Capitulo 3.
Sam fue el primero en despertar y lo primero que vio al abrir los ojos fue el pelo de su hermano que le hacia cosquillas en la cara. Sonrío, aun medio dormido y bajo más la vista. Dean estaba completamente dormido y parecía tan vulnerable… Casi río. Su hermano podía ser muchas cosas, menos vulnerable. Se separo despacio, tratando de no despertarle. Era muy temprano y Dean necesitaba recuperar muchas horas de sueño perdidas. Sam se quedo un buen rato viéndole dormir, sin decidirse a levantarse. Parecía tan relajado… tan tranquilo… con esas largas pestañas y los gruesos labios entre abiertos… le rozo los labios con la yema de los dedos, hipnotizado.
- Que suaves… - susurro a la nada. Ahogo un suspiro y se levanto del todo, antes de que se le ocurriera hacer alguna estupidez. Mejor que fuera a por el desayuno… estaba claro que necesitaba un café y bien cargado.
A Dean le despertó el olor del café recién hecho. Abrió los ojos, perezoso y vio a Sam sentado en la cama, sonriendo divertido mientras movía una taza de humeante café delante de sus narices.
- ¿Qué coño haces, Sammy? – gruño con la voz ronca. El otro río.
- ¡Buenos días, marmota! Pensaba que saldríamos temprano hoy.
- ¿Uh? ¿Qué hora es? – pregunto mirándose el reloj. Casi salto de su cama al comprobar lo tarde que era. Casi las doce del medio día. - ¡Joder! ¿Por qué no me has despertado antes? – sin hacer caso del tono enfadado del mayor, Sam le tendió el café que el otro cogio sin pensar.
- Necesitabas dormir un poco más. Ya avise a Bobby de que llegaríamos mas tarde de lo previsto. – Dean le dio un sorbo a su café, no muy convencido. Aun estaba metido en la cama y la verdad es que el sueño le había sentado de maravilla. Un momento… estaba en la cama… Sam le había traído café… en la cama… Sinceramente, en ese momento no supo si tener un ataque de risa o de pánico. Su hermano le había traído el desayuno a la cama… como si el fuera una tía… genial.
El caso de Bobby resulto ser una casa encantada por un polstergueist. Los chicos se dirigieron hacia allí inmediatamente, ya que el lugar les pillaba cerca. Solo pararon para comer en un bar de carretera. Cuando Sam se dirigió al baño, Castiel apareció, sentándose en el mismo sitio que antes ocupara el pequeño.
- ¿Qué? ¿A que no fue tan malo pedir ayuda? No se acabo el mundo ni nada parecido… - comento el ángel, cogiendo una patata frita. Dean le fulmino con la mirada.
- Te odio, lo sabes, ¿verdad?
- Me consta que no te caigo bien y no se porque. – contesto encogiéndose de hombros. El chico bufo molesto. – Aun así… ¿no te alegras de que te dijera que se lo pidieras? Esta noche has dormido sin interrupciones de ninguna clase. – Dean se sonrojo, recordando lo bien que había dormido en los brazos de Sam y lo mucho que le gusto.
- En serio, tío. Búscate un hobbie. Y vete antes de que vuelva Sam. No quiero que le rondes como a mí. – el ángel sonrío, divertido.
- ¿Te pondrías celoso si hiciera eso?
- ¡Tu estas fatal, tío! ¡Lárgate ya!
- Solo una cosita más. – Castiel cogio otra patata antes de levantarse del asiento. – Cuidado con este trabajo que tenéis. Ahí hay algo más que un simple polstergueist.
- ¿De que coño hablas? – con una risita, el ángel desapareció, justo en el mismo momento en que Sam volvía del baño. - ¡Estupido plumífero que se cree el de "Misterios sin resolver"! – gruño por lo bajo Dean. Sam arqueo las cejas al oírle.
- ¿Qué te pasa? – le pregunto extrañado.
- Se me ha indigestado el pollo.
- Pero si hemos comido ternera…
- Si, eso también.
Llegaron a la casa a media tarde. Como el polstergueist tenia por costumbre aparecerse por la noche, los chicos prefirieron quedarse merodeando por los alrededores. Un enorme bosque y un cristalino lago rodeaban la vieja casa. Dean aparco el Impala cerca del lago y, después de sacar un par de cervezas del maletero, se sentó en el capo junto a Sam.
- ¿Cuánto tiempo hace que no hacemos esto? – pregunto con aire ausente Sam.
- ¿El que?
- Esto. Sentarnos sin más a tomarnos una cerveza. – Dean cerró los ojos pensativos mientras daba un trago a su cerveza.
- Uhm… creo que… unos meses antes de que te fueras a Stanford.
- Ahm… - ambos se recostaron apoyando la espalda en el parabrisas con las piernas estiradas sobre el capo, mirando hacia el lago.
- Oye, Sam.
- Dime.
- ¿Te acuerdas cuando te enseñe a nadar? – el pequeño frunció el ceño.
- Dirás de cuando trataste de ahogarme, Dean. – el mayor soltó una risita.
- Exagerado. Solo te hice un par de ahogadillas. Eras tú, que flotabas menos que un ladrillo.
- Ya… casi cojo un trauma por tu culpa, ¿sabes?
- Aprendiste, ¿no?
- Eso no viene al caso.
- Si que viene. Aprendiste, ergo, soy un maestro cojonudo. – Sam tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no romper en carcajadas. – Aun así, seguro que te gano nadando.
- Tú flipas, tío.
- Gallina.
- Dean… cuando anochezca tenemos que entrar a la casa y enfrentarnos a dios sabe que.
- Nenaza.
- Esto es ridículo. No voy a picar.
- Cobarde.
- ¡Ok, ok! ¡Tú lo has querido! De la orilla hasta ese tronco de allí y volver. – Dean miro hacia el tronco que estaba situado casi en la mitad del lago. – A ver quien es el más rápido.
- Prepárate a perder, Sammy. – gruño el mayor sacándose la cazadora. Poco rato después, la camisa, la camiseta, los pantalones y las botas siguieron el mismo camino, quedándose los dos chicos en calzoncillos.
A la cuenta de tres, los dos saltaron al agua y empezaron a nadar lo más rápido que podían. Llegaron al tronco y dieron la vuelta, llegando prácticamente a la vez a la orilla. Ambos se dejaron caer de espaldas sobre la hierba, mojados y riendo como crios.
- Bueno… - resoplo el mayor aun sin aliento. – al menos hay que reconocerte el merito de que has mejorado bastante. – Sam rodó hasta quedar de lado, mirándole.
- ¿Bastante? ¿Solo bastante? – protesto, riendo.
- Ya no te hundes, lo cual es un logro si tenemos en cuenta que pesas como 1000 toneladas. – Sam le dio un puñetazo en el brazo, Dean contesto con otro y a los diez segundos estaban peleando, enredándose y rodando por la hierba, riendo e insultándose entre carcajadas hasta que, agotados y flojos de tanta risa, acabaron tumbados de lado en el suelo, aun enredados, respirando agitados por el esfuerzo, escapándoseles la risa de vez en cuando y Sam cerro los ojos y apoyo su frente en la de Dean, sin querer separarse ni moverse.
- Te voy a decir una cosa, cabeza de chorlito, y como se te ocurra hacer un puto chiste, una maldita broma, te mato. Ya se que te joden los momentos de tías, pero te he echado de menos una cosa mala. – se lo soltó del tiron, casi sin respirar. Dean trago en seco, con un nudo en la garganta. En serio que necesitaba hacer un chiste, una broma, un comentario sarcástico… algo… lo que fuera para aliviar el ambiente porque el no sabia lidiar con esas situaciones. Era un marmolillo para eso y lo sabia. Le ponías delante un wendigo, un espíritu, un puto demonio y si sabia que hacer. Fuego, sal, agua bendita. Simple. Pero… ¿esto? Esto no sabía manejarlo. Esto… ¿Sam? No sabía manejarlo. ¿La mirada de Sam, toda sinceridad y ese puto brillo en los ojos que había añorado una barbaridad? ¿Eso? Eso no sabía manejarlo. Pero tampoco podía hacer daño a su hermano haciendo el idiota.
- Yo también a ti. – lo dijo tan bajito y tan forzado que Sam creyó que lo había imaginado. Pero si había sido así o no, le dio igual. Sonrío feliz como si le hubieran hecho el cumplido más grande del mundo. Se separo por fin y se levanto, tendiéndole luego la mano a Dean para que se levantara también.
- ¡Vamos! Tenemos un espíritu que cazar esta noche. – feliz como el solo.
Continuara…
