Capitulo 2.

- Oye, guapa. Ponme otra ronda. – la camarera se acercó, toda sonrisas y le sirvió otro botellín de cerveza. El sexto… séptimo… ni idea. De todas maneras seguía estando sobrio.

Después de salir del cementerio y poner rumbo a casa de Bobby, se vieron forzados a parar en un motel porque se había levantado una espesa niebla que no dejaba ver ni a dos pasos de distancia. Dean salió a tomarse una copa poco después de coger la habitación. Necesitaba alcohol después de la visita al cementerio. ¡Maldita niebla del demonio! Ya era un milagro que hubieran encontrado el motel…

- Para que veas que los milagros a veces existen… - Dean se volvió tenso hacia su derecha, donde Castiel había aparecido de repente.

- Tío… en serio… ¿no tienes nada más interesante que hacer que seguirme? – el ángel sonrió, con esa expresión bondadosa que a Dean le producía escalofríos. Preferiría estar delante de un batallón de demonios que ahí sentado con el ángel.

- Eso no dice mucho a mi favor. – el chico le miró sin comprender. – Lo que has pensado. Y además, tengo que asegurarme que no te sales del tiesto, Dean. Tienes una misión que cumplir.

- Ya… la misión… - refunfuñó escéptico el chico. El ángel bufó, pero siguió en silencio, esperando. – De todas maneras ahora vamos a reunirnos con Bobby… ¿o hay algo más urgente? ¿Por eso has venido? ¿Ha pasado algo?

- No. No hay movimiento por ahora. Supongo que podré dejar que hagas lo que quieras un rato… hasta que te necesite.

- No estoy pidiéndote permiso. – gruñó el cazador.

- Lo sé. – Castiel lo miró fijamente un segundo, con sus fríos ojos azules, consiguiendo que el chico se sintiera incomodo.

- ¿Qué? – le preguntó finalmente, molesto.

- ¿Por qué no duermes? – Castiel le hizo un gesto a la camarera que se acerco solicita.

- ¿Y tú que sabes si duermo o no?

- Lo sé. No duermes. – el ángel se volvió hacia la camarera y la sonrió. – Ponme… un whisky con coca cola, sin whisky. – la chica le miro raro y Castiel amplió su sonrisa. – Es que soy un alcohólico redimido.- ahora fue Dean el que lo miro raro, mientras la camarera se iba a buscar el refresco, riendo por lo bajo. – Los ángeles tenemos prohibido beber alcohol.

- Pues vaya asco.

- Dímelo a mí. Pero… no has respondido a mi pregunta, Dean. ¿Por qué no duermes? – el chico dio un largo trago a su cerveza y se pensó un rato la respuesta.

- Tengo pesadillas… o eso creo… porque me despierto asustado… asustado como no lo he estado nunca. Pero no consigo recordar nunca que he soñado. Así que no duermo. Simple, si no duermo, no hay pesadillas. – el ángel sacudió la cabeza, apesadumbrado.

- Pedir ayuda no es malo, ¿sabes?

- No necesito ayuda. Necesito no tener pesadillas. – Castiel cogió el refresco que la chica le había dejado en la barra y casi se lo bebió de un trago.

- Necesitas ayuda. Y lo gracioso es que la tienes a mano, pero eres muy terco como para darte cuenta.

- ¿A qué te refieres?

- ¿Qué hacías de pequeño cuando tenías pesadillas con la muerte de tu madre, Dean? – le preguntó enigmático. El cazador se le quedo mirando sin comprender de que hablaba, tratando de hacer memoria. Sus ojos se abrieron exageradamente cuando entendió lo que le decía el ángel.

- ¿Tú estás loco? ¡Ni que tuviera cinco años!

- La situación es la misma. – replicó con calma Castiel.

- No, no lo es. Además… ¿Cómo voy a pedirle eso?

- ¿Crees que se negaría?

- ¡Por supuesto que sí!

- ¿Se lo has pedido alguna vez? – y otra vez con el maldito tonito enigmático. Como le odiaba…

- No, pero… - Castiel se terminó su refresco y se levantó, dispuesto a irse.

- Haz la prueba, Dean. Puede que te sorprendan los resultados.

Sam se estiró cual largo era en el incomodo sofá de la habitación del motel. Tenía la televisión encendida pero no le prestaba ninguna atención. Su mente estaba más ocupada pensando en donde estaría Dean y porque no había vuelto aun. Ya casi eran las dos de la madrugada… ¿Pensaría quedarse otra noche en blanco? Sam notó hacia días que su hermano dormía mal o simplemente no dormía. Hasta ahora no había querido hablar del tema con Dean pero… es que no sabía cómo arreglarlo. Si intentaba hablar con él, seguro que le quitaría importancia al asunto y no dejaría que Sam le ayudara. Pero si seguía así, acabaría enfermando o cometiendo algún error fatal en una cacería. Y eso si que era peligroso.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos con la llegada del causante de sus preocupaciones. Dean entro en la habitación, distraído y con una expresión entre preocupada y ausente que puso alerta a Sam. Hoy iban a tener que hablar del asunto.

- ¡Ey! – lo saludo sentándose derecho en el sofá. Dean le miro algo sorprendido por encontrarle despierto aun. Cerró con llave la puerta y se quito la chaqueta, soltándola en una silla.

- ¡Ey! ¿Todavía en pie? Mañana hay que madrugar.

- Mira quien habla. – soltó el pequeño con una risita. Dean se encogió de hombros y se sentó a su lado para quitarse las botas.

- Tío… ¿estas viendo la Teletienda? – Sam parpadeo. Estaba tan distraído pensando en Dean que ni se había dado cuenta de lo que echaban en la televisión.

- Er… estaba pensando en comprar algo… - el mayor miro a la pantalla y ahogo una risita.

- ¿Pensabas comprar una crema exfoliante de aceites esenciales de melocotón, guayaba y fruta de la pasión? ¿Para que coño sirve eso? ¿Qué coño significa "exfoliante", de todas maneras? Eres una nenaza, Sammy. – Sam sintió como le ardía la cara. Joder… con su hermano no podía despistarse…

- No. Eso no. Lo que estaban anunciando antes. No importa. Dean… - su hermano le miro interrogante, agachado desatándose los cordones. – Quería preguntarte…

- Sam… yo… este… - el pequeño callo, parpadeando confundido, porque Dean no terminaba de decirle lo que fuera que iba a decirle. Al final se arrepintió y se levanto con las botas en la mano, dirigiéndose al dormitorio. Oks… se iba a la cama. Eso no es lo que quería Sam. O sea, si, pero que durmiera y el sabia que Dean no iba a dormir tampoco esa noche. Pero no sabía como ayudarle. No sabía como ofrecerle su ayuda sin que Dean se negara en redondo. Suspiro derrotado y le siguió al dormitorio. Lo encontró sentado en su cama, sin decidirse a echarse en ella o no.

- Tío… ¿estas bien? – el mayor le miro con una expresión que Sam hacia tiempo que no veía. Miedo. Pero… ¿de que?

- Er… Sam… ¿si te pido una cosa, prometes que no te vas a burlar de mi hasta el fin de los días? – el pequeño parpadeo y le miro sin entender. – Tu solo prométemelo, ¿vale? – le gruño Dean.

- Vale… lo prometo. No voy a burlarme, pero me estas acojonando un poco…

- Déjalo, era una estupidez.

- ¡Que no, tío, en serio! No voy a burlarme. Prometido. ¿Qué era lo que me ibas a pedir? – vale… Sam empezaba a pensar que tenía alucinaciones. ¿Dean se había puesto colorado? Yeah… pero colorado colorado…

- ¿Teimportadormirconmigoestanoche? – le soltó del tiron. Sam volvió a parpadear, tratando de descifrar lo que su hermano le había dicho. A ver… ¿dormir? ¿Con el? Era oficial… Sam Winchester estaba acojonado.

- ¿Perdón? – Dean chasqueo la lengua, fastidiado.

- ¿Qué si te importa dormir conmigo esta noche? Dormir. Solo eso. Como cuando éramos pequeños. – Sam hizo memoria. Si, de pequeños dormían a veces juntos. Al principio, porque el era muy pequeño, otras porque solo había una cama y otras… ¡ah, vale!

- Claro que no me importa. Anda, hazme un sitio. – Sam le dio un golpecito en la pierna y Dean se movió hasta tumbarse en un lado de la cama, bajo las sabanas. El pequeño se echo a su lado y apago las luces.

A los diez minutos aun seguían despiertos y casi sin moverse del sitio. Sam estaba incomodo porque si hacia un movimiento en falso, acabaría en el suelo, pero no quería moverse para no molestar a Dean. Demasiado que le había pedido ayuda a su peculiar modo.

Veinte minutos y Dean aun seguía en la misma postura y deseando moverse. Pero si lo hacia quedaría de cara a Sam y eso seria muy incomodo. ¡Estupido Castiel! ¡Estupido plumífero con delirios de psicoterapeuta familiar! Por su culpa estaba ahí, sin poder dormir una noche más, aunque esta vez no seria por las pesadillas. ¿Y por que el cuerpo de Sam tenía que despedir tanto calor? Con lo fría que estaba la noche ese calor le hacia querer pegarse a su hermano. Era una ridiculez, por supuesto, pero estaba al 99´9% seguro de que ahí si podría dormir del tiron y cómodo. Pero, vamos… no iba a volver a hacer el ridículo pidiéndole a Sam que se acercara. No. De ninguna manera. Antes muerto… otra vez. Lo que fuera. No iba a pedírselo. Jamás. Joder. ¿A quien quería engañar?

- Sam…

- ¿Uhm?

- Er… no hace falta que te pongas tan en el borde. Acabaras en el suelo.

- ¿Me estas pidiendo que me acerque, Dean? – casi podía sentir la sonrisa socarrona del pequeño. Gruño y se volvió hacia el.

- Solo te digo que ahí te vas a caer. Ahora, si lo que quieres es amanecer en el suelo, tu mismo. – Sam soltó una risita y se volvió hacia su hermano, moviéndose para ponerse en el centro de la cama.

- ¿Contento? – Dean volvió a gruñir y le dio la espalda. Otra risita se le escapo al pequeño. Sabiendo que se jugaba un buen puñetazo como pillara de malas a Dean, se acerco aun más y le abrazo por la espalda. Inmediatamente sintió tensarse el cuerpo del mayor.

- Sam… ¿Qué coño estas haciendo? – Sam suspiro y coloco la barbilla en el hombro de su hermano.

- Intento coger postura para dormir, ¿vale? Además… hoy te veías necesitado de un abrazo. – bromeo el pequeño.

- Necesitado y un huevo.

- Oye, tú eres el que me ha pedido dormir aquí contigo. No te andes quejando de cómo lo hago. – el mayor ahogo una carcajada.

- Tío… lo dices como si estuviera criticando tu manera de follar…

- Er… no seas crío y duérmete. – refunfuño Sam, sonrojándose. Dean noto como su cuerpo se calentaba por el sonrojo.

- ¿Te has puesto colorado? – esta vez no pudo aguantar y estallo en carcajadas. Sam puso los ojos en blanco pero se sintió satisfecho. Dean aun seguía entre sus brazos, sin intentar huir y ya no estaba tan tenso. ¡Misión cumplida!

- Ya… vete a la mierda, tío… duérmete ya.

- Ay… es que ha sido buenísimo, vamos… - bostezo el mayor. El pequeño se acomodo un poco más, con la cara casi pegada al cuello del otro.

- Que te duermas de una puta vez, capullo. – Dean río.

- Si mami.

Continuara...