Capitulo 4.

La casa no era más lóbrega ni más escalofriante porque no podía. Casi en ruinas, con habitaciones quemadas, sin luz, llena de telarañas y polvo, muebles y espejos tapados con amarillentas y mohosas sabanas, tablones crujientes, ratas y demás campando a sus anchas… vamos, que no se venia abajo de puro milagro.

A las once y media de la noche los chicos entraron allí, con sus escopetas cargadas de sal, la mochila llena de munición y gasolina y Sam con la cámara en visión nocturna y grabando. Grabando porque, joder, Dean, nunca hemos grabado nada y podría ser divertido y si chillas como una nena te tendré grabado para la posteridad.

- ¡Mis pelotas me vas a grabar chillando! En todo caso, saldrás tú chillando de fondo, como siempre. – Sam río, porque aun seguía de buen humor por lo de la tarde. ¿Ahora mismo? No le importaba una mierda lo que le dijera Dean. Le podría estar insultando una hora, que aun seguiría feliz porque antes le dijo que le había echado de menos. Por eso seguía picándole, porque estaba feliz.

- ¿Seguro? – le pregunto enfocándole con la cámara. - ¡Señoras y señores, Dean Winchester! Ilumínanos sobre… - se quedo un rato pensando, mientras el mayor pasaba de el, escaneando la habitación. – Uhm… ¡Ya! ¡Sobre tus experiencias sexuales! – Dean se volvió y le miro torcido.

- Se te va la pinza.

- ¿Por qué no? ¿Siempre estas fardandome de eso y ahora no quieres contar nada? Será miedo escénico por la cámara…

- Será que te has dado algún golpe en el lago… porque no haces más que decir chorradas…

- Vale. Te pregunto y tú respondes. así es más fácil. – gruñido por parte de Dean y Sam disfrutando como un crío. Y el polstergueist sin aparecer. Las doce menos cuarto.

- ¿Seguro que en el café de antes no te echaron nada? ¿Whisky? ¿Coñac? ¿Algo?

- ¿Cuántas? – el mayor le miro, arqueando una ceja, interrogante. – A cuantas, Dean…

- Como que voy a llevar la cuenta…

- Fantasma…

- Eso quisiera yo, que apareciera ya el puto fantasma…

- ¿Trios? – Dean bufo y se río.

- Unos cuantos. ¿En serio vas a seguir preguntándome estas chorradas? – ahora fue Sam el que río.

- Yeah. Un poquito. Es que me aburro y ese bicho no aparece. A ver… que mas… ¿Tíos?

- ¡A que te parto la cara! – Sam estallo en carcajadas al ver la cara de espanto de su hermano.

- Me tomare eso como un no. ¿Ni uno solo?

- ¡Sam!

- Vale, vale… Tío, esta conversación la pienso colgar en Youtube… - Dean se acerco, mosqueado y le arrebato la cámara.

- A ti te voy a colgar yo de las pelotas si se te ocurre hacer esa gilipollez. – gruño.

Entonces paso. Algo maligno, una especie de aura negra y gigantesca lleno la habitación. Fue algo muy extraño y muy rápido. Casi un parpadeo, una respiración, un latido. De repente, todo estaba bien y al segundo siguiente Sam había chocado dolorosamente contra una pared, el colgante de Dean acabo arrancado de su cuello por una fuerza invisible y el mayor estampado contra la pared opuesta. Fue así, un parpadeo, una respiración, un latido… y Dean se levanto con una expresión sádica en el rostro y los ojos negros como el petróleo.

- ¿Dean? – Sam trato de acercarse a su hermano pero la misma fuerza invisible que mando su colgante a los pies de Sam, le volvió a pegar a la pared, impidiéndole todo movimiento. - ¡Dean! ¿Qué ocurre?

- ¿Qué ocurre, Sammy? No ocurre nada… - el pequeño pestañeo, porque esa no era la voz de Dean. No podía serlo, porque era maldad pura. Nada del tono travieso de siempre, nada de la voz burlona, nada del cariño escondido en sarcasmo que siempre usaba el mayor. Solo maldad y nada más.

- ¿Estas poseído? ¿Cómo le has poseído? ¡No puede ser! ¡Los dos tenemos el amuleto tatuado! ¿Quién demonios eres? – y la risa. Esa carcajada tan maligna que a Sam le recordó a esos malos de pelis antiguas. Ni Jeremy Irons en sus buenos tiempos, vamos.

- ¿Quién ha dicho que estoy poseído, Sammy? Nadie me esta poseyendo. Yo soy Dean y solamente Dean. ¿No lo entiendes? Yo soy tu hermano y soy el Infierno. ¿O pensabas que en este tiempo no me había ocurrido nada ahí abajo? ¿Qué creías que pase allí? ¿Unas vacaciones? ¿Tienes idea de cuanto tiempo estuve ahí?

- ¿Qué quieres decir? Fueron cuatro meses… - Dean soltó otra carcajada cargada de malas intenciones, mientras se paseaba frente a Sam.

- ¿Cuatro meses? ¿Eso crees? Esta claro que no sabes mucho del Infierno, hermanito… cuatro meses… - y su tono era desprecio, completo y simple desprecio. – Cuarenta años, Sam. Cuarenta largos, agónicos y llenos de tortura y terror. Cuarenta años. – el pequeño se quedo congelado. No podía ser verdad. Era una mentira. Ese ser le estaba mintiendo.

- ¡No es verdad! – Dean le fulmino con la mirada.

- ¿Ah, no? ¿No te lo ha dicho la zorra de tu amiguita Ruby? ¿Qué el tiempo allí es muy distinto al de aquí? ¿Qué cada mes que pasa aquí, es muchísimo mas tiempo allí? Pues debió hacerlo. A lo mejor así, te hubieras esforzado más en sacarme del Infierno. – golpe bajo. Golpe bajísimo y rastrero. El rostro de Sam reflejo todo el daño que ese golpe había causado y el demonio, Dean, o lo que fuera, lo disfruto.

- Hice todo lo que pude…

- Eso es lo que dicen los perdedores, Sam… los que no se esfuerzan lo suficiente… y todo esto fue por culpa tuya, Sammy… voy a hacer lo que hace mucho tiempo que debí hacer… - el pequeño vio asustado como Dean sacaba su cuchillo de la funda que tenia sujeta en el cinturón. Un cuchillo enorme, de esos que usaban para decapitar a los vampiros. La hoja brillaba mortalmente a la luz de la luna. Sam sabía que tenía que hacer algo, que tenia que reaccionar o le iba a matar. Lo leyó en sus ojos, ahora negros.

No quería, no debía, no deseaba que Dean le viera jamás usar sus poderes, pero no le quedo otra opción. O eso o morir a manos de su propio hermano. Ya se ocuparía del cabreo de Dean después, cuando le sacara a ese demonio de dentro. Porque eso no podía ser el, tenia que estar poseído.

Concentrándose, consiguió anular el poder que le retenía contra la pared y soltarse. Dean le miro sorprendido, pero no dejo de avanzar con el cuchillo. Sam cerró los ojos y alzo la mano, el mismo movimiento que había usado un centenar de veces para expulsar demonios de otros cuerpos, pero esta vez no funciono. Dean ni se inmuto y siguió avanzando con el cuchillo en alto. Sam estaba desconcertado, pero acertó a moverse antes de que la afilada hoja le atravesara el corazón.

- ¿Qué demonios…? – mascullo, volviendo a esquivar el cuchillo. La carcajada del mayor volvió a sonar tan retorcida y maligna que a Sam se le hizo un nudo en el pecho.

- Te lo dije, Sammy… no estoy poseído… este soy yo… y no puedes sacarme de aquí sin matarme antes… porque lo único oscuro que hay en mi interior es mi propia alma… - le volvió a atacar y esta vez, Sam consiguió agarrarle el brazo parando el golpe y forcejearon por el cuchillo. Dean peleo salvaje, sin miramientos ni contemplaciones, dispuesto a matarle y eso lo hizo más difícil, porque Sam no quería hacerle daño.

Tras un rato peleando por el cuchillo, el pequeño consiguió que lo soltara y que resbalara por el suelo, lejos de ellos dos. Dean le dio uno de sus puñetazos, directo a la boca que le dejo con un labio roto y sangrando. Sam se lo lamió y ataco. Rápido y con pocos golpes, como su hermano le enseño. Una patada justo en la entrepierna que el otro no se esperaba, para desestabilizarlo y agarro lo primero que tenía a mano, que resulto ser la pata rota de una silla, para golpearle dejándole KO. Se agacho junto a su cuerpo cuando vio que no se movía y comprobó que solo estaba inconsciente. No tenía mucho tiempo que perder. Podría recuperarse y volver a atacarle y, hasta que no supiera que demonios había pasado no podía permitirse el lujo de dejarle suelto. Saco de su mochila unas esposas y, tras recoger del suelo el colgante de su hermano, lo cargo hasta el Impala y lo coloco en el asiento del copiloto. Tenia que sacarlo de allí y ya. A donde fuera y bien lejos de ese lugar infernal.

Continuara...