Capítulo 16: Explicaciones

Capítulo 17: Historia de amor.

"¡Aidan, por amor de dios!" Dijo un chico gritando. "¡A tu derecha!"

"¡Dile a Jackson que deje de jugar y pelee en serio!" Afirmó el lobo negro y algún mechón medio agrisado.

"¡Jackson, canijo!" Le gritó entonces el primer chico a un lobo rojo que estaba peleando con un par de tipos de colmillos largos y ojos rojos casi como si estuviese jugando. "¡Esto no es un juego, anormal! ¡Pelea en serio o es la última vez que te traemos!"

"¡¿Y qué te crees que estoy haciendo?!" Contestó el lobo rojo.

"¿Lo ves, Carrick?" Dijo el moreno arrancando un trozo de brazo de uno de los tipos. "¡Os dije que era demasiado joven aún!"

Las cosas estaban mal, los tipos iban perdiendo trozos de su cuerpo pero parecían setas, creciendo y reproduciéndose sin ninguna explicación posible.

"¡Dios, son como champiñones!" Dijo Aidan, el lobo negro.

"¡Mejor, más para... nosotros!" Afirmó el pelirrojo, Jackson.

"¡Que esto no es un juego!" Gritaron el lobo negro y el hombre.

Yo estaba mirando desde lo alto de una peña donde habían trasladado la pelea. Los hombres, salvo el moreno que hablaba con los dos lobos, eran vampiros; y para ser más concretos eran mi trabajo al menos dos de ellos. Cómo se habían unido a los otros o por qué no lo sabía, tampoco era mi problema. Como tampoco era mi problema esos dos lobos y el hombre licántropo que estaban abajo.

Sí, porque justo entonces el hombre se transformó en lobo y peleó mordiendo el hombro de uno de los vampiros para arrancarle el brazo desde el omóplato antes de convertirse en hombre y apartar a patadas a unos de los vampiros que estaban acosando al lobo rojo.

Si ellos querían encararse con los vampiros, que no eran ni de mi registro, pues bien por ellos; si querían ahorrarme el trabajo de cargarme a los tres tipos que me habían mandado a mí liquidar pues perfecto, me ahorraban trabajo.

Increíblemente era divertido oírles; había conocido a uno de los vampiros que yo había matado que me permitía leer mentes con un poco de problema, así que ahora podía oírles mientras sus pensamientos corrían a velocidad vertiginosa.

Desde las hembras del lobo negro con mechones plateados y pelo corto, las ganas de reconocimiento del pelirrojo... pero sin duda lo más interesante era la mente del hombre-lobo.

Ese tipo estaba preocupado por los otros dos, no podía ver muy claro si eran familia, amigos o qué pero él les quería. De pronto parecía que toda su vida se me mostraba superponiéndose unos pensamientos a otros en muchas formas.

Podría haberme ido, pero tras tres pasos mientras oía gruñir de dolor a los dos lobos, cerré los ojos.

Sabía que me estaba jugando una buena, me iba arrepentir, los licántropos son seres deleznables que eran incontrolables, anárquicos, estúpidos y temperamentales.

Pero de algún modo, me di la vuelta y apoyé mi mano en las pistolas y comprobando el mango de las espadas y que llevaba la ballesta plegable colgada a mi espalda.

Era gracioso, pero ellos nunca vieron qué estaba destrozando vampiros ni cómo estos de pronto se llevaban balazos y algunos pinchos de plata.

Hasta que uno de los vampiros me metió un golpe que me tiró contra el hombre.

"¿Cómo...?" Dijo el hombre contra el que había chocado.

"Ya me lo agradeceréis cuando hayamos acabado." Dije yo antes de pegar un salto y tirarme de nuevo contra los vampiros.

Para cuando acabamos con todos los vampiros, yo tenía un montón de mordiscos de sus hermanos y de los de mi especie, pero aunque herida y cansada, aún mantenía la vertical y no me costaba mantenerme de pie.

"Voy a coger el que se os ha escapado." Dije al hombre.

Sin embargo, el lobo rojo se me tiró a por mí y lo paré con un solo puñetazo en todo el pecho que lo dejó colgando de mi puño, en parte también porque me estaba mordiendo el hombro sin mucha fuerza dado que le había metido en todo el pecho quitándole toda la fuerza de golpe.

"Menos lobos, caperucita." Le dije al lobo ese. "Que para ser tan esmirriado anda que no tienes mala leche, renacuajo."

"Jackson, suéltala." Le dijo el hombre.

"Sí, que como no me sueltes te voy a acabar reventando un colmillo." Afirmé yo.

De pronto, el otro lobo se había destransformado y ante mí tenía a otro chico moreno con algún mechón plateado y ojos azules como el océano; podía percibir que estaba también a la defensiva, pero no tan agresivamente como el que tenía colgado de mí.

"Jackson, que la sueltes." Le repitió el que parecía el jefe.

"Es una de ellos." Pensó el que me mordía.

"De ellos o no, os he ayudado." Dije. "Y ahora tengo que irme a perseguir al que se ha escapado."

"No te atrevas a ponerle un dedo encima a nuestro hermano." Me dijo el moreno de pelo corto.

"Jackson, suéltala." Le dijo el de pelo largo agarrándolo. "Ahora mismo."

Podía notar cómo el lobo pelirrojo me mordía con poca fuerza porque le había dado en un sitio que se le iba toda la fuerza; además, podía notar sangre saliéndole de la boca y empapándome el hombro.

Pero finalmente le consiguió soltar y yo moví el hombro donde ahora tenía un bonito mordisco. Antes de mirarles de reojo por la parte superior de los ojos antes de incorporarme de nuevo.

"Voy a cazar a ese desgraciado." Dije.

"Eh, ¿qué le has hecho a mi hermano?" Me preguntó el moreno de pelo corto.

"Que beba mucha agua." Les dije antes de irme.

Cazar a ese desgraciado me costó poco, como al lobo le había dado con mi mano desnuda había conseguido 'chuparle' un poco de sus habilidades, concretamente el olfato más reforzado que el del último licántropo que había matado.

Con eso, encontrar al prófugo me costó nada, acabar con él un poco más pero tampoco mucho dadas mis habilidades o mezcla de ellas.

Podría haberme ido de allí sin más, pero aquellos tres me habían llamado la atención. En irlanda no había habido licántropos documentados en siglos, y ahora me encontraba con tres, además, estaba el de pelo largo que me había picado la curiosidad al verle mutar tan fácilmente y pelear en su forma humana en vez de su forma animal.

"¿Qué haces tú aquí?" Me preguntó el de pelo corto cuando me atacó al acercarme a la cabaña que tenía sus olores.

"Ni yo misma lo sé." Afirmé yo. "¿Y vuestro hermano?"

"¿Cuál de ellos?" Me dijo para que yo le diese una mirada de obviedad. "Jackson está bien. Los licántropos..."

"Los licántropos os recuperáis fácilmente, lo sé." Dije yo. "Pero si es una herida interna no lo sé tan fácilmente."

"Aidan, ¿qué ocurre?" Dijo el otro.

"La rara de antes." Le dijo el primero que había visto. "Pregunta por Jackson."

"Está bien." Dijo el de pelo largo. "Gracias a dios."

"Si sois sus hermanos y por si os interesa, no creo que debierais haberlo llevado con vosotros." Les dije. "Es obvio que está en convertirse, no tiene un método ni fuerza... ni técnicas."

"¿Lo ves?" Le dijo el tal Aidan. "Te dije que no tendríamos que haberle llevado."

"Ah, y enseñarle a no atacar a los cazadores." Les dije. "No sé si no le he reventado algo dentro."

"Pasa y mira a ver." Me dijo el que parecía el jefe de los tres. "Tú le haces daño, tú lo curas. Y por tu bien espero que sepas cómo hacerlo."

"Como queráis." Dije yo siguiéndole.

(Salto espacio-temporal)

"¿Otra vez por aquí?" Me preguntó Aidan.

Hacía ya como dos meses que no iba por Irlanda, pero al final, había regresado. Como allí tenían a una anciana con ellos, el mayor de los tres hermanos se había venido conmigo para ayudarme a adaptarme a aquel país, habíamos dejado al menor de los tres allí, Jackson, para que se acabase de curar con las instrucciones de que no se transformase de humano en lobo para que le acabase de sanar la herida interna que le había provocado con mi golpe la vez que le conocí.

"¿Cómo está el cachorro?" Le pregunté yo.

"Bien, la abuela se está ocupando." Me dijo. "¿Y nuestro hermano? ¿Ya te lo ha comido?"

"Está comprando algo que traeros o algo así." Dije yo. "Ahora enseguida vendrá."

"Yo mientras no le vea vivo y bien no te dejo pasar." Me había dicho el chico.

"Ja, ja." Dije. "Que bien, más que nada porque tu hermano me ha ofrecido que..."

"Eh, qué pasa." Dijo Carrick. "¿No entras?"

"Me prohíben el paso." Afirmé.

"Aidan, aparta." Le dijo Carrick. "La señorita tiene que pasar."

"¿Y eso?"

"Va a quedarse aquí unos días." Le dijo tranquilamente mientras le daba unas bolsas de no muy buenas maneras. "Y no le pongáis pegas que se va a quedar igual. Tiene que ayudarme con unas heridas."

"Desde luego... eres el primero de tu especie que encuentro que cicatriza con tanta rapidez, esto me llevará solo tres días." Afirmé yo. "¿Sabíais que es la leche peleando con métodos normales?"

"Hombre, es nuestro hermano." Me dijo Aidan. "Y tú eres..."

"Isabella Alexandrine, encantada." Dije yo.

"La primera de su tipo que conozco con un valor moral tan fuerte." Dijo Carrick tirando el petate que llevó, por el aire hasta una silla. "El caso es que ahora se queda aquí un poco porque hemos perseguido a unos tíos hasta aquí."

"Parece ser que ahora me va a tocar vivir un poco por aquí." Dije yo. "En fin, que me quedo por Irlanda una temporadita."

"Y nos toca a nosotros cargar con ella." Dijo Aidan. "No tenemos cuartos suficientes."

"No importa." Dije yo. "No duermo, con tener un armario para guardar mis cosas sobra."

"¿En serio?" Dijo Aidan. "Pues hay un escobero en... ¡Ay!"

"Ven por aquí, te dejo mi armario y yo me llevo lo mío al de estos dos." Me dijo Carrick suavemente tras darle un capón a su hermano.

"Aidan, oye, dile a la abuela que..." Dijo Jackson apareciendo y viéndonos. "¡Carrick, has vuelto!"

"Me encanta este amor fraternal." Dije yo con ironía. "Me voy a estirar un poco las piernas hasta que acabéis aquí."

"Te acompaño." Dijo Carrick.

"Deja, que tú ya tienes aquí lo tuyo con tus hermanos." Le dije yo. "Tranquilo, si no me voy a ir muy lejos."

"Oye." Me llamó el menor de los hermanos. "¿Te importa mirarme un momento esto? Estoy hasta las narices de tener que..."

"A ver, enano." Le dijo Aidan. "Si aunque te digan que estás bien no vas a irte tu solo por ahí."

"Ya estás bien." Afirmé. "Tus sonidos de las funciones se han vuelto a normalizar y creo que estarás bien, pero por si acaso... túmbate en algún sitio y te echo un ojo."

"¿Y si no me fío de ti?" Me dijo.

"Te obligo yo." Le dijo Carrick. "Túmbate."

No esperaba que un licántropo, más aún uno tan joven como él, confiase en mí a la primera, pero su hermano había aprendido que yo no les iba a atacar. Nos costaría un tiempo el aprender a confiar, yo en ellos y ellos en mí.

(Salto espacio-temporal)

Dos años después…

"Jackson, esto huele mal." Le dijo Aidan a su hermano menor.

"Tener cuidado los dos." Les dijo Carrick, el mayor de los tres. "Esta vez no estoy muy seguro que no sea un asesino."

Sin embargo, cuando lo encontraron, le vieron estallar en un montón de cortes y agujeros y una sola figura apareció sobre un poste.

"No me lo puedo creer…" Murmuré desde mi puesto. "De todos los apoyos que podía tener teníais que estar vosotros tras mi presa…"

"Como no." Dijo Carrick. "Hacía ya tiempo que no metías tus colmillos en nuestros asuntos."

"Que le vamos a hacer, estoy comenzando a pensar que esto de descansar un poco con mis mascotas favoritas no está tan mal." Afirmé bajando con un salto de mi puesto y aterrizando con estilo ante él para que me derribasen dos lobos de tamaño oso mientras el negro me chupaba la cara. "Vale, vale Aidan. Ya sé que me echabais de menos."

"Es evidente." Afirmó Carrick sonriendo y tirando de los pellejos del cuello de ambos hermanos para separarlos de mí. "Supongo que el sentimiento no es mutuo."

"Me duele decirlo, pero sí, os he echado un poco de menos." Afirmé. "Solo un poquito."

"Bah, con un poquito es suficiente." Afirmó. "Bienvenida de nuevo a Irlanda."

No necesitaba que me lo dijese; en aquella época estaba por así decirlo aún en una época un poco oscura, trabajaba para los Vulturis, era uno de sus perros de presa y ahora tenía un pequeño descanso, había conocido a otros licántropos pero solitarios y no tenía tanta relación como con esos tres hermanos, no debería haber echado de menos ni tan solo una milésima de segundo a esos tres, pero lo había hecho; a alguno más que a otros.

"¿Cuánto te quedas aquí esta vez?" Me preguntó Aidan tras destransformarse en humano de nuevo.

"Hum… una temporadita, me destinan a combatir una oleada aquí al lado así que me toca asentarme por Irlanda un tiempo, por lo que… bueno, vamos a ser vecinos."

En efecto, ese tiempo allí me consiguió mostrar muchas cosas, no solo me sirvió para conocer mejor el país, también me sirvió para aprender más cosas sobre licántropos, cosas realmente importantes como por ejemplo que no eran monstruos como nosotros creíamos; impulsivos y violentos, sí, pero también leales y cariñosos con los suyos.

En ese tiempo lo que había entre los tres hermanos y yo se asentó más aún, y poco a poco, fui forjando con Carrick, el mayor y más racional, sabio y fuerte de los tres, una relación… un poco más sólida y un poquito diferente a lo que tenía con sus hermanos.

Por aquel entonces yo no sabía nada de las improntas, no entendía qué sentimiento podía guiarles en ese punto, así que no supe identificarlo cuando yo fui blanco de una.

Hoy en día tampoco.

Poco a poco, Carrick había sabido ganarse mi confianza, desmoronar el muro de mi resistencia y odio hacia los de su especie y algunos de la mía para ganarse un lugarcito en mi corazón.

Cuando me fui, me entristeció un poco el tener que hacerlo, a él se le rompía el corazón. Con los días a mí me pesaba un poco más la ausencia de esas bolas de pelo con las que a veces me entretenía jugando a que dormía solo para descansar un poco jugando a ser algo que no era y ya no podría ser nunca.

Yo no sabía nada, pero Carrick lo pasaba mal cada vez que yo tenía que desaparecer por una temporada.

A veces era un día, otros una semana o varias, no más de un mes completo ya que las cacerías que me tocaban no solían ser muy largas; a él le parecían años.

Era curioso, pero en aquella época comenzó a convertirse en lobo por las noches, corría hasta los acantilados donde mi olor se perdía el día que me había ido y allí se sentaba, con la lengua fuera y miraba el horizonte, aullaba a la luna llamándome.

Por aquella época se hablaba del lobo que se enamoró de la luna como una explicación a que los lobos, cada noche, aullasen a la luna; en el caso de Carrick era una llamada a un ser querido que estaba lejos, en paradero desconocido.

Cuando volvía, siempre que me acercaba a sus límites allí encontraba al menos a una figura de pelo negro y largo, normalmente apoyado en algún árbol contemplándome con una sonrisa divertida en los labios.

No hacía falta decir nada, con aquella sonrisa ya era más que una bienvenida.

Yo no lo sabía, pero en aquella época su impronta era algo muy fuerte, sus hermanos no lo sabían porque nunca hubo casos semejantes en su familia, el primero fue un antepasado hacía demasiado tiempo y después le seguía Carrick. Como en el caso de Sam, estaban solos en aquel cambio, y su abuela era algo así como su cuidadora, les alimentaba y les cuidaba con mimo, como me cuidaba a mí cuando estaba por allí.

Era como tener una familia, ella nunca me trató diferente por ser un vampiro, me mostró a dónde puede llegar la caridad humana. Aquella mujer era en parte licántropo, pero nunca llegó a mostrarlo, el único rasgo que tenía era su longevidad, había pasado ya los 130 años y seguía vital como una persona de 57 años, con alguna limitación de la edad pero demasiado vital como para ser anciana.

No, siempre que iba a aquella casa la señora nunca se fijaba en mi especie que era diferente a la de ellos, siempre era igual, me trataba como a uno de sus nietos e incluso mejor por ser mujer. De ella aprendí bastante, desde remedios caseros a cómo curar licántropos y cómo lidiar con su juventud e inconsciencia juvenil eterna.

"No entiendo por qué haces caso a la abuela." Me decía Jackson. "Solo es una anciana aburrida."

"La ancianidad nos da sabiduría." Afirmaba yo entonces. "Los ancianos son una fuente inagotable y de valor incalculable de sabiduría y conocimientos."

A veces, si estaba Carrick, le daba un golpe a su hermano por bocazas e irrespetuoso.

Sin embargo, al margen de todo esto, no solo ellos fueron encariñándose de mí y queriéndome como a uno más, yo también me encariñé de ellos; y sorprendentemente, en contra de todo lo que decían nuestras normas y las suyas sobre las relaciones licántropo-vampiro, yo fui sintiendo algo más que simple amistad por aquel hombre tan curioso como era Carrick.

Era difícil describir qué pasó, simplemente fue surgiendo poco a poco y para cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.

(Salto espacio-temporal)

"Hola, ya estoy de vuelta." Dije canturreando a la puerta de la cabaña de los 'tres lobitos' y la anciana. "Traigo regalos…"

Ya no necesitaba llamar, entraba como si fuese mi casa debido a las constantes peticiones de que así lo hiciese por parte de los cuatro miembros de esa familia.

Sin embargo, esa vez no encontré a nadie allí. Era raro porque siempre había alguien por allí, y de pronto…

"¡Sorpresa!" Gritaron los tres chicos cuando entré al diminuto salón y uno de los lobos me derribó.

"Va, Jackson, levanta de ahí, tío jeta." Le dijo Aidan quitándomelo de la chepa. "No acapares a la dama."

"¿A qué viene esto?" Pregunté yo sorprendida ante ese despliegue. "Solo hace un mes que me fui."

"No me digas que a tu súper-cerebro se le ha olvidado qué día es hoy." Me preguntó Carrick con ironía.

"¿19 de Febrero?" Pregunté. "Siento comunicaros que San Valentín es el 14, llegáis tarde."

"¡Es tu cumpleaños!" Me dijo Jackson feliz.

Entonces yo lo entendí todo y por poco me rió.

"Siento informaros que os habéis confundido de día." Les dije. "Mi cumpleaños de nacimiento es dentro de un mes exacto, en Marzo. Y el de mi conversión es el 15 de Julio."

"Oh, vaya." Dijeron cortando el ambiente de fiesta que había.

"Da igual." Afirmó Aidan. "Como no sabemos si ese día no estarás fuera haciendo otro de tus trabajitos lo celebramos hoy ¿eh?"

"Apruebo la idea." Dije sonriendo.

La fiesta fue espectacular y duró hasta que los dos hermanos menores se quedaron dormidos en parte debido a la mona que se habían cogido de cerveza. Incluso Carric parecía un poco... transpuesto, sin embargo, ambos nos pusimos a recoger un poco aquel caos que había dejado mi fiesta de cumpleaños adelantada.

"Parece que para ser una vampiresa te lo has pasado bien ¿no?" Me dijo bromeando.

"Bueno, he celebrado mi cumpleaños con mis tres mascotas favoritas." Afirmé. "Y tu hermano tenía razón, no sé si el día de mi auténtico cumpleaños estaré aquí para celebrarlo, he tenido... ciertos cambios."

"¿Cambios?" Me dijo.

"Sí, una niña preciosa." Afirmé dejándolo helado. "Pero creo que no es lo que te piensas. Mide tal que esto, pelo rojo, ojos preciosos... y 6 o 7 añitos solo. Acaba de acabar su entrenamiento así que ahora toca asignarla a un grupo, por ahora está con un amigo mío, cazando focas en el mar del norte para evitar que ataque a humanos."

"Eres la única de tu especie a la que no le gusta atacar a humanos." Me dijo. "¿Y quién es ese amigo?"

"Ivvan, en realidad cuando estamos quietos en un sitio él es mi marido legal." Afirmé.

El oír aquella noticia hizo que Carric comenzase a temblar de furia sin dejarla salir.

"Así que estás casada." Me dijo al final.

"No, es solo una tapadera." Afirmé yo suavemente. "En realidad es solo un amigo."

"Pero has dicho que..."

"He dicho que es mi marido legal, no que estemos casados de verdad." Afirmé yo. "De alguna forma había que justificar a esa niña de 6 años que no se parece a nosotros como para decir que es hermana."

De pronto parecía más tranquilo.

"Carrick, ¿qué pasa?" Le pregunté. "Primero te enfureces cuando te hablo de mi familia y ahora te relajas. Estás muy raro, ¿lo sabías?"

"Creo que estoy imprentado." Me dijo.

"¿Improntado?" Le dije. "¡Felicidades!" Le dije actuando para que pareciése que me alegraba por él cuando en el fondo algo se retorcía. "¿Quién es? ¿La conozco? Tiene que ser alguien cercano a ti... y apuesto a que es muy guapa."

"Es la más guapa." Me dijo. "Pero digamos que me he improntado de alguien que no debería."

"Ah... eso sí que es un problema, amigo mío..." Le dije yo.

De pronto volvía a estar un poco más alegre, si se había improntado de alguien que no debía eso era... ¿cómo podía alegrarme cuando alguien al que quería estaba sufriendo?

De pronto me di cuenta de la verdad, por mucho que supiese que aquello estaba mal, por mucho que mi integridad me dijese que estaba prohibido... me había enamorado de aquel hombre, un licántropo.

"Creo que te puedo entender." Afirmé tras sonreír divertida antes mi osadía al pensar siquiera en aquél sentimiento enfermizo que estaba comenzando a sentir. "De todas formas... ¿quién dice que eso que sientes sea malo?" Le pregunté.

"Cualquiera." Afirmó él. "Es como una tortura, no puedo comer, no puedo dormir... no puedo ni pensar porque su imagen y recuerdo me llena la mente cuando ella no está."

"Vaya, te ha cogido pero a base de bien." Dije yo con ironía envidiosa de esa mujer.

"¿Eso que percivo son celos?" Me dijo asombrado.

"No." Dije como quien no quiere la cosa.

"¡Estás celosa!" Dijo él divertido.

"¡No!" Dije yo.

"¡Sí, lo estás!" Me dijo.

"Por supuesto que no." Afirmé yo.

"Pues yo creo que por supuesto que sí." Dijo él.

"¿Por qué habría que estarlo?" Pregunté yo. "Los de mi especie no sentimos ¿recuerdas?" Afirmé levantándome. "Lo de los celos, el amor… todo eso no es para nosotros." Afirmé antes de irme de allí.

Vale, aquello no era para los vampiros, no, para los vampiros no, para los cazadores vapíricos. Yo no podía permitirme el lujo de sentir nada hacia nadie, y ya era demasiado peligroso el tener ciertos… vínculos con Ivvan, Aqueron y Lily en aquél lado del mundo.

Sin embargo, y a pesar de mi resistencia a aquello que comenzaba a sentir… acabé cayendo y bien abajo. Me hice amiga de más de los de esa especie, en vez de los tres hermanos, acabé conociendo a otros licántropos; incluso acabé conociendo a un par de gemelos muy curiosos, uno de mi raza y otro de la de ellos.

A menudo, Carrick y yo solíamos pelear en broma; fue precisamente en una de esas cuando todo se precipitó.

Fue bajo la luna llena cuando nos dimos el primer beso, y después de eso fue todo como… demasiado rápido.

Nos fuimos cargando principios uno tras otro, hasta que alguien corrió el rumor de nuestra relación, y cuando llegó a oídos de mis superiores… bueno, aquello fue la hecatombe.

"Oye, nos han llegado rumores de que frecuentas ciertas compañías." Me dijo Aro un día cuando fui a presentar la cabeza de otra presa para mostrar mi éxito.

"Si te refieres a aquél tipo de Helsinki te aviso que se acabó." Afirmé. "Me la jugó y ya le di su merecido."

"No, me refiero al pestazo a licántropo que traes a veces." Me dijo. "Me refiero a que dicen que no solo les usas como perros de rastreo sino que también tienes… una relación con uno."

"Eso es una tontería." Afirmé yo.

"No." Afirmó él. "Marcus, él ha visto qué relación tienes con... cierto licántropo."

"¿Por qué habría de tener ninguna relación más que estrictamente profesional con ningún licántropo?"

No, no podía decirle la verdad, aunque sabía que si él quería, podría verla por sí mismo con solo tocarme.

"Supongo que eres consciente de que ese tipo de relación estaría totalmente prohibido, incluso para alguien como tú." Me dijo.

"Lo sé." Afirmé. "Pero repito que no hay nada de eso y que nuestra relación es meramente profesional."

"Entonces dame la mano." Me dijo. "Si lo que dices es cierto supongo que no te importará darme la mano ¿no? No ocultas nada ¿verdad?"

"Claro que no." Afirmé yo dándole la mano.

Él tan solo cerró los ojos mientras me daba la mano. Yo sabía que lo vería todo, así que llevaba ya un rato intentando cambiar mis sentimientos, sentir indiferencia por Carrick.

Y aunque yo pensaba que había conseguido engañarle... los Vulturis no eran tan fáciles de engañar.

Claro que tampoco me harían a mí ningún daño. Sabían que posiblemente aunque enviasen a todos los operarios y soldados con que contaban salvo por mí, posiblemente pudiese haber acabado con ellos saliendo yo mal parada tras acabar con todos. Además, tampoco deseaban prescindir de mí, era... demasiado valiosa para ellos como para prescindir de mis servicios.

No, el objetivo era Carrick.

"Sea." Dijo Aro cuando los otros dijeron las órdenes. "Pero que sepáis que posiblemente acabe mal. No pude ver muy claro, pero ella no va a quedarse de brazos cruzados."

"Seguimos siendo más." Dijo Marcus. "Y además, ella sola no sería rival para ninguno de nosotros solo, con que menos contra los tres."

"De cualquier modo, vamos a tener que desviar su atención de ellos." Afirmó Aro. "Porque tal y como hemos visto, no va a dejar que le toquemos un pelo a ese chucho."

"Pues algo habrá que hacer." Dijo Cayo. "Y ya sé cómo podemos despistarla."

(Salto espacio-temporal)

"Esto es increíble..." Murmuré mientras cortaba la cabeza del tío al que me habían mandado perseguir. "Otro tío subnormal, últimamente me parece que me están menospreciando un poco. Mira que mandarme a cazar a este pringado..."

Me habían mandado a cazar a un tío al que solo había tenido que buscar dos días, eso sí, había tenido que perseguirlo un buen rato.

Y aún a pesar de su habilidad para camuflar su olor (y ya era la segunda vez que me encontraba con alguien así), había conseguido seguirle y acabar con él.

Ahora estaba cargando la carne picada del tío en una bonita cajita de pino para poder enviarla a Volterra con unas fotitos preciosas del tío en un antes y un después.

"Bueno, pues ahora me voy a volver a Irlanda a ver si veo a esos tres, que Jackson me tiene preocupada." Murmuré.

Antes de irme de allí, les había dejado un poco pachuchillos; a decir verdad, había dejado a Jackson un poco afectado por lo de la transformación.

Vale, yo no sabía de eso, pero sí que había oído cómo se pasaba y me iba a quedar más tranquila si me decían ellos mismos que no había de qué preocuparse, que estaba todo bien.

Así que cerré la tapa de la caja de pino, la sellé y la envié a Volterra mientras yo iba en el avión.

El viaje en avión solía gustarme, no sé por qué pero me relajaba, aunque cuando eran viajes largos y tenía que aparentar echar una cabezadita podía ser un poco aburrido y me ponía a repasar planes en la cabeza.

Cuando llegué a Italia, recogí el coche que solía tener aparcado cerca del aeropuerto para evitar el convertirme en una mancha borrosa y que nadie me viera, cargué la caja de pino y me fui a Volterra para entregar el pedido; sin embargo…

"Lo siento, los señores no están en casa." Me dijo la chica de recepción.

"Eh, menos chistes que yo soy de la familia." Le dije mostrándole los ojos medio rojizos por el cansancio y el enfado de que ahora me toreasen así.

"Lo siento, pero los señores no están ahora mísmo aquí. Marcus salió hace días, y Aro y Cayo están de paseo."

"¿A plena luz del día y con un sol de impresión?" Le dije dudando.

"Eh… sí." Dijo ella limándose las uñas.

Le disparé mi mano al cuello y justo entonces llegó Heidi.

"Me encantaría compartir tu almuerzo, pero no creo que a Cayo le gustase la idea." Me dijo con ironía.

"Esta chica se niega a dejarme ver a alguno de ellos." Le dije. "Insiste en que Aro y Cayo están 'dando una vuelta' y Marcus está de viaje."

"Eres una chica violenta." Me dijo Heidi haciéndome soltar a la recepcionista con suavidad. "La chica no tiene la culpa de que no te conozca. Eh, tú, esta mujer es la sobrina predilecta de los señores, así que para ella siempre estarían en casa, ¿entendido?" Le dijo a la chica. "Ven, llevaba estos aperitivos para todos." Afirmó señalando a un grupo de gente que parecían embrujados.

"Heidi, yo no creo que esto sea…" Comencé yo.

"Ah, lo olvidaba, tú asesinas, no comes." Me dijo. "Está bien, está bien. Más para nosotros."

"Estoy llena." Afirmé yo. "He comido más que suficiente de camino aquí."

"Tienes que contarme tus aventuras." Me pidió bromeando. "Siempre es divertido oírlas. ¿Dónde te mandaron esta vez?"

"A perseguir a un tipo." Le dije mientras nos movíamos por unos subterráneos. "En serio, creo que últimamente por unos malditos rumores que corren por ahí sobre mí me están comenzando a mandar hacer el trabajo más fácil."

"Pfff, como si eso a ti te importase mucho." Me dijo. "Con tal de estar ocupada te importa un comino que tu presa sea de los nuestros que chuchos que ganado que…"

"No me gusta matar presas demasiado fáciles." Afirmé mientras llegábamos a la puerta.

Antes de entrar llamamos por si acaso estaban reunidos, y al instante nos abrieron la puerta.

"Ah, vaya." Dijo Aro medio riéndose. "¡Mira a quién tenemos aquí! Esta vez has sido muy rápida."

"Gracias, pero el tipo este era un pringado." Dije yo entrando y dejando pasar a Heidi con sus presas.

Aquello no me olía bien, y creo que al tipo al que maté esta vez, o el que acabé cargándome por meterse en medio de mi presa y yo; uno de los dos tenía algún poder más que el de camuflar el olor que tenía mi presa porque de pronto que me hubiesen mandado de misión cobró un significado especial y algo dentro de mí se puso a pitar en alerta.

De pronto, 'tío Cayo' y 'tío Aro' ya no eran tan tranquilizantes para mí.

"El caso es que lo has atrapado." Dijo Cayo. "Aunque… creo que igual te interesa saber que…"

"No más cacerías." Dije. "Necesito un descanso, necesito ir a recargar pilas."

"Está bien." Dijo Aro. "¿Necesitas que llamemos a alguien para que te sirva de coartada?"

De pronto me di cuenta que lo que en realidad querían era saber a dónde iba a ir; decirles la verdad no me pareció muy sabio tampoco.

"No hace falta." Dije yo. "Viajaré de día en moto para que no me vean la cara y por las noches me dedicaré a hacer de las mías. Creo que hace tiempo que no hago el circuito del Loira, en Paris hay unos hombres de concurso."

Sabía que yo era de su confianza, además, mi historia de un circuito por el Loira era factible; me creerían.

"Está bien." Me dijo Aro. "Dale saludos a Madelein si la ves. Hace mucho que no la vemos."

"Está bien." Dije forzando una sonrisa que me quedó natural. "Le daré recuerdos si la veo."

"Que tengas un buen viaje." Me dijo Heidi con ironía mientras yo salía.

Le contesté con unas palabras agradables. De pronto me pareció como si la venda que llevaba tiempo poniéndome para no ver lo que pasaba en mi 'familia' se cayese un poco.

No, no pensaba hacer ese circuito por Francia; mis planes eran ir a Irlanda, sin embargo, el tiempo me había hecho precavida, comprobarían mi reserva así que reservé un billete a París desde mi móvil, pero tan pronto como salí de allí, tras unos kilómetros en moto, paré en un motel y llamé de nuevo pero desde una cabina. Hice una reserva para ir a Dublín con un nombre falso, la puse a nombre de Victoria Valerius, mi madre de cuando fui humana.

(Salto espacio-temporal)

"¡No!" Grité malherida arrastrándome hasta llegar al cuerpo de Carrick. "Carrick…"

"I… Is… a." Murmuró mientras yo caía a su lado.

Mis heridas estaban sanando ya gracias a lo que acababa de tomar de Aidan, sin embargo iban muy lentas.

"Tranquilo Carrick, estoy aquí." Le dije. "Tienen veneno para los de tu especie." Afirmé tras examinar las armas cuando acabé con el escuadrón que habían mandado loca de furia y rabia. "Voy a sacártelo."

"De… jalo." Me dijo temblando por el veneno. "No… pue… des… salv… salv… salvar… me." Afirmó.

Dios… le costaba horrores hablar. En un momento de locura tuve una idea descabellada y cogí un arma. El corte fue limpio justo sobre mi antebrazo que le puse delante.

"¡Bebe, corre!" Le dije. "¡Tienes que salvarte!"

"No… no p… pue… do." Me dijo apartándolo de su cara. "No… pue… do s… sal… var… me." Afirmó.

"Las heridas son profundas, pero si bebes yo podría salvarte." Afirmé. "Por favor."

Deseaba salvarle, ¿cómo no iba a ser posible? No, yo podría salvarle. Si bebía mi sangre, si yo bebía la suya… entonces él podría salvarse porque estaría compartiendo con él mi vida inmortal.

"¡Carrick, por favor!" Le dije.

"Tar…de." Me dijo medio sonriendo y poniéndo su mano en mi cara con suavidad y ternura. "No… lam… men… to… ni… un… seg…gund… do… de… lo qu… que…he v… viv…vi… do… Ni… el… hab… ber… nos… con…no…ci… do." Afirmó.

"No digas eso." Le dije a su lado lamiéndole las heridas. "Te pondrás bien. Tienes que curarte. Ya lo verás."

"Ya v… ves." Dijo sonriendo suavemente pero con ironía. "Un… lo… bo… ena…mor…ra…do d… de l…la… luna." Afirmó con ironía. "Un l… lic… can…tro…po… en…nam…mo…rad…do…de…un…na…va... vam…pir…res…sa."

"Por favor… no me dejes…" Le rogué yo. "Por favor…"

"E… ena…nos." Dijo cuando vio a los dos lobos junto a él. "Te… ten…néi..ss… que… cui…dar d… de… ell…lla." Les dijo. "Cui…dar d… de m… mi… tes…sor…ro."

Los lobos entonces fueron a poner su cabeza sobre él pero yo les siseé; no quería compartirlo, él era mi Carrick.

"Va… vam…mos… pr…prin…ce…sa." Me dijo a mí mientras yo volvía a lamerle las heridas como si fuese un vulgar chucho. "No… no ll… llor…es."

"¿Quién está llorando?" Le dije sollozando.

"No…no qu… quie…ro…ver…te…tr…tris…te." Me pidió. "Qui… quie…ro…ver t… tu…son…ris…sa…un…una…vez…más….a…ant…tes…de…mo…mor…ir."

"No vas a morir." Afirmé yo. "No puedes morir… no puedes dejarme."

"Qui…er…ro… qu…que." Comenzó a decir. "Que…to…tom…mes…mi… a…alm…ma."

"No puedo hacer eso." Le dije yo. "No vas a morir."

"Por…fav…vor." Me pidió. "Es… tu…ya… Qui… Quie…ro… qu…que…la… te…ten…gas…tú… Te…p…per…te…ne…ce." Afirmó. "Co…com…mo…mi…co… cor… ra…zón." Afirmó cogiéndome una mano y poniéndosela sobre su corazón, que ahora tenía una enorme herida que tiñó mi mano de sangre.

En otras ocasiones hubiése tenido que hacer maravillas para controlarme ante el olor de su sangre; ahora ni siquiera lo percibía.

Cuando sentí que perdía las fuerzas, fue cuando comenzó mi cuerpo a chuparle su esencia, poco a poco, y así mis heridas fueron sanando a una velocidad asombrosa hasta que su vida se apagó y yo me derrumbé sobre su pecho por la escasez de fuerzas que tenía y por el esfuerzo.

Aún recuerdo sus últimas palabras: "Te quiero, A ghrá (Se pronuncia "ah graw" y en gaélico, que es el idioma de Irlanda, significa amor mío)."

Tan pronto acabaron de pasarme sus poderes y habilidades comencé a llorar, lágrimas cristalinas teñidas con un hilillo de sangre. La sangre y la amargura que no podía expresar desde que me convertí en el monstruo que era.

Los dos lobos, Aidan y Jackson, sus hermanos, comenzaron entonces a aullar como si intentasen clamar a los cuatro vientos la tragedia y el aire se llenó de unos aullidos desgarradores llorando su muerte.

Cuando desperté estaba de nuevo en la cabaña de los tres hermanos, con su abuela ciega velándome.

Me dijo que había tenído fiebre durante dos días, que los otros dos hermanos no se habían movido de mi lado salvo para aullar la tragedia, que no habían vuelto a ser humanos debido al dolor… Descubrí que el poder de Carrick, todas sus habilidades y dones de los de su especie habían pasado a mí cuando él me dio su alma junto a su corazón mientras exhalaba el último suspiro, desde su regeneración hasta su habilidad de transformarme que nunca dominé y por supuesto no funciona como en los licántropos dado que yo no soy precisamente uno.

Estaba en una cama, en un cuarto que conocía muy bien, el cuarto de Carrick.

Hasta que me recuperé del todo, estuve allí dentro. Solo salí a gritar a la luna, a llorar mis penas, pero las lágrimas no salieron más. Solo por él, solo por Carrick.

Carrick, el único licántropo que nunca conocí que nunca necesitó transformarse en lobo para luchar, ya de por sí era un auténtico lobo con forma de hombre.

Carrick "el lobo", Carrick "el valiente", Carrick, Carrick… mi Carrick.

El primer hombre que nunca he amado, el único hombre que amé hasta la locura; el único licántropo que me mostró que el amor también es posible para los de mi especie.

Carrick me enseñó que yo no era un monstruo, consiguió hacerme olvidar qué era y cómo era mi mundo mientras estaba con él… Carrick me hizo humana; y con su muerte, me dio lo más grande que se le puede dar a alguien de mi clase: me dio la capacidad de ser 'humana', la capacidad de llorar, de sentir con la pasión de un licántropo… la capacidad de amar.

Carrick e Isabella, la leyenda del lobo que se enamoró de la luna, la leyenda del lobo-hombre… la Leyenda del primer y único caso de amor prohibido entre un licántropo y un vampiro.