CAPÍTULO 6: Lo que siento es… ¿Amor?

-Kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... llegaré tardeee!! –gritó una desesperada castaña al notar que el reloj despertador marcaba las ocho menos veinte. Sí. Se había quedado dormida… de nuevo. Se puso su uniforme marrón rápidamente –como casi todas las mañanas-, se cepilló un poco el cabello y corrió a la cocina. Ese día su hermano había salido a trabajar a las seis, y su padre aún no regresaría hasta el fin de semana siguiente. Esto la puso en aprietos. Tendría que cocinarse –cosa que le costaba bastante, a pesar de tener un hermano chef- y ya estaba tarde. Miró desesperada su reloj de mano y se dio cuenta de que ya no tenía tiempo. Corrió hacia la entrada de su casa, se colocó los zapatos y salió, cerrando detrás de ella con un portazo.

Sí, ese día en particular se había levantado más tarde que nunca… pero tenía una razón…

Al llegar al salón de clases el profesor se encontraba escribiendo en la pizarra. Giró su cabeza mirando a la castaña y le informó que había sido castigada… otra vez.

-Sí profesor… -dijo pesadamente la oji-verde y llegó bufando a su asiento… para su sorpresa había algo nuevo a su alrededor: Tomoyo, que se sentaba en frente de ella, ahora estaba a su derecha, detrás se encontraba Eriol, y, a su lado, estaba cierto chico castaño quien la había invitado a salir cierta tarde, hacía ya una semana.

-Buenos días –susurró Sakura. Tomoyo le respondió con la habitual alegría con la que le saludaba todos los días. Eriol también saludó, muy amablemente, para luego sonreír. Shaoran no dijo nada y se limitó a mirarla. No pudo evitar sonreír. Sakura sacudió su mano enfrente de la cara del castaño, tratando de que vuelva en sí, sin éxito alguno.

-Bueno alumnos, como estaba explicando antes de que la señorita Kinomoto se nos uniera… -dijo mirándola, haciéndole entender que no lo repitiera, aunque ambos sabían que era en vano- …hay que organizar el baile de primavera de este año… -logró decir antes del común barullo de los compañeros ante una buena noticia. En ese momento 

llovían ideas.- bueno… bueno… -el profesor intentó retomar la palabra.- señorita Kinomoto… acérquese al escritorio por favor… -llamó y Sakura obedeció sin chistar.

Tanto Shaoran como Eriol estaban desconcertados. Ambos pensaban que la llamaba para ponerle otro castigo o quizás algo peor… miraron a Tomoyo, quien sonreía. Esto los descolocó aún más.

-Ejem… -empezó a hablar la oji-verde, y, al escucharla, todo el resto del salón hizo silencio, como respondiendo a una divinidad o algo por el estilo.- bueno, como todos saben, este año el baile de primavera lo presidiré yo… -hizo una pausa para acomodar unos papeles que tenía en la mano.- bueno… hay que definir quienes serán los encargados de la decoración, hay que ver el tema de la comida, también hay que… -fue todo lo que Shaoran logró escuchar a Sakura decir antes de perderse en sus profundos ojos verdes y volar con sus pensamientos…

Mientras tanto, en la otra esquina del salón, unos intensos ojos azul cielo observaban a Sakura maliciosamente…

La noche había transcurrido muy lentamente y él no había logrado conciliar el sueño… Y se hicieron las seis de la mañana. Decidió dejar de lamentarse y de culparse –de algo que no era culpable- y trató de distraerse de eso que lo tenía intranquilo. Se levantó de su cama, sobre la cual estaba sentado, y se acercó a su ropero para cambiarse de ropa. Una vez puesta la camisa y un pantalón cómodo, se dispuso a limpiar, que es lo que hacía cuando estaba molesto por algo. Agarró la escoba y, cuando estaba a punto de empezar con su rutina de limpieza, una imagen invadió su mente. Recordó una vez que Sakura era pequeña y trataba de barrer un jarrón que había echado al suelo y roto sin querer. Esto le hizo perder su fuerza, provocando que la escoba cayera al piso estrepitosamente, seguida por él, que cayó de rodillas. Dos lágrimas se escurrieron por sus ojos, pero al recordar lo que se dijo hacían pocos minutos, se limpió la cara rápidamente.

Pasaron las horas y él seguía limpiando, hasta que sonó el teléfono.

-Si ¿Diga? –dijo dejando los artículos de limpieza a un lado.

-Yukito… necesito hablarte… es urgente… -respondió una misteriosa voz, en ese momento irreconocible.

-Lo escucho… -respondió al fin, luego de hacer una pausa tratando de reconocer la voz.

-No… Yukito… necesito hablar contigo personalmente… -respondió la voz resaltando la última palabra.- ¿Cuándo y dónde podemos encontrarnos?

-Está bien… -hizo una pausa para organizar su cabeza y luego respondió- veme cerca del parque pingüino dentro de dos horas.

-Excelente.- respondió cortante la voz y cerró la comunicación, dejando a Yukito escuchando el pitido del teléfono, que le indicaba que aquella voz ya había colgado del otro lado de la línea.

Ésta comunicación dejó al chico de grises cabellos algo pensativo, pero luego sonrió. Había entendido quién lo había llamado y para qué lo necesitaba.

El timbre lo había despertado de sus ensoñaciones. Sacudió su cabeza un poco para disiparse completamente, guardó sus libros en su bolso, se levantó y se dispuso a salir del salón, cuando fue detenido por alguien. Se giró para ver quién lo había parado y se encontró con la cara extrañamente poco animada de su amigo.

-¿Te sucede algo Eriol? ¿Te sientes bien? –cuestionó el ambarino al ver la expresión de angustia en el rostro de su amigo. En cierta forma se parecía a la mueca que había colocado la tarde anterior, y eso le dio escalofríos. ¿Me preguntará que pasó ayer? Espero que no… -se debatía Shaoran mentalmente mientras esperaba una respuesta por parte del ojiazul.

Era curioso, por primera vez en mucho, muchísimo tiempo, Shaoran estaba nervioso. Normalmente él era un chico astuto, confiado, y a veces arrogante, pero ese día se sentía diferente, muy diferente. Se encontraba intranquilo por la posible pregunta que su amigo 

le formularía… también se había perdido casi toda la clase de relaciones por estar pensando en Sakura… ¿Quién era esa chiquilla que tenía ese efecto en él? Bueno… eso ya no importaba demasiado, si no quería perder su último año más valía que se olvidara de las chicas y de los videojuegos por un tiempo. Rió, olvidando la presencia de su amigo. Le resultaba aún más extraño: por primera vez en su vida estaba siendo responsable por voluntad.

Mientras Shaoran se analizaba, la cabeza de Eriol era un verdadero desastre. Quería preguntarle qué había pasado el día anterior con Sakura, pero no podía, había algo en su interior que no se lo permitía. Tal vez eso era lo mejor… tal vez no. ¿Quién sabe? –se preguntó y agachó la cabeza. Tal vez era su instinto, tal vez su enseñanza… 'Sé siempre amable y cortés para con los demás…' recordó lo que su madre le había infundado desde pequeño.

Ambos despertaron casi al mismo tiempo. Recordaron el timbre que habían escuchado minutos atrás, y se dieron cuenta de que estaban los dos solos en el aula, sin contar con la presencia de unos ojos azul cielo que los observaban desde la puerta. Ambos se quedaron estáticos por un momento.

-Eh… Eriol… ¿Qué ibas a decirme? –preguntó al fin el ambarino, recordando lo ocurrido momentos atrás, un poco temeroso.

-Eh… No… Nada… No te preocupes… -mintió- no era nada importante. –en ese momento la imagen de Sakura apareció en su cabeza. Estaba reviviendo el momento en que casi la besaba… CASI, lastimosamente para él. Si la hubiera besado todo hubiera sido diferente, y no hubiera salido con él, como sé que lo hizo… otra vez su instinto. A esas alturas ya no sabía si era bueno o malo. Así que decidió terminar con el asunto por los momentos y seguir con el día. Recogió sus cosas y salió del salón, en dirección a su casillero.

Shaoran tenía la intención de hacer lo mismo, pero se vio obstruido por un chico alto, de rubios cabellos e intensos y profundos ojos azul cielo. En síntesis, era aparentemente agradable. Un momento… ¿en qué estaba pensando? No quería ni adivinarlo, aunque lo sabía.

El ambarino intentó pasar por su lado para seguir su ruta hacia el patio -donde se encontraba la cancha de futbol- pero nuevamente el rubio lo detuvo. No sabía por qué, pero su cara le era muy familiar, de cualquier forma él era un estudiante recién ingresado y no conocía a todos sus compañeros.

-Disculpa… ¿me dejarías pasar? –Trató de parecer amable para no tener problemas con nadie, como solía hacer en Hong Kong.- necesito ir al patio, ya estoy tarde y debo llegar a la práctica.

-¿Práctica? –preguntó él cortante, y sin dejarlo pasar.

-Sí… tengo práctica de futbol… -intentó resumir Shaoran para no alargar más su tardanza.

-Qué bien… ¿quieres jugar un partido conmigo? –ofreció cambiando el tono de voz, ahora se había vuelto más gruesa y desafiante.

-¿Juegas? –indagó el ambarino mirándolo de arriba abajo.

-Si… conozco el juego –se hizo el humilde. Era evidente que era buena persona, o eso era lo que Shaoran pensaba.

-Está bien… -aceptó sin mucho pensar- ¿qué te parece si jugamos después de la práctica?

-Mm... No puedo… pero si jugamos ahora…

-Está bien… cuando quieras estaré listo. –terminó desafiante el dueño de los ojos color azabache.

Ambos salieron del aula y se dirigieron a la cancha, donde ya estaban el profesor y el resto del equipo. Shaoran se acercó al entrenador y pidió para jugar un partido antes de la 

práctica, pero el entrenador Sasuke se negó. Luego, se acercó el chico de cabellos rubios y, sin articular palabra alguna, el profesor accedió a la propuesta cual robot. Esto extraño mucho a Shaoran, pues había sentido algo extraño en su ser. Era algo que no sentía desde hacía ya mucho tiempo. No se sentía mal, pero tampoco estaba feliz… lo encontraba un poco difícil de explicar con palabras.

Sakura, Tomoyo, Chiharu, Rika y Naoko se encontraban en el descanso, sentadas en ronda bajo uno de los cerezos más hermosos del campo. Era realmente algo muy agradable a la vista. Las chicas solían "perderse" con su mente entre sus ramas. Las cinco amigas disfrutaban de un delicioso almuerzo preparado por el chef personal del grupo: el hermano de Sakura.

Estaba hablando de las cosas sucedidas los días anteriores y, como de costumbre, Sakura no estaba presente, o por lo menos no su cabeza. De nuevo está volando… pensó Tomoyo, que conocía a su amiga, y lo más importante, tenía una mera idea de en qué ella estaba pensando. Sonrió.

Rika, que se había dado cuenta del estado en el que Sakura se encontraba, agitó su mano frente a la cara de la castaña, quien no reaccionó sino hasta después de recibir la accidental cachetada por parte de Rika. Rápidamente retiró su mano y se disculpó. Sakura sabía que no lo había hecho intencionalmente, así que sonrió perdonándola.

Luego de esa escena, las chicas siguieron conversando, siempre tratando de que Sakura ya no se perdiera tanto en sus pensamientos. Sabían que lo hacía a menudo, y eso era lo que la hacía especial. Lo que no sabían era que, a cierta distancia bajo la sombra de un árbol, estaba cierto chico de grises cabellos, que las observaba, pero a una en especial: Sakura.

Ya en la cancha de fútbol, estaban Shaoran y un chico de rubios cabellos e intensos ojos azul claro a punto de empezar un partido. Él estaba tranquilo, se veía muy confiado. Shaoran, en cambio, parecía alterado por verlo así…



-Por cierto… soy Fye –exclamó el rubio. Fye… Fye… Fye… ese nombre resonaba en la cabeza de Shaoran. Tenía la leve impresión de haberlo conocido ya en algún otro lugar… pero no sabía dónde.

-Li Shaoran… -respondió al fin- Li, para ti… -termino diciendo con una sonrisa triunfante en sus labios. Esto no pareció importarle a Fye.

Enseguida terminaron con las formalidades y empezaron con el partido.

A los pocos minutos las tribunas estaban repletas, y aún más. Alrededor de la reja que separaba la cancha del resto del campo, estaban todas las porristas –salvo el grupo de Sakura- casi colgadas del alambrado mirando el partido –o a los jugadores-.

-¡Chiharu…! –Gritó Yamazaki mientras se acercaba corriendo hacia su novia. – Vengan… el partido ya empezó… -habló el chico casi sin aire. A estas alturas el grupo no entendía nada.

-¿Partido? ¿Qué partido? –cuestionó Chiharu levantándose de su lugar.

-El equipo de futbol está jugando un partido… no sé contra quién pues aparentemente está muy interesante. –dijo señalando hacia la cancha, abarrotada de estudiantes.

Fue entonces cuando el cerebro de Sakura reaccionó: ¡Shaoran estaba en el equipo de futbol! Se levantó bruscamente, impresionando a los demás, salvo a Tomoyo quien conocía la idea que atravesó la cabeza de la castaña en ese momento.

-¡Vamos a ver Sakura! –Le tomó de la muñeca- Eriol está en el equipo, quiero ver cómo juega. –dijo tratando de disimular la reacción de la castaña. Sakura solo se limitó a sonreír. Ambas chicas salieron corriendo, dejando a Rika, Chiharu, Naoko y Yamazaki totalmente anonadados.

Cuando llegaron a la reja, se escabulleron como pudieron para llegar a la primera fila. Allí, Sakura quedó hipnotizada con lo que vio. Sí, vio a Shaoran, pero de una forma que no lo 

había visto antes. No sabía cómo explicarlo, pero se veía diferente. En cierto momento, él giró la cabeza y sus ámbares ojos se encontraron con los ojos esmeraldas de Sakura. Shaoran iba corriendo, pero, al desviar la mirada –mirando a Sakura- fue de frente contra Fye, y ambos cayeron al suelo. El partido fue interrumpido por que Sakura entró corriendo al campo de juego a atender a los caídos.

-Irá por el joven Li… Ay Sakura… siempre tan tierna… -pensó Tomoyo, pero se extraño al ver que iba a ayudar al chico rubio que yacía en el piso. Evidentemente el chico de cabellos castaños y orbes color ámbar estaba igualmente extrañado y algo dañado, pero no físicamente, sino que tenía una herida en el corazón.

-¡Fye! ¡Fye! ¡¿Te encuentras bien?! –decía desesperada la esmeralda. Fye yacía casi inconsciente, pero al ver que éste abría los ojos, Sakura se abalanzó sobre él en un abraso.

Shaoran no entendía absolutamente nada de lo que estaba viendo. Ver para creer –repitió la frase que una vez Fanren se la hubo dicho, y le reprochó porque él lo estaba viendo pero no lo creía, quizás no lo entendía… o no lo quería entender. Sí, Shaoran Li podía ser muy caprichoso y testarudo cuando quería. Podía llegar a ser excesivamente egoísta incluso, como lo estaba siendo en ese momento. Él sabía que no estaba bien querer a Sakura para él solo, cuando era él quien quería distanciarse… sí, estaba siendo muy egoísta… demasiado.

Eran las once de la mañana. Ya habían pasado dos horas desde la llamada y la misteriosa persona aún no aparecía. Yukito decidió esperar un rato más, y si dentro de 15 minutos no aparecía, se marcharía a su hogar.

No le dio tiempo ni de sentarse, pues ya había llegado. Apareció de la nada. Como por arte de magia –pensó el ojigris y luego rió. Se acercó a él hasta que quedaron frente a frente. El extraño le pasó la mano.

-Hola… Yukito… gusto en verte de nuevo. –saludó cortésmente, como NO era su costumbre.

-¡Déjate de rodeos! ¡Tú no eres así! A lo que vinimos… ¿para qué me necesitas? –dijo cortante Yukito, a modo de broma conociendo a su interlocutor, quien rió ante la respuesta del joven de grises cabellos.

-No te apures… tiempo al tiempo… en ésta semana te enterarás detalladamente lo que tienes que hacer. Por el momento no puedo decírtelo pues me vigilan –dijo señalando con los ojos hacia el árbol que se encontraba a sus espaldas.- lo que puedo decirte es que –dijo para luego susurrar- tienes que eliminar a alguien.

Esto dejó congelado a Yukito. Le habían pedido que llevara a cabo diversas misiones riesgosas, pero nunca le encargaron deshacerse de alguien.

-¿A… a quién debo… eliminar? –preguntó temeroso de la respuesta.

-Tú no… esa pregunta le corresponde a alguien más. –Yukito entendió esto y rápidamente se transformó en Yue.

-¿Ahora sí? –dijo ahora más seguro de sí mismo.

-¡Je! Está bien… no te lo diré –Yue quedó impactado- te lo haré entender por medio de claves y códigos… lo que tengo que advertirte es que hay una fecha límite… durante esta semana te llegarán las pistas para que deduzcas de quién, mejor dicho, de quiénes debes deshacerte. Tienes estas dos semanas para descifrarlo. Al fin de la segunda semana esas personas deben haber desaparecido de la faz de la tierra.

-Pero… ¿cómo? ¿Será más de una persona? –cuestionó el oji-celeste impresionado como nunca.

-Sí, exactamente son dos personas…

-Está bien… -dijo sufriendo por los pobres diablos que tuvieran que sufrir por su trabajo, si es que a ESO se le podía llamar "trabajo".

Luego de "salvar" a Fye, Sakura se dirigió hacia Shaoran, le pasó la mano pero él se negó a tomarla y se levantó como pudo. Lo que notó al estar de pié fue un inmenso dolor en su tobillo derecho. Regresó involuntariamente al suelo, dominado por el dolor. Fye, que se encontraba casi en perfecto estado por las atenciones de Sakura, se dirigió corriendo hasta donde se encontraba el ambarino y lo ayudó a pararse. Ahora, a diferencia de la vez anterior, Shaoran aceptó la ayuda del rubio. Sakura no entendía nada. ¿Se habría enojado? No lo sabía. Shaoran se estaba comportando demasiado extraño desde hacía unos días.

Flash back

Era un miércoles, Sakura se acercó a Shaoran con una sonrisa.

-Hola Shaoran… este… -se pasó la mano por la cabeza- ¿quieres ir a pasear el viernes en la tarde? –agachó la cabeza algo sonrojada aunque aún sonriente. No obtuvo respuesta alguna por parte del ambarino. En lugar de eso, él dio media vuelta y se fue. Cuando trató de alcanzarlo, él apuró el paso. Empezó a llamarlo. Cuando estuvieron cerca del casillero de Sakura, el castaño se detuvo, dio media vuelta y, sin darle ninguna explicación, le dijo seria y cortantemente que no.

Fin Flash back

Luego, entró Tomoyo al campo para sacarla a su amiga del trance en que se encontraba y la llevó hacia el lado contrario a donde fueron los chicos anteriormente.

-¡Sakura! ¡Sakura! ¡Regresa! ¡Casi te dan en la cabeza de un pelotazo! ¿Qué te sucede Sakura? –Tomoyo estuvo a punto de darle una cachetada para que reaccionara, pero como siempre, supo controlarse.

-Tomoyo… Shaoran está muy extraño estos días. –dijo al fin como si no hubiera escuchado lo que la amatista le había dicho antes. Tomoyo quedó pensativa un momento. Recordó lo que Sakura le había contado que sucedió el miércoles pasado y concordó con su amiga.



-Sakura, quédate aquí, enseguida vuelvo… -le dijo mientras la sentaba en una banca. La castaña se limitó a asentir antes de volver a perderse en sus pensamientos tratando de recordar si le había hecho algo malo a Shaoran.

Tomoyo se dirigió decididamente hacia donde estaba Eriol. Ya no estaba jugando. Se encontraba en la enfermería con el resto del equipo.

-¡Tomoyo! Qué extraño... ¿Qué haces aquí? -dijo el ojiazul después de darse vuelta al sentir que le tocaban el hombro izquierdo.- ¿Y Sakura? –preguntó luego de ver que la amatista venía sola.

-Está en los casilleros… -respondió tratando de no alargar el tema, además ella quería saber también algunas cosas…- pero… ¿qué estás haciendo tú aquí?

-Estamos esperando a que lo atiendan a Shaoran… parece que se torció el tobillo… -en ese momento, y casi instintivamente, pensó en Sakura, en cómo debería estarse sintiendo, en lo que había pasado la semana anterior, y en lo que acababa de pasar en la cancha de futbol… lo único que quería hacer en ese momento era salir corriendo donde Sakura, agarrarla de la mano, y llevarla hasta la enfermería para que pudiera estar con Shaoran.- pero no estamos seguros, ojalá no sea nada grave… -siguió Eriol, cosa que le impidió a Tomoyo hacer lo que su cabeza y su corazón le mandaban.

En ese momento salió Fye del consultorio e ingresó a la sala de espera, donde se encontraban Eriol, Tomoyo y el resto del equipo. Todos formaron una ronda alrededor del joven de rubios cabellos preguntando el estado de su queridísimo amigo Li.

-Li… bueno Li… se ha torcido el tobillo… -dijo, entristeciendo a todos los presentes. Luego, detrás de la puerta por la que Fye había ingresado minutos atrás, apareció el entrenador del equipo- así es… -dijo confirmando la noticia dada previamente por Fye- y tampoco podrá jugar en los siguientes tres meses.

Cuando el entrenador salió del consultorio, había dejado la puerta entreabierta, lo que le permitió a Shaoran oír la parte más importante para él: no jugaría en tres meses. ¡¡Todo 

por culpa de esa chiquilla!! Y pensar que me estaba enamorando de ella... ¿Qué? ¿Yo… enamorándome? Y lo peor de todo, ¡¿De ella?! No… eso es imposible… es impensable… no… no volveré a hablarle… ya he sufrido por amor ¿he dicho amor? –Sacudió su cabeza para borrar esa idea- es decir… por ella es que estoy así… ¡¡es su culpa que yo no pueda jugar en TRES MESES!! –sí, su "conciencia" podía ser muy testaruda y desagradecida cuando se lo proponía.

Tomoyo, que ya había oído la terrible noticia, salió corriendo -sin despedirse ni dar explicación alguna a Eriol- a encontrarse con Sakura, quien no se había movido ni medio centímetro del lugar donde la amatista la había dejado.

-¡Sakura…! –Gritó Tomoyo mientras se acercaba a la banca- Sa-kura… -trató de recuperar el aire perdido por la carrera y luego siguió- tengo que decirte algo muy importante: ¡Shaoran está herido!

Esto sacó a Sakura de sus cavilaciones y la hizo levantarse de su asiento bruscamente.- ¿Dónde está el ahora? –preguntó secamente.

-está en la enfermería, con el resto del equipo… -dijo Tomoyo. Sakura, ni lenta ni perezosa, no dejó a su amiga agregar una palabra más. La tomó del brazo y salió corriendo hacia la enfermería. El tiempo es oro… mientras más rápido llegue, más rápido podré atenderlo… –pensaba sin detenerse.

Al llegar a la enfermería, el lugar estaba vacío: todo el equipo, salvo el entrenador, se habían marchado.

-Kinomoto, Daidouji, ¿están aquí por Li? –preguntó el entrenador quien se levantó de su asiento al ver a las chicas llegar al lugar. Ambas jóvenes asintieron.

-¿Dónde está? ¿Se encuentra bien? ¿Podemos verlo? –preguntaba la muy preocupada Sakura tratando de ver detrás del profesor.



-Si… no te preocupes… él va a estar bien… -dijo el hombre para luego reír. ¿A qué se refiere con que "va a estar bien"? ¿Qué acaso no está bien ahora? Se preguntaba Sakura.

-Está bien pero… -dijo agachando la cabeza- ¿podemos verlo?

En ese momento salió el médico que había atendido a Shaoran y que había escuchado inevitablemente toda la conversación.- Sí, señorita Kinomoto, ya pueden pasar a ver al señor Li. –dijo y luego sonrió.

Sakura, al escuchar esto, se abalanzó al consultorio. Al ingresar en él vio una ventana bastante grande, frente a la cual había una cama. Sakura se acercó a la cama para ver a quien la ocupaba en ese momento. Sí, esa cama estaba siendo ocupada por Shaoran, por su queridísimo Shaoran.

-Sha… Shaoran tu… ¿estás bien? –tartamudeo la esmeralda, mirándolo. Shaoran giró lentamente su cabeza hasta encontrarse con sus verdes ojos, aún con la misma cara inexpresiva que lo caracterizaba. Poco a poco ésta cara se fue encolerizando.

-No –dijo muy cortantemente, más que nunca. Esto hizo que el corazón de la castaña diera un vuelco ¿Por qué la trataba así? Eso era algo que Sakura no entendía, en lo absoluto.

-¿Por qué…? –preguntó con miedo, no quería que estuviera enojado con ella, porque eso era lo que presentía.

-Porque –se sentó en la cama en donde yacía segundos atrás- no podré jugar en tres meses… -dijo resaltando las dos últimas palabras- y todo gracias a tu "amiguito".

¿"Amiguito"? ¿A quién se refería? Podría ser que fuera…

-Si, si… tu amiguito, ¿Cómo se llamaba?.. ¡Ah! Si, Fye.

Tenía que ser, justo en el clavo. De pequeña tenía mucha imaginación, pero esto le hizo adquirir una intuición increíble. Fue entonces cuando recordó que en la cancha Fye había 

tropezado con otro chico, pero no se había dado cuenta de que ese chico era precisamente su querido Shaoran.

-Shaoran yo… lo siento –susurró agachando la cabeza.

Shaoran miró al frente- No lo sientas –No es tu culpa, le hubiera encantado oír a Sakura, lamentablemente eso no era lo que Shaoran pensaba- esto, lo que sea que fuera lo nuestro… terminó. –y como pudo se levantó y se fue caminando a tomar agua. Sakura, que estaba completamente confusa por lo dicho por Shaoran, quedó inmóvil, mirándolo. El ambarino giró su cabeza al ver que no obtenía reacción alguna por parte de la castaña.

-Y si no te molesta, me gustaría estar solo… -dijo, aún cortante, dirigiéndose a su cama.

Sakura no emitió palabra alguna, dio media vuelta y salió lentamente de la habitación, con la esperanza de que él se arrepintiera de lo que le había dicho y le pidiera perdón. ¡Ja! Shaoran Li pidiendo perdón, si como no. A veces la chica era muy imaginativa, o bien en ese momento tenía el auto estima muy alto.

Faltaban siete minutos para las tres de la tarde, lo que significaba el poco tiempo restante para el final del día. Por fin iría a casa, se relajaría y olvidaría todo lo que cierto ambarino le había dicho. Sacudió su cabeza para borrar esos pensamientos. Giró su cabeza hacia el reloj de la torre de la preparatoria. Cinco minutos para las tres. Suspiró. No quería seguir en aquel lugar. Quería desaparecer, esfumarse o simplemente salir corriendo sin límite. Volvió a mirar el reloj. Tres para las tres. Al parecer perderse en sus cavilaciones en esos momentos era algo bueno pues hacía un poco más amena la espera… solo un poco. Ahora no apartaba la vista del artefacto. Sí, estaba muy ansiosa, sobre todo cuando sabía que ciertos ojos ámbares la miraban y no ciertamente con amor ni nada parecido.

¡Al fin!, pensó al notar que faltaba un escaso y corto minuto. Sakura seguía con sus verdes ojos las manecillas del reloj, que marcaban que cada vez faltaba menos.

Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, más precisamente en el parque pingüino, un joven alto y de cabellos grises al igual que sus ojos esperaba sentado en una banca del lugar.

Todo el instituto se encontraba en silencio cuando, de repente, un barullo ensordecedor marcó el final del día en aquel edificio.

Eran las once en punto. Sakura, Tomoyo, Rika, Chiharu y Naoko estaban saliendo del edificio. Shaoran seguía en la enfermería, acompañado de su mejor amigo –y según él, el único-, Eriol. Fye caminaba unos metros atrás del grupo de Sakura, cuando, por seguir un presentimiento empieza a acercarse al grupo.

-¿Quieren ir a tomar un helado? –propone Rika, a lo que todas acceden rápidamente y sin objetar nada.

Cuando doblan la esquina dirigiéndose a la heladería, Sakura sufre un desmayo. Inmediatamente Fye, que se encontraba detrás de la castaña, corre en su auxilio, al igual que el resto de las amigas de la esmeralda.

Sakura yacía en el piso. Las chicas no sabían lo que le había sucedido a su amiga, pero Fye sí lo sabía, por eso les pidió a las demás presentes que lo dejaran solo con Sakura y que no se preocuparan más.

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Por su parte, Shaoran se encontraba parado en frente del ventanal de la enfermería, con un vaso de agua en la mano. Eriol se encontraba en la entrada de la habitación, detrás de su amigo. De repente, Shaoran cae al suelo. Eriol, como buen amigo se asusta mucho, pero como buen poseedor de la magia heredad por 

Clow, se dio cuenta en seguida de lo que sucedía. Así que muy hábilmente levantó a Shaoran como pudo, convenció a la enfermera que los dejara salir y lo llevó a la entrada del edificio. Allí se encontró con que Sakura se había desmayado igualmente, aunque ya lo había presentido, y que Fye la estaba cuidando.

-Ayúdame a llevarla al parque pingüino. –pidió Eriol, muy seguro de sí mismo.

-Pero… ¿por qué al parque? –Cuestionó el rubio- ¿no sería mejor llevarlos a sus casas? –volvió a preguntar, recibiendo una mirada dudosa por parte del chico de cabello oscuro.

-Pues… no lo sé… es solo un presentimiento… -y dicho esto se dispusieron a llevarlos al parque, Eriol cargaría a Shaoran y Fye a Sakura.

-Aquí estoy. ¿Para qué me necesitas? –preguntaba Yukito muy seriamente.

-Creo que ambos conocemos la respuesta… Yue –decía la voz del misterioso acompañante del oji-gris. Luego ambos comenzaron a reír.

-Bien, es cierto, pero necesito detalles… como pretendes que—

-¡¡Yue!! –fue interrumpido por un grito.

-¡¡Yue!! –Yukito giró su cabeza repetidas veces para dar con la persona que estaba gritando su nombre… hasta que al fin divisó a dos individuos conocidos que se acercaban a él.

-Yue… Yue… ¿qué está pasando? –alcanzó a decir Eriol antes de que Yukito se transformara en Yue.



-Mm... –Meditó- pues…

-¡Anda Yue! ¡Dinos qué está sucediendo! ¡Dinos por qué Sakura y este chico se han desmayado! –exclamó Fye, exaltado como nunca y muy preocupado por el estado de su querida Sakura… ¿Qué? No, solo Sakura.

Eriol y Yue en seguida notaron la inusual preocupación del rubio, pero por respeto y propia preocupación hacia la chica, no dijeron nada.

-Bien… -comenzó Yue- lo que sucede es que… -hizo una pausa- se ha creado una nueva carta.

Entonces lo comprendieron todo. Los únicos seres mágicos en Tomoeda eran Sakura –por ser la única CardCaptor después de Clow-, Shaoran –por poseer magia procedente de la dinastía Li-, Fye, Eriol –descendiente de Clow-, Yukito –Yue-, Kaho Mizuki, Kerberos y Rubimoon, que hasta entonces desconocían el paradero de los tres últimos.

Yue, convertido nuevamente en Yukito, ayudo a Fye y Eriol a llevar a los inconscientes a sus respectivos hogares. Primero se dirigieron a la morada del ambarino, donde Meiling armo un gran escándalo al ver que su primo preferido –el único que tenia- estaba desmayado. Luego de que Eriol, Fye y Yukito le explicaron todo, Meiling comprendió y siguió haciendo sus cosas.

Seguidamente se dirigieron al departamento de Sakura, al que entraron con tranquilidad pues sabían que el único que se encontraría en el lugar seria Touya y él ya sabía todo respecto de su hermana, aunque ella lo ignorara. Cuando el hermano Kinomoto les abrió la puerta, y luego de sobresaltarse al ver que su querida hermana se encontraba inconsciente, los invitó a todos a pasar a la sala.



-Bien Yue… -hizo una pausa para acomodar a Sakura en uno de los sillones- ya estamos seguros… ahora, ¿podrías explicarnos lo de la nueva carta? –preguntó un Fye un poco más calmado, al tiempo que Touya entraba en la habitación con unas tazas de café. Para estas alturas, Yukito había vuelto a ser Yue.

-¿Nueva carta? ¿Qué acaso Sakura no había recolectado todas? –decía Touya mirando a su pequeña hermana.

-Si… en efecto lo hizo… ésta es una nueva carta… creada por un poder diferente al de Clow o Sakura… -meditaba Yue en voz alta. Todos asintieron comprendiendo en silencio la situación. Mientras cada uno se encontraba en una nube diferente, Touya, que se encontraba al lado de Sakura, notó que ella había abierto los ojos, pero no reaccionó.

-¡Sakura! Sakura… ¿estás bien? ¿Cómo te sientes? –Fye fue el primero en reaccionar ante el despertar de la esmeralda, quien con dificultad trataba de levantarse con la ayuda del oji-azul. En seguida todos los presentes la rodearon con preguntas acerca de cómo se sentía.

-¿qué… qué sucedió? –alcanzó a preguntar la castaña, una vez estuvo sentada.

-Pues veras… -empezó Fye- yo iba con ustedes hacia la heladería cuando de repente te desmayaste –explicaba el rubio, y de paso Touya también se informaba- luego te llevé al parque pingüino, donde estaban Yue, Eriol y el chico castaño, también desmayado…

Chico castaño… chico castaño…- pensaba Sakura. Ella no recordaba a ningún chico de cabellos castaños. Sin embargo, sí recordaba a Touya, a Yue, Yukito, Eriol y Fye. Al fin, dejo de esforzarse y preguntó:

-¿Chico castaño?

-Si, ¿no lo recuerdas? –cuestionaba Fye, sin entender nada. Eriol, al retomar el hilo de la conversación luego de haberse perdido en sus pensamientos, se dio cuenta que el chico castaño del que hablaban era cierto amigo suyo…

-¿Shaoran? –dijo Eriol arriesgando su hipótesis.

-Sí –afirmó firmemente Yue, quien sí lo conocía.

-Shaoran… Shaoran… Shaoran… -repetía Sakura susurrando- lo siento… no lo recuerdo. En ese instante todos se miraron, inclusive Touya que hasta el momento quedaba excluido de la conversación. Pensaron que era una broma por parte de la esmeralda, pero su mirada era tan sincera que no era posible que fuera mentira.

En ese momento, en otro lugar de la ciudad, un ambarino, ya consciente pero sin saber cómo había llegado ahí, se retorcía entre las sábanas de su cama.

Continuará…