Capítulo 4: Contrato con los Quileutes

Capítulo 26: Confesiones y dolor.

"Eh, ya era hora de que llegases. Tienes un paquete en el salón." Me dijo Rosalie. "¿Te crees que somos tus criados o qué? No pienso recoger más paquetes tuyos si no estás aquí."

"Gracias, Rosalie." Afirmé. "Lo siento pero no esperaba paquetes, de otro modo me hubiese esperado aquí a recibirlo."

"Me da igual." Afirmó antes de irse. "Me han fastidiado mi tranquilidad."

"Ah ¿pero nosotros tenemos de eso?" Le pregunté medio bromeando cuando desapareció.

Entonces me giré y fui al salón. Era cierto que allí había un paquete, no esperaba que nadie me mandase nada pero allí estaba. Lo primero que hice fue mirar quién lo mandaba. Volterra, Italia.

"Vaya por dios…" Murmuré mientras lo desprecintaba.

Dentro había varias cosas, para empezar un nuevo móvil. Siempre lo hacían cuando me cambiaban la misión, una línea directa con ellos. Cogí el móvil y me lo guardé en un bolsillo diferente al actual, solo para diferenciarlos cuando sonasen.

El segundo objeto era algo mejor, un par de pistolas automáticas preciosas y nuevas; última generación y con una caja de balas en varios cargadores. Esa gente nunca había sabido muy bien cómo usaba yo aquello, pero sabían que si no me lo mandaban ellos lo compraría yo. Comprobé las balas, plata; o sea, que otra vez me tocaba cazar licántropos. Hice un chasquido con la lengua mientras las ponía en sus fundas y las apartaba.

"¿Quién te manda armas?" Me preguntó una voz tras de mí.

"Adivina." Afirmé sin girarme. "Pensaba que estabais cazando, Emmeret."

"Acabamos de llegar." Afirmó Carlisle. "¿Te han dado un nuevo trabajo?"

"Supongo, pero no se detalles." Afirmé cargando balas en los cargadores y dejándolos junto a las armas. "Lo único que puedo deducir es que se trata de licántropos. Balas de plata." Afirmé mostrándole una mientras dejaba un cargador y cogía otro nuevo para rellenarlo.

"¿Y no te han dicho nada más?" Me preguntó Jasper.

"No." Afirmé. "Normalmente me mandan un móvil, me llaman un día y me cuentan los detalles. Aparte de que a veces me mandan también armas nuevas, como es el caso." Añadí poniéndole el seguro a una y pasándosela por el aire.

La cogió con elegancia.

"Bonita." Me dijo mientras yo seguía rellenando cargadores. "Ligera, fácil de manejar… y cargada."

"Nunca sabes cuando la vas a necesitar." Afirmé mientras me la devolvía de la misma forma y la cogía sin separar mi vista del cargador que estaba rellenando con una bala en la mano. "Bah, otra bala defectuosa…"

"¿Me la das?" Me dijo Emmeret.

"Toda tuya." Afirmé pasándosela. "Te advierto que no sirve para dispararla, aunque podría hacer un bonito colgante."

"Igual si la tiro a mano…" Me dijo.

"No acertarías." Le dijimos su hermano y yo.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Jacob)

Se me hizo un poco raro, juraría que hasta que me dormí Isabella estaba por allí.

Ahora ni podía olerla ni parecía estar en ningún sitio a la vista.

Le había preguntado a Billie y a otros, pero nadie la había visto irse, porque era evidente que, después de revisar toda la reserva, allí no estaba ella. Así que volví a casa un poco confuso.

"Jacob, hijo. ¿Por qué no vienes aquí y dejas de moverte de un lado a otro?" Me dijo Billie mientras veía algo en la tele.

"No puedo." Afirmé. "Se me hace raro, tendría que haber llegado ya."

"¿Esperabas visita?" Me preguntó. "¿Embry y Quil? Porque si eso igual podrías pasarte por sus casas o llamarles."

"No, no." Dije calmándome un poco. "Es... Isabella, dijo que se pasaría por aquí de nuevo."

"Vaya por dios..." Dijo Billie bajando el volumen de la tele. "¿Quieres hablar de algo?"

"No, gracias." Afirmé. "Supongo que no es nada."

"Si tanto interés tienes... por ahí tienes el número de teléfono de la Bella del jefe Swan. Como ahora son familia supongo que podrás hablar con la otra Bella a través de ella."

"Genial." Dije yo. "Por cierto, qué Bella es cual. Porque yo las llamo Bella e Isabella."

"Bueno pues llamas a Bella y que te pase con su prima Isabella." Me dijo.

"Igual está fuera con su marido, como siempre." Le dije.

"Ya, pues bueno, haz lo que quieras." Me dijo. "Pero haz lo que sea pero haz el favor de parar quieto un rato. Me estás poniendo nervioso."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Isabella)

"Oye, creo que te queda algo." Me dijo Jasper. "En la caja."

Por fin había acabado de cargar los cargadores extra y los había colocado en su sitio.

"Ah, ahora va." Dije yo. "Vamos a ver... qué tenemos..."

Con cuidado metí la mano y toqué una bolsa de plástico. Agarré como pude y entonces tiré y la saqué entre todos los papeles que había rellenando la caja y haciendo de amortiguación entre los contenidos.

"Bueno..." Murmuré viendo el contenido y sacándolo. "La que se ha liado..."

"¿Ocurre algo?" Me preguntaron.

"Ocurre esto." Afirmé mostrándoles una cabeza. "¿Os suena de algo esta cara?"

"No." Me dijeron uno a uno los jóvenes.

"¿Ese no es...?" Me dijo Carlisle. "Me suena la cara."

"Titus." Les dije. "Cabeza de un trío que como nosotros no atacan porque sí, se alimentan de sangre muerta como yo. Como también se alimentan a veces de sangre humana de vagabundos y suicidas en Volterra les tienen cierto aprecio."

"O sea, que te toca volver a moverte." Me dijo Jasper. "¿Y ahora qué?"

"Esto no es más que un pequeño contratiempo." Afirmé. "Solo acelera un poco las cosas. Si me disculpáis..."

Con cuidado salí de allí mientras sacaba mi móvil del bolsillo. Mis planes ahora eran un poco más peligrosos. Debía acelerar todo. Debía asegurarme que en mi patria, en el colegio sabían todo. Tenía que asegurarme de conseguir tiempo suficiente hasta que tramase un plan, y esta persecución era el mejor modo de que los Vulturis apartasen la mirada de la manada antes de que se diesen cuenta de nada.

Yo tenía capacidad para ocultar mis pensamientos, para cerrar la mente y que no pudieran leerla y en cambio llenarla con mentiras que sirviesen para cubrir las lagunas que dejaba ocultando pensamientos, pero sinceramente, dudo que la manada fuese capaz de aquello; no, para eso hacía falta mucho auto-control y disciplinar la mente, los licántropos eran famosos precisamente por todo lo contrario.

Tras hablar largo y tendido con la escuela con mi número privado me encargué de tomar otras medidas.

"¿Y ahora qué?" Me preguntó Carlisle cuando me encontró en la cocina con la cara en la mano y las rodillas contra el pecho y la otra estirada en el suelo donde estaba sentada tras hacer una última llamada. "Pareces agobiada."

"Cierra la puerta, por favor." Le pedí sin abrir los ojos.

Oí cómo iba a cerrarla y cómo con un clic se cerraba la puerta de la cocina. En tanto yo había sacado un juguetito retocado para las mentalistas de la escuela. Lo había cogido prestado cuando estuvimos en el colegio, su propósito era que creaba unos sonidos que impedían a los vampiros que tenían poderes relacionados con la mente usarlos. El problema era que si los intentaban usar tendrían un dolor de cabeza tan fuerte que sería como una tortura y se pondrían a vomitar bilis, o algo parecido a eso ya que no éramos como los humanos.

"¿Qué te pasa?" Me preguntó Carlisle tras mirar un segundo el juguete que había dejado en la mesa.

"Primero prométeme que no vas a dejar que Edward vea nada de lo que te voy a contar." Afirmé. "Y que no vas a decir nada a nadie."

"Está bien." Acabó por decir tras unos segundos de silencio. "Aunque no puedo jurarte que Edward no sea capaz de verlo. No soy tan bueno cerrando mi mente."

"Bastará con que no lo pienses después de que hablemos." Afirmé.

"Lo intentaré." Me dijo. "Pareces agobiada."

Estaba un poco dudosa aún, pero al final suspiré.

"Sinceramente... todo esto me supera." Afirmé. "Trabajo para una causa, trabajo para los Vulturis... y encima ahora me estoy saltando dos de mis principios. Creo que estoy enloqueciendo..."

"Es cierto que trabajas demasiado, te pasas la vida de un lado para otro y no haces más que preocuparte por todo. Edward me ha dicho que pareces tener la mente dividida en cinco partes. Cinco pensamientos a la vez cuando no te das cuenta de que está mirándote la mente. Una pared de hormigón armado cuando te das cuenta."

"Tengo mucho tiempo de entrenamiento para resistirme a Aro. Edward solo ha visto lo básico, aún podría hacerlo mucho mejor." Afirmé superando la sorpresa de que Edward hubiese visto tanto de mi mente. "Aunque es obvio que no es infalible ya que Edward ha podido ver lo que pienso."

"Clasificó tu mente como un torrente de ideas claras pero muy rápido como para concentrarse en un canal en concreto. Mucho peor que la de un licántropo."

"Tengo demasiadas preocupaciones." Afirmé. "Y cada día parecen... reproducirse."

"Conmigo puedes desahogarte." Afirmó Carlisle acercándoseme y cogiéndome la mano con suavidad. "Nos conocemos hace siglos, y no metafóricamente hablando. Sabes que digas lo que digas no te voy a juzgar."

"¿Y qué me dices del escándalo que se formó cuando Edward le leyó la mente a mi amigo Aidan?" Le dije con un tono de cansancio y derrota.

"Bueno." Dijo como pensando la respuesta. "La verdad es que me chocó. No tienes esa fama entre los de nuestra especie. Todo el mundo pensaba que si había alguien que no sentía ningún aprecio por los licántropos esa eras tú. Tu trabajo es matar desertores y licántropos, y por lo que he oído eres una experta. Eficaz y perfecta en metodología, nunca dejas rastro, siempre dejas una coartada perfecta..."

"Corta el royo." Dije. "Ya sé que hago mi trabajo bien."

"Entonces qué te preocupa." Me dijo.

"Carlisle, no se lo he dicho a nadie, pero..." Comencé.

No, no podía decírselo, esto no era asunto suyo. Esta guerra era contra mí, contra mí y contra todo el mundo de la escuela. Nadie sabía exactamente cuántos éramos, solo yo, y Giorgio.

"¿Pero?" Me preguntó.

"En Europa, ya oíste que el colegio no está pasando por el mejor momento." Le dije. "Debo, debemos, ahora ya los sabéis vosotros también." Le dije. "Debemos mantenerlo en secreto. Y para ellos no es tan difícil, la mayoría no hay registro de que existan, no les buscarán y si les encuentran tampoco van a preguntarles por el sitio. Para mí es más complicado, porque los Vulturis preguntan por todo lo que les descoloca un milímetro sus planes y expectativas. Me cuesta cada vez más ocultárselo porque la escuela tiene problemas y cada vez me cuesta más olvidarme de ello."

Carlisle me miraba en silencio, como si no se perdiese ni una palabra de lo que yo decía, en cambio no decía nada.

"Es muy duro preocuparme por algo y no poder contárselo a nadie..." Afirmé. "Y encima, aparte de eso está el problema de Jacob."

"¿Qué le pasa?" Me preguntó saliendo de su silencio por primera vez. "¿Le ha pasado algo?"

"Se ha improntado de mí." Afirmé tras mirar alrededor para comprobar que seguía sin haber nadie. "Me preocupa mucho que se pueda enterar nadie."

"Supongo que para ti debe ser un incordio que eso pase." Me dijo. "Jacob es un amigo pero puede ser un problema. Puede ser un poco pesado tener un licántropo improntado de..."

"No es eso." Le dije. "Nunca me ha supuesto un coñazo."

"Isabella." Me dijo Carlisle. "¿Qué es lo que pasa?" Me preguntó cogiéndome las manos y frotándome las manos para mirarme a los ojos. "¿Es el problema que está improntado de ti o es otra cosa?"

"Carlisle... estoy perdida..." Murmuré.

Carlisle era muy listo, era imposible que le pudiese engañar, no estando como estaba yo en ese momento, que hasta había tenido que recurrir a un juguete para evitar que nos escuchasen sin que me enterase...

"Es normal." Me dijo dejándome que me apoyase la frente contra su pecho. "Igual tú tienes más edad que yo, pero cuando te mordieron eras más joven. Por mucho entrenamiento que pases, por mucho tiempo que pase, tú estás anclada en una edad. Eres mucho más madura de lo que cabía esperar por tu edad aparente, pero sigues siendo una adolescente."

"Tengo 20." Afirmé.

"No importa." Me dijo. "Con 20 sigues siendo una adolescente. Alguien que no debería cargar con todos esos problemas como si fuese una adulta hecha y derecha."

"¿Y con quién los comparto?" Le dije. "Son todos temas tabú, pero si no puedo hacer más. Tengo ya a mi familia ocupándonos de todo en Europa, a mis amigos trabajando allí... y encima ni ellos entienden lo de Jacob y yo."

"¿Lo de Jacob y tú?" Me dijo.

"Le quiero ¿vale?" Acabé reconociendo.

"¿Estás segura?" Me preguntó Carlisle.

"No, pero nunca lo he estado." Afirmé. "Solo sé que no puedo soportar la idea de que le vuelvan a matar como hicieron con Carrick. No puedo olvidarlo, no quiero que vuelva a pasar, no con Jacob. Jacob es solo un crío, no sé si tiene siquiera la mayoría de edad. ¿Cómo puedo pedirle que haga frente?. ¿Cómo puedo contarle lo que pasa, que le van a venir a cazar?"

Estaba a punto de llorar, lo presentía. Necesitaba irme, necesitaba hacer algo...

Entonces Carlisle me rodeó con sus brazos y me hizo enterrar la cara en su camisa como si fuese su hija también.

"Tranquila... todo se solucionará..." Me dijo. "Eres muy valiente, muy valiente..."

Aquello no me ayudó, me dolía algo dentro de mí.

"Carlisle... necesito... necesito salir..." Le dije separándome y comiéndome las ganas de llorar.

"Lo entiendo." Me dijo. "¿Quieres... te mando...?"

"No, necesito estar sola." Afirmé haciendo un gesto con la mano. "Voy a recoger esto..."

"No, deja." Me dijo. "Lo mejor es que salgas, yo recogeré esto y te lo meto en tu bolsa."

"Gracias." Conseguí murmurar antes de salir como una exhalación por la puerta.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Carlisle)

"Carlisle." Me dijo Eme. "¿Ha pasado algo?"

"Sí, hemos oído un portazo." Me dijo Alice.

"Nada, tranquilas." Les dije. "No ha sido nada."

"¿Y dónde está Isabella?" Me preguntó Emmeret. "¿No estaba aquí contigo?"

"¡Carlisle!" Me llamó Bella asustada. "¡Por favor, ven!"

"¿Qué pasa Bella?" Le pregunté. "¿Te ha pasado algo?"

"¡Es Edward!" Me dijo asustada. "¡Está vomitando!"

"¡¿Cómo?!" Dije.

Aquello era nuevo, nosotros no nos poníamos enfermos nunca aquello era completamente nuevo.

Cuando llegué le vi vomitando, era algo raro, como cuando algún paciente vomitaba bilis pero también algo de sangre.

"Edward, tranquilo, ya estoy aquí." Le dije.

"Me encuentro… mal." Me dijo.

"Venga ya." Le dijo Alice. "Nosotros nunca nos ponemos enfermos."

"Ha sido solo un rato." Afirmó Edward mientras yo le hacía un reconocimiento.

"¿Y qué estabas haciendo cuando te ha pasado?" Le pregunté.

"Estaba…" Comenzó. "Estaba espiando a la prima." Reconoció. "Me pareció un poco raro cuando me han dicho que sacó la cabeza de un vampiro de la caja que le habían enviado."

"¿Intentabas leerle la mente?" Le pregunté.

"Un poco." Me confesó.

"Sería preferible que dejases de espiarle a ella la mente." Le dije entonces. "Es evidente que se toma bastante en serio lo de protegerla… al parecer con medios no muy agradables."

"¿Cómo ha podido conseguir eso?" Preguntó Emmeret.

"No lo sé." Dije yo. "Esa mujer es una caja de habilidades. Podría haber combinado las técnicas de Jane de los Vulturis con alguna otra."

"¿Es eso posible?" Preguntó Rosalie.

"A decir verdad estoy comenzando a plantearme qué clase de criatura es nuestra amiga." Afirmé. "Y como es posible que los Vulturis no hayan ejercido más presión para retenerla a su lado."

"Creo que habrá algún motivo." Afirmó Edward.

"Desde luego, y seguro que comienza por lo que tú viste en la mente de aquel licántropo." Afirmó Jasper. "A juzgar por cómo actúan todos ante ese tema apuesto a que fue algo duro y hay más cosas de las que cuentan."

"No hablan de ello." Afirmó Edward. "Lo vi en un segundo de debilidad del chico aquel, y porque luego comenzó a vomitar pensamientos porque le hurgué un poco en la mente. Y aún así, no tengo muy claro qué pasó o por qué, solo la vi tumbada junto a un licántropo en su forma humana como si ella estuviese llorando desgarrada pero sin lágrimas. Él moría y ella parecía bastante herida."

"¿Y qué pasó para todo eso?" Preguntó Emmeret. "¿Era su alimento y le dolía perderle?"

"Emmeret, por favor." Le riñó Esme. "Aunque no nos guste no te rías de eso."

"No podéis estar en serio." Nos dijo Rosalie. "Es imposible."

"Rosalie, ella no habla de Carrick porque le duele." Afirmé. "Creo que el tal Carrick además de licántropo era alguien muy importante para ella. Le quería, le quería mucho."

"Hasta la locura." Afirmó ella apareciendo tras nosotros. "Y por cierto, no tengo miedo a reconocerlo ante la gente correcta. ¿Ocurre algo?" Añadió fijándose en que estábamos allí todos.

"Edward se encontraba mal." Afirmé. "Se puso a vomitar lo que pudo."

"Acción, reacción." Afirmó con una mano y juntándolas. "Eso te pasa por intentar mirar en las mentes que no quieren ser leídas."

"¿Sabías que pasaría eso?" Le preguntó Jasper.

Entonces ella se sacó el juguete que había recogido de la mesa y nos lo mostró.

"Artilugio de castigo para las mentalistas del colegio." Afirmó mostrándonoslo. "Produce unos sonidos que, no solo evitan que se usen los poderes mentales en una sala sino que además, provoca estos efectos en el que los usa. Dependiendo el poder usado y el tiempo, los efectos son más graves o más duros." Afirmó guardándoselo.

"Eres una animal." Me dijo Edward.

"Como comprenderás no pienso arriesgarme a que me sigas leyendo la mente y te enteres de ciertas cosas." Afirmé. "Además, no te quejes tanto, se ideó como castigo de unas estudiantes, no te matará y apuesto a que ya ni notas los efectos."

"No me hace gracia sentirme así." Me dijo. "Has asustado a todos."

"Lo siento, aunque a ti… te jorobas, te lo tienes merecido por cotilla." Afirmé yo. "Carlisle… tengo solo dos días más."

"¿Tan pronto?" Le pregunté suponiendo que era lo que le quedaba para tener que irse de allí para ocuparse de aquel caso.

"Sí." Afirmó ella. "Suficiente para ocuparme de todo aquí."

"¿Estás segura?" Me preguntó.

"Eso creo." Afirmó ella.

Parecía segura, pero por otro lado, algo en sus gestos físicos involuntarios me indicaban que no lo estaba tanto.

"Si necesitas hablar de algo…" Me ofrecí.

"Puedes hablarlo conmigo." Se ofreció rápidamente Alice.

"Gracias." Dijo Isa. "Voy a ocuparme de coger los billetes de avión. Voy… voy a salir al porche."

Sabía que estaba intentando mostrarse dura como siempre, pero por la charla de la cocina, juraría que ella también era hasta cierto punto humana y ahora mismo se sentía agobiada y hasta cierto punto insegura.

Algo no iba como debería con ella, pero se negaba a compartir su carga con nadie.

"Será mejor que vaya a ver." Afirmó Bella.

"Espera." Le dijo Alice. "Déjala que antes beba un poco de sangre, tenía los ojos un poco… oscuros."

"¿No eran verdes?" Preguntó Emmeret.

"Lleva lentillas." Afirmé. "Tiene los ojos color bronce dorado, pero con las lentillas se le quedan de un verde hechizante, con unas vetas doradas si no tiene sed y oscuros si tiene sed. Ahora los tenía un poquito oscurecidos."

"Bajaré a llevarle uno de sus brics." Se ofreció Emmeret. "Con un poco de suerte igual me invita a una ronda."

"No hará falta." Afirmó Alice. "Va a salir a cazar cerca."

(Voz de Isa)

En efecto, planeaba ir a cazar a las montañas cercanas pero fuera de los límites del tratado, a algún lado donde no molestase pero que pudiese estar tranquila; como siempre.

Cuando llegué a un sitio donde no había rastro de humanos ni vampiros ni licántropos, paré. Llevaba corriendo un buen rato al tope del límite de mi velocidad, estaba un poco cansada, lo cual era consecuencia del regalo de Carrick que sí, tenía muchas cosas buenas pero también tenía malas como el cansancio y mi fragilidad emocional para sentir las emociones humanas con menos fuerza que un licántropo pero más que un vampiro, casi como un humano medio.

Sabía que necesitaba sangre, sangre fresca, por eso tenía que cazar algo. Respiré hondo y poco a poco me deje convertir en una máquina de cazar casi perfecta de sentidos muy agudos e instintos cazadores.

Me disponía a hacer la cosa más difícil que había hecho varias veces en mi vida, separarme de los que quería, solo que esta vez parecía dolerme un poco más.

Debía pensar un plan antes de irme, para en el avión pensar en los detalles y cuando aterrizase tener ya un plan bastante perfilado; pero no podía, ahora mismo lo que necesitaba era descansar mi mente, dejarla libre y cazar, algo que era lo que mejor sabía hacer. Primero cazaría, saciaría mis necesidades de sangre y luego ya me dedicaría a pensar de nuevo intentando mantener mi mente fría.

Sí, buen plan. Buen plan…