Capítulo 15
OCASO
Aún no lograba entender qué pasaba, sólo sabía que le dolía demasiado, que sentía una presión endemonida en sus piernas y que a lo mejor ahora sí la perdería, las perdería... Se sentía mareado y desorientado, sentía que su cuerpo quería dormirse, que su cerebro deseaba desconectarse, lo forzó a ordenarle a sus ojos que se abrieran: obedeció.
Vio un cuerpo grueso y oscuro acercarse. No sabía muy bien qué sentir ante su prescencia, todo estaba demasiado oscuro y sólo se apreciaba como una sombra, una sombra con una luz que movía en todas direcciones, profiriendo gritos de ultratumba, que él no podía responder ante el desvanecimiento. Obligaba a su cerebro dominar a sus cuerdas vocales, a su lengua, a su boca, pero sólo lograba articular inaudibles gruñidos.
Aparecieron dos luces más, una de ellas comenzó a agitarse, una voz gritaba entre otras palabras "mujer". House logró recordar que Cuddy andaba con él y que caminaba por el mismo pasillo pasos más adelante. Sintió un extraño sentimiento: sabe que lo hizo sonreír, que cerró los ojos, que suspiró, luego que su cuerpo se sumaba a ese sentimiento y ya no sentía dolor.
Los rescatistas ya han llegado a la ex base secreta hospitalaria, junto con un ejército de marines para resguardar la zona de nuevos ataques. El coordinador, en Estados Unidos, de esta empresa, el señor Michael Ward, nos comenta lo difícil que está siendo para los rescatistas...
-¿Aún no se sabe nada? -preguntó Wilson, entrando a la ex oficina de House, apagando su celular.
-No -contestó Chase, volteándose a mirarlo.
Foreman también salió del ensimismamiento de la televisión, cosa que Cameron no podía hacer, para preguntarle:
-¿Quién te llamaba?
Wilson dio un suspiro y se acercó con una silla hasta el frente del televisor, se cruzó de brazos y piernas y algo molesto contestó:
-El idiota que me llevaría hasta allá, preguntándome si sabía interpretar la noticia. Le dije que sí y lo mandé al diablo -y se concentró en la pantalla.
Foreman se encogió de hombros y miró a Chase, quien estaba sentado en el suelo, e hizo un gesto análogo, pero con los ojos.
El busca de Cameron comenzó a sonar para su lástima y tuvo que correr hasta las urgencias, donde no permitió otro canal que no fuese el que tuviese la noticia al día. Luego a Chase lo llamaban para operar; le dio un golpecito en el hombro a Wilson y salió.
-¿Te voy a dejar a tu casa? -se ofreció Foreman.
-¿No tienes que trabajar también?
-Vogler no me ha entregado ningún caso, ya es tarde y espero que no lo haga. Y supongo que te hará falta un amigo, aunque sea una imitación de ello.
Wilson levantó la mirada, mientras daban una noticia sobre la crisis económica mundial, en tanto esperaban más noticias de los sobrevivientes. Se puso de pie sabiendo que quería emocionarse, sentir felicidad o algo parecido por el momento. Cuando al fin pudo pararse frente a Foreman, lo abrazó por sobre los hombros y le palmeó la espalda.
-Sí, voy a necesitar a un amigo -le dijo con la voz a punto de quebrarse.
Foreman le palmeó la espalda, sintiéndose algo raro, algo incómodo, porque la verdad no sabía qué más hacer de allí. Sólo tenía claro que lo llevaría a su casa y, ya que le había ofrecido, también lo acompañaría a escuchar alguna noticia y estar ahí para el desenlace, fuese bueno o malo, porque conocía lo buena persona que era Wilson, y se merecía compañía y apoyo en un momento así.
-Y tampoco quiero ver a Vogler -agregó Wilson con una cuota de humor, para deshacer el abrazo de manera que no fuese violento ni incómodo.
Foreman rió, apagaron el televisor y las luces y salieron del antiguo despacho de House rumbo al departamento de Wilson.
House sintió que se mecía. Recordó cuando su madre lo acunaba y arrullaba tras una tanda de correazos que le propinó su padre por haber desobedecido la regla de "estar a las ocho de la noche en punto en la cama", se le había pasado la hora jugando canicas con los otros niños y peleando porque había ganado la favorita de uno de los chicos, sólo por los gritos los padres los descubrieron y esa canica de leche galáctica fue la que agravó su castigo. Y su madre le besaba y lo calmaba, para que dejara de llorar, para que su padre no se enojara aún más, para que dejara de dolerle y no sólo del dolor que sentía su cuerpecito de niño de cinco años, sino ese enorme que sentía en su magullado y herido corazón de pequeño de cinco años, que ya no lograba perdonar a su padre.
Abrió los ojos y de la nebulosa frente a ellos comenzó a vislumbrarse el redondo rostro de una mujer negra, ella notó que abrió los ojos, por lo que gritó "les dije que tenía signos vitales". La mecedora se creaba por la rapidez y precisión con la que la firme mujer corría, gracias a sus largos trancos llegaron hasta el lugar donde House pudo ver el cielo plagado de estrellas: una bóveda infinita que se mostraba con un auro horizonte sobre la línea lejana. Volvió a mirar a la mujer que comenzaba a posarlo sobre una manta en la arena y al fin pudo articular sus primeras palabras:
-¿Tú me cargaste?
-¿Algún problema con eso, macho?
-¡No, no! Sólo... ¿por qué no me dejaste morir?
La mujer rodó los ojos, mientras lo acomodaba para brindarle algunos cuidados primarios y revisión de sus miembros.
-Tuviste la mala suerte de que te encontré y como mi trabajo no es ese...
-¡Au! -gritó House, cerrando los ojos por el dolor.
La negra le rompió los pantalones para escudriñarle mejor las piernas a ver si tenía más que sólo hematomas y cortes leves. Se encontró con la vieja cicatriz de House.
-¿Y esta? -le preguntó.
-Déjala. Es de otro derrumbe. Sólo duele, pero si tienes vicodín o morfina hará la danza de la victoria.
-¡Hey, Bill! Despertó mi pequeña, tráeme una dosis de morfina antes de que se ponga a llorar -House la miró haciéndose el ofendido. -Te falta tu cuádriceps.
-¡On, no! ¿En serio? ¡Gracias por el diagnóstico! -soltó sarcástico, levantando lo que pudo la cabeza.
-¡House!
El aludido conoció de inmediato esa voz y giró la cabeza a la fuente. Allí notó el jet que los esperaba y cómo la cabeza de Cuddy se asomaba por la compuerta. Se veía un poco más rasguñada que la última vez que la vio, o al menos eso creí sonreírle, pero a la vez no, de cualquier modo ya había vuelto a esconder la cabeza, pero en seguida, mientras la rescatista le inyectaba morfina, el piloto se asomó y vio los brazos de Cuddy aferrarse a su cuello, para aparecer de cuerpo entero en la puerta y es ahí cuando House pudo notar que andaba descalza, que sólo pisaba con el pie derecho y que el izquierdo lo traía colgando, con la rodilla un poco flectada para lograrlo y el tobillo demasiado negro e hinchado para pensar que eso estaba bien. Verla así, ayudada por el piloto para poder bajar y acercarse a él, con algunos dedos entablillados, con sangre manchando sus ropas que debía venir de alguna parte de su cuerpo, y aún así tuviera fuerzas para reprenderle con ese antiguo tono autoritario que no escuchaba hace tiempo, y sonreírle cuando la sentaron a su lado, fue una imagen que le hizo pensar con rabia en todo el último tiempo vivido, pero tras esa sonrisa nada más podía enfurecerse consigo mismo por no conseguir comprenderla.
-¡Eh, Bill! -gritó la mujer que rescató a House. -¡Necesitamos entablillar un pie aquí!
-¡Okay! ¡En seguida voy! -avisó Bill, yendo a buscar a la tienda de campaña improvisada lo necesario.
Cuddy y House no habían dejado de mirarse en ese instante y ella, comprendiendo la intriga y la confusión en su rostro, y sonriéndole con ojos acuosos, articuló quebrada un "estoy bien", para tranquilizar la curiosidad de él y a lo mejor algo más.
-Volveremos a Nueva Jersey -agregó con tono de emoción adolescente, no pudiendo contener la enorme felicidad que eso le significaba.
Y ahí recién House completó su respuesta. No era la morfina la que le impedía notar las terribles condiciones en que se encontraba su tobillo sin entablillar y que así como era visto, debía doler montones, él ya se habría chuteado algo y más de algo; pero ella no lo notaba por la alegría que le significaba salir de una vez y para siempre de ese infierno. Y él compartía plenamente esa felicidad, a pesar de pensar que muerto habría estado aún mejor, sin tener preguntas que responderse para su curiosidad o lo que sea.
Bill llegó con los apósitos, tablas y gazas y las dejó sobre la manta a un costado de House.
-¿Eso es todo, Jenn? -preguntó Bill.
-Ayúdame a dejar a la señora sobre la manta -pidió Jenn, cogiendo a Cuddy por las caderas y el doblez de las rodillas.
Bill obedeció tomándola por las axilas. La posaron justo al lado de House.
-¡Eh, eh! Recostada -señaló Jenn cuando vio que Cuddy se iba a levantar de la posición en que la dejaron. Cuddy hizo caso. -Oye, Bill -llamó la negra al jovencito enclenque, mientras limpiaba el pie de Cuddy de la arena que se había pegado. -¿Hay más gente rastreando, cierto?
-Sí, entraron un montón -respondió él con cierta emoción.
-Y ¿sabes si vienen más jets?
-Sí. Este tiene que salir en diez minutos, porque vienen dos más en camino y faltará espacio para uno si no se va pronto.
Cuddy dio un pequeño grito y comenzó a llorar de emoción (y en parte, también, porque las maniobras en su tobillo le estaban ardiendo), le cogió la mano más cercana a House y en sus ojos sonrientes se leía un "al fin", pero al ver la inexpresividad del diagnosta, se sintió una estúpida, lo soltó de inmediato y miró hacia el otro lado, tratando de tragarse las lágrimas que ahora se volvían amargas, porque notó qué sucedía: escalón a escalón, todo volvía a ser como antes. Comenzó a sentir el dolor en su tobillo aún más fuerte, Bill le dio un calmente en píldora.
-Terminé. Bill, lleva a la señora hasta el avión, ya van a partir. Tengo que acabar aquí con su esposo para que puedan irse juntos.
-¡No es mi esposo! -gritó Cuddy, enfadada.
-Ah. Lo siento. Es que con esa gran capacidad de comunicación que tenían...
-Pero sí tenemos seis hermosos retoños, bueno, no tan hermosos como su padre, pero...
-House -masculló Cuddy, en tono de advertencia, cuando ya estaba de pie con la ayuda de Bill.
House se calló poniendo cara de perrito degollado y ella negó con la cabeza a modo de "eres imposible" y rengueando, con el apoyo de Bill, subió al avión.
-¿Sabe una cosa, Jenn? -consultó House, en tono cotilla, pero fingido a la vez. -Tenemos un morocho y un chicuelo de cabello de princesa. No estoy muy seguro de a los genes de cúal de los dos se habrán aferrado.
Jenn encarcó una ceja mientras inmovilizaba su brazo derecho.
-Sí, también pienso que debería hacerme el ADN. !Oye! ¿Qué haces? No puedo coger el bastón si me...
-Tenías el codo dislocado, ¿no lo notaste?
House la miró un momento.
-Claro -mintió.
Intentó colocarse en pie, pero se cayó para su humillación y como si esta no fuera poca, Jenn aprovechó su súper fuerza y la posición del nefrólogo para cogerlo en brazos como novia y llevarlo hasta el avión.
-Esto es patético. Dame una pistola -oredenó House a Jenn.
-Sí, sería un gusto. Pero mi trabajo es llevar vivos, no muertos -subieron. -Por aquí cojito -acomodó a House al lado de Cuddy.
-Te demandaré -gritó House, mientras ella se bajaba sin hacerle caso. -¡No era cojo antes de que tú me tocaras!
Jenn ya se había ido.
-Por Dios, House -se quejó Cuddy.
-¿Por Dios, qué, Cuddy? -se volteó hacia ella. -¿Acaso...?
Se calló al notar a sus otros compañeros de viaje. No era por el general McCullough o el doctor Watson, que aún, a pesar de su delicado estado y tras ese derrumbe, sobrevivía, portando un cuaderno y sus tanques y bolsas; era por Fisherman su silencio.
-La mala hierba nunca muere, ¿no? -inquirió House, desafiante.
-Por eso estaremos ambos vivos -sugirió él en tono insidioso.
-House -llamó su atención Cuddy. -¡House!
-¡¿Qué?!
-No te metas en un lío -puntualizó, señalando su mano, que se dirigía a ensartarse en el rostro de Fisherman.
-¡Pero este idiota te...! -comenzó a alegar.
Cuddy lo miró seria. House gruñió y se echó hacia atras con los brazos cruzados y con pataleta. Cuddy creyó que ya lo había logrado controlar, pero House estaba volviendo, y así fue como un puntapie acabó incrustado la rodilla hinchada del ginecólogo.
-¡Serás...! -comenzó a gritar Fisherman, a quien le había dolido hasta en el alma, pero el dolor no lo dejó acabar. Se llevó la mano a la zona para consolarla.
Cuddy le dio un manotazo a House por su niñería, pero no se dio cuenta que le pegaba al brazo malherido, por lo que House comenzó a quejarse igual y a sobarse su codo.
-¡Lo siento! -chilló Cuddy, que no lo había hecho con esa intención.
-No, no lo sientes -le contradijo House, apenas con voz.
Entró el piloto con otro herido en el derrumbe y un rescatista con otra, los ubicaron en los puestos.
-Ya nos vamos -anunció el piloto cerrando la compuerta.
Cuddy sentía que su corazón se le saldría del pecho, era tanto que llegaba a dañarle, pero era inevitable sentirse feliz, que ya nada importaba, porque al fin volvería a su hogar. Por su parte, House estaba confundido, aún demasiado ensimismado en el cómo pudieron haber sobrevivido a un derrumbe así; analizaba la posición que adoptó en aquel lugar y que ésta había permitido a las rocas formar una especie de triángulo vital que sólo aplastó algo sus piernas y alguna roca debió de haberle dado vuelta el codo, pero ese triángulo... A lo mejor mi idea era mejor que la de Cuddy, la de quedarnos en la habitación. Pero tenía un punto que la hacía fallar y era que la de él tuvo algo de azar y eso mataba la lógica de sus argumentos, la lógica en su cerebro y eso le incomodaba y no le permitía concentrarse en nada más. Debía hallar la respuesta terrenal.
Cuando el avión se puso en marcha, cuando se elevó... cada vez la dicha de Cuddy se hacía más y más grande, tanto que llegó a golpearse la cabeza con la pared, de pura alegría, pero no le importó. Recién con el ruido del golpe y el risueño "¡au!" House se dio cuenta que algo pasaba. Vio a Cuddy y se preguntó si estaría bien. Notó que el avión paecía en suspensión, sintió el cosquilleo en el estómago como en las montañas rusas. Supo Cuddy estaba bien. Miro hacia abajo y sonrió: él sería libre.
-¡Wilson! Deja esos cafés ahí. Van a dar los primeros nombres -avisó Foreman.
En el rincón donde Wilson había instalado la cafetera se oyó un ruido de loza quebrarse y los pasos raudos del amigo hasta el televisor. Allí le dio un volumen monstruoso al aparato, para escuchar fuerte y claro lo que diría la presentadora de noticias.
...Y son: el general Albert McCullough; los doctores Jordan Watson, Michael Fisherman, Lisa Cuddy y Gregory House; las enfermeras...
Wilson no sabía como describir lo que sentía. "¡En la primera lista!" era lo único que rondaba por su cabeza. Ni sintió cuando cayó a la cama o cuando Foreman bajó el volumen del televisor a uno recomendable para el oído humano. Sólo vivía su mundo, ese en el que sus dos amigos volvían y podría restregarles en la cara cuanto le hicieron sufrir en medio de lágrimas de alegría, donde con Cuddy se abrazarían fuertemente, donde House lo repelería y luego le diría algo como "igual ehcaba de menos tus psicoanálisis". Tenía que enterarse dónde podía ir a buscarlos; puso atención a la televisión para ello, pero algo le impedía concentrarse, volteó y notó que Foreman estaba al teléfono.
-¡Ah! Ahí acaba de salir del trance. ¿Quieres que te lo pase?... Está bien. Yo le digo... ¡Ya, Cameron! ¡Sí!... Chao -colgó.
-¿Qué quería? -consultó Wilson, con un oído en los reporteros y otro en Foreman.
-Que vayas a su casa. Está loca. Llamó a la televisora y ya sabe dónde ir. Te llevará.
-¿Y por qué no le preguntaste para ir direc...? Ah. Da igual. ¿Puedes conducir? -inquirió tendiéndole las llaves.
-Ni modo -se encogió de hombros. -Mi auto practicamente es chatarra -y cogió las llaves.
Era de madrugada, pasada la una y algo. Entumidos, los cuatro doctores que más tiempo habían pasado pasado con House y Cuddy, en especial uno, esperaban a las afueras de una pista de aterrizaje el arribo del avión que traía a una parte de los sobrevivientes, la más importante para ellos.
-Me extraña que sólo estemos nosotros -comentó Cameron.
-A lo mejor los otros no tienen familiares o amigos -se atrevió a vaticinar Chase.
-O a lo mejor te engañaron -osó a decirle Foreman. Cameron le dedicó una mirada asesina.
-Estoy segura que me decían la verdad. En momentos así quieren ayudar...
-Oh, sí. de pronto el mundo se ha poblado de buenos samaritanos. Fíjate tú, House y Cuddy casi se mueren por las buenas intenciones de otros -ironizó Foreman.
-¡Jo! ¿Y desde cuándo te preocupa que House viva o muera? -atacó Cameron.
-Desde... Mmm... Buena pregunta -acotó Foreman, a modo de finiquitar la discusión.
Todos miraron a Wilson, quien no quitaba los ojos de la pista, acurrucándoese en sí mismo ante el frío. Cameron fue hasta el portamaletas de su auto y sacó una manta que le posó por sobre los hombros. Wilson le dio las gracias y se acurrucó más a ella.
-Debes tener hambre -comentó Cameron.
-Pues sí. No comimos nada en mi habitación. Íbamos a tomar un café cuando dijeron los nombres.
-Me imaginé -murmuró Cameron. Le apretó el brazo y volvió al portamaletas. -¡Chase! Ven a ayudarme.
Chase se dirigió hasta allá. Cameron le entregó unos sandwichs de queso para que repartiera entre los presentes. Ante la cara de sorpresa de los otros dos médicos, Chase explicó:
-Le dije a Cameron que lo más probable es que esto demoraría y ella pensó en que Wilson, con las preocupaciones, no debe de haber comido nada. Si quieren café caliente acérquense por allá.
-Gracias -dijo Wilson antes de moverse.
Cameron entregó tazones y cucharas para que se echaran café y azúcar a gusto y luego ella virtió el agua caliente desde su termo.
Casi al acabar de comer y beber, para calentar el cuerpo y pasar el hambre, comenzaron a oír una baliza, después no era una, sino dos, cada vez más y más fuerte, hasta que llegaron a la entrada, una tras otra: dos ambulancias que esperaban a que les abrieran el portón de malla a un costado de donde estaban ellos. Apareció el portero a abrir y los dos camiones se ubicaron en dónde se les indicó. Al poco rato, unas luces en el cielo y un ruido que cortaba el viento y que llegaba en baja frecuencia, anunciaba, con su cada vez más certera cercanía, que aterrizaría allí, que su travesía finalizaría.
Wilson sentía la emoción apoderarse de él. Se acabó lo poco que le quedaba de café y le entregó el tazón a Cameron quien lo envolvió en un paño para guardarlo de vuelta; se acercó a la reja, a sujetarse de ella, a observar cada instate de ese momento en su vida, cuando renacía, cuando volvía a construirse, porque se había dado cuenta que definitivamente no podía vivir sin esos dos.
Chase terminó de guardar todo, dado que Cameron igual se distrajo. Luego, con Foreman, se acercaron por detrás a ellos.
El viento les revolvía el cabello, pero no importaba, nada importaba, este era el momento que todo renacería o parcialmente todo. El avión se detuvo casi completamente dentro de su campo visual. Al ser concreto el aterrizaje, Wilson se hizo de más piernas para correr hasta el portón que permanecía abierto, el portero no lo detuvo ni nadie, ni los guardias que sólo le preguntaron a quién venía a esperar una vez que llegó a detenerse a metros de la compuerta. Se abrió, su corazón se agitaba a modo que sentía que le daría un paro cardiaco. Llegaron Cameron, Chase y Foreman hasta donde estaba él. Salió un hombre que identificó como un rescatista.
-¡Hay un hombre muerto! -fue su saludo.
Los operativos para sacar el cadáver no demoraron en actuar. Tampoco el corazón de Wilson que sentía que se le evaporaría si le quitaban las esperanzas a último minuto, de forma tan brusca, cruel y burda. Cameron se había echado a llorar en brazos de Chase, porque ya no soportaba la tensión, había querido hacer las cosas bien, no actuar descontrolada, pero ya no podía más, la felicidad le había ayudado, la icertidumbre ahora no. Foreman fue el único lúcido al momento que sacaron al desafortunado y para acabar con las penurias y amarguras declaró:
-No es House. Tampoco Cuddy, por si usaron "hombre" como genérico.
Cameron alzó la cabeza de entre los brazos de Chase sin saber muy bien qué hacer, totalmente ida. Wilson, por su parte, no dudó en constatar la información: sí, Foreman no mentía, el hombre muerto tenía rizos alborotados pelirrojos y era muy pecoso. El cabello lo decía todo: podía respirar con ansiedad emotiva y no inquisitiva.
Uno de los paramédicos bajó con una mujer rubia y vieja que respiraba apenas, tras sentarla en una silla de ruedas, le pusieron oxígeno y la trasladaron hasta una de las ambulancias. Luego... Wilson vivía en otra dimensión, vio unos rizos negros más largos de la vez en que le dijeron adiós, un rostro compungido y no risueño y travieso como el de aquella vez en que les dio por ver películas infantiles, un cuerpo más delgado y magullado al que recuerda de la otrora decana de la medicina. Todo aquel espectáculo fue posado sobre una silla de ruedas, todo se tornó figuras en su mente cuando el calor de sus lagrimas le quemaron el cuello, cuando sus brazos se aferraron a él que no tiene idea cómo de un momento a otro ya estaba arrodillado a su lado, estrechándola a sí, echándola de menos, acariciando su cabello, mojándola en sus propias lágrimas, estaba ahí ¡era real! Lisa Cuddy estaba ahí, entre sus brazos, pegada a él, con la emoción viva, ninguno de los dos preocupado por las heridas físicas que ardían en ella, sólo les importaba sanar las cicatrices al rojo que habían masacrado sus almas, sus corazones, sus vidas. Ya estaban reunidos. Ya nada interesaba. Ya había calma; completa al menos para ella.
-Te eché de menos. Me hiciste sufrir montones -lloraba Wilson, cogiéndole la cara, lastimándola sin querer.
-Lo sé, lo sé -asumía ella, entre goterones.
-Señor, debemos llevárnosla pronto al hospital -indicó el paramédico.
-Sí, lo siento. ¿A qué hospital la llevan?
-Al Princeton General -y comenzó a desplazar la silla, Cuddy miraba hacia atrás.
-Allá nos vemos, Lisa -se despidió Wilson, haciendo una seña con la mano. Ella imitó el gesto y sonrió, tras esto se sentó correctamente.
Wilson alzó la vista y vio que venía House: arrastrado en la silla por un paramédico y apretujado por el cuello por una aliviada Cameron.
-Me anima el que te alegre tanto verme, que desees matarme -le gritó House apenas.
-Oh, lo siento -se excusó Cameron. -Pero es que...
-Sí, sí. Me amas.
Chase enarcó una ceja y miró suspicaz a Cameron. Pero luego optó por omitir el comentario y dándole una palmada en el hombro desocupado de las manos de su novia, le dijo:
-Que bueno que estés de vuelta.
-¡Auch! Si me dejas manco le das más razones a tu novia para que se fije en mí.
Cameron, molesta, le golpeó el hombro.
-¡Auch! ¿Estás aplicando el dicho "quien te quiere te aporrea"? Pues te querré más si dejas de intentar asesinarme. ¡Miren, ahí está Foreman! Si no te acercabas a la luz no te habría notado jamás. ¡Que bueno que se te ocurrió!
Foreman rodó los ojos.
-Te esperaré en el auto, Wilson.
House abrió los ojos desmesuradamente y miró a su gran y úncio amigo: su turno en el columpio.
-¡Jimmy! Dejo a Foreman haciendo mi papel y tú el de Cuddy ¿y les da por el sado maso?
Wilson rodó los ojos llenos de lágrimas de emoción secas y suspiró. Su amigo había vuleto demasiado completo.
-Pareciera que hubieras ido de campamento de verano y no a la guerra.
-Ya sabes, Jimmy, "haz el amor, no la guerra".
-Señor, tenemos que irnos -apuró el paramédico.
-¿De cuál te fumaste? -rió Wilson, aunque con cierto aire de preocupación.
-De la que dice "si estás vivo, vive, que la mierda se va sola por detrás" -acabó gritando, volteándose para ver a su amigo, pero vio algo desagradable: Fisherman había tropezado y los dos patitos rubios le ayudaron a levantarse. -¡Eh! -aulló, dejando sus pies caer al suelo, para detener la silla. -¡Dejen a ese hijo de perra! ¡Para la otra que le eviten un tumbo, los mato!
-¡Le voy a inyectar morfina en la lengua si no se calla! -amenazó el paramédico, pero llegó otro quien simplemente actuó, pinchándole con un tranquilizante que lo atontó al instante. Lo subieron.
Cameron y Chase se quedaron pasmados ante esa reacción. Wilson sólo atinó a pensar que algo le debió haber hecho ese tipo, que fue el segundo paso al que accedió el cerebro de los ex suburdinados. El punto común en la cabeza de los tres era "¿qué?".
-Cameron, admiro tu capacidad de trasnoche, tremendamente, pero con tío Jimmy tenemos que hablar cosas de grandes. Ve con tu novio, que te debe estar extrañando -esa fue la manera de House para zanjar el interrogatorio de la chica, que era lo único que hacía desde que él despertó.
-Estaba preocupada...
-Y ya me enteré.
Wilson, para detener a House antes de que pudiera decir algo con lo que Cameron estilara la almohada, se metió.
-Cameron. Danos media hora. Ve afuera, come algo. Después a mí me interesa estar con Cuddy y ahí podrás tener a House entero para ti.
House, a medida que Wilson hablaba, lo miraba con más y más ganas de estrangularlo.
Cameron accedió, no sin molestarse por el que tuvieran algo que hablar a espaldas de ella. Si era del viaje acabaría enterándose igual. Salió.
Cuando cerró la puerta, Wilson se volteó hacia House.
-¿Qué es eso que me tienes que decir?
-Que te queda media hora de vida.
-Pero ¿qué tiene? Solo está preocupada, quiere saber...
-TODO, Jimmy, eso es fastidioso.
-Pues aprendió del maestro.
-Ella no quiere saber de mí para desifrarme, sólo es por saber que lo que ella conoció sigue siendo lo mismo.
-Pues la gente que siente aprecio por otra, suele...
-¡No! ¡Análisis, no!
-Espera, ¿ya no eres el mismo?
-Nunca me han gustados tus sermones de psicología barata.
-No, por lo que dijiste antes. ¿Qué pasó?
-Fui a Camboya y ya sabes cómo son las camboyanas -alzó las cejas.
-Sí, sé que lo de la guerra... Pero tu lengua sigue siendo tan rápida y filosa como siempre.
-Pues las ansias de volver me hicieron volver.
-¿Qué pasó con Cuddy?
Ambos la miraron: estaba en la cama del lado, durmiendo con la respiración tranquila. Volvieron a mirarse.
-¿Y? -presionó Wilson.
-De eso quiero hablarte...
Wilson abrió desmesuradamente los ojos.
-¿Tú y ella...?
-¡Shh! Vas a despertarla. Y no.
Wilson lo punzó con la mirada incrédula.
-Bueno, sí, pero no es cómo te lo estás imaginando. Pero no es eso. De hecho ni siquiera... Es algo más importante.
-¿Dices que no es importante...?
-No intentes poner palabras en mi boca. Ni se te ocurra.
Wilson alzó las manos en señal de rendición. House tomó aire y comenzó:
-Recuerdas el tipo de ayer, el que ayudaron Chase y Cameron.
-Sí y que querías matar.
-Quiero. Se lo merece y más. ¿Me ayudarías?
-¿A matarlo? ¿Hablas en serio?
-Sí.
-¿Qué pasó?
House cogió una gran bocanada de aire y contestó:
-Porque... -miro a la cama de Cuddy para comprobar que estuviera dormida. -Porque violó a Cuddy. O que te lo confirme ella, ¿no Cuddy? -notó que no lo estaba.
Cuddy lo miraba molesta desde su cama.
-Gracias por recordármelo -señaló.
-De nada.
-Nunca piensas en lo que los demás sienten con respecto a sus asuntos personales, ¿no?
Aunque House tenía ese "no" indiferente y acutuado en los labios, Wilson lo salvó de decir nada.
-¿Te violaron? -soltó en un tono de pasmo, mirándola como si fuera un animal maltratado.
Pero House se entrometió en su respuesta.
-Sí. Y estaba inconsciente.
Wilson llenó sus pulmones de oxígeno con una mueca extraña en la cara, mientras Cuddy regañaba a House.
-House, puedo sobrellevar algo así, ya lo estaba haciendo. Pero gracias por querer influir en mis sentimientos de angustia y de miserabilidad. ¿Acaso te da envidia...?
-¿Prefieres un error con el bisturí o uno con los medicamentos para contrarrestar el dolor? -la interrumpió Wilson.
House y Cuddy lo miraron al instante. ¿Estaba accediendo a la propuesta, locura, de House?
-Hacerlo sufrir es mejor -opinó House como si fuera el tema más normal del mundo.
-¡No lo van a matar! -ambos hombres la observaron como si estuviera profiriendo vesanías. Cuddy se incorporó un poco.
-Cuddy, ese tipo te ha... -comenzó a alegar Wilson.
-Quiero recuperar mi hospital -sentenció.
-Y ¿quieres contratarlo? -sugirió House en tono de atar los cabos más obvios. -Suena lógico.
Cuddy lo miró asesinamente. Wilson alzó las cejas esperando una explicación a todo aquello.
-Quiero usarlo de testigo -House y Wilson la miraron los los ojos abiertos como platos. -No me miren así. Voy a hablar con los otros colegas que tuvieron problemas con Vogler. Lo voy a demandar a como dé lugar. Quiero recuperar mi hospital, mi vida. Si logro esto, que tratas de plantar como una gran tragedia, Gregory House, puedo pasarlo como un mero bache en mi camino.
-Sí, como no te quitaron la virginidad, no será tan difícil.
Wilson y Cuddy lo miraron de manera desagrable. House se escondió entre sus sábanas.
-Aún no entiendo -terció el silencio, Wilson -, ¿por qué te sirve ese tipo?
-Él lo sabe todo -declaró.
-¿Cómo? -quiso saber el oncólogo que estaba entendiendo todo a medias.
-Ya te explicaremos. ¿Mi casa aún existe?
-Pues cuando creyeron que estaban muertos y como ningún familiar reclamó y, apesar de mis prostestas, ambas se fueron a remate.
House salió de entremedio de las sábanas como si hubiese escuchado el anuncio de que tendría que vivir con su padre.
-¿Supongo que rescataste...? -intentó articular.
-Tus discos y tus fotos, que para mi sorpresa habían. Pero ni tu piano, ni tu guitarra...
-¡Pero que haz hecho! -gimió con la peor cara de sufrimiento.
-¡Decían que estaban muertos!
-¡¿Y por qué no nos avisaste cuando supistes que no?! -alegó House, molesto. Sentía tanto su piano y su guitarra.
-Porque me olvidé, House, ¿cómo esperabas...? -Wilson se vio interrumpido por su busca.
-Te has salvado -rezongó House.
Wilson gruñió mientras miraba para qué lo requerían. Alzó la vista hacia House y le dijo:
-Tus cosas las puedes recuperar -ahora miró a Cuddy antes de que House le dijiera cualiquier cosa: -Conseguiré al mejor abogado que pueda. Ya me contarán mejor esa historia. Probablemente el abogado encuentre interesante esto de sus casas. Y no mataré al tipo, pero espero que alguien lo extorsione, si pretendes conseguir algo, Cuddy. Van a vivir conmigo... Me voy a trabajar -y dicho esto, salió.
House y Cuddy se miraron de una forma tan extraña, era como si se odiaran, pero a la vez se comprendieran a la perfección. En silencio.
Un mes más tarde...
Las terapias con el kinesiólogo fueron pocas y ya estaba todo bien. Las curaciones: ya no habían heridas ni hematomas; tampoco rizos muy por debajo de los hombros, ni barbas de hermitaño; sí había bastón, no había tacos; había porfía, había problemas. Había un juicio que ganar.
El abogado había conseguido recuperar las casas, pero no las cosas. Wilson les compró una cama a cada uno mientras intentaba que el director del Princeton General quisiera contratar a House. Cuddy estaba demasiado ensimismada en recuperar su hospital.
Ahora se juntaban a pocos días del juicio final. Wilson le llevó un periódico a Cuddy, donde habían hecho de comedor por el último tiempo.
-Te lo traje. Contiene la interesante historia de un atentado. Una epopeya de rescatistas y marines. ¿No sé si la recuerdas? El nuevo presidente aún no quita ninguna tropa, pero es pronto...
-Wilson -advirtió Cuddy, en tono de que no le interesaba el tema.
-¿Pero esa historia de heroísmo y patriotismo...?
-Le echaré una ojeada.
Cuddy se dispuso a leer, mientras Wilson atacaba su plato. En eso llegó House con unas papas fritas en bolsa.
-¿Qué hay? -preguntó Wilson, con la boca llena.
-Castré a Fisherman.
Cuddy apareció tras el diario y Wilson miraba como House robaba un trozo de su carne recién cortada.
-No lo has hecho -afirmó Cuddy.
House tomó un gran sorbo del vaso con jugo de naranja de Cuddy.
-No. Pero ya le mostré el cuchillo con el que lo haré si no declara a favor tuyo.
Cuddy lo volvió a observar.
-Eso sí lo has hecho -constató ella con sólo escudriñarlo.
Esa seguridad comenzó a generar sospechas en Wilson, quién antes de vaticinar cualquier cosa, prefirió escuchar un poco más.
-Aquí dice que Violet Goldsmith murió -informó Cuddy.
-Pues yo lo que no me explico es por qué y cómo es que tú y yo estamos vivos -y se apropió de otro pedazo de carne de su amigo.
-House, si quieres te compro un plato -ofreció Wilson, harto de que se alimentara junto a él de manera tan literal.
-¿Y qué gracia tendría? Jimmy, aprende a compartir.
Wilson rodó los ojos, sacó un billete y se lo tendió. House lo tomó.
-Se suicidó -House volvió a su puesto ante esa información que daba Cuddy. -Su data de muerte es de antes del derrumbe y tiene un disparo en la cabeza. Creo que fue porque me enteré...
-¡Como ehcabas de menos el que te echaras la culpa de todo! -ironizó House.
Cuddy lo miró como una víbora.
-Deja de mirarme así, que estoy teniendo problemas por las latitudes del sur. Voy a comprar mi almuerzo -agregó, cuando Cuddy cambió la expresión a una de impaciencia.
Al volver House, Wilson puso el tema en la mesa.
-¿Qué está pasando?
Los otros dos lo miraron haciéndose los que no entendían.
-Pasa que estamos comiendo gracias a ti -contestó House.
-Sabes de lo que hablo -House enarcó una ceja. -Y tú también, Cuddy -ella alzó ambas cejas como preguntándose de qué la inculpaban. -A ver. Entiendo, Cuddy, que tú no busques trabajo, ya lo hablaste conmigo y yo accedí a "mantenerte" como lo llamamos, mientras estabas metida en esto del juicio. Pero tú House, me pediste tanto que te consiguiera trabajo aunque fuese en un laboratorio, por hacer algo, porque vivir a expensas de mí no lo dejarías, pero ayer el doctor Harvey te citó y no llegaste, ¿qué pasó entre medio? ¿O era el dinero? Además, Cuddy, explícame algo, ¿cómo adelantaste las dos últimas cuotas del abogado sin que haya desaparecido ningún centavo de mi alcancía y sin que estés trabajando?
House y Cuddy se miraron con una sonrisa de complicidad, bajaron la vista y comenzaron a reírse a carcajadas.
-Me asusta tanta afinidad -declaró Wilson, empezando a asustarse. -Se han unido para acabar con el mundo, ¿verdad? -preguntó a medida que ambos no paraban de reír.
Cuddy fue la primera en detenerse al encontrarse con el reloj de pared.
-¡Oh! Me debo ir. Cita con el abogado -se puso de pie. -Se viene la última instancia y parece que tiene una buena noticia -cerró la silla mientras canturreaba. -Que te lo explique House. Nos vemos -y cogiendo su cartera se fue.
Wilson quedó mirando a House con cara de "explicaciones", mientras este miraba a Cuddy marcharse.
-¿Te has fijado que no eran los tacos los que hacían su caminar? -consultó House con una sonrisa, como si preguntara por la hermana de James, si es que la tiene.
-House -masculló este, esperando las explicaciones.
House lo miró haciéndose el incomprendido. Wilson aguzó su ojo consultivo, poniendo cara de psicoanálisis.
-¡Está bien! ¡Está bien! -gimió House ante la posibilidad de acabar sentado en el sillón portátil de su amigo. -Pero no me interrumpas.
-Escucho -dijo Wilson, accediendo a la razonable petición de su amigo.
House tomó aire, bebida y bocado y comenzó:
-Primero: tu departamento sigue inmaculado.
Wilson alzó las cejas analizando si era una frase con alto contenido de sarcasmo o iba en serio.
-Segundo: cuando el abogado recuperó nuestras casas y en vista de que en ambas habían harto espacio y ambos teníamos poco dinero, optamos por arrendar la que nos diera más ingresos, no estamos en una etapa de nuestra vida donde nos podamos regodear mucho. Entonces Cuddy accedió a arrendar la suya, así es como pagó al abogado y otras cosas -sonrió.
Wilson abrió los ojos a modo de que casi se le salían de sus órbitas.
-Tercero: ya que optamos por los ahorros, pues debíamos aprender a convivir y hallamos la manera de hacerlo: sexo y comida es la mejor solución.
Wilson tragó el pedazo de carne que se había echado a la boca con gran dificultad, tanta que tuvo que beber de su gaseosa.
-Sexo y comida -comenzó a decir Wilson -, en tu lenguaje, ¿no son la misma cosa?
-En realidad -meditó House, sin hacerlo realmente. -¿No te había dicho que no me interrumpieras?
Wilson alzó las manos y agachó la cabeza como mostrando bandera blanca.
-Relamente Cuddy lo superó o hace esfuerzos para ello -pensó House en voz alta.
Wilson lo miró enarcando una ceja, siguió comiendo. Analizó todo por un momento y dijo señalándole con un dedo que dejó escapar de su trabajo de sujetar el tenedor.
-Tú deberías aprender de ella.
-¿Y no lo hago? ¿Que esto de vivir con ella...?
-Es un acuerdo. Estas en una etapa difícil, tú lo has dicho. Es lo que más te conviene, comenzando por el sexo y terminando por el dinero.
-¡No soy una puta! -alegó House.
-Ni Cuddy. Es sólo que ambos están solos y saliendo de una tremenda "aventura" que les llevó a experimentar emociones que no querían develar y que ahora sienten una cierta libertad para expresarlas, sin hospitales, sin cargos... Además, admítelo, cuidaste a Cuddy allá, acá antes de irse, quieres matar al idiota que la violó a pesar de que ella no anda llorando por los rincones eso... ¿Te has dado cuenta de lo que has hecho?
-Sí - farfulló con expresión graciosa de derrota -, dejé que me psicoanalizaras.
Wilson se puso de pie y House levantó la vista.
-¿Ya te vas?
-Sí, algunos trabajamos -Wilson se puso la chaqueta, agarró su maletín y se volteó dispuesto a marcharse, pero antes no resistió dedicarle unas últimas palabras a House: -Espero que esta historia acabe bien para ambos, porque de lo contrario a mi me tocará barrer la casa.
House esbozó una sonrisilla.
-No me voy a casar, Jimmy.
-No -confirmó Wilson. -Pero si se te ocurre por es sólo hecho de hacer maldad, avísame, quiero volver a casarme antes del fin del mundo -y se fue.
House se quedó pensando un momento sus palabras y la situación que vivía. De momento estaba bien, ya verían tras el juicio, no quería pensar que esto era algo más, no quería darle más importancia de la que merecía. Las cosas estaban bien o al menos así le parecía.
Para el día del juicio Cuddy ya les había contado el útimo gran testigo y compañero en el caso, por decirlo de alguna forma, y al salir pudieron confirmar que había sido la llave perfecta para resolver todo a favor: el gobierno había visto afectados sus intereses con los movimientos de Vogler, por lo que metió mano al caso para castigar y cobrar al que osó perturbar su estabilidad económica y perfecta organización. Sólo fue saber que ganaron y reorganizar todo, cada uno de los directores sacados de sus cargos por este multimillonario y que estuvieron marchando en este caso, podrían recuperar sus puestos, su estabilidad y, a lo mejor, hasta sus vidas.
A la semana siguiente, Cuddy ya tenía todo listo en su Princeton Plainsboro, había reesctructurado todo, hasta su oficina, incluso sus tacones; sólo faltaba un detalle.
Ella estaba en su despacho, apoyada en su mesa esperando a House. Cuando este al fin se dignó a llegar, le dijo:
-No hay contrato para ti.
House la quedó mirando como si supiera que le estaba jugando una broma, pero al observarla un poco más supo que no. Se acercó a ella tanto como para invadir sus espacio personal y le clavó la vista inquisitiva.
-No lo hay -ratificó ella.
-Esto es porque me estoy acostando contigo, ¿verdad?
-Jefa y empleado no pueden tener una relación, House -explicó ella, acercándose a un palmo de sus labios.
-Pues tengamos nuestra noche de despedida hoy y mañana me recontratas -dio como solución él, asiéndola por la cintura.
Cuddy se enfureció, lo empujó para poder zafarse y se dirigió a posicionarse tras su escritorio, para darse la fortaleza de antes, para demostrarle su poder, para que se diera cuenta quién era, que ningún viaje imprevisto a cualquier lugar inhóspito la cambiaría; a la vez que abría una carpeta y firmaba un par de papeles.
-Toma -rugió, aplastándole la carpeta contra el pecho. House sujetó el plástico perplejo. -Tu contrato. Me iré a un hotel mientras echo a los arrendatarios.
Se volteó para coger otra carpeta, que también plantó en el pecho de House y que este también sujetó con asombro mientras le decía:
-No hay por qué ponerse grave, mujer. Puedes quedarte mientras...
-¡NO! -gritó ella de modo que el recontratado diagnosta tuvo que alejarse un par de pasos, porque quería seguir viviendo. -¡Ese es tu caso! ¡Tu equipo te está esperando! ¡Y ponte el delantal!
House salió del despacho con una sonrisa en los labios, sabiendo que esta nueva oportunidad de vida sería como antaño, sólo que con un sazón diferente. Pero, claro, el delantal jamás se lo pondría.
-o-o-o-o-o-
Gracias por leer
