Capítulo 9: Heridos.

"¿Vuelves o te vas?" Me preguntó Emmeret cuando nos encontramos en el hall de la entrada.

"Vuelvo." Afirmé. "Espionaje, una noche terrible."

"Últimamente se te ve menos por aquí." Me dijo. "¿A cuantos te has cargado ya?"

"Desde el que me traje aquí a ninguno más." Afirmé yo. "He visto a dos extranjeros pero solo venían de paso. Me he asegurado bien antes de dejarles irse."

"¿Cómo sabes eso?" Me preguntó un poco dudando de mí.

"Tengo siempre algún as en la manga." Afirmé encogiéndome de hombros. "Digamos que soy una coleccionista que se dedica a cazar casos un tanto… especiales."

"Casos especiales, ya." Me dijo.

"No me gusta mucho lo que me toca que hacer." Dije yo. "Por cierto, dónde están todos."

"Cazando." Me dijo. "Solo quedamos Rosalie y yo por aquí."

"¿Pareja?" Pregunté yo.

"Casados." Afirmó él. "Ella lleva más siendo esto que yo."

"Vaya, felicidades por vuestros votos." Dije yo mientras buscaba en la nevera lo que había escondido y él se sentaba en la mesa. "¿Está ella por aquí?"

"Está fuera ahora mismo." Me dijo. "Y te advierto que nosotros no tenemos comida ahí; la verdad es que nunca he sabido para qué esta ahí."

"No busco comida." Afirmé encontrando las bolsas de sangre clónica o 'sangre muerta' como la llamábamos nosotros. "¿Te hace una ronda? Tengo de varios tipos."

"¿De oso?" Me preguntó.

"No, me temo que no." Dije yo. "Eso lo cazo por ahí, esto es sangre muerta. A, AB, B o 0, positivo y negativo. Si te gusta la sangre de oso te recomendaría mi cosecha del AB- del preso, tiene un ligero toque asilvestrado."

"¿Matas a tus presas antes de sacar esto?" Preguntó cogiendo la bolsa y mirándola como si fuese veneno.

"No, beber sangre humana fresca es algo monstruoso, barbárico y abominable." Afirmé. "Esto es sangre de donantes voluntarios, excedencias y alguna muestra que me llevé para que me clonasen un poco y me sacasen unas buenas reservas. No es por buscar disputas con tu familia, pero sabréis que la sangre humana ayuda a calmar más la sea que la animal ¿no?"

"No." Dijo mirándola. "Pero coincidimos contigo en lo del punto de vista sobre tomar… ¿dijiste sangre humana fresca?"

"Así es." Asentí. "¿No tomas un poco?"

"No acabo de fiarme." Dijo.

"Un trago." Le dije. "Te hará bien, esto llena más que lo que puedas conseguir de un animal. Y sinceramente… con esa chica por aquí cerca…"

"¿Tienes algo contra Bella?" Me dijo.

"No." Afirmé. "Me gusta como huele, tiene un olor delicioso, por eso me tuve que ir el primer día. Mi control ese día era un poco… malo, demasiada sed y una tentación demasiado fuerte."

"Te entiendo." Dijo. "Nos… cuesta un poco controlarnos cuando Bella… bueno, sangra."

"De cualquier modo, supongo que estaréis informados a cerca de las leyes que incumben a humanos que saben el secreto ¿no?"

"¿Has venido a matarla?" Me preguntó poniéndose a la defensiva.

"No, al menos no está en mis manos." Afirmé. "Primero, no es mi método; segundo, tengo cosas más importantes que hacer… y tercero, puedo comprender vuestro caso mejor incluso de lo que su marido cree."

"Te han enviado a cazarla." Afirmó él.

"Lo retrasaré cuanto pueda." Afirmé. "Podrían ser décadas."

"Pero acabarás por regresar por ella." Me dijo.

"Es posible." Dije. "Aro está muy interesado en este caso, no se va a olvidar fácilmente."

"Trabajas para los Vulturis, Carlisle nos lo dijo." Afirmó él.

"Carlisle está un poco… desinformado." Dije. "Yo tengo otro trabajo, solo soy su cazadora en los casos extremos. Créeme, si me mandan a mí es para casos… con un final claro."

"Eres un misterio." Afirmó. "Cada vez eres más difícil de entender."

"Lo sé." Afirmé yo. "¿Qué te parece si brindamos por la paz?"

"Por la paz." Dijo levantando su copa que le había llenado hasta la mitad y brindando.

Ambos brindamos y echamos un trago, aunque a él le costó más decidirse a beber.

"No está tan mal." Dijo sonriendo.

"Lo sé." Afirmé. "¿Otra ronda? Invito yo, pero no te acostumbres o nos quedaremos sin reservas."

"Que pase esa copa." Me dijo sonriendo con ironía.

"No quiero ver el culo de esa copa." Afirmé yo uniéndome a su broma.

La verdad es que no estaba mal, me gustaba poder disfrutar de esos pequeños momentillos de bar, claro que no podía hacerlos tan a menudo como quisiera yo. Sinceramente, ¿quién pediría una copa de sangre en un bar?

Para cuando llegó Rosalie ya nos habíamos acabado cada uno nuestra bolsa casi por completo.

"Carlisle no creo que apruebe esto." Me dijo Rosalie con el entrecejo fruncido.

"¿Te apetece un poco?" Le ofrecí yo.

"Rosalie es la única que no ha probado sangre humana aún." Me dijo Emmeret.

"Esto no es sangre humana." Le dije yo.

"Perdón, sangre muerta." Dijo casi riendo.

"Dios… parecéis dos borrachos…" Dijo Rosalie. "Emmeret, deja esa copa, por favor."

"Eh, mira a ver cuánto te cuesta volver a tener sed y luego me lo cuentas." Le dije sonriendo mientras me levantaba con ellos y recogía las copas para lavarlas antes de acabarme mi bolsa y tirarla a la basura.

"¿Otra vez sales?" Me preguntó Emmeret.

"Voy a relajarme un poco." Dije yo. "Pensaba hacer turismo pero creo que esperaré a que vuelva Alice, creo que se ofreció a hacerme una tarde de compras, y francamente, no tengo mucha ropa para elegir por aquí."

"Genial, pensábamos que no tenías más que lo que llevas puesto." Me dijo Rosalie.

"Digamos que solo tengo ropa de cazar." Afirmé. "Básicamente camisas, fundas de armas, correas… botas y pantalones. Mis vaqueros rotos, una camiseta de hombre que le robé a uno de los cadáveres del primer día que no veáis cómo me ha costado quitarle el pestazo que tenía… Nah, necesito al menos unos vaqueros más y algo de ropa femenina. Y algo de ropa interior…" Murmuré para que Emmeret no me oyese.

(Salto espacio-temporal)

Estaba tranquilamente leyendo en el salón con una pierna colgando del brazo de uno de los sillones con música celta sonando a tope en mis oídos cuando sentí presión en el brazo y al ver a Emmeret allí me quité los cascos.

"Lleva sonando un buen rato." Afirmó él tendiéndome mi móvil. "Sea quien sea es un poco insistente."

"¿Diga?" Dije yo.

"Hola." Dijo Jacob. "Esto… ¿no se suponía que venías ayer?"

"Tuve un pequeño problemilla." Afirmé. "Lo siento. ¿Llamabas solo para echarme la bronca?"

"Para ver también qué tal iban las negociaciones con tu lado." Me dijo un poco fríamente.

"Eso podríamos comentarlo mejor en persona." Le dije. "Con tu padre, Quil Sr. y también Sam."

"¿Te apetece pasarte a comer y les aviso?" Me dijo.

"Hecho, así seguimos con lo de mi coche." Le dije. "Si no te importa, me llevaré un poco de tarea."

"Lo que quieras." Afirmó.

"Por cierto, una cosa antes de ir allí." Le dije. "¿Qué son los Cullen exactamente?"

Hubo un momento de silencio al otro lado, como dudando.

"¿A qué viene esa pregunta ahora?" Me dijo.

"Simple curiosidad." Afirmé yo.

Aún se lo pensó un poco antes de contestar.

"¿Una familia de vampiros afincada en estas tierras y que tienen un acuerdo desde hace mucho con mi tribu?" Me dijo dudando un poco. "Ah, sí, además los hijos y yo no nos llevamos especialmente bien. Sobre todo con Edward."

"Me llevaré un poco de tarea." Dije yo. "Y creo que iré corriendo en vez de en coche, por si acaso puedo volver en mi nuevo coche."

"Suena bien." Afirmó con un tono un poco más feliz. "Te estaré esperando."

"Me pasaré en un buen rato." Afirmé yo antes de que colgásemos.

"¿Problemas con los chuchillos?" Me dijo Emmeret.

"Licántropos u hombres lobo, si no te importa." Dije yo suavemente. "No, Jacob me llamaba para meterme un poco deprisa con lo del asunto territorial."

"Muy gracioso." Dijo. "Acelerar las cosas..."

"No va a interferir en el caso Swan." Afirmé recogiendo unos papeles. "Y creo que el solucionar esto y mantener el 'buen rollito' entre ambos bandos es algo importante ahora mismo."

"Personalmente, me da igual esto." Me dijo Emmeret. "Si en vez de cazar osos nos dedicamos a cazar chu... licántropos, pues mejor para nosotros."

"Emmeret, no te equivoques." Dije yo. "No creo que vaya a seros fácil, nosotros nos movemos solos o en pareja, rara vez en manada; ellos, suelen hacerlo en manada, rara vez se mueven solos."

"Pse, más divertido." Afirmó.

"Emmeret, por muy fuerte que seas eres uno solo contra varios licántropos." Afirmé. "Te harían mucho mucho mucho daño si no te matasen."

"Que lo intenten." Dijo. "Rosalie no les perdonaría."

"Por supuesto." Dije yo. "Y ellos saben que si matasen a uno de vosotros se encontrarían con una pareja muy encabronada que no tardaría en darles caza a ellos. Por eso prefiero que esto lo resolvamos a las buenas y pronto. Espero volver para antes de mañana. Dale recuerdos a Rosalie de mi parte."

"Espera, a dónde vas." Me dijo.

"A La Push." Dije sonriendo y cogiéndome un mechero que me guardé en el bolsillo. "Tengo que ir a comer con la manada del asunto este. Creo que siguen siendo un poco desconfiados con respecto a los de nuestra raza."

"Pero a ti te dejan entrar." Dijo Emmeret.

"Supongo que porque soy un poco... especial." Dije desde la puerta antes de irme de allí. "Volveré cuando pueda."

"Jo, esta mujer es cada vez más rara." Dijo Emmeret cuando vio desaparecer corriendo sobre el campo que rodeaba la casa. "Sangre muerta, comida con licántropos... Ya verás cuando se lo diga a Edward, seguro que se alegra de que no tenga intenciones de ocuparse de Bella con rapidez."

(Salto espacio-temporal)

"Y aquí está... el tomate." Dijo Jacob pasándoselo a Billie mientras estaba sobre un taburete para alcanzarlo del último estante. "La verdad, creo que deberíamos ponerlas al alcance de tu mano."

"No seas maleducado." Dijo Billie dándole un golpe en el trasero. "Esos están ahí para emergencias, y para que lo sepas, vas a tener que ir a comprar más latas y meter una o dos ahí arriba para reponer esta."

"A las órdenes capitán, ¿algo más que no esté a tu alcance?" Le dijo Jacob sonriendo.

"¿Qué tal si bajas de paso algún rollo de papel de cocina?" Le dijo Billie. "No sé por qué pero últimamente desaparecen enseguida."

Eso hizo que Jacob trastabillase un momento y unos rollos volaron para ir a estrellarse al suelo, él iba a caerse también pero acabó en brazos de alguien.

"Para ser un licántropo eres un poco torpe." Le dije sonriendo.

"¡¿Qué haces tú aquí?!" Me dijo. "¡¿Cómo... cómo has entrado aquí?!"

"Sois un poco despistados, o confiados." Afirmé dejándole en el suelo. "Teníais la puerta abierta."

"Aquí no necesitamos cerrar las puertas." Afirmó Billie. "Nosotros no nos robamos entre nosotros, ni violamos a nuestros hijos, ni los atacamos si enloquecemos."

"Que envidia." Dije sonriendo. "El miedo solo engendra más miedo, y aunque me cueste admitirlo, en mi mundo hay demasiadas cosas oscuras como para que no haya tampoco miedo."

"No parece que tú tengas mucho." Me dijo Jacob. "Campas a tus anchas por la noche, te vienes aquí a estar rodeada de la manada cuando nuestras especies son enemigas..."

"Desde luego, puede decirse que no tengo tanto miedo como debiera." Afirmé sonriendo con ironía. "Pero eso es porque sé protegerme."

"¿Protegerte?" Me dijo Billie. "¿Protegerte de qué?"

"De todos." Dije yo. "Es posible que yo sea la pesadilla de muchos. He... he matado a mucha gente en estos siglos, antes incluso de lo que cuentan vuestras leyendas sobre 'el cazador', no tanto como cuentan vuestras leyendas de los de mi especie." Afirmé recogiendo los rollos de papel junto a mí y pasándoselos a Jacob.

"Bueno, pues yo me voy a seguir cocinando mis famosos espaguetis." Dijo Billie. "Jacob, recoge un poco esto, anda."

"Billie, si necesitas ayuda..." Le ofrecí. "Por cierto, he traído esto para la comida." Añadí mostrándole unas botellas de vino y cerveza sonriendo. "Me lo encontré por ahí."

"Vino, comprado en Port Angels." Dijo Billie. "Te has dejado la etiqueta."

"Era para disculparme por la tardanza." Dije yo. "Y para agradecer la invitación."

"Una comida de negocios." Dijo Billie remando para cambiar de dirección y sacudiendo la cabeza. "Hija mía... deberías relajarte un poco, demasiado trabajo. Esto pretendía ser más una comida amistosa."

"Coincido con Billie." Me dijo Jacob. "Trabajas demasiado. ¿Qué hacías tú en Port Angels hoy?"

"Ya sabes que corro rápido." Dije. "Venía de camino hacia aquí y oí algo que podría serme de utilidad así que di media vuelta y retrocedí para ir allí."

"¿Y?" Me preguntó cerrando la puerta donde había guardado el taburete. "¿Descubriste algo?"

"Sí, que aquí tenéis góticos muy changos." Dije yo. "Un gótico loco que perdió el norte y atacó a una amiga suya. Cinco minutos me costó darle un susto y que se dejase de chorradas de esas."

"No lo habrás..." Me dijo.

"Perdona, pero soy vegetariana." Afirmé. "Además, para que te enteres, no podemos morder a cualquiera, y menos aún a plena luz del día."

No, seguro que no sabía nada de nuestras reglas ni nada de eso. Y en teoría yo no debería haberlo mentado siquiera fuera del grupito especial de la escuela.

"No, no lo sabía." Dijo. "Pero tienes pinta de ser vegetariana."

"No sabes lo que es ¿verdad?" Le dije.

"Supongo que lo que los Cullen, que no atacas a humanos." Me dijo.

"Exacto." Dije yo. "Pero digamos que ellos y yo nos diferenciamos en un pequeño detallito de nada."

"Ya, que tú cazas gente y ellos no." Me dijo. "Por eso hay gente que duda un poco de tu... régimen."

"No, que yo me dedico a cambiar el mundo y ellos se mantienen pasivos." Dije yo.

"¿Cambiar el mundo?" Me dijo.

"Esto... creo que si vamos a trabajar en eso deberías dejarme algo de ropa." Dije viendo el coche aún por reparar.

"Me temo que no tengo nada de tu talla." Afirmó él. "Pero no te escabullas. ¿Qué quieres decir con lo de cambiar el mundo?"

"Nada interesante." Afirmé. "Venga... cualquier cosa me sirve, una camiseta vieja y unos vaqueros."

"Dame cinco minutos." Me dijo. "Veré qué puedo hacer."

"Te esperaré." Afirmé.

"Con lo de la camiseta supongo que podrás apañártelas con esto, de momento." Afirmó pasándome la camiseta que llevaba. "Ahora te busco algún pantalón."

"Tranquilo, no puedo moverme de aquí." Afirmé yo dándole la vuelta a la camiseta. "Y si puedes dile a Billie que soy alérgica al ajo, pero que puedo comer cualquier cosa del resto."

"Yo le aviso." Dijo sonriendo. "Tampoco queremos matarte."

"No todos son alérgicos al ajo, pero mira tú, cuando era aún humana también era alérgica al ajo." Afirmé mientras salía.

Le vi salir mientras me hacía un gesto con la mano y entonces yo me puse a cambiarme la camisa, me quité la chaqueta y la camisa y las dejé en un sitio seguro para evitar mancharlos, entonces me puse la camiseta y descubrí que posiblemente hubiesen cabido dos como yo allí, salvo por el pecho, se me ajustaba bien ahí.

Esperé sentada a que Jacob regresase, pero en lugar de él, llegaron un par de lobos cojeando con Quil y Embry. Todos se asombraron de verme allí.

"Hola ¿buscabais a alguien?" Dije yo.

"¿Y Jacob?" Preguntó Quil.

"En casa, buscando una cosilla." Afirmé. "¿Ocurre algo?"

"Nada, ya le diremos cuando vuelva." Dijo Embry. "Por cierto ¿qué haces aquí sola 'dama vampiro'?"

"Esperando, vamos a seguir con lo del coche." Dije yo. "Y luego vamos a hablar sobre unos asuntos."

"Ah, sí." Dijo Quil asintiendo un poco despistado. "Mi padre me dijo algo así."

"¿Quiénes son?" Pregunté refiriéndome a los dos lobos enormes que estaban con ellos y cojeaban horrores.

"Ah, son Jared y Paul." Dijo Embry. "Al parecer no están del todo bien."

"Ya, huelen un montón a sangre." Afirmé. "¿Me permitís?"

"Ni se te ocurra tocarlos." Me dijo Quil interponiéndose mientras los dos lobos medio gruñían y yo me paraba en el sitio.

"Solo pretendo echar una mano." Afirmé. "Entre otras cosas soy médico y veterinaria."

"No... no los toques." Me dijo Quil.

"Vale, solo pretendía ayudar un poco." Dije. "Sabéis que no os tocaría un pelo."

Entonces uno de los dos lobos se calló dado que las patas que le sujetaban estaban débiles.

"Si me permitís opinar, creo que ese necesita ayuda ya." Dije yo.

Pude ver cómo los dos parecían dudar un poco, pero al final Quil se apartó un poco y asintió.

"Te vigilamos." Afirmó Embry.

"Tranquilo." Le dije yo tranquila acercándome al lobo que se había caído y que estaba gruñéndome. "No bebo la sangre de mis amigos, eso es barbárico aunque sean de vuestra especie." Afirmé agachándome junto al lobo para cogerlo en brazos. "¿Os importa despejarme un poco aquella mesa, por favor?"

"Vaya, eres bastante fuerte..." Dijo Quil un poco sorprendido.

"Hago pesas." Afirmé intentando quitarle peso al asunto mientras colocaba al lobo que llevaba en brazos sobre la mesa. "¿Quién es este?"

"Jared." Me dijo Embry.

"Vale, Jared, necesito que te relajes." Le dije. "Aquí no hay anestesia y no tenemos alcohol para anestesiarte a las malas, así que vas a tener que resistir un poco el dolor."

Solo me contestó con un gruñido y yo miré a Quil en busca de la traducción.

"Vale." Me tradujo Quil.

"Comencemos..." Dije buscando en mis ropas unos guantes para ponerme y no manchar los míos.

Comencé a mirarle las heridas internas, sabía que las externas las curaría fácilmente solo; no, lo preocupante eran las internas.

"Genial, vamos a necesitar bastantes cosas..." Dije yo. "Embry ¿podrías ir a pedirle a Billie algodón, algo de alcohol, vendas o en su defecto tela larga...?" Continué enumerando todos los materiales que me hacían falta y entonces partió a buscarlos. "Bien, mientras esperamos..." Dije tocando las sangres de ambos con una mano cada uno y probé las sangres para hacer una mueca un poco rara. "Creo que tengo algo así aquí... habéis tenido suerte." Afirmé sacando una bolsa de sangre. "Es poca pero espero que suficiente."

"¿Qué se supone que es eso?" Me preguntó Quil confuso.

"Zumo de tomate ¿tú qué crees que es?" Le dije.

"Parece... sangre." Afirmó.

"Es sangre, sangre clónica." Afirmé. "La uso para regenerarme más deprisa en caso de acabar como ellos o peor. Servirá para hacerles una transfusión."

"¡¿Qué ha pasado?!" Dijo Jacob apareciendo con Embry cargados con lo que les había pedido que me trajesen y nervioso a la par que preocupado. "Uff... son solo Jared y Paul, pensé que era peor..."

"Dos de tus amigos están mal heridos y tú solo sabes decir que pensabas que era peor." Dije yo cogiendo el cuchillo que me habían traído y sacando mi mechero para quemarle la hoja pausadamente. "Que cuajo."

"Bah, ellos se recuperarán fácilmente." Me dijo. "Pensaba que te había pasado algo a ti, como esto está lleno de cosas peligrosas..."

"Soy bastante resistente y cuidadosa." Afirmé siguiendo con la desinfección del cuchillo. "Y es difícil matar a uno de mi especie, así que me preocuparía más por vosotros que por mí."

"Eh, qué pretendes hacer con eso." Me preguntó Embry.

"Tú sujétame las cosas y luego ya verás." Le dije apagando el mechero y sacudiéndolo para enfriarlo con el cuchillo antes de guardar el primero y coger mejor el segundo mientras miraba la pata del lobo. "¿Qué me habéis traído de alcohol?"

"Brandy y alcohol médico." Me dijo Jacob.

"¿No tenéis algo un poco más fuerte que Brandy?" Le pregunté yo.

"¿Más fuerte aún?" Me dijeron los chicos.

"Sí." Dije yo. "Esto lo emborrachará, pero interesa otra cosa... En fin, supongo que servirá. Abriendo boca..."

El lobo se negó a tomarlo, entonces hice un viejo truco tras chascar la lengua; le dejé que me mordiese y entonces le forcé el alcohol por la garganta cerrándole el morro bien cerrado. Cuando tragó lo solté y me volvió a morder, pero no lo suficientemente fuerte como para hacerme mucho daño.

"Bueno, ahora un momentito y comienzo." Afirmé jugueteando con el cuchillo en la mano mientras esperaba cinco minutos antes de pretarle en la pata para ver si seguía sintiendo dolor. "¿Duele?"

"Molesta." Me tradujo Embry.

"¿Molesta de presión o algo más?" Le pregunté.

"Presión... pinchazo." Me dijo cuando le pinché con el cuchillo ligeramente.

"Espero un poco más." Afirmé. "Tú, traga un poco más amigo, que tenéis bastante más volumen que un perro normal." Afirmé forzándole un poco más de líquido en la garganta. "Con el absenta esto no hubiese pasado, un vaso o dos y este estaba anestesiado..."

"¿Qué es el absenta?" Me preguntó Jacob.

"Aquí creo que no tenéis de eso." Afirmé. "Es una bebida muy fuerte."

"Como te pillen nuestros padres que nos das alcohol te matan." Afirmó Embry.

"¿Ahora?" Pregunté volviendo a pinchar con la punta del cuchillo la pata para hacer un pequeño cortecillo.

"Presión y algo moviéndose." Me dijo Embry mientras yo le mantenía la cabeza de Jared mirando al frente.

"Bien, Quil mantenle la cabeza mirando al frente; 'chico-mesilla', atento para lo que te pida. Jacob..." Dije mirándole. "Mírale el pulso en el cuello."

Poco a poco fui cortando la pata de Jared a lo largo para verle el hueso, con cuidado y mucho pulso.

"Genial, hueso roto pero sin moverse del sitio." Afirmé. "Un segundo... Jacob, saca sangre con un algodón, ahora mismo regreso."

Ahí no tenía clavos para sujetarle el hueso hasta que soldase, ni ningún tipo de material quirúrgico ni nada de eso, así que me dediqué a buscar algo que pudiese hacer las veces de eso. Al final conseguí un clavo pequeño, poco más que una escarpia que enderecé y modifiqué para que no hiciese mucho daño al portador.

"Bueno... ya tengo algo más o menos que hará las veces de lo que no tenemos..." Afirmé regresando junto a él. "Sujetarlo bien que esto seguro que le duele un poco."

"¿Estás segura de lo que haces?" Me preguntó Jacob sudando como un condenado y pálido.

"Sí y no." Dije yo. "Pero soy lo único que tenéis ahora."

En efecto, cuando clavé el clavo para unir los dos trozos de hueso, Jared sintió algo más que molestias lo que le hizo revolverse un poco. Sin embargo, acabé por conseguirlo y se relajó un poco.

Poco después estaba cosiendo la carne tras haberle juntado los dos trozos de hueso y me dispuse a comenzar a ponerle trozos de barra de metal que hice con los trozos de capota arrancados el día anterior de trabajo en el coche, así que el pobre Jared acabó con una pata inmovilizada a prueba de todo.

"Recomendaría que no cambiase de forma en un tiempo, al menos hasta que esté el hueso soldado." Les dije secándome el sudor con el dorso de la mano. "Y ahora Paul."

"Paul dice que pasa de que le toques." Me dijo Embry.

"Tiene algo mal, así que no sé cómo lo verá." Dije yo.

"Paul, sube a la mesa." Le ordenó Jacob.

"Jacob." Le dije yo. "Paul, puedo ayudarte, haz el favor de no portarte como un niño malcriado y colabora."

"Mejor no te traduzco o te lo comes." Afirmó Embry medio sonriendo mientras Jacob amenazaba con ir a darle un golpe.

Yo entonces cerré los ojos mientras sujetaba a Jacob para impedirle hacer eso; suspiré y volví a abrirlos.

"Mira, si no quieres que te ayude peor para ti." Afirmé. "No pienso obligar a nadie a dejarse curar a no ser que sean cosas graves. Tener, pincharle esto a Jared, pero donde pueda estar una hora o dos." Afirmé sujetando la bolsa con fuerza antes de entregársela a Quil.

"Llevarle a mi casa." Le dijo Jacob. "O mejor, 'señora veterinaria' ¿por qué no entras con él y te aseguras que está todo bien puesto?" Me dijo con una sonrisa de diablillo. "Yo me encargo de convencer a este cabezota de que se deje ayudar."

"No podemos obligarle." Le dije yo.

"Oh, tú no." Me dijo él. "Pero Embry y yo sí."

Yo aún lo dudé un poco, pero acabé por ceder y recogí a Jared en brazos poniendo mucho cuidado con su pata herida y entre Quil y yo lo llevamos a la casa de los Black donde estaba Billie acabando de cocinar y muy preocupado.

"¡Madre mía!" Dijo cuando nos vio llegar. "¿Qué ha pasado?"

"Billie ¿podrías indicarnos dónde podemos poner a este chico durante una o dos horas, por favor?" Le pedí. "Tiene que ser un sitio donde no vaya a movérsele en ese tiempo y donde no vayan a mover lo que pongamos."

"Ah, sí, claro." Me dijo observando la bolsa en mi mano. "Por aquí."

"Gracias." Dijimos.

(Salto espacio-temporal)

"Bueno, esto ya está." Dije yo conectando la válvula de la sangre para que se le fuese transfiriendo. "Suerte que pudiésemos improvisar esto a tiempo."

"Vaya, ha sido... asombroso." Afirmó Billie. "Que entereza."

"Tengo varias carreras." Dije yo. "Veterinaria y médico son dos de ellas. Y son realmente útiles en estos casos."

"A Jared se le ha aparecido un ángel." Afirmó Billie. "Por cierto ¿no tendréis nada que ver con que me falte una botella de brandy, verdad?"

"Anestesia." Dije yo. "Creo que es muy cruel operar esto sin un poco de anestesia."

"Vale." Dijo. "Será mejor que no se enteren los padres de esto..."

"Somos silenciosos como tumbas." Afirmé. "Además, ha sido con fines medicinales."

"¿Quiénes hay allí?" Me preguntó.

"Quil Jr, Embry, creo que el lobo era Paul... y por supuesto, tu hijo." Le dije. "Que este no coma nada."

"Entendido." Dijo él. "Esto... perdona que sea un poco... maleducado, pero ¿podrías alcanzarme el papel de cocina?"

"Por supuesto." Dije yo. "¿El armario de antes?"

"Sí." Dijo. "Tienes un taburete ahí para..."

"Gracias." Dije sonriendo y mirándole mientras abría la puerta. "Pero creo que no lo necesitaré." Afirmé saltando y cogiendo dos rollos de papel de cocina antes de cerrar la puerta y volviéndome a tenderle uno. "Se me da genial saltar."

"Vosotros y vuestra agilidad juvenil." Me dijo. "Lástima que a estos se les vaya un poco de las manos si ven a cierta gente."

"Ay, amigo... son jóvenes." Afirmé sonriendo. "¿Qué esperabas? En fin, me voy a ver si me ocupo de Paul, que creo que aquí no estáis acostumbrados a ciertos métodos."

"Cuídamelos." Me dijo.

"Descuida." Dije sonriendo.

Igual era porque ese anciano era humano y no licántropo, pero era agradable hablar con él. Igual había sido un licántropo hacía tiempo, pero lo que era claro era que ahora de eso nada, estaba inválido.

Entonces oí un grito, sabía que Billie no lo había oído, pero Jared pareció oírlo.

"Será mejor que vuelva a donde estábamos." Le dije. "Cuando acabemos les traigo aquí para que echen una mano."

(Salto espacio-temporal)

"¡Vale ya!" Le dijo Embry a Jacob. "¡Tío que tienes que dejarte ayudar!"

"¿Qué pasa aquí?" Pregunté yo.

"Nada." Me dijo Jacob desde detrás de la camioneta.

"¿Te ocultas?" Le dije.

"Jacob acaba de..." Comenzó Quil.

"¡Que te calles!" Rugió él.

"Te has herido." Sentencié yo inclinándome sobre Paul para curarle. "Y por cómo apesta aquí a sangre fresca diría que no ha sido un arañazo precisamente. Sal." Le dije antes de echar alcohol en una gasa y comenzar a curar a Paul para sacarle una bala del hombro de lobo.

"No tengo nada." Me dijo.

"Jacob..." Dije cortando una tira de esparadrapo. "Voy a acabar de poner esta cura y espero por tu bien que cooperes." Afirmé poniéndole una tira de esparadrapo y cortando otra. "Porque como no colabores te voy a hacer colaborar."

"No tengo nada, joder." Dijo él enfadado mientras yo calmadamente ponía un nuevo parche al lobo.

"Jacob, no sé lo que tienes pero cantas a sangre que no veas." Dije yo manoseando entre mis ropas para buscar un pequeño proyectil que cargué en un tubo. "Así que si no quieres colaborar..." Afirmé disparándole el dardo que acertó de lleno en la carótida. "Quil y Embry, por aquel lado." Dije yo tras oírle quejarse del dardazo. "Jacob, tiempo. Te toca curarte."

(Salto espacio-temporal)

"Ay." Se quejó Jacob.

"Venga, no seas quejica." Le dije yo. "Esto es un poco profundo."

"Se curará solo." Afirmó él.

"Ya." Afirmé. "A ver, a quién se le ocurre clavarse el destornillador en el costado."

"Paul me tiró un mordisco, retrocedimos y yo me caí encima del destornillador. Mujeres... lo dejáis todo tirado..."

"Aguanta." Le dije sujetando bien el destornillador para sacarlo de un tirón que le hizo gemir de dolor. "Venga, venga, ya está." Afirmé taponando la hemorragia con la gasa. "Ahora se te curará solo, pero primero voy a limpiartela un poco."

"No, no, ¡alcohol no!" Dijo él volviendo a gemir de dolor.

"Aguanta un poco, cachorro." Le dije con un poco de ironía. "Mejor que se te cierre limpia que no con algo de suciedad dentro."

"Vaya con la dama vampiro." Le dijo Embry. "Que meticulosa."

"Ya ves." Dije yo. "La de veces que me he clavado y me han clavado cosas peores que destornilladores y no me han quedado marcas."

"Eso es cierto." Dijo Quil.

"Ni que la hubieseis visto entera." Dijo Paul de vuelta a su forma humana.

"Hombre, entera entera..." Dijo Embry.

"No os paséis." Le dijo Jacob mientras le ponía dos parches. "Solo la llevamos un día a la playa."

"Y te aseguro que estos no me van a ver en la vida entera." Dije yo. "Por cierto Paul, hijo, aclárate. O humano o animal, que luego los parches se te caen."

"Te giras y me los pones." Me dijo. "Vuelvo a tener los pantalones."

"Te esperas que está conmigo." Le dijo Jacob.

"Tranquilos, hay ayuda para todos." Dije yo. "No quiero peleas de lobos aquí."