Regresé mis queridas y estimados!! Me salió bien porfiadito este capítulo, hasta dolores de cabeza me dio... No me deja muy convencida, porque siento que se sale un poco de la historia, de la trama..., pero puede que sean ideas mías, ya me dirán ustedes...

Quedó un poco más largo, espero que lo lean completo y no se aburran antes... '''

No quiero adelantar nada así que las explicaciones de la historia las daré al final.

Agradecimientos especiales a: rasaaabe, aLexia (), Ak1sA, bolis86, NessylovesRoger (que no sé porqué me escribió anónima), Dean of Medicine y Stefi Delacour (te gusta Harry Potter, de casualidad??), me reí mucho con sus reviews, sus comentarios y todo lo que tenían que decir del fic... me han levantado el ego -pose dramática, de la manito en la frente-... xD.. ja... nunca tan House...;D

Estoy segura de que me olvidé de dar alguna explicación, pero lo dejaremos para el próximo...


Capítulo 2

ADIOSES CAMUFLADOS

Gregory House estaba tirado en su cama con un insoportable insomnio del que estaba seguro que no tenía nada que ver con su eminente salida del país por una causa por la que él no estaba de acuerdo.

¿Qué lo había llevado a doblegar su postura?… ¿Por qué estaba tan atribulado?… ¿Por qué Cuddy se habría emborrachado?… ¿Por qué estaban tan empeñados en llevarlo a la guerra?… ¿Querrían matarlo?… ¿Lo habrá hecho a propósito?… ¿Querrían poder asesinarlo sin problemas?, pues estaría la excusa de la guerra… Pero¿por qué tendrían que matarlo?… ¿Habrá sido porque me matarían de negarme?… ¿Podrían querer matarlo por ser irónico, apático y misántropo declarado?… ¿Por ser un doctor cojo?… ¿Habrá sido para olvidar el susto de ser amenazada con revólver?… ¿¡Qué demonios querían estos tipos con él!? Porque estaba seguro que algo querían y no le agradaba para nada la sensación que le producía cuando lo pensaba… ¿¡Qué rayos le pasa a Cuddy!? Su personalidad es de hierro; eso es lo que a él…

—¡Qué-estoy-pensando! —gritó abriendo los ojos abruptamente, modulando cada palabra, como reprendiéndose.

Encendió la luz del velador y se dirigió al baño a mojarse la cara. Observó su faz en el espejo y comenzó a hablarle:

—Malvado, has estado produciendo estragos en mi cabeza. ¿Te diviertes? Mira que yo iba a decir que… ¡Ahí estás de nuevo!… ¿Acaso crees que me preocupa? No. Lo que a ella le suceda no me preocupa; lo que a ella le suceda me intriga, soy curioso¿lo sabes?… —enarcó una ceja escépticamente. —Y además estoy loco. ¿Por qué hablo con mi reflejo?… ¡Por qué hablo solo!…

Volvió a su cuarto, se sentó en su cama y se tomó algunas vicodinas. Se recostó y su mente somnolienta retornó a perturbarle de una manera que se dio vergüenza.

¡Ay, mamma mía¡Mujer¡Suelta el vaso¡A la guerra!

¿Qué le importaba que estuviese tomando como una condenada enferma¿Cuándo le había "importado" al punto de querer quitarle… ¡de haberle! quitado el vaso?

Cuddy… Cuddy…

¿Qué pasa?

Eso es lo que me gustaría saber a mí. ¿Por qué te has tomado media botella de wisky sola?

Porque estaba sola. ¡Ay!

¡Riiing¡Riiing!

Deben ser ellos.

Déjalo, estás con la resaca horrible y contestarás puras tonterías.

No puedo… Déjame…

Quédate aquí. Y no prendas las luces. Yo voy.

¿Había sido él¿Por qué su "curiosidad" lo llevó hasta el punto de llegar a su casa¿Por qué intuía lo de los hombres de negro¿Por qué se asustó al verla en el suelo¿Creyó que estaba muerta¿Le asustaba que estuviese muerta¿Por qué había sentido alivio cuando sonó el teléfono evitándole pensar más allá ese "porque estaba sola"? Su curiosidad quería satisfacerse… A él no le olían a mucha dignidad las respuestas.

Sé que son unos perros, sólo quería protegerla.

¿Por qué había dicho eso?…

¿¡Por qué le daba tantas vueltas al asunto!?…

Se giró boca abajo en su cama, a ver si el cambio de posición le permitía dormir.


Lisa Cuddy se recriminaba el haber escogido el peor día para "beber más de la cuenta", pues era aún peor para llegar tarde. ¡Una hora y media de atraso! Por suerte tiene esfínteres que necesitan ser vaciadas cada cierto tiempo y un organismo capaz de avisarle, haciendo que sea consciente y de paso "responsable" con sus actividades.

No dio explicaciones a nadie. Pasó directo a su despacho, se puso su delantal de médico y se dirigió a la farmacia a comprarse algo que le quitara la jaqueca que le producía la resaca, y así atender a un paciente que había citado para ese día y luego quedar libre para tratar con el Consejo el tema de Wilson.

Chequeado ya el paciente, se dirigió al despacho de Wilson. Éste, al verle, se incorporó como un resorte, se sacó el delantal y salió tras ella.

—¿Estás segura de que quieres que yo…? —intentó preguntarle de camino al despacho de la decana.

—Wilson, yo no jugaría con algo así.

Wilson abrió la boca para decir algo más, pero se arrepintió, expulsó su intención en un suspiro brusco y siguió concentrándose en el andar de sus pies.

Cuddy empujó las puertas obligando a Wilson a levantar las manos para recibirlas con ellas y no con su nariz. La mujer se quitó el delantal, se colocó su chaqueta y dio rumbo a sus pies hacia la sala del Consejo con Wilson a sus espaldas. Cuddy se agradecía internamente haber convocado esta reunión antes de perder la conciencia.

Entraron y todo estaba en silencio. Los del consejo observaban cómo la directora del Hospital se acercaba al extremo de la mesa más próximo a la puerta, con Wilson a su lado.

—Diez minutos tarde —hizo notar uno de los miembros.

—Sí. Lo sé. Lo siento.

—¿Es cierto que se va, doctora Cuddy? —preguntó otra miembro.

—Sí. Es por eso que he convocado esta reunión. Debo ir a servir a la guerra en Medio Oriente como médico, por lo que alguien deberá reemplazarme en mi ausencia y para ello he escogido al doctor Wilson. Él entiende de estas cosas y es de mi completa confianza.

—Usted no puede tomar decisiones sin tomar en cuenta la opinión del consejo.

—Mmm… Es cierto. Pero es mi hospital y necesito tener seguridad de que cuando vuelva me lo devuelvan igual o mejor, o que no vayan a hacer nada que yo no haría. Además, el doctor Wilson es muy competente y prudente…

—Es amigo del doctor House.

—El doctor House —comenzó Cuddy, echándole una mirada de incomodidad a Wilson —también se va. A ambos nos han llamado. Así que ¡descuiden! No habrá una disparatada cuenta de exceso de vicodina, ni grandes juicios, ni pacientes cabreados, aunque eso te lo debes aguantar tú, Wilson, más que ellos —le dedicó una mirada a cada uno de los miembros del consejo. —Bien —prosiguió —, creo que ahora sólo falta la firma de ustedes dos —señaló a dos de los miembros —, la del doctor Wilson y la mía. ¿Alguna otra objeción? Pero insisto en que dentro de este hospital no hay otro doctor que pueda resistir mejor esta situación que el doctor Wilson. Por lo demás, sólo es un reemplazo hasta que yo vuelva, aunque de no volver ya pueden hacer lo que quieran, no estaré yo para reprochar.

Tras conseguir las firmas, Wilson y Cuddy salieron de la sala y se dirigieron al despacho de ella.

—¡Bien! Eso ha sido todo. Ahora este es tu despacho y tu escritorio. Toma asiento. Aunque no me cambies la decoración, sólo las fotos.

—No… no gracias —balbuceó Wilson, moviendo las manos a la altura de sus hombros, como saludando. —No me sentiría cómodo contigo aquí. Sólo soy tu reemplazo, no lo olvides. Por lo tanto, mientras tú estés aquí, yo no soy más que el segundo.

Cuddy sonrió maternalmente.

—James —dijo en el mismo tono de su sonrisa, negando con la cabeza y acercándose para abrazarlo. Él la recibió en sus brazos.

—Cuddy… —la tomó por los hombros para mirarla a los ojos: le brillaban. —Lisa… —susurró queriendo decir algo más, pero un agarrotamiento repentino en su garganta se lo impidió.

Ella sonrió sinceramente, con las pestañas mojadas. Al ver ese gesto James Wilson no pudo contener su llanto y la abrazó con una fuerza tal vez violenta.

—Te echaré de menos —confesó al fin el oncólogo.

—Yo también. Intentaré comunicarme contigo para ver cómo va todo… —se distanciaron.

Cuddy se acercó a su escritorio para coger su cartera, pero Wilson le habló atropelladamente:

—Teparecesisalimoshoy…

Cuddy se giró sobre su cintura y con una sonrisa exclamó:

—¿Qué?

—Eh… Si es que te parece salir conmigo hoy. No te veré en un año. ¡No te puedes negar! —el tono sonaba a súplica. —Salgo a las siete. Te paso a buscar.

Cuddy no podía más que sonreír, le causaba mucha gracia la situación.

—Si tienes cualquier problema con la administración, habla con mi secretaria, ha durado bastante y sabe mucho —le dijo la mujer, sonriendo ampliamente, saliendo del despacho. A fuera le extrañó la reacción que tuvo Cameron (quien hablaba por teléfono) al verla, pues se volteó nerviosa, como si temiera que la pillaran haciendo algo que no debía.

Wilson había salido con una leve decepción reflejada en el rostro y en el andar de arrastrar los pies.

Cuddy volteó su cuerpo antes que su vista que seguía extrañada, para ahora dirigirse nuevamente a Wilson con una sonrisa.

—Por cierto, yo te espero aquí mismo a las siete. Perderemos mucho tiempo si me pasas a buscar y no sé de cuánto dispongo.

Y se marchó con labios alegres, mientras que Wilson, con la boca abierta, aún trataba de comprender.


Eric Foreman aún intentaba convencerse de que las noticias recibidas no fueran más que un chiste de mal gusto por parte de House. Llegó hasta la oficina donde ya esperaban Kutner, Taub y 13, el primero jugando con la Game Boy, el segundo revisando unas historias clínicas y la tercera jugando con el golpe de sus dedos en la mesa.

—Buenos días. ¿Hay algo que hacer?

—Cuddy no nos ha enviado nada y House no ha llegado —aclaró Trece monótonamente.

—Oh. Bien. Pero House no llegará.

—¿Qué¿Por qué? —quiso saber la chica.

—Porque va a ir a atender militares al Medio Oriente.

—¿Por qué? —está vez fue Kutner.

—¡Qué sé yo! Sólo sé que se va por un año y que me ha dejado a cargo.

Se hizo silencio. Trece miraba con una ceja enarcada, Kutner sorprendido y Taub parecía agradado con la idea.

—Por mi está bien —aseguró.

—Gracias —dijo Foreman. Miró extrañado las historias clínicas que tenía sobre la mesa. —¿Por qué revisas las historias clínicas?

—Estaba aburrido. Por lo demás, algunas son fichas de pacientes que voy a tener que ir a atender ahora si no quiero que Cuddy me ponga a trapear el piso con la lengua, por haberme corrido de mis horas de ayer… Yo… tenía cosas que hacer.

—¡Tantas explicaciones! —exclamó Foreman con un sonsonete de burla. —Además, no creo que Cuddy se haya dado cuenta, o si no ayer mismo te hubiese puesto a lengüetear el piso.

En eso irrumpe la secretaria de Cuddy.

—Disculpen doctores —miró como inspeccionando cuál de ellos sería el más importante jerárquicamente. —Doctor Foreman —se dirigió especialmente a él, alcanzándole una carpeta —, anoche ingresaron a un hombre y ha pasado por una serie de especialistas, nadie sabe lo que tiene con certeza. En la carpeta están todos lo exámenes… bueno, usted entiende más que yo. Lo he traído yo, porque la doctora Cuddy no está y los médicos me lo tacharon de urgente.

—Está bien. Gracias —dijo Foreman, más preocupado de revisar el expediente que de ella.

Comenzaron inmediatamente a trabajar.

Foreman se dio cuenta que el hombre fue ingresado primero a la UCI, por lo que se dirigió a ver a Cameron.

—Cameron¿anduvo por aquí un tal Jack O'Ryan?

—Mmm… sí. Tenía una fractura de fémur por una caída muy fea de una escalera. Después nos dimos cuenta que no era sólo eso y lo derivamos a un gastroenterólogo… Si quieres una confirmación de todos los doctores por los que ha pasado, te recomiendo que le preguntes a Chase, lo ha visto pasar por su mesa de operaciones por lo menos unas cinco veces.

—Mmm… Gracias —Foreman se disponía a irse, pero Cameron le inquirió curiosa y extrañada:

—¿House te permitió meter las manos en el caso sin ningún reparo, desde el comienzo?

—House ya no me andará correteando, al menos por un año. Se va a Medio Oriente a atender militares—y se marchó.


¡Riiing¡Riiing!

No habían pasado ni dos minutos, según House, desde cuando cerró los ojos, pero el reloj de su despertador anunciaba ya el horario del almuerzo. Horario que alguien debió haber aprovechado para llamarle y así despertarle.

—¿Quién demonios es?

—¿Está durmiendo? —inquiría la voz femenina del otro lado.

—Si lo estuviera, no te estaría contestando, Cameron. ¿Qué quieres? Justo estaba en el mejor sueño.

—Oh… saber de ti. Supe que te irías a atender militares a Medio Oriente¿es verdad?

—¿Cuddy ha hecho algún escándalo por mi ausencia? —gruñó.

—No. Ha estado toda la mañana reunida con Wilson y los del consejo. ¿Por qué preguntas?

—¿Tú crees que ella estaría tan tranquila de no haber una razón de peso por mi ausencia?

—Entonces… ¿Es verdad?

—Sí.

—Oh. Y ¿no piensas despedirte?

—¿Crees que no los volveré a ver dentro de un año?

—Un año es mucho tiempo. Te echaremos de menos.

—¿Quiénes¿Los pacientes?

—Chase, Foreman, tu equipo, yo…

—Sufran por mí entonces. Yo, por mi parte, siento que lo único bueno de este viaje es que no los veré por mucho tiempo.

—Algún día lamentarás decir esas cosas, House.

—Mmm… ¿Quieres apostar?

—No gracias. No estarás en un buen tiempo y así no podré cobrarte.

—¡Oh¡Que lástima que ya no te emociones con estas cosas!

—¿Sí? Ja, ja —pronunció sin humor. —Eh…

Cameron iba a decir algo más, pero calló.

—¿Qué pasa Cameron?

—¿Qué pasa si te digo que Cuddy se está marchando a su casa a estas horas?

—Que estás loca o que a lo mejor debe ir a preparar sus cosas para un viaje al Medio Oriente.

—Eh… ¡Eh¡Espera¿Cuddy va contigo?

—No. Estás loca. Nunca comprendes las ironías¿cierto?

—No. No es una ironía. House, no por nada trabajé tres años y medio contigo, creo que al menos puedo reconocer cuando ironizas y cuando no.

—Yo creo que no —bostezó y colgó.

Se levantó con toda la parsimonia posible y se dispuso a salir rumbo al Hospital.


A James Wilson, ahora que ya había asimilado que era real lo que había escuchado, nadie le quitaba la sonrisita estúpida dibujada en sus labios. Sus pacientes llegaban a sentirse asustados con tanta alegría, que vale decir, lo volvía un poco torpe.

Asentía condescendiente a una paciente que le decía que iba a cambiar de médico, pues notaba que su hija estaba cada vez peor. Él le daba las explicaciones pertinentes, pero más por información que por querer convencerla. Cuando la mujer le dedicaba una última sonrisa incómoda desde la puerta, lista para marcharse, la puerta se abrió de golpe y tuvo que hacerse a un lado para no quedar con la cara marcada.

—¿House¿Qué haces aquí?

La mujer le dedicó a House una irascible mirada y luego le respingó indignada a Wilson y se marchó.

—¿Síndrome premenstrual?

—Síndrome post quimioterapia de una hija con un organismo difícil. ¿Qué haces en el hospital?

—Trabajo aquí.

—Sí¡ahora! —Wilson rodó sus ojos. —Pero tú te vas al Medio Oriente y debieses estar preparando tus cosas.

—¡Ya me quieres echar¡Cómo eres desgraciado conmigo!

—¡Oh, ya! House. ¿Por qué estás aquí¿Te vienes a despedir?

—¡Ya estamos de nuevo! —masculló rodando sus ojos. —¡No! No me vengo a despedir, no me interesa. Las despedidas son patéticas… Te vine a buscar. Quería ver la posibilidad de que comiéramos algo, nos emborracháramos juntos y charláramos de todo lo que no vamos a poder hablar en un año. Tal vez nos podríamos ir de putas y… jugar video juegos¿qué te parece?

—¡Un panorama abrumador!… Pero no puedo. Lo siento, House.

—¿Qué¿Por qué no puedes¿Qué puede ser mejor que estar conmigo?

—¿Estar con Cuddy? —sugirió encogiéndose de hombros. Se colocó su chaqueta, miró su reloj: cinco minutos para las siete. Se dirigió rumbo a salir, con House siguiéndole los pasos.

—¡Qué¿Vas a salir con…?… ¡Me estás cambiando por una mujer! A mí¡el mejor amigo que haz tenido! .¿Al incomparable Greg House lo estás cambiando por pechos bonitos?

Wilson comenzó a reír.

—¡Ay, House!… Cuddy también es mi amiga.

—¡Ay, sí! Cómo no. No se pueden tener amigas con esas dotes.

—¡Tú! no puedes tener amigas con esas dotes.

—Más encima la antepones a mí.

—Ya me había comprometido con ella. Además es más prometedora una cita con Cuddy que contigo.

—Vale. Lo tendré en cuanta para cuando me den las llaves de la ciudad. Te echaré a patadas y no te dejaré entrar de nuevo. Mal amigo.

—¡House! —el grito no provenía de Wilson, sino de una voz mucho más aguda: era Cameron. —House, que bueno que hayas venido —lo abrazó por sorpresa y el hombre trató de alejarla.

—Tanta efusividad me asfixia.

—¡Oh! Lo siento —se disculpó alejándose.

—Era sólo para que me soltaras.

Cameron hizo una mueca de disgusto.

—House… Buen viaje —habló Chase, acercándose, en tono de solemne despedida.

—No seas cínico. Sólo lo haces para hacerle la pata a tu noviecita.

Chase rodó sus ojos y miró a Cameron impaciente. Cameron le devolvió una que quería decir "espera un poco".

—Bueno —suspiró —House, esto era todo lo que quería, despedirme de ti —y lo volvió a abrazar.

—¡Oye¡Oye! Que no te voy a besar. Y ten más respeto por tu novio… ¡mujer! Compórtate como una dama, sé que te cuesta, pero… un poco de discreción… ¡Hay niños! Qué ejemplo se van a llevar…

Cameron se separó mirándole muy molesta y tomó de la mano a Chase.

—Vámonos. Ya hicimos lo que debíamos. Ojalá conserves tu otra pierna —y se fueron, con Chase mirándola sorprendido.

—Perra —le calificó House con toda su "dulzura". Se volteó a ver a Wilson, pero ya no estaba. Escudriñó molesto a su alrededor y se dirigió al ascensor.

Justo cuando se abrieron las puertas vio que Wilson y Cuddy estaban por atravesar las puertas de la salida.

—¡Hey, hey! —gritaba mientras cojeaba en la dirección correcta. —¡Detengan a esos dos! JAMES WILSON ¡NO ACOSES A MI PUTA PREFERIDA!

Wilson y Cuddy se voltearon al instante con una mueca mezclada de extrañeza, vergüenza y horror.

—¡Ay! —gimió-gritó House, con espanto. —¡Perdón! Mi puta no es directora de hospital, tiene tiempo para mí. Lo siento, jefa, por haberla confundido, pero de espaldas son igualitas —ironizó ya cerca de ellos.

Cuddy negó con la cabeza y le miró para preguntarle que quería.

—Nada. O bueno, ya que insistes. Quería salir con mi íntimo amigo, pero resulta que me ha cambiado por una cita con un cesto de frutas.

—¿Un cesto de frutas? —inquirió Cuddy, acercándose con fingida curiosidad.

—¡Perdón! Un cesto de frutas parlante —se corrigió.

—House, por favor… —suplicó Wilson. —No me eches a perder esta noche con Cuddy.

—Tranquilo. Es un maldito infeliz que necesita que los demás estén peor para no sentirse tan miserable —soltó Cuddy, sin darle mucha importancia.

—Que dulce y simpática —escupió el aludido entre dientes.

—Te espero afuera, James —anunció la endocrinóloga y salió con aires soberbios.

Wilson dio un suspiro derrotado, sabiéndose ya en una encrucijada que si no aceptaba por las buenas, iba a tener a un molesto moscardón colado en su noche.

—House —dijo en tono de eminente derrota.

—¿Piensas invitarme? —terció el nefrólogo, con una falsa efusividad.

—¿Cómo lo…? —suspiró como si para su desgracia comprendiera, sobre todo al ver ese rictus tan "House". —¡Oh! Vamos. Muévete. Terminemos de una vez con este infierno. A ver qué dice Cuddy.

Ambos se acercaron a la mujer sentada en una de las bancas de piedra y se sentaron uno a cada lado: Wilson con actitud derrotada, impaciente, pero dándose conformismo y House muy relajado, colocándose su i-Pod en los oídos señalando su completa distracción y ninguna intención de ayudar a su amigo.

—Cuddy —habló Wilson sin levantar la vista.

—¿Dime?

—Eeeh… —elevó los ojos, sin erguir el cuerpo, pero se quedó pegado.

House sacudía la cabeza con alguna movida melodía. Cuddy miró a House y Wilson desvió la mirada.

—¿Llevaremos un polizonte? —consultó Cuddy.

—Eh… Sí —confirmó Wilson.

Cuddy se encogió de hombros.

—Wilson, tú eres amigo común de ambos. Y con House somos enemigos íntimos. Yo creo que no debe ser tan mala una velada con él. Además, debes pensar que es la última en un año.

—Cuddy… ¿Estás segura?… Es que a mí se me había ocurrido, pero no sabía cómo irías a reaccionar tú. La verdad es que me sorprende. Yo creía que me ibas a gritar, a decir que no y que me fuera con House a dónde quisiese.

—Podría… Pero entonces no tendría oportunidad de salir contigo o con cualquiera de mi agrado y confianza… ¡oh!… Creo que sólo tú cabes dentro de esa calificación. En fin. ¿Cuándo volvería a salir con alguien¿A tener una velada?… ¡Dentro de un año! Me puedo morir en un año. Y no por un niño que no tiene más que un solo amigo al cual sabe echará de menos, aunque no quiera reconocerlo, no me voy a echar a perder yo la noche por ese.

Cuddy se puso de pie y quedó frente a ambos. Wilson la miró, pero House tenía los ojos apretados, sacudía su cabeza y parecía estar en un trozo de la canción que dijera "¡yeah, yeah, yeah!". Cuddy se puso las manos en las caderas, perdiendo la paciencia y le quitó bruscamente los audífonos.

—Vamos —rugió con voz ronca y avanzó.

House se había asustado y casi había caído al suelo, no se esperaba eso, de verdad estaba muy metido en su canción.

Wilson se puso de pie y le miró como burlándose de él y fue tras Cuddy. Mientras tanto House intentaba reincorporarse, cogía su bastón y salía tras ellos.

—¡Oigan! Espérenme, no puedo andar tan rápido. Soy lisiado, por si no lo recuerdan.

Cuddy dio un brusco suspiro de impaciencia y se volteó.

—Tienes tres apoyos, deberías ser más rápido.

—Me cuesta coordinar. Tú sólo debes preocuparte de que una esté adelante mientras la otra está atrás —la última palabra se la escupió en la cara.

Cuddy miró al cielo, negó con la cabeza y avanzó junto a él hasta alcanzar a Wilson que caminaba hacia su auto. Wilson los quedó mirando un segundo: verlos calmados, dentro de lo que les cabe, acercándose hacia él, le hizo pensar, por un momento, en que eran una "pareja", al darse cuenta de la "locura" que pasaba por su cabeza, se largó a reír, volteándose, eso sí, para que los otros dos no le creyeran orate. Un rayo atravesó la mente de Wilson.

—¡Un momento! Y ¿sus autos? No me van a decir que se vinieron a pie.

—Yo sí. ¿Qué tiene de malo? —exclamó House.

—Yo me vine en taxi —confidenció Cuddy. —Es que como me estabas invitando me tomé las atribuciones de que me irías a dejar —explicó con un sonsonete de preguntar si es que estaba mal lo que había hecho.

Wilson abrió la boca, pero no dijo nada. Sonrió y le abrió la puerta delantera a Cuddy. House, por su parte, se convidaba solo al asiento del conductor.

—¡Oye¿Qué haces? Es mi auto y yo lo conduzco.

—Jimmy, por favor. Tú tendrás 365 días por delante para hacerlo, yo sólo esta noche antes de tener que esperar esos 365 días. Sé buenito y déjame conducir…

—Ni lo sueñes House…

—Si gustan yo me voy atrás —terció Cuddy.

—¡NO! —gritaron ambos al unísono.

Cuddy quedó pegada en el asiento, fastidiada por el grito y extrañada por su contenido.

—House, bájate de ahí y súbete atrás.

—No, tú vete atrás, no seas egoísta.

—No…

—¡Ya¡Cállense! —rugió Cuddy molesta, bajándose del automóvil. —Wilson: sube.

—Pero, Cuddy, yo me quería ir contigo adelante —lloriqueó House falsamente. Cuddy le dedicó una mirada asesina.

—Entonces, tú siéntate en el copiloto.

—No.

A Cuddy ya se le estaba hinchando la vena con este berrinche sinsentido.

—Cuddy, mi plan… era parecido al de House —se explicó, tímidamente, Wilson.

Cuddy dio un respingo, cerró la puerta del copiloto y abrió la puerta trasera del coche:

—Entra aquí.

—No, pero…

—Entra aquí James Wilson antes de que me arrepienta de ir.

A regañadientes entró.

Cuddy dio la vuelta al auto hasta la puerta abierta del conductor, donde House estaba sentado.

—Sal de ahí.

—No quiero…

—Sal de ahí Gregory House.

—¿Me vas a obligar¡Uuuh! Que excitante. Te advierto que si sacas la fusta me excito más. ¡Ya sabes! A mí también se me da el sado maso, sobretodo si es contigo, nena —y le guiñó un ojo.

Cuddy comenzó a tamborilear sus dedos en el techo del auto, apretó los dientes hasta hacerlos chirriar e insistió aún más seria.

—Sal de ahí, yo voy a manejar.

—¡No expondré mi vida con una mujer al volante!

—Wilson¿recuerdas esa cita que te consiguió House con una supuesta amiga suya?… esa tal… ¿Penélope? —y miró a House con intención. House la miró como advirtiéndole que no se atreviera a decir ni una palabra más. Cuddy sonrió con maldad al verle y prosiguió: —Con la que saliste hace unos diez días.

—¡Ah! Sí. Si la recuerdo. ¿Qué pasa con ella?

—Es que…

—¡Es que no era tan amiga mía, sólo una conocida, pero nada más! —gruñó, bajándose del auto y dedicándole muy de cerca una mirada fastidiosa, que ella le devolvió en una de niña pequeña. Le hizo caso, subiéndose a la parte de atrás, junto con Wilson, mientras Cuddy tomaba el volante.

—Las llaves, Wilson.

—Toma. ¿Estás segura que no es nada más?

—Si tu amigo no tiene nada más que decir… —y echó a andar el auto.

—Espera… Aquí huele raro…

—A mí no me mires, yo me bañé… —se apresuró a justificarse, House. —¡Ah, no! Espera. No me bañé… bueno, puedo ser yo.

Wilson lo ignoró.

—House¿algo que me quieras confesar antes de que Cuddy se emborrache y me lo diga?

—¡Hey! Eso no me pareció gracioso —advirtió Cuddy.

—¡Oye, sí! —aprovechó House, para cambiar el tema. —¿Por qué te emborrachaste ayer?

Cuddy frenó bruscamente ante el semáforo en rojo.

—¿A dónde quieren ir? —preguntó con una sonrisa forzada, cambiando el tema.

—Oye, no cambies el tema —le alegó House.

—¿Acaso sólo tú tienes derecho a no hablar cuando no quieres?

—Tu respuesta es importante, la mía no.

—¡Ja¿Desde cuándo mis respuestas son importantes para ti?

Mientras seguían discutiendo para ver quién respondía, Wilson se hundía asustado en el sillón del auto. El semáforo ya había cambiado, pero Cuddy se había dado vuelta para ver a los ojos a House mientras le gritaba.

¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! Sonó una bocina.

—¿¡Quién está más imbécil que éste que pitea así!? —bramó Cuddy, completamente fuera de sí, golpeando el asiento.

Ahora House también se hundía en el asiento cómicamente.

—Eh… Cuddy, el semáforo hace rato que cambió —le advirtió Wilson con cierto temor de comedia.

Cuddy abrió los ojos desmesuradamente. Se sentó mirando hacia delante y vio que el semáforo volvía ponerse en rojo y el tipo de atrás no dejaba de pitear.

—Que hombre más histérico —susurró Cuddy rascándose la cabeza. Tan hinchada le tenían los pitazos, que abrió la ventana y asomó la cabeza y la mitad del cuerpo para que el tipo de atrás le viera: —¡NO VES QUE ESTÁ EN ROJO, IMBÉCIL¡No puedo avanzar! A no ser que quieras pagar el parte que me van a cursar y enjuiciarte por los muertos que van a quedar.

El hombre también se asomó.

—¿Dónde aprendiste a manejar, estúpida¡Hace rato que debiste haber avanzado!

—¿¡Por qué no pasaste por encima entonces!?

El hombre volvió a tocar la bocina.

—¡Avanza, maldita! Que ya cambió.

—¡Si has esperado tanto, puedes esperar un poco más¿no?! —y se metió dentro. —Maldito bastardo —escupió toda su ira en esa frase mientras se ponía en marcha lentamente, pensando en dejar al hombre esperando el próximo rojo.

Wilson y House, que aún no creían lo que había visto, se sorprendieron aún más al notar que adrede avanzaba lento, para desesperar más al tipo y al descubrir su plan, la aplaudieron.

—¡Bravo¡Bravo!

—¡Guau! Cuddy, parece que querías desahogarte —exclamó House, burlonamente.

Cuddy sólo sonreía sin darles la cara.

—Sí. Lo único malo será que el tipo ya debe de haber tomado la patente para denunciarme.

—Corrección: denunciará a una mujer —aclaró Cuddy.

—Sí, la poli creerá que se equivocó en algún número —apoyó House.

—Pero¿si igual insiste?

—Bueno, te quedarás con este lindo recuerdo: tu jefa descargando su rabia y sus tensiones a todo lo que su vocabulario le da —dijo House, haciéndole notar "la parte buena" del asunto.

—¿A dónde vamos? —volvió a insistir Cuddy, terciando el asunto. —No quiero seguir dando vueltas en círculo.

—Podríamos ir a un restaurante —sugirió Wilson.

—No, muy cliché. Estamos entre amigos. Hagamos algo novedoso —pidió Cuddy.

—¿Qué se te ocurre a ti, entonces? —consultó Wilson.

—Mmm… No lo sé. Además tú me invitaste, sorpréndeme.

—Parece que tienes mucha junta con House…

—¡Hey! Te diría que fuéramos a Disney World, pero nos queda un poco lejos y no tenemos mucho tiempo. La verdad ni siquiera sé de cuánto tiempo disponemos.

A House se le dibujó una sonrisa juguetona en los labios.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Wilson.

—¿Dijiste algo novedoso, cierto? —consultó House ignorando a Wilson y dirigiéndose a Cuddy.

—Sí… —afirmó ella con cierto temblor en la voz, mirándole la cara maniaca a través del retrovisor.

—Vamos a mi casa. Compramos unas pizzas, bebidas, helados, cotillón, tal vez cerveza… no, mejor eso no… y hacemos una fiesta infantil viendo alguna película de Walt Disney.

—¿Qué? —soltaron los otros dos, Wilson con más exclamación, pues Cuddy iba más preocupada de conducir. —A ti se te soltó un tornillo. O¿es que estás probando tratamientos alternativos a la vicodina? No creí que viviría para oír algo así…

—House, dije algo "novedoso", no un disparate.

—Ustedes no tienen mejores ideas y si quieren hacer algo… ¡Greg House invita! Sugiero que veamos la Blanca Nieves y después podemos hacer la recreación de la escena final: yo, obviamente de príncipe, Cuddy tú podrías ser la Blanca Nieves, tienes el pelo negro, eres blanca… sí, sí, sí… te falta la dulzura, pero estará bien… Y tú Wilson… a ver… te doy a escoger¿eres Tontín o mi fiel corcel?

—¡Ay, Dios! —susurraba Cuddy mientras hacia un viraje.

—¿Qué dicen?

—¿Dijiste que tú invitabas? —consultó Wilson, queriendo cerciorarse de haber oído bien.

—Sí.

—Está bien. Pero yo soy el príncipe y tú mi fiel corcel.

—Mmm… No.

—Mejor veamos Bambi —sugirió Cuddy, a ver si se callaban.

—¿Quieres que lloremos dramáticamente nuestras últimas horas junto a nuestro querido amigo Wilson, Cuddy¡Qué clase de pareja de salida eres¡Hay que divertirse!

Y en el arriendo de videos…

—Sugiero que no veamos nada de princesas —dijo Cuddy.

—Sugiero que no veamos fábulas —acotó House.

—¿Las locuras del Emperador? —sugirió Wilson, tomando la caja. —O tal vez Atlantis o 101 dálmatas… Aladín… El jorobado de Notre Dame… Peter Pan.

—Mmm… No… Mejor voy a la sección triple equis —dijo House cojeando un par de pasos.

—¡House! —le gritó Cuddy. —Teníamos un panorama y no me agrada ver esas cosas.

—Tranquila, si creo que hay unas de gigolós. Los tríos son entretenidos… A veces llamo a más de una puta y…

—¡House! Cállate —le ordenó Cuddy un tanto avergonzada, porque algunas señoras con sus hijos les quedaron mirando.

—¿Qué? Si lo dices por esos retoños, algún día crecerán y conocerán el mundo. Yo igual tuve esa edad y mírame ahora: sin una pizca de inocencia. ¡No sabes cuan liberador es!

—Cállate o te coso la boca.

—¿Camino Hacia el Dorado? —sugirió Wilson interponiendo entres sus miradas la caja de la película.

—Sí. Lleva esa —accedió House, quitando la caja para seguir mirando los ojos de Cuddy como queriendo que entendiera algún mensaje oculto. Al no ver entendimiento, la tomó de un brazo y la sacó de ahí mientras le decía a Wilson: —¡Ah¿Puedes pagarla? Tengo que arreglar cuentas con esta niña. Además tú tendrás que devolverla.

Wilson no tuvo tiempo de replicar, porque House ya había salido con Cuddy y a regañadientes canceló el precio por el arriendo.

—¿Qué te pasa, House? —espetó Cuddy arrebatándole su brazo de entre las manos.

House no le contestó nada y le colocó frente a los ojos su celular… no el de él, el de ella.

—¿Por qué tienes tú mi…?

Pero justo comenzó a brillar y vibrar sin sonido, mostrando un número desconocido. Cuddy lo cogió y contestó:

—¿Aló?

—¿Aló? Doctora Cuddy, buenas noches. Supongo que ya tiene todo listo para hoy.

—Eh… —Cuddy no contestó inmediatamente, pues House le hacía gestos imperceptibles para quien estuviese muy lejos, para que mirara hacia la berma de al frente donde había un auto negro con vidrios polarizados y uno de ellos a medio bajar: desde allí reconoció al hombre negro que le fue a amenazar el día anterior.

Colgó el teléfono y no sabe cómo ni los tirones de House ni los gritos de Wilson impidieron que se acercara al auto, furiosa.

—¡Nos están siguiendo! —chilló irascible, metiendo la cabeza por la ventanilla.

House la estuvo siguiendo permanentemente y Wilson corrió hacia ellos. El nefrólogo tomó del cuello de la chaqueta a Cuddy, la echó hacia atrás con brusquedad, haciendo que la mujer perdiera el equilibrio y cayera al suelo sobre sus nalgas y con Wilson tratando de detener el auto que venía, interponiéndose para que no la atropellara.

¡PIIIIIIIIIIIIIIIII!

—¡¿Qué te pasa, imbécil¡Aprende a cruzar la calle!

¡PI¡PIIIII¡PIIIIIIIIIIIIIII!

—Lo siento —se disculpó Wilson, cubriendo sus oídos con sus hombros, y haciendo gestos con las manos para que se calmara.

Cuddy se paró sobre sus rodillas y notó que era el mismo tipo con el que habían tenido problemas anteriormente, así que de cuclillas gateó hasta la vereda a esconderse tras el auto que estaba después del coche negro. No quería causarle más problemas a Wilson y menos por causa del bruto de House. Wilson miró por donde se había ido y desde su escondite ella le hizo una seña para que se acercara y de una vez atinara a quitarse del camino del histérico conductor.

Apenas Wilson salió, el tipo hizo rugir su motor y así pudieron oír en la práctica la segunda y la tercera etapa de efecto Doppler. Mientras sucedió aquello, House habló con los tipos del auto.

—A él no le hicieron el test de tolerancia —comentó Cuddy sarcásticamente, mientras Wilson le ayudaba a ponerse de pie, el auto negro se marchaba y House se acercaba a ellos con el ceño fruncido.

—¿Qué sucede? —le preguntó Wilson a su amigo.

—No… Es que este grupo de idiotas nos estuvieron siguiendo todo el tiempo, desde ayer que nos vigilan, Cuddy. Por eso te recomiendo que no vuelvas a embriagarte. Por eso te quité el celular y lo puse en silencio, por eso salí contigo de la tienda, para que Wilson no se pusiera a chillar como niña, asustado por nosotros. No quería que nada interrumpiera esta noche con mi amigo —tono dramático —…y bueno… sí, sí, sí… contigo…

—House, leo entre líneas que quieres pasarlo bien esta noche. Entonces, sólo preocúpate por ti y olvídate de los demás como siempre lo haz hecho —le recomendó Cuddy, aunque más bien parecía una orden.

House la miró, pero no le dio importancia, como hacía siempre que le aconsejaba.

—¡Tú no me estás oyendo! —le acusó Cuddy señalándolo con un dedo.

—¡Si te estoy oyendo!

—¡No! No lo estás. ¡A ver! Di lo que te dije.

—¡Ay, Cuddy!

—¿Podemos irnos? —sugirió Wilson, a ver si paraban su estupidez. —¿Cuánto les queda?

Con eso ambos se quedaron con la siguiente frase en la boca. Cuddy miró a House como preguntándole si él sabía algo.

—A las once nos pasarán a buscar a ambos a mi casa —contestó él mecánicamente.

—Wilson¿podemos ir por mis cosas antes de comprar la comida?

Ya en la casa de Cuddy… sólo la dueña entró en busca de sus pertenencias.

—¿Qué te pasa, House? —quiso saber Wilson mitad curioso, mitad preocupado. —Desde ayer que no andas tan mordaz, andas caviloso, restringido en ironías… No eres el de siempre.

House seguía desparramado en el asiento, con los brazos cruzados, pero ahora se le agregaba una cara de fastidio.

Wilson, al ver la nula respuesta, prosiguió:

—Noto que Cuddy también está incómoda con tu nueva actitud y ella ha tratado de poner de su parte, creando tormentas en vasos de agua, a ver si le sigues la corriente, pero no pasa nada.

—¡Claro! Siempre Cuddy o tú hacen las cosas por alguna razón y yo sólo tengo berrinches.

—¡Es que no entiendo tu actitud, House¿Andas bipolar o qué?… En un momento estás desvariando como nunca te había visto y luego te deprimes o… ¿oí mal¿Dabas explicaciones? Porque creo que nos las distes después que hablaste con los tipos.

—Tenía que dárselas.

—House… ¿Qué te preocupa?

—Nada.

—¡Vamos! Algo te tiene inquieto y sugiero que me lo confíes, porque no pienso pasármela mal esta noche que por fin puedo estar con mis dos amigos juntos, porque a uno de ellos le da la lesera. Hombre, vamos, antes que llegue Cuddy, porque estoy seguro de que quien no quieres que se entere es ella.

—¡Andamos perspicaces, hoy, Jimmy! —ironizó.

Wilson quería sonreír al notar de vuelta al House sarcástico de siempre.

—Sí. Y quiero que me cuentes. ¿Qué pasa con Cuddy?

—La bruja viene —dijo mirando a través del vidrio. Wilson se giró y la vio arrastra una maleta.

—¿Podrían ayudarme? —les gritó desde el umbral.

—¡Hey, hey! —le paró House a Wilson, divirtiéndose. —Déjala que grite, se ve chistosa.

—Pero cuéntame entonces.

—¿Dónde están los caballeros medievales? —se le oía gritar a Cuddy desde afuera, mientras House le contaba a grandes rasgos a Wilson lo que le sucedía.

—Estoy preocupado por mi salud mental, porque estoy preocupado de Cuddy y eso es algo que no me cuadra. ¿Preocupado por la jefa maldita que te hace la vida imposible? Yo debería estar celebrando por las posibilidades que existan a que desaparezca de mi vida…

—Tal vez es porque sabes que las posibilidades que desaparezca de tu vida, son las mismas a que se muera y por más que la "odies", no concibes la vida sin ella.

—¡Sí, claro!… Tú estás trastocando un poco el tema¿no crees, Jimmy?

—¡Como si pudieses vivir sin la única persona capaz de seguirte y aguantar hasta el final tus juegos! Yo soy tu amigo y te digo las cosas, Cuddy simplemente aprovecha tu ingenio para jugar también.

—Sí, es una desalmada… ¿Qué rayos…? —comenzaron a rebotar en sus asientos.

—¡Mi auto! —se lamentó Wilson ante el brusco cerrar del maletero.

Luego Cuddy apareció por la puerta del conductor.

—Perdón si los hice temblar demasiado, pero me cuesta aguantar grandes pesos mucho tiempo —se excusó con ironía.

—¿Llevas las piedras favoritas de tu jardín en esa maleta? Porque creímos que era el fin del mundo. Aunque pesándolo mejor, aún no tienes un hijo… así que todavía falta el niño de los seises para eso.

—¿Quieres colaborar, House?

—¿A qué¿A traer al anticristo? La verdad es que basta contigo, entre los dos traeríamos a un demonio mil veces peor.

—¡Qué fe te tienes! En una de esas tus amigos nadadores con cola te lo dejan con "cola".

—¡Oye! Cuida tus palabras que es tu hijo también…

—Hablan como si lo tuvieran en frente —susurraba Wilson, mirando el techo, aún sintiéndolo por su auto. —Cálmense —les dijo ahora mirándolos. —Dios no tendría planes tan macabros.

Cuddy se sentó y puso en marcha el automóvil, sonriendo al notar que había vuelto a su rutina de siempre.

Los dos hombres se bajaron a comprar las pizzas y todo lo que se requería para comer, mientras tanto Cuddy los esperaba en el auto escuchando el CD de Los Beatles que tenía Wilson en la radio del vehículo.

House y Wilson estaban en la caja, el último esperando que House pagara, para cuando el primero dijo:

—Oye, Jimmy. ¿Tienes tu tarjeta?

—No. ¡House! Dijiste que tú invitabas… Ya me hiciste pagar el video.

—Jimmy-Twist… —le miró con ojitos brillantes.

—A ti te viene más el apellido "Twist".

—Oh, ya, pues… Sé buenito. Por el amor que algún día me tuviste, hazlo.

—¡Cállate! —le suplicó, poniéndose rojo, pues había elevado mucho la voz.

—Sabes que te amo y yo también tú…

—¡Yaaa! Yo pago, yo pago… —aceptó Wilson, pues House parecía un comentarista deportivo con megáfono incluido.

Iban a echar las bolsas en el maletero, pero la maleta de Cuddy no dejaba mucho espacio. Wilson hizo lo que pudo, mientras House iba a sentar las pizzas en el asiento del copiloto y oyó desde la radio lo siguiente:

I've just seen a face
I can't forget the time or place where we just meet
She's just the girl for me...

Cuddy le miró en su acción y House no pudo evitar sentirse patético al quedarla viendo también. Se dio cuenta que ella no oía la letra, sólo tenía la música de fondo, pero él si oyó y las tribulaciones que estaba teniendo últimamente le hicieron huir de aquella melodía cerrando la puerta de un portazo dejando a Cuddy muy extrañada.

—¡House¡Mi auto! —se quejó Wilson mientras cerraba el portamaletas, dándole una caricia luego.

—¡Ah! Sólo es un auto. No seas tan materialista.

Y subieron al auto.

Yesterday,
All my troubles seemed so far away
Now it looks as though they're here to stay
Oh, I believe in yesterday…

—Cuddy¿podrías apagar la radio? —gruñó House, notoriamente molesto.

(…Suddenly…)

—¿Es que no te gustan Los Beatles?

…I'm not half to man I used to be
There's a shadow hanging over me…

—Es que no quiero escucharlos —declaró, y apagó él mismo la radio.

Cuddy, caprichosamente (mientras conducía en dirección a la casa de House), la volvió a prender:

She wouldn't say
I said something wrong
Now I long for yesterday…

House volvió a apagarla y miró a Cuddy entre desafiante y enojado. Ella que no le gustaba mostrarse menos ante él, volvió a prenderla, luego de responderle la mirada.

Now I need a place to hide away
Oh, I believe in yesterday
Why she had to go I don't know…

Volvió a apagarla.

—¿Qué te pasa, Hosue¿Qué tiene de malo la canción?

Wilson, que se sabía el CD de memoria, notó "qué" era lo malo que tenía la canción. Lamentablemente iba a tener que pasar un año antes de hablar del tema.

—¿Te importa? —le espetó el hombre.

Cuddy, porfiadamente, volvió a encenderla.

Yesterday
Love was such an easy game to play…

House sacó el CD y le escupió en la cara a Cuddy:

—¡No más! —y lo lanzó sobre las pizzas.

—¡Hey, hey! Que es de colección —lloró Wilson, ahora él metiéndose entre los dos asientos delanteros para tomar lo que le pertenecía y guardarlo en su caja.

El resto del camino se hizo en un incómodo silencio, así que al llegar a casa de House, Cuddy le entregó las llaves a Wilson y tomó las pizzas y los esperó en el umbral, a ver si conversaban y así se le quitaba el extraño humor a House. Wilson le agradecía internamente a Cuddy permitirle no tener que esperar un año para decirle a House lo que creía.

—¿La canción te hace pensar un poco en cómo te sientes o me equivoco?

—No te las des de mi psicoterapeuta, Jimmy. No ahora, no hoy.

—Es que si no lo hago, andarás repartiendo mala vibra. Has estado luchando todo el rato por mejorar tu ánimo, pero parece que empeora. Si estabas tan mal¿por qué insististe tanto en salir con nosotros?

—¿Quieres que me vaya¡Oh! Lo siento, no puedo, estamos en mi casa.

—"Ayer, todos mis problemas parecían tan lejos, ahora es como si estuvieran aquí para siempre" —House sólo le miraba con molestia, mientras acomodaba las bolsas en sus manos. —"De pronto, no soy ni la mitad del hombre que era antes, una sombra se cierne sobre mí" —y cerró el maletero.

—Guau. Veo que te sabes a canción Jimmy.

Wilson pensaba en las partes que más pudieran reflejar la actual situación de su amigo, mientras avanzaban hacia la puerta, donde Cuddy aguardaba con expresión vacía.

—"El amor era un juego tan fácil, ahora necesito un lugar donde esconderme". ¿Es por Stacy?

—¡Cállate, Jimmy, ya! —modulo desesperado, cada palabra. —Está bien, me comportaré como el perro House de siempre. ¡Yaa! —se metió la mano en el bolsillo y sacó la llave. —Hey, nena, hazte a un lado, no seas impaciente que ya vamos a jugar.

Cuando le guiñó el ojo, Cuddy sólo rodó los ojos. Dejó que entrara House y le preguntó a Wilson:

—¿Anda bipolar?

—Tiene problemas de corazón.

—¿Algún fallo cardiaco? Así no podrá ir.

—No. Del otro tipo de problemas de corazón.

—Ja, ja. ¡Sí, claro! —y entró.

House fue a por los platos, mientras Cuddy abría la pizza y desocupaba las bolsas y Wilson preparaba el video y luego iba a ayudar a Cuddy.

—¡Sáquense la chaqueta, los zapatos, todo lo que les incomode no más! No me hago problema —y apareció un par de zapatillas volando hacia el salón, una tras otra, desde la cocina.

Cuddy y Wilson se voltearon al oír lo estruendos, pero no hicieron más caso a ello. Aunque él sí aceptó la oferta, ella no, sólo se sacó la chaqueta.

House apareció con los platos para la pizza y pocillos para el helado, él se dedicó a repartir este último, mientras Cuddy desocupaba la mesa frente al televisor y ponía la pizza y los platos para que cada quien se sirviera, además de las latas de Pepsi.

—Nos va a dar un dolor de estómago —comentó mientras se dirigía a la cocina en busca de servilletas.

—¡Sáltate la dieta un día, maniaca! Come como una persona normal —le ordenó House cómicamente.

Cuddy avanzó hasta él con una sonrisa, le quitó la cuchara cargada de helado y se la metió completa a la boca, demostrándole que lo disfrutaba, le devolvió la cuchara en la mano y se dirigió a colocar las servilletas sobre la mesa.

—¡Cómo me gustaría ser tú! —le decía House a la cuchara, como envidiándola.

—¡Dios! —Wilson ponía su mejor cara de haber perdido la inocencia.

Se sentaron en el sillón, Cuddy entre ambos y Wilson le puso el "play" a la película.

House tomó un gran pedazo de pizza y se lo echó casi completo a la boca.

—Eres un cerdo —asqueó Cuddy, cogiendo su lata de bebida para abrirla.

—Do'm epogtta o que me igas —le contestó House, escupiéndole granitos de choclo.

—¡Ay! Avísame para abrir el paraguas… ¡Mierda!

Wilson la miró con los ojos muy abiertos, sorprendido porque la palabrota viniera de ella. House se desternillaba de la risa, escupiendo parte del contenido de la boca, Cuddy se paró abruptamente… Sucedió que Cuddy al abrir su lata, esta venía tan batida, que se subió entera mojándole por completo el traje.

—Te pasa por mala —se reía House.

—¡Uy! Cállate —reñía ella, golpeándole el brazo, el hombro y todo lo que podía.

—¡Oye! La violencia va en contra de los derechos humanos y de mi integridad —se quejaba House, mientras intentaba cubrir su cabeza de los aletazos de Cuddy.

Wilson le puso la pausa a la película, se levantó y recibió un cojinazo en la cabeza que House pretendía darle a Cuddy, pero algo salió mal.

—¡Oye! Si la cosa no es conmigo —reclamó, mientras cogía el cojín. Lo miró un segundo y lo lanzó, jura, con toda la intención a House, pero acabó cayendo en la nuca de Cuddy y ella sobre House.

—¡¡¡AAAAAH!!! —gritaron ambos, él desesperado por hacerse a un lado y ella desesperada por poder pararse (los zapatos se le habían caído solos).

—¡Me estás mojando! —gritó House, empujándola.

Ella se resbaló por el sillón y cayó de espaldas al suelo.

—¡Es la segunda vez que me botas al suelo en un solo día! —le aulló, colocándose en pie.

—¡Upsss! —House se tapó la cara con el cojín. Wilson se acercó.

—¿Qué te pasa? —saltó Cuddy, quitándole el cojín de la cara.

—Blusa blanca. Mojada —indicó y le quitó el cojín para volver a cubrirse la cara.

Cuddy se miró y cogió el otro cojín para cubrirse también, pues se le traslucía todo.

—Te voy a buscar tu maleta —dijo Wilson y salió.

House corrió usando las paredes como bastón hasta su dormitorio y volvió lanzándole una polera gris a Cuddy.

—Póntela —le dijo con una sonrisa.

—¿Qué?

—Para que sueltes el cojín y le hagamos una emboscada a Wilson —Cuddy le miró como reprendiéndole. —Por favor —le suplicó con ojos de cachorrito abandonado.

Cuddy se encogió de hombros suspirando ante el caso perdido y se colocó la polera sobre la blusa.

—¿No has hecho la maleta?

—La saqué de ella —le contestó mientras la cogía de la mano y la llevaba a esconderse a la cocina y apagaba la luz.

Cuddy sintió algo impertinente en sus mejillas cuando House le tomó la mano y agradeció que todo estuviese a oscuras.

House tomó uno de los potes de helado, justo para cuando Wilson entró con la maleta, que dejó a un lado de la entrada.

—Muy gracioso. Se fueron a hacer cosas malas sin mí. Lástima que mi celular no tenga cámara —Wilson los buscaba mientras se quejaba, primero en el dormitorio de House, el baño, hasta llegar a la mesa del comedor, la cual miró por abajo y cuando se levantó algo helado comenzó a bajarle por la espalda.

—¡Aay! —reaccionó ante el escalofrío que le produjo.

Cuddy sólo se reía desde el suelo, mientras Wilson se volteaba e intentaba retar a House, pero el helado se lo impedía.

—Oye, traicionera, se supone que tú me ibas a ayudar —se quejó House, quien se acercaba al sillón y le lanzaba un cojín.

—¡Au! No puedo… ¡ja, ja!… él fue amable… Gra- gracias Wilson —y le lanzó el cojín de vuelta a House.

Éste volvió a lanzarlo, pero a Wilson, quien se molestó.

—¡Ya! Basta… Deja de torturarme, House.

Cuddy se puso de pie mordiéndose el labio inferior y le puso una mano en el hombro a Wilson.

—¿No te vas a enojar por eso? —preguntó preocupada.

—Ya, vengan a ver la película —ordenó House.

Cuddy avanzó hasta su puesto y Wilson tras ella, pero llevaba un sorpresita: al llegar le volteó otro de los potes de helado sobre la cabeza a su amigo.

—¡Mierd-da¿Qué diablos haces? —y sacudía el helado de su cabeza lanzándoselo a Cuddy.

—¿Podríamos comportarnos? —suplicó ésta, quitándose el helado de encima.

—¡No! —gritaron ambos y la agarraron a cojinazos sobre el sillón.

—¡Ay!… ¡No!… ¡Basta!… Esto es cobardía. ¡Estoy en desventaja!

—¡Esto es por tanto años de tiranía! —se justificó House.

Wilson, por su parte, sólo quería divertirse.

—Me querían hacer una emboscada y acabó la cómplice atacada.

—¡Sí, sí, sí¿No creen que se les está pasando la mano?

Cuddy se sentó indignada de brazos cruzados y los dos hombres cada uno a uno de sus costados. Ambos la miraron y se largaron a reír estruendosamente.

—¿Qué pasa? —gruñó ella.

—Estás toda despeinada —le aclaró Wilson viendo la verdadera maraña en que se había transformado su pelo.

Cuddy le puso a cada uno una de sus manos sobre sus cabezas y los despeinó con rabia. Luego cogió el control remoto y le puso el play a la película.

Los tres se hipnotizaron en la película, más por cansancio y por hacer algo diferente, que por cualquier otra cosa. A mitad de la película, Cuddy comentó:

—House, tú te pareces a Tulio y tú Wilson a Miguel.

—Tú tendrías que ser Chel, entonces —le respondió Wilson.

La película acabó quince minutos antes de la hora. House se fue a bañar, mientras Cuddy se despedía de Wilson, ya que House le recomendó que se fuera de inmediato. Ambos le pidieron que cuidara sus casas. Cuando House acabó (en unos tres minutos) Cuddy se encerró en la ducha, muy preocupada de que House no la fuera a espiar.

—¡Tengo un agujero en mi habitación del cual te puedo ver!

—¡Voyerista! Además no habría tiempo para quitarte lo excitado, así que ¡ni se te ocurra!

—Ya tendremos tiempo, preciosa.

House oyó que el agua cesaba de caer. Luego una toalla sacudirse. Un minuto de silencio y el crac de la puerta, dejando salir a Cuddy con el pelo mojado.

—¡Estuviste todo el rato con la oreja pegada a la puerta! —gruñó, abriéndose paso hacia su maleta.

—No tenía nada mejor que hacer —se encogió de hombros. La siguió. —¿Te han dicho que el rojo se te ve muy bien?

Cuddy se volteó y lo miró con una ceja enarcada.

—Ni lo intentes. Si no puedes controlar a tu "otro yo" no es problema mío.

¡DING... DONG...!


Bien, aquí estamos...

el disco"Help!" es de The Beatles y las canciones, también de ellos son (no me maten si está media picante la traducción)

I've just seen a Face (Acabo de ver un Rostro)

"...I' ve just seen a face (acabo de ver un rostro)

I can't forget the time or place where we just me (no olvidaré el momento o el lugar dónde nos conocimos)

She's just the girl for me... (ella es la chica para mí)"

Y...

Yesterday

-1-

Yesterday (ayer),

All my troubles seemed so far away (todos mis problemas parecían tan lejos)

now it looks as though they're here to stay (ahora es como si ellos permanecieran aquí)

oh, I believe in yesterday (oh, creo en el ayer).

Suddenly (de pronto)

I'm not half to man I used to be (no soy no la mitad del hombre que era)

There's a shadow hanging over me (una sombra se cierne sobre mí)...

-2-

...She wouldn't say (Ella no me lo dijo)

I said something wrong (yo dije algo que no debía)

now I long for yesterday (ahora anhelo el ayer)...

-3-

...Now I need a place to hide away (Ahora necesito un lugar dónde esconderme lejos)

oh, I believe in yesterday (oh, creo en el ayer).

Why she had to go I don't know (por qué ella tuvo que irse?, no lo sé)...

-4-

...Yesterday (ayer)

love was such an easy game to play (el amor era un juego tan fácil)...