CAPÍTULO 2: Una invitación especial...
El resto del día en el instituto se tornó un poco aburrido y rutinario para las chicas. Cuando escuchó aliviada el último timbre de lo que sería una "jornada interesante" -según su padre-, Sakura se reunió con Tomoyo en el mismo sitio donde se habían encontrado horas atrás.
Empezaron a caminar en dirección a sus respectivos hogares cuando una voz las detuvo.
-¡Sakura... Tomoyo... esperen!- gritó Eriol mientras corría para alcanzar a sus compañeras, quienes se detuvieron al instante.- ¿A dónde se dirigen señoritas?- preguntó una vez hubo recuperado el aire, sin perder su habitual cortesía.
-Pues...- tartamudeó Sakura bajando de su nube de pensamientos. –Sakura me acompaña a mi casa- la interrumpió Tomoyo, poniendo su mano derecha en el hombro de su amiga. Ambas sonrieron. Era verdad la increíble complicidad que tenían esas dos chicas.
-Si quieren los puedo llevar- ofreció Shaoran mientras se acercaba en su convertible nuevo. Los tres jóvenes giraron sus cabezas y vieron al ambarino acercarse en un auto muy elegante, según Sakura.
Aceptaron encantados, sobre todo Sakura, quien estaba fascinada con semejante auto. A ella siempre le había gustado ese modelo. Shaoran se bajó y, muy amablemente, le abrió la puerta delantera a Sakura –quien no notó la implícita pero obvia intención de la acción por su entusiasmo- y las dos traseras a Eriol y Tomoyo. Una vez todos adentro preguntó a cada uno sus respectivos destinos. Segundos más tarde el auto arrancó. Se dirigieron, en primer término, a la mansión de Tomoyo –la cual impresionó a los chicos, ya que Sakura no era una extraña en ese lugar-.
-Luego me llamas y me cuentas TODO, Sakura.- susurró Tomoyo, ya afuera del auto, despidiéndose de los chicos con una sonrisa y, guiñándole un ojo cómplice a Sakura, con una mirada pícara, una que no había conocido en Tomoyo. No se imaginaba qué pudo haber pasado por la mente de su amiga, quien dio media vuelta y entró en la mansión.
Eriol, al notar este gesto por parte de Tomoyo, puso una cara inexpresiva. Estaba dudoso, muy dudoso, más que nunca –lo cual era extraño en él ya que era un chico muy seguro de sí mismo-. En parte le había molestado el gesto de su amigo, unos minutos atrás. No pudo evitar sonrojarse al notar que Sakura lo miraba por el retrovisor, y agachó la cabeza para que ni ella ni Shaoran le vieran.
El auto arrancó nuevamente y ésta vez, a pesar de que la casa de Sakura quedaba cerca de la de Tomoyo, tomaron un camino que ella no reconocía, sino Eriol, quien miró a través del espejo retrovisor, con cara de asombro, a Shaoran. Siguieron su camino a pesar del asombro de Sakura -quien no se animaba a reclamarle nada al ambarino-, y de la sorpresa que presentaba la cara de Eriol. Se detuvieron de un momento a otro y Shaoran se giró mirando a Eriol, quien le pidió que bajara con él, que tenía algo para decirle. Sakura no entendía lo que pasaba, pero de igual manera, esperó en el convertible, admirando el maravilloso modelo.
-¿Qué haces Shaoran? Pensé que la llevarías a ella primero.- reclamó Eriol en el tono menos acusador que pudo utilizar, ya estando alejados de Sakura cosa que no los oyera.- ¿Qué pasa?-
Shaoran solo soltó una leve risa mientras bajaba la cabeza y metía las manos en los bolsillos de su pantalón. Él estaba a punto de decir algo –era evidente pues había abierto la boca- cuando fue interrumpido por un sonido que le sonaba familiar, que parecía una canción que él conocía. Se giró hasta quedar frente al auto, en donde se encontraba Sakura. Notó que ella sacaba su móvil y atendía. Tenía como timbre una canción muy conocida de Futari, una banda que él admiraba desde hacía ya un año y que, aparentemente, a Sakura también le gustaba.
-¡Bien! ¡Algo en común!- se dijo para sus adentros y se quedó pensando un momento...-¡¡Shaoran!! ¡¿Qué estas pensando?! ¡No debes enamorarte de ella, no importa lo linda que sea! Debes concentrarte en ponerte al día con los estudios y en estar con el equipo de fútbol, nada más...-
Su amigo lo bajó de su ensoñación de un golpe en la cabeza. Eriol aún estaba esperando una respuesta de Shaoran que, en lo posible, incluyera palabras.
-No fue intencionalmente. Es solo que tomé el camino equivocado y, sin querer, llegamos a tu casa.- mintió. Eriol sabía que cuando se trataba de gastar combustible sin sentido alguno, Shaoran no mentía, o eso era lo que él creía.
Eriol se regresó al auto para despedirse de Sakura con un beso en la mejilla, como era su costumbre desde niño, pero al tocar el hombro de ella y acercarse para saludar, sus labios quedaron separados los unos de los otros por tan solo unos pocos centímetros, lo que causó que ambos se sonrojaran inmediatamente.
-A-adiós Sa-Sakura... Nos ve-vemos...- dijo, en un susurro casi imperceptible. Sakura solo asintió con una sonrisa, aunque aún sonrojada.
-Que suerte que Shaoran no vio lo que pasó... o lo que casi pasó...-pensaba aliviado Eriol mientras ingresaba en su "mansión".
Suspiró.-Pero también qué lástima que no pasó nada...- se reprochó.
En efecto, Shaoran se había perdido la escena, pues estaba con su móvil atendiendo la llamada de Fanren, una de sus cuatro hermanas mayores.
Ya de vuelta en su auto, Shaoran se sienta e inmediatamente mira a Sakura, quien queda completamente roja.
-¿Entonces... a dónde quieres que te lleve, Sakura?- preguntó Shaoran con una sonrisa un poco seductora, una sonrisa que Sakura no había visto antes.
Ella lo miro extrañada. Pensó un momento a qué se refería Shaoran con eso porque, según había entendido, él sabía que ella quería ir a casa.
-¿Quieres que te lleve a tomar un helado?- preguntó Shaoran al ver que no obtenía respuesta alguna por parte de ella, acariciando suavemente la mejilla de la castaña con su mano.
Este contacto le hizo bajar de la nube de pensamientos en donde se encontraba y, bastante más sonrojada, agachó la cabeza en señal de timidez.
-Tengo una mejor idea.- le dijo el castaño, tratando de convencerla.- Te llevo a casa y a las seis te paso a buscar para ir a tomar un helado y luego a caminar por el parque pingüino, ¿te parece bien la idea?-
Sakura asintió entusiasmada. Le gustaba la idea que el joven azabache le había propuesto. De cualquier forma, si no aceptaba se quedaría sola y aburrida en su departamento toda la tarde, cosa que no le gustaba mucho. Además, tendría más cosas que comentarle a Tomoyo. Le sonrió a Shaoran y rió para sus adentros.
Minutos más tarde, ya en su hogar, Sakura subió a las escaleras que la dirigían a su habitación tirando su mochila -con todos sus libros en su interior- en el sillón de la sala. Cuando llegó, abrió la puerta y la cerró detrás de ella rápidamente. Se desplomó en su cama totalmente agotada, como si se hubiera desmayado. Se quedó en esa posición por un momento, recordando lo que había sucedido ese día, hasta el momento. Cerró los ojos y no pudo evitar sonreír.
Se levantó al escuchar su móvil sonar. Se dirigió a éste de un salto.
-¿Si, hola?- atendió, todavía un poco distraída por sus pensamientos, dudando de quien podría ser ya que no revisó el numero antes de responder. Hubo un silencio, nadie contestó del otro lado de la línea.
Sakura cerró el teléfono algo confusa, mirando hacia la pantalla.
Luego de unos segundos mirando hacia la pantalla que ya no tenía luz suficiente como para distinguir algo, recordó, bajando completamente de su nube de pensamientos visitada constantemente, que las llamadas quedaban registradas con el número de la persona que la había llevado a cabo.
Ingresó rápidamente a su registro y regresó la llamada a la misteriosa persona que la había llamado a ella segundos atrás.
Esperó unos segundos a que alguien respondiera.
-¿Hola?- respondió una misteriosa voz que parecía conocida para Sakura. -¿Quién habla?- preguntó la voz, ya no tan misteriosa. Sakura se quedó helada al caer en la cuenta de que la voz que se escuchaba en su móvil no era otra que la de Eriol. No pudo emitir ni un sonido. Cerró rápidamente la conversación dejando su pregunta sin responder.
No pudo evitar sonrojarse. Su corazón comenzó a latir aceleradamente. Miró su teléfono unos segundos para luego tirarlo en su cama y bajar a comer algo, para distraerse.
Estaba sola en la casa, su padre se encontraba trabajando, al igual que su hermano, así que podía hacer lo que se le antojara. Fue a la cocina y abrió la heladera sacando una torta que había preparado su padre la noche anterior. La llevó al comedor y, antes de dar el primer bocado, cayó en la cuenta de lo que había sucedido anteriormente:
No pero… ¿Eriol me llamó? ¿Por qué? ¿Era Eriol realmente? Sí, debía ser él, regresé la llamada a ese número y escuché su voz… Si, sin duda es él… pero no logro entender por qué… -Sí, al parecer Sakura era más despistada de lo que parecía-.
Mientras tanto, Shaoran se encontraba en su habitación estudiando, o tratando de hacerlo. No lograba concentrarse. Había estado dando vueltas desde que llegó. No podía dejar de pensar que en unas horas estaría a solas con Sakura, pero luego recordó lo que Eriol le había confesado.
Flash back
-Eriol...-dijo Shaoran a lo que Eriol respondió con una mirada de interrogación –te conozco desde que éramos unos niños. A mí no puedes mentirme. Vamos, cuéntame. ¿Te molesta algo?-
-Bueno... la verdad es que... creo que me gusta la señorita Kinomoto.- dijo Eriol ya un poco ruborizado por la confesión.
Shaoran no le respondió con mas que con una sonrisa, un poco fingida...
Fin Flash back
Se molestó consigo mismo, por un lado por no haber respetado los sentimientos de Eriol hacia Sakura, pero por otro lado, por haber recordado aquellas palabras de su amigo, que tanto le molestaron en ese momento.
Estaba muy confundido. Se sentía perdido entre decisiones. Por primera vez no sabía qué hacer. Él quería salir con Sakura, pero no podía dejar que Eriol se enterase, pues eso solo terminaría con una amistad de muchos años. En un momento de desesperación como ese, le cruzó una idea por la mente.
-¿Y si le digo a Sakura que no comente nuestra salida? De ese modo no habrá quien lo sepa salvo nosotros dos...- pensó en voz alta.- Pero si le digo eso me preguntará por qué. Y si le digo lo que Eriol siente por ella es muy probable que la pierda...- siguió.
Fanren, que en ese momento cruzaba por la habitación de Shaoran, se asustó al escuchar un grito proveniente de ésta última. Corrió hacia la puerta cerrada de la habitación y la abrió de un empujón por la desesperación por la posibilidad de que algo le hubiera ocurrido a su hermano. Al ver que todo, salvo por el habitual desorden, estaba bien, Fanren sonrió aliviada, mientras Shaoran la miraba extrañado.
Continuará…
