Disclaimer: Nada es mío.

AVISO: Este fic es un conjunto de viñetas para 30vicios, y no tienen ninguna relación entre sí. En caso de que halla alguna excepción, no duden que les avisaré D


"Claustrofobia"

2. Culpa

Nunca se cansaría de fulminarla con la mirada. Nunca desistiría, por nada del mundo, a aquella loca pero apetecible idea de que, con una simple pero fría mirada, aquella voluptuosa chica que parecía ser su prima desapareciera de la faz de la Tierra.

- La odio, - musitó en voz baja, en un susurro casi inaudible. - Es una perra. - Sus ojos grises no podían expresar más aberración.

James, acostado sobre la hierba, se removió incómodo ante las frases de su amigo. Sentía a su lado a cierto licántropo observándolo de reojo, con una mezcla de disimulo e inquietud.

Sabía lo que su amigo quería decirle, lo sabía perfectamente. No necesitaba que aquella sabia mirada dorada le diera de un sopetón, mil y un razones para convencer a sus rebeldes hormonas de desistir de su alocada causa. No necesitaba escuchar, una vez más, que estaba equivocado.

Su mejor amigo la odiaba, junto con todo Gryffindor. Odiaban su manera de caminar, su manera de hablar, su manera de reír. James se preguntó a sí mismo, por enésima vez, si los Gryffindor también odiarían el prominente e hipnótico cotoneo de sus caderas, o el cadencioso movimiento de sus pechos, que subían y bajaban de una manera exquisita al momento de caminar.

Se preguntó si odiarían sus rosados y carnoso labios, siempre incitándole a más.

Frunció el ceño, al igual que Sirius. No era su culpa. Él no era culpable de descubrir de pronto, sin preámbulos ni indicios anteriores, de que Bellatrix Black hacía el amor como los dioses. A su pobre y dependiente cuerpo sólo le quedaba una mísera y solitaria opción: aceptar. Aceptar sus repentinas apariciones por detrás de él, aceptar sus ya típicos encuentros en la Torre de Astronomía, aceptar las incómodas pero agradables caricias clandestinas que le propinaba la chica, con diversión.

Él no había pedido eso; él no tenía la culpa.

Satisfecho por su reflexión, James se acostó sobre el pasto boca arriba, con los ojos fijos en el cielo. Más tranquilo, trató de imaginarse como lo sorprendería Bellatrix aquella noche, mientras se oía, lejanamente, a un Sirius despotricando contra la sucia, vil, cruel y exquisita Bellatrix. El joven Black no podría ni imaginarse, que horas después su mejor amigo estaría gozando plenamente con su archienemiga.

"Bah", pensó James, sin inquietarse. Total, no era su culpa.