Hola mucho gusto en saludarlos de nuevo,bienvenidos a la continuación de Sueños de Amor, este es mi tercer fic en salir publicado aquí, la historia es similar como podrán notar al cuento de la bella durmiente solo con unas variantes en la maldición que pesa sobre los protagonistas, por dicho motivo algunas cosas permanecerán secretas al menos por unos capítulos más, entre ellas se encuentran el incidente de Kurogane con la carta negra.
Como ya he dejado claro capitulo tras capitulo los personajes de CLAMP (creo la mayoría saben a quienes me refiero) son de ellas.
Supernatural
I
En la casa no quedaba nada con que adornar en las ventanas, de seguro Yuuko se había olvidado del encargo que le había hecho, "algunas flores lindas que te encuentres en el mercado del pueblo servirán" nunca se puede contar con ella, pero que injusto estaba siendo lo más probable es que la pobre, con todo lo que tenía que cargar de comida, ropa, pagos que le hicieron y demás a pie y sin posibilidad de caballo, no hubiese podido con mas carga, si de seguro esa era la causa del por que su encargo no hubiese llegado, de todos modos eso era algo bueno, podría salir a buscar flores.
En más de tres días un joven rubio de quince años no había abandonado el lugar que conocía como su hogar, desde que tenía memoria vivía con una mujer mayor de nombre Yuuko y dos pequeños seres con forma de pan al vapor que eran llamados Mokona, Yuuko, le agradecía mucho el que lo dejase vivir con ella, pues Yuuko no tenía por que hacerlo ella no era su madre.
Según lo que la mujer le había contado, cuando él era apenas un niño, ella lo había encontrado vagando cerca del bosque de Céfiro, estaba escapando de alguien, él no recordaba el rostro de quien el huía, pero Yuuko le dijo que era de un hombre malvado, de hecho ese era el motivo por el que el chico estaba casi siempre acompañado y casi muy seguido se quedaba dentro de casa, pues tal vez ese hombre volvería a buscarlo y pudiese encontrarse con él si salía del bosque; según lo que Yuuko le había contado el tipo era un hechicero, y al estar en el bosque de Céfiro su magia perdía efecto, pues la magia nunca se podía utilizar dentro del bosque, así que estaría seguro mientras estuviese dentro del bosque, estaría a salvo del hombre malvado.
El pequeño Fai no vivía encerrado todo el tiempo, podía salir de la casa de Yuuko a los alrededores dentro del bosque, acompañado por un Mokona, cosa que le encantaba al hermoso joven sobre todo cuando iba a nadar al lago o cortar flores de las praderas..
El pequeño siempre había crecido rodeado de la magia dentro de la casa de Yuuko, llena de aparatos curiosos que Yuuko llevaba según ella como pago de los clientes que tenía, eran cosas raras, comunes para él claro pero si alguien más los viera seguro se asombraría de dichas rarezas, plumas mágicas, báculos para volar que probaban en la amplia cochera de la casa, anillos que mostraban el humor de la persona y muchas cosas más.
La infancia del pequeño Fai pasó entre libros, historias fantásticas de hombres que vivían más de cien años gracias a la magia de un hielo rosa, caballeros que luchaban contra dragones, ogros, y demonios; princesas que vivían encerradas en torres por malvados hechiceros, y príncipes en blancos corceles que las rescataban, la magia de las letras rodeaba al pequeño niño de ojos celestes, pero también la magia de Yuuko y los Mokona, había ocasiones en que Yuuko debía abandonar la tienda por tiempo indefinido, pues según lo que ella le decía tenía cuentas que saldar con sus clientes, por eso era que muy seguido Fai se encontraba sólo, a no ser claro por la compañía de uno de los Mokona como mínimo, según lo que Fai sabía Yuuko era una bruja, pero una de las buenas no de las que te ofrecen manzanas envenenadas o te pinchan el dedo con la aguja de una rueca para que duermas hasta que te despierte tu príncipe con el primer beso de amor real, si una de las buenas de esas que a veces eran más bien llamadas hadas madrina, y te dan el vestido para que bailes con tu príncipe de ensueño (antes de las doce claro) y te proveen de carruajes y servidumbre….¡ah, el amor!... siempre que Fai llegaba a esa parte de el amor en los cuentos no podía evitar soltar un suspiro, Yuuko le contó también otros detalles sobre el hombre que lo perseguía, y le contó sobre la maldición que sobre sus inocente hombros pesaba, el adolescente sabía que en el momento en que el recibiese un beso de parte de cualquier persona caería muerto, lo cual quería decir que él nunca podría demostrarle a nadie cuanto era capaz de amar con un beso, un beso de esos que transmiten la magia de los cuentos, un beso tierno dulce, con sabor a bombón con un toque de limón….otro motivo por el que estaba prohibida para él la salida hacia alguna población cercana, así como también el contacto con cualquier ser que sin saber sobre su estado le pusiese besar.
Yuuko que a parecer de Fai era una persona muy agradable y divertida siempre estaba contándole historias de cuando ella era más joven, cuentos populares que según ella había escuchado en los pueblos a los que viajaba por negocios, y además le había dado esperanzas diciéndole, "confía y arriésgate por el amor, si lo haces el amor será el que te libere", eso a veces sonaba confuso para él, tal vez ella le quería decir que lo mejor sería que demostrara su amor a la persona que fuese la más especial para él, pero sin necesidad de hacerlo por medio de un beso.
II
Fai abrió la puerta, Soel, uno de los Mokona lo acompañaba, Yuuko llegaría de noche por lo que podía ir al bosque a buscar flores, planeaba ir a la parte cercana al lago donde crecían las flores más grandes y hermosas, aunque estaba un poco alejado estaría bien, después de todo Yuuko le había enseñado muy bien las debilidades de los monstruos del bosque y como defenderse.
-Es un hermoso día, no crees Mokona, la paz invade el ambiente, hay sol y el cielo es azul como pocos días lo es- La hermosa sonrisa de un ángel adornó el rostro del chico. Mokona asintió contenta de ver a Fai sonreír sinceramente.
-Tienes razón Fai, parece que hoy es un día especial.
III
"Y a pesar de mi mala experiencia, y aun después de once años no me lo puedo sacar de la cabeza" el príncipe Kurogane, ahora de veintitrés años, seguía obsesionado con lo que se encontraba oculto en el bosque de Céfiro, había pasado ya tanto tiempo desde la vez que había intentado adentrarse en el bosque y sus secretos junto a Tomoyo, y aun sentía el llamado del bosque.
En los once años anteriores había seguido la curiosidad latente, pero hacía cerca de tres días que no podía sacar el bosque de su cabeza, hasta llegó a soñarse él adentro, luchando de nuevo con la tarántula. Tenía que descubrir que fuerza supernatural era la que lo llamaba a ese sitio.
Decidió que lo mejor para su salud mental era ir de nuevo, solo que planeaba ir sólo, así no habría problema si aparecía algún otro monstruo como la tarántula, él sólo se podría defender a las mil maravillas ahora que era "todo un hombre, guapo y musculoso como su padre" según palabras de su madre, y había entrenado para ser el Ninja más fuerte de su reino.
Era la hora de la comida, había dicho a su madre que iría a visitar a Tomoyo y algunas provincias del reino, por lo que tardaría tal vez un día o dos en volver, la reina se lo había creído.
Salió rápidamente en su corcel negro, Ceres, y tomó rumbo al bosque, se adentro más veloz , nada que ver con su anterior visita, en parte gracias a la velocidad de su fiel amigo, además de que sentía el ambiente muy diferente a la vez anterior, sí, había magia y misterio, pero era como si la atmosfera que rodeaba el bosque le fuese amable en ese momento, tranquila, pacifica, muy diferente a la vibra agresiva de su anterior visita, era como si Céfiro le diese la bienvenida que él tanto esperaba.
IV
Algo llamó su atención, el sonido de agua parecía cada vez más cercano, se dejó guiar por su oído y arribó a un lago hermoso, el agua era cristalina. Mientras se acercaba se dio cuenta de que el lago tenía varias tonalidades de azul, eran siete al menos, algo muy curios que nunca había visto en ningún otro lago del reino, había una cascada más al noreste de donde él se encontraba… y de repente vio algo que no esperaba, de dentro del lago emergió un hermoso joven, parecía no mayor de quince años, delgado, en su piel blanca como el algodón el agua trazaba caminos irregulares con traviesas y afortunadas gotas sobre su anatomía, de cabello dorado como trigo caía mojado y revuelto sobre su rostro de hermosas facciones, era en verdad la criatura más hermosa que hubiese contemplado en su vida, hombre o mujer, se acercó con su corcel a la orilla en la que salía el hermoso rubio, el chico no notó de momento la presencia de Kurogane y se dispuso a ponerse algo de ropa, pero, en cuanto se percató de la presencia del moreno se asustó, clavó su mirada en el hombre que lo observaba, era temible; sobre un caballo negro, con su armadura negra, ojos como de brazas ardiendo, musculoso y con una actitud tosca al montar, (aunque debía admitir que era muy guapo) Fai estaba seguro de que se trataba del hombre malvado que le había hecho la maldición, el pequeño Fai apenas si se pudo poner muy a prisa unos pantalones muuy cortos que había llevado consigo y una camiseta verde, y se echó a correr con Mokona en su espalda fuertemente agarrado, no le importo dejar abandonada su canasta con las flores que había estado recolectando.
El príncipe Kurogane solo alcanzó a ver como el joven emprendía la carrera, sus largas piernas se movían muy ágilmente, pero él no estaba dispuesto a dejar escapar a ese joven, sin preguntarle que hacía ahí, como se llamaba y si es que era humano. La persecución tuvo lugar entre los árboles si bien Kurogane iba en caballo, "no escaparas tan fácil pequeño" Fai era más rápido gracias a que Ceres no pasaba tan fácilmente por entre las ramas y raíces.
-¡Casi lo perdemos Mokona! ¡Estoy seguro que ese hombre es el que me hizo la maldición!-gritaba asustado. Mokona solo podía emitir sonidos entrecortados (aaa….s-ssi….s-ss-segu….) y Fai hubiese logrado perderse de la vista del hombre de no ser por que se tropezó con una de las ramas que hasta entonces lo habían estado ayudando en su huida, -¡ah!...aaayyy- fue terriblemente doloroso para el chico, calló de rodillas raspándose bastante, por suerte para él no se dio en la cara, pero le dolía mucho la muñeca derecha, y su talón derecho también, de inmediato trató de levantarse para seguir corriendo, pero se calló de nuevo por el dolor; cuando trató de apoyar, miró a su alrededor para buscar a Mokona pero la criatura había caído muy atrás, vio que ahí estaba el hombre ese, observándolo desde su corcel negro, del cielo se oyó un fuerte estruendo parecía que la lluvia amenazaba con caer, "¿por qué?...Si cuando salí el cielo estaba azul y despejado" el chiquillo se ponía más asustado segundo a segundo hasta que soltó un pequeño grito cuando el hombre moreno bajó de su corcel y se acercó a él.
Fai se tiró al piso hecho un ovillo cuando sintió que una fuerte mano tiraba de su brazo de forma un tanto brusca.
Fai forcejeaba -¡Déjame!
-¡Hey!... ¡espera…yo solo…!-intentaba explicarse el moreno
-¡Sueltame!- Fai preocupado quiso darle un golpe, pero el hombre se movió rápidamente lo tomó de la muñeca y la llevó a la espalda de Fai causándole un gran dolor. Las lagrimas inundaron su tierno rostro, -¡Por favor ya basta!...-decía llorando el chiquillo-…suélteme,…ya no me lastime….aahh…s-suelte-e-m-me….
Kurogane reaccionó, en verdad le estaba haciéndo daño, y eso no era lo que él estaba buscando; de inmediato lo soltó, las lagrimas de Fai cesaron un poco, y se volvió extrañado al hombre; si fuese en verdad un hombre malo lo hubiera seguido lastimando, pero en vez de eso lo soltó, Fai por primera vez levantó su rostro mojado por las lagrimas, y se encontró con una expresión de preocupación genuina en el rostro del hombre, y se dio cuenta de que era un hombre muy apuesto, con una hermosa y profunda mirada carmesí; debido a la proximidad de rostro Fai se sonrojó ligeramente, pero se hizo para atrás aun algo desconcertado.
Kurogane admiró de cerca la belleza del chiquillo, sus ojos de color cielo y su hermoso tono de piel teñido levemente de rosado. Las lágrimas que él le había provocado seguían ahí, sacó un pañuelo de la bolsa que estaba atada a su cinturón y se la ofreció -Perdona si te asusté-dijo el príncipe- Era simplemente una situación muy seductora para Kurogane, el jovencito estaba herido, indefenso, se veía hermoso con las lágrimas de su rostro, sonrojado y en paños menores.
Fai tomó el pañuelo, asintió sonrojado y se sentó en el suelo del bosque- perdona tú también me desubiqué por completo.
Mokona saltó de entre los árboles donde estaba parado el corcel observando la escena-¡aléjate de Fai malvado tendrás que pasar sobre mí para lastimarlo!….Mokona se arrojó a la ancha espalda de Kurogane para según él golpearlo.
-Con que te llamas Fai-dijo mirando al ya más tranquilo adolescente, la mano de Kurogane atrapó a la bola de carne de una sola vez -…qué cosa tan rara eres…nunca había visto algo como tú…
-¡Te daré una lección tú!….
-¡Ya basta Mokona!, él no parece ser una mala persona -dijo Fai a su amiguito…. ¿Y te llamas…?
-Mucho gusto mi nombre es Kurogane, soy príncipe del reino de Suwa.
Y las gotas de lluvia empezaron a caer…
