Hola!! Ok. Aquí estoy para que me maten por atrasarme tanto, pero déjenme decir mis últimas palabras antes "¡¡esta historia aún no termina!!"... (así que esperen hasta el último capítulo... por allá por el número 15... No, en realidad no sé cuántos serán, pero le falta bastante aún XD)
Ahora hablando en serio. Quedé totalemnte anonadada con los reviews que me escribieron, de verdad pensé que me querrían matar, pero... ¡gracias! c: ... De verdad sus palabras me dejaron muy contenta, pero ¡cuidado!, se me pueden subir los humos y empiezo a descuidar mi escritura XD... nah!
Uf... Parece que por más que intente hacer que me coscorroneen algo¡no lo logro! ... Eso me tiene frustrada u.u... En fin.
Hablando del capi actual. No me convence del todo, pero espero que no esté tan mal. Está medio raro. Ya me dirán ustedes. Me costó hacer a House "House" y creo que eso es lo que me tiene media insegura con el chap, además de la redacción-descripción... ¡Bueno, bueno, bueno! Basta de disculpas. ¡A apechugar no más! XD
Capítulo 6
ESCAPAR
El mar repicaba tímidamente "lo siento".
Espero que no estés confundiendo error con estupidez. Su mensaje fue duro, frío, insensible, directo, pero con su tono de voz trató de suavizarlo para ser realmente escuchado, pero no esperaba tanto, no esperaba que ella le diera las gracias impresas en su trémula y martirizada sonrisa.
Gregory House miró su reloj cuando vio que llegaba una dotación recargada de enfermeras, además del doctor Watson: las seis y media, su turno había acabado y ya podía irse a la cama. Picó con el bastón a Gordon quien dio un gruñido e hizo como si espantara moscas y siguió durmiendo sobre la butaca. House sonrió de medio lado y lo dejó roncar. Se dirigió hasta su habitación.
En el pasillo de las habitaciones, más doctores corrían entre el baño y sus piezas para luego bajar a atender a los heridos. Se fijó en las puertas de Cuddy y Fisherman: ambas estaban cerradas, podían o estar ambos en el baño o ambos aún encerrados durmiendo, dudaba que estuvieran juntos en alguna de las dos. Como fuese, no se iba a inyectar coraje en ese momento para hacer nada, así que mejor lo dejaba. Abrió su puerta, pero tampoco se atrevió a entrar. Dio un suspiro de derrota soltando la perilla y quedándose un rato mirando la puerta de la habitación de Cuddy; inconscientemente se llevó el frasco de vicodinas a la boca y se tragó todas la que le quedaban, que no eran menos de nueve. Cogió su bastón con más fuerza y volvió a compensar el peso de su cuerpo en ambos miembros, miró de reojo la pieza de Fisherman y acabó por entrar y cerrar tras de sí la puerta.
Lisa Cudy entendía, pero no compartía la posición de House. No soportaba esa ambigüedad que le mostraba a veces. Prefería al House que le dañaba certeramente o al juguetón que le decía lo que pensaba y sentía en sus ironías divertidas. Pero ese House que parecía aconsejarle no era de su agrado, de su gusto… la descolocaba. Ese House que hablaba serio y en serio no era House, era un ser "intermedio" que trataba de humanizarse para consolarla, para levantarle el ánimo y ¡así no es él! Sin embargo, no es la primera vez: cuando tuvieron que cortarle la mano a Alfredo, el muchacho que cayó desde su tejado, y la culpabilidad que sintió creyendo que no pudo haber previsto antes lo que tenía (siendo que simplemente no se podía haber presupuestado nada) y mientras ella hablaba con Stacy, aparece House a decir un par de cosas, la ex mujer creyendo que se desubicaría, y no, le lanzó un sermón "humano"… Pero House no es así, no es de términos medios, o si no¿cómo se explicaría que odiara y dañara a todo cuanto aquel algo haya tenido que ver con su desprendimiento de su músculo? Él quería salvar su pierna, ese fue el extremo que escogió, el otro: amputarla, pero no la ambigüedad, no despojarle de su músculo… Tal vez haberlo sometido a un término medio es lo que ahora hace que su personalidad también pueda optar por ellos en casos extremos… ¿Sus lágrimas eran un caso extremo para House?
Se durmió llorando, con el maquillaje manchándole la cara, con el rostro fruncido, en posición fetal y agarrando firmemente las sábanas beige, como un preso de guerra que aguarda botado en el suelo que le den el tiro de gracia para no despertar jamás y estar en paz de una vez. Pero mientras espera se recoge en sí, desesperado, mar de lágrimas, bebé enfermo, desgarrada, pero el tiro no llega… Tensión. Llegó.
—Sabe a harina de matzá —decía Cuddy, arrodillada, a House, comiendo arena.
—¿Te gusta? —le preguntaba él con delicadeza, apoyando ambas manos en un bastón con joyas incrustadas, y observándola desde arriba.
Ella voltea para mirarlo hacia arriba con ojos muy brillantes, parecían de agua.
—Sí —asiente con voz de niña, y con la cabeza completa el gesto.
Él sonríe de medio lado sin despegar su vista de ella. Cuddy mira hacia delante y abajo, separando su mirada de la de House para comenzar a coger arena entre sus manos y echársela por entremedio de los pechos descubiertos por el escote de un sweeter rosa. House se hinca a su lado, pasa su brazo derecho por sus hombros, dejando el bastón tirado entre ambos y le busca la cara moviendo su cabeza hasta el lugar y la altura en que ella la tiene. Con la mano izquierda le toma violentamente ambas muñecas, Cuddy grita sin gritar, tiene un brazalete de oro colgando de la bocamanga derecha, se le hincha una vena en el cuello, House le está torciendo los brazos, a ella se le desorbitan los ojos, House la empuja por la espalda sin soltarle las muñecas que duelen, comienza a remover la arena con su cuerpo, le pone la rodilla derecha sobre la espalda a la altura de la cintura y con ambas manos le hunde la cabeza en la dócil arena. Sin más, resultó que de caderas abajo ya estaba enterrada y en posición vertical, pero ya no era House quien intentaba ahogarla en la arena, era Fisherman y alguien de brazos cruzados, observando con una sonrisa insana la escena, estaba detrás de él. De House sólo se veían sus pies y sus tobillos sobresalir de la arena, además de su cabeza con un tajo sangrante entre la sien y la mejilla, tirada un poco más allá…
Unos ojos azules, ahora tirados hacia gris, se abrieron asustados y de golpe. Sintió su corazón latir a mil. Tenía sudor frío recorriéndole la espalda. Volvió a cerrarlos, a fruncirlos. Tenía miedo de volver a abrirlos y encontrarse con algún monstruo, sabía que no existían, pero no podía evitarlo.
Un brazo abrazaba una almohada que protegía una cara. A tientas una mano buscaba por sobre el velador el interruptor de la lámpara… lo encontró. Se encendió la luz y poco a poco los ojos gris azulado tomaron confianza del terreno, pero con mucha cautela, hasta que se decidieron.
La iluminación permitió develar que la dueña de aquellos ojos trémulos, muertos de miedo, pavorosos era Lisa Cuddy.
Inspeccionó su alrededor para darse confianza, pero no lo consiguió del todo. No volvió a cubrir su cara, ni a cerrar sus ojos, pero se quedó con la vista fija en la ampolleta de la lámpara, mientras, inconscientemente, su mano jugaba con su reloj metálico sobre el velador.
De pronto volvió la lucidez junto a una seguidilla de parpadeos para lavar sus ojos brillantes. Miró la hora: casi eran las siete, si no estaba abajo en cinco minutos, Udelhoffen la mataría y ese sí que era un monstruo de temer.
Se sentó en la cama frotándose la cara que tenía toda pegajosa. Miró hacia un lado y otro y se puso de pie para dirigirse al pequeño pasillo que hay para llegar a la puerta y encender la luz alta. Se vistió, sacó un pañuelo del cajón del velador y una crema para quitarse las ojeras falsas, se agarró el pelo en una cola y salió hasta el baño tras apagar las luces.
Allí se encontró en el lavabo con la doctora Goldsmith que parecía de muy buen humor. Cuddy, que ya puerta afuera de su pieza se había pegado todos sus trocitos para mostrarse entera ante el mundo, le preguntó con cierta ironía y como si fuese la jefa que reprende a algún empleado, mientras frotaba sus manos bajo el agua:
—¿Parece que pasaste una buena noche¿Eh? —comenzó a sacudirse las manos mientras se giraba para mirarla.
Goldsmith enarcó una ceja extrañada, abrió la boca, se arrepintió, se giró para mirarla a los ojos y le contestó algo molesta, finalmente:
—Parece que usted no — y se puso una mano en la cadera y con la otra se afirmó al lavamanos.
Cuddy se incomodó, pero luchó por no quebrarse, y lo único que podría ayudarle a disimular mejor era una cara de disgusto, finiquitada con una sonrisilla irónica.
—Sí. Su cara me dice que no tuvo buena noche, doctora Cuddy. Tranquilícese —posó una de sus manos en uno de los brazos de Cuddy, quien lo miró exaltada —: a nadie le falta Dios —y se dispuso a marchar.
—¡Perdón! —exclamó ella sintiéndose profundamente ofendida, pero Goldsmith ya salía.
Pero en realidad no estaba tan ofendida. Los ojos que parecían firmes y furiosos, se tornaron trémulos. Aguantó el llanto con esfuerzos: tuvo que tomar aire por la nariz profundamente, pestañar reiteradamente para ponerle barrera a las lágrimas y mirar el cielo raso.
La puerta se abrió y se volteó al instante hacia la llave de agua para lavarse el rostro y disimular. Se secó con una pequeña toalla que llevaba en el bolsillo del delantal y dejo a la enfermera sola, sin olvidar darle los buenos días con una sonrisa.
Bajó por las escaleras y chocó con el doctor Watson, ese pelirrojo, de anteojos gruesos y negros, pecoso, desgarbado y nervioso, quien cayó al suelo del rellano.
—Perdón, señora, perdón —se disculpaba frenéticamente, poniendo las manos como si fuese a rezar y haciendo inclinaciones de cabeza.
—Tra- tranquilo —asintió Cuddy, algo insegura. Le quedó mirando y parecía estar llorando —¿Qué le pasa¿Por qué llora?
Watson la miró y la abrazó por la cintura con vehemencia, llorando aún más sobre su vientre. Ella trató de empujarlo suavemente por los hombros, pero como no cedía, prefirió dejarlo allí, dándole unas palmaditas sobre los mismos.
—El-el-el… —tartamudeó el pelirrojo.
—¿El qué?
—El doctor Udelhoffen… m-mató…
—¿Mató a otros soldados?
—N-no.
—Entonces ¿qué? No te entiendo. ¿A quién mató?
Watson la soltó y se sentó en un rincón del rellano y se puso a llorar recogido de piernas, histérico.
Cuddy no supo qué hacer, sólo le recomendó que se tranquilizara, le miró una última vez y dio rumbo a sus pies para averiguar qué nueva barbaridad había cometido Udelhoffen.
(Más tarde se daría cuenta que agradecería esa situación, porque le había hecho olvidar su problema personal.)
Entró de golpe a la sala de atenciones, andando a paso firme y se encontró con la segunda parte del espectáculo: unos enfermeros cargaban un gordo cuerpo sobre una camilla, mientras goteaba sangre de alguna parte: era el doctor Gordon.
—¿Qué hizo? —aulló a Udelhoffen, pero corriendo hacia la camilla donde los enfermeros ponían a Gordon.
—Ni se le ocurra acercarse, doctora Cuddy —le advirtió poniendo su mano en el lugar donde debía haber guardado su arma.
Cuddy le miró con desprecio. Es cierto que lo pensó dos veces, pues se detuvo al lado del doctor tuerto, pero respirando hondamente, le tomó la muñeca para comprobar si realmente estaba muerto.
—A usted no le afecta si sólo quiero comprobar su deceso, Udelhoffen¿cierto?
—En realidad, si quiere se lo hace con el muertito —se acercó —, me da igual —le escupió sobre la cara y se fue.
Cuddy esperó un momento observando su marchar y cuando se podía adivinar que estaría lejos, Cuddy le soltó la muñeca a Gordon y comenzó a moverse con rapidez.
—Doctora Goldsmith, vaya a buscar al doctor House, por favor —pidió a la chica, en tanto se acercaba a la mesita de uno de los soldados para quitarle el frasco de morfina que tenía sobre la mesa y sacar una jeringuilla del cajón e insertó la aguja en el líquido.
—¿Por qué? —preguntó la joven doctora, sin comprender.
Los enfermeros miraban como Cuddy le inyectaba con morfina a Gordon y como ahora se ponía a arrastrar sola la camilla. Se pusieron a murmurar. Eso más la pregunta innecesaria de Goldsmith le hicieron responder con vehemencia.
—¡Muévete¡Muévanse ya! Está vivo. Ve a buscarlo. ¡Ya¡Cállense ustedes! Trabajen o ayúdenme. Si se pone difícil, dile que es por Gordon.
Goldsmith estaba impresionada, pero cuando Cuddy le gritó "¡ya!" se despabiló y salió corriendo de allí.
Fisherman miraba desde el rincón donde vendaba a un herido, analíticamente la escena.
House había intentado dormir, pero no lo conseguía. Ya a la media hora se desesperó, es que ¡había trasnochado¿Cómo era que no podía dormir con tanto sueño acumulado?… Acabó por sentarse sobre la cama con las piernas abiertas, posando los codos sobre las rodillas y con las manos cogiéndose la cabeza por el cuello.
Sí… Lo admitiría. ¡Está bien, genios!, han descubierto a Gregory House. Frío, duro, hosco, sarcástico, sincero a filo de cuchillo, pero incapaz de dormir… ¿Y era por eso que se agarraba la cabeza? No. No se iba a mentir a ti mismo, "todos mienten… Sí, pero a los demás, a sí mismos es ser idiota"… Bien, Gregory House había descubierto que cabía dentro de la definición de idiota. ¿Era el dolor de su pierna? Sé que ya lo saben, pero quiero contradecirlos¿qué gracia tendría si sólo les doy la razón de buenas a primeras? A ver¿qué es?… ¿Qué has dicho?… "¡No me jodas¡Jamás! Hey, hey, hey… Es verdad, está buena, muy buena, ya lo sé, lo comprobé una vez, pero fue sólo esa vez, nada más… ¿Dices que es más es que por estar sólo "buena"¿Y qué más podría ser?… Ya, sí. Que gracioso. Veo que insistes con joderme. ¡Que no estoy enamorado de Lisa Cuddy¡Entiende¡Deja de insistir¡Eres un cabrón!… ¡Oh! Sí. Enamorado, si supiera el significado de esa palabreja tal vez… ¿Por qué quieres obligarme a creer que la amo? Yo no la amo¡por favor¿En qué idioma quieres que te lo diga¿Francés, italiano, griego, chino, cantonés?… Fisherman, pedazo de patán. ¿Estás de acuerdo conmigo? La hizo sufrir. Lo sé, lo sé. Sé que fue él. Aunque no me lo haya dicho ella. Ese imbécil la dañó, por él está así… Tal vez por mí… No puedo ser tan egocéntrico…". Aceptación.
Toc, toc, toc.
Fueron tres golpes. Tres llamados de atención. Tres despertares. Tres "tierra llamando a House". Tres sustos.
Se frotó la cara con las manos y miró hacia la puerta. Los golpes volvieron a insistir, pero más fuertes y acompañados por una voz femenina:
—Doctor House. Por favor, salga. La doctora Cuddy le necesita…
Cuddy. ¿Le habrá pasado algo?… Si era culpa del imbécil de Fisherman…
—…es por el doctor Gordon…
¿Gordon¿Qué tenía que ver él?
—…El doctor Udelhoffen le ha disparado.
¿Qué?
House cogió su bastón afirmado en el velador y se dirigió a la puerta. La abrió, Goldsmith abrió la boca para decir algo, pero él la ignoró tomando el rumbo correspondiente a la sala de atenciones. Ella le siguió detrás. Mientras bajaban, a House le llamó la atención el doctor Watson que lloraba en el rincón del rellano, pero la prisa por saber qué diablos pasaba, le apremiaba.
Goldsmith, notando que House sabía perfectamente dónde debía ir, se quedó rezagada, observándole y luego a trabajar.
House entró de golpe a la sala de operaciones y buscó a Cuddy, luego a Gordon, pero no los encontraba. Iba a dirigirse a la bodega, pero cuando dio la media vuelta una voz le habló.
—House.
Era la voz de la mujer en que su apellido se transformaba en un poema. Odio, amor, alegría, tristeza, enojo, jugueteo, regaño, dulzura… todo a la vez.
House se volteó y notó que Cuddy tenía las manos ensangrentadas, igual que parte del delantal.
—Ven, por favor —pidió volteándose y emprendiendo rumbo.
House la siguió, con curiosidad por saber dónde se había metido para no verla cuando entró: era en un pasillo corto que daba a la puerta del laboratorio… Y no se acordó de su existencia¡si ya lo sabía!
Apenas cabía la camilla y a ellos les quedaba un muy estrecho espacio para desplazarse.
—Le inyecté morfina para evitarle el dolor, por si despertaba mientras intentaba retirarle la bala con un cuchillo… —explicó mecánicamente, sin mirarlo, sólo sus ojos puestos en el abdomen perforado y desnudo.
—¿Con un cuchillo?
—¿¡Con qué más querías que lo hiciera!? —se exaltó. Y el primer contacto visual se hizo presente. Un segundo extra para leerse. Cuddy lo rompió. —No he logrado sacarle la bala —admitió acongojada.
House colgó su bastón en la camilla e hizo a Cuddy a un lado, o más bien, pasó por delante prepotentemente y ella quedó entre la pared y su cuerpo, pegada a su espalda incomodísima porque estaba trabada. Puso las manos sobre los hombros de House, manchándolo de sangre, como intentando separarse, pero no podía. No quería estar así, ahí…
House se sintió como un estúpido al no prever que eso sucedería. El pasillo era estrechísimo… Y Cuddy tan pegado a él, sea cual sea su sentimiento, su situación, lo que los rodee y los dañe, no era algo que a él le disgustase, pero ella parecía incómoda y Gordon necesitaba ayuda, así que puso de su parte para acabar con la embarazosa situación.
Lograron separarse. Y lo ignoraron para sus exteriores, pero sus interiores eran un hervidero. Se concentraron en Gordon.
House le pidió a Cuddy que lo mantuviera despierto mientras él iba a intentar sacarle la bala del abdomen con otros instrumentos que él se conocía de la sala. Cuddy cogió un estetoscopio y trajo rodando un tanque de oxígeno que conectó a una mascarilla y se la puso.
—¿Estás segura de que se puede extraer? —quiso saber antes de introducirle un largo tubo.
—Ha sangrado mares, pero no debe haberle dañado nada vital, nada que le impidiese seguir con vida.
—Ya. Pero esa es una evasiva. No me sirve.
—Bueno. Debió haber sido que sí en el momento que lo intenté, ahora no estoy muy segura.
—Soy de la opinión que nos ocupemos de la hemorragia. No tenemos el suficiente aparataje para saber dónde exactamente se alojo la bala. En una de esas más lo dañamos que sanamos.
Cuddy lo miró asintiendo lentamente.
—Bien. Dime.
House dejó el tubo a un lado.
—Ve a buscar hilo, aguja: hay en los cajones. También agua y gasa; esas están en la bodega.
Cuddy asintió, se acercó a un cajón a sacar un par de guantes quirúrgicos para ponérselos y así ocultar la sangre de sus manos y partió corriendo a la bodega.
House se quedó un momento pensando mientras intentaba parar la sangre con la toalla que Cuddy dejó cerca del tipo.
Ella era tan profesional, dejaba de lado los problemas personales cuando de salvar vidas se trataba. ¿Acaso él no? Bueno, abría que ver si su dolor físico contaba como problema personal.
Cuddy salió con el delantal volándole por detrás. Los que se dieron cuenta la quedaron mirando como pasaba de la sala de operaciones a la bodega y cómo luego salía con dos bidones de agua cargándolos a penas y gasa atiborrándole los bolsillos y volvía a ingresar a operaciones.
Allí dentro, House le lanzó su bastón, que ella agarró con agilidad dejando los bidones en el suelo y le ordenó trabar la puerta y ella hizo caso. Cogió los bidones y se acercó, mientras House sacaba al moribundo del estrecho pasillo y lo llevaba al amplio espacio.
House, cojeando, se acercó y le arrebató uno de los bidones y le volteó al menos dos litros de agua encima haciendo que la sangre escurriera. Cuddy, en tanto, hizo un torniquete entre el corazón y la herida con la gasa y House secó con otra poca los costados de la herida. Él mismo sacó el hilo y la aguja y se inició a coser, mientras Cuddy se preocupaba de sus signos vitales y preparó otra jeringa con morfina, pero House se la quitó y se la inyectó él.
—¿Qué haces?
—Me duele. No trabajo bien si me duele.
Cuddy, aunque seria, sólo suspiró se dirigió a buscar otra jeringuilla para hacer lo que pensaba. Cuando iba a inyectarle notó que algo le faltaba a House para operar bien, por lo que acercó una lámpara de pie y la apuntó hacia la herida, sobre la cual House intentaba coser.
El levantó la vista, sorprendido, pero sólo unos segundos para darse cuenta que ella no esperaba nada de él, pues se dispuso a sus tareas anteriores, sin embargo, igual se las dio:
—Gracias —y retornó a lo suyo.
Cuddy no contestó nada y sólo se preocupó de inyectar a Gordon y comprobar sus signos vitales.
House, cautivado por su silencio, no permitió que le desconcentrase de su labor.
—Quítale eso —le ordenó a Cuddy, en referencia al tanque de oxígeno, mientras daba los últimos puntos
—¿Por qué?
House se impacientó y él mismo se lo quitó con vehemencia.
—¿Qué haces? —Cuddy sonó molesta.
—Está durmiendo. Con la morfina bastará. ¿No se te ocurrió verificar todos sus signos vitales antes de dejarlo por las nubes? —espetó irónico.
Cuddy abrió la boca para responder, pero se arrepintió y frunció los labios y no hizo más que coger el tanque y tirarlo a un lado. En eso estaba cuando aporrearon la puerta y Gordon despertó.
—¡Oh! Sirenas con barbas. Pase de los sueños a las pesadillas —exclamó ante su primera visión: House.
—Cállate y no te muevas —le reprochó éste.
La puerta la seguían aporreando, Cuddy pensó en ir a abrirla, pero considerando que House le había exigido trancarla con el bastón sería por algo, así que se afirmó en la camilla y le quedó mirando al nefrólogo cojo quien le devolvió una mirada de que se tranquilizara.
—¡Abran! —se oía rugir a Udelhoffen desde afuera.
—¿Qué pasó? —preguntó Gordon que no entendía nada.
—¿Estás bien¿Cómo te sientes? —quiso saber Cuddy mientras los aporreaos en la puerta seguían.
—Sí… sí. Un poco mareado. Pero ¿qué pasa?
—Te secuestramos para jugar al médico sepulturero y ahora papá nos quiere palmar el culo—contestó House con voz mofosa para cuando unos balazos resonaron atravesando la puerta. —¡Mierda!
Él y Cuddy se agacharon quedando a la altura de Gordon y empujaron corriendo, al pasillo, la camilla para resguardar a Gordon y de paso ellos.
—Gordon¿estás muy mareado? —inquirió House, mientras a Cuddy le tenían histérica los aporreos y los balazos.
—Más o menos, pero creo que me puedo mover —aseguró sentándose.
—Has perdido mucha sangre —hizo notar Cuddy.
—Pero se puede mover —le contradijo House mirándole fijamente, con ese tono, que aunque no tan en serio, parecía querer demostrarle que ella era inferior a él.
Gordon les miró mientras se bajaba y rodó el ojo.
—¿Qué vamos hacer? —les interrumpió antes de que alguno de los dos también quedara tuerto o peor.
Ambos lo miraron y luego Cuddy se volteó hacia House con esa actitud de "¿no eres tan magnífico? Sácanos de esto". House notando lo insistente en la mirada de Cuddy se acercó a la puerta de laboratorio y la abrió:
—Mi bastón acaba de caer así que les recomiendo que entren. De todas formas necesitamos un inyección de tétano para ti, por si las dudas —ambos entraron y luego House, cerrando la puerta tras de sí. —Ya sabes, quizás de qué sean las balas de Udelhoffen —y se encogió de hombros con una mueca graciosa.
Cuddy y Gordon no lo tomaron más en cuenta y se pusieron a buscar en los gabinetes cuál digiera "suero antitetánico".
—Y se la creen —suspiró House resbalando por la puerta, justo cuando un golpazo la aporreó.
—¡Abran!
—¡Aguarda papi! Que estoy escondiendo a la puta —le gritó House haciendo esfuerzos por ponerse de pie.
Gordon y Cuddy le miraron con una ceja enarcada y un pequeño rictus asomándose, pero continuaron la búsqueda, preocupados porque ya entraría Udelhoffen. Aunque ya no era el "suero antitetánico", sino que algunos antibióticos.
¡Paff!
Un sólo estruendo que les hizo estar atentos, House frente a la puerta, Cuddy preparándole un trago a Gordon quien le aguardaba con unas píldoras en la mano.
—¿Qué pasa aquí? —rugió Udelhoffen apuntando a House con la pistola a la cabeza, quien levantó las manos a los costados de ésta.
—Te lo confieso, si dejas de apuntarme.
Udelhoffen le miró incrédulo, pero bajó el arma, echando de paso una mirada a Cuddy y a Gordon.
—¿No estabas muerto? —inquirió, olvidando que aguardaba por la confesión de House.
—Sí. Está vivo. Es que las técnicas de resucitación que esta mujer sabe son infalibles —terció House con tono y gesticulación graciosos.
Cuddy le echó una mirada asesina y Gordon rodó el ojo.
Udelhoffen parecía confundido. Acto reflejo levantó el revólver para señalar a Gordon, pero House le bajó el arma con delicadeza, hasta intentar quitársela, pero ahí el tipo despertó.
—¿Qué haces? —gruñó a House.
—Impido que haga una estupidez. El tipo está vivo. Ya déjelo.
Fue tan consistente, tan convencido, fue como si supiera cuál era el tono y el timbre que debía usar con Udelhoffen, pues el tipo pareció convencerse.
Luego de haber molestado un montón con su persecución, simplemente se limitó a mirarlos como si los quisiera grabar a fuego en su retina, respirar hondamente y acabó por salir hecho un energúmeno. Pero no les había dicho ni hecho nada más. Hasta House quedó impresionado con la reacción, aunque tenía más que claro que esa última mirada era de las menos amistosas que le había echado a cualquiera.
House sacudió su cabeza para quitarse la impresión y se dirigió a Gordon:
—¿Aún sigues mareado?
—Algo. ¿Necesito transfusiones?
—Un poquito. Tú eres médico. Tú sabrás que tan mareado estás, aunque para estar sólo "algo" mareado luego del disparo… Después de todo Udelhoffen no tiene tan buena puntería.
—Yo creo que perdí una cantidad normal de sangre. ¡Hay tanta grasa interponiéndose que dudo que me haya afectado tanto! —y rió de buena de gana, viendo sus puntos.
Cuddy lo notó y le informó:
—La bala quedó alojada en tus tejidos.
—¡Guau! Otra historia interesante que contar.
Cuddy se lo pensó antes de consultar:
—Disculpa, pero… ¿cuál es la de tu ojo?
Él sonrió y le posó una mano en el hombro y con tono paternal, mirándole a los ojos, le dijo:
—No creo que te guste saberla.
—¿Por qué?
—Bueno. House me ha dicho que tienes algo de judía. Insisto. No creo que quieras saberlo.
Cuddy se sorprendió, no esperaba que House hablara de ella con Gordon o con cualquiera, no de ese tipo de cosas. Si le hubiese respondido "House me ha dicho que alucina contigo en la ducha" no le habría prestado mayor importancia, pero esto otro era algo importante, que no tenía porqué andar comentando.
Gordon la dejó y comenzó avanzar hacia la puerta por la que House ya había salido. Cuddy se volteó e insistió, pero con otra pregunta:
—¡Gordon¿Cuál es tu tipo de sangre? Para conseguirte y…
—A positivo, pero descuida. Estoy bien. Yo creo que el oxígeno me tiene atontado. Lo de la sangre se pasará comiendo. ¡Y eso no se me da mal¿Eh? —y salió riendo.
Ella sonrió. Quiso ser amable, pero en fin. De todas formas sacó de uno de los gabinetes una bolsa y salió del laboratorio para entregársela.
—Toma. De verdad. Déjame ponértela.
Gordon sonrió.
—Eres un amor. Todo lo contrario a lo que dice House "por su boca". Pero no, Cuddy. Guárdalo para otro que la pueda necesitar.
Cuddy agachó la mirada. Otro nefrólogo más que hacía lo que quería, sobretodo en cuanto a sí mismo, sin importar las recomendaciones de otros doctores.
—Bien —aceptó. —¿Oye¿Sabes por qué te disparó?
—No. Pero supongo que será porque estaba durmiendo en el lugar de trabajo, en lugar de trabajar o irme a la cama. House tiene rezón, ese tipo es un hormonal.
Cuddy sonrió con timidez y como pidiendo permiso volvió al laboratorio a dejar la bolsa de sangre.
—¿Y House? —gritó Gordon al notar que el médico no estaba.
Cuddy, mientras cerraba la puerta del laboratorio y avanzaba por el pasillo para dar de lleno con la sala de operaciones, le contestó:
—Lo más probable es que se haya ido a dormir. Él es así. Descubre el diagnóstico y ya no le interesa —en ese momento pasaba junto a él y le miró a los ojos.
—Lo conoces bien —apuntó, mirándole extraño, pero logrando que ella quisiera justificarse.
—Es… ¿o era? Disculpa, pero desde esto —refiriéndose al estar en la base militar —tengo problemas con los tiempos verbales —sonrió nerviosa. —Bien. Como fui su jefa y él mi empleado más obcecado, la verdad es que no pasaba inadvertido y tenía que aguantarle todas sus locuras y ocurrencias. Eso me permitió conocer qué es lo que realmente le interesa de su trabajo y lo lleva a la vida diaria también.
—Muchas vueltas para una simple respuesta, que ni siquiera fue pedida, doctora Cuddy.
Ella se limitó a hacer una mueca que podría ser una sonrisa irónica.
En ese momento ambos salían de la sala de operaciones y los médicos y enfermeras miraban a Gordon asombrados, como si fuese un fantasma.
—¡Hey¡Soy una persona! —les gritó. —Doctora Cuddy, me voy a dormir a mi habitación mejor, antes de que me maten de verdad. Gracias por todo y por salvarme.
—No es nada. Cuando guste, doctor Gordon —contestó ella asintiendo.
Cada uno se fue por su camino: él al segundo piso y ella a atender a los heridos nuevos.
Estaba cambiándole vendas a una marine, cuando una sombra se interpuso en su labor. Era una sombra desagradable, una sombra por la que prefirió hacerse la concentrada en el hombro y pechos que debía atender con cuidado.
La sombra, entonces, se hizo de carne y un peso de manos negras presionó la camilla y una respiración pesada le agitó los cortos mechones de la frente.
—¿No me vas a hablar?
Cuddy no respondió. Se preocupó de acomodar a la paciente.
—¿No me vas a dar explicaciones por lo de anoche?
—No —respondió Cuddy tajante, mientras estiraba las piernas de la mujer.
Fisherman comenzó a perder la paciencia. Quitó sus manos de la camilla y le observó un momento como lavaba la cara de la soldado con un trapito.
—¿Siempre haces lo mismo? Te calienta un tipo, te lo tiras y adiós.
—¿Tú no? —dijo ella como respuesta, en tanto, le quitaba unos mechones castaños de la cara a la herida que había perdido sus manos también. Pero jamás se ocupó en mirar a Fisherman, siempre a la paciente.
Cuddy cubría a la mujer con las sábanas hasta las caderas y Fisherman pareció enervarse y enojarse porque le fuera tan indiferente.
De pronto, Cuddy se encontró con su barbilla asida bruscamente hacia la dirección del rostro de Fisherman. Él quería que le mirase a la cara y para ello la obligó con violencia.
—¡Mírame a los ojos!
—¿Qué te pasa? —rugió Cuddy, intentando liberarse de esas manos con las suyas propias, jalándolas hacia abajo, pero sin éxito.
—¡Nada! —comenzó a arrastrarla a los pies de la cama para que no hubiese interponiéndose nada entre ellos. —Sólo quiero que me digas las cosas a la cara. Ayer te fuiste¡me humillaste!
—¡No te humillé¡Y suéltame!
Él, en lugar de soltarla, le apretó más fuerte la mandíbula con lo que a ella comenzaron a dolerle los interiores al punto de quejarse. Recién allí los compañeros de trabajo se dieron cuanta y un par de enfermeros se abalanzaron a ayudarle agarrando a Fisherman, en tanto, Goldsmith se acercó a ella.
—¿Está bien?
—Sí —afirmó sobándose la mandíbula.
—¡Suéltenme! —Fisherman los echó hacia atrás con los brazos, cual gorila.
Se acercó amenazante a Cuddy, pero ésta ni se movió de su sitio, aunque Goldsmith la tironeaba hacia atrás.
—Ya hablaremos, Lisa Cuddy —le susurró, mientras ella le miraba inmutable y él se dispuso a marcharse
—Bien —respondió ella sin darle mucha importancia. —Doctora Goldsmith, va a tener que ayudarme a conseguir un casco —ironizó.
Fisherman se molestó. Sin embargo, al salir un pequeño rictus se dibujó en sus labios.
House ha vuelto a su habitación, esta vez con una dosis adicional de tribulaciones.
Ya estaba harto de este lugar. De no poder ejercer la medicina como a él le gustaba, de estar a merced de un loco que trató de matar a la única persona que no le pareció tan estúpida como para hablar con ella. Está cansado, demasiado cansado. Sin contar con que parece que se seguía preocupando por Cuudy, cosa que a su vez le hacía preocuparse de estarse inquietando por ella. No era muy alentadora la estancia ni las jornadas venideras. Ya no más.
No soportaba tener que levantarse a sanar a un montón de heridos de guerra, con cortes, amputaciones, sangre, puntos, pero todo previsible. Necesitaba la acción de sus diagnósticos de vuelta, necesitaba el tener su cerebro en constante trabajo y no en inercia, necesitaba no tener la obligación de ver a sus pacientes. Quería volver a gritar, a jugar, a fastidiar, a escaquearse las consultas (¡hasta eso echaba de menos!), a pelear con Cuddy, a convencerle de sus ideas y obligarla a transar¡hasta echaba de menos a "la jefa"! Esto no pintaba para bueno… ¡Tenía que escapar antes de volverse loco!
Escapar. Fue la palabra que quedó dando vueltas en su mente, que resonó como una copa de cristal golpeada con una cuchara, que quedó rodando como un plato que da vueltas sobre su eje. Escapar. La palabra clave¿por qué no? Ser libre, poder ejercer la medicina que a él le gusta. Escapar, ya vería la manera de cómo regresar al Princeton. Escapar y ser el diagnosticador médico y no el enfermero de urgencias. Escapar, escapar, escapar. Y ser libre de toda esta mierda. Escapar…
Sólo había un detalle. De escapar sin Cuddy y de lograr volver, significaba seguir echando de menos a "la jefa", por lo que tendría que sugerirle la opción a ella y obligarla, porque convencerla era más difícil.
Sí. Eso haría. Escapar…
Y durmió al fin.
House apareció para la hora de la última comida del día en la cafetería. Se sentó en un rincón solo y comenzó a buscar a Cuddy con la mirada, pero no la encontró a quien sí vio fue a Fisherman, cosa buena, pues así se aseguraba de que Cuddy no se estaba atormentando… Ahí estaba de nuevo el bichito de la preocupación, extraño sentimiento en él, y que ya le estaba hartando.
—Doctor House.
La infantil voz femenina le sobresaltó, miró hacia el frente: era Goldsmith quien se sentaba con él a comer.
—¿Qué pasa¿Qué quieres? —preguntó medio molesto, medio indiferente.
—No se preocupe, no vengo a comer con usted, esto sólo es un tapado —señaló el plato.
House le miró con una ceja enarcada.
—¿Entonces? —le azuzó para que siguiera.
—Es que… supongo que usted no sabe. Pasa que el doctor Fishermna… eh… zamarreó a la doctora Cuddy.
—¿Qué?
—Sí. Fue después de lo del doctor Gordon. Ella se puso a hacer su trabajo y Fisherman la empezó a cuestionar y acabó por maltratarla un poco, más allá de las palabras.
House estaba serio por fuera, impresionado por dentro. ¿Tan cobarde podía ser ese tipo?
Goldsmith estaba esperando alguna reacción, pero no veía nada. Aunque luego se fijó en que el ceño de su interlocutor estaba exageradamente fruncido y en crescendo. Pero como no le respondía nada, se puso de pie diciéndole:
—Cumplo con informarle. Espero que hable con ella antes que el doctor Fisherman —y se fue dejando a House sumido en sus conjeturas.
¿Zamarreo¿Maltrato? Y Cuddy ¿no se defendió? Aquí faltaba algo. Y ese Fisherman… ¡Maldito! Cuddy fue dañada por él, ella volvió al muelle, pero no se atrevió a entrar en el mar tan bravo que tenía en frente y decidió ir a vagar por los bosques, sola, donde cada adefesio podría atacarla sin más. Pero no es ese el punto, es el de que "se deje atacar", esa no era Cuddy. Algo faltaba aquí.
Se levantó y se dirigió a la sala de atenciones. Allí encontró a Cuddy sentada en una de las butacas jugando con una jeringuilla llena de algún líquido. Se acercó.
—¿Cómo está tu pierna? —le preguntó Cuddy mirándole desde abajo, agitando irritantemente la jeringa.
House sujetó el bastón con más firmeza y le miró extrañado. Se suponía que el iba a hablar con ella, él era el que debiese estar preguntando.
—Mmm… Bien. Tú¿cómo estás? —preguntó sin quitarse la cara de extrañeza.
—Bien —siguió jugando con la jeringa, pero ahora prestándole una atención confundida.
Mentirosa. Fue el pensamiento de House.
—¿Segura? —insistió, acercándose un paso.
Ella lo miró asintió y siguió jugando, pero ahora poniéndola con el émbolo hacia abajo y hacia arriba.
House, irritado, se adelantó y se la quitó. Ella le miró como si le hubiesen arrebatado su juguete.
—Ahora en serio. ¿Estás bien? —parecía algo ofuscado.
—Sí —le quedó mirando. —¡Ah! —exclamó comprendiendo. —Te contaron lo de Fisherman. Si quieres enterarte de algo House, sólo debes preguntar claramente.
—Yo quiero saber si estás bien. Eso no lo sabía.
—Sí, claro. House —se puso de pie para igualarle en algo la altura —, si quieres saber algo de mí no tienes más que preguntármelo. No tengo a nadie más —ahora bajó la mirada y atenuó su voz —de confianza aquí.
House la miraba hacia abajo todo lo cerca que la tenía. Levantó su mano con lentitud para alcanzar su barbilla y alzarle la mirada hasta él, pero apenas posó sus dedos e hizo una leve presión, ella se dio un gemido de dolor.
—¿Qué pasó, Cuddy? —bajó la mano como disculpándose.
Ella no quería elevar la mirada y se había puesto a llorar sin que House lo notara aún. Pero ya lo notó: ella se aferró de su abrigo a la altura de su pecho para esconder la cabeza y llorar apoyada en alguien de carne y no de algodón, espuma y lana; sacudiendo sus hombros.
La única persona de confianza. El único olor conocido. La única voz sincera. El único que realmente la conocía para su gusto o no, era él. Era House. Y si ya había matado su dignidad, su orgullo no era más que una espina molesta, que merecía ser ya enterrada, pero en tierra, no es su cuerpo.
Sólo un tacto y Cuddy ya se había quebrado. Se aferraba a su pecho, le mojaba con sus lágrimas. La muñeca de trapo había develado su expresión vacía. Lloraba desconsolada y él se quedó allí estoico, de pie.
—No aguanto más, House —lloriqueó ahogada en su camisa azul.
—¿Qué no aguantas, Cuddy? —preguntó él sin moverse, mirando el cielo raso, sin tocarla, sólo dejando que ella le tocara el pecho.
—Me acosté con Fisherman —soltó de una vez, sorbiéndose las narices.
House dio un suspiro. Él lo intuía. Algo se quebró en él también. No pudo resistir. Su mano se elevó y se posó en la nuca de Lisa que masajeó un poco con la yema de sus dedos para darle algo de "calma". Se mantuvo ahí, pero más no se movió.
Ella levantó la vista ante el gesto de House. Le miró con los ojos brillantes, anegados de lágrimas. House le miraba hacia abajo un poco incómodo por la altura.
—Fue una estupidez —gimoteó ella. Dio un suspiro. —Gracias —y sonrió.
No era una sonrisa alegre, pero tampoco dolorida. Era algo triste, pero bella. Era simplemente un tímido "gracias".
Se separó de él dejando sus manos en su pecho y él bajando la suya hasta su hombro. Se quedaron mirando un rato, él aún con el ceño fruncido, ella con su dulce sonrisa en su aguada mirada. Ella completó la separación: bajó las manos, se iría a cambiar algunos vendajes.
—Cuddy —le detuvo House antes de que se hiciera a su labor.
Ella se giró diciéndole con los ojos "dime".
—Ehmmm… Fisherman…
—Me agarró con violencia de la barbilla, por eso me duele —y como que sonrió.
—¿Quieres que te vengue? —preguntó en tono jocoso. —Le puedo meter mi súper bastón con punta de lanza por el culo.
Cuddy se sonrió ampliamente, divirtiéndose, cosa que agradó a House. Al fin había logrado una sonrisa amplia y sincera.
—Cuddy —ahora se puso algo serio. —No era eso —ella lo miró extrañada, como diciendo "¿entonces?". —Quiero proponerte una cosa… ¡No es nada indecente! Aunque si quieres lo podemos agregar al paquete.
Cuddy le miró escéptica.
—Perdón —alargó mucho la "n". —Bueno. Mira —se acercó a ella tanto como para ponerla alerta. —Tranquila, si no te voy a comer. Mira Cuddy, sé que estás mal y yo también. Y tú para mí eres la única persona con cierto valor aquí dentro. Gordon no me cae mal, pero queda en eso. También confío en ti.
—Lo sé. Lo de la ketamina me lo dejó claro. Puede que nos odiemos, pero siempre nos respetaremos y nos seremos de confianza.
—¡Ay, Cuddy! No seas cursi.
Ella le miró molesta, con el labio inferior sobre saliendo. House la molestó pasándole el dedo por ahí, provocando que su labio sonara. Ella había querido impedir que su dedo tocara su boca, pero él ganó.
—Quiero escaparme y quiero invitarte —soltó sin más.
Cuddy le miró alerta y se separó de lo cerca que estaba su cara.
—¿Qué dices?
—Voy a irme de aquí y espero que no abras la bocota. Con o sin ti, pero porque estás tan mal quise proponértelo.
Cuddy bajó la mirada con una sonrisa pestañando reiteradas veces, luego la elevó y le miró con un rictus como si le fuese a hablar a un lindo crío.
—No. Ve. Me quedo.
A House se le quitó todo su plan de simpatía y frunció el ceño enojado, alejándose de ella y le espetó con sarcasmo afilado:
—¿Sufriendo?
Ella abrió la boca para justificarse con ojos brillantes, pero él no le permitió expresarse, mientras cojeaba un par de pasos atrás.
—¿Tan masoquista eres? Bien. Yo sólo quería proponerte algo mejor que esta mierda, pero allá tú —y se marchó sin darle derecho a réplica.
Cuddy quedó con los "pero" articulados en la lengua, mientras le seguía con la boca abierta el camino que trazaba con sus pasos.
Tras este episodio, House no hablaba con Cuddy más que de lo profesional y aunque ella trataba de saber algo más de su aventura, él no le daba ni señales de nada, no quería que estuviera enterada de ninguna cosa.
Pasaron diez días en que House se dedicó a investigar sus alrededores. Cuando podía se escapaba de la sala de atenciones o sino en la noche, cuando había menos médicos y un par más de militares de guardia en el primer piso. Los escapes no eran mera jugarreta, él deseaba averiguar qué pasadizos o caminos podría guardar este recinto.
Pasaron diez días en los Cuddy estuvo alerta y llenándose de dudas por la actitud de House y sus repentinas desapariciones. Quiso enterarse, pero él se ponía hablar de lo importante que era el vendaje limpio.
Y House averiguó y estudió en diez días…
El primer día indagó qué había al final del pasillo lúgubre de las habitaciones y se encontró con un gran vidrio negro protegido por dos militares armados que le apuntaron inmediatamente al verlo, por lo que prefirió dar media vuelta y marcharse.
El segundo día subió por la escala que había al lado del baño de hombres y llegó hasta el techo donde había una puerta sellada.
El tercer, cuarto y quinto día los ocupó para intentar ver un agujero tras un estante en la sala de atenciones, que cuando lo pudo recorrer, notó que sólo se trataba de una sala de estar antigua, llena de polvo y que por más que hurgó, no encontró otra salida ni nada más interesante que telas de araña. Pero si no le resultaba su plan, estaba seguro que la usaría para perderse de Udelhoffen varias veces al día.
El sexto día revisó la cocina. Siguió al tipo de la basura, pero ya estaban los guardias para corretearlo. Se llevó un sermón de Udelhoffen. Y luego fue a intrusear al laboratorio. Allí encontró una compuerta pequeña en el piso, bajo una mesa, pero que no pudo revisar, porque llegaban más médicos a hacer pruebas.
El séptimo día logró entrar. Una escala que tuvo que descender y luego un estrecho y oscuro pasillo que tenía un recodo. Llegando al recodo se podía ver una luz al final. ¡Al fin! Dio con lo que buscaba: una salida. Era una pieza metálica que lograba una forma semicircular gracias al techo y que tenía unos controles para dirigir un gran cañón que daba hacia el exterior. ¡Fantástico! Pero para salir existía un problema: había que hacerlo por la boca del cañón, quizás a cuanta altura estarían. ¡Alto! Ahí se veían algunos militares cargándole munición, que oprimían un botón y luego salían arrancando a esconderse a un lugar mucho más allá de su visual. Luego una detonación que le hizo cubrirse la cabeza.
—¿Quién es usted? —gruñó una voz a sus espaldas.
Aprovechando la oscuridad House usó su ingenio. Apellido común…
—El coronel Miller. Solicito que se identifique.
—¡Oh! Coronel Miller. Lo siento. Soy el doctor Udelhoffen. Venía a ver cómo va todo con El Arma.
—Mmm… ¿En vez de estar haciendo su trabajo vigilando a esos mediquillos? —tono antipático.
—¡Oh, señor! Lo siento. Ya me voy. ¿Usted…?
—No. Yo me quedo un rato más. Y váyase ya.
House aguzó el oído para verificar que Udelhoffen se marchaba y no se movió para regresar hasta que oyó que la puerta-trampa se cerraba.
El octavo, noveno y décimo día los dedicó a estudiar quiénes y qué tantas secretas veces entraban por ahí. Pero al único que vio fue a Udelhoffen.
El décimo día en la noche estaba en su habitación preparándose con algunas cosas como zapatillas y ropa cómodas, además de guardarse vicodinas por donde pudiese. Todo lo dejaría allí, sólo se llevaría lo esencial.
En esta tarea estaba cuando golpearon a la puerta. Salió a abrir con normalidad: era Cuddy y parecía nerviosa.
—¿Puedo pasar?
—Claro —le dio paso, extrañado. —¿Qué te trae por aquí?
Cuddy dio un suspiro. Observó las cosas tiradas de House y se volteó tomando aire:
—¿Cuándo te vas?
House parpadeó y le señaló con su oreja, como no entendiendo bien a dónde quería llegar.
—¿Por qué quieres saberlo?
Cuddy iba a decir algo, pero se arrepintió, al parecer quería alegarle. Cambió sus palabras:
—Quiero irme contigo.
Ahora sí que House estaba anonadado. No entendía nada.
—¿Por qué?
Cuddy torció sus manos con más nerviosismo, miró sus pies, abrió la boca, la cerró y luego volvió a levar la vista:
—No soporto este lugar. Estoy desesperada. Y a nadie más le tengo confianza aquí. Y si te vas me terminaré de volver loca. Prefiero irme contigo corriendo el riesgo de morir que estar sin… nadie de confianza a quien acudir como real amigo. A pesar de todo, sabes que me importas…
House se adelantó un par de pasos. Y le separó las manos con el bastón, pues le tenían nervioso a él.
—Ve y busca tus cosas —le dijo con el mismo tono que alguna vez le dijo "date la vuelta". —Sólo lo esencial. Nada de bolsos. Y ponte tu delantal.
Cuddy asintió y se dirigió a la puerta.
—Eh¡Cuddy! —le llamó.
Ella volteó.
—¿Hay alguna otra razón?
Cuddy dio un suspiro y le miró.
—Fisherman me tiene amenazada con que si no me acuesto con él "de verdad", me va a violar. Entenderás que no ande muy tranquila —acabó con un sonsonete irónico.
Salió.
¿Así que era eso? Al tipo no le gustó la noche que pasaron y quiere la revancha y Cuddy acabó por asustarse. ¿Que no hay hombres de verdad en este mundo? Aterrada. Es que aquí no hay dónde escapar…
Hasta ahora.
Cuddy llegó a la media hora. House le dijo que bajara sola y se pusiera a atender heridos.
Luego bajó él a comportarse normalmente. Hizo un par de operaciones y luego ayudó a Gordon con el vendaje. Después muchos salieron a comer y pidió a Cuddy que le ayudase a llevar algunas bolsas de sangre. Llegaron al laboratorio y tomaron un par cada uno. House dijo:
—Vamos a ir a dejarlas. A la vuelta tú te metes por ahí —señaló la puerta-trampa —y me esperas con la puerta cerrada abajo, yo iré y volveré nuevamente.
Cuddy asintió e hizo su parte. Sin embargo, House tuvo un inconveniente. Cuando hacía su segunda vuelta, Udelhoffen entró al laboratorio por lo que tuvo que correr a él.
—Udelhoffen. Oiga, necesito una mano. Ayúdeme.
—Pídale a una enfermera.
—Lo haría pero están almorzando.
—Bueno, se aguanta.
—Hay muchos heridos nuevos y hay que atenderlos. ¿Piensa dejar acaso a sus héroes morir?
Udelhoffen le miró enojado y gruñó:
—Voy a ir a buscar a los otros a la cafetería —y se dirigió hacia allá.
Qué ganas de decirle "apuesto a que no es médico y por eso manda a los demás", pero podría quedarse allí y lo que le ofrecía era mejor, así que calló.
Cuando notó que Udelhoffen entró a la cafetería, corrió al laboratorio y se metió por la trampilla donde Cuddy le esperaba un poco asustada y le aventó a correr hasta el lugar que les deparaba la libertad.
Udelhoffen fue a buscarlos a todos y volvió, pero no vio a House,
—¿Dónde está House? —preguntó a uno de los enfermeros.
—Se metió a la sala de operaciones.
Udelhoffen entró raudo, pero por más que miró no lo vio. Fue a revisar el laboratorio y nada. Volvió a la sala de atenciones.
—¿Estás seguro? —insistió al tipo
—Sí… Lo juro.
Entonces un rayo atravesó su mente: la trampilla. Pero ¿cómo había logrado conocerla? Pensó. Se decidió. ¡Eso debe ser!
Partió corriendo y se metió por ella justo para ver que House y alguien más entraban por la parte trasera del cañón donde cabían perfectamente de pie.
—¡Vengan acá!
Ambos siguieron corriendo, pero Cuddy volteó a ver si les seguía, pero Udelhoffen se había quedado en el orificio.
—¡Doctora Cuddy! Se supone que usted tendría que controlar a este tipo.
—¡Por eso voy con él!
House la azuzó para que se callara y siguiera avanzando.
—¿¡Con que con esas estamos!? Bien —y desapareció.
—¿Qué va hacer? —preguntó Cuddy a House.
—Va a cargar de munición para matarnos de un tirazo. Así que sigue corriendo.
Cuddy notó la gravedad del asunto, por lo que obedeció.
—Esto es interminable —se quejó.
En ese momento Udelhoffen llenaba la caja de munición.
Llegaron hasta la boca del cañón donde pararon en seco y casi perdiendo el equilibrio, mirando su horizonte y hacia abajo. Todo un esplendor de áridos y rocas, de cielo rojo y ahumado. A la derecha el desierto de Negev. Hacia atrás una enorme base sellada. A la izquierda cultivos a lo lejos y aún más allá algo azul. Al frente sólo rojo y gris y leve verde oscurecido más abajo. Hacia abajo una larga caída a un cerro de ceniza y arena árida.
—Por lo menos son ocho metros —gritó Cuddy desesperada.
—¡Cálmate! —le gruñó House con violencia, agarrándola por los hombros.
—No vamos a poder.
—Cállate. Cuddy, ya estamos aquí —la sacudió un poco para que se calamara.
—¡Son ocho metros!
—Quedaremos maltrechos si caemos mal, moreteados si bien, negros por tanto hollín. ¡Vamos! La otra opción es quedarnos aquí y…
Se escuchó el ruido de la puerta metálica cerrarse como fauces.
—…morir de seguro.
Cuddy estaba temblando, pero tomó la mano que le posaba sobre el hombro con firmeza.
—Sí. Ya estamos aquí. Vamos —aseguró, mirándole fijamente a los ojos.
House asintió y ambos pegaron un salto para caer a lo largo de esos ocho metros.
Cayeron. Desendieron. Volaron. Gritaron. Al suelo.
House cayó de espaldas y le dolía, había caído sobre el árido. Cuddy boca abajo, unos metros más allá de él, pasó a comer algo de la dócil arena. La munición se disparaba lejos, a los campos enemigos y les llovió ceniza que les tiñó la piel. House se volteó boca abajo tapándose los oídos en acto instintivo de protección. Cuddy hacía lo mismo, junto con escupir arena.
Él se acercó a ella cuando todo pasó. Ella tosía y tosía. Tosía arena y saliva…
Luz solar, debía indicar algo… ¿Libertad? Tal vez. Pero es que medios sordos, algo maltrechos, sucios, comiendo arena, cubiertos de ceniza, a la deriva y todo lo malo que se le pueda ver a la situación, no habría precio ni punto de comparación con la libertad de dejar de estar preso de aquellas cuatro paredes, celados por un loco. Eran libres… Sí, al fin: libertad, felicidad, aire, luz… ¡Eran libres!
¿Me revindiqué "levemente" con lo Huddy? (palabras clave, entre comillas)
Un adelanto pequeño para disculparme por mi atraso (maldita culpabilidad! maldita consciencia!)¡cha-cha.chán! (ok, perdón :P)... El capi 7 se llama "Déjà Vú". Saquen sus conclusiones... :)
Gracias por sus reviews:
kmi17 (¿cómo están los matones?),
Natalia -NatY- (yo igual quiero que se amiguen! Y por lo demás no es para tanto, me hiciste sonrojar...),
satine (te quité los números, está mal?... perdóname! y no me refiero a los números XD),
Stefi Delacour (me pedirás q t devuelva ahora los lingotes? las rosas ya se marchitaron, viste que ha pasado el tiempo? XD),
meryy!! (creo que aún no puedo dar la recompensa suficiente...),
rasaabe (qué comes q adivinas, niña! Me obligaste a cambiar un aspecto de la trama! XD),
Ak1sA (lo del hacha es patológico, comprobé que hay más de alguien que ha sido amenazada con ella XD)
Hasta el prox. chap!
PD: Nessy, me lo quedaste debiendo!! XD.. (nah! calma. Ojalá se t arregle la cuenta)
