Tercer Capítulo: Volviendo a Hogwarts
En los siguientes días Ginny estuvo con demasiadas ocupaciones como para pensar en Draco. Aunque siempre sentía un grado de preocupación inconsciente.
Era un soleado sábado de Mayo y Ginny tenía un horrible dolor de cabeza por la mañana, al parecer había tenido un mal sueño. Harry que ya estaba en la cocina llamó a Ginny a desayunar.
- Amor, será mejor apresurarnos, McGonagall es una gran bruja pero no es una mujer paciente.
- Si, bueno yo no tengo mucha hambre vamos ya ¿no?
Ambos tomaron sus capas de viaje y desaparecieron. Luego de esa horrible y breve sensación de asfixia y mareo se encontraba junto a Harry a las entradas de Hogsmeade. Caminaron lentamente bajo el tibio sol de la mañana, hasta los carruajes que los llevaron al Castillo.
Harry miraba melancólicamente por la ventana, era obvio que los terrenos del castillo le traían un centenar de recuerdos. Percatándose de lo anterior Ginny tomó fuerte la mano de su prometido.
- Harry, ¿estás seguro que quieres que la boda se realice aquí? – le dijo con un voz suave.
- Por supuesto que estoy seguro amor, Hogwarts era como mi hogar hace unos años, es el lugar que me ha proporcionado más dolor y más alegría en la tierra, pero siempre fue mi hogar.
El pasto seguía tan verde como lo recordaba, pudo distinguir el campo de Quidditch a lo lejos. El lago color aguamarina, la cabaña de Hagrid en el extremo que separa el bosque prohibido de los terrenos del colegio, los alumnos descansando bajo los árboles o a las orillas del lago. Todo seguía igual, lo único que cambió fueron ellos.
En la entrada del castillo los esperaba Mcgonagall con su habitual túnica verde y sus anteojos redondos.
- Buenos Días – saludó Mcgonagall con una gran sonrisa, seguido de un fuerte abraso.
- Buenos Días profesora – saludaron al unísono
- Oh, aún me recuerdan en sus años escolares, que recuerdos. Bueno pasen. Por aquí.
Los pasillos del colegio se encontraban con escasos alumnos vagando por los pasillos. Ya no había gatas petrificadas ni mensajes en las paredes, ni gente cuchichiando por los pasillos, Hogwarts se veía simplemente esplendido. Cuando por fin llegaron a la gárgola de piedra Mcgonagall pronunció: 'corazón de gato'y la gárgola se hizo a un lado dando paso a la escalera en forma de caracol que subía hasta el despacho, una vez dentro Mcgonagall los hizo sentarse frente a su escritorio. El retrato de Dumbledore les sonreía.
- Así que muchachos, ¿cuál es el motivo del agrado de su visita?
- Verá profesora, cómo usted ya sabe Ginny y yo estamos comprometidos…
Por supuesto, la sección de chismes de El Profeta no para de hablar de ello, hoy en la mañana leí. Nuestro gran héroe contraerá matrimonio con la menor de los Weasley ¡que chica mas afortunada! Esa Rita Skeeter, siempre tan poco ética.
- No se fastidie profesora, la verdad es que sí, soy muy afortunada.- intervino Ginny de manera amorosa mirando a Harry.
- Bueno – continuó Harry – Estábamos pensando dónde celebrar nuestro matrimonio y no pudimos pensar en un lugar más indicado que este, así que le vinimos a preguntar si nos haría el favor y honor de (si es posible, claro) Llevar a cabo la ceremonia aquí en Hogwarts a fines del año escolar.
La profesora Mcgonagall lo miro extrañamente deductiva, luego a Ginny y ambos tenían la misma miraba preocupada como de los niños cuando reciben sus exámenes finales para pasar de curso. Luego de por lo menos 60 segundos en silencio Mcgonagall se decidió.
- Entenderán que como directora siempre tengo trabajo que hacer y los funcionarios igualmente. Los alumnos, todo el mundo querría asistir y podría convertirse en un gran caos. Los preparativos podrían intervenir con los exámenes y la concentración de los alumnos. Así que lamento mucho decirles que será todo un desafío.
- ¿Eso es un sí?
- En resumidas cuentas.
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