-o-REEDITADO-o-
(por culpa de Demian)
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
ADVERTENCIA
Se mencionan y SÓLO se mencionan hechos reales e importantes y que pueden afectar sensibilidades, por su implicancia en el mundo, contingencia y seriedad con la que deben ser tomados. Por ello recalco que sólo son MENCIONADOS. También subrayar que con su mención, debido a la fecha en el que es escrito este fanfiction, puede creerse en vaticinios malintecionados por parte de esta fanautora, pero en cuyo caso, sería una mala interpretación de sus intenciones.
Por respeto a las personas muy sensibles, doy esta explicación.
o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o
Otras advertencias, imploraciones y vaticinios:
Este capítulo contienen pasajes con los que aborreceréis con todo vuestro corazón, alma y mente a esta porbre fanautora, por lo que os ruego PIEDAD... Ok. No os puedo pedir tanto, pero les advierto que ya me he contratado a una bruja y un cura y a los plagicidas para evitar todas las maldiciones que me echéis, los diablos y las pestes y ya me hice de un médico, por si acaso, también. XD.
Cortando el chiste... Huddys mías, no me odiéis...
Capítulo 5
HAY ERRORES Y ERRORES
Afuera les esperaba no sólo Udelhoffen, sino también McCollough.
Se reunieron los ocho médicos, luego de esperar a que la doctora Walt acabara su operación. Subieron por una escalera que estaba al frente de la puerta por la cual salían, llegaron hasta un rellano donde otro tramo de escaleras les esperaba. Finalizado el tramo dieron con un interminable pasillo lleno de puertas a ambos lados señaladas con un número, las pares a la derecha y las impares a la izquierda, la primera de cada lado era diferente, adivinaron que serían los baños.
—Sus cosas están en sus habitaciones que ya han sido designadas —anunció McCollough.
—Me voy a ver a los médicos de turno —le avisó Udelhoffen a McCollough al oído y se marchó.
—Bien… —asintió McCollough, confundido por no darle tiempo para responder.
A diferencia de todos allí, el general McCollough era un tipo, al menos en apariencia, bonachón.
Fue entregándoles las llaves uno a uno.
—Doctor House, habitación número seis —cogió las llaves y se fue, notó que debía abrirla con ellas. —Doctor Fisherman, habitación número ocho. Doctora Cuddy, pieza trece…
Cuddy cogió la llave. Al pasar al lado de House se despidió:
—Buenas noches. Que duermas bien.
—Mmm… Buenas madrugadas sería mejor —gruñó, empujando la puerta para entrar. —Sueña conmigo —dijo en ese tono egocéntrico que él se conoce a la perfección.
Cuddy agachó la mirada y sonrió divertida. Se dirigió a su habitación, pero algo la hizo descolocarse, mientras la doctora Goldsmith la adelantaba: un beso en la mejilla. Miró hacia el lado: el doctor Fisherman sonreía suavemente hacia ella.
—Buenas noches, doctora Cuddy —dijo con voz dulce.
Cuddy estaba perpleja. Lo del beso… sinceramente no le molestó, sólo la pilló de sorpresa, lo siguiente lo encontró una formalidad educada. Aunque al vecino que cerró la puerta de un golpe ensordecedor, pareció molestarle.
Ambos se encogieron de hombros involuntariamente ante el golpe que House le propinó a la puerta para cerrarla. Se miraron, se sonrieron: Cuddy como pidiendo disculpas, él aceptándolas.
—Buenas noches, también, doctor Fisherman —más que la-Cuddy-ex-jefa-de-hospital, salió una especie de Cuddy-adolescente-torpe.
Cuddy fue y se encerró en su habitación.
Finalmente, Goldsmith quedó en la pieza diecinueve, Brown en la veintidós, Walt en la veintiséis, Watson en la veintinueve y Gordon en la treinta y ocho.
¿Había dicho ya que House estaba cabreado? Y ¿qué podría ser lo que ahora hace que lo repita? Ya había superado a Udelhoffen y su manía por hacer suyo el poder, hacer las cosas a su manera aborrecible, pero como a él le gustaban y creía que eran "mejor"; ya había superado el pensar que se cometían abusos, ya no le importaba, sabía que lo descubriría tarde o temprano y no por andar buscándolo; ya había superado su… esa cosa, especie "preocupación" que estuvo sintiendo por la borrachera de Cuddy, ya sabía qué lo había detonado: la traición, curiosidad saciada; … pero algo le daba vueltas y muchas. Sino no fuese por el sueño tremendo que tenía y que acabó venciéndolo, de seguro habría dado con su nueva preocupación…
Y ahí se durmió, sobre la cama, sin siquiera hacerla, sólo se ocupó de tirar su bolso a un lado y soltar su bastón, un par de vicodinas y adiós preocupaciones, adiós pensamientos extraños, adiós orate de Udelhoffen, adiós Cuddy…
4 de Julio de 2008, Nueva Jersey.
Celebraciones de la Independencia… ¡qué va!
Había pasado casi un mes desde que Cuddy y House se había marchado a hacer de médicos al Medio Oriente y había alguien que los extrañaba más que nadie: James Wilson.
Y es que su mente no había parado de recordarle la última velada que tuvieron juntos, los tres, como amigos¿tanto tiempo tuvo que pasar para que algo así ocurriera¿Por qué ellos dos tenían siempre que jugar a separarlos a los tres? Y ¿por qué él lo permitía? Estar con ambos, juntos, le había sentado de maravillas mirado desde un punto de vista, pero desde otro, era una tortura:
Se sentía bien recordando las locuras de aquella noche, las tonterías y las niñerías, pensando cuán infantiles podían llegar a ser, en el dulce gusto que le estaba dejando esa noche hasta que llegó la hora de marchase, apresurado, antes que llegaran los tipos que buscaban a sus dos grandes amigos para llevárselos y separarlos de él¡separarlos!, justo ahora que conoció una manera para lograr reunir a Cuddy y a House en un mismo cuarto sin que acabaran tirándose los trastos por la cabeza en son de lucha y herir.
Se habían burlado entre ellos y lo habían pasado bien, ahora era la guerra la que se burlaba de él y lo dejaba sin sus seres más queridos. Y es que House podía ser un idiota insoportable y Cuddy una histérica a pedido¡pero eran sus amigos!, los únicos con los que de alguna manera había logrado encajar, pues eran diferentes y lograba hacer que se complementaran: House con su sarcasmo, su genio y su egocentrismo, Cuddy con su honestidad, su carisma y su dulce frialdad (rara combinación, pero ella era así) y él con su lealtad, su confianza y su paciencia. En un pequeño cuadro sería algo así: House y su personalidad absorbente donde Cuddy le baja de su nube a costa de verdades y House le contesta con otras peores, donde Wilson se hace un esquema cotilleando con uno a la vez, pero en lugar de ir con el cuento trata de aconsejarles y acaban por descubrirle y todo vuelta a empezar…
¿¡Cuánto tiempo más iba a tener que vivir sólo de recuerdos!?
Recuerdos que sólo le dolían ahora que estaba sin sus amigos. Tres matrimonio fallidos donde House siempre ha estado presente, es como para pensar que ha hecho de su familia a House y que éste ha sido su real esposa. Cuddy, la amiga que intentó que fuese algo más, pero que no era más que otra guerra perdida visto desde aquel lugar; como amiga duraría para siempre, como "algo más" sería sólo otro error.
El hombre que vive sólo de recuerdos es que está a las puertas de la muerte. Él no quería ser grave, pero era como estarlo. Este par de obsesos le daba dinamismo a sus días y ahora que no estaban…
Alguien dijo alguna vez "Dios nos da a los hermanos, pero somos nosotros quienes elegimos a nuestros amigos", o algo así. Este era un claro ejemplo de aquello.
Por otra parte, tenía mucho trabajo que hacer. Cuddy le dejó como director del hospital y no podía hacerlo mal. Ella depositó su confianza en él y no podía defraudarla, ella no querría volver y encontrar todo hecho un desastre, ella se fue dejándolo a él para que todo siguiera lo más parecido a cuando se marchó. Y así lo devolvería él.
En estos momentos estaba en el despacho de la directora… no se acostumbraba a decir "despacho del director del hospital", lo más cercano que había dicho a eso era "director suplente del hospital"¡pero es que se sentía como destronando a la reina diciéndolo de la otra forma!
Se encontraba firmando unos papeles en el su actual despacho, para cuando sonó la alarma de su reloj, sonido al que se había acostumbrado hace casi un mes a la misma hora: cerca de las dos de la tarde, hora de los noticiarios. Desde que sus amigos se habían marchado se obsesionó con ellos, si ellos no se dignaban a llamarle, al menos necesitaba saber que las bases estadounidenses no habían sido encontradas y bombardeadas y aunque era un panorama difícil para el "enemigo" no era imposible. En otras circunstancias le hubiese dado exactamente igual, ahora no, no con House y Cuddy allí.
Se paró y se dirigió a la cafetería a buscar alguna mesa con buena vista al televisor, además de unos tallarines con salsa.
Comía mientras miraba: un loco que mató a diez compañeros y a un profesor en una universidad en Minnesota, un violador que sería condenado a muerte en Oklahoma, el análisis de un nuevo discurso presidencial recargado en mentiras, la baja del dólar, como ya no compraban petróleo a cierto país latinoamericano, luego la guerra en Medio Oriente, dónde se hablaba de que los israelíes y los palestinos seguían peleando la "Tierra Santa", que en Londres y París habían habido ataques terroristas efectuados al mismo tiempo y se presumía de ataques palestinos, la ETA adjudicándose un ataque que había ocurrido hace unos dos días en Madrid, una separación fallida de unos siameses unidos por la cabeza en Bangladesh… ¿Alguien ha pensado que las noticias no son más que la ventana (media traslúcida) a las tragedias del mundo?… Luego, un niño pródigo capaz de resolver sudokus y puzzles, además de rompecabezas de mil piezas y jugar ajedrez con sólo seis años en Beijing; un perrito que sabe decir "te quiero" (sólo si tienes mucha imaginación) y recomendaciones de veraneo para ir a visitar la piscina más grande del mundo que estaba ubicada en algún balneario del norte de Chile… NADA. Una vez más, nada. Suspiró aliviado: al menos podía presumir de que sus amigos se encontraban vivos.
Se tomó la cabeza entre las manos, como ya lo había transformado en hábito, luego se las pasó por la cara y dio un último trago a su jugo para marcharse. No había alcanzado ni a pararse cuando la voz de Kutner le habló por sorpresa:
—Doctor Wilson, necesitamos su autorización para hacer una biopsia de pulmón —dijo, entregándole una carpeta.
Wilson la tomó y la revisó.
—Bien —sacó un lápiz que prendía del bolsillo de su camisa y firmó. —Háganla —asintió entregándosela.
Kutner la recibió, con una mueca extraña en el rostro y se fue.
Wilson se encaminó hacia su despacho, pero los gritos de Cameron desde el ascensor le hicieron detenerse antes de traspasar la puerta de la clínica.
—¡Doctor Wilson! Hola.
—Hola Cameron. ¿Qué pasa? Tengo trabajo que hacer.
—¡Uy! —comenzó a sonreírse en plan de molestar. —Antes te la pasabas cotilleando con House en algún rato libre¿ahora ya no existen esos ratos libres?
—No. Y creo que ahora soy tu jefe —dijo en tono que sugería que se ubicara, pero con simpatía.
—Ah. Okay. Bueno… Yo quería saber si es que ¿ha tenido noticias de House?
—No, nada. Pero debe estar vivo. La mala hierba nunca muere.
—Mmm… En realidad, tiene razón. Bien… —sonrió nerviosa. —Eso era. Me voy a almorzar. Que esté bien, doctor Wilson.
Y se marchó hasta donde la esperaba Chase, quien, como siempre, le preguntaba si sabía algo y ella, nuevamente, le respondía que no.
Wilson les miró marcharse. Aquella ya era una escena familiar, como muchas costumbres que había adquirido desde la ida de sus amigos, sobretodo por House.
Pasaba la tarde entre papeleo y un nuevo benefactor, el primero que le tocaba atender a él. Luego iba a ir a atender un paciente, pero llegó Foreman a interrumpirle en su camino:
—¿Tú les permitiste realizar esa biopsia? —gruñó alcanzándole los pasos.
—Tú me la estabas pidiendo —respondió confundido, sin parar de andar.
—Te han engañado. Falsificaron mi firma. No sé quién habrá sido, pero habrá que despedirlo.
—Es relevante esa biopsia para comprobar si es tuberculosis.
—¿Ellos creen que es tuberculosis?
—Sí. Y yo creía que tú también…
Foreman se agarró la cabeza mientras Wilson cogía la perilla de la consulta.
—¿Te molesta si te dejo? Tengo un paciente. Si la cagan me avisas, sino, no despedirás al que haya sido. Deberías felicitarlo por llevarte la contraria y por no estar de acuerdo con lo que dices. ¿No eras así tú con House? —le miró con una ceja enarcada y entró haciendo una seña de aviso con la cabeza.
Foreman hizo un gesto de no admitir su resignación y partió él mismo a hacer los exámenes que realmente les había pedido.
A la mañana siguiente, Wilson entraba por la puerta de bienvenida al hospital con quince minutos de adelanto, sin embargo, alguien había madrugado mucho más.
—¿Qué pasa, Foreman? —fue el saludo matutino (que ya se haría costumbre).
—Esto —alzó unos papeles a la altura de su cara —es lo que pasa.
Wilson tomó los papeles con desconfianza y se dispuso a leer. Pero Foreman no parecía tener ganas de esperar a que se diera cuenta.
—El paciente no ha salido del estado en años, está vacunado y no tiene edad de riesgo para la tuberculosis.
—Aquí dice que encontraron tejido necrótico en el pulmón, además tiene los otros síntomas fiebre, cansancio, sudor nocturno…
—¿Podrías mirar un poco más allá? La fiebre puede ser por una gripe menor, además la tuvo hace una semana, en una semana se le pudo haber pasado ese virus menor, hasta un resfrío te podría dar algo de fiebre. El cansancio se debe a que es un perezoso, ha estado postrado en cama por el gusto de no hacer nada en años, los músculos pierden la memoria si no se les recuerda constantemente lo que hacen. El sudor nocturno… ¿dime que tú no has sudado en estas noches de calor infernal?
—Bueno…
—Además el tejido necrótico no está sólo en sus pulmones. Mira los otros papeles. Hay en el hígado…
—También puede ser afectado por la tuberculosis.
—Ya. Pero dime si también la tuberculosis te degrada los huesos. ¿No habíamos descartado ya la tuberculosis?
—¿Qué sugieres¿Radiación?
—¡Exacto!
—Pero¿no dices que el tipo no sale de casa¡perdón!, de la cama?
—Bueno. Tal vez exageré. Sale a comprar el pan y juega a conseguir basuras con sus amigos. Por ahí alguno trajo desechos nucleares y aquí estamos¡tres tontos irradiados!
—¿Sabes todo eso por un examen?
—Las malas costumbres no se olvidan. No he revisado sólo exámenes. Por cierto¿te enteraste que anoche entraron sus dos amigos? Los últimos papeles son los de ellos.
Wilson buscó los papeles.
—Ahí se confirma todo. Además, creo que la tuberculosis no provoca vómitos tan repugnantes como los que vi anoche.
Wilson le miró y le entregó los papeles.
—Haz lo que sea necesario.
Foreman se descruzó de brazos, satisfecho.
—Ya los aislamos. Y no despediré a Kutner —dijo Foreman.
—Ya lo sabía —afirmó Wilson, cogiendo su maletín.
—¿De qué hablas?
—Te pareces a House. No serías capaz de despedir a quien te desafíe… aún menos si pierde.
—Y tú te pareces a Cuddy. No me despedirías aunque metiera la pata.
—¡Uy¡Que comparación! Pero, hay una gran diferencia entre "meter la pata" y "no ser bueno para esto". Y tú eres bueno para esto. ¡Por eso serás el elegido de House para ser su reemplazo!
Foreman sonrió negando con la cabeza.
—Eso último sonó como Cuddy.
—¡Deja de hacerme sonrojar, House, que no te voy a besar!
—Tú te puedes parecer a Cuddy, pero el envase nunca será el mismo. Y ellos dos se podrían besar, aunque yo creo que ya lo hacen… pero tú y yo ¡jamás!
—Tranquilo. Me dan nauseas de sólo pensarlo —y rió.
La gente que venía entrando, no entendía nada y miraba muy consternada la escena.
Wilson no comprendía si era porque estaban en los lugares de House y Cuddy que se comportaban así, pero el podría casi jurar que muchas de sus respuestas no habían sido ni cernidas antes de salir de su boca. Estaba claro que Foreman era un aspirante a "House", pero ¿él a "Cuddy"? Como no acabaran liándose, o más bien, siendo el rumoreo de ligues del hospital, todo iba a estar muy bien. O al menos eso esperaba. ¡Despediría a la primera enfermera cotilla!… ¿No se estaba adelantando?… Mejor se marchaba a su despacho, antes de poner una cara más imbécil a la que pintaba en ese momento.
Saludó a la secretaria que recién llagaba, se hizo un café y comenzó con el día a día. Con los hábitos que se había interiorizado, cosas que hacía ya sin pensar, desde que House y Cuddy no hacían más que divagar en su mente como viejos fantasmas, como almas en pena flotando sobre su preocupación, y él era como un zombi, como si le hubieran quitado el alma y la conciencia cuando marcharon, su alma se había ido con ellos a tratar de cuidarles¿no vivía para otra cosa?…
Las lágrimas deseaba que fuesen para otro día… no pudo resistir…
6 de julio de 2008, Base Hospitalaria estadounidense. Medio Oriente.
Había pasado un mes desde que House y Cuddy habían llegado aquí, un mes desde que a Cuddy se le había ocurrido dejarlo con una nueva duda, porque eso de "pero no me arrepiento de haber aceptado" no le dejaba de parecer curioso. Es cierto que se había equivocado con lo de la borrachera, demasiado egocentrismo de su parte no le dejó darse cuenta de las reales motivaciones desde un comienzo, debía dejar de pensar en él de vez en cuando si quería conocer las verdades que él tanto buscaba.
Lo otro que llevaba un mes y no era ningún misterio, sin contar con que para House se había transformado en una carrera en busca de una bolsa para poder vomitar, eran los descarados coqueteos de Fisherman con Cuddy y ella tampoco lo hacía nada de mal. Trabajaban bien, pero a la hora de los ratitos libres que les quedaban o de aquellos días en que todo parecía controlado y sólo estaban los enfermeros trabajando, ambos se la pasaban conversando de cosas estúpidas y riendo como imbéciles, según House. «Como si hubiese algo de qué reír aquí», pensaba.
Pero no me arrepiento de haber aceptado. ¿Sería una manera de decirle que ese pseudo-galán de Fisherman era algo bueno¡No¡Por favor! Estaban hablando de algo serio y en serio, si hubiese querido decirle aquello, se lo habría dicho con todas sus letras y exclamaciones.
Por otra parte, Cuddy con su nuevo "amiguito" lo tenía bastante abandonado, de hecho los días se volvieron aburridos desde que comenzó a hablar con Fisherman, no sólo porque con Cuddy discutían nada y podía encaramarse por su escote sólo de vez en cuando, sino porque a Udelhoffen se le había ocurrido, además, llenarlo de trabajo a él exclusivamente.
Pero lo peor había sido el desatino que tuvo Cuddy precisamente para el día de su cumpleaños, no es que a él le importara mucho ese dato, pero le aseguraba darle más dramatismo al asunto:
11 de junio de 2008.
Estaban en los comedores y ella estaba hablando con Goldsmith mientras almorzaban. Entró House y fue a buscar su comida deshidratada y se sentó al frente de ambas en la misma mesa. La doctora Goldsmith se excusó con que empezaba su turno, pero su sonrisita decía que eran otras sus intenciones con pararse de allí.
—Esta… ¿comida? es asquerosa —afirmó House, metiéndose un cucharón a la boca, una vez que Goldsmith se marchó.
—Deberías comer las legumbres, saben mucho mejor que la cazuela que te trajiste.
—Quería algo que me calentara el cuerpo… Olvidaba que podría encontrarme contigo.
—Ya. ¡Con el calor que hace y tú queriéndote calentar el cuerpo!
—¡Hey! Hay muchas razones por las cuales podría querer estar caliente, no sólo para pasar el frío.
Cuddy enarcó una ceja.
—¿Te quieres llevar a la cama a Goldsmith? Es bonita, tiene más de dieciocho… sin considerar el hecho de que llevas más de cinco días sin sexo…
—¡Ja¿Y cómo andamos por casa¿O ya te tiraste al mastodonte negro? Mira que últimamente se les ve muy juntitos y como yo trabajo de sol a sombra y de sombra a sol, no puedo vigilarlos todo el tiempo, por lo que supongo que ya se han liado.
Cuddy le miró molesta.
—No me he liado con él. Que ¿acaso no puedo hacer amigos?…
—Tú no haces amigos…
—¡No! Cierto. Me olvidaba de que con Wilson practico el sexo duro en mi oficina mientras le descargo la rabia que me das tú—rugió con sarcasmo.
—¡Guau! Eso yo no lo sabía. ¿Te estimulo? Interesante. ¿Por qué Jimmy no me lo habrá contado?
—Tal vez, porque no es verdad.
—Sí… Y a mí me la pone dura Foreman.
—¿Quién dice que no?
—¿Entendiste que era una indirecta por el negrazo ese, cierto?
—¿Por Michael¡Sí!
—¡Michael¡Avanzan rápido hoy en día!
—House¿por qué me fastidias¿Qué te importa a ti lo que yo haga o deje de hacer? Si se me ocurre enrolarme con ese tipo es cosa mía. Me gusta el sexo, creo que ya te lo dije alguna vez, y al igual que tú, no puedo estar a pan y agua el resto de mi vida. Pero por si te preocupa, a Fisherman sólo lo estoy conociendo, tanteando terreno aún, no ha pasado nada, lo estoy conociendo, como una "cita"…
—¿No eras de las que se acuesta con sus citas la primera noche?
—Sólo con las de demianbuscafigurapaternapuntocom. ¡Y ya me has jodido el almuerzo! —y se levantó.
—¡Este almuerzo estaba jodido desde el principio! —le gritó en alusión al espeso plato.
Miró por donde se marchaba y la siguió. Subió a duras penas las escaleras, se detuvo a sobarse la pierna en el rellano y cuando subía el otro tramo, escuchó la voz de Cuddy:
—Debemos ir a trabajar.
Y luego una voz masculina:
—Pero¿estás mejor?
—Sí…Tranquilo.
Y luego hubo silencio, pero le bastaba con sus ojos: Fisherman cogía a Cuddy con una mano en la cintura y otra en su cabeza apretándola en sí, ella se colgaba de su cuello y se paraba en puntas de pies y sus bocas estaban fundidas en un beso de tal envergadura, que House no halló mejor respuesta que el marcharse de allí a ver a algún nuevo cojo que pasaría a engrosar las listas.
Desde aquel día que House no le ha vuelto a dirigir la palabra a no ser que fuese para decirle que se quite de su camino, para lo cual utiliza su bastón. Desde ese día no había abierto la boca a Lisa Cuddy, ni para sacarle en cara la escena, ni para insultarla, si no lo había hecho en su momento, no lo haría ahora.
Cuddy había notado una actitud extraña en House desde que habían discutido en el almuerzo del su día de cumpleaños, no le hablaba, no le saludaba, hasta sus comentarios subidos de tono se habían esfumado. Lo último que le dijo fue algo que no entendió muy bien luego de que de esa discusión (en la que ella insistía que la ofendida debería ser ella) le saludara. Cuddy le dijo "feliz cumpleaños" a la hora que se iban a la cama, él sólo la miró como enojado y cerró la puerta de un gran estruendo, ella se quedó pasmada, pero desde adentro se oyó un gruñido: "¡el regalo ya me lo has dado, así que descuida!". Esa fue la última vez que oyó la voz de Gregory House dirigida hacia ella (aunque haya sido a través de una puerta).
En fin… Ella tenía otras cosas de las cuales preocuparse, como "qué hacer cuándo te has mandado una embarrada en un momento de debilidad". Y es que ¡se había besado con Fisherman!… en realidad, él la beso, pero ella respondió, aunque no inmediatamente, pero al fin al cabo fue un beso que ella no evitó. Era un beso, ¡sólo un beso!, pero estaba tan confundida… Recién había discutido con House, algo parecido a lo que en alguna otra ocasión sucedió, se lo quiso hacer notar con lo de demianpuntocom. Él nunca dejaría de decir que no era más que la curiosidad de un cabrón-pro-infelicidad-de-los-demás, ella estaba creída con que era más simple de decir: celos. ¿Para qué vamos a mentir? Siempre la ha jodido¡siempre! Lo más probable es que si ve que algo con Fisherman puede suceder o que algo sucede, la ande sermoneando y metiéndose en su vida a costa de excusas para incordiarla y dejarla mal una vez más… Sumergida en la soledad como él¿es que no podía simplemente hacerse a un lado? Llevaba puntos en lo de que era un cabrón, pero uno inoportuno e insoportable. Si tanto le preocupaba ella, su útero, su descendencia y su infelicidad¿por qué no se apuntaba al plan hagamos-desgraciada-a-Cuddy-importunando-en-su-vida-y-haciéndonos-su-esposo-Cabronería-Personificada?…
Y volviendo a Fisherman¿realmente quería que pasara algo con él?… En fin, el tiempo lo diría… Mientras House no importunara una vez más estropeando como siempre sus citas, relaciones o como quiera llamárseles, las cosas irían… ¿bien?… ¿Por qué no era capaz de convencerse a sí misma?
Había pasado un mes del que había abandonado el PPTH y quería saber cómo iría todo. Así que buscó un horario en el que Wilson estuviese en su puesto de director. Sacando las cuentas, pasadas las siete de la mañana era un buen horario, pues allá sería alrededor de las tres de la tarde. Pidió a Udelhoffen que le dejara hacer la llamada una vez concluido el turno que le correspondía hacer esa noche. El médico accedió.
Cuddy y Goldsmih se quedaron de guardia esa noche junto con algunas enfermeras. Se pasearon entre camillas mientras conversaban.
—Usted no me ha señalado con el dedo después de lo que le conté —comentó la más joven con timidez.
—No tengo derecho a juzgarte. O ¿quieres que lo haga? Porque creo que se me da muy bien —ese último comentario lo pronunció con sarcasmo dirigido hacia ella misma.
—No. Está bien. Pero es extraño. La gente suele… alejarse, espantarse… Decepcionarse.
—No me podría decepcionar, no te conozco y es por lo mismo que no puedo juzgarte, no como persona. Puede que lo que hiciste sea reprochable, pero no quiere decir que lo harás de nuevo —y le sonrió.
Goldsmith entristeció la mirada como si le hubiese removido alguna herida, pero luego levantó la vista para dedicarle una sonrisa nublada por la pena.
—¿Qué pasa? —preguntó Cuddy, guiándola hasta unos taburetes para que se sentaran.
—Nada. Cosas mías, soy un poco tonta. Me pongo sentimental… No es nada —aseguró, ahora firme, ante la mirada insistente de Cuddy.
Cuddy sonrió.
—Gracias por no prejuzgarme —reiteró Goldsmith.
—Tranquila. Estoy a prueba de balas. House es un crío sin remedio, molestoso, irritante y hasta maldito, pero es un buen médico. Si lo hubiese prejuzgado por su personalidad, no podría jactarme ahora de haber contratado a uno de los mejores diagnosticadores.
Goldsmith ocultó una risa en un estornudo:
—¿Por qué siempre que hablamos acaba él saliendo como uno de sus temas?
—Bueno… —farfulló Cuddy nerviosa, lo que le hizo contestar un tanto a la defensiva: —Me da tema. Lo ubicas, yo lo conozco… Te podría hablar de Wilson, pero tendría que explicarte quién es y sería aburrido, porque sería mi apreciación y es mejor que cada uno se haga una idea propia de la persona que se habla…
—Se da muchas vueltas para dar una respuesta. ¿Y quién es Wilson?
—Un amigo —dio un chasquido con la lengua, molesto por lo que tendría que decir —común entre House y yo. House y yo no nos llevamos y él…
—Yo no diría eso. Más bien pensaría que se gustan, pero son tan tozudos que no son capaces de decirlo —y sonrió picarona.
Cuddy quedó con la boca abierta antes de decir nada.
—¡No¿¡Qué dices!? —exclamó.
—Yo digo lo que veo.
—Pues ve usando lentes.
—¿Por qué no sigue hablando de Wilson?
—Se acabó la sección de mi vida privada. Toca la tuya.
—Oh… Ya no sería vida privada. Además creo que sabe suficiente —se puso de pie, frente a ella. —Como mucho le puedo decir que me atrae el doctor Brown, es guapo. Y le hablo de él porque lo ubicamos las dos.
—Okay… —dijo Cuddy extendiendo la última sílaba, notando que era una indirecta hacia ella.
Goldsmith se encogió de hombros con las manos en los bolsillos. Miró hacia donde un tipo despertaba quejándose de dolor.
—Upsss… Las enfermeras se fueron de merienda. Usted y el doctor House hacen bonita pareja, al menos si me hacen escoger entre él y Fisherman para usted… No soy racista, pero como que habría mucho contraste… Mmm… ¡bien! Me voy a ver a ese enfermito. Después hablamos.
—No —dijo Cuddy rotundamente, poniéndose de pie. —No es necesario que esperemos para después las explicaciones de aquello que me acabas de decir. Puedo seguirte.
En una de las camas cercanas a la puerta un marine despertó dando un gran grito. Amabas lo miraron y luego entre ellas.
—Okay —admitió Cuddy su derrota. —Lo dejamos para otro día. Pero no te escapas¿eh?
—Creo que este piso y el de arriba son los únicos lugares por donde podemos movernos —comentó ella con sutil ironía viendo al herido, mientras Cuddy se iba a ver al marine que provocaba tanto alboroto.
—¿Qué le pasa? —gruñó Cuddy.
—¡Me duele la pierna¡Ahgth! —y se la sobaba revolcándose en la cama.
Cuddy partió a la bodega donde guardaban lo remedios, al lado de la sala de operaciones, y buscó entre las cajas y cajones alguno que dijera "morfina". Finalmente, dentro de una caja rotulada halló varios frascos, sacó uno para tenerlo a mano y se acercó al tipo. Sacó una jeringa del cajón de un mueble de metal al lado de la puerta y con la aguja la llenó para luego clavársela al militar y acabara de una vez con su insufrible berrinche. Al cabo de unos minutos el tipo de sosegó.
—¿Cómo está ahora?
—B-bien —murmuró.
—Ya. Para la otra procure no hacer tanto escándalo, por favor —suplicó con exasperación.
—Sí, doctora.
Cuddy alzó la vista buscando a la doctora Goldsmith, pero no la encontró. Supuso que habría ido al baño. Pero pasaban los minutos y no llegaba. Pensó en que sería irresponsable ir a ver dónde podría estar, pues que una de las dos se ausentase pasaba, pero no las dos. Así que mejor se quedó haciendo su guardia.
A la hora después llegó la doctora Goldsmith algo nerviosa, alisándose el pelo con las manos.
—¿Te atrapó el inodoro? —le preguntó Cuddy apenas entró.
—No. Es que… —miró hacia todos lados como buscando algo.
—¿Buscas una excusa? —le inquirió Cuddy con ironía. —Si querías acostarte con alguien, pudiste darme los pretextos antes. Así no estaría preocupada.
Goldsmith se enojó.
—Y yo que creía que era de las que no prejuzgaban.
—Pero ¿qué he dicho? Es sólo una ironía. No sabía que eras tan sensible. No te conozco.
—Por lo mismo podría ahorrarse sus comentarios sarcásticos que se los soportan sólo entre usted y el doctor House.
—¿Por qué estás tan alterada?
—¡No estoy alterada!
—Ya. Como tú digas… —y no le habló más.
Llegó la madrugada y con ello la hora de hablar con Wilson.
—¡Hola Cuddy¡Que alegría escucharte¿Cómo estás?
—Conectada a un marcapasos.
—Uh… ¿Debo entender que no eres libre?
—Un futuro paciente está a punto de ponerme un estetoscopio en mi garganta.
—Un militar…
—Los exámenes los entendemos tú y yo, no es necesario que me traduzcas los resultados.
—Ahmmm… Bien… ¿Y cómo están tú y House?
—House no sé y yo volviéndome loca, pero bien por lo demás, gracias. ¿Y tú¿Cómo está todo por allá?
—Tu hospital está bien, funciona como siempre. El que tiene un problema soy yo…
—¿Algún problema administrativo que Delia no te pudo ayudar a solucionar¿Los del Consejo ya te están presionando?
—No. Eso lo tengo todo bajo control. El trabajo tuyo lo hago mejor que el mío.
—¿Pasó algo con algún paciente tuyo?
—Eh… Sí. He vuelto a errar en un diagnóstico. Aunque la vez anterior fue un falso positivo, ahora fue verdad, pero me equivoqué con los tiempos. Le di tres meses, sólo tenía uno. Murió anoche.
Cuddy suspiró.
—Errar es humano…
—Y echarle la culpa a otro es más humano.
—Wilson, todos nos equivocamos algunas veces.
—No tan seguido.
—¿No vas a empezar a dudar de tus capacidades por eso?
—Es que ¡ya es mucho, Cuddy!
—Wilson. Escúchame. Tenía cáncer, se iba a morir. No te puedes sentir culpable porque no aprovechó su tiempo, porque es eso¿verdad? Mira, si todos tuviéramos la suerte de los leucémicos, de saber cuándo moriremos, podríamos hacer las cosas que no nos atrevemos y disfrutar de la vida como ellos hacen una vez que se les avisa. No tenemos esa suerte de que alguien nos diga cuando moriremos. Si no hubiese tenido cáncer, de otra cosa se hubiese muerto y tal vez antes. ¡Deja de llorar!
Al otro lado del teléfono se oían los sollozos de Wilson tratando de ser controlados. Cuddy los escuchó un momento y luego le habló:
—James, no te hubiese puesto a cargo si no confiara en tus capacidades.
—¡Lo imagino! —exclamó con sarcasmo.
—¡Oye! Estás muy sensible. Esto no es sólo el paciente. ¿Extrañas a House?
—El cabrón es tan cabrón que no te deja vivir con ni sin él.
Cuddy rió.
—Me parecía ya extraño. Constantemente se mueren pacientes y te sensibilizas, pero no lloras. Esto no es sólo por eso. Eso fue la gota que rebasó el vaso. ¡Como son amigos los dos!
—A ti también te echo de menos.
—Sí. Pero no como a él. Con él hablarás de las maneras de cómo deshacerse de esta bruja, conmigo de que no le trate tan mal cuando soy sólo yo la de la idea de atormentarlo.
—Bien. Estoy sensible. Ya se me pasará. Y cuéntame¿por qué no hablas con House¿Qué te hizo?
—Me dijo una tontería como las de siempre la última vez que me habló. Pero no soy yo la que ha cortado la comunicación, es él.
—Oh. Con lo que debo suponer que la que hizo algo fuiste tú.
—¡Yo no he hecho nada!
—House no te dejaría de hablar porque sí. ¡Vamos! Cuéntame, qué hiciste. No puedo creer que hayan cambiado de papeles.
—Wilson. Los estetoscopios. No sé qué puede dar negativo ni qué positivo.
—Oh. Muy bien. Te escuchan el corazón. Bien. Averiguaré qué pasa en "casa", pero tú igual podrías preocuparte y preguntar, me dejas hablando solo.
—Bueno. Perdón por no preocuparme por la "casa", pero tengo unas carpetas de donantes pendientes que necesitan revisión. Trataré de ver qué puede ser lo que haya provocado esa fuga de gas en la "casa", pero no creo que lo tenga claro. Te tengo que dejar.
—Bien. Como tú digas. Sólo preocúpate de saber qué es lo que puede estar fallando en su "casa".
—Ajá. Cómo ordenes. Adiós.
Y colgó.
—¿Tiene algún problema con el doctor House? —le preguntó Udelhoffen.
—No. Nada que no hayamos ya discutido alguna vez —aseguró, aunque ella tenía muy claro que era una evasiva al fisgoneo de Udelhoffen.
Udelhoffen la miró marcharse no muy convencido de su respuesta.
Cuddy no tenía muchas ganas de hablar con House, por la actitud hosca que había adoptado con ella, pero si Wilson lo pedía… Por lo menos trataría de decirle que llamara a su amigo para que tuviera noticias de él.
Subió las escaleras y se le encontró entrando al baño de hombres. Ella lo siguió. No hubo comentarios sarcásticos, aunque ella estaba segura de que se moría de ganas por soltarle algo. Las cosas no mejoraban con seguir en silencio, así que habló antes de que llegara alguien.
—Podrías llamar a Wilson. Desea saber de ti —se quedó un momento en silencio a ver si había alguna réplica, pero nada. Prosiguió: —Como no me has hablado en todo este tiempo y no sé por qué, no le he podido responder yo misma. Aunque si quisieras decirme, te evitarías la molestia de madrugar y yo lo haría por ti.
House, que orinaba mientras ella le hablaba, se subió la cremallera y se volteó con una sonrisa no muy amigable.
—Como te gusta hacerte la buena y la mártir. Te gusta creerte la heroína que no eres. Sólo eres tonta y nada perceptiva.
—¡Ay! House. Si al menos supiera qué te pasa podría ayudarte o remediarlo, pero como no me lo digas, no me queda más que parecer tonta. Lo de heroína será para otro día.
Cuddy trató de no sonreír, para no parecer estúpida, porque la situación no lo ameritaba, pero es que ¡había conseguido al fin que House le volviera a dirigir la palabra!
House se acercó al lavabo y comenzó a lavarse las manos.
—Sí. Eres tonta, porque no eres capaz de hilar las cosas que pasan en tu vida. Como detective das asco.
—Holmes aquí eres tú. No me doy por aludida. Y, además¿qué tendría que hilar¿Que he entrado al baño de hombres, por lo que debo ser transexual? —no se pudo resistir a seguir esperando el comentario que ella estaba segura soltaría si no estuviera tan raro.
—También. Pero me refería a los sucesos de que puedes ser más fácil que Cameron y más tonta que Cuddy. ¡Oh¿Qué digo¿Esa no eres tú? —se sacudió las manos, salpicándola. Ella hizo un gesto molesto por las gotas que la mojaban. —Estás ciega, por eso entraste aquí. Tu baño es el del frente, señora Fisherman. Sal.
Cuddy no entendió, en un comienzo, qué fue lo que quiso decir con eso último, pero cuando iba a replicar, él ya la correteaba con el bastón para que saliera, sin embargo, la puerta se abrió dando paso al doctor Gordon.
—¡Hola Gordon! —saludó House con cordialidad, aún empujando a Cuddy. —Discúlpala, está loca por mí, no se abstiene de verme ni para dejarme mear tranquilo.
Cuddy dio un rugido de furia, le quitó el bastón, iba a gritarle algo, pero no pudo articular las palabras, así que tiró al suelo el apoyo de House, al tiempo que se iba.
—¿Qué he dicho? —preguntó House inocente por fuera, enojado por dentro, agachándose para recoger su bastón.
—Tal vez le molestó que te burlases de sus sentimientos —sugirió Gordon, dirigiéndose al retrete.
—Ella no tiene sentimientos. La idea era dejarla en vergüenza.
—¿Te gusta? —le preguntó Gordon desde el urinario.
—¡Como las manzanas con gusanos! —gritó y salió.
Cuddy estaba furiosa, pero poniendo la cabeza fría pensaba que era culpa del "viaje" que se hubiesen puesto todos tan sensibles, pues sentía que hasta a House le había tocado. En fin… Mejor iba a hacer "su trabajo".
Dos días después de la conversación con Cuddy, House llamó a su amigo:
—¡Vaya, hombre! Escuchaste a Cuddy.
—Andas gracioso, Jimmy. Si querías saber de mí, ya me has escuchado: estoy vivo. Adiós.
—¡Eh, eh, eh, eh! —le detuvo. —No me vayas a cortar que no creo que sea muy fácil que les dejen comunicarse. Vamos. Cuéntame¿qué te ha pasado?
—De malo estar aquí. De bueno, que ya me he tirado como a seis enfermeras y tres doctoras.
—Ni siquiera llevas bien las cuentas.
—Sí. Bueno. Ya sabes. Las matemáticas no son mi fuerte.
—Bueno —suspiró. —¿Y qué ha pasado con Cuddy?
—Ya te fue con el cuento la cotilla esa —masculló, dando paso a un momento de silencio.
—¿Pasa algo malo?
—No te hagas el que no entiende, Jimmy. Te apuesto a que me pintó como el malo de la película.
—Mmm… La vedad es que no. Me dijo que discutieron, pero como siempre. Y que después tú le dejaste de hablar y ella no entiende por qué.
—¿¡No entiende!? —House se tomó la cabeza, como dándose paciencia.
—Eh… No. Oye. Dime una cosa¿Cuddy encontró… ehmmm… pareja por allá?
—¿Por qué lo preguntas?
—Es que… —se arrepintió de dar el las explicaciones primero. —¿Por qué te molestaste con ella?
—No me he molestado con ella. Y ya, dime. Si ya lo soltaste, cagó la confidencialidad. Habla.
—Eh… Cuddy… me comentó algo sobre "revisar carpetas de donantes". ¿Qué significa eso? Que yo sepa la idea de tener un hijo se la sacó hace tiempo de la cabeza. ¿O no?
—Sí. Pero ahora busca candidatos para que la rompan. Y no me refiero a polvos, aunque igual podría ser…
—Te refieres a… ¿su corazón¿Su alma¿Estás preocupado¿Tiene un ligue?
—No tiene corazón, así que no. Su alma, metafísicamente sí, por algo estará viva. No estoy preocupado. Y sí tiene un ligue. Un negrazo tres veces más grande que Foreman y con una personalidad más empalagosa que la tuya. Y ella, tan desvalida la pobre, ha caído redondita en su brazos o en su boca para que la poesía sea más exacta.
—Bueno… Es un beso. Le gustará el tipo.
—¡No me digas sandeces! El tipo la podría romper con un abrazo.
—Ya… Y a ti te preocupa que Cuddy acabe lastimada.
—¡No me preocupa! Es sólo…
—¡Ah! —exclamó comprendiendo.
—¿Qué?
—Lo he entendido todo. Estás celoso, pero muy celoso, porque Cuddy se besó con el tío ese y parece que le gustó.
—¡No me hables bobadas! Y papi me tienta con una jeringuilla de morfina, así que me marcho.
—¡Oye¡No! Pero es…
House cortó.
—Lo siento. No puedo contarle de qué hablábamos. Es personal —dijo sarcásticamente, levantándose con dificultad y ayuda de su bastón. Sobre la cara de Udelhoffen le escupió: —Muy personal —y alzó las cejas, para luego irse cojeando ante la mirada molesta y extraña de Udelhoffen.
Pero éste lo siguió.
—¿Tiene algún problema con la doctora Cuddy?
—Ehmmm… No.
—¿Está seguro?
—Ehmmm… No.
Udelhoffen empezó a enojarse.
—¿No sabe decir otra cosa¡Le estoy hablando en serio!
—No y no.
Entraron a la sala de atenciones. Udelhoffen iba a decir algo más, pero House le preguntó a uno de los heridos:
—A usted¿qué le pasa?
—Me duele la pierna.
—Todos dicen eso.
Udelhoffen parecía una tetera hirviendo al momento que se marchó de allí, ante la cara de falsa sorpresa de House.
Cuddy se enteró algunos días después y por una conversación en la bodega de sala de atenciones que House mantenía con Gordon, de el que primero había hablado con Wilson:
Ella estaba buscando unas vendas en la bodega y de pronto entraron los dos nefrólogos, ya conversando.
—No sé quién sea ese Wilson, pero estoy de acuerdo con él. Por cierto¿cómo te pudiste comunicar?
—Por teléfono.
—¿Se puede?
—Sí. Hay que comentarle a papá Udelhoffen y que te lleve. Yo me salté ese paso, pero ¡bah!
—Mmm… Volviendo al tema. Para que no te importe esa mujer, te preocupas demasiado por ella. ¡Me tienes hinchada la cabeza! —y se la tomó.
—Perdón —se excusó falsamente, mientras revolvía un cajón. —¿Dónde estarán las vendas?
¡Maldición!, pensó Cuddy para sí. Ahora le diría que es una chismosa que anda escuchando conversaciones ajenas por estar ahí. De todas formas tenía que salir de allí. Le miró entre los estantes y cajas y vio que avanzaba por las orillas con Gordon más atrás. Cuando notó que doblaban el recodo, salió, pero caminando naturalmente con sus vendas en la mano. Había pensado en escapar como una adolescente que no quiere que los chicos la descubran espiándolos en los camarines, pero se arrepintió y prefirió madurar.
Se cruzaron en el tercer pasillo a lo lejos, él en un extremo con Gordon, ella en el otro. House la quedó mirando extrañado. Ella ya pensaba en que la interrogaría de por qué estaba allí, pero la pregunta fue otra:
—¿Dónde encontraste esas vendas?
Cuddy dio un suspiro.
—En el último pasillo. En el estante. Justo al centro. En un caja.
House hizo un gesto ambiguo.
—Gracias —y partió a buscarlas, mientras que Gordon se quedó un rato rezago mirándola con cara interrogante, ella le sonrió y se marchó.
—Tiene lo suyo tu doncella —le comentó Gordon, alcanzándolo, en tono pensativo.
—¡Ea, pirata! No blasfemes, le rendimos tributo al capitán Udelhoffen. No lo olvides.
—Sí. Pero dentro de un año volverás a su embarcación y tendrás que rendirle tributo nuevamente.
—¡Ya encontré las vendas! —anunció House, cortando bruscamente la conversación y dirigiéndose a la salida.
Cuddy no podía creer que después de tanto tiempo había recibido una palabra "agradable" por parte de House. "Gracias", eso no era algo que se escuchara todos los días de boca del médico, así que era para sorprenderse y darle un poco más de vueltas en la cabeza antes de que algo cortara la emoción.
Era ya de noche, la luz del pasillo de los dormitorios estaba apagada y sólo algunas linternas que venían desde las habitaciones más profundas se acercaban hacia los baños. Cuddy también hizo el recorrido. Cuando salió del baño alguien la estaba esperando afuera.
—Doctor Fisherman. ¿Qué es esto? —preguntó con una sonrisa nerviosa. —¿Una persecución?
—No, doctora Cuddy. Sólo la estaba esperando. Eso es: un hombre esperando —y la cogió de una mano.
Ahora no sólo la sonrisa de Cuddy era nerviosa, sino su cuerpo entero. Algo se batía a lucha dentro de ella, pero no estaba muy segura de qué era.
—Tengo algo que darle. ¿Me permite?
Cuddy se lo pensó un momento, sin embargo, Fisherman ya la arrastraba hasta su habitación. Abrió la puerta y encendió la luz.
—¿Quieres pasar?
Cuddy lo comprendió todo desde un comienzo, ahora no hacía más que aclarársele todo. Pero no quería ser mal pensada, no ahora, no hoy, porque hacerlo le valdría interrogarse por si de verdad era tan puro ese "gracias". Entró.
Fisherman, con una sonrisa, cerró la puerta. Se acercó a Cuddy que estaba de pie junto a la cama.
—Siéntate —le convidó él.
Ella lo pensó dos segundos más de lo que debería, pero hizo caso.
Realmente estaba nerviosa, muy nerviosa. El corazón se le empezó a agitar haciendo físicos sus nervios. Sintió que Fisherman se sentó a su lado y luego que le tomaba por la barbilla delicadamente… No sintió nada. De pronto fue como si un balde de agua fría la despertara y se dio cuenta de la cercanía de la cara del ginecólogo a ella. Levantó una mano le dio vuelta la cara, no en una cachetada, sino que simplemente le cambio su rumbo a uno por allá por la pared; se puso de pie y se marchó, aunque dudando. Estaba aterrada…
"¿Qué rayos me pasa?", se cuestionó una vez afuera, apoyada en la pared que separaba las piezas de House y Fisherman. Agitó la cabeza y se fue a dar una vuelta a la sala de atenciones. Tal vez ayudar un poco a House y Gordon en su turno no le vendría mal.
Llegó hasta la sala y los halló conversando en las mismas butacas que habían estado Goldsmith y ella noches anteriores. Se les acercó.
—¿Qué haces aquí? —fue el "cordial" saludo de House.
Gordon rodó su ojo.
—¿Busca algo, doctora Cuddy? —preguntó el tuerto amablemente, mirando de soslayo a House para reprocharle.
Cuddy, que ya se había desencantado del "gracias", se dirigió a Gordon, dando un suspiro de resignación:
—Quería ver si necesitaban alguna ayuda.
El doctor Gordon abrió la boca para decir algo, pero House habló, lo que lo llevó a, irónicamente, hacer un gesto de cómo si le cediera la palabra.
—No. Ninguna. Como vez aquí está todo muy tranquilo. Así que ya te puedes marchar.
Cuddy miró indignada a House, pero antes de que pudiera espetarle nada, Gordon volvió a salvar la situación:
—No le haga caso. Si quiere puede quedarse. Pero sí es cierto que no hay mucho que hacer.
House se dirigió especialmente a Gordon:
—¿Por qué eres tan amable con ella¿Te gusta? Mira, si quieres un consejo, a ella le gustan los chicos malos, que trapeen el piso con ella…
—¡Ah! Por eso tú eres como eres con ella —cuestionó Gordon, aunque seguro de que fuese cierto por el pequeño sonsonete de ironía en su voz.
—Eso es diferente. Ella es mi jefa. Suele pasar que los empleados odiamos a nuestros jefes y les deseamos todo el mal del mundo. Es la ley natural.
A Cuddy comenzaron temblarle las aletas de la nariz. Dio un brusco suspiro y le dedicó una falsa sonrisa.
—Sí. Tienes razón. Pero también es ley natural que el empleador siempre sale ganado.
—Es cierto. Pero ahora no eres mi jefa, es el llavero peludo y negro que mata a gente a su gusto. Y como ya no eres mi jefa, puedo mandarte a freír espárragos sin temor a que me despidas.
—Volveremos algún día y todo lo que digas lo puedo usar en tu contra¿sabes?
—Si es que volvemos. Mejor dicho, si es que vuelves tú, porque te ves tan liada con ese galanete, que se me hace que querrás quedarte más del tiempo presupuestado.
—¿Eso crees? —preguntó indignada.
—Eso sé.
—¿Te gusto, House?
Gordon abrió los ojos desmesuradamente, estaba muy sorprendido. La pregunta se salía de contexto, era como para esperar que se gritaran un poco más antes de soltarla tan escuetamente.
House sonrió socarronamente, ya se conocía esa pregunta. Negó con la cabeza mirando al suelo, sin quitarse la sonrisa, luego la subió posando los ojos en los de ella. Con la misma mueca, abrió la boca, diría algo, pero dos segundos más…
—No —dijo fijamente en ella.
Gordon nuevamente estaba impresionado, pero ahora de la frialdad de House.
Cuddy pestañó un par de veces involuntarias, tomó aire por la nariz apretando sus labios y soltó en un suspiro:
—Bien.
"Bien". Sólo "bien". No era un bien de "estoy bien", ni uno de "bien hecho", era un doloroso canto antiguo que se remontaba de los años de las sufridas ninfas greco-romanas, un bien de aquellos que sueltan las enamoradas Penélopes a la espera de su Odiseo, resignadas a aguardar y ser siempre pacientes, un "bien" que costó trabajo articular y no porque no supiera juntar las letras, se le hubiera olvidado modular o no supiera qué significado darle, simplemente no podía, no quería creer que todo lo que algún día creyó no era más que su imaginación, que todo era ceniza y ahora un viento que se asomó en el soplo de un "no", hubiera acabado por destrozarla. No estaba conciente ni preparada, no quería creer que esas ilusiones fuesen tan importantes para ella, pero lo eran. Tan difícil fue vocalizar ese "bien" de "como tú digas", sin ironías, puro y limpio como el dolor de una roca que ha sido lavada por el mar, pero que antes ha sido brutalmente agredida. Los ojos de él eran ese agresivo mar, los de ella, en la semipenumbra, eran del color de esas rocas y como ellas, estaba estoica, ahí de pie, firme como siempre, sin atisbo de que el asunto le importase… Tal vez sólo sus ojos le delataban.
Cuddy tomó un último respiro para darse el valor que necesitaba para mover las piernas sin que le temblaran y salir de allí.
—Eres un perro maldito —le dijo Gordon aún asombrado, una vez que hasta la sombra de Cuddy se desapareció escaleras arriba.
—Mmm… Sí. ¿Trabajemos —se puso de pie —o vas a pasar todo el rato criticándome por ser tan "perro"?
—Podemos hacer ambas cosas —dijo Gordon, también parándose. —Un perro tiene más decencia que tú, de todas formas —eso último se lo dijo mirándole directamente.
—Mmm… —hizo como si lo meditase. —Puede ser. ¿Trabajemos?
Gordon negó con la cabeza ante tanta frialdad. Se fue al extremo contrario de la sala al que se dirigió House.
House chequeaba uno a uno a los pacientes dormidos, pero en realidad estaba más preocupado en pensar:
"No". Tan seco y cortante como suena, como se lee. "No". Le había dicho tantas cosas durante su vida, tantas, verdaderas crueldades, pero sólo por un "no" se quebró entera, se rompió como una muñeca de porcelana. Él juraba de rodillas que eso le pasaría con Fisherman, que él le haría trizas el corazón y que acabaría volviendo al muelle del cual se había escapado, que entraría más allá del lugar en donde contemplaba el mar y que subiría a un bote y remaría hasta el horizonte del océano… inacabable… Pero no¡no! Él creó un tifón, un maremoto con lo que expulsó todo su interior, la contaminación de la que era víctima, todo se fue en una gran ola asesina que cuando las crestas rompían en la orilla y en todos los lugares que pudiera hacer daño, coreaban un "no". Un duro y frío "no", como las olas que querían dañar más allá de la simple costa y avanzaban lo más que podían hacia tierra, dando en el centro de la ciudad, justo en el corazón, para un vez echo el daño devolverse lenta y tortuosamente para el que ha logrado sobrevivir; y sólo en el último repicar, ese con el que acababan por volver a su sitio, parecía asomarse un tímido… "Lo siento". No quería hacer daño, pero es algo dentro de él más fuerte que sus propios impulsos por controlarlo. El mar necesita desahogarse de que lo hagan sufrir tanto y hace sufrir para ello, Gregory House también…
Cuddy caminó rápido escaleras arriba. Luchaba contra las lágrimas "no merece que derrames una gota por él" se decía una y otra vez. Llegó hasta la puerta de su habitación contando las puertas que pasaban con el tacto de su mano deslizándose por la pared. Pero allí se quedó, de pie. Una lágrima le ganó¡una sola! Quiso golpear la pared, pero se arrepintió, secó sus lágrimas, tomó una bocanada de aire, como esperando encontrar coraje en ella y se dio la media vuelta para llamar a la puerta número ocho que estaba iluminada en la ranura de abajo.
La puerta se abrió. Fisherman salió y la miró perplejo. Luego como si dudara de estar feliz o enojado por aquello. Decidió ser cortés en su tono.
—Creía que no querías saber nada de mí, por como te fuiste…
—¿Sí? Bueno… —farfulló ella mirando hacia cualquier parte menos a sus ojos, moviendo muy nerviosa las manos. —Es que… —se decidió por mirarle a los ojos o al menos aparentarlo, pero para él se veía muy segura —Tenía una duda, pero ya la he solucionado.
Y acto seguido se encaramó por sus hombros para besarle, por la diferencia de altura, él la ayudó agachándose y recibiéndola por fin en su boca.
Ella lo empujó para que entraran, él cerró la puerta con su espalda par no privarse ni por un segundo del contacto de su cuerpo, de tenerla entre sus brazos. Sin embargo, tenía una curiosidad que necesitaba ser saciada, por la que la tomó por los hombros para mirarle la cara:
—¿Por qué?
Ella se separó mientras sonreía y le tomaba de las manos.
—No hagas que me arrepienta —fue toda la respuesta y apagó la luz, llevándolo de la mano hasta la cama.
—¿Arrepentirte de qué? —preguntó de camino.
—No lo eches a perder —y le abrazó para caer juntos en la cama, besándose.
Para él parece que fue suficiente respuesta, porque empezó a desesperarse de que le estorbasen tanto las segundas pieles, aquellas que cambias todo los días a cómo se te da en el gusto. Y le desprendió de todo desde la coleta, pasando por la blusa y más abajo, hasta la poca dignidad que la tenía en pie.
Fue una noche que hicieron de la primavera el otoño en un segundo. Una noche en que el corazón sólo se recogía a pedacitos ensangrentados al terminar. Una noche que resecó las flores amarillas que quiso entregar. Una noche en que la rosa roja más podía lastimarse a sí misma con sus espinas que seducir. Una noche en el que el mar resonaba con más fuerza… Todo por un "no" y por un "bien".
Cuddy abrió los ojos, la luz del velador estaba encendida y tenía la mano de Fisherman sobre su boca, le miró: su sonrisa perlada le permitía saber dónde exactamente dirigir su vista. Ella sacó la mano de su boca sin dejar de mirarlo.
—¿Qué pasó? —preguntó con hilo de voz temblorosa.
—Gritaste. Tuve que hacerlo, por si acaso, ya sabes. Lo siento si fui muy violento.
Se acercó hasta besarla, pero ella no respondió. Estaba con expresión vacía mirando nada.
—¿Qué pasa? —esta vez fue él.
—¿Qué grité?
—Mmm… —preció pensarlo, mientras ella se sentaba en la cama. Él contempló su espalda. —Nada en especial, sólo un grito.
Cuddy buscó su ropa hasta que la encontró y comenzó vestirse con mucho pudor.
—¡Ya te conozco¿Para qué tanto cuidado? —rió él.
Ella no respondió. Estaba demasiado concentrada en su tarea de vestirse que no quería prestar atención a nada más. Tenía algo en mente o mejor dicho en el corazón. Palpitaba extraño y necesitaba deshacerse de esa sensación, cualquier distracción la haría dudar y no quería dudar.
Se sentía mal, miraba cada prenda de ropa de la que fue despojada con culpabilidad, como implorándoles perdón. Estaba incómoda, sentía vergüenza, no estaba a gusto. Se sentó con las piernas abajo para encajarse la falda, luego se paró para abrochársela al tiempo que se calzaba los zapatos bajos ante la mirada extrañada de Fisherman.
—¿Eso era todo¿Un poco de sexo y ya? —Cuddy no respondía, lista ya se dispuso a irse. —¿A dónde vas? —espetó sin levantarse de la cama debido a sus condiciones.
Ella se detuvo un momento, se volteó para no huir una vez más y le afrontó con algo que, más que para él, era para ella misma:
—No te cuestiones ni te arrepientas de lo que no evitaste. No vale la pena. Ya lo hiciste. No pierdas el tiempo —y se marchó dejándolo aún más consternado y ofendido que antes.
Pensó en pasar al baño, pero no. Fue directamente a donde deseaba: a la sala de atenciones.
Entró, pero no halló lo que buscaba, sólo vio a Gordon al fondo, sentado en una butaca con cara de sueño.
—¿Ya desentrañaste el mito? —oyó la pregunta a sus espaldas, haciéndola asustarse. Se volteó, nada. Miró hacia abajo: allí estaba House, sentado en el suelo, apoyado en la puerta, sobándose la pierna.
—¿Qué mito? —inquirió ella parándose frente a él.
—El de que los negros son más "dotados" —hizo comillas con los dedos, sin mirarla —que los blancos.
Cuddy bufó. No estaba de humor para sus perversiones.
—No sé ni para qué vine —respingó.
—Yo creo que sí —afirmó él, poniéndose de pie, con ayuda de la camilla.
Ella, a pesar de todo, tuvo la intención de ayudarlo, pero se resistió. Se quedó estoica de pie, esperando el balde de mofas. Pero no fue capaz de resistir, ya no más, la dignidad se le murió como una flor marchita y no le quedaba fuerza de la cual aferrarse para evitar lo que no quería soltar. ¿Por qué quiso bajar a verlo? Las lágrimas caían solas, fluían como los ríos, no podía detenerlas. No quería que la siguiera viendo así de débil, pero no lo podía controlar, ni siquiera era capaz de dar el rumbo a sus pies de marchar. Deseaba que la destrozara de una vez o la abrazara para consolarla. Y es que ¡era la única persona de confianza que tenía allí!
—Cuddy, no… —se quejó él, ante el espectáculo de dolor inevitado. Y es que le daba rabia verla débil, verla resquebrajada y derrotada. No era algo que él supiera ni deseara entender. Y volteó¿cobarde o no?, que lo cuestione Dios. Él no podía ver la escena de la musa quebrada… aún más quebrada.
Cuddy pareció más dolida, pues se oyó un gimoteo cuando House le dio la espalda. Luego silencio. Él se volteó y ella se secaba las lágrimas para acabar todo de una vez.
—No puedo seguir aquí —aseguró con timidez.
Él la miró con los ojos muy abiertos. Él era cobarde, sí, por tantos años de silencio y por todo lo demás, pero… ¿ella?
—Cometí un error —confesó, doblándose las manos con voz trémula tratando de ser firme.
—¿Un error¿Qué clase de error? —cuestionó, acercándose un paso.
Ella lo miró. Le dedicó una sonrisa vacía que ni siquiera estaba pensando en dársela y se volvió para subir por las escaleras. Alcanzó a subir sólo al primer peldaño cuando House le habló desde el umbral, apoyado cansinamente sobre su bastón y el marco.
—Los errores, Cuddy, son fallas. No medir las consecuencias que podrán tener tus actos, sobre todo si son las consecuencias que te darán a ti misma, es ser estúpido. Espero que no estés confundiendo error con estupidez —su tono de voz fue amable, pero sus palabras duras. No tenía otra manera de hacerlo.
Ella nuevamente le sonrió vacía, pero se podía leer en sus labios un "gracias", antes de desaparecer hasta su sombra por la escalera.
La rosa se clavaba a sí misma sus propias espinas mientras la deshojan, llevándose uno a uno sus pétalos rojos que le ocultan, cruelmente, la esperanza de volver a ser íntegra y única, al implorar, secretamente, que no le corten su raíz.
En tanto, el mar estaba en su última fase del recogerse y volver a su foso tras el maremoto, cuando en el último repicar decía tímidamente "lo siento".
Gracias por su reviews a rasaaabe, kmi17 y NessylovesRoger.
Ahora, como sé que me querréis ahorcar, el botoncito GO de reviews está preparado para todo. Ya he recibido, y muy agradecida por ello, muchas palabras bonitas de ustedes, pero por este Chap lo dudo y como soy media masoca... XD...
Preparada a prueba de todo! Disparen el arsenal, no más:S
PD: tuve que escribir "punto" porque FF no permite poner pags web... o ... es la segunda cosa con la que me jode!! primero los signos que borra y ahora esto ... bien, sobreviviré... XD
