Capitulo 5.
Era raro… no es que el estuviera alguna vez en una situación que no fuera rara ya de por si, pero era raro volver a conducir el Impala estando Dean vivo. Y si a eso le sumaba el hecho de que su hermano estaba en el otro asiento, esposado e inconsciente… ya rayaba lo surrealista. Aun así, Sam no dejo de conducir, rumbo a no sabia donde. Necesitaba un lugar donde pudiera pensar con tranquilidad que había ocurrido… que demonios le pasaba a Dean… necesitaba ayuda con esto…
Quince kilómetros mas tarde, Sam encontraba un aislado y horrible motel en donde pidió una habitación sin tener que dar muchas explicaciones de porque tenia a un tío esposado en su coche y porque tenia que meterlo cargándolo sobre su hombro y porque tenia que amordarzalo. Si. Amordazrlo. Porque cuando Dean se recupero del golpe y empezó a hablar… bueno, mejor que no hubiera recuperado la consciencia… y hubiera sido mucho mejor también que Sam le hubiera puesto una mordaza cuando le ato a la silla con las esposas…
- Eres un cobarde, Sammy…
- Cállate un rato, ¿quieres? Estoy intentando conseguir ayuda. – le gruño el pequeño dando paseos por la habitación con el móvil pegado a la oreja. – Maldita sea, Bobby… coge el maldito teléfono… ¿Dónde demonios esta cuando hace falta de verdad? ¡Joder!
- Eres un inútil… ni con tus estupidos poderes me has podido detener, hermanito. Eres patético. – Sam le fulmino con la mirada, mientras seguía tratando de llamar por teléfono.
- ¿Sabias lo de mis poderes?
- Claro que lo sabia. ¿Me tomas por estupido? Te he criado, Sammy, se cuando me mientes. – el pequeño finalmente desistió de llamar a Bobby y guardo su móvil en la chaqueta.
- ¿Por qué no me dijiste nada?
- ¿Por qué no me lo dijiste tú a mí? Me has decepcionado, Sam. La única cosa que te pedí, antes de morir y no fuiste capaz de cumplirla. – el pequeño se revolvió enfadado, encarándole y apoyando las manos en la silla.
- Me dejaste solo, Dean… solo en una maldita guerra… solo en esta tierra maldita… ¿Qué querías que hiciera? ¡Dímelo! ¿Qué querías que hiciera? – Sam gritaba, ya mas que enfadado.
- Vendí mi alma por ti, desgraciado. Lo menos que podías haber hecho era cumplir una puta promesa. – el otro volvió a gruñir y cogio nuevamente el móvil para seguir intentando llamar a Bobby. Necesitaba la ayuda como el aire. ¿Dónde demonios estaba Bobby? - ¿Y sabes por que lo hice, Sammy?
- Deja que adivine… - contesto con sarcasmo. - ¿Por qué te lo pidió papa? ¿Eso es lo que ibas a decirme? – puro enfado y la sonrisa de Dean se torció aun mas, siniestra.
- No. ¿Es que no me oíste la vez que te lo dije? No podía estar solo… no quería estar solo. – el pequeño chasqueo los dedos, como contrariado.
- ¡Vaya! ¡Esa era mi segunda opción!
- Lo bueno es que no sabes la verdadera razón de eso… - Sam frunció aun mas el ceño. Esa conversación le estaba dando una buena migraña. Tenia que amordazar a Dean. ¿Por qué no lo habia hecho?
- ¿Y cual es? – pregunto con voz cansada. – Porque seguro que vas a iluminarme con esa nueva información, sea la que sea.
- Yeah… porque soy tan patético, Sam, que no podía vivir sin ti. Soy tan patético… que no podía seguir viviendo pensando en que no había podido follar contigo. ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? – definitivamente, tenia que volver a amordazar a Dean.
- ¿Qué?
- Lo que has oído, hermanito. Quería follar contigo. Te quería meter en mi cama. así de simple. Desde siempre. Bueno, desde siempre no. Desde que cumpliste los diecinueve, para ser mas exactos. – vale… TENIA que amordazarlo. Sam había pasado de estar normal, a ponerse blanco y de ahí, a sonrojarse por completo. Parpadeo, confuso y trato de recomponerse para no demostrar a ese demonio que le había incomodado. No pensaba dejarle ganar la partida. Por fin, Bobby contesto al teléfono, después de lo que parecieron mil horas esperando.
- ¿Diga?
- ¡Bobby! ¡Al fin! ¡Ya era hora, joder!
- ¿Sam? ¿Qué ocurre? Te oigo muy alterado. – Sam suspiro, tratando de calmarse y empezó a andar en círculos alrededor de Dean, mientras hablaba por el móvil, seguido por la mirada del mayor, que no dejaba de sonreír torcido.
- Joder, Bobby. Llevo horas llamándote. Ha ocurrido algo. Dean esta poseído… bueno… no poseído, exactamente. Es como si estuviera poseído, pero sigue siendo el… pero en demonio… y no tengo ni puta idea de que hacer. No puedo exorcizarlo.
- ¡No puede estar poseído! tenéis el amuleto.
- Lo se, lo se. Por eso te digo que no es una posesión, exactamente. Es muy raro. Estábamos en la casa esa… y de repente, algo nos ataco y Dean es como si se hubiera vuelto un demonio. – y mientras Sam intentaba hablar con Bobby para solucionar el problema, Dean procuraba por todos los medios interrumpir la conversación, ya que atado no podía hacer mucho mas que molestar.
- ¿Sabes lo que quería hacerte, Sammy? – medio canturreo.
- ¡Dean, cállate! No, Bobby, es mi hermano que no me deja escuchar… - el pequeño tapo el micro del móvil y fulmino con la mirada al mayor. – O te callas o te meto un calcetín sudado en la boca.
- Hablando de meter cosas en la boca… Esa era una de las cosas que quería que tu me hicieras… ya sabes… ponerte de rodillas en un callejón oscuro y que me la comieras como si fuera un helado de chocolate…
- ¡¡¡DEAN!!! – chillo el pequeño, escandalizado y mas rojo que una amapola.
- ¿Qué? ¿No te gusta el chocolate? ¿Vainilla, mejor? Joder, Sam, que es una fantasía, puede ser del sabor que tú quieras… que tiquismiquis…
- ¿Sam? – y Bobby por la otra línea. Y Sam a punto de que le de un ataque de histeria o algo por el estilo, pero quería darle un puñetazo bien dado a su hermano. - ¿Qué es lo que pasa?
- Nada… nada… ¿Qué puedo hacer con Dean, Bobby? Si no puedo exorcizarle…
- Espera un minuto que busque… no cuelgues…
- Genial…
- Oye, Sammy… ¿sabes con lo que soñé anoche? Cuando saliste el otro día de la ducha… soñé con agarrarte así, tal y como saliste, solo con la toalla y mojado, y tirarte sobre la cama, sin darte tiempo a reaccionar y ponerte bocabajo, quitarte la toalla de un tiron y empezar a lamerte la espalda entera, bebiéndome las gotas de agua que aun te quedaran ahí. Desde la nuca hasta el culo. – Sam había vuelto a sonrojarse. Genial. Si no fuera porque tenía que estar pendiente al teléfono… joder con Dean… - ¿Y sabes que te haría después?
- Dean, por favor… por lo que mas quieras, cállate de una puta vez.
- ¿Por que, Sam? ¿Te estas poniendo cachondo? Porque yo lo estoy… - y, joder, que era verdad. Sam no pudo evitar mirar hacia la abultada entrepierna de su hermano. Cabron. Como odiaba que se diera cuenta de que también se estaba empalmando. Le odiaba, de verdad.
- ¿Quieres que te eche un cubo de agua fría? ¿Bendita a ser posible? – ironizo. Dean soltó una carcajada.
- ¿Te pondría más si estuviera mojado y con la ropa pegada al cuerpo, Sammy?
- Vete a la mierda.
- ¿Sam? Espero por tu propio bien, niño, que eso no fuera para mí. – Joder, Bobby.
- No, Bobby, no. Perdona. Era para Dean, créeme. Se lo esta ganando a pulso. Dime que encontraste algo, o le pego un tiro pero ya. – la risa del viejo cazador se oyó al otro lado de la línea. – Bobby, no es gracioso para nada.
- Lo siento. Si encontré algo. Antes, deja que te haga una pregunta estupida.
- Dispara.
- ¿Dean lleva su colgante? Ese que siempre lleva.
- ¿El que yo le regale, que tú me diste? – pregunto Sam, extrañado.
- Ese mismo.
- No. No lo lleva. Cuando pasó lo de la casa, acabo en el suelo. Se rompió el cordón. – suspiro aliviado al otro lado del teléfono.
- Bien. Me lo imaginaba. Vuelve a ponérselo. Inmediatamente.
- ¿Qué? ¿Por qué…?
- ¡Tú, hazlo! – Sam soltó un momento el móvil y rebusco en sus bolsillos hasta encontrar el colgante.
- Espero que esto funcione… - mascullo acercándose a su hermano. – Porque una hora aguantando tus guarradas, Dean, es más de lo que cualquiera podría soportar.
- Hubiera sido más soportable si en vez de escucharlas, me hubieras dejado ponerlas en práctica…
- Sigue soñando, mejor. – Sam se inclino sobre su hermano para colocarle el colgante y atárselo al cuello, ocasión que aprovecho Dean para morderle y lamerle la garganta. El pequeño se estremeció entero. – Quédate quieto…
- No quiero. – gruño el mayor, dándole otro mordisco. Y el puto nudo que no le terminaba de salir, joder. Sam maldijo por lo bajo cuando se le escapo el cordón y tuvo que volver a empezar el nudo. Tras cinco minutos mas de forcejeo con el nudo y de Dean mordiendo, Sam pudo por fin separarse, sintiéndose el cuello en carne viva y más empalmado de lo que había estado en meses. Pero al menos, los ojos de Dean volvieron a ser verdes.
- ¿Dean? ¿Eres tú o mister pervertido? – el mayor parpadeo.
- ¿Quién? ¡Tío! ¿Por qué coño estoy esposado a la silla? – Sam se dejo caer sentado en el suelo.
- Es una laaaaarga historia…
Un buen rato y un montón de explicaciones después…
- ¿Me estas diciendo que estaba poseído? – Sam le miro con el ceño fruncido, como analizando si Dean estaba realmente sorprendido o no.
- Er… no exactamente… pero algo por el estilo. ¿En serio no recuerdas nada? – y la cara del mayor que parecía sincera. Algo inquieto, algo ligeramente sonrojado, pero sincero y normal. Al menos en apariencia.
- Nada. Solo hasta llegar a la casa y poco mas. Pero después de eso, nada de nada.
- Uhm… mejor así. – Sam que le volvió a mirar intensamente y Dean que esquivo esa mirada como si quemara.
- Si, seguro. Voy a ducharme.
- Vale. Bobby me dijo que vayamos a su casa. Podemos salir mañana, si te parece. – y no. Sam debía estar teniendo alucinaciones porque era imposible que Dean pareciera incomodo y avergonzado. ¿De que? Joder, pues de lo que le había soltado antes, ¿de que coño iba a ser si no?
- Ya, vale… voy a la ducha… - el pequeño se rasco la nuca, agobiado. En serio que deseaba que Dean no recordara nada de la conversación que habían tenido, pero visto lo visto, estaba claro que no iba a ser posible. Bufo molesto. Conociendo a Dean, iba a ser imposible hablar con el del tema y decirle que no tenia importancia, que sabia que era el demonio el que hablaba y no el y que no pasaba nada. ¿así como leches iba a arreglar nada?
El tiempo paso volando mientras el pequeño se debatía si hablar o no y un poco menos apurado Dean salio por fin de la ducha, vestido con ropa mas cómoda. Sam parpadeo. El mayor no solía ponerse casi nunca esa ropa como no fuera que supieran que no había mas cacerías en una buena temporada. Estar siempre listo era el lema favorito de Dean. Por eso era raro hasta verle sin la cazadora. Ni que decir tiene lo rarísimo que fue para Sam ver a su hermano con sus vaqueros más viejos, una camiseta que hacia años que no se ponía y descalzo.
- ¡Ey! ¿Te vas a dormir ya?
- Si. Estoy hecho polvo. ¿Tu no?
- Voy a mirar una cosa en el portátil primero. Luego iré. – Sam sonrío cuando su hermano le gruño un "No te quedes mirando porno, que nos conocemos, Sammy." y le dejo solo en el comedor. Miro el portátil sin saber muy bien que hacer. Quería descubrir porque el colgante había funcionado y que demonios había pasado. también podría llamar a Bobby, pero si iban a verlo al día siguiente… ¿para que molestarle a esas horas de la noche? Finalmente investigo un poco los antecedentes de la casa a la que habían ido esa noche. Casi eran las cuatro de la madrugada cuando decidió intentar dormir algo.
Con un suspiro cansado se dirigió al dormitorio y entro sin encender las luces. Al acercarse a las camas noto que Dean se revolvía en la suya, atrapado en una pesadilla de la que parecía no poder despertar. Se pateo mentalmente por haber olvidado ese detalle. Dean se movió una vez mas, gruñendo algo en sueños y Sam se sentó a su lado en la cama, apartándole el pelo aun húmedo de la ducha de la frente. Ese nimio contacto basto para que el mayor despertara.
- ¿Sammy?
- Hazme un sitio, anda.
Continuara…
