Capitulo 6.
El viaje en coche hasta la casa de Bobby fue en un silencio extraño. Ni cómodo ni incomodo, ni tenso ni tranquilo. Fue rarísimo. Como esperaba Sam, ni hablaron mas de lo ocurrido durante la "no-posesión" ni de cuando el pequeño se coló en la cama de Dean ni tampoco de que este dejo de tener pesadillas y se durmió casi al instante de que Sam le abrazara. Ni una palabra sobre todo eso. Pero es que tampoco hablaron de nada más. El mayor puso la radio, alternando Metallica, AC/DC y Motörhead, y no abrió la boca para nada.
Al llegar al desguace, Bobby salio a recibirles a la puerta alertado por el ruido del motor del Impala. Sam estuvo una media hora explicando todos los pormenores de la "no-posesión" mientras Dean escuchaba todo atentamente ojeando libros para disimular que escuchaba.
- ¿Y que paso cuando llegasteis al motel? Porque, si mal no recuerdo, Dean ya estaba consciente y tú decías algo de que no callaba ni bajo agua y que te estaba poniendo de los nervios… - Sam se tenso y a Dean se le cayo ruidosamente el libro que tenia en las manos, agachándose inmediatamente a recogerlo como si no hubiera pasado nada. Los otros dos le miraron un segundo, extrañados, pero no dijeron nada.
- Er… si, ya. Bueno… ya sabes… lo típico… empezó a insultarme y a soltar chorradas típicas de demonios. Pueden llegar a ser muy cargantes, tú sabes. – el suspiro de alivio que soltó Dean fue tan sonoro, que Sam y Bobby no pudieron evitar volverse nuevamente a mirarle con sospecha.
- Bueno… - dijo Bobby, ignorando de nuevo a Dean y centrándose otra vez en el pequeño. – Ya sabes que los demonios siempre mienten.
- Si, claro. Lo se. – murmuro no muy convencido Sam. Dean soltó el libro en el escritorio de Bobby.
- Er… voy a… a mirar una cosa al coche… hacia un ruidito raro cuando vinimos aquí… - Sam frunció el ceño.
- Aja… - el mayor se sonrojo y salio a toda velocidad de la casa. El pequeño soltó un suspiro de frustración.
- ¿Me he perdido algo? – pregunto Bobby, extrañado.
- Mas o menos lo de siempre…
Dean hizo lo que normalmente hacia cuando algo en su mundo no iba como tenia que ir… esconder la cabeza en el motor de su amado Impala. Era su extraña manera de poner algo de orden en su cerebro. Simple pero eficaz para el. Y ahí le encontró Sam, un rato después de terminar de hablar con Bobby. El pequeño se apoyo en un lateral del coche y se cruzo de brazos mirándole trastear el motor.
- Dean.
- ¿Qué?
- ¿Por qué me mentiste?
- No se de que me hablas, Sam. – el pequeño suspiro.
- ¿Por qué me mentiste diciendo que no recordabas lo que paso en el motel?
- No se de que me hablas, tío. – repitió el mayor con la cabeza aun metida bajo el capo. Ni siquiera se había asomado para mirarlo. Sam bufo.
- Aja… así que… ¿no vamos a hablar de eso? ¿vas a seguir escondiéndote en el coche las próximas dos semanas?
- No se de que… ¡Espera! ¿Dos semanas? ¿Por qué nos vamos a quedar dos semanas aquí? – el pequeño río divertido.
- Porque nos ha pedido ayuda para pintar la casa y no podía decirle que no después de que me ayudara contigo y porque tu te has largado de la casa a toda leche y me has dejado solo… así que se ha aprovechado.
- Joder…
- Entonces… ¿vamos a hablar de lo del motel?
- No. Y sigo diciendo que no se de que me hablas. – gruño Dean, sin querer salir aun del motor. Se estaba bien ahí, sin mirar a su hermano a la cara. Era mas fácil responder y escaquearse así.
- Vale. Pues hablare yo y tu me escuchas. Porque la verdad, de verdad que me gustaría saber porque no me quieres contar que si recordabas lo del motel, lo de que te espose y que me dijiste que querías follar conmigo. – Sam sonrío al oír el golpe que Dean se había pegado contra el capo al escucharle. – Si, Dean. Follar. Lo dijiste así. ¿Lo entiendes o te lo deletreo?
- Estaba poseído. – volvió a gruñir el mayor. Sam chasqueo la lengua. Casi había conseguido que sacara la cabeza y lo mirara. Solo un poquito mas…
- No, tío, no estabas poseído. Las posesiones no se van así por las buenas por mucho colgante que te pusiera. No se lo que era y pienso averiguarlo, pero sabes tan bien como yo que eso no era una posesión. Y lo que me dijiste no lo dijo ningún demonio. Fuiste tú.
- Vuelvo a repetirte que estaba poseído y que no recuerdo nada de eso. – Sam arqueo una ceja.
- Di lo que quieras, tío. Pero si crees que vas a poder esquivarme durante quince días, lo llevas claro. – refunfuño el pequeño volviéndose hacia la casa.
- Eso lo veremos…
Continuara...
