntó Jacob.

"Mejorar esto." Afirmé yo encontrando el punto justo y cargando contra él un puñetazo que perforó el techo. "Bien... ahora seguiré por... aquí." Murmuré yo continuando con la perforación del techo.

"¿Eso es para la ventilación?" Me preguntó Jacob.

"No, voy a hacer esta cosa un descapotable." Dije yo. "Básicamente porque me costaba menos quitarle el techo que intentar desabollarlo." Afirmé tirando de dos agujeros tras doblarlos un poco para no cortarme yo y pelando un buen trozo de techo sin ningún cuidado.

"Para eso hay unas preciosas máquinas llamadas sierras mecánicas." Afirmó Embry. "Para no hacer eso."

"¿Esto?" Afirmé volviendo a hundir mi puño hasta el fondo y haciéndome unos arañazos en los brazos. "No estoy usando apenas fuerza." Dije yo volviendo a doblar los bordes para no cortarme y arrancar un trozo más de techo. "Además, enseguida acabo y lo lijo un poco."

"Genial, tengo una lijadora de metal por ahí." Dijo Jacob. "¿Te la busco?"

"Por favor." Le dije yo siguiendo con lo de arrancar trozos de metal del techo para hacer un descapotable.

Fue gracioso, pero nos tiramos allí dentro toda la tarde, y cuando ya había acabado de hacer lo del techo, llegó Quil con una bandeja de comida.

"Billie nos manda esto." Dijo.

"¿Y Claire?" Pregunté yo.

"Ah, la llevé a su casa." Nos dijo. "Supongo que estará mas a salvo allí que aquí, sin ofender." Añadió mirándome.

"Tampoco yo creo que fuese seguro que estuviese por aquí con una mujer que arranca techos con las manos desnudas y dos, no, tres chicos que como se enfaden podrían acabar hiriéndola." Dije yo.

"O tú perdieses el control y la atacases." Afirmó Embry.

"No lo creo." Dije yo. "Tengo ese control bastante perfeccionado, además, es una niña. Por muy jugosos y apetitosos que puedan ser los niños te aseguro que antes me cortaría la mano que atacar a un niño inocente." Afirmé cogiendo la brocha que acababa de dejar Embry para continuar yo pintando mientras ellos descansaban para comer.

"¿Por qué no paras un momento y comes un poco?" Me dijo Jacob de pronto. "También tú necesitas un descanso."

"Gracias, pero no tengo hambre." Afirmé yo siguiendo con la capa de pintura. "Luego ya la retocaré un poco yo, otro rato."

"¿No decías que podías comer?" Me preguntó Quil.

"A veces." Dije yo. "No todos los días, pero gracias por preocuparos y ofrecer."

Después de comer entre risas mientras ellos comentaban cosas y se reían mientras yo continuaba trabajando en el coche, acabaron por dormirse. Suspirando fui a casa de Jacob y le pedí a Billie unas mantas que les eché por encima.

Al final para cuando despertaron de la siesta yo ya había acabado de pintar el vehículo en negro metalizado con reflejos azul cobalto mientras que todas las piezas que no eran carrocería estaban aparte para evitar mancharlas; y yo había desaparecido de su vista puesto que había ido a saludar a Billie después de ese trabajo y mientras se secaba la pintura y él me había invitado a sentarme con él en el porche a hablar de muchas cosas.

Los chicos me buscaron y acabaron encontrándome con Billie charlando de los casos.

"Echaré un ojo en las familias de aquí a ver si alguien sabe algo." Me estaba diciendo. "Pero no puedo prometerte nada."

"No pasa nada." Afirmé yo tranquila. "Si no consigues más que decirme que no es de aquí estará bien también. He estado mirando el mapa y todos los ataques coinciden en un punto, todos han sido en ciudades cerca de lagos o playas."

"Hum... ¿crees que pueda ser un nativo?" Me dijo Billie.

"No lo creo, estoy segura." Afirmó ella. "El problema es quién. Ah, hola bellos durmientes."

"Pensábamos que te habías fugado ya." Me dijo Embry frotándose los ojos y bostezando. "Como no te hemos visto allí..."

"Acabé de pintar y decidí salir un poco." Dije. "Billie ha sido muy amable invitándome a sentarme aquí a charlar."

"Vaya..." Dijeron. "¿Y de qué hablabais?"

"Le contaba cómo había ido la historia por aquí desde Ephraim Black." Les dijo Billie. "Esta chica es realmente curiosa."

"Me gusta saber." Afirmé yo antes de dar un mordisco a la manzana que me había dado Billie mientras él cortaba trozos con una navaja pequeña antes.

"Me cuesta creer que seas uno de esos chupasangres." Me dijo Embry.

"Eh, cuidadito con lo que dices." Le advertí seria. "Un poquito de respeto que yo os tengo respeto a los de tu raza."

"No esperarás que lo digamos de otra forma ¿no?" Me dijo Jacob. "Lo siento por ti pero la mayoría de los de tu género no merecen más respeto."

Entonces reduje mis ojos a un par de rendijas.

"Perdona a los chicos." Me dijo Billie entonces. "Son muy jóvenes aún, sabes que suelen ser un poco bocazas. Chicos, por favor, disculparos."

"Pero..." Comenzó Embry.

"Shhh." Le cortó Billie. "Disculparos, ahora."

"Déjalo Billie." Le dije yo tirando el troncho desnudo de la manzana a un lado. "Ya no las quiero."

"Eh, a dónde..." Dijo Jacob cogiéndome del brazo y llevándose un golpe.

Tenía los ojos de color un tanto... marrón rojizo brillante en rabia, y eso le asustó.

"No me toques." Le dije siseando. "Ya volveré otro día, Billie."

Era curioso, pero de todas las muy escasísimas cosas que podían sacarme de quicio y hacerme enfadar, un licántropo llamando a todos los vampiros como a los idiotas de mi especie que iban por ahí matando a gente era una de las cosas que peor me sentaba; los licántropos jóvenes eran lo peor para mis nervios, eran impulsivos, bocazas y un poco arriesgados dado que no veían el riesgo y aquello les atraía.

Todo lo necesario de su especie para meter la pata una y otra vez y enfadarme.

Vale, me había sentado mal que hubiese hablado así de gente como los Cullen o yo, pero supongo que no debería habérselo tomado tan en cuenta.

"A ver ahora cómo me bajo estos humos." Murmuré.

Antes lo hubiese hecho pegando patadas y puñetazos contra un poste o algo, pero desde que con un solo toque podía romper una piedra tan grande como yo, aquello había perdido toda diversión.

Escultura, eso sí que era relajante, se suponía. Corrí hasta las montañas y escogí una piedra enorme de las que había caído últimamente.

Esperé un poco a que me bajase un poco el marrón rojizo de los ojos y entonces me dispuse a tallar algo en la roca.

"Pero bueno..." Dijo Jacob. "¿La habéis visto?. ¡Me ha golpeado la mano!"

"¿Y qué esperabas?" Le dijo Billie. "Pasas mucho tiempo con ella, pero no te molestas en saber cómo piensa."

"Claro, es una chica que habla por los codos." Dijo Embry. "Nos sentamos todos en torno a una mesita y tomamos té mientras nos cuenta toda su vida."

"A callar, idiota." Le dijo Billie dándole un golpe en la espalda a forma de riña. "¿Es que no os dais cuenta de que precisamente esa bocaza vuestra es lo que os pierde?"

"Ni que fuésemos nosotros…" Dijo Embry.

"Lo que sí que tiene un forma de reaccionar un poco… rara." Dijo Quil. "Ponerse así porque llamamos chupa-sangres a su especie…"

"A ella le duele." Les dijo Billie. "Tiene amigos en ambos lados, eso me ha contado. Tiene alianzas por todo el mundo, en los cinco continentes y aunque la mayoría son vampiros, también hay muchos licántropos y manadas enteras de los nuestros que en secreto están aliados a ella. Por eso le molesta que se usen términos como chuchos, pulgosos o chupa-sangres."

"¿Y por qué iba a molestarle que nos llamen chuchos o perros?"

"Supongo que no le habéis preguntado mucho sobre amigos y demás." Dijo Billie.

(Salto espacio-temporal)

"No está mal." Dije observando mi obra a unos pasos de distancia. "Al menos ahora estoy más tranquila… en fin, será mejor que acabe y me la lleve. A Billie seguro que que encantará."

En efecto, le di un par de golpes más para acabar de tallarla y cuando decidí que estaba ya acabada la cargué en mi espalda como pude antes de correr a la reserva. Era ya de noche y supuse que igual despertaba a Billie, así que la dejé en la puerta y me dispuse a coger el primer coche que aparqué allí la noche de la hoguera para irme a casa, solo que allí me encontré un lobo enorme, y no precisamente el de piedra que yo había dejado en la puerta de su casa.

"¿Quién eres?" Pregunté.

Por lo que sabía, podía ser cualquiera de ellos, un macho demasiado grande… vale eso lo reducía a Jacob, Sam, Jared y Paul, Seth era pequeño y Embry y Quil eran grande pero no tanto, por supuesto Leah era una hembra.

Entonces el macho grande comenzó a mover la pata en el suelo sin dejar de mirarme.

"S-A-M" se leía en le suelo un poco separado pero con trazos seguros.

"Buenas noches, Sam." Le dije con respeto. "Hace buena noche, supongo que has salido a dar una vuelta."

Con cuidado se toco el morro con una pata dos veces, no era como cuando se lo rascabas indicando peste, era más como…

"Así que me has olido." Dije mientras se acercaba y me miraba los puños.

Fue justo entonces cuando me di cuenta de que los tenía un poco despellejados y tenían algo de carne viva. Eso era lo único que podía identificarme además de las veces que me ponía algo de colonia o perfume.

"He sido un poco descuidada, estaba un poco… enfadada." Dije.

Él entonces asintió y se sentó.

"¿No deberías estar con tu esposa?"

Sacudió la cabeza suavemente y me hizo entender que dormía. Él estaba de vigilancia y/o caza.

"Yo iba a ir a vigilar un poco." Afirmé sentándome junto a él en una piedra. "He cazado varios vampiros, pero sé que aún me deben de quedar dos adultos experimentados y un licántropo novato y fuera de control."

Ante eso me miró y yo me saqué un guante suavemente.

"¿Puedo?" Pregunté. "Será solo un segundo, necesito copiarte un segundo eso que hacéis de poder leeros el pensamiento…"

Creo que le costó un poco confiar en mi mano extendida suavemente hacia un lado, pero acabó oliéndola y apoyando su cabeza contra esta por lo que yo comencé a acariciarle lo que consiguió que le hice retroceder la cabeza un poco y entonces dejarse cuando comprobó que solo quería acariciarle la cabeza.

"A veces me sorprende lo fácilmente que aceptáis vuestro estado…" Le dije suavemente. "Cómo podéis actuar tan previsiblemente igual que un lobo auténtico… todo."

"Seguro que un chupasangres siente envidia de uno de nosotros." Pensó como riéndose.

"Eh, ahora te oigo." Dije dejando de tocarle. "Por favor, nada de chupasangres o chuchos a no ser que sea para llamar a enemigos declarados."

"Ya, claro." Dijo. "Todos sabemos que entre nuestras razas no nos llevamos bien. Seguro que tú nunca has usado ese nombre."

"Ya, claro." Dije yo. "Resulta que llevo un buen tiempo luchando para conseguir que se nos denomine a ambas especies correctamente."

"Un buen tiempo, ya." Dijo sin creérselo.

"Digamos que cosa de varios siglos." Dije yo. "Conocí… bueno, he conocido a varios de los de tu tipo que me han… demostrado que no es justo meteros a todos en el mismo saco. Aunque a vuestros cerebros cuadriculados y llenos de odios infundados y prejuicios centenarios les cueste creérselo… créeme, me he tenido que enfrentar a mucha más gente de la que te crees, yo tengo amigos en ambos bandos."

"¿Amigos?" Me preguntó Sam.

"Aja." Dije yo. "No se lo digas a nadie, por favor. Comprenderás que siendo yo el que tenga amigos de tu género como podéis ser vosotros, es un grave y terrible inconveniente que podría costarme la vida ¿lo entiendes, verdad?"

"Sí." Afirmó suavemente. "Igual que entenderás que mi manada no podemos confiar en alguien de tu tipo tan fácilmente."

"Lo entiendo." Afirmé yo. "Estoy acostumbrada, no puedo luchar contra algo tan ancestral como los primeros miembros de ambas especies y pocas veces logramos algo."

"¿Logramos?" Preguntó casi carcajeándose. "¿Tú y cuantos más?"

"Te sorprendería cuantos de los míos y los tuyos me apoyan." Dije yo. "No somos dos, ni tres, ni cuatro… somos algunos más. Algunos de los míos no desean más peleas con los vuestros; otros de los tuyos, se han dado cuenta que no todos de los míos son tan malos… Y luego están los casos de improntas y enamoramientos. No siempre vuestra sangre es tan apestosa."

"Eso es imposible." Me dijo. "Simplemente ambas especies son enemigas por naturaleza."

"Ya." Dije casi soñadoramente. "Eso decían los Montesco y los Capuleto, y mira a sus primogénitos." Ante su cara de sorpresa, añadí. "Romeo y Julieta, de William Shakespeare, Europa medieval post-tardía."

"No lo he oído, lo siento." Afirmó él.

"Trata de dos familias enfrentadas en Verona, una ciudad italiana, los Montesco y los Capuleto." Dije comenzándole a contar la historia mientras él me escuchaba; cuando acabé, pareció dar su opinión.

"No veo en qué afecta esto a nuestro caso." Afirmó.

"Montesco y Capuleto." Le dije yo. "Licántropos y Vampiros; es lo mismo. Es curioso como los humanos pueden llevar sus emociones al extremo de aparentar una muerte para poder estar juntos."

"Ya, es lo que tiene tener corazón." Me dijo haciéndome reír y entonces reparó en cómo podía interpretarse y se retractó ligeramente.

"No te preocupes." Dije yo. "Digamos que yo soy única en mi especie, por mi don y por cómo este me ha hecho evolucionar personalmente."

"Dime una cosa." Me dijo mientras me levantaba. "¿Te molesta tanto que os llamemos chupasangres y vosotros a nosotros Chuchos porque has conocido amigos en ambos lados o hay algo más oculto?"

"Eres un digno líder." Le dije divertida. "Un buen cerebro. Es por ambas." Afirmé sonriendo y montando en mi coche. "Dile a tus cachorros y mano derecha que volveré mañana por la mañana, cuando haya hecho un pequeño informe y haya mirado una cosita."

"Estarán esperándote." Afirmó él mirándome ir.

Ya sabía yo que estarían esperándome, los licántropos jóvenes eran como perrillos un poco salvajes, estarían esperándome porque les caía bien, era como la cuidadora del zoo.

Y por otro lado, sabía que pronto, acabaría por hacerles daño; acabaría por meterles en medio de algo más grande.