Hey!! Reportándome con el penúltimo capítulo T.T Parece increíble haber llegado hasta acá. Gracias por sus comentarios y todas esas cosas!! xDDDD

Sólo una cosa más... R-E-V-I-E-W-S!! XD

Besotes!


Capítulo 8: Suplícame

El Gran Comedor estaba decorado de una manera hermosa. Definitivamente debía de ser algo especial, tal como Ron les había dicho. Siguieron caminando y se toparon con muchísimos estudiantes y sus respectivos padres. Ni Harry ni Hermione podían reconocer con exactitud a alguno de sus compañeros. A lo mucho daban aproximaciones, a lo que el pelirrojo contestaba lanzándoles una mirada horrorizada y corrigiéndoles.

- No, ese es Neville, Harry, cenamos la semana pasada con él, ¿te falla la memoria? - le puso una mano en la frente como comprobando que no tenía fiebre.

- Ron, no molestes a Harry... él sólo está cansado - interrumpió Hermione quitando la mano del muchacho de la frente del moreno. El ojiverde miró a la castaña por unos momentos, deseando encontrar en su mirada una pizca de amor, de ternura, pero cayó de nuevo en la confusión de no saber qué estaba pensando ella.

- Bueno, entonces... voy a llamar a Lucy y a Sirius, deben estar ansiosos...

- Ehm... ¿Ron? - Llamó el peliazabache - ¿dijiste que los dos estaban en segundo año? ¿Cómo es eso posible? ¿Son como Fred y George acaso?

- Hermano, los chistes no van contigo, voy a llamar a tus hijos, los MELLIZOS - remarcó esa palabra, como para despejar cualquier duda. Así que tenía mellizos. Listo. Ahora moriría. ¿Cómo tuvo mellizos? Era difícil para él imaginarse siendo padre. Pero en cuanto recordaba quién era en parte la responsable de eso, su corazón se relajaba. Después de todo, las cosas habían salido bien, se había quedado con Hermione, eso era lo importante. La miró por unos momentos y la vio sonrojarse y desviar la mirada. ¿Por qué simplemente no podía decirle que lo quería también? ¿Por qué no podían olvidar las cosas pasadas?

La ojiambar sintió los ojos de Harry posados en ella por un largo momento y no se resistió a mirar esos orbes esmeraldas que la volvían loca. Era una pasión que llevaba impresa en la piel desde hacía ya mucho tiempo, pero no quería reconocerlo, no quería decírselo, no quería arriesgarse. Porque cada vez que pensaba en Harry y en ella juntos por siquiera un instante, no podía evitar pensar en todo lo que se venía, no podía evitar cavilar acerca de las batallas y las consecuencias de estas. No podía evitar llegar a la conclusión de que separados estaban mejor.

La confusión rondaba en la mente de ambos. Los dos anhelaban la misma cosa en el fondo, sólo que uno de ellos no estaba seguro de entregarse a ella por completo.

No hubo tiempo para más cavilaciones. En cuanto Ron regresó ambos posaron su mirada en los dos niños que tenía a cada lado. El niño tenía cabello castaño -a Harry le recordó a Andrew- y unos ojos verdes muy hermosos. La niña por su parte, poseía el cabello color negro azabache, exactamente igual al de Harry y unos ojos color ámbar que eran tan increíbles que el moreno palideció al mirarlos. Por un momento pensó que estaba viendo a Hermione. A pesar de esta sutil diferencia, era imposible no notar el gran parecido que guardaban los dos hermanos. Ambos tenían unos hoyuelos en las mejillas que eran simplemente adorables. El ojiverde no pudo evitar fijarse en los detalles que los asemejaban, como memorizándolos. Poseían un lunar debajo de la barbilla, donde empezaba el cuello, ambos exactamente en el mismo lugar. No podía negarlo, esos niños eran hermosos. Y eran sus hijos.

La muchacha no sabía qué pensar. ¿Cómo reaccionar ante tanta belleza? Esos niños le recordaron a dos ángeles; los miraban sonrientes. Sin duda alguna, las sonrisas más bellas que vio en su vida. Entonces ¿todo era verdad? ¿Realmente había terminado triunfando su amor por Harry? No cabía la alegría dentro de sí misma. Levantó una mano, como queriendo tocar a los niños y sonriéndoles.

- Lucy... Sirius... - comenzó todavía un poco atontada - se ven... más hermosos que nunca - pronunció estas palabras sabiendo que para ellos, eran sus padres comunes. No viaje en el tiempo, no más jóvenes, no nada. Simplemente sus padres.

- Por fin comienza a haber un poco de cordura aquí - siseó el pelirrojo en tono cansino - voy a buscar a Pansy y a Emily, deben estar ansiosas - se dio la vuelta y salió en busca de su familia.

- Sí, anda... - reaccionó Harry cuando no había ya nadie - ehm... ¿no merecemos un abrazo? - estaba realmente emocionado con la noticia de que tenía hijos. Él tenía hijos. Siempre había pensado que no podía existir un final feliz para él, que estaba destinado a morir solo. Esa había sido la razón por la que había discutido con Hermione al principio de todo ese viaje. Luego se había dado cuenta de sus sentimientos por ella y pensó que quizás no estaría solo después de todo. Pero le había dicho que no, que no lo quería. Y ahora estaban sus hijos. Eso significaba que Hermione sí lo amaba o lo amaría. ¡Y que tendrían hijos! ¡Que muestra de amor más perfecta podía haber! Los mellizos se miraron antes de contestar.

- Primero, explíquennos por qué están así - comenzó Sirius mirando a su hermana de reojo.

- Cariño... somos nosotros, no hay de qué preocuparse... - Hermione se acercó a ellos y se arrodilló a sus pies - hay una poción que nos permite tomar la forma de otra persona, llamada...

- Poción multijugos, mami, ni que fuéramos tontos - intervino Lucy riendo. Se reía igual que Hermione - aunque no sé que tiene que ver con esto... porque ustedes se ven como eran hace... - se quedó pensando, como si estuviera sacando unas cuentas - como eran hace dieciséis años.

- ¡¿Dieciséis años?! - soltó la "madre".

- Claro, mami... te casaste con papá a los diecinueve y dos años después nos tuviste a nosotros... y nosotros tenemos doce años... - continuó Sirius, ahora más para sí mismo que para sus padres...

- Bueno, eso no importa ahora - Harry también se acercó a los pequeños y los abrazó - ¡Que bueno verlos! - se sentía raro estar abrazando a unos niños que podían ser como cualquier alumno de segundo año... y pensar que hace tres días ellos estaban burlándose de alguno. Los niños le correspondieron el abrazo por un momento y luego Lucy se separó de Harry para ir y jalar a Hermione del brazo, llevándola junto a ellos. Por un instante los cuatro se abrazaron, los niños felices, Harry maravillado con la perspectiva de su familia futura y Hermione... confundida.

Mientras se encontraban en ese abrazo, la ojiambar recordaba el día tan agotador que habían tenido. Primero se habían despertado temprano para la clase de Ojoloco, luego toda esa pesadilla había comenzado, fueron mandados al pasado, estuvieron en las afueras del Castillo, luego en la Sala Común de Gryffindor con Rowsselyn, en la biblioteca, sus pensamientos se perdieron al pensar en aquel beso que Harry le había dado y que la había dejado pidiendo más. No podía desviarse. Regresó a los acontecimientos. Entonces, la biblioteca, los habían regresado a su tiempo y luego Ron los había mandado al futuro. Estaba exhausta. ¿Qué hora era? ¿Y tenían que asistir a un baile? Suspiró, cansadísima. Entonces Sirius la miró con unos ojos soñadores... sí, eran del mismo color que los suyos, pero tenían esa brillantez que poseían los ojos de Harry, únicos y hermosos. La miró y le sonrió. Hermione le devolvió la sonrisa, parecía como si su cansancio se hubiera esfumado. Si tenía que bailar con ese niño hasta el amanecer, lo haría.

- Muchas gracias a todos por venir - comenzó la voz del que debía ser el director. Harry y Hermione se miraron, no estaban vestidos para un baile... ni siquiera tenían una varita para conjurar algún vestido. Voltearon a mirar al director y sonrieron al comprobar que seguía siendo una directora. McGonagall. Lucía un poco más longeva, eso no se podía negar, pero seguía conservando la gracia que la caracterizaba - como todos saben, este baile se realiza en conmemoración al "Día de los padres de Hogwarts", y este año le toca a segundo lucirse con sus padres.

Muchas gracias a todos por su colaboración. El baile va a dar inicio con una pareja muy especial y que colaboró muchísimo con la realización de este proyecto. La familia Potter. Harry Potter y Hermione Granger en compañía de sus hijos Sirius James Potter Granger y Lucy Jane Potter Granger... se les solicita en la pista de baile.

Sirius y Lucy miraron a sus padres esperanzados. Hermione no respondió, se limitó a señalar su atuendo y el de Harry.

- No te preocupes mamá, he estado practicando un hechizo para cambiar la vestimenta, sólo se conserva la tela, las formas y los colores cambian como desees y tengo una idea de cómo quiero que luzcas, el profesor de Encantamientos me ayudó a lograr que se extendiera hasta los zapatos y el maquillaje... - seguidamente murmuró un hechizo que la castaña ni siquiera escuchó, estaba demasiado emocionada con el hecho de que su hija fuera un genio.

- Lucy, olvidaste el peinado, encárgate de papá mientras le doy los últimos retoques a mamá - interrumpió Sirius, ambos cambiaron de lugar y comenzaron a murmurar más encantamientos. El resultado: Harry y Hermione estaban vestidos de gala, con los accesorios necesarios y con una cara que denotaba asombro. Sus hijos eran maravillosos.

- Parece que pasan demasiado tiempo contigo... - dijo el moreno cuando se encaminaron hacia el centro del Gran Comedor. Ya no desentonaban, los cuatro vestían ropas hermosas. Toda la audiencia estalló en murmullos. Probablemente se debían preguntar: "¿Qué hacen luciendo de esa manera?" porque ellos lucían como dos chicos de diecisiete años. McGonagall los miró sorprendida y luego sonrió. Le gustaba recordar a Hermione y a Harry así. En el fondo, la hacía sentirse más joven.

- Bueno, parece que la familia Potter decidió empezar con un cambio - anunció la bruja - comencemos entonces... - y la música comenzó a sonar. Harry estiró su brazo, invitando a bailar a Hermione, mientras Sirius hacía lo mismo con su hermana, pero con mucha más gracia. Parecía que lo habían practicado. Lucy tomó la mano de su hermano y juntos comenzaron a desplazarse por el Comedor, con movimientos suaves y tiernos. Hermione no respondió, se quedó mirando a sus hijos.

- Herms... tenemos que bailar - la muchacha lo miró por un momento y luego ladeó la cabeza, dándose cuenta de que todos los miraban absortos.

- Sí, sí... - tomó su mano, desplegándola con delicadeza, Harry acercó su cuerpo al de ella, compartieron el calor corporal por un momento. Giró su cabeza para mirar la dulce danza de Sirius y Lucy, ambos estaban nerviosos, pero eso no afectaba su baile. Entonces McGonagall pronunció algo que ninguno de los dos escuchó con certeza y las otras parejas se unieron al número.

- Tenemos unos hijos increíbles - la castaña le sonrió inconcientemente y eso derritió al moreno, entonces ella pareció darse cuenta de lo que había hecho y esquivó su mirada. Basta. No podía más. ¿Por qué ella seguía haciéndole eso? Decidió intentar por última vez. - Hermione, te amo ¿está bien? ¿está claro eso? Te amo más que a mi vida, pero no puedes seguir haciéndome esto... ¿Me amas? - ella no supo que responder, titubeó, carraspeó, hizo todos los sonidos posibles, ¿qué decirle? ¿Cómo decírselo? ¿Y si su amor no triunfaba? ¿Y si todo eso no era más que un futuro alternativo? - Bueno, si esa es tu respuesta... - el ojiverde la miró y ella no dijo nada; entonces, el ritmo de la música cambió de pronto y todos dieron un paso al costado, en busca de otra pareja. Ron se acercó a ella y le tomó la mano. El moreno simplemente se apartó y comenzó a caminar hacia la puerta.

- Esto está saliendo bien ¿verdad, Herms?

- Yo... - no podía concentrarse. ¡Por Merlín! ¡Harry se estaba yendo! Miró al pelirrojo que la veía extrañado, vio a sus hijos que bailaban felices, miró cómo sus pies se movían al compás de la música, pero entonces se dio cuenta de que sin Harry ahí con ella, todo perdía su brillo. ¿Qué hacer? El ritmo de la música volvió a cambiar y ella tenía que tomar una decisión.

Qué les pareció? Espero les guste!

Dios los guarde!

La Jooovi