Capítulo 20: El asedio.
"¿Qué haces tú aquí?" Le pregunté a Jacob cuando le vi en la escuela.
"Vine a buscarte." Afirmó. "Quiero protegerte."
"Jacob, a ver cuándo maduras." Le dije molesta. "Yo no necesito protección, tú sí. Aquí lo único que haces es molestar."
"Yo no necesito protección." Afirmó él. "Y sinceramente, me da igual que me hagan daño, quiero protegerte, necesito hacerlo. No podría estar en La Push tranquilamente sabiendo que tú estarías aquí."
De pronto llegó el primer estallido y yo solté una sarta de tacos en varios idiomas incomprensibles para él.
"Maldito niñato, descerebrado e irresponsable." Le dije gruñendo entre dientes. "Deja de hacerte el héroe y vuelve a tu casa." Le mandé. "Aquí solo molestas."
De eso hacía ya casi cuatro días, llevábamos cuatro días peleando y defendiendo nuestra escuela, cuatro días de pesadilla en que Jacob era un intruso.
Allí no todos eran vampiros indignados de nuestro trabajo, también había fuerzas del orden humano que se habían enterado de eso y pretendían acabar con nosotros por la fuerza.
Gracias a mi aviso, la mayoría de alumnos primerizos habían sido evacuados a otro sitio seguro gracias a los pasadizos militares que habíamos construido y que llevaba a lo largo de miles de kilómetros a otra casa, blindada para evitar fugas de allí.
La mayoría estábamos ya heridos, y nuestras estrategias comenzaban a clarear un poco.
"No podemos seguir así." Me dijo Alaine del escuadrón de la muerte. "Deberíamos atacar con fiereza."
"Son humanos." Le dije yo. "Por algún motivo parecen saber cómo atacamos."
"¿Y qué ha sido de la mujer que mató a todo un pueblo sola?" Me dijo Vladimir, el más joven de ellos. "¿Por qué no atacas cuando podrías masacrarlos sin problemas?"
"Porque no se dejan." Afirmé. "Ya tenemos a todos los licántropos peleando como pueden, no podemos arriesgarnos a darles a ellos."
"¿Y con las noticias que tenemos de lo de las montañas?" Me preguntó el emo de entre ellos.
"Yo me encargo." Afirmé. "Vosotros seguir aquí, si es cierto lo que dicen me seguirán a mí, y si lo hacen... entonces en campo abierto y sin peligro de hacer víctimas inocentes os aseguro que no voy a tener piedad."
"Eh, cuidadito, que te necesitamos viva." Me dijeron.
"Vosotros defender este lugar, yo os defenderé." Afirmé.
"¿Y qué pasa con las dos niñas?" Me preguntó Edmound, uno de los alumnos aventajados.
"Nosotros las protegeremos." Afirmó el sub-director del colegio.
"Eso me deja más tranquila." Afirmé. "Saldré al anochecer."
"Ten mucho cuidado." Me pidieron.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Alice)
"Sigo creyendo que hay algo raro." Afirmé después de intentar ver qué pasaría.
"Alice, deberíamos llamar a casa." Me dijo Bella. "Es posible que quieran venir aquí."
"No quiero que Jasper venga." Afirmé negando con la cabeza.
"Ya, yo tampoco quiero que Edward venga." Afirmó ella tristemente. "Pero debería saberlo, que no estamos en California, que estamos en Europa."
"Lo saben." Afirmó una voz tras de nosotros.
"¡Jake!" Dijo Bella. "¡¿Qué haces aquí?!"
"Con el pestazo que hay por aquí ni me había enterado que estabas aquí." Le dije haciendo pinza en la nariz. "¡Chico!. ¡¿De dónde sales?!. ¡Hueles que apestas de un modo humano!"
"Gracias por el cumplido, pequeña chupasangre, pero me han tirado a un vertedero por aquí." Afirmó él. "Y no te preocupes, por una vez no he venido siguiéndote a ti."
"Ah, claro." Dije yo. "Ahora los chuchillos os dedicáis a viajar."
"¿Qué haces aquí entonces?" Le preguntó Bella.
"Chica ¿por qué todos me preguntáis lo mismo?" Dijo él. "Is-a cuando la encontré aquí, los otros licántropos de aquí, unos vampiros muy raros que pululan por aquí…"
"Esto es una escuela para los de nuestra clase." Afirmé yo. "Aunque un poco bestias, una rubia incluso ha intentado atacarnos."
"Y también hay dos alumnos de los de la mía." Afirmó él. "¿La habéis visto?"
"¿A quién, a la rubia de bote que por poco muerde a Bella?" Le dije yo.
"No, a Bella, Isabella. ¿Habéis visto a Isabella?" Nos preguntó.
Era un poco raro, normalmente preguntaría por nuestra Bella, perdería el culo por protegerla.
"No." Afirmamos las dos.
"De todas formas, ¿por qué ese súbito interés por nuestra 'prima' morena?" Le pregunté yo.
"Es una historia larga." Afirmó para suspirar. "Dicen que va a hacer algo demasiado arriesgado, quiero que me lo explique."
"Pues vaya." Dijo Bella. "No creo que debas preocuparte por ella. Parece que va bien."
"Sí." Afirmé yo. "La he visto pelear, es realmente buena."
"Es vulnerable." Afirmó él. "Podrían hacerle daño."
Ahora sí que no entendía nada. ¿Y ese repentino interés y preocupación por Isabella? Ella era una de los nuestros, una 'chupasangres', licántropos y vampiros no nos tragábamos, para empezar ni siquiera soportábamos nuestros olores. De hecho no sé cómo podían convivir en aquel lugar individuos de ambas razas tan pacíficamente.
Allí había algo que no me cuadraba.
"Esto… aquí hay algo que no me huele bien." Afirmé yo cuando el joven licántropo se fue de allí.
"Parece que Jacob por fin a dejado de… fijarse en mí." Dijo Bella. "No… no vino siguiéndome…"
"No, vino siguiendo a Bella, pero a otra Bella." Afirmé yo. "Y esto me huele fatal. Aquí pasa algo raro."
"¿Por qué se fijaría en ella?" Me dijo Bella entonces. "Quiero decir… ni siquiera es de su especie."
De pronto la vimos pasar por delante a unos metros para entrar a un cuarto.
"Bueno, podríamos intentar sonsacarle." Afirmé cogiéndola de la mano para tirar de ella.
De pronto, al entrar en el cuarto donde ella había entrado nos quedamos un poco sorprendidas, más que ella parecía una especie de valquiria, con pantalones que parecían elásticos pero de cuero, una especie de triquini que se perdía en el pantalón y una mini chaqueta torera que le dejaba al descubierto más de la mitad de la espalda.
Está bien, daría envidia hasta a una sirena, pero me hacía preguntarme si eso no tendría nada que ver con lo que había visto sobre ella y una especie de ruinas en lo alto de una peña, pero solo había sido un sueño, un segundito y se había perdido.
"Isabella." La llamé por lo que se giró. "Estás… ¿vas a algún lado?"
"Voy a salir." Afirmó seria. "Lo que sí voy a necesitar que no os mováis de aquí, por vuestra seguridad."
"Estarás de broma ¿no?" Le dije. "¿Pretendes huir?"
"No, pretendo salir fuera, llevarme a todos los que pueda persiguiéndome y hacer lo que mejor sé hacer pero lejos de aquí y de donde podamos pillar en medio a alguien inocente."
"Espera, qué vas a hacer." Le dije cogiéndola del brazo. "No hagas ninguna locura."
"No es ninguna locura." Afirmó ella soltándose de mí. "Voy a proteger lo que he conseguido, voy a proteger todo lo que me importa." Añadió, tenía en su cara una resolución terrible. "Y a todos los que me importan."
Entonces comenzó a andar hacia la puerta, parecía que iba a salir ya pero se giró y nos miró.
"Bella, me gustaría que te escondieses bien, he pedido que te protejan y eso lo haría más fácil. Sin embargo..." Le dijo tocándose en la manga antes de hacer un movimiento muy rápido. "Estas te protegerán, si es cierto que quieres pertenecer a los Cullen vas a tener que ganarte tu sitio. Protégete a ti misma, no permitas ser una carga para los tuyos." Afirmó entonces mirándola mientras se refería con 'estas' a unas cuchillas clavadas a los pies de Bella junto con una especie de daga.
"¡No hagas...!" Comencé yo para intentar correr tras ella, sin embargo con un simple gesto de mano cerró y atrancó la puerta.
Aquello había sonado como si esperase morir ese día, como si fuese a inmolarse por todos. Intenté romper la puerta, pero me fue imposible, era como si estuviese blindada, y creo que Bella también supo lo que rondaba mi cabeza porque se puso aporrear la puerta llamándola e intentando increparla para que reconsiderase lo que iba a hacer.
"¿Hay alguien ahí?" Preguntó entonces Jacob Black.
"¡Jake!" Le gritó Bella. "¡Jake, estamos encerradas aquí dentro!"
"¿No podéis abrir?" Nos dijo.
"¿Tú crees que si pudiésemos salir íbamos a estar aporreando la puerta?" Pregunté a ese idiota.
Oímos cómo desbloqueaba la puerta y entonces la abrió y se llevó un golpe de Bella que iba destinado a la puerta.
"Pensaba que habría más gente." Afirmó él. "¿Cómo es que os quedasteis aquí atrapadas?"
"¡Fue Isabella!" Afirmó Bella. "¡Nos cerró aquí porque estaba diciendo unas cosas muy raras y nosotras intentamos disuadirla!"
"Disuadirla de qué." Nos preguntó el muchacho.
"Creo que estaba intentando despedirse." Afirmé. "Le dio a Bella unas cuchillas y nos dijo que iba a proteger todo lo que había conseguido y todo lo que le importaba. Y le dijo a Bella que se protegiese a si misma y no se permitiese ser una carga para los que quería."
"¿Hace cuanto que salió?" Nos preguntó el chico entonces.
Vaya, el chico no era tonto tampoco.
"Hace unos diez minutos." Afirmé. "Aunque a este paso podría estar en la frontera ya."
"Me arriesgaré." Afirmó antes de salir corriendo.
"Estos licántropos son realmente imposibles..." Suspiré yo.
"Qué está pasando." Dijo Bella.
"Evidentemente ese idiota va a perseguir a nuestra querida 'primita'." Afirmé. "Aunque la verdad... dudo que la pueda encontrar. Esto se está poniendo realmente peligroso."
"Alice, tenemos que llamar a casa." Me dijo Bella. "Ahora las cosas están feas, a Carlisle le interesará saber esto."
"Vale, vamos a esperar a ver si veo algo y si no les llamamos." Afirmé.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Isa)
Sabía que cuando salí de la escuela los enemigos me vendrían a perseguir, no todos, claro está, pero al menos sí los más locos, peligrosos y casi más de los dos tercios.
Podría haberles perdido con mucha facilidad, pero eso era algo que no me convenía. Si les perdía en mi carrera, podrían volver atrás, al colegio, y eso precisamente era algo que no quería.
Me paré dos veces para permitirles reencontrar mi rastro, incluso en un par de tramillos dejé un rastro de sangre mía que luego regeneré fácilmente con un trago tras el segundo corte.
Acabé guiándoles a mi antigua casa familiar en Rumania, bueno, la de mi bisabuela o algo así; una mansión antigua perdida en el monte que abarcaba hectáreas, desde las ruinas hasta la vaya del extremo sur de la propiedad. Ahora llevaba siglos siendo mía. Había construido una casita donde moraba la heredera de los Valerius, hija de Victoria Valerius y bisnieta de la condesa Arianna Valerius.
Nunca dejaría que aquellos diablos se acercasen a la casa principal, tampoco a mi casa, así que fui a las ruinas.
Allí seguro que estaría a salvo un poco. Estaría rodeada de bosque, en un alto en situación privilegiada... y con la ventaja sobre mis enemigos de que yo había pasado años allí, de pequeña como humana y más tarde tras transformarme.
No, yo tenía bastantes ases en la manga, si se acercaban a mí yo estaría despierta y sabría cómo esquivarles, y si atacaban, el entorno y mis conocimientos me daban una buena ventaja a mí. Además, estaba lo de mis habilidades, tenía un par de ases en la manga, tenía habilidades que nunca había mostrado, a nadie...
Esperé allí, el sol no me molestaba lo más mínimo, pero parecía que a ellos sí. Estuve todo el rato preparándome para la batalla, sabía que estaban tanteando el terreno, podía sentirlos, podía ver sus intenciones y olía su inseguridad.
Cargué mis pistolas y las escopetas, me recoloqué y comprobé mis otras armas, preparé todo para cuando estallase la batalla.
Cuando comenzó a caer la noche me puse a rezar suavemente en varios idiomas, a Dios, Buda y Alá.
En cuanto oí los primeros indicios de movimiento suspiré y abrí los ojos con la cabeza mirando a cielo.
"Carrick, por favor... guíame para que pueda salir de aquí con vida..." Le pedí suavemente.
Guardé silencio unos segundos antes de comenzar con el primer tiro, acerté de lleno en plenos intestinos del hombre que más cerca había subido.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Jacob)
Llevaba ya horas corriendo y rastreando el camino que había seguido la mujer que ahora ocupaba toda mi mente cuando por fin oí sonidos de batalla, era plena noche, de hecho, ya debía faltar poco para el amanecer.
En cambio, oí tiros y gritos de dolor.
"¡Mi hembra...!" Pensé. "¡Isabella! ¡Aguanta!"
Estaba cansado después de tantos kilómetros corriendo, pero aún así apreté más el paso olfateando el aire e intentando captarlo con eso.
Cuando llegué vi que los disparos venían de lo alto, mientras la asediaban desde todos lados.
Entonces sentí cómo me desesperaba y me lancé a atacar a lo loco para intentar defender el sitio donde supuse que estaba Isa.
Y lo hice hasta que de pronto vi algo, una sombra negra, un lobo; no, una persona; no, no, un lobo.
Ya no sé lo que era, era una sombra que corría como un lobo y saltaba así pero de pronto se transformaba en persona para que al caer con el cuerpo de su enemigo al suelo volver a transformarse en lobo.
Yo me puse a arrancar trozos de vampiro y tirarlos a los lados como pude; quién era esa sombra o por qué estaba allí peleando así no lo sabía, solo sé que de pronto, todo acabó como había empezado. Me encontraba mal, estaba bastante herido y de pronto vi una figura acercándoseme y se me levantó el pelo de golpe mientras enseñaba los dientes.
"Jake?" Preguntó una voz suave y mental. "Jacob Black?"
No podía ver claramente quién o qué era lo que se acercaba, pero seguro que nos conocíamos.
Me hubiese gustado poder plantar cara, pero me desmayé y me caí medio muerto.
Aún noté cómo me cogían en brazos en mi forma animal, y algo suave pero frío, de tacto marmóreo y sedoso contra mi piel. Hubiese deseado poder abrir los ojos para ver qué o quién me había cogido en brazos, pero no podía.
Entonces noté cómo me dejaban en algo blando, hacía frío pero notaba el calor de fuego acariciándome a mí.
Entonces sentí un pinchazo que me escoció un momento y luego ya no sentí nada.
No sé cuanto tiempo estuve sin poder reaccionar, solo sé que cuando desperté tenía un terrible dolor de cabeza y sentía como si me hubiesen apaleado.
Aún me costó un poco abrir los ojos en la confusión que tenía, entonces vi un lobo, era una hembra sentada en sus cuartos traseros y mirando fuera por un agujero en la pared.
Entonces miré a mi alrededor, me sentía como si hubiese corrido una maratón de miles de kilómetros, pero estaba en una especie de cueva, convertido en lobo y en lo que parecía un colchón de la litera de arriba.
Poco a poco fue como si fuese despertando y comencé a ver en qué pensaba esa loba. Había un licántropo, uno moreno. Estaba herido y ella sufría, podía ver cómo le lamía las heridas como esperando así devolverle la vida, no podía verle la cara a ella. ¿Era una licántropo como yo o solo una loba común?
De pronto, sus orejas se movieron y giró la cabeza para mirarme.
"No te muevas, aún no estás curado." Me advirtió suavemente.
"¿Quién eres?" Le pregunté mentalmente.
Esa voz me sonaba, era como si la conociese y por eso me tranquilizaba.
"No importa, tú solamente no te muevas, yo vigilo." Me dijo.
"No me gusta confiar en las hembras para vigilar." Afirmé.
Entonces soltó un gruñido de aviso.
"Túmbate y calla." Me dijo. "Si no te volveré a sedar."
Así que era una licántropo. No podía ser de otra manera, los lobos no sedaban a nadie, no tenían manos así que no podían hacerlo.
"¿Quién eres?" Volví a preguntarle. "¿Dónde está Isabella?"
"Tranquilo, está bien." Afirmó ella. "Un poco débil pero bien. Cuando ella vuelva yo me iré."
"¿Por qué no está aquí?" Le pregunté.
"Está curándose." Me dijo. "Ahora cierra los ojos y duerme. Si la obligas a venir se va a enfadar mucho."
"Que venga." Dije yo. "Que venga ya. Necesito verla."
"Niño cabezón..." Me dijo la loba levantándose y gruñéndome cara a cara. "¡Eres un inconsciente!"
La verdad es que la loba daba un poco de pena, parecía tener unas heridas feas en el ojo, como si se le hubiesen cicatrizado más rápido de lo normal pero no lo suficiente y aún estuviesen cerrándose. Tenía una que parecía estar ya medio cicatrizada justo a un lado de la cara, de arriba abajo y aún medio abierto.
"Di todo lo que quieras, tía." Le dije yo sin achantarme por sus gruñidos a mi cara. "Pero que venga, que me da igual si vuelve furiosa con tal de verla."
La loba siguió gruñéndome en silencio, parecía dudar pero al final tiró un golpe al aire molesta y cedió.
"Está bien, no te muevas, ahora enseguida la llamo." Afirmó ella antes de correr a la puerta y salir fuera para aullar alto y claro.
Estuve allí esperando un poco, y a los tres segundos, apareció Isabella tapando su silueta en la luz que entraba desde fuera.
"¡Isabella!" Pensé mientras soltaba un sonido de júbilo.
Fue curioso porque entonces me agarró por el pellejo del cuello como para castigarme y me pareció que estaba muy enfadada.
"Mira, porque te he tenido que colocar bien una vértebra que se te había movido, que si no te molía a capones por inconsciente y bobo y…" Comenzó amenazándome con darme un golpe en la cabeza y en su lugar dándome en el morro, lo que me dolió un poco. "¿A quién se le ocurre irse del colegio para venir a pelear aquí, eh subnormal?"
"Estaba preocupado por ti." Afirmé. "Y por lo que creo, me parece que hice bien en venir. Voy a ver si me destrans…"
"Ni se te ocurra transformarte." Me dijo dándome otro golpe no muy fuerte en el morro que más que dolerme, me picó. "Tuve que curarte unas costillas y te habían desplazado un par de vértebras. Así que como te destransformes, se te van a desoldar y además yo pienso romperte otro par que por cierto, no pienso curarte."
"¿Y por eso traes a una loba callejera?" Le pregunté.
"La loba, ya. No me cambies de tema." Me dijo. "¿Por qué has venido?"
"Porque estaba preocupado por ti." Repetí molesto de que no me creyese. "¿Por qué te cuesta tanto creerme?. ¿Por qué no quieres tomarme en serio?"
Entonces la vi debatirse, me dio un golpe en el costado muy suave y se separó de mí.
"Como no me contestes me veré obligado a cambiar de forma para que me entiendas mejor." Le dije.
"Me cuesta creerte porque somos de diferentes especies." Me dijo mirando a la entrada y con voz fría. "Me cuesta creerte porque no quiero creerte, porque sé qué pasa cuando un licántropo se preocupa por mi como tú lo haces, y no quiero que vuelva a pasar."
No, no era fría porque no sintiese nada, al revés, parecía que fuese porque quisiera ocultar algo, precisamente lo que sentía.
Con cuidado le puse la cabeza contra su pierna, abultaba más que su regazo, a decir verdad, le podía servir de almohada para dormir.
Entonces ella me la golpeó y después... como dudando al principio me acarició la cabeza con suavidad.
Pude ver su cara por el rabillo del ojo, parecía realmente apenada. Me dio pena verla así, se me partía el alma.
Entonces levanté la cara hasta ponerle mi hocico bajo su barbilla interrogándola.
"¿Qué te hace tanto daño?" Le pregunté. "¿Por qué sufres?"
"Pues porque esto no puede ser, Jake." Me dijo. "No podría soportar que volviesen a quitarme a alguien tan querido para mí..."
"¿Y eso?" Le pregunté.
De pronto me sentí como si desease matar, sí, matar a quien quiera que le hubiese hecho ese daño, pero antes siquiera de que pudiese hablar salvo por gruñir entre dientes sintiendo la rabia llenándome por dentro.
"No." Me dijo dándome un capón suave en el morro de nuevo. "Ni se te ocurra. No quiero que hagas nada de lo que estás pensando." Añadió dándome otro golpe hasta que desarrugué el morro.
"¿Por qué?" Le pregunté. "Yo quiero hacerle pagar a quien quiera que te hizo eso por el dolor que te ha hecho sentir."
"No." Dijo volviendo a golpearme el morro como si fuese un vulgar perro. "Nada de venganzas por mí. Ya soy mayorcita para poder defenderme sola. ¿Me oyes? Te prohíbo que hagas nada contra nadie."
"¿Les tienes miedo?" Le pregunté acariciándole en cuello con la nariz. "Si quieres yo podría..."
"Tú no puedes nada." Me dijo separándome el morro para mirarme a los ojos. "¿Me oyes? No quiero que vuelvas a hacer la locura de meterte en medio de ninguna de mis peleas. No quiero que busques a nadie, sería demasiado peligroso para ti."
"Me ofendes." Le dije frotándome la cabeza contra su mano con la que me sujetaba para mirarme a los ojos. "Un hombre debe ser capaz de proteger a..."
"Sí a su mujer y te juro que te vuelvo a meter la bala de donde la saqué." Afirmó ella para callar y acariciarme la cabeza con suavidad. "Por favor, no me des más problemas de los que ya tengo..."
"Pidiéndomelo así, cómo podría negarme." Le pregunté bromeando.
Entonces sentí un deseo irrefrenable y junto a la broma, le di un tremendo lametazo en la boca
"Hablo en serio." Afirmó ella entonces. "Deja de jugar."
Era gracioso, Bella había reaccionado de forma diferente. Bella me había insultado, me había intentado pegar... se había asustado. En cambio, Isabella era trigo de otro costal.
Ella no había reaccionado mal, me había apartado, sí, se había limpiado las babas, también; pero no había reaccionado ni insultándome ni intentando atacarme indignada. Era como si hubiese aceptado aquello, como si estuviese acostumbrada a aquello.
"No jugaba." Afirmé. "Yo te..."
"No." Me dijo. "No quiero oírlo. Por favor." Me dijo casi rogando. "Por favor, no compliques más las cosas."
"¿Por qué te niegas a aceptar mis sentimientos?" Le pregunté. "¿Por qué ninguna mujer quiere aceptarlos?"
La vi cerrar un segundo los ojos y apretar los labios y de pronto, me cogió suavemente por el cuello y me plantó un beso en un lado del morro.
Entonces al parar, los abrió y me miró fijamente.
"Es una historia muy larga, y todo se resume en que por muy imprentado que estés, por mucho que yo pueda quererte... lo nuestro nunca podría ser." Afirmó ella.
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