Handsome & The Beast

Por Inugami

Ed x Al

Notas previas: Los personajes de Full Metal Alchemist pertenecen a sus autores y a los que han comprado la licencia y esto que escribo es sólo por ocio, no gano nada de dinero a pesar de lo mucho que lo necesito. Y "Beauty & The Beast", mejor conocido como La Bella y la Bestia, tampoco me pertenece, es de sus autores originales y de los que han comprado la licencia.

Segundo capítulo. El anterior prácticamente no fue shounen ai, pero quizás en éste haya algo.

Gracias por los reviews a Akio Uchiha Uzumaki y a Nina02 , este capítulo va dedicado a ustedes n.n

Capítulo 2: El cautivo.

Después de comer algo, Winry decidió volver al sillón que estaba al lado de la chimenea y seguir esperando a que apareciera alguien, pero se quedó dormida.

Al día siguiente, la joven notó que estaba cubierta por una frazada, y que en la mesita al lado de ella había una taza de chocolate caliente. Lo bebió, y luego se puso de pie, doblando cuidadosamente la frazada para ponerla sobre el sillón que la había acogido. Luego se dirigió al salón de la entrada, deteniéndose ante una escalera que daba al segundo piso.

- Gracias por su hospitalidad! – gritó, con la esperanza de que el dueño del castillo le escuchara – Lamento no poder agradecerle personalmente, pero debo ir por ayuda de vuelta a East City para pedir ayuda! – dicho esto, Winry se dirigió hacia la entrada y salió del castillo.

Una vez afuera, y gracias a que la nieve había comenzado a derretirse gracias al sol, logró ver el magnífico jardín que rodeaba el castillo. Y en él, las rosas y lirios más bellos que jamás había visto.

- Que rosas más bellas… No creo que el dueño se moleste si llevo una conmigo…

Ese fue el peor error que pudiese haber cometido. En ese preciso instante se escuchó un rugido ensordecedor y vio venir hacia ell a una bestia tan horrible, que casi se desmaya de la impresión.

- Has sido muy ingrata – le dijo la Bestia a Winry con una voz horrible – te salvé la vida recibiéndote en mi palacio y tú vas y me robas una de mis preciadas rosas. Por lo tanto, como castigo deberás quedarte aquí para siempre.

Winry le miró aterrada, pero no le quedó más opción que seguir a la Bestia hasta el interior del castillo.

Mientras tanto, Alphonse había salido a buscar a Winry una vez que se enterase de lo ocurrido y que la joven no había vuelto a East City. Es así como cerca del mediodía llega al claro donde se encuentra el castillo. Algo le parecía familiar en ese sitio, pero lo que le hizo decidirse a entrar fue la esperanza de encontrar a su amiga.

Cuando no encontró a nadie en la entrada, siguió avanzando, para luego entrar al castillo propiamente tal. Una vez adentro la sensación de haber estado anteriormente ahí aumentó, pero Alphonse estaba tan preocupado por Winry que sólo se preocupó de buscarla. Es así como después de mucho recorrer llega hasta una de las habitaciones, en donde encuentra a la chica llorando desconsoladamente.

- Winry, Winry, soy yo… – Dijo Alphonse, tocando suavemente el hombro de la chica.

- Al! Debes huir de inmediato! Hay una bestia horrible en este castillo, y me ha dejado prisionera…

Winry comienza a relatarle lo sucedido a Al. Éste la escucha atentamente, mientras piensa en un plan para salir de ahí.

- No te preocupes Winry – Dijo el joven una vez la muchacha había terminado con su relato – saldremos de este lugar y regresaremos sanos y salvos a casa, sin lastimar a nadie.

Pero cuando Al se disponía a llevar a Winry consigo, la Bestia abre la puerta de la habitación de Winry. La Bestia sólo logró ver la espalda de Al.

- ¡¿QUIÉN ERES Y QUÉ HACES EN ESTE SITIO?! – Rugió la Bestia, asustando a Winry. Alphonse se atemorizó un poco, pero volteó, mirando fijamente a la Bestia, que de alguna forma no le provocaba temor; más bien, sentía que había alguna razón para la que él tuviese ese aspecto, y de alguna forma sentía algo de afecto hacia ese horrible ser, pero no lograba comprender el porqué.

La Bestia reconoció a Alphonse, y aunque estaba desconcertado por encontrar con vida a Al, intentó seguir con su papel de malvado.

- Tomaré el lugar de esta muchacha – dijo Alphonse, desafiante – Y dejarás que ella regrese a casa sana y salva…

- Al, no! – Exclamó Winry, aterrada.

- Estás dispuesto a sacrificar tu propia libertad sólo por salvar a esta joven? ¿Es acaso alguien importante para ti? – Dijo la Bestia, con algo de dolor en sus palabras.

- Lo es – Afirmó el muchacho, sin despegar sus ojos gris verdoso de los ojos dorados de la Bestia – Ella y su abuela me acogieron cuando yo estuve en dificultades, y si puedo hacer algo por ella, será mi forma de agradecer lo que por mí han hecho.

- Está bien, acepto el trato. Pero tú deberás quedarte para siempre en este lugar, sin posibilidad de regresar a East City. Y ella deberá irse de este lugar y no revelar su ubicación a nadie, ni decir lo que acá ha pasado. Ese será el trato y la chica quedará libre.

- Al… – Winry mira tristemente a su amigo.

- Aceptamos tus condiciones, ¿verdad Winry? – Contestó Alphonse, sonriendo tranquilamente. Ella simplemente asintió con la cabeza – es un intercambio equivalente…

Es así como después de esto la muchacha se despidió con mucho dolor de su amigo, prometiéndole no olvidarle jamás. Alphonse se quedó mirando cómo su amiga se alejaba de vuelta a East City, perdiéndose en medio del bosque para no regresar jamás.

Entró de vuelta al castillo, en donde en el salón principal le esperaba la Bestia.

- Te mostraré tu habitación – dijo éste, ante la sorpresa de Alphonse.

- De acuerdo…

Ambos subieron las escaleras, en silencio. Claramente Alphonse estaba afectado por la situación que se le presentaba, y por dejar atrás a sus amigos, pero sabía que no tenía opción. Además, algo en su corazón le decía que no todo sería tan malo como parecía.

- Eres dueño de hacer cuanto te plazca, excepto irte; y de estar en cualquier sitio del castillo, excepto en el ala este…

- ¿Qué hay en el ala este? – Preguntó Alphonse.

- ESTÁ PROHIBIDO IR AHÍ – contestó la Bestia, furioso.

La Bestia continuó su camino, y Alphonse le siguió de mala gana. Se detienen ante una de las habitaciones, y al entrar, Alphonse puede ver un armario, una cama muy elegante, un escritorio y un espejo.

- Si necesitas algo, sólo tienes que pedirlo – dice la Bestia, más amable.

- Gracias…

La Bestia simplemente se retiró, cerrando la puerta tras de si. Alphonse se sentó en la cama, pensativo, mientras miraba a través de la ventana que daba al jardín.

Sabía que había perdido su libertad y que jamás la recuperaría. Y lo peor, es que estaría condenado a vivir junto a ese ser tan poco amable y horroroso. Y finalmente, sabía que iba a extrañar a todas las personas buenas que había conocido en East City, en especial a Winry y a tía Pinako.

Pero sin embargo, comprendía que era su corazón el que, por alguna extraña razón, le había llevado hasta ahí. Y si bien estaba triste, no podía llorar. Las lágrimas no salían de sus ojos. Y en medio de su tristeza, el joven cayó dormido.

La Bestia se había quedado afuera de la habitación. Quería saber qué haría Alphonse, y cuando no escuchó ningún ruido dentro de la habitación, se preguntó qué ocurría. Así es que con cuidado entró y encontró a Alphonse durmiendo tranquilamente en la cama, con una expresión triste en su rostro. Parecía que estaba soñando, y en sus sueños, pronunció un nombre muy familiar.

- Ed… ward…

La Bestia lo miró enternecido, y por primera vez desde que había sido hechizado una lágrima se asomó por uno de sus ojos. Observó el rostro de Al. Aún tenía esos rasgos dulces que le caracterizaban cuando pequeño, pero ahora su rostro era menos redondeado e infantil; ya era todo un adolescente. Aún llevaba su cabello castaño corto, como cuando era pequeño. Y sus ojos… Su mirada había ganado en fuerza y valor. Recordó la forma en que le miraba mientras hacían el trato por dejar ir a la chica.

La Bestia le cubrió con una manta para que no pasara frío y se retiró de la habitación de Al, con destino a la suya propia en el ala este. Ahí, miró la rosa encantada. Aún quedaban muchos pétalos, sin embargo, sabía que el tiempo pasa muy rápido.

Al lado de la rosa, había una fotografía enmarcada de él y su hermano cuando tenían quince y catorce años respectivamente, justo antes de aquél hechizo que lo transformara en una bestia.

- No me recuerdas… Pero yo te he recordado todo este tiempo. Y lo más doloroso es saber que nadie podrá romper este hechizo, más que tu. Sin embargo, no sé si estarás dispuesto a ello… Ni siquiera, si me perdonarás algún día.

La Bestia se apoyó en uno de los muros de su habitación, golpeando con su puño el concreto hasta lastimarse. Entonces cayó sobre sus rodillas, mientras comprendía que a pesar de la esperanza, ya no había forma de recuperar su apariencia.

Después del mediodía Alphonse decidió bajar a comer, y cuál no sería su sorpresa al encontrar la mesa servida. Aceptó la silenciosa invitación que se le ofrecía, y se sentó a comer; en ese entonces escuchó el ruido que hacía la Bestia al acercarse.

- Alphonse – le dijo el monstruo – te importaría si te acompaño mientras comes?

- Eres el dueño – repuso Alphonse, tranquilo.

- No – contestó la Bestia – aquí no hay más dueño que tú, no tienes más que decirme que me vaya si mi presencia te molesta y me iré de inmediato…

- No, en realida no me molesta – contestó Alphonse, algo serio.

La Bestia miró hacia otro lado, pensando, pero luego siguió.

- Dime… ¿Piensas que soy feo?

Alphonse le miró amablemente.

- No sé mentir, así es que te diré la verdad: sí, pienso que eres feo – dijo, con toda naturalidad – pero en cambio, me doy cuenta de que eres bondadoso.

- Tienes razón – Respondió la Bestia – soy feo y además carezco de ingenio; sí que soy una verdadera bestia.

- Nadie es una bestia – respondió Alphonse – cuando cree no ser ingenioso. Un tonto nunca lo hubiese pensado.

- Te prometo que no te aburrirás. Todo cuanto hay aquí te pertenece, y yo me sentiría muy triste si no estuvieras contento…

- Agradezco tus atenciones, y pensar en ello hace que no te vea como un ser tan feo.

- Me halaga que pienses que soy bondadoso, pero sigo siendo un monstruo – replicó la Bestia.

- La verdad es que hay seres más monstruosos que tú. Te aprecio mejor con tu aspecto monstruoso que a los que teniendo figura humana esconden un corazón falso, orgulloso y poco amable.

- Si fuera ingenioso, te respondería con grandes cumplidos, pero como no sé expresarme sólo puedo decirte que te lo agradezco.

- Ya te lo he dicho, no puedo mentir. Nada hay que agradecer puesto es lo que mis ojos ven.

- Dime… ¿Puedo llamarte Aru? – Era así como la Bestia llamaba a su hermano menor cuando eran niños.

- Claro… Y yo… ¿Puedo conocer tu nombre?

- Por ahora no – Replicó la Bestia, temeroso de que Aru recordase todo lo ocurrido hace tres años – pero te prometo que algún día lo sabrás.

Aún así, una pequeña esperanza comenzó a nacer en el corazón de la Bestia. Y uno de los pétalos que había caído, mágicamente volvió a estar en la rosa, la cual brilló intensamente.

Notas finales: Pude insinuar shounen-ai en este capítulo usando un diálogo de la versión original, pero aún no me deja conforme. Como siempre, no hay capítulo sin reviews (qué mala), pero trataré de no demorarme aunque la verdad es que voy a tener mucho trabajo en la universidad y me va a costar actualizar los fanfics, pero prometo que lo haré lo más seguido posible… Si hay reviews xD (Desde lejos se oyen comentarios "chantajista!! Malvada!! Sinvergüenza!!".

Espero les haya gustado, y que les vaya bien a todos.